Avatar, el último maestro aire ni sus personajes me pertenecen, la historia sí.
Corresponde al último capítulo de la serie.
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Toph se despertó sintiendo extrañas vibraciones en la tierra, deshizo su tienda y gritó para que sus amigos se despertaran, ellos, acostumbrados a las advertencias de la maestra tierra, abrieron los ojos y se pusieron en guardia en cuestión de segundos. Se vieron rodeados por un aro de fuego y una risa estridente les hizo voltearse hacia un peculiar anciano vestido con una túnica azul.
-Miren quién está aquí –Dijo Bumi.
Salieron cuatro hombres a recibirlos: Jeong Jeong, Piandao, Pakku y Bumi. Zuko los reconoció en seguida, su tío le había hablado de ellos.
-El Loto Blanco –Susurró y los aludidos sonrieron.
El equipo avatar saludó alegre y respetuosamente a los que habían sido sus maestros y amigos, no esperaban volver a verles, menos antes del cometa. Les contaron de la ausencia de Aang y ellos les invitaron a su campamento para que pudieran descansar. Zuko les preguntó por su tío y le indicaron la tienda en la que estaba durmiendo. Se sentó frente a ella, sin el valor suficiente para entrar. Toph lo notó y sintiéndose incapaz de decirle lo que necesitaba, le indicó a Katara que fuera a hablar con él. Después de unas palabras de aliento pudo sentir los pasos de Zuko hacia la tienda.
-¿Crees que estará bien? –Le preguntó la maestra agua llegando junto a ella.
-Lo estará –Respondió Toph. No podía quitarse la pesada sensación de la incertidumbre, no podía sacudirse el pesimismo. Dió media vuelta y se fue, quería estar sola y pensar. Katara la vió alejarse, todos estaban tensos, la desaparición de Aang era algo complicado, pero no era eso lo que más le preocupaba a la maestra tierra.
-Siete… ocho… nueve -Toph estaba sola en algún lugar del campamento del Loto Blanco mientras hacía flexiones de brazo concentradamente, si había algo que podía hacer para desahogarse era entrenar, entrenar y entrenar.
Lucharé, se decía a sí misma, lucharé por Aang y por el reino tierra, lucharé por la paz de Zuko y por mis amigos, aún si eso los aleja para siempre de mí. Aang le había dicho que existían amistades que trascendían el tiempo de una vida y quería creerle. Para ella, que había estado tanto tiempo sola, sus amigos eran algo muy importante, habían pasado tantas cosas juntos, no quería decirles adiós, pero Aang se lo había dicho, serían amigos por siempre. Y Zuko… Zuko había aceptado irse con ella a viajar por el mundo, pero sabía que no lo harían, no entendía por qué, pero parecía algo imposible. Aún así estaba algo más tranquila, no la había rechazado y eso era suficiente para hacerle sentir mejor.
-Treinta… treinta y uno… treinta y dos…
Se sintió tonta ¿Qué importaba volver a estar sola? Podía escapar y vivir aislada, buscando pelea, quizás podía dedicarse a luchar en arenas clandestinas, como antes. No… se estaba precipitando ¿Quién decía que todos se irían? Quizás no tenía que volver a estar sola, podía buscar una forma…
Estuvo hasta el amanecer cansándose con diversos ejercicios, pensar cosas innecesarias la ponía insegura y ella no podía sentirse así antes de una gran pelea, darlo todo era una de sus más importantes consignas.
La distrajo un revuelo en el campamento, aguzó el oído para entender qué pasaba.
-¡Toph!
Se paró de inmediato al oír que Zuko la llamaba. Fue a buscarlo, pero no estaba solo, su tío lo acompañaba.
-Toph, ya conoces a mi tío ¿no?- Le preguntó él al verla llegar.
-Claro que sí –Respondió ella secándose el sudor de la frente con el antebrazo mientras recordaba el día en que Iroh la había ayudado a perdonar a sus amigos después de echarla del grupo. También ese había sido el primer día en que se encontró con Zuko, de haber sabido que él era el sobrino que tanto mencionaba…
-Siempre es un placer verla, señorita –La saludó Iroh con una inclinación y la voz cordial.
-¿Entonces todo está bien? –Le preguntó Toph a Zuko alzando las cejas.
-¡Sí! Tenías razón –Dio un paso hacia ella y la abrazó levantándola del suelo un momento, se sentía tan feliz, su tío le había hecho tanta falta, ahora lo tenía a él y a Toph a su lado, comenzaba a sentir esperanza y coraje para enfrentar lo que vendría.
Toph le sonrió, que él estuviera así de feliz era genial, le aliviaba que hubiera arreglado las cosas con su tío, pero eso significaba que tendrían apoyo contra Ozai, es decir, el ataque no se cancelaba.
Zuko dejó a Toph en la tierra y oyó a su tío tosiendo, se volteó para verlo aún con una sonrisa en la cara y se lo encontró con las cejas arriba y una sonrisa pícara en el rostro. Zuko se sonrojó.
-Creo que me he perdido un par de cosas ¿Verdad, príncipe Zuko?
-Eh, bueno… sí –Zuko sonreía tontamente con el rostro encendido mientras se tocaba el cuello.
Toph se tragó sus preocupaciones e intentó alegrarse por Zuko y lo golpeó fuertemente en el brazo.
-¡Te lo dije! El señor Iroh siempre se preocupó por ti.
Iroh se rió sonoramente, era algo fascinante ver a su sobrino tan familiarizado con esa niña tan interesante, ciertamente había visto algo peculiar en ella cuando la conoció, pensó que era muy similar a Zuko en su forma obstinada y su obsesión por parecer independiente, que se hubiesen conocido para ser tan amigos era cosa del destino.
Zuko le sonrió a la maestra tierra y tomó su mano, ella dirigió su rostro hacia él para que la viera sonreír, no iba a dejar que supiera lo perturbada que estaba por las cosas que había pensado toda la mañana.
-Vaya –Dijo Iroh sorprendido –Eso es algo inesperado.
Iroh sabía que su sobrino había estado saliendo con su amiga de la infancia, la jovencita llamada Mai, ver ahora que tomaba la mano de Toph tan despreocupadamente era una revelación, conocía muy bien a su sobrino y no era una persona afectuosa, si hacía eso era porque algo importante estaba pasando, es decir, ¡miren esa mirada! A pesar de todo nunca pensó que la pequeña maestra tierra terminaría cruzándose en el camino de su sobrino de esa forma, la vida daba muchas vueltas desconcertantes.
-Lo sé, supongo que es difícil de imaginar–Dijo Zuko avergonzado, captando la sorpresa de su tío, él era bueno adivinando ese tipo de cosas.
Toph estaba incómoda, no había pensado que llegaría un momento así. Iroh le pareció una gran persona desde que lo conoció, incluso llegó a imaginar que le habría gustado que su padre fuera como él, estar revelándole ahora lo que había pasado entre ella y su sobrino era por lo menos muy extraño.
-Bueno ¿Quién manda en las cosas del corazón? –Dijo Iroh alzando sus manos como diciendo "no hay nada que hacer" mientras sonreía –Gracias por cuidar de mi querido sobrino –Le dijo a Toph con un tono de complicidad.
Ella sonrió con ganas y lo golpeó en el hombro con su mano libre en señal de amistad. Iroh se quejó de dolor.
-Tranquilo, Chispita está a salvo conmigo –Le dijo ella orgullosa de su poder mientras sonreía radiante.
-¿Chispita? –Preguntó Iroh mientras se acariciaba el hombro dañado.
-Eh ¿Por qué no vamos a desayunar? –Cambió Zuko el tema rápidamente y se llevó a Toph con él. Ella se giró mientras caminaba y se despidió alegremente de Iroh.
-Qué niña tan enérgica –comentó Iroh para sí mismo. Le alegraba que su sobrino no estuviera solo, había pasado por momentos muy difíciles, pero teniendo a alguien con tanta energía a su lado seguramente las cosas se habían hecho más llevaderas. Era verdad que la diferencia de edades le complicaba un poco, pero como ya había dicho ¿Quién manda en las cosas del corazón? Sin embargo, había temas mucho más complicados que resolver y tristemente quizás eso arruinaría la felicidad de su sobrino. Le dolía, pero era necesario, había grandes cosas en juego.
Se reunió con el equipo avatar, tomó un plato de comida y se dispuso a escuchar sus planes.
-Tío, Aang desapareció y necesitamos tu ayuda para vencer a mi padre –Le dijo Zuko atendiendo los asuntos pendientes de una vez –Tienes que venir con nosotros.
-Quisiera ayudarte, sobrino, pero mi lugar en esta guerra está en Ba Sing Se.
-¿Entonces no reclamarás tu legítimo derecho al trono? –Zuko se asustó, contaba con que su tío se convirtiera en el nuevo señor del fuego, le correspondía y sería la única persona con la que se sentiría seguro en esa posición.
-No podría, la historia vería a un hombre derrocando a su hermano para obtener el poder, sólo el avatar puede detener a Ozai para traer la paz. Y sólo tú puedes convertirte en el nuevo señor del fuego.
-¿Yo? –Zuko abrió los ojos y lo miró con temor, él no podía ocupar el lugar de su padre, no estaba listo, no tenía madera de líder.
-Tú, Zuko, sólo alguien con un corazón puro y honor incuestionable podría hacerlo.
-¿Honor incuestionable? He cometido muchos errores…
-Y haz sabido redimirte. Zuko, trae la paz a nuestra nación, restaura el honor de nuestra gente.
Zuko se hundió en el silencio ¿Podría hacerlo? Él estaba en la línea de sucesión, había nacido con ese derecho ¿Sería capaz de gobernar una nación? Le había pedido a Aang que expiara las culpas de su tierra, pero eso no le correspondía a él, sería Zuko, el príncipe desterrado, quien cargaría sobre sus hombros los errores de sus antepasados y trajera el equilibrio a la antes belicosa nación del fuego. Recuperaría el equilibrio y lucharía con todo lo que tenía por defender lo que era justo. Desde ese día él sería la nación del fuego.
-Lo intentaré –Le dijo por fin a su tío y lo miró a los ojos–Estarás orgulloso, te lo prometo.
Iroh sonrío y puso una mano sobre el hombro de su sobrino, que en realidad y desde hace mucho tiempo, era su hijo.
-Ya lo estoy, príncipe Zuko.
Sus amigos estaban contentos, sabían que Zuko sería un gran señor del fuego, lo felicitaron entre risas y bromas. Nadie notó el profundo espanto que mostraban los vacíos ojos de Toph.
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Ordenaron las cosas con la adrenalina subiéndoles por el pecho, el día había llegado, debían ponerse en marcha y detener la guerra que había durado cien años de una vez por todas. Ellos serían quienes trajeran la paz al mundo.
-Deberás volver a la nación del fuego para ocupar tu lugar –Le dijo Iroh a Zuko –pero Azula te estará esperando. Necesitarás ayuda.
Zuko sólo podía pensar en una persona perfecta para el trabajo.
-Katara –La llamó -¿Quieres ayudarme a detener a mi hermana?
-Será un placer –Respondió ella con una sonrisa de satisfacción.
Zuko sabía que Katara quería cobrarle a Azula el haber intentado asesinar a Aang, lo tenía presente cada día, había estado esperando el momento de vengarse por él, Aang nunca lo haría, era demasiado bueno, pero ella sí podía, le cobraría todos y cada uno de los malos momentos que les hizo pasar. Nadie iba a dañar a Aang sin que Katara lo defendiera ferozmente.
Sokka resolvió que el mejor lugar en el que podían estar él, Suki y Toph era con las flotas aéreas de la nación del fuego, debían impedir que despegaran y retrasarlos todo lo que pudieran, no dejarían que destruyeran al reino tierra. Piandao les fue a conseguir un animal con el que llegar hasta ellos, mientras comenzaron las despedidas. Sokka abrazó a su hermana estrechamente, no quería pensar que sería la última vez que la vería.
-Cuídate –Le dijo sin poder soltarla.
-Tú también – Era la fecha límite y Katara no podía creerlo. Podía perder a su hermano que era, junto a su padre, toda la familia que le quedaba, pero estaba orgullosa de él, de su valor, de su fuerza. Era muy afortunada por tenerlo y por poder luchar a su lado siguiendo un ideal tan noble: la paz.
Luego Katara abrazó a Suki y le encargó a su hermano, la guerrera le prometió que haría todo lo que posible para mantenerlo a salvo, Sokka se llenó de emoción y las abrazó a ambas, estaba rodeado de mujeres geniales.
-¿Dónde está Toph y por qué no la estoy abrazando? –Preguntó al notar que no estaba por ahí.
La maestra tierra se encontraba alejada, intentando pasar desapercibida. No quería despedirse de nadie, se negaba a decirles adiós.
-No me incluyan en sus cursilerías –Les dijo despectivamente.
-Ven aquí, Toph –La llamó Katara extendiendo un brazo hacia ella para que se les uniera.
Ella se rehusó un momento pero luego corrió a abrazarlos todo lo fuerte que pudo. Se prometió volver a verlos, hacer todo lo posible porque estuvieran bien, nunca iba a decirlo, pero ya no podía vivir sin ellos.
-¿Puedo unirme? –Les pidió Zuko viendo la tierna escena. En sus primeros días como parte del equipo avatar le parecía tremendamente incómodo que siempre se estuvieran abrazando, pero ahora era diferente, se habían vuelto grandes amigos, esas personas lo habían acogido cuando todo lo que quería le había dado la espalda. Nunca podría olvidarlos.
-Ven aquí, pequeña fogata parlanchina –Lo invitó Sokka.
Se abrazaron sin querer soltarse, con el miedo de no poder volver a verse nunca, pero ahora estaban juntos y lo habían estado desde hace mucho, aún si uno de ellos no volvía para otro abrazo quedarían para siempre grabados en la vida del otro. Estaban asustados, sí, pero su valor era más grande, sabían por qué peleaban y tenían la certeza de estar en el camino correcto. Se separaron para verse quizás por última vez y sonrieron. Se debían tanto. Se querían tanto.
-Me gustaría que Aang estuviera aquí –Dijo Katara entristeciéndose un poco.
-No lo necesita, él sabe que estaremos con él pase lo que pase –Le dijo su hermano para tranquilizarla y todos estuvieron de acuerdo.
En ese momento llegó Piandao con una anguila cazadora gigante, era el momento de separarse.
Los que se irían en la alimaña se pusieron en marcha, pero Toph no pudo continuar su camino al sentirse empujada hacia atrás. Había intentado evitarlo, pero Zuko quería despedirse. La tiró de un brazo e hizo que se girara hacia él para plantarle un beso en los labios sin aviso. Sokka se tapó los ojos. Toph reprimió el impulso de pegarse a él con todas sus fuerzas, tenían una misión y no quería dudar. Zuko se separó unos centímetros de ella y le quitó el flequillo del rostro para ver sus ojos opacos. Su hermana podía matarlo, quizás era su último momento juntos.
-Toph… -Debió dejar de hablar pues ella le había tapado la boca con una mano.
-No, Chispita, no te despidas –Le dijo ella, sólo quería ir a pelear, los momentos emocionales no eran lo suyo, además si comenzaba a decir algo como "si no vuelvo a verte" lo aplastaría sin misericordia.
-No es eso –Zuko se sonrojó un poco apartando su mano, lo había pensado bien y sólo había algo que tenía que decirle a Toph antes de irse a enfrentar a Azula –Toph… bueno, es difícil decirlo –Tragó saliva y se tocó el cuello desviando la mirada– Yo… te quie… ¡Aaah!
Zuko no pudo terminar su frase, Toph había adivinado lo que quería decirle y sin pensárselo dos veces pisó su pie fuertemente para impedir que siguiera.
-¿Por qué hiciste eso? –Le recriminó, le había costado mucho decidirse a decírselo y ahora lo interrumpía ¡Siempre lo interrumpía!
-¿Qué piensas que ibas a decir, gran tonto?
-¿Cómo que qué iba a decir? Lo sabes perfectamente.
Sus amigos los miraban divertidos, ellos nunca iban a cambiar, verlos actuar como siempre les traía una sensación de frescura en medio de toda esa tensión. Iroh sonreía.
-¡Claro que lo sé, siento cada una de tus ensordecedoras vibraciones!
Zuko enrojeció completamente, no le gustaba ponerse en evidencia sin saberlo, ya era muy difícil tener esas cosas en la cabeza, que Toph pudiera leerlo tan abiertamente lo hacía sentir desprotegido. Toph suspiró.
-Cuídate mucho, Flamita –Le dijo preocupada por lo que podía tener planeado su hermana para él. Supo que Zuko entristecía por lo que la tierra le contaba e intentó disipar esos pensamientos y animarlo un poco–Serás el mejor señor del fuego de la historia, ya verás.
Zuko sonrió. ¿Cuántas veces se había dejado animar por ella? Desde el templo del aire Toph siempre estaba diciéndole cosas como esa "te dije que te aceptarían", "te perdonará, confía en mí", "acaba todos" y ahora eso.
-Tú ya eres la mejor maestra tierra de la historia.
-Lo sé –Le dijo Toph ahora con una gran sonrisa. Se acercó a Zuko y lo rodeó con sus brazos, mas sólo se abrazaron unos segundos, no podían seguir retrasándose.
Se acercaron a la bestia y Zuko la ayudó a subir entre Suki y Sokka, para que no sufriera más de la cuenta por no saber dónde carajo estaba mientras viajaban sobre el animal.
-Nos vemos, campeona –Le dijo observándola un momento, intentando grabarse en la memoria esa sonrisa malvada tan típica de ella, luego fue a subirse en Appa, donde Katara lo estaba esperando.
Se despidieron de Iroh y el resto del Loto Blanco y partieron directo hacia la gloria, o eso esperaban.
Una vez perdieron de vista Ba Sing Se y ya no se oía a Appa sobre ellos, Toph apoyó su frente en la espalda de Sokka y cerró los ojos con pesar. Ahora sabía que no tenía opción, ganar la guerra la alejaría de Zuko para siempre y ella no podía dejar de luchar con todas sus fuerzas. Abrazó a su amigo, el que pensó que se estaba mareando por ir sobre la anguila cazadora gigante. Suki puso una mano sobre su hombro.
-Aguanta, Toph, llegaremos rápido –Intentó tranquilizarla.
Ella simplemente no respondía, no tenía ganas de hablar, ahora se arrepentía de haber interrumpido a Zuko, habría sido agradable escuchar que la quería sólo una vez. Ya nunca volvería a pasar.
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Llegaron a la costa donde estaban las flotas cuando comenzaban a despegar. Toph no iba a permitir que los dejaran atrás, le preguntó a Sokka dónde estaba la nave más cercana y los impulsó a los tres con su tierra control, alcanzando así a subir a un globo enemigo.
Voy a ayudar a Aang
Corrieron por la estructura de la nave buscando la sala del timón.
Voy a aplastar a todos estos jodidos imbéciles
Toph golpeó la puerta del capitán tocando una canción, elegante muestra de su humor retorcido, luego arrojó la puerta de metal al suelo y se envolvió con ella, entró valiente y decidida a la habitación y acabó ella sola con todos los solados que ahí había.
Respiró hondo y se quitó el traje de metal.
Zuko será el señor del fuego
Una vez tuvieron el control de la nave Sokka se las arregló para deshacerse de toda la tripulación y arrojarlos al mar, luego se dispusieron a encontrar la nave de Ozai. Sokka buscó con un catalejo y encontró lo que buscaba, le ordenó a Suki seguir a toda máquina el globo del autoproclamado Rey Fénix.
-No lo lograremos –Dijo Sokka calculando la velocidad a la que iban.
Vieron al cielo y el panorama no podía ser peor, el cometa ya había llegado y no habían logrado detener a Ozai. Se quedaron en silencio recibiendo el peso de la culpa mientras veían y sentían el fuego que comenzaba a arrasar con todo a su paso. Habían fallado.
-Esperen… ¡Es Aang! ¡Ha vuelto!
Toph alzó su rostro tras los gritos de emoción que daban sus amigos. Se sintió aliviada, Aang no había escapado, no había desaparecido, estaba ahí dando la cara, luchando con el tirano que le había robado el equilibrio al mundo.
Vamos a salvar al Reino Tierra, al mundo entero
-¿Qué hacemos ahora, Capitán Boomerang? –Preguntó Toph ansiosa por entrar en acción, no podía ver fuera de la nave pero confiaba en que Sokka tuviera una idea.
-¡Corte flotador! –Exclamó él luego de pensar un poco.
Dirigieron su nave hacia las demás, con la intención de arrastrar la mayor cantidad de naves con ellos. Toph se acercó a una de las ventanas rotas del globo y sintió el inmenso calor que se liberaba más abajo. Cuántas cosas estarían siendo calcinadas, cuántas cosas desaparecerían para siempre. Pensó en Zuko deseando que estuviera bien. Sokka les dijo que era hora de correr, se precipitaron por los pasillos y las escaleras para salir a la superficie del globo, estaban a punto de colisionar.
Estamos todos juntos en esto
Sokka la tomó de la mano para no perderla mientras corrían sobre la nave que comenzaba a destruirse chocando contra otra. De pronto la punta de la nave se rompió y Suki no fue capaz de alcanzarlos, cayó sobre otro globo y les gritó que estaba bien. Toph sintió la estructura tambalear bajo sus pies y estuvo segura que ese ya no era un sitio en el que quería estar. Oyó a Sokka gritarle a Suki, pero ya no había nada que hacer, tenían que dejar la máquina ahora. Lo empujó y saltaron a la nave siguiente, cayeron pesadamente mientras los escombros les caían encima, Sokka se apresuró a cubrir a Toph con su cuerpo para que no la aplastaran.
No estoy sola
Todo a su alrededor se destruía, podía oír las explosiones, el metal derritiéndose y doblándose, poderosos estruendos a lo lejos que podían ser producidos por otras naves, por las cosas quemándose en la tierra o por la fiera lucha que mantenían Aang y Ozai. Sonidos ensordecedores y fuertes ráfagas de aire caliente le llegaban como diciéndole que se rindiera. Pero ella no iba a hacerlo.
Soy Toph Beifong
Se puso de pie y ayudó a Sokka para que la imitara. Debían continuar haciendo el mayor daño posible en la flota. El guerrero del polo sur volvió a tomar la mano de Toph y se pusieron en marcha. Era realmente extraño correr sabiendo que no había nada más debajo de la nave, un movimiento en falso y estaban muertos. Toph no podía ver más allá del globo, a pesar de tener un sentido del equilibrio muy bien desarrollado sus pasos esta vez eran inseguros, aunque intentaba ser rápida y precisa. Sokka le indicó que doblara una aleta de la nave para hacerla cambiar de dirección.
Soy la mejor maestra tierra de la historia
Escupió en sus manos y se dispuso a arrugar el metal como si de papel se tratara. En seguida la nave volvió a temblar y fue directo hacia otro globo, el que a su vez arrastró a otro cercano. Celebraron lo genial del metal control. Toph oyó cómo se abría una escotilla cerca de ellos y Sokka rápidamente volvió a tirar de ella para escapar del fuego que les arrojaba el soldado que salía por ahí. Los poderes aumentados del maestro fuego les dieron alcance y no tuvieron más opción que saltar, Sokka intentó mantenerse en el globo enterrando su espada en él, pero su caída no se detuvo, se golpearon contra la nave y aterrizaron en una punta de metal sobresaliente. La pierna de Sokka se rompió por el impacto y Toph nunca volvió a tocar una superficie, estaba colgando sujeta sólo por la mano de Sokka. Sintió el vacío bajo ella, rodeándola por todas partes, recordó la vez que había nadado con Zuko, las sensaciones de estar en el agua y estar suspendida en el aire se parecían mucho, pero sabía que las dos situaciones eran radicalmente diferentes. Sokka le dijo que aguantara y ella no protestó. Oyó pasos acercándose ¿Sería ese su fin? ¿Iban a morir? Sokka no podía hacer nada para defenderse mientras sostenía a Toph, menos aún con la pierna rota ¿Qué harían? Pensó en soltarse, en sacrificarse por Sokka, liberarlo de su peso y darle así más oportunidades para luchar y quizás de ser otras las circunstancias lo habría hecho, le habría puesto fin a su vida en ese momento, pero ahora no podía, no podía simplemente decidir morir, tenía que saber cómo acababa todo, tenía que volver a molestar a Aang, tenía que ir a otro spa con Katara, debía ir a comer carne con Sokka y por sobre todo debía volver a estar con Zuko. Pensó que si fuera alguno de ellos el que estuviera en su lugar y decidiera soltarse no podría perdonarlo nunca, así que no iba a hacerlo.
No voy a rendirme
Sokka se obligaba a pensar qué hacer en lugar de concentrarse en el intenso dolor de sus extremidades. Los soldados los habían encontrado e iban hacia ellos. Se acercaban por izquierda y derecha ¿Qué podía hacer? Encontró su boomerang con la mano libre y calculó el ángulo preciso en fracciones de segundos. En el justo momento en que el soldado comenzaba a arrojarles una bola de fuego Sokka lanzó su boomerang golpeando al sujeto y haciéndole caer de la nave, luego alcanzó su espada con su pierna buena y la levantó para arrojársela al otro soldado, rompiendo la punta de la nave sobre la que estaba parado. Vió con tristeza cómo su espada caía y se perdía irremediablemente, sin dejarle tiempo para sufrir mucho su pérdida llegaron más soldados y los rodearon. Toph comenzaba a resbalarse e hizo lo que pudo para sostenerla, podían quemarlo vivo pero nunca soltaría a Toph.
-Parece que éste es el fin… -Le gritó a Toph, ya no tenía ideas y no había con qué defenderse.
Una lágrima solitaria cruzó el rostro de Toph ¿Así terminaría todo?
De pronto sintió que los soldados corrían lejos de ahí y los dejaban solos. Sokka se volteó a tiempo para ver a una nave estrellándose justo por debajo de ellos, vió su oportunidad y dejó caer a Toph sobre ella para luego arrojarse él mismo. Para su mala suerte cayó sobre la pierna rota y se quejó estridentemente.
-¡Sokka! ¿Estás bien? –Le preguntó la maestra tierra después de comprobar felizmente que aún estaban vivos, el dolor de la caída le pareció reconfortante ¡Estaban vivos!
-Es… ¡Suki! –Dijo él por toda respuesta, Suki había vuelto en el momento preciso para salvarlos, se dijo a sí mismo que en cuanto tocaran tierra la llenaría de besos.
Toph respiró más tranquila y aguzó el oído para intentar adivinar cómo seguían las cosas. El viento cambió, el aire caliente que la había estado sofocando de repente era más frío, las explosiones de a poco se extinguían. El pulso se le disparó.
-¡Sokka! ¿Qué está pasando?
El aludido se levantó con la ayuda de Suki y miró a su alrededor para poder responder. El agua del mar se elevó y apagó todo el fuego que se había desencadenado y que estaba consumiéndolo todo hasta hace segundo atrás. No le cupo ninguna duda.
-Lo hizo…
Lo hicimos.
Tomaron el control de la nave y buscaron a Aang desesperadamente entre las altas columnas de tierra, cuando lo encontraron arribaron cerca de él.
Toph bajó de la nave ayudando a Sokka, sintió la bellísima tierra bajo sus pies y fue consciente de las dos personas que los esperaban. Sokka comenzó su particular interpretación de los hechos con muchos efectos de sonido, mientras Suki se acercó a la persona que estaba tirada en el suelo.
-Entonces, ya sabes… ¿Terminaste el trabajo? –Se atrevió a preguntarle a Aang.
-Aún estoy vivo –Le respondió Ozai completamente irritado. Suki retrocedió.
-Encontré otra forma para terminar todo, le quité su fuego control –Respondió el avatar.
-Auch-Dijo Toph pensando en lo terrible que debía ser eso para el señor del fuego, también lo sería para ella- ¿Y Cómo supiste hacerlo?
-Me lo dijo un león tortuga –Dijo Aang con una sonrisa.
-Tienes unas aventuras muy locas cuando desapareces.
Aang y Toph llevaron a Ozai dentro de la nave luego de burlarse de él todo lo que pudieron, ese maldito les había causado demasiados problemas como para dejar pasar la oportunidad. Suki se hizo cargo del timón y tomaron rumbo al palacio real, debían saber cómo le había ido a Zuko y Katara. La maestra tierra se quedó al lado de Sokka durante el viaje, lo tomó de la mano para que la apretara si sentía mucho dolor. Le había salvado la vida, no la dejó caer aún cuando eso significaba no tener opción de defenderse. Estaba agradecida y no podía abandonarlo, aunque de no estar conteniendo a Sokka seguramente estaría caminando de un lado para otro mientras los nervios la devoraban, quería saber cómo estaba Zuko y al mismo tiempo no quería ni pensar en eso, ambos resultados eran malos para ella, por supuesto que no quería ver a Zuko herido o algo peor, pero si él llagaba a convertirse en el señor del fuego…
-¡Veo el palacio! –Les advirtió Suki.
El pulso de Toph se disparó, ya no le importaba su futuro, sólo quería ver si Zuko estaba bien, quería bajarse de esa maldita máquina cuanto antes.
Aterrizaron forzosamente a las afueras de la gran construcción y se llevaron por delante un par de paredes y unas cuántas estatuas. Toph saltó fuera sin preocuparse por nada, corrió hacia el palacio oyendo los gritos de Suki para que se detuviera "Ven a detenerme si puedes" pensó sin dejar de correr. Utilizaba sus pasos frenéticos para expandir su campo de visión hasta que las vibraciones le revelaron el lugar exacto en que se encontraba su objetivo. Se aventuró por los pasillos, que estaban extrañamente vacíos y al acercarse le llegaron los gritos desesperados de una mujer. Era Azula, estaba segura, ella nunca olvidaba una voz. Llegó al patio y se detuvo a respirar, Katara y Zuko estaban a unos metros de ella, a lo lejos podía sentir a Azula encadenada. Genial.
-¡Toph! –Le gritó Katara sin poder creer que estuviera ahí.
Acortó la distancia entre ellos y se arrodilló en el suelo junto a Zuko, el que se mantenía consciente sólo gracias a los poderes curativos de Katara.
-¿Cómo estás? –Le preguntó sin atreverse a tocarlo.
-He estado mejor –Le respondió con una sonrisa torcida, le agradaba poder verla. La observó y notó que estaba bastante desaliñada, mechones de cabello se escapaban de su peinado, su ropa estaba sucia y podía ver golpes en sus brazos y piernas.
-¿Qué pasó? –Preguntó Katara ansiosa por tener noticias de Aang.
-Lo hizo, derrotó a Ozai –Dijo Toph.
Zuko tragó saliva.
-¿Lo… mató?
Toph negó con la cabeza y les dijo que era mejor que se los contara él mismo, pero ya lo peor había pasado, Ozai había sido detenido y todos estaban vivos.
-Deberías ir a buscar a Sokka, seguro que le alegra verte –Le dijo a Katara con un tono de burla que ella no entendió, aun así se fue a ver a su hermano.
Zuko intentó sentarse pero una punzada de dolor le hizo desistir.
-¿Todo bien? –Le preguntó Toph ayudándolo a enderezarse.
-Sí, perfecto.
Sin querer Toph pasó a llevar la herida que Azula le había hecho con el rayo que intentó redireccionar y Zuko gruñó. Haciendo caso omiso de sus protestas Toph pasó sus dedos por la piel quemada.
-¿Otra cicatriz? –Toph sabía muy bien que eso antes no estaba ahí.
-Parece que es una tradición familiar dejarme alguna marca.
Toph no se rió, era un chiste pésimo.
-¿Qué va a pasar con Azula?
-Aún no lo sé, no me hagas pensar en eso, acabo de recibir un rayo y me siento como si me hubieran frito el cerebro.
-No me hables de frituras, tengo hambre –Ese sí era un buen chiste.
Zuko se rió aunque debió detenerse por el dolor que se despertó en su abdomen. Toph sonrió. La guerra había acabado, habían logrado su objetivo, vendrían tiempos de paz y armonía, el mundo sería un lugar mejor. Y ella no podría estar con Zuko.
...
La coronación de Zuko había sido anunciada para el día siguiente, en pocas horas sería el flamante señor del fuego y ella no sería nada. Después de pensarlo mucho decidió que no había un lugar para ella en esa nueva vida, habían sido tiempos muy buenos, pero todo siempre llega a su fin. Estaba segura que Zuko la invitaría a quedarse en el palacio y ella no podría aceptarlo, no estaba dispuesta a salir de una lujosa casa llena de reglas y restricciones para entrar en otra peor. El camino llegaba hasta ahí, lo supo en el momento en que Zuko aceptó tomar el cargo. Suspiró mientras caminaba por las calles de la capital de la nación del fuego, de alguna manera era extraño poder pasear por esas calles sin temer ser reconocida y arrestada. Sonrió, los recuerdos la inundaron, ya no sabía cuánto tiempo había estado viajando junto a sus amigos, le parecía una eternidad, pero por supuesto no lo era ni por asomo, de hecho todo eso ya había acabado. No sería nunca más la maestra de Aang y no se quedaría con Zuko ¿Qué haría entonces, dónde iría? Sentía que se había perdido a sí misma, ya no era útil y no quería hacer nada en particular con su vida. No deseaba volverse un estorbo, necesitaba encontrar una nueva meta, una motivación, si se quedaba con Zuko sólo sería lo que es ahora, una persona que había sido mucho y que ya no tenía nada, había ayudado a terminar con la guerra de los cien años ¿Y ahora qué? ¿Sería ese su único logro en la vida? ¿Se quedaría en casa esperando que los años pasaran y la muerte la encontrara? Iba a comenzar a patear piedras cuando oyó metales crujir y gente gritar desesperada. Corrió hacia los sonidos y sintió una gran estructura de metal tambaleándose en el aire. Le preguntó a alguien qué pasaba.
-Querían derribar una estatua del señor del fuego Ozai, pero al caer golpeó un andamio y está a punto de aplastar a esa gente que quedó atrapada bajo esas latas.
Toph no dudó y se acercó al lugar, la gente que corría la empujaba y no la dejaba avanzar como quería.
-¡Atrás todos, rápido! –Les gritó parándose justo bajo la estructura tambaleante. Las personas atrapadas la miraron y rogaron ayuda –Los sacaré de ahí –Les aseguró.
Se puso en posición firme y levantó las placas que los aplastaban con cuatro columnas de tierra, dejándoles espacio para salir. Tres personas habían logrado escapar cuando el andamio que se cernía sobre ellos se desprendió del todo y cayó sobre ellos. Toph maldijo mientras oía los gritos de la gente, separó las piernas y alzó los brazos hacia el metal que caía. Las personas estupefactas pudieron observar cómo disminuía la velocidad con la que el andamio se precipitaba para luego detenerse completamente en el aire. El silencio fue total.
-¿¡Qué demonios están esperando, una invitación!? –Les preguntó a las personas que aún estaban bajo las latas -¡Salgan de ahí de una maldita vez, gallinas!
Los atrapados parpadearon y luego se apresuraron a escapar. El sudor caía por el rostro enrojecido de Toph, nunca había controlado tanto metal de una sola vez y las fuerzas se le acababan. Las piernas comenzaban a fallarle cuando el último de los atrapados escapó, entonces se permitió dejar caer el andamio sobre el suelo, provocando un gran estruendo. Agotada cayó al suelo de rodillas y resopló. De pronto oyó aplausos y levantó la cabeza, los que habían visto la hazaña habían decidido aplaudirle a la heroína.
-¿Cómo hiciste eso? –Le preguntó un niño que se acercó a ella para hablarle.
Se puso de pie no sin cierta dificultad.
-¿Yo también puedo hacerlo?
-¿Eres maestra tierra?
-¡Nos salvaste!
-¿Qué le pasa a tus ojos?
Las preguntas comenzaban a marearla, todos le hablaban a la vez y habían formado un círculo a su alrededor.
-¡Cálmense, la van a asustar! –Un señor de edad avanzada interfirió por ella y los hizo callar a todos, luego se volteó hacia Toph -¿Cómo te llamas, niña?
-Toph Beifong –Respondió ella sin muchas ganas.
Un murmullo colectivo se hizo escuchar, los nombres de los que habían ayudado al avatar a derrotar a Ozai se habían divulgado rápidamente.
-¿Eres la maestra tierra que estaba con el avatar? –Le preguntó el hombre.
-La misma –Y se cruzó de brazos, no le molestaba la admiración que estaba despertando en toda esa gente, después de todo había detenido la guerra.
-Si eres maestra tierra ¿Cómo hiciste eso? –Le preguntó una mujer.
-¿Qué, esto? –Se acercó al andamio y tomó un trozo de metal, el que dobló por tres veces sin ningún esfuerzo, la multitud exhaló un sonido de admiración -es sencillo.
-¿Puedes controlar el metal? –Un joven estaba impactado.
-Claro que sí, capitán obvio –Se burló.
Entonces lo entendió. Se reveló ante ella el futuro que debía perseguir ¿Cómo no lo había visto antes? Era la primera maestra de metal control del mundo, no podía no hacer nada con eso. No podía ser la única. Ya sabía qué hacer, tenía una misión, un legado que dejarle al mundo, algo que grabaría su nombre para siempre en las páginas de la historia.
Tú ya eres la mejor maestra tierra de la historia.
Las palabras de Zuko sonaron en su mente y se sintió triste. No quería alejarse de él pero ya no podía dejar pasar esa oportunidad de mantenerse útil y activa, no iba a relegarse a estar sentada en un palacio custodiada por sirvientes. No puedo, Zuko, entiéndeme.
...
Dentro del palacio real de la nación del fuego todo era frenesí y alboroto. La ceremonia de coronación comenzaría en pocas horas y el público estaba expectante, Toph no entendía por qué hacían ese tipo de cosas tan temprano por la mañana, seguro estaban tan exaltados por la falta de sueño.
Toph tragó saliva, se había pasado toda la noche pensando en cómo decírselo y no había encontrado una buena forma de hacerlo, pero el tiempo para pensar se había agotado, era ahora o nunca. Respiró hondo y entró en la habitación de Zuko sin tocar la puerta.
-Zuko…
-¡Toph! –Él caminó hacia ella con grandes zancadas y la abrazó -¿Dónde estabas?
-Vistiéndome –Katara le había enfundado un vestido con los colores del reino tierra, en realidad le daba igual, durante una pelea le parecía un sacrilegio llevar algo como un vestido, pero ya nadie tenía que luchar, las amenazas habían sido liquidadas y estaba acostumbrada a vestirse así en ceremonias y otras estupideces como esa. Claramente llevaba la diadema que le había regalado Zuko, le costó un montón de amenazas que Katara la dejara llevarlo, pues era roja con dorado y no se veía bien con los colores del vestido, al final había decidido amarrarle una cinta roja en la cintura para que la diadema no desentonara tanto. Tonterías de gente vidente.
-Te ves muy bien –La halagó Zuko.
-Tu igual –bromeó ella.
-Aún no me visto para la ceremonia –Sonrió el maestro fuego.
-Bueno, te verás bien después, supongo.
-Te estaba esperando, quería preguntarte algo.
Zuko estaba emocionado, ser coronado como el señor del fuego lo ponía nervioso, pero había podido soportarlo con la idea de invitar a Toph a quedarse en el palacio, sabía que tenía problemas con sus padres y quería estar con ella, pensaba que sus nuevos deberes serían difíciles y cansadores, pero teniéndola cerca sabía que podría llevarlo bien, era el efecto que tenía Toph sobre él, lo calmaba, lo hacía sentir mejor.
Toph sintió los latidos de Zuko y entristeció ¿Cómo se suponía que iba a decírselo?
-Toph, quiero invitarte a que te quedes en el palacio el tiempo que quieras, tendrás tu habitación y podrás hacer lo que quieras, nadie te molestará y…
-Lo siento, Chispita –Lo cortó sin poder escuchar más sus buenas intenciones.
-¿Qué sientes? –Zuko no había pensado que podía rechazar su ofrecimiento, no se le ocurría por qué, no había ninguna razón.
-No puedo quedarme aquí –Toph inclinó la cabeza y sintió cambiar las pulsaciones de Zuko frente a ella. Le estaba rompiendo el corazón.
-¿Vas a volver con tus padres?
-No.
-¿Entonces por qué no te quedas? Puedes…
-No, Zuko, no puedo –Toph tuvo que alzar la voz para que él la escuchara. Intentó mirarlo a los ojos –Serás el señor del fuego y estoy segura que serás el mejor de todos los tiempos, pero éste es tu lugar, no el mío.
Zuko la miró perdido ¿Qué se suponía que estaba diciendo?
-¿Entonces qué harás?
-Voy a poner una escuela, voy a enseñar metal control.
-¿No puedes hacerlo después? Te necesito…
A Toph se le hizo un nudo en la garganta, supo que si cedía nunca podría volver a tener el valor para irse, tenía que ser fuerte aunque le doliera.
Zuko la estrechó contra él y Toph hizo lo mismo. No quería, de verdad que no quería.
-Lo necesito, Zuko, si me quedo ¿Qué haré aquí, esperar a que termines tus asuntos todos los días? Ya terminé mi trabajo con Aang, pero no es el único al que le puedo enseñar, aún hay algo que puedo hacer y…
No pudo seguir hablando pues Zuko la interrumpió con un beso. Sintió ganas de llorar. Zuko la besaba pensando que en cuanto terminara no podría volver a hacerlo nunca, sentía sus labios suaves, su lengua tímida y no podía pensar en dejarla ir. Toph se puso de puntillas para alcanzarlo mejor, tiró de su ropa y lo atrajo hacia ella todo lo que pudo. Agotaron el aire de sus pulmones y tuvieron que separarse, pero Zuko no estaba listo, inspiró el aire necesario rápidamente y volvió a pegar sus labios sobre los de Toph y la besó con fuerza.
-Zuko… -Intentó detenerlo separándose de él unos milímetros.
-No -Gruñó él como pudo.
Toph sabía que debía frenarlo, tenía que explicarle mejor las cosas, pero no quería detenerse, siguió el frenético ritmo que había caracterizado el tiempo que pasaron juntos, sin temor a ser egoístas, tomando todo lo que querían del otro sin miedo. Era lo más honestos que podían llegar a ser.
-Zuko, escucha… –Volvió a llamarlo aprovechando la falta de aire.
-¡No me llames Zuko! –Le dijo él separándose por fin de ella –La última vez que lo hiciste… -No quiso seguir recordando y se alejó unos pasos.
Toph sintió su ceguera más que nunca, si había algo que quería hacer era verlo, ver su rostro, saber cómo la estaba mirando. Zuko se sentó pesadamente en un sofá, Toph iba a dejarlo solo, no podía creerlo. Ella lo siguió y se sentó a su lado, podía sentir la confusión de Zuko y se sentía pésimo.
-Tienes que entender–Le pidió ella.
Zuko soltó un suspiro pesadamente. Le pedía eso pero ¿Quién lo entendería a él? No podía hacerlo solo, sin Toph a su lado ¿De dónde sacaría la fuerza para asumir toda esa responsabilidad? Sin embargo, podía ponerse en su lugar, sabía que no podía encerrarla entre esas paredes, la Toph que conocía había escapado de algo como eso arriesgándolo todo, si la obligaba a quedarse ahí se iría de nuevo, no tenía sentido, además era cierto ¿Qué haría ella en el palacio? Era alguien que necesitaba sentirse útil y estar ocupada con algo. Si había algo que admiraba de Toph era su resolución para construir su propio camino ¿Podría él quitarle eso? El trono lo alejaba de ella y sabía que renunciar no era una opción, se lo debía a su tío y a la nación del fuego, sólo él podía guiarlos hacia un futuro más brillante, nadie más podría trabajar con el avatar codo a codo, nadie más podría redimir los errores de sus antepasados. Sabía que no podría seguirla, lo que decía ella era verdad, había encontrado su lugar y lo había hecho de la manera correcta, ahora era el turno de Toph. Entonces ¿Llegaban hasta ahí? ¿Era el fin?
-Chispita –Lo llamó al notar que no respondía.
-Te entiendo, Toph –Dijo Zuko con pesar –Hay cosas que simplemente tenemos que hacer.
Toph buscó con las manos el rostro de Zuko y él cerró los ojos al sentir el contacto.
-¿Te dije que siempre me gustó tu cicatriz? –Comentó Toph intentando aligerar la atmósfera.
-A mí me gustas tú –Respondió él sin poder soltar la pena, era un golpe bajo, lo sabía, pero no pudo evitar decirlo.
El rostro de Toph se descompuso al escuchar esas palabras. También me gustas, no sabes cuánto, pero esto va más allá de algo tan simple como eso. No pudo responderle, la culpa la aplastaba, las palabras no salían de su boca. Zuko suspiró y la atrajo hacia él con un brazo.
-Zuko…
-Déjame, es la última vez, te lo prometo –Inspiró profundamente su aroma sintiendo que ardía cada parte de su piel donde Toph lo tocaba. Aunque ella se fuera y lo dejara no quería quedarse con un recuerdo triste, antes de salir juntos habían sido amigos y quería al menos conservarla de esa manera. Buscó una conversación más amena -¿Ya sabes dónde pondrás tu escuela?
Toph se sorprendió ante el cambio de tema, supo que Zuko estaba luchando contra sí mismo para comprenderla.
-No, pero me gustaría que estuviera apartado, no me gustan las ciudades.
-Te puedo ayudar a encontrar un lugar.
Toph negó suavemente con la cabeza.
-Tengo que encontrarlo yo, Llamita.
A Zuko no le gustó que rechazara su ayuda, pero sabía que tenía razón, era su futuro, su proyecto y era perfectamente capaz de hacerlo sola. Se coló entre ellos un silencio que pareció eterno.
-Realmente me hubiese gustado viajar contigo –Admitió Zuko recordando la noche anterior al día del cometa, al fin y al cabo sus presentimientos eran ciertos, iba a perderla.
-No digas eso, ser el nuevo señor del fuego será emocionante–Intentó darle ánimos.
-¿Tú crees?
-¡Claro! Podrás darle órdenes a todo el mundo y todos tendrán que obedecer –Toph intentó sonar animada y con la confianza de siempre.
-Entonces te ordeno que te quedes.
-Chispita…
-Lo sé, lo sé, estaba bromeando –Suspiró Zuko –Te voy a extrañar.
-Oye, no voy a desaparecer, no puedes librarte de mí tan fácilmente –Le dijo Toph recuperando su sonrisa malvada.
-¿Vendrás a verme?
-Si tú quieres.
-Sí quiero –Respondió rápidamente.
La tensión comenzaba a desaparecer y pudieron sonreírse. Ambos se querían y no podían despedirse con gritos o lágrimas, no podían arruinar así la extraña relación que habían mantenido ese último tiempo. Llegó un sirviente a avisarle a Zuko que ya casi era la hora de su coronación y se escandalizó al ver que aún no estaba vestido adecuadamente. Zuko le dijo que iría enseguida y lo echó de ahí. Toph lo ayudó a vestirse pues aún le dolía el cuerpo por la pelea con Azula, aunque no resultaba ser tan buena idea considerando que ella no podía ver qué diablos estaba intentando ponerle a Zuko a la fuerza, a pesar de todo fue un buen momento, se pelearon un poco por lo brusco que Toph intentaba vestir a Zuko y la poca flexibilidad que poseía en esos momentos el maestro fuego, al final estallaron en risas y en sus insultos cargados de cariño camuflado. Al estar listo se paró delante de ella y tomó una de sus manos.
-¿Puedo decírtelo ahora o me vas a golpear otra vez?
Toph entendió a qué se refería y se sonrojó.
-Dímelo.
-Te quiero, Toph –Le dijo Zuko con una sonrisa triste.
-Yo también, Chispita.
Se abrazaron por última vez y salieron de la habitación. No había otra forma de terminar las cosas y lo sabían, el destino de Zuko estaba junto a su nación y el de Toph con su libertad, no podían separarse de aquellas cosas importantes para ellos, por lo que lucharon con garras y dientes. Habían liberado juntos al mundo de la guerra, conocieron cosas de ellos mismos que ignoraban completamente, se acompañaron y se quisieron como nunca pensaron querer a alguien, pero no podía ser para siempre. Se extrañarían con fuerza, pero entendían las razones del otro para mantenerse en su camino, si alguno de los dos hubiese cedido ya no sería la persona que el otro tanto apreciaba, así se habían conocido, estoicos, valientes y testarudos y así querían recordarse, con su poder y su personalidad intactos. Llegaron de la mano hasta donde Aang esperaba a Zuko. Todo estaría bien, tenía el valor suficiente para hablarle al público, su gran amigo estaba a su lado y el mundo recuperaba el equilibrio, su tío, que en realidad era su verdadero padre, estaba junto a él, y aunque ya no salía con Toph, siempre podría contar con su amistad. Estaba listo para reconstruir su hogar. Estaba listo para ser el gran señor del fuego.
...
Al acabar el discurso, la ceremonia y el banquete Zuko volvió solo a su habitación, estaba cansado y aún le pesaban las palabras de Toph, quería estar solo y relajarse. Se quitó toda la parafernalia del señor del fuego y se sentó en el marco de la ventana mirando hacia los jardines reales. No pasó mucho tiempo hasta oír unos pasos acercándose, el corazón le dio un vuelco y se paró pensando que sería Toph, pero ver quién realmente llegó hasta ahí lo sorprendió.
-Hola, Señor del Fuego.
-Mai…
...
...
...
...
Fin.
No, no es el fin, aunque pienso que podría terminar así perfectamente tengo otro capítulo planeado, si alguien piensa que es un buen final puede dejarlo hasta ahí.
Gracias a las personas que han dejado comentarios y a los que leen la historia y les gusta.
