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PRECIPICIO

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Miró el techo cubierto de calcomanías fosforescentes que Anthon, el hermano segundo, solía pegar sobre la pintura dando saltos encima de aquella cama porque a su hermanito bebé omega le daba miedo la oscuridad. Levi se preguntó qué diría Anthon, ahora era él quien acompañaba a Eren al lavabo cuando se cortaba la luz en casa.

Giró la cabeza para hundirla en la almohada, las sábanas eran las mismas de antaño, él y Kushel solían jugar a los fantasmas con ellas hace mucho tiempo.

Su habitación nunca tuvo demasiadas cosas, Levi recordó que mientras River y Anthon atestaban su alcoba compartida con los nuevos juegos del mercado alfa a él siempre le fue vedado obtener ese tipo de privilegio. Aun cuando comenzaron a tratarlo como alfa, continuó persiguiendo a sus hermanos con el viejo peluche de conejo bajo el brazo.

Levi sintió una pequeña chispa de nostalgia estallando dentro de su pecho, apesadumbrado, abrazó con fuerza el cuerpo de su alfa que dormitaba profundamente.

Eren y Levi trataban de dormir en su antigua cama, demasiado grande para ambos, pero siempre fue así, el omega recordaba haber odiado aquel lecho debido a su tamaño. Al menos hora la compartiría con el menor.

—¿Tienes frio? —susurró Eren, con los ojos fijos en el techo, fascinado. Tratando de contar todas aquellas calcomanías sin olvidar alguna.

—No, estoy bien.

—Mi habitación era idéntica a la tuya —comenzó a hablar el niño alfa—. Papá me compró un juego de trenes que cruzaba la puerta. ¿Nunca te compraron un juego de trenes, Levi?

—No.

El ojiverde acomodó la cabeza, cerca del cuerpo de su omega, olfateando.

—Creo que hueles muy bien —mencionó.

—Si quieres pedir algo solo dilo.

—Mikasa y yo queremos explorar—dijo al fin—, vimos una camada de siberianos cerca del vecindario —añadió al ver la expresión confundida de Levi.

—¿Cerca del vecindario?

—Si, la que tiene un tejado lleno de macetas blancas —expuso el menor— con margaritas.

El pelinegro sintió una repentina punzada de nostalgia, solo existía una casa con macetas blancas llenas de margaritas en el tejado, pertenecía a la familia Smith. La señora Smith, una pequeña omega rubia, solía ponerlas en los bordes del techo para que sobresalieran y tomaran un poco de sol. Una vez Erwin, el hijo mayor, se accidentó cuando una de esas macetas cayó sobre él y le cosieron tres puntos en la frente. Luego de que la señora Smith muriera Erwin había ordenado replantar todas las macetas con nuevas margaritas en memoria de su madre.

Levi sacó uno de los brazos debajo de las colchas para peinar hacia atrás el cabello castaño de Eren, continuaba húmedo por el baño, sus grandes ojos verdes lo miraron ansiosos de una respuesta rápida.

—Voy a pensarlo —respondió, recibiendo un abrazo de parte del alfa.

"Se comporta como un niño". Pensó, aliviado.

Cuando tuvieron aquella discusión dentro del baño Eren tuvo que vestirse por sí solo mientras Levi hablaba con sus padres, fue difícil convencerlos de que se iría en dos semanas. Dijo que Eren y Mikasa perderían clases importantes, incluso mintió aludiendo que su alfa odiaba estar ahí. Pero su padre se opuso a todo, ese maldito alfa obstaculizó cada brillante excusa solo para conseguir que se quedaran en casa durante un tiempo. Lo mejor hubiera sido hacerles una visita a fin de año, por navidad...pero no, Kanney estuvo a punto de perder el aliento soltando toda clase de justificaciones por las cuales él y Eren tenían que pasar todo el fin de semana en aquella comunidad.

Levi no los odiaba, eran sus padres, fuero buenos con él, le dieron todo lo que un omega pudiera querer en este mundo pero en verdad Levi no quería que su alfa y -para su mala suerte- la mocosa alfa vieran a sus hermanos.

"River y Anthon escucharon que venías de visita" contó su madre, midiendo cada una de sus palabras con una voz calmada, "están tan contentos que decidieron aplazar el trabajo para conocer a tu alfa."

Levi no odiaba a sus hermanos, ellos se llevaron bien desde pequeños, recordó que lo llamaban "bebé Levi" cargándolo por toda la casa como a un muñeco hasta que él los correteó con un palo demostrándoles que solo era Levi y ya no un bebé. Sin embargo la relación que tenían se vio fracturada cuando ambos terminaron de crecer, el instinto terminó por separarlos, los alfas crecían y cambiaban, las responsabilidades que les eran impuestas los convertían en seres completamente diferentes, los tiraba a todos por un precipicio sin retorno, sin mencionar que Anthon odiaba a todos los omega por igual y River simplemente detestaba a los betas.

La forma como recibieron su educación les había podrido el alma.

Someter a Eren a aquel ambiente no era algo que Levi encontrara grato. No quería que cayera junto con ellos. Todos menos Eren.

Sería tan inadecuado como tratar de juntar el agua con el aceite y su alfa era puro fuego cuando se disgustaba con algo o creía que una cosa no estaba bien. Eren no se quedaba callado, gritaba, pataleaba y peleaba para defender lo que considerara correcto. Algo que solo un completo suicida haría enfrente de River y Anthon Ackerman.

River entendería. Siempre entendía.

La vez cuando River, el mayor, se plantó frente a sus padres para pedirles que Levi fuera tratado como un alfa, porque quería tener amigos como Erwin y Farlan, sus padres lo aceptaron cuando en realidad fue Levi quien se lo rogó a escondidas. Y le enseñó a controlar su temeroso instinto de omega que simplemente le imponía someterse y temer de manera grotesca a todos aquellos que no fueran SU alfa.

El sería bueno con Eren. Comportándose con delicadeza y prudencia.

Aquellos pensamientos volvieron a inundar la nublada mente del omega. Esta vez miró la puerta.

El cuarto de sus padres tenía el mismo pestillo curveado, una vez River y Anthon lo cargaron hasta allí…él tenía cinco años. River lo despertó a medianoche murmurando que iban enseñarle como anudaba un alfa de verdad. En silencio, espiaron a traves de la abertura del cuarto de sus padres para escuchar los sonidos lascivos y golpeteos en la pared provocados por estos. Kushel estaba en celo y los dos hermanos mayores decidieron husmear de cerca solo para ver qué cara ponía Levi de cinco años, que abrazado a su conejito de peluche no apartaba los ojos grises de aquel oscuro sitio.

Hasta que Kaney los vio y ambos quedaron con un ojo morado durante un mes -a los omegas no se les golpeaba, solo el alfa destinado tenía derecho a hacerlo- así que Levi fue llevado a su cama por su madre donde le dieron un dulce artificial y una explicación detallada sobre el sexo entre alfas y omegas.

Esa casa estaba llena de recuerdos.

Todos hermosos, algunos injustos e incluso crueles, pero fueron impuestos en su mente de una manera tan normal que acabó creyendo que el mundo se reducía a eso. Que todas aquellas cosas indecentes y reglas espantosas sin fin eran el pan de cada día, algo habitual y por lo tanto natural.

Levi tuvo que tomar una drástica decisión aquella noche, en realidad no pedía mucho, solo lo necesario. Temíapor Eren y hacía esto por él.

Movió el hombro de Eren hasta despertarlo del sueño, el niño aún dormitaba y bostezó, cansado.

—¿Qué quieres?

—Mañana podrás ir con Mikasa —le dijo.

—¿¡Enserio!? — exclamó Eren borrando todo rastro de sueño.

—Si...y te enseñaré como inducir al celo. ¿De acuerdo? —mintió, no sintió nada al mentirle y fue increíblemente fácil.

Cuando el instinto de Eren despertara no sería capaz de hacerlo asi que ¿Porque no aprovecharlo ahora? Su alfa era terco, sin esa pequeña mentira no iba a obedecerlo.

Era necesario.

Esta vez Eren despaviló por completo.

—¿Eso se puede? —preguntó.

Por supuesto que no se podía pero Levi era consciente de que necesitaba tener el cuerpo repleto de feromonas de su alfa(*), así que continuó mintiendo.

Eren no caería, Eren no podía corromperse junto con todos los alfas y él iba a protegerlo.

Era necesario.

—Si —se inclinó con cuidado soltando feromonas sexuales— pero tienes que prometerme tres cosas, Eren.

—Lo prometo —dijo confiado.

—Nos quedamos dos semanas, Mikasa tú y yo.

El alfa se deslizó como una oruga, pateando la colcha con los pies para quedar cara a cara con su omega. Contento, hipnotizado, tentado por el dulce y suave olor.

—No te daré ordenes aquí —continuó Levi—, compórtate como si nunca te las diera.

—Pero —lo interrumpió— siempre me dices que debo cepillarme y no corre...

Levi puso la mano sobre su nuca, casi rozando los labios con los del alfa, atrayéndolo con una nueva carga de feromonas sexuales que hicieron que su alfa se retorciera.

—Obedece, finge que nunca te doy órdenes. Pero no te sobrepases o tendrás el trasero adolorido cuando volvamos a casa.

—Sí —Eren tembló al sentir su aliento, disponiéndose a cerrar los ojos para besarlo. Levi lo detuvo.

—Uno. No más ordenes —dijo para que quedara grabado—. Dos, siempre que quieras hacer algo puedes hacerlo sin pedir permiso. Tres, veras cosas que no te gustaran, Eren. Querrás entrometerte o gritar pero no debes hacerlo, solo…ignóralas.

—Puedo hacerlo —dijo con orgullo.

—Bien —lamió los labios del ojiverde, satisfecho—. Eres un buen alfa —lo felicitó antes de sentir como la pequeña boca del niño atrapaba la suya con voracidad, obviamente inducido por sus feromonas.

Los pequeños dientes mordieron con fuerza, sin sacar sangre, su omega interior gimió lleno de gozo y Levi se dejó hacer jadeando bajito al sentir como empezaba a autolubricarse ahí abajo.

Completamente empapado volvió a solta nuevas feromonas que le indicaron al alfa que tenía sueño. Eren fue perdiendo el control, poco a poco, hasta quedar nuevamente dormido en brazos de su omega.

Próximo capítulo

Erwin

La libertad no puede comprarse.


(*) Normalmente los omegas andan por la vida cubiertos con el olor de sus alfas para protegerse, evitar que otros se les acerquen y demostrar su status.