Contenido: Universos alternos: Osomatsu rubio y cambio de edades. Angst, tragedia, probable mención de violencia, family, drama, posible OC (no intencional).
Pareja: Este fanfic se queda como un drama familiar. Así que no hay pareja y por ello no tiene publicación en mi perfil de Amor-yaoi.
Disclaimer:
Hikari: ¡HUSTLE! ¡MUSCLE! ¡Hola de nuevo! Hoy toca actualización así que no perdamos más tiempo. Los personajes no me pertenecen, la obra original fue gracias a Akatsukaa Fujio y esta historia fue creada solamente por ocio, inspiración y sin fines de lucro. Espero que la disfruten. Notas al final.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
-.-.-Osomatsu-.-.-
Contemplando la luna y las estrellas en el cielo nocturno, mis pies me guían hacia el departamento en el que nos hemos estado alojando, justo en los límites de aquella ciudad.
Aun no entiendo las razones por las que, inconscientemente he ido a aquella casa, a aquel lugar al que yo no pertenezco. Necesito dejar esta ciudad lo más pronto posible, necesito alejarme antes de que el pasado que creía ya olvidado vuelva a atormentarme en mi presente.
Recordando hechos de hace muchos años, aquellos de niñez, junto con los de adolescencia, hasta los de esa misma tarde sobre jugar con la pelota con Jyushimatsu e Ichimatsu, llegué a aquel departamento. Las escaleras soltaban rechinidos con cada paso y finalmente, suspiré cuando giré la perilla.
-Oh, eres tú- fue la cálida bienvenida de mi hermanita cuando me vio entrar.
-Ya llegué- le contesté, mucho menos animado de lo acostumbrado. La molestia que me había invadido esa misma tarde regresó a mí a ver su rostro. Estaba seguro de que podría perdonarla, pero llevaría tiempo poder olvidar aquella estúpida canción que cantó en su concierto de esa misma tarde, y que había tenido el descaro de invitarme para escucharla personalmente.
-No pongas esa cara, "hermanito"- sus labios se curvearon de tal forma que me recordaba a un astuto gato. - ¿No disfrutaste de mi concierto? - con un tono sarcástico, Reika se giró y regresaba a la habitación de donde había salido, esperando a que yo la siguiera.
Suspiré un par de veces, intentando contener y controlar mi enojo. Cuando volví a alzar la mirada, dispuesto a enfrentarla, me percaté de que la habitación continua tenía la puerta abierta. La habitación estaba completamente vacía.
- ¿Y Atsushi? - no pude ocultar cierta preocupación en mi voz.
-Ah…al parecer no ha regresado- contestó desinteresada Reika.
- ¿No ha regresado? - olvidando por completo mis emociones de hace un momento, todo mi cuerpo fue inundado por la preocupación. Era cerca de las once de la noche, aun no era muy tarde, pero para Atsushi un niño de aun ocho años de edad, no era normal estar a estas horas en la calle, y aún menos en una ciudad en la que no hemos pasado tanto tiempo. - ¿Sabes dónde está?
- ¡¿Ah?! ¿Por qué he de saberlo? No es mi responsabilidad, ya es grande, puede cuidarse él solo- noté completa indiferencia en el tono de Reika y eso, solamente me hizo perder aún más la poca paciencia que guardaba- Puede dormir fuera, puede regresar, ¡hasta puede morirse si quiere! ¡A mí no…! - ella no logró terminar su oración ya que la interrumpí abruptamente.
Con gran parte de mi fuerza, la había tomado del cuello y estampado en la pared más cercana. Sentí su delgado cuerpo retorcerse cuando sintió como mis dedos ejercían presión en un vago intento de asfixiarla. Sin importarme de hacerle daño o no, levanté su cuerpo un par de centímetros para que sus pies se separaran del suelo levemente.
-No vuelvas a repetir eso- le murmuré cerca de su oído. - Si algo le llega a pasar, si mi familia vuelva a cambiar, esta vez no podré perdonártelo, Reika- la pelirrosa soltaba quejidos intentando deshacerse de mi agarre. Segundos después finalmente la solté dejándola caer de rodillas al suelo y tosiendo fuertemente.
-Mi familia no va a cambiar, Reika- le dediqué una mirada furiosa, viendo como intentaba recuperar el aire- Desafortunadamente para ti, tú también eres parte, así que ni se te ocurra volver a intentar hacer algo para cambiarlo. - Ella levantó su mirada desafiante, aun sobándose su cuello intentando retarme silenciosamente. Ignorándola por completo, salí nuevamente de ese lugar.
Tougo-san, Atsushi, hasta la misma Reika. Ellos eran mi familia. Ellos eran el lugar al que pertenezco. Si alguno falta, si hay algún cambio, si alguien se atreve a marcharse o a dejarnos…yo ya no tendría un lugar al cual volver.
Y eso, no lo volveré a permitir. No otra vez.
¿Dónde podría estar Atsushi? No era común que él estuviera lejos de nosotros durante la noche. Ciertamente era un niño que podía cuidarse por sí solo a pesar de su corta edad, independiente y que tenía la libertad de merodear por ahí durante las tardes. Pero…jamás se había atrevido a estar fuera después de que se ocultara el sol.
"Mas te vale estar bien" pensé para mis adentros. Sin pensarlo demasiado, me dirigí a la zona hotelera de la ciudad, si, esos hoteles de lujo en los que Tougo-san se daba el permiso de hospedarse.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
La aguja del reloj había avanzado dos vueltas completas. Sintiendo dolor en mi mejilla derecha, caminaba con impaciencia entre los oscuros callejones de la ciudad. Sin rumbo y buscando completamente al azar.
Tougo-san lo sabe, sabe que Atsushi es un niño que puede cuidarse por sí solo. Es por eso que me golpeó cuando fui a verlo para pedirle ayuda para buscarlo. Porque, a pesar de no demostrarlo, él nos parecía y así como yo, desea que todos estemos juntos. Si no era así ¿Entonces por qué nos habría juntado?
Reika fue la primera en llegar y, después de poco más de un año llegué yo. Crecimos prácticamente como hermanos, a pesar de que era Reika la que me enseñaba al principio, rápidamente me convertí en su hermano mayor.
Durante los siguientes años, solamente éramos nosotros tres, hasta que una noche, Tougo-san llegó con un pequeño bebé en brazos, dándonos la responsabilidad de cuidarlo. Yo tendría unos 15 años, Reika 12.
-Probablemente haya sido de un desliz con una prostituta- me decía Reika mientras intentábamos acallar los sollozos del pequeño Atsushi, el pequeño debía tener tan solo unos pocos meses de edad. Pero ambos estábamos seguros de que, de una u otra manera, él era hijo sanguíneo de Tougo-san…su verdadero hijo.
Al principio, la simple idea de tener Atsushi solamente me creaba molestias, enojos y desesperos. Yo también era parte de esa familia, ¿verdad? No por el simple hecho de que Tougo-san tuviera un hijo legítimo nosotros (Reika y yo) terminaríamos siendo desplazados… ¿o sí?
Pero, al parecer, el único que pensaba sobre ello…era yo.
-Podrías ayudarme a intentar calmarlo- me quejé una vez, cansado de estar oyendo los interminables lloriqueos de Atsushi. No parecía tener hambre ni sueño y su pañal estaba completamente limpio. ¿Por qué no dejaba de llorar?
- ¡¿AH?! ¿Y por qué yo debería hacerlo? - me contestaba groseramente Reika, sin dejar de cepillarse su largo y sedoso cabello que aun en esos tiempos era de color castaño claro- Tougo te lo dejo encargado a ti no a mí. Además…yo nunca sabré como cuidar a ningún mocoso- dijo en tono más bajo lo segundo. Reika había estado actuando de forma fría y cortante desde que, pocos días antes, había salido en un corto viaje con Tougo.
Años después comprendería lo que había ocurrido durante esa ausencia, durante una noche de alcohol y confesiones. Me enteraría del destino que Tougo-san le había impuesto a Reika haciéndole aquella cirugía clandestina.
Entendería porque la chica le tenía cierto odio a Tougo-san y distanciamiento a Atsushi.
Es así como Atsushi fue creciendo con el paso del tiempo. Apegándose a mí y siendo su ejemplo a seguir como su hermano mayor; distanciándose de Reika por su actitud cortante; y sin comprender las razones por la que su padre jamás estaba junto a él.
Pero, a pesar de todo, estando junto a su familia.
No estoy segura de cuantas horas pasé rondando en las calles oscuras de la ciudad sin tener rumbo fijo. El sol ya había salido cuando yo me encaminé de regreso a casa.
Cuando terminé de subir los rechinantes escalones y giré la perilla me encontré con el niño pequeño al que había estado buscando toda la noche. Atsushi me sonrió alegre pero pronto su expresión cambió a temor cuando se percató de que yo no me encontraba con el humor de siempre.
- ¿Osomatsu-niisan? - me preguntó con voz baja. Vi sus ojos temblar debido a la confusión- ¿Estás bien? - ¿Me preguntó por el golpe en mi rostro? ¿Por mi aspecto desvelado? ¿O por la expresión fría que le estaba dedicando?
- ¿Dónde estuviste? - pregunté ignorando su pregunta.
-Esto…- bajó su mirada hacia sus manos temblorosas- Dormí con un amigo…en su casa- su volumen de voz bajaba más con cada palabra dicha-Le avisé a Reika ayer en la noche…
Sentí alivio al mismo tiempo que la molestia regresaba a mí. El pequeño Atsushi no parecía estar consiente de todo lo que tuve que pasar. El pequeño vio como mi semblante se oscurecía cada vez más. Me arrodillé junto a él y, antes de que pudiera apartarse algunos pasos, le tomé fuertemente de la cabeza, como una imitación barata y agresiva al típico gesto que siempre le mostraba.
-No vuelvas a salir Atsushi, es peligroso- mi voz salió ronca y seca, hasta el simple hecho de hablar me había provocado una sensación incomoda en la garganta, pero eso no me importó.
Le solté el cabello con lo que pretendían ser caricias para después levantarme. Me giré y cerré la puerta tras mis espaldas. De una maceta cercana saqué una llave un poco oxidada, qué suerte que el departamento en el que ahora nos estábamos alojando aun tuviera una llave de seguridad. La introduje y me aseguré de que no pudiera abrirse con simple fuerza bruta.
- ¿Osomatsu-niisan? - alcancé a escuchar su murmuró tras la puerta- ¿Que estas…?
-Te lo dije Atsushi, es peligroso- acaricié con mis yemas la madera de la puerta, disculpándome internamente por lo que le estaba haciendo a mi hermanito- Lo comprenderás cuando crezcas- al tiempo que me iba alejando alcancé a escuchar como el niño tocaba con sus puños la madera, intentaba girar la perilla para abrirla, pero sin tener resultados. El rechinar de los escalones opacaba los gritos y lamentos del niño mientras me llamaba detrás de la puerta.
Sin sentir consecuencias de la larga caminata nocturna ni tampoco la falta de alimento, me dirigí a paso firme hacia el lugar donde usualmente Reika iba a ensayar, un pequeño estudio cercano a donde había sido su último concierto.
Cuando identifiqué la puerta de entrada, tenía un cartel de letras grandes que indicaba "Solo personal autorizado" no dudé en utilizar viejos trucos con un par de alambres para forzar la entrada. El estudio estaba casi desierto, exceptuando por un par de personas de las que me escondí entre los pasillos, fue relativamente fácil encontrar el camerino de la idol pelirrosa.
Entré a la habitación. Estaba vacía.
Los minutos que estuve en soledad me replanteé todo lo que había ocurrido desde que llegamos a esta ciudad. Probablemente todo se haya desencadenado desde el estúpido momento en que decidí hablarle a Choromatsu fuera del conbini. Empeoró cuando seguí a Karamatsu y a Todomatsu, y finalmente se derrumbó cuando hice contacto con Ichimatsu y Jyushimatsu. Reika tuvo la estúpida idea de cantar esa tonta canción en su concierto y de hacerme escucharla, Atsushi había tenido la boba idea de pasar la noche lejos de nosotros. Tougo-san parecía no importarle en lo más mínimo.
¿Por que? ¿Por que veo mi mundo derrumbarse a pedazos?
- ¿Qué carajo estás haciendo aquí? - una voz femenina que yo conocía perfectamente me sacó del fondo de mis pensamientos. Cuando alcé la vista vi perfectamente como ella cerraba suavemente la puerta, sin olvidar poner el pestillo. - ¿Vienes a hacerme un drama por lo de Atsushi? ¿Reclamarme por no haberte dicho que el mocoso me había enviado un SMS avisándome de que no llegaría? - la chica me sonreía de forma altiva, esperando algún movimiento por mi parte.
Me acerqué silenciosamente y, aun con cautela, ella daba un paso atrás cuando yo avanzaba uno. Finalmente, ella tocó con su espalda la pared y en un par de pasos más, yo ya me encontraba justo frente a ella, recargando un brazo en la pared la acorralé por completo. De no haber sido por nuestras miradas retadoras, cualquiera pudo habría malinterpretado nuestra posición como un cómico e irreal encuentro de enamorados. Vaya ironía.
-Puedes cantar lo que quieras, revolcarte en la cama de quien sea, si quieres hasta tomar o drogarte con cualquier porquería que puedas meterte en el sistema- hice una breve pausa antes de continuar- Pero si te atreves a intentar traer mi pasado o a poner a Atsushi en riesgo, deberé darte una lección como tu hermano mayor.
Ella parecía querer decir algo, pero no encontró el valor para articular cualquier palabra.
-Vuelve a provocarme y esto irá más allá de una simple amenaza Reika. - le regalé una mirada fría que pocas veces había visto. Intentando verse fuerte me veía fijamente, pero notaba como una gotita de sudor resbalaba por su mejilla. - No me subestimes Reika. No quiero hacerle daño a mi hermanita- me incliné para darle un breve beso sobre su cabello. Sin decir nada más, me separé de ella y salí de la habitación.
Una hora después, me encontré en el mismo parque del día anterior, justo en la pequeña colina que bajaba y se encontraba cerca de un riachuelo, recostado en el verde césped degustando un pequeño pedazo de pan. El tiempo pasó rápidamente, el sol se encargaba de calentar ligeramente mi piel y, sin darme cuenta del momento exacto, caí dormido ante la falta de sueño.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
- ¡DESPIERTA! - un grito me sacó de mis sueños. Abrí los ojos, presuroso, olvidando por un momento el lugar en donde me encontraba y la hora del día que era- ¡Oh!
- ¿Pero, que…? - lo primero que pude ver fue a una versión muy joven de mí misma persona, el mismo rostro, pero con una enorme sonrisa tatuada en su cara, hasta su propia lengua parecía estar feliz de ser mostrada.
- ¡Venimos a jugar hoy también! - sus ojos brillaban con mayor intensidad cada segundo, el cielo detrás suyo era de matices anaranjados.
- ¿Jyushimatsu? - pregunté más para mí que hacia él, pero a pesar de esto, él sonrió con mayor alegría al escuchar su nombre.
Me levanté rápidamente al encontrar coherencia en lo que estaba sucediendo. ¡Mierda! ¡Lo había llamado por su nombre inconscientemente! Volteé a verlo, pero… ¿no estaba extrañado de que supiera como se llamaba? Para empezar, había olvidado por completo que se supone que hoy jugaría también con los gemelos Matsuno.
-Por fin despertaste- habló el gemelo mayor, quien se estaba sentando a casi un metro de mi- Creímos que estarías muerto o algo- sonrió con malicia.
- ¡Juguemos! ¡Juguemos! - Jyushimatsu sacó su inseparable bate y me entregó una pelota de beisbol en mis manos. Soltando una risita tras un suspiro me levanté del lugar y caminé para alcanzar al energético Jyushimatsu. Tal vez jugar un poco para distraer mis pensamientos no era tan mala idea
-Hoy vienen con sus uniformes escolares- mencioné cuando le lancé una vez más la pelota al niño- ¿Escuela media?
- ¡Si! Entramos apenas este año- dijo Jyushimatsu mostrando su chaqueta negra olvidando que debía pegarle a la pelota que pasó volando a pocos centímetros de su cara.
- ¿Vinieron después de las actividades del club? - tuve que tragarme la risa cuando vi a Jyushimatsu entrando en razón y yendo por la pelota.
-No estamos en ningún club- platicaba Ichimatsu a la distancia, al igual que el día anterior tenía un felino recostado en su regazo-A Jyushimatsu lo sacaron del club de beisbol a los pocos días de haber entrado.
-Dijeron que no podían seguir mi ritmo- comentaba como si hubiera sido algun logro. Probablemente los chicos de aquel club lo sacaran justo por eso, pero no haberlo dicho de una forma positiva. - ¿Tú estabas en algún club?
-Bueno…-acomodaba mis lentes mientras capturaba la pelota lanzada. - No son cosas que quiera recordar- desvié el tema, no queriendo contestar directamente a la pregunta. No me apetecía decirles que no había asistido a ninguna escuela, que me había atrapado en los conocimientos del cuarto grado debido a mi secuestro. Que todo lo que he aprendido fue gracias a Tougo-san y no a ninguna escuela.
Lancé nuevamente la pelota a Jyushimatsu, esperando que el par no preguntara nada más.
Los gemelos partieron a su casa casi una hora después, antes de que oscureciera, claro recordarme que si no asistía el día siguiente la foto del celular de Ichimatsu sería expuesta a sus hermanos mayores y a la policía. No me quedó más que aceptar.
No quería admitirlo, pero poder pasar un rato con ese particular par había logrado mejorar mi ánimo.
El verlos cada tarde después de clases se convirtió en una pequeña rutina. El no querer regresar a casa también era parte de la misma. Esa noche regresé y encontré al pequeño Atsushi hecho un ovillo, durmiendo en soledad y con sus pestañas aun mojadas por las lágrimas en un rincón de la casa. Reika no regresó aquella noche y yo también comenzaría a dejar de dormir en ese sitio.
Me dolía ver el rostro triste de Atsushi por lo que no me apetecía visitarlo demasiado. Las noches las superaba entre los botes de basura, en los callejones oscuros, en alguna banca de aquel parque. No me importaba pasar frio o hambre. Siempre dejaba asegurada la puerta principal de aquel departamento y la llave que estaba guardada en mi bolsillo me recordaba lo cruel que estaba siendo con mi hermanito…pero me excusaba tras el pensamiento de que "era por su bien".
Poco más de una semana completa transcurrió, escuchando las cosas triviales de los gemelos, los sollozos de Atsushi, ignorando la existencia de Reika, huyendo de los encuentros casuales con Choromatsu.
Una vez más, la luna y las estrellas se posaban en el manto oscuro. Junto a una máquina expendedora descompuesta me encontraba terminando un cigarrillo más de mi casi vacía cajetilla. De un salto, un gato negro, de orejas puntiagudas y de ojos entreabiertos se acercó a mí, y levemente logré recordarlo.
- ¿Tú eres amigo de Ichimatsu, verdad? - le acaricié la barbilla y el minino comenzó a ronronear. - Si que eres un gatito simpático- Pasamos varios segundos en esto antes de que un pequeño sonido alertara al gato y saliera huyendo. - ¿Quién está ahí? - pregunté fuertemente.
- ¡Ah! Y-yo lo siento, no quise asustarte- escuché una voz nerviosa- Estaba siguiendo al gato, solamente- rio, intentando relajar el ambiente.
No era posible…simplemente las casualidades de este mundo, de esta ciudad, comenzaban a joderme por completo la vida. Ocultándome tras la maquina intenté ver ligeramente a la persona que estaba ahí, tal vez mis oídos solo estaban jugándome una travesura, era imposible que él fuera…
"Karamatsu".
Continuará…
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Hikari: Sip, quedamos en el mismo punto que el capítulo pasado ya que, como notaron, regresamos un poquitín en el tiempo pero ahora con la perspectiva de Osomatsu jejeje. ¿Les gustó? Pueden dejar su comentario o crítica constructiva en la cajita de reviews de acá abajo. ¡Y hablando de reviews…rayos! Fui increíblemente feliz al leer los que me dejaron después del capítulo 9. Estaba insegura ya que tenía miedo que después de poner esto en paro algunos meses ya nadie se acordara de mí, pero me hizo muy feliz recibir todos esos hermosos reviews de parte de ustedes, además de que también me llegaron por Facebook algunos comentarios y…casi lloro de felicidad.
Espero que les guste el transcurso de la historia. Aun no termino de corregir los capítulos posteriores, pero me pondré a hacerlo justo ahora. ¡Los leo la siguiente semana! ¡Bye bye-perowna!
