¡Hola!

Tardé pero al menos no me desaparecí de nuevo :D (?)

¡Espero que les guste!


Advertencias:

Omegaverse. Mpreg.


Capítulo X

Mikasa puso la taza sobre la mesa con demasiada fuerza y no se dignó a mirar el chorro de café que tiró. En su lugar me miró amenazante. Yo me limité a intentar no moverme. Quizás soy un alfa y Mikasa también, pero ella podría ser la misma encarnación de Satanás si se enojaba lo suficiente. Fuera del instinto y con él Mikasa daba un miedo tremendo. Ella sería capaz de muchas cosas. Y aún más si se trataba de Eren y Annie. Eren era como su hermano pequeño y Annie es el amor de su vida. Por supuesto no consentía el hecho de que Mikasa protegiera a Eren como si fuese suyo y mucho menos que me trataran de esa forma pero hay cosas que uno no puede evitar.

―Odio que ustedes dos estén destinados— dijo tirando a lo bruto azúcar en su café, arruinándolo—. Mejor dicho: odio que la gente se acerque a Eren, él mismo se sentía incómodo con la gente que se le acercaba y que tú te hayas acercado tanto me da rabia.

—Yo no me acerqué a Eren.

—¿Qué?

—Que yo no...— me detuve al escuchar el sonido de la taza rompiéndose cuando la tiró con todo y café al bote de basura. Qué desperdicio.

—Explícate.

—Eren se acercó a mí. Un día me pidió que lo intentáramos, acepté y eso es todo— el rostro de Mikasa se descolocó más y más con cada palabra—. Yo ni siquiera intenté cortejarlo.

—Pero tú lo marcaste. No me dirás que no quisiste.

—Ambos estábamos de acuerdo.

—¿Cómo lo sabes?

—Lo hablamos mucho antes de que sucediera.

Ella gruñó. Se le estaba pasando el enojo poco a poco, en su lugar estaba haciendo una rabieta. No encontraba una cosa lógica para reclamarme. Mordió sus propios labios, manchándose los dientes de lápiz labial rojo.

El sonido familiar de par de tacones resonó en camino hacia nosotros, era mi salvación. Miré a Annie, ella estaba aún más enojada que Mikasa hace un minuto. Sabía que Annie era mi salvación, así que si tenía que presenciar una escena incómoda entre ambas para salir de ahí lo haría. Annie es la Única -en serio, la Única con mayúscula bien merecida- que podría causar que Mikasa se encogiese como un perro con la cola entre las patas. Y es que el mal humor de Annie era peor que ser el protagonista de un libro de Stephen King. Si Mikasa enojada podía ser Satanás entonces Annie podría considerarse el infierno mismo. Aunque Satanás gobierna el infierno es el infierno quien hace todo el trabajo sucio sin siquiera pestañear. Annie da más miedo que Mikasa.

—Mikasa, ¿qué haces aquí?— el sonido de los tacones se detuvo a mi lado. No moví ni un sólo dedo.

—Vine por una taza de café pero se me cayó y se rompió. ¿Por qué?

—¿En serio?― preguntó con ironía. Los labios rojos de Mikasa se estiraron en una sonrisa inocente nada creíble―. ¿Segura que no estuviste molestando a Jean?

—Claro que no, Banannie.

—¿En serio? Porque estoy segura que mi marca ardía hace sólo un minuto— se cruzó de brazos y frunció las cejas.

¿Saben de esas chicas guapas que cuando se enojan se ven más guapas todavía? Pues Annie no es de esas chicas. Annie manda su atractivo a la mierda cuando se enoja.

Noté la garganta de Mikasa moverse como si estuviera tragando. Incluso a ella le daba miedo Annie enojada. Intentó calmar la situación.

—Annie, yo no podría venir a molestar a Jean. ¿Que soy? ¿Un niño pequeño?— fingió una risita y desvió la mirada ligeramente.

—Sí, eres como uno. Ya habíamos hablado de esto muchas veces y te recuerdo que entre más enojada me pongo peor le va al bebé— tomó el brazo de Mikasa y comenzó a alejarla de ahí—. Es la última vez que te veo molestándolo o te juro que vas a dormir en el jardín.

Mikasa fue arrastrada mientras hacía berrinche y de vez en cuando intentaba arrastrarse de vuelta. Ambas tenían una fuerza tremenda pero Annie terminó ganando cuando Mikasa se distrajo.

De cierta forma había sido un espectáculo gracioso de ver.

.

.

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Eran inicios de enero. Pronto tendría mi celo, y por pronto me refiero a que prácticamente estaba esperando a que comenzara en cuestión de unos minutos, no más de una hora. Eren estaba conmigo, pasaríamos mi celo juntos porque, para ser sinceros, desde el día en el que lo hicimos por primera vez nos volvimos sexualmente muy activos. No íbamos a negarnos ese placer. Además, con lo acostumbrados que ya estábamos a esas alturas a reprimir nuestros instintos a veces hacía falta soltarnos un poco y esta era una buena oportunidad para ello.

—Creo que ya está comenzando— anuncié y él, encima mío, besándome el cuello, asintió.

—El mío también.

—¿No debería el tuyo ser hasta el próximo mes?

—Debería. Pero a quién le importa— sonrió y movió sus caderas contra las mías.

Sentí el calor del celo inundarme de pronto y no hice nada por detenerlo. Un gruñido profundo se escapó de mi garganta, supe que a Eren le encantó porque se mordió los labios y sus ojos brillaron por un instante. Volvió a hacerlo y terminó con un gemido que provocó que mi alfa saliera por completo. En ese momento Eren se estaba portando tal cual su omega quería. Era tan erótico, excitante. Cambié de lugares, con sus piernas aferrándose a mis caderas. Besé todo su cuello y agradecí que ya se hubiera quitado la ropa porque de lo contrario pude haberla desgarrado con tal de llegarle al pellejo.

Tomé sus caderas y pude sentir lo mojado que estaba por su celo. Realmente estaba dejándose llevar.

—Tendrás que lavar algunas sábanas, Jeanbo— bromeó con las mejillas rojas.

—Ya me encargaré de eso— respondí, en ese momento mi cabeza a penas pensaba coherentemente—. Pero primero me encargaré de ti.

—¿No se suponía que yo me iba a encargar de ti?

—Se suponía.

Rió y cuando entré en él encajó sus uñas en mi espalda con un gemido. Mi espalda entera sufrió un escalofrío fenomenal.

—Oh, Jean.

Su voz temblorosa se perdió en medio de los movimientos de nuestras caderas, el sonido húmedo de mí entrando en él y los jadeos que ambos soltábamos mientras poco a poco llegábamos al clímax. Por alguna razón el tiempo se había vuelto lento y nosotros encendíamos el fuego cada vez más de forma consciente. Sabíamos que en algún momento nos quemaríamos y ambos deseábamos hacerlo pronto. Convertirnos en cenizas juntos y después volver como ave fénix, encendernos hasta quemarnos y de nuevo volvernos ceniza sin parar.

En algún momento comencé a crecer dentro de Eren y nos anudamos mientras él arrastraba sus uñas en mi espalda. Decir que no dolió sería mentir, pero también mentiría si dijera que no fue placentero. En esos momentos el sólo sentir la piel de Eren contra la mía ya era lo suficientemente placentero. Además de que, claramente, para él era más doloroso aún conmigo creciendo dentro. Terminé de crecer dentro tras un momento.

Después de mover las caderas un par de veces más me corrí y Eren se estremeció.

—¿Estás bien?— murmuré sobre su cuello, mordisqueando su cuello suavemente.

—Sí— llevó su mano a su vientre—. En realidad me siento bien. Cuando no estás dentro siento vacío.

—Eso suena genial.

—Es genial. Me gusta.

—Me gusta que te guste.

Él sonrió y luego le pasé una botella de agua. Bebió un poco y después nos besamos durante un rato, acariciándonos aunque sin la intensión de resurgir de las cenizas aún. Nos besamos hasta que el nudo se deshizo, salí de él con cuidado y nos acurrucamos un momento. Seguimos besándonos hasta que sentimos el calor del celo una, dos, tres veces más. Caímos dormidos en algún momento y cuando desperté Eren se montó encima de mí otra vez.

Los siguientes dos días prácticamente no nos levantamos de la cama y nos hundimos en sexo hasta que el celo de Eren desapareció.

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Eren frunció un poco las cejas cuando la aguja se incrustó en su brazo pero se mantuvo tranquilo mientras Levi sacaba su sangre, incómodo por tenerlo tan cerca.

Ninguno de los dos se soportaba cerca durante mucho tiempo, sobre todo desde que Eren tenía la marca en el cuello. Al menos intentaban no ahorcarse, porque con cada palabra que se decían -si estaban cerca del otro- podían comenzar a pelear. Por otro lado, cuando estaban lejos, hablando por teléfono o enviándose mensajes ambos se respetaban por igual e incluso se tenían cierta confianza.

Sin embargo Levi necesitaba revisar a Eren para asegurarse de que los supresores no le causaban efectos secundarios ya que era la primera vez que los tomaba.

Todo estaba bien mientras no pudieran verse u olfatearse, así que he ahí la solución. Cada mes Levi tomaría una muestra de su sangre para saber si estaba en buenas condiciones y nos avisaría por teléfono. Para ser sincero a mí también me gustaba mas así porque no había un alfa cerca de mi omega todo el tiempo. Aunque soy consciente de que mi olor mezclado con el de Eren repelía no solo a Levi, sino a un montón de alfas. Todos notaban que nuestro lazo era especial, algo no tan común debido a que la mayoría de los matrimonios entre alfa y omega son arreglados.

Este era el tercer mes en el que Levi tomaba una muestra de sangre de Eren y al parecer todo iba bien, aunque su aroma estaba, de hecho, volviéndose algo fuerte con el tiempo. Lo atribuimos a que estaba marcado y a que probablemente estábamos destinados. En realidad no sabíamos cómo funcionaba la marca en él, así que poco a poco averiguábamos cosas juntos. Eren había tenido un celo en enero, como debió tenerlo de forma regular, pero se suponía que lo tendría hasta febrero considerando que había tenido un celo durante diciembre. Eso lo atribuimos a los supresores, porque tardarían en regular un celo espaciado en él. No entendíamos mucho acerca del cuerpo de Eren, ni siquiera el mismo entendía mucho. Aunque era frustrante al menos no teníamos la incertidumbre de un lazo que podría romperse en cualquier instante. Ya no caminábamos tan a ciegas.

—Bien, te llamaré después y si hay algo raro te lo haré saber— dijo Levi guardando su muestra de sangre en su maletín.

—Suena a que esperas encontrar algo raro— se burló Eren con una sonrisita.

—Bueno, eres imprevisible— contestó él—. Uno nunca sabe contigo.

Eren simplemente apretó el algodón contra su brazo y dejó que Levi se fuera sin despedirse más que con un ademán. Luego se quedó algo pensativo y tomó su vientre con ambas manos.

—¿Sucede algo?

Tardó varios segundos en responder.

—Tengo hambre.

Como dándole la razón, su estómago gruñó con fuerza.

Reí y decidimos ir a comprar algo de comida rápida. A Eren se le antojó pollo frito.

—Estaba pensando— dijo él de pronto antes de morder su pieza de pollo. Yo le miré mientras arrancaba la carne de una pierna—. Deberíamos comprar una casa juntos.

Mastiqué la carne en mi boca las suficientes veces como para que pudiera pasar por mi garganta sin problemas y luego tragué.

—También lo estaba pensando el otro día— limpié la grasa de mis dedos con una servilleta, Eren estiró su mano para limpiar de mis labios un residuo de comida y lo llevó a su boca. Hacía ya tiempo que gestos como esos se habían vuelto cosa de todos los días—. Podríamos ir a buscar un lugar la próxima semana.

—De acuerdo. También quiero hacer muchas cosas la próxima semana— soltó un suspiro largo y muy profundo—. Jean.

—¿Sí?

Eren me miró durante varios segundos, sentí a través del lazo lo mucho que deseaba decirme algo pero no podía adivinar qué cosa era. Sin embargo parecía importante.

—¿Qué sucede?

—No, nada— desvió la mirada—. Es sólo que pronto cumpliré años y no me has traído mi canguro australiano.

—¿Te preocupas por eso y no por lo viejo que estás ya?— me reí.

—No estoy viejo, idiota. Pero por tu culpa moriré sin llamar Paquito a uno de esos mamíferos deformes y te odio por eso.

—¿Paquito?

—Sí, Paquito— sonrió y repitió el nombre separando cada sílaba—. Consígueme un buen Paquito para mi cumpleaños.

Después rió un momento y terminó perdiendo la mirada en su comida. Por supuesto que me di cuenta de ello, no soy tan imbécil para pasarlo desapercibido, pero si algo le preocupaba a Eren y dudaba en decírmelo era porque no tenía la confianza de hacerlo aún. Lo entendía y estaba bien porque en algún momento terminaría diciéndomelo, por experiencia lo sé y aunque me dejaba inquieto fingiría que no me di cuenta de que comenzaba a comportarse extraño.

Eren ya se estaba portando extraño hace tiempo y yo no le había dado demasiada importancia. Para ser sincero había cosas en el momento que no me dejaban pensar mucho en ello y aún días después mientras mirábamos casas mi cabeza se llenaba de muchas cosas importantes. Por supuesto ser un adulto te da muchas cosas que pensar, es como un regalo que no quieres pero igual conservas para no ofender a nadie. Agradecía tener un ingreso fijo, en serio, porque de no ser así pensaría en más cosas aún y probablemente mi cabeza ya habría explotado. Aunque siempre había la posibilidad de que un día me echaran a patadas del trabajo. Demasiadas cosas que pensar.

Los días siguientes nuestra búsqueda de una casa no daba frutos, hasta que Eren descubrió una que era perfecta. Era muy, exageradamente, barata y al parecer tenía las habitaciones que necesitábamos. La sorpresa estaba en que, bueno, la casa estaba a un soplido de caerse.

—Eren, sé que te gusta bromear pero...

—No estoy bromeando— se rió, entrando a la casa tranquilamente—. Tiene todo lo que necesitamos y más.

—¿Ratas muertas y parásitos?

—No seas idiota— frunció las cejas—. También hay arañas.

—Oh, genial. Eso me convence totalmente— dije con sarcasmo caminando dentro también—. ¿Recuerdas esa señora que te hizo la venta el otro día en la calle con esas flores que no necesitabas? Pues tú eres más convincente aún, así de mucho.

—Oye, esa señora sabe negociar. Y sí necesitaba esas flores, hacía falta poner un florero en tu mesa.

—No, no hacía falta.

—¡Alto, Jean!— gritó de pronto, me congelé en mi lugar—. Si pisas ahí el piso va a colapsar.

—De acuerdo, entonces larguémonos y busquemos un lugar decente.

—Oh, vamos. ¿A caso no ves el potencial que tiene esta casa?

—No, la verdad no.

Él rió y luego rodó los ojos mientras me hacía señas para seguir sus pasos hacia afuera.

—Jean, este lugar es genial para nosotros— tomó mis manos, mirándome a los ojos—. Podemos remodelarla a nuestro gusto, usar el material que queramos, los colores que queramos. Será más especial aún porque prácticamente la construiremos nosotros.

Esperó mi respuesta acercándose más, abrazando mi cintura con ambos brazos mientras miraba fijamente a mis ojos. Sonreía, estaba muy convencido de lo que decía y lo único que pensaba yo era en todo el trabajo que tendríamos que hacer para arreglar algo que de no ser porque salimos a tiempo pudo caerse. Ninguno de los dos habíamos hecho esta clase de trabajo a esta magnitud. Además era el hogar de ratas, gatos callejeros, murciélagos y arañas, algo me decía que Eren terminaría dejándolos ahí si era posible aunque me negara miles de veces. Sobre todo porque seguramente me convencería a final de cuentas de dejarlos vivir aunque sea amontonados en un rincón.

—Vamos, Jean. Podremos decirle a nuestros hijos que su hogar fue hecho por nosotros mismos de forma literal— acercó sus labios a mi mejilla, me dio un beso y siguió—. A tu padre le encantará y yo podré verte sudado haciendo trabajo pesado. Muy sexy.

—No, yo creo que la última es tu única razón.

—Sí, lo demás lo acabo de inventar.

Su sonrisa se amplió y yo entorné los ojos, considerando las ventajas de todo ese trabajo. Exhalé. Bien, de hecho su idea tenía muchas ventajas porque cada lugar que veíamos tenía algo que hacía falta y de todos modos no teníamos tanta prisa en mudarnos juntos. Dolía estar alejados por el lazo, sí, pero podíamos soportarlo porque al fin y al cabo nos veríamos en algún momento. Teníamos que ser algo independientes del otro también. Construiríamos un hogar juntos, el lugar sería más especial, a mis padres les encantaría, a nosotros nos encantaría y sería muy satisfactorio cuando termináramos. Eren me tenía metido en su saco y lo sabía pero sus ansias de escucharme decir que sí lo obligaban a esperar mi obvia respuesta. Me rendí.

—Está bien.

—Que bien porque ya quedé con el vendedor para hacer el contrato antes de que termine la semana. ¿Deberíamos ir de una vez a ver materiales?

—Fingiré que te odio.

—Claro, sólo puedes fingirlo porque tú me amas locamente.

—Ese orgullo tuyo no me trae sin cuidado.

—Me amas locamente— repitió—. ¿Estás libre mañana? Me encantaría empezar lo más pronto posible.

—Lo siento, Señor Constrúyeme Una Casa, mañana tengo algo importante que hacer— le solté algunos besos en los labios, él sonreía con cada uno de ellos.

—Me llevaré a Annie a investigar precios entonces.

Asentí y luego nos fuimos a comprar ingredientes para la cena.


¿Qué tal? ¿Les gustó? ¿Sí? ¿No?

¡Espero que sí!

¿Cómo creen que les vaya a estos dos con su casa?

¿Jean debería darle a Eren un canguro en su cumpleaños?

¿Qué creen que le regalará?

¡Lo sabremos pronto! c:

Mis mejores deseos,

ChickenBrown.