CAPÍTULO 10: LA HORA MÁGICA

- Nee, ¡Rei-chan! ¿De verdad no vas a pasarme la tarea? ¿Que tan mal amigo eres?- Nagisa lloriqueaba mientras sacudía de los hombros al alto megane sentado delante suyo, haciendo que su cabeza se balanceara de un lado al otro y viendo como la vena de enojo crecía en su frente.

-¡No! Ya te dije que si quieres puedo explicarte lo que no entiendas o hacerla juntos. Pero de ninguna manera dejaré que te copies.- Le contestó totalmente ofendido por la petición de su compañero de Club y amigo.

- Eres la persona más fanáticamente moralista que he visto, Rei-chan…- Y se sentó de golpe en su silla, moviéndola con fuerza. La realidad es que la tarea era sencilla y no había tenido ganas de hacerla, pero no era algo sumamente complicado y quizá por eso su amigo se negaba rotundamente a pasársela.

Vio por el rabillo del ojo a Shimizu Ena acercarse a ellos con una sonrisa sosteniendo los resultados del examen que habían tenido que rendir la semana anterior. Los amables ojos cafés tras los gruesos lentes parpadearon varias veces mientras los enfocaban a ambos.

- Los felicito, Ryugazaki-kun, Hazuki-kun.- Y les dió los exámenes corregidos. Nagisa parecía totalmente satisfecho con su nota. Un 89 era algo que no esperaba en una materia complicada como esa.

-¡Gracias Shi-Sempai!- Gritó con entusiasmo mientras Ena reía al ser llamada "Shi-Sempai" por un alumno. Miró a Rei extrañada por el rostro compungido que mostraba.

-¿Todo está bien, Ryugazaki-kun?- El megane sacudió la cabeza de repente mirando a su Sensei algo sonrojado.

- No-No pretendo ser irrespetuoso, Shimizu-Sempai. Pero esperaba una calificación más alta…- Y la bella mujer quedó pensativa mirándolo a los ojos mientras se tomaba unos instantes para sonreírle nuevamente. Habló con voz suave, la que siempre acostumbraba.

- Por favor, ¿Podrías venir a Sala de Profesores después de clase? Quisiera hablar contigo de algo.- El muchacho de ojos púrpura la miró asombrado. Nagisa empezó a reír a carcajadas limpias mientras se sacudía en la silla.

-¡Ahora sí la hiciste, Rei-chan!- Y el sonrojo en el rostro del alto muchacho fue indescriptible mientras su profesora reía a grito limpio.


La veía hablar con sus compañeras de clase mientras reía de costado, haciendo que las pecas en sus mejillas se contrajeran tomando una nueva forma desconocida para él. ¿Eh? ¿Ahora tenía siete aretes en la oreja? ¿Cuánto más iba a seguir perforándose? Casi sentía dolor al verla y por un segundo una parte suya se preocupó de que le doliera a ella.

La pequeña lata azul donde había traído las galletas de chocolate y vainilla que su madre le había preparado en agradecimiento por el piano que dejó en su casa estaba lavada y seca sobre su escritorio. "Tu madre hace las mejores galletas de todo el jodido universo", le había dicho con los ojos húmedos cuando probó una delante suyo el día anterior, al momento en que se las dio. Le había convidado unas a Nagisa y Rei, y tuvo que esconderlas porque la pequeña piraña estaba empecinada en comerlas todas.

No se dio cuenta cuando la vio venir hacia él y quedar apoyada de espaldas a uno de los bancos vacíos mientras lo miraba ladeando la cabeza con su cabello fuego suelto en los hombros.

-¿Te pasó algo, Makoto?-

-¿Eh? ¡No! ¡Para nada! ¿Por qué lo dices?-

- Porque hace rato que estás mirando hacia delante sin decir una palabra y ya raya lo tétrico…-

- Hahaha, lo lamento, Ruka-chan…-

- No tienes que disculparte por todo, ¿lo sabías?-

- Lo sie…- Y quedó con la frase en su garganta mientras veía como su amiga levantaba una ceja clara graciosamente mientras sus labios se curvaban en una sonrisa sincera.

Empezaron a reír a la par mientras varios compañeros los miraban de reojo. ¿Desde cuando eran tan unidos? Es cierto que iban al mismo club, y es cierto que Tachibana solía ser atento y amable con todos, pero nunca lo veían reír así. Fue en ese momento que una figura delgada y alta se asomó por la puerta del aula de 2° - 1, llamándola desde el dintel.

-¡Oi, Haruka!- El cabello negro desordenado del muchacho de ojos grises la buscaron entre los estudiantes en el aula, sonriendole cuando reconoció la cabellera fuego justo al alto Capitán del equipo de Natación.- ¿Puedes quedarte después de clase? Iremos a la casa de Toshiki.-

El rostro de Makoto se contorsionó al escucharlo hablarle por su nombre y su mirada se dirigió automáticamente al rostro pálido y cubierto de pecas de la chica frente a él, que había girado la cabeza hacia la puerta. "Haruka", la había llamado. ¿Por qué…?

- Oi, Teru. Creí que era la próxima semana.- Contestó abriendo los ojos verde claro. "Teru", lo llamó. ¿Por qué se estaban llamando por su nombre? ¿Por qué le molestaba? ¿Esa molestia en su pecho significaba que…?

- Lo pasamos para hoy. ¿Te anotas?- Y la molestia se transformó en un pinchazo duro en el pecho que lo obligó a hablar cuando jamás creyó que lo haría.

- Eto...Ruka-chan…- Y la voz de la joven pelirroja se le interpuso suavemente mientras le sonreía a su amigo del Club de Música.

- Lo siento, Teru. Hoy tengo planes. ¡La próxima!- Y cerró los ojos en una sonrisa mientras levantaba una mano en forma de disculpa.

- Buuu. Eres aburrida.- Le dijo mientras se retiraba por donde vino saludandola con la mano. La vio devolver el saludo a la estela invisible que había dejado el muchacho al irse. La vio voltear hacia él, enfocándolo con la mirada más tierna que le había visto nunca. ¿Que…?

- Hoy es la primer clase con Ren y Ran, ¿verdad?- Le preguntó tranquila. Lo vio abrir los ojos de par en par aún con esa eterna sensación de paz en su mirada verde. Los labios grandes se abrieron en una media "A" que identificó como sorpresa.- ¿O prefieres otro día?- Y pestañeó varias veces hasta que Makoto reaccionó sacudiendo la cabeza.

-¡Hoy es perfecto!- Claro que era perfecto.


-¿Que tanto te gusta la ciencia, Ryuzaki-kun?- El alto muchacho estaba sentado frente a la madre de su amiga en el Despacho de Profesores, poco después de que terminaran las clases de la tarde.

- Eh...Claro. De hecho, en mi famili…- Comenzó a decir pero se frenó. No era bueno comenzar una frase con respecto a su familia. Sería mejor usar una frase porpia y que implicara lo que él realmente sentía… Y la vio reír cubriendose los labios con delicadeza.

- Lo siento, hehe. Es una pregunta sencilla y parece que estás luchando contra tu propio cerebro, Ryuzaki-kun.- Y sus ojos se cerraron en una sonrisa cálida tras los gruesos anteojos.

- He...he. Lo siento, Shimizu-Sensei. Si, me gusta mucho la ciencia.- Y la mujer frente a él sonrió aún más.

- Lo había notado.- Y vio que sacaba el examen de cotejo de uno de los cajones junto a su codo. Volvió a hablar mirándolo a los ojos.- El exámen que les hice tenía una pequeña trampa. Todos aprobaron, pero hubo un ejercicio que nadie supo responder. Nadie menos tu, Ryugazaki-kun.-

-¿Eh?...-

- Uno de los ejercicios que puse en el examen tenía un nivel universitario. Lo usamos muchas veces para notar quienes tienen cierto razonamiento activo a temprana edad. Y tu eres uno de ellos.- Los ojos púrpura se abrieron de par en par.

Fuera de la Sala de Profesores, el pequeño rubio estaba apoyado contra la pared esperando a que su amigo por fin saliera y pudieran volver juntos a casa como solían hacerlo.

Cuando vio al muchacho cruzar el umbral de la puerta de madera pintada en verde, notó la sonrisa estupefacta en su rostro delgado.


-¡YUNI-NEECHAN!- Gritaron los pequeños al ver a la pelirroja en la puerta de su hogar, saltando a su cadera y cuello con una agilidad gatuna. El alto Capitán batió los brazos con fuerza para evitar que la tiraran al piso, pero parecía que la pelirroja lo tenía bajo control.

-¡Hola chicos! ¿Listos para su primer clase?- Les habló con dulzura y una sonrisa de oreja a oreja mientras la arrastraban dentro del recibidor apenas dándole tiempo de quitarse las zapatillas sin desabrochar los cordones.

Al grito de "¡HAAAAAIIII!" la hicieron entrar en la cocina seguida por Makoto de cerca, solo para encontrarse de frente con su madre. Ruka pestañeó varias veces antes de darse cuenta sin presentaciones de que era definitivamente la mamá de Makoto. Eran literalmente la misma persona, con el cabello oscuro y largo con bellas ondas y unos ojos caídos tan cálidos y hermosos como los de él. Le sonrió con ternura mientras la recibía en su casa.

- Debes ser Ruka-chan, ¡Mako-chan me ha hablado muchísimo de ti!- Dijo con tal naturalidad que hizo sonrojar a los dos chicos de pies a cabeza. El muchacho desvió la vista totalmente apenado tratando de no hacer contacto visual mientras la pelirroja se rascaba la mejilla deseando que la tierra la tragase.

-¡N-No! ¡Ma-mamá…!- Trató de balbucear mientras gesticulaba con el rostro hecho un fuego.

- Cuando me habló de una chica llamada Haruka realmente me sorprendí. ¡El único Haru-chan que hemos conocido todo este tiempo es Haru-chan! hahaha.- La risa terminó por contagerala.

- Nagisa se encargó de darnos nombres e identidades por separado hahaha.- Y levantó la vista mirándola a los ojos.- Es un placer. Muchas gracias por recibirme.- Y se agachó con respeto. Makoto sonrió al verla.

-¡Soy yo quien debe darte las gracias! El regalo que le hiciste a los niños es algo asombroso. ¡Y además estás dandoles clases!-

- Me alegra mucho poder ayudar. Amo la música, siempre que pueda lograr que alguien más lo haga, daré todo de mi.-

La vio acercarse a su madre para llevar algunas cosas a la mesa, ofreciéndose desinteresadamente. Su madre siempre habia tratado bien a todo aquel que entrara en su hogar, pero ahora que lo pensaba, Ruka-chan era una de los pocos que habían ido alguna vez aparte de Haru. Notó que los ojos verdes lo miraban cerca de la mesa, con una tierna sonrisa en los labios.

-¿Te quieres unir a la práctica? El precio es el mismo.- Y lo vio sonrojarse nuevamente. ¡Era tan divertido verlo cambiar de color así! ¿Cuando fue que ese chico se habia vuelto tan afable de observar? ¿Cuando se habia dado cuenta que lo miraba constantemente? ¿Que necesitaba mirarlo constantemente? Y ahora fue ella quien se sonrojó con fuerza cuando lo vio sentarse en una silla junto a los tres, dispuesto a presenciar lo que iban a hacer. Se sentía tan bien.


"Creo que deberías considerar una carrera en el ámbito académico, Ryugazaki-kun. Tus posibilidades son buenas. ¿Te gustaría que a fin de curso presentara una carta de recomendación?"

Rei pensaba y repensaba cada palabra que Shimizu-Sensei le había dicho mientras escuchaba como una voz de fondo la voz de su mejor amigo y compañero de curso mientras comía un helado aún cuando el clima estaba comenzando a cambiar.

- Oi, Rei-chan... - Comenzó a hablar el pequeño rubio. Lo miró de reojo tras sus gafas rojas.- ¿Ocurre algo?- Sacudió la cabeza en negativa. No sabía si podía explicarle esas cosas a Nagisa, y temía que aparete de burlarse por ser un "nerd" pensara que dejaría de lado al equipo.

- No, Nagisa-kun. No ocurre nada.- Y la sonrisa impuesta fue la más creíble que pudo darle. El muchacho más bajo suspiró mientras mordía su dulce helado levantando la ceja con suspicacia sabiendo que no le estaba diciendo la verdad.

Rei-chan estaba raro desde que había hablado con Shimizu-Sensei. Trató de imaginarse que podría haberle dicho la Profesora de Física como para que estuviera tan pensativo. Y entonces pestañeó tantas veces en unos segundos que sus ojos podrían haber salido volando como mariposas de sus cuencas.

-¡No me digas que te gusta Shimizu-Sensei!- Gritó con fuerza mientras el dedo índice de su mano libre también manchada en crema de frutillas lo señalaba acusadoramente, y siendo testigo del rostro azorado de su amigo al tiempo que se deformaba por la impresión.

-¡¿DE DONDE SE TE OCURRE SACAR ALGO ASÍ NAGISA?!- Gritó totalmente exaltado y sintiendo sus mejillas hervir como nunca.- ¡¿TE VOLVISTE TOTALMENTE LOCO?!-

-¡Eso te digo a tí! ¡Es la madre de Ruka-chan!-

-¡¿COMO SE TE OCURRE PENSAR QUE PUEDE GUSTARME UNA PROFESORA?!-

- Bueno, Shimizu-Sensei es una Señora muy bonita…-

-¡CLARO QUE NO…!-

- Le diré a Ruka-chan que llamaste adefecio a su madre. Y a ella, porque Ruka-chan terminará siendo como su madre…-

-¡¿PERO COMO DEMONIOS LLEGAMOS A ESTO?!- Gritó exasperado.


Había estado mirándola durante casi 40 minutos mientras turnaba a sus hermanos haciendo escalas y arpegios, enseñándoles las notas y pegando papeles de colores en las teclas del piano para que ellos pudieran diferenciar las teclas.

Los pequeños preguntaban absolutamente todo y ella con una tierna sonrisa no hacía más que responderles con dulzura. No se había dado cuenta de que hacía al menos tres minutos que no dejaba de mirarla fijamente, hasta que su madre se puso a su lado, despertándolo con una risita cómplice. Era la primera vez que veía algo así viniendo de su hijo, eso era seguro.

- La cena está lista.- Dijo aplaudiendo una vez con sus finas manos. Los pequeños bufaron con tristeza al no querer terminar la clase, pero corrieron la lavarse las manos. Ruka se puso de pie alisándose la falda con unos pequeños golpes. Miró a ambos con una sonrisa en su pecoso rostro.

- Creo que fue una buena clase, hehe.- Y tomó el blazer del colegio colgado en el respaldo de la silla para comenzar a ponérselo, cuando Makoto alzó las cejas muy arriba.- Me voy yendo enton…-

-¿Irte?- La Sra. Tachibana pestañeó confundida varias veces sin comprender realmente y rió con ganas cuando vio que su hijo se ponía de pie rascándose la nuca avergonzado, como si temiera decirlo obvio.

- Ruka-chan...queremos que te quedes a cenar…- Le dijo mirándola a los ojos cuando abrió los párpados y se encontró con las gemas verdes mirándolo confundida.

-¿Eh?- Quedó con el saco a medio poner mientras veía al chico y su madre reír de una forma extremadamente tierna y totalmente idéntica. Sonrió.- Muchísimas gracias.-

-¡Tadaima!- Miraron hacia la puerta al notar que un alto hombre de cabello oscuro y anteojos entraba por el recibidor hasta la cocina donde se encontraban, al mismo tiempo que los pequeños volvían y se arrojaban contra él con alegría.

-¡PAPÁ!- Gritaron al unísono.

- Okaeri.- Makoto saludó a su padre al mismo tiempo que su mamá le daba la bienvenida. Se inclinó cuando el alto hombre la vio junto a su hijo.

- Encantada, soy…-

- Ruka-chan, ¿no es cierto? Makoto nos ha hablad…-

-¡Basta, papá!- Y las risas corrieron por todos ellos.

Los platos en la mesa se fueron apilando uno sobre otro mientras sentía el cálido clima de hogar que rendía entre ellos

La armonía que emanaba Makoto venía de su casa, ¿Verdad? Porque respiraba la misma tranquilidad que te sentía cada día que estaba a si lado.

- Hanno...Sé que debe ser algo molesto para tí, pero…¿Tu cabello…?- Comenzó a preguntar la Sra Tachibana con timidez. Makoto trató de hacerle señas para que parara, pero el rostro de Ruka se transformó en una sonrisa enorme al responder.

- Es natural. Mi bisabuelo era inglés. Conoció una Geisha cuando vino a Japón durante la Segunda Guerra y se quedó aquí. A él le debo todo esto.- Y se señaló el rostro mostrando la inmensa cantidad de pecas que surcaban el puente de su nariz. Makoto parpadeó asombrado al escucharla hablar.

-¿¡Tu bisabuelo se casó con una Geisha!? ¡No lo habías contado!-

- Porque a Nagisa le interesa más saber si tengo parientes duendes o sirenas…- Dijo encogiendose de hombros mientras una sonrisa mostraba sus dientes blancos y el rostro de Makoto se enrojecía.

- Hahahaha, ¡que historia tan fascinante!-

- Makoto nos dijo que tu madre es Profesora de Física en Iwatobi, ¿es cierto?-

-¡Si! Empezó en mayo cuando nos mudamos. De hecho, nos mudamos por el trabajo de ambos.-

- Cierto, vivías en Sapporo, ¿verdad?-

-¿Hay algo que no les hayas contado?- Le preguntó volteando a verlo, notando que estaba totalmente violeta por la vergüenza. No se había dado cuenta de cuando le había contado tantas cosas a sus padres.- Al menos le contaste lo bueno, ¡gracias!- Y le guiñó un ojo. El muchacho se tambaleó en la silla teniendo que sujetarse contra el asiento.- Si. Viví siempre en Sapporo. Apenas llegué a Iwatobi todo me sonaba muy raro, pero es una ciudad hermosa y ahora me siento muy a gusto…-

La vio hablar con sus padres como si los conociera de siempre, hasta que notó que sus progenitores tenían la misma actitud. Era como si no tuvieran inconvenientes en hablar las horas que pasó en su casa. Y ese aroma a familiaridad se sintió tan bien que acabó por sonreír recostandose en el respaldo, viendo a la pelirroja de pecas sentada muy junta a él. Si, se sentía muy bien.

- Gracias, Makoto. La pasé genial, pero no tenías que acompañarme a casa.- Caminaban lado a lado por las escalinatas calle abajo. El alto Capitán tenía ambas manos en los bolsillos mientras la veía saltar escalón a escalón con agilidad. Sonrió.

- Te dije antes que quería hacerlo. Sugiero que te acostumbres a ello.- Le dijo como reprimenda en un tono tan dulce que Ruka no pudo evitar sonrojarse violentamente.

-¡Hasta cuando das una reprimenda suenas amable! ¡Hahahahahahahahahaha!- Y rió tan fuerte que al doblarse hacia delante, su cuerpo cayó por inercia perdiendo el equilibrio. Ahogó un chillido agudo al sentirse caer, pero los reflejos de Makoto supieron serle útil.

Y ahí estaba, sosteniendo del brazo y cintura a la pelirroja de pecas, tan liviana como el peso de una almohada. Sentía que el corazón se le había detenido un instante y sus manos empezaron a sudar aún en contacto con ella a través de su chaqueta.

-¡E-eto! ¡Lo-lo siento Ruka-chan! ¿Estás bien?- El rostro sonrojado se sacudió mientras la liberaba de su agarre cuando se enderezó en el escalón. La vio dirigirle una mirada estupefacta que pareció durar horas, para sonreír al segundo siguiente.

- Realmente, desde que llegué a Iwatobi mi vida se volvió un manga shoujo tan gradualmente que no me di cuenta…- Dijo para no empezar a gritar en vivo y directo como lo estaba haciendo internamente, porque la enorme mano de Tachibana Makoto la había tomado de la cintura y juraba haber sentido su calor a través de la tela de su chaqueta. Veía el rostro totalmente sonrojado de su amigo y no podía creer lo tierno que podía ser. ¡¿Y POR QUÉ ESTABA PENSANDO EN ESAS COSAS?!

- H-hahahaha…- No era la primera vez que Ruka-chan decía esas cosas. Siempre que algo extraño pasaba o se veía rodeada por ellos, o Haru se le acercaba demasiado, o Nagisa decía algo tierno su respuesta era esa frase. ¿Que significa esa frase, Ruka-chan…?- Ya deberías acostumbrarte a estar en un manga shoujo entonces, Ruka-chan.- Le dijo tratando de reanudar el paso con la mayor compostura posible.

-¿Acostumbrarme a compartir club con cuatro adonis? ¡Claro que nunca me voy a acostumbrar!- Y echó a reír escaleras abajo dándose cuenta de que aún disfrazado en el grupo, le había dicho adonis al muchacho de pie a su lado y que ahora parecía haber cambiado a un color más oscuro.

Caminaron en silencio unas calles más, chocando levemente los brazos al estar tan cerca y separándose totalmente rojos sin decir una palabra. Fue el muchacho quien juntó el valor suficiente como para romper el silencio entre ellos, tomando aire muy profundo.

- Nee...Ruka-chan…- Lo miró con los ojos verde claro iluminados por las farolas de la calle.- La-lamento si mis padres te hicieron sentir incómoda con tantas preguntas. Son algo invasivos…- La vio sacudir la cabeza con fuerza de lado a lado antes de empezar a hablar con energía.

-¡No! ¡No me sentí para nada incómoda! Makoto, tu familia es adorable. ¡Muy adorable!- Y claramente se daba cuenta de dónde salía su amabilidad y perfección en absolutamente ¿¡QUÉ!?

- G-Gracias…- Rio rascándose la nuca, moviendo su cabello castaño oliva mientras lo hacía. Siempre había tenido una relación sumamente cercana con sus padres y hermanos, para él era muy normal. Pero nunca había visto a sus padres tan interesados en alguien y por un momento pensó que la estaban haciendo sentir muy incómoda. Se aliviaba en sobremanera de que pensara bien de ellos.- Shimizu-Sens-¡digo!, tu mamá es muy amable también.-

- Mi madre es un espécimen raro, jajaja. Ynoconocisteamipadre…- Dijo por lo bajo, aunque fue totalmente audible para el muchacho, que estalló en risa nuevamente. Ruka era rara. Shimizu-Sensei era una persona adorable, pero reconocía que era totalmente extraña. Y las cosas que Ruka-chan había comentado de su padre lo hacían sentir casi temor de conocerlo…

- Bueno, el día que lo conozca te daré mi opinión.- Respondió sin pensar demasiado. Y la vio sonrojarse. ¿Por qué estaban jugando en silencio a ver quién se ponía más rojo?

Pronto, llegaron a la última calle que separaba sus pasos de la casa de la joven pelirroja. La vio saltar un escalón más antes de voltearse y mirarlo a los ojos sonriendo. Tragó saliva al ver su cabello fuego a contraluz.

- Gracias, Makoto. Por todo. Realmente la pasé fenomenal, debes estar orgulloso de la familia tan hermosa que tienes.- Quedó helado viéndola frente a él con esa mueca sincera en su pecoso rostro. No pudo evitar imitarla.

- Haa...Gracias a ti, Ruka-chan. Lo que estás haciendo por mis hermanos es un gesto enorme.- Suspiró.- Es una pena que solo podamos tener unas pocas clases de natación juntos antes de que empiece a hacer frío.-

- Entonces será mejor que aprenda rápido, o aparte de ahogarme en un metro de agua voy a morir de hipotermia.- Y se rascó la nuca con gracia. El rostro de Makoto se contorsionó en horror y su voz sonó aguda.

-¡N-No digas esas cosas!-

- Era broma, Makoto…-

Y rieron con fuerza. Una vez más.


Al día siguiente...

- Oi, Matsuoka…- La frente amplia y bronceada del Capitán de Samezuka era adornada por una enorme vena que amenazaba con explotar al asomarse a los vestidores del Festival y ver a Matsuoka Rin vestido como mayordomo.- ¿¡QUE DEMONIOS HACES VESTIDO EN TRAJE?!-

- …- Quedó totalmente mudo ante el comentario de su Capitán, aunque sabía perfectamente a qué se refería con eso, y no le gustaba absolutamente nada.- Bou-Bouchou…-

-¡ERES DE SEGUNDO, MATSUOKA! ¡LOS DE SEGUNDO...USAN ESTO!- Y sus enormes manos mostraron un soporte del que colgaba un uniforme negro y blanco lleno de volados y enaguas. El uniforme de Maid era lo último que Rin querría usar en la vida, la última tradición de su colegio y Club de Natación de la que querría ser parte, y es que tenían muchísimas tradiciones.

- P-Por favor, Bouchou...estaré en la cocina, haré todo. Limpiaré TODO…- Dijo con el rostro desfigurado del terror y asco mientras los pasos de su Capitán vestido elegantemente se acercaban a él con el uniforme frondoso en mano.

- HAZTE HOMBRE Y VÍSTETE DE SEÑORITA, MATSUOKA…-


Vio salir su delgado cuerpo del agua haciendo presión con sus brazos y sonrió. Había aprendido a hacer clavados con un buen ángulo, y a impulsarse con sus piernas juntas para salir a la superficie. La realidad es que si pasara más tiempo en la piscina con ellos podría incrementar su ritmo fácilmente, pero también debía asistir al Club de Música. Y estudiar. Y vivir.

Se acercó a Gou, que le tendía una toalla amistosamente, diciéndole que su última entrada al agua había mejorado mucho. Lo mismo le expresaba Rei, de pie a su lado. Notó que Nagisa se acercaba corriendo, saltando para golpear amistosamente su roja cabeza cubierta por una toalla azul.

Dejó su chamarra colgada en la reja que separaba la piscina del espacio común con la escuela, avanzando a pasos lentos para comenzar su entrenamiento y mejorar el tiempo de llegada en los próximos relevos, cuando algo rompió totalmente su propia concentración.

-¡Vaya! ¡Era cierto!- Una potente voz masculina sonó a sus espaldas.

-¡Ahora sí me dan ganas de unirme al Club de Natación!- Dijo otra.

- No solamente están ganando carreras, ¡Ahora tienen chicas bonitas con poca ropa!-

El sonido estridente de sus gritos fue suficiente como para que Haru sacara la cabeza fuera del agua, acercándose al borde y saliendo por completo de la piscina.

El semblante de Rei cambió por completo, automáticamente dando dos pasos para tapar el cuerpo semidesnudo de Ruka y a una asustada Gou con el suyo.

- No te preocupes, Ruka-chan- Le dijo Nagisa poniéndose a su lado.

- Son muy desagradables.- La vista de Rei no cambiaba de lugar.

Respiró profundo tratando de procesar lo que pasaba. No, no era la primera vez que algo así le ocurría. Tener el cabello fuego en Japón la hacía llamar la atención de adolescentes y adultos bastante mal educados. Pero jamás lo había hecho estando en un traje de baño que dejará poco a la imaginación. Inconscientemente sus brazos se cruzaron sobre su pecho, protegiéndose.

-¿No vas a nadar, Shimizu?-

-¡Vinimos a verte! ¡Muéstranos algo!-

-¡Wow! ¿Vieron su espalda?-

- Tiene pecas por toda la espalda. ¡Y sus piernas!-

-¡Ese traje te queda de lujo! ¿Por qué no bajas los brazos y das una vuelta?-

No. No era posible estar escuchando eso. No era posible que fueran tan mal educados como para estar gritándole cosas desde la cerca. Nunca había sido una persona violenta. Jamás recordaba haber levantado la voz o haberse enfadado. Por eso quizá no reconocía en su propio cuerpo la explosión química que abarcaba totalmente su pecho, comenzando como un hervor de lava en la boca del estómago.

Porque había desviado la vista hacia donde estaban sus amigos y la vio. Agazapada sobre su propio busto, con la cabeza baja, la mirada confundida. La misma chica que hacia minutos estaba feliz, no lo estaba. La misma chica que cenaba con sus padres en la mesa de su cocina. La misma chica que había enseñado a tocar a sus hermanos. La misma chica que había convencido a su Club de organizar un concierto para ayudar a una anciana, la chica en la que pensaba siempre. Esa chica, estaba al borde de las lágrimas por la vergüenza que le estaban haciendo pasar un grupo de…

- Idiotas…- Oyó decir a Haru a sus espaldas.

Lo miró sorprendido. Hasta el rostro de su mejor amigo estaba distorsionado en desagrado. Evidentemente esa situación no solo lo ponía enfermo a él.

-¡Shimizu! ¡Anda! ¡Muéstranos algo más! ¿Quieres que te ayudemos a saltar al agua?-

Y algo se rompió dentro de su pecho. Esos eran comentarios que no iba a tolerar, no delante de sus amigos. Por eso es que bajó los brazos con las manos hechas un puño apretado por la furia, al tiempo que se daba vuelta sobre sus propios talones y comenzaba a encaminarse hacia esos siete imbéciles. Sin embargo, la enorme silueta de Tachibana Makoto la detuvo en seco al verlo pasar frente a ella con la mirada fija en los chicos de la cerca.

Y es que realmente no estaba viendo al grupo detrás de la cerca, porque solo podía ver rojo mientras recordaba el temblor suave de los hombros de Ruka.

Los observo desde arriba al llegar lo más cerca posible de donde se encontraban, no eran más que un grupo de revoltosos. Voltearon el rostro de a uno en su dirección, aun con los dedos apretados contra el alambre, el que había gritado primero tenía las mejillas enrojecidas por el esfuerzo.

Nagisa se adelantó un paso observando a su capitán con los ojos inmensos. Mako-chan parecía haber crecido diez centímetros. Observó sus puños cerrados con fuerza y un escalofrío le recorrió la espalda obligándolo a sacudirse suavemente como un niño.

- Osoreru...- Su voz aguda pareció aguarse de golpe.

El equipo de natación se había quedado helado de golpe observando a su capitán lidiar con aquella situación.
Rei pareció acomodarse delante de sus dos compañeras como intentando cubrirlas de la vista.

- Haruka Sempai...¿Deberíamos hacer algo?- La voz del muchacho de lentes sonó alarmada. El lenguaje físico del cuerpo de Makoto-Sempai parecía gritar que golpearía a alguno de aquellos chicos en cualquier momento.
El único ocupante de la piscina tenso las manos sobre la orilla con el ceño algo contrariado. Aquello era raro. Makoto jamás tenía aquel tipo de respuesta… Volteo los ojos azulados sobre la chica pelirroja y dejo que los zafiros analizaran un segundo su rostro terso y salpicado por pecas...entendía, avanzó un paso en dirección a su amigo pero sus pies se congelaron al ver al grupo de indeseables salir corriendo en dirección al edificio principal y un Tachibana muy serio voltear para verlos.

Había podido respirar con profundidad antes de hablarles con el tono de siempre a pesar de estar apretando los puños con tanta fuerza que le producía dolor

- Es una práctica privada. Por favor, ¿podrían irse? - La sonrisa amable se formó en su cara como siempre, pero lo cierto era que internamente el deseo de estamparles los nudillos contra la nariz no parecía querer disiparse.
No estuvo seguro de porqué, pero el grupo retrocedió antes de asentir de manera desincronizada inclinando el torso suavemente.

- Lo-lo- lo sentimos Tachibana-Sempai...- No pudo evitar fruncir el ceño como un reflejo...debería obligarlos a disculparse con Ruka en ese instante, pero no fue aquello lo que escupió con los dientes apretados cuando los vio girar para retirarse.

- Espero que entiendan que no toleraré esto, y si hay una próxima vez el director lo sabrá...- El conjunto de muchachitos lo observaron por encima del hombro antes de asentir con fervor y salir huyendo.

Makoto soltó el aire con fuerza sintiendo que le temblaban las manos y el calor se dirigió con fuerza a sus ojos, que sensación más horrible. No pudo fingir una sonrisa al momento de encaminarse nuevamente con sus amigos.

- ¡Mako-chan! ¿Te encuentras bien? - el alto capitán pasó junto al rubio asintiendo con la cabeza mientras sus ojos se posaban de reojo en Ruka, que seguía con la toalla apoyada sobre el cuerpo húmedo, como tratando de ocultarse.

No lo pudo soportar, se lanzó al agua sin pensarlo esperando que no se dieran cuenta de que estaba a punto de llorar. Dejo escapar todo el aire que tenía en los pulmones y se sorprendió de encontrarse a Haru bajo el agua con una expresión impasible, solo mirándolo de frente.
Sus ojos verdes se inclinaron hacia abajo, dejando al descubierto la expresión triste y el de cabello oscuro solo se tomó un segundo antes de tomarlo por la muñeca para obligarlo a salir.

- Nee, Ruka… ¿te encuentras bien? - Su voz monótona no tuvo ninguna variación mientras la miraba. La chica se acomodó algunos de los mechones rojos que tenía pegados en las mejillas y habló con delicadeza mientras sus ojos jade se dirigían al rostro de Makoto, asomado sobre el agua.

- Lo lamento mucho Makoto...- Su voz clara y dulce le llegó como una patada en el rostro obligándolo a que se frotara los ojos con el dorso de la mano.
Los ojos azules de Haru lo enfocaron y se sorprendió de oírlo hablar.

- ¿Makoto, tú te encuentras bien? - observo las cejas estáticas de su amigo pero supo de todas formas que estaba preocupado. Quizás había hecho el ridículo...sin embargo...
-La estaban poniendo muy nerviosa.-Comenzó a hablar solo para los oídos de su amigo, que lo seguía sosteniendo del brazo mientras buscaba dejar de temblar como una hoja mojada. Insultaron al equipo. Yo...- Su voz sonó como la de un niño y no pudo contener el hipido que salió de su boca después. Dirigió sus orbes esmeraldas a la pelirroja de pecas que seguía rodeada por sus amigos. Tragó fuerte y le dirigió la palabra por primera vez en ese tiempo.- Lo siento mucho Ruka-chan...-

La boca de la pelirroja se curvó hacia abajo mientras el corazón le latía con tanta violencia que estaba segura de que todo el club podría oírlo desde estaban.
- ¡No no! ¡Yo lo lamento! - Se inclinó en dirección al alto nadador y sintió el rostro enrojecer mientras lo veía frotarse el rostro con ambas manos. - ¡Lo lamento tanto!-

- Ruka chan...-Y su pecho dolió como una punzada helada al verla en ese estado. Ella no lloraba así. Ruka-chan no lloraba de esa forma- Tú no tienes que disculparte- Y su cara se volvió seria de golpe obligándola a saltarse un latido cuando lo vio. Las mejillas oliva de Makoto Tachibana se encendieron de rosa cuando la miro para hablarle directamente - lamento no haber actuado con más rapidez, te prometo que no dejaré que vuelta a suceder...- La decisión en su voz hizo que el equipo guardara silencio.

Supo que no había una respuesta más indicada que "Gracias"...y esa fue la palabra que pudo murmurar con los labios trémulos.

El sol de la tarde de verano comenzaba a bajar dejando el mundo en vela.
Haru permanecía junto a la piscina observando el brillo naranja sobre el agua tranquila. Makoto se rascó la cabeza mientras lo observaba junto a las duchas. ¿No iba a arrojarse de nuevo cierto?
El sonido de la puerta del vestuario lo hizo enderezarse mientras se acomodaba las correas de la mochila.

- Ruka chan…- La llamó despacio en cuanto vio su cabello rojo fuego aparecer fuera del vestuario. El rostro dulce de Gou- chan le seguía de cerca. La pequeña hermana de Rin lo observó un segundo antes de inclinar la cabeza despacio y de alejarse apresuradamente llamando a Nagisa e incitándolos a ir por bebidas junto a Rei a la máquina expendedora fuera del colegio. La chica de cabello granate desapareció de su vista y bajó los ojos para enfocar a la joven que seguía donde se había detenido.

La forma pequeña de su rostro y la intensidad del verde de su mirada se sintieron como un trago de agua fresca en un día de mucho calor.

- Makoto ¿paso algo?- Su pecho dio un vuelco al escuchar su nombre de los labios del alto Capitán ¿le habían regañado por el incidente con aquellos estudiantes? Su expresión apretada hizo que le doliera el corazón... ¿Cómo un hombre de aquel porte podía ser tan malditamente adorable?

- ¡No! ¡Todo está bien!- Un sonrojo intenso se apoderó de su rostro al hablar nuevamente, parecía que solo la pondría nerviosa ese día. Se inclinó despacio frente a ella y junto las manos con delicadeza en señal de súplica.- Solo quería disculparme nuevamente...Espero que puedas perdonarme por no actuar con más rapidez- La boca de labios rosados se abrió despacio dibujando una "O" perfecta y aunque quiso reírse de su expresión se contuvo.- Solo quería asegurarme de que esto no hará que pierdas tus ganas de aprender...- Bajó las manos con suavidad y se detuvo a observarla.

La chica de Sapporo se quedó de piedra y le tomó un segundo procesar lo que había escuchado. Su rostro se volvió un cuadro digno de observar antes de inclinarlo ligeramente hacia abajo.
-Makoto kun...estoy muy agradecida contigo...- alzó la vista para verlo con una sonrisa que rozaba la tristeza - Hace un momento estaba muy nerviosa. Solo esperaba que no decidieras echarme del club por haber traído idiotas.- La comisura de sus labios apuntaron de manera casi imperceptible hacia abajo mientras levantaba la mano hacia su nuca, y él sacudió la cabeza en negación - Además de haber robado el tiempo de todos he causado problemas.-

- ¡No digas esas cosas!- su voz sonó asustada por un segundo y el no supo porque el escucharla decir aquellas cosas hizo que su corazón se impacientara - ¡Jamás te culparíamos por lo que sucedió! -

Ruka tomó aire antes de sonreír. Aquel debía ser el mejor sujeto del planeta. Por un momento su mente pareció enviarle una señal que decia que no importaba si Makoto nunca sabía sobre sus sentimientos, si el amaba a otra persona o cualquiera fuera el destino que les esperaba, se sentía feliz de estar cerca suyo, compartiendo aquel momento calido.
- Capitán - la sonrisa hermosa se dibujó en su rostro y él alzó el mentón ligeramente al oirla llamarlo por su rango - jamás pensaría en dejar el equipo...me gustaría no morir en caso de caer al agua - el castaño suspiró con alivio y no pudo evitar solar una risa suave antes de asentir.

-Te acompañaremos...deberíamos ir...-se contuvo un segundo esperando que se colocara a su lado antes comenzar a caminar - espero que Haru no se haya arrojado a la pileta nuevamente...-sonó cansado y Ruka asintió en silencio viendo como Nagisa y Rei volvían seguidos por Gou, cada uno llevaba dos latas en las manos y parecieron clavar los frenos de un auto al encontrarlos de frente.

- ¡Oni-Mako-chan! - Nagisa sonó como un niño mientras ponía una lata de te verde en las manos de Makoto - ¡Fuiste muy aterrador! ¿Cierto, Rei-chan? - la sonrisa aniñada parecía un contrapunto a la expresión avergonzada del más alto del grupo.

-¿¡Que dices!? - Le hubiese gustado que su voz no sonara tan aguda en ese momento, pero no pudo evitarlo.
- Si...podíamos cortar el aire con un cuchillo a tu alrededor Makoto- Sempai.- El rojo en sus mejillas subió un nuevo nivel al ver a Rei acomodarse los lentes mientras asentía.

La hermana pequeña de Rin sacudió la cabeza en una negativa y hablo con claridad pausando entre sorbo y sorbo de su lata de té
- ¡Creo que lo que hiciste fue correcto Makoto- Sempai! - la pelirroja se acercó a Haru que parecía haber aparecido de la nada con la ropa ligeramente húmeda...no se podía confiar en aquel sujeto...

- Yo también lo pienso...- Haru habló despacio y el grupo volteo a verlo, impasible con una botella de agua en sus manos- Defendiste a Ruka, al equipo y dejaste claro que no pueden tener ese comportamiento aquí...-

-Haru chan...- Su voz sonó como un silbido mientras su expresión se suavizaba. Makato apretó la lata entre sus largos dedos y volteo a mirar a Ruka un segundo mientras la sonrisa crecía de a poco en su rostro. Suspiró con fuerza cerrando los ojos y una sonrisa se dibujó amplia en el rostro oliva.- ¡Aaaah! ¡Estaba tan nervioso!-

La risa del grupo se extendió mientras se dirigían camino a la salida ya listos para despedirse.

-Al menos está situación ciertamente nos hizo dejar de pensar en los Nacionales por un rato - el timbre dulce del rubio más joven los llevó a asentir con suavidad mientras llegaban a la puerta.
El grupo se separó e mientras las manos se sacudían en señal de adiós.

Haruka guardó silencio las primeras dos calles mientras Ruka y Makoto conversaban en un hilo de voz sobre lo difícil que se volverían los entrenamientos de ahora en más.

-Ruka...- los ojos verdes de su compañera de equipo voltearon a verlo con sorpresa al sentir la forma en que había dicho su nombre el as del equipo - no dejes que esa clase de persona te intimiden...- el peli oscuro la observo sobre el hombro mientras seguían caminando -eres linda...-

La bomba explotó silenciosa como si dos asteroides hubiesen chocado, como si la ola más grande del mundo hubiese alcanzado costa, como un árbol de 200mts golpeando el suelo en un bosque.

Makoto se quedó duro en donde estaba con los ojos desorbitados y la lata apenas pendiendo de sus dedos. Dirigió la mirada al perfil de Ruka que continuaba caminando y notó el sonrojo suave sobre la piel marfileña. Su compañera de equipo apenas dejó salir su voz en un tenue "Gracias" y él sintió que nunca más podría abandonar aquel lugar donde la sorpresa lo había paralizado.

El resplandor naranja del atardecer golpeó la cabeza de sus dos acompañantes varios metros más adelante y él suspiró al ver el rostro de la chica voltear en su dirección. Sus pestañas parecían brillar al igual que el destello verde jade de sus ojos. Su cabello parecía encendido como una antorcha bajo aquella luz extraña...decían los ancianos que pasaban cosas raras en aquel horario y el vuelco en su corazón parecía confirmarlo mientras la escuchaba llamarlo "¡Oi, Makoto! ¡Se hará tarde si no te apresuras!" su pálida mano se sacudió en el aire y el solo pudo suspirar.

- Eres linda Ruka-chan...- la única persona capaz de oírlo fue él mismo pero estaba seguro de que esa noche se sentiría como si lo hubiese gritado a viva voz - linda...-


Matsuoka Rin se terminaba de quitar el uniforme de la vergüenza totalmente abatido mientras rezaba internamente para que nadie hubiese reconocido su rostro o tomado una fotografía. El pecho se le heló al pensar en la amiga de su hermana, que claramente lo había visto y reconocido. Y su hermana iba a Iwatobi. Y en Iwatobi estaban…

-Maldita sea, Gou…- Y tomó su celular a medio desvestir con las medias de nylon aún puestas, sentándose en el borde de su litera inferior mientras buscaba en los contactos por su número.

"Oi. Gou…"

"Onii-chan! ¿Cómo estás?" Conocía lo suficiente a su hermana como para saber que se estaba riendo a carcajadas en ese momento mientras le contestaba un mensaje.

"Bien… Vi a Hanna-chan en el festival de Samezuka"

"¡Si! Fue al concurso de Músculos. Teníamos práctica así que no pude asistir, pero ella fue en mi representación. Fue INCREIBLE 3" Y por un momento tuvo la esperanza de que los músculos que su hermana tanto amaba la hubieran cegado de su ridícula participación de transvestido. Pero… "Aunque nada supera esto"

Y la foto que le envió a continuación le heló la sangre hasta lo más profundo, porque su perfil adornado por esa estúpida tiara de bordados blancos y esos estúpidos volados en el vestido y ese esúpido mandil y esa estúpida liga se veían perfectas en cada detalle de la imagen. Tragó muy fuerte y sintió como cada gota de sangre abandonaba su rostro al tipear.

"¿Cuánto me va a costar que esta foto no salga de tu celular y de nuestra privacidad?" Tipeó y envió casi al borde de las lágrimas.

"Todo un fin de semana de hermanos 3" Contestó. Maldita sea, Gou...


Makoto dio otra vuelta enredándose en las sábanas y miró la hora en el teléfono. Su despertador sonaría en exactamente media hora. Apenas había podido conciliar el sueño y lo que pudo descansar fue por cansancio aun cuando su cerebro no podía apagarse...Simplemente no podía dejar de pensar.

La imagen de Ruka-chan despidiéndose suavemente frente al camino que llevaba a su casa fue lo primero en llegar como una patada a su cabeza, como queriendo mostrarle algo con señales luminosas. Su voz sonaba como un arrullo cuando pensaba en eso. Su cabello rojo enmarcando el rostro pálido le encogía el corazón. Las pecas sobre el puente de su nariz parecieron brillar con aquellos últimos rayos de sol y él solo pudo pasarse la lengua sobre los labios de manera disimulada y sin darse cuenta en ese momento. ¿Había sido siempre tan pequeña?...Quizás no lo había notado realmente.

Recordó sus ojos verdes moverse a su rostro y él solo había podido dibujar una sonrisa tierna al momento de decir "ve con cuidado".
Haru ya se había volteado sobre sus talones para emprender el regreso, pero él solo pudo observar cómo el cuerpo pequeño y grácil se alejaba tarareando en voz baja.

Y la conversación que tuvo con su mejor amigo volvió a su cabeza como si estuviera viéndola en cuerpo etéreo y tercera persona.

- Haru chan...- El nombre de su amigo se escapó de sus labios como en un susurro pero supo que lo había escuchado sin problemas.

- No me llames así. ¿Qué? - Nunca dejaría de estar fastidiado por aquel sobrenombre. Lo miró de reojo dándose cuenta que el alto Capitán estaba totalmente rojo con su alborotado cabello castaño cubriendo los ojos que evitaban mirarlo. La voz le tembló como si no se coincidiera con el enorme cuerpo del que era dueño.

- A-a ti…-Suspiró tomando mucho aire.- ¿AtitegustaRuka-chan? - El temblor en su garganta había hecho que la voz le saliera de un tirón vibrando como gelatina en un plato. Notó que levantaba una ceja delicada extrañado mientras aminoraba el paso claramente sorprendido. Siguió - D-dijiste que es linda...- Y la última palabra se apago de a poco mientras la pronunciaba, comenzando a andar tras el pelinegro.

- Es linda. - Fue tajante como siempre. Su ceja se alzó aún más de forma automática mientras veía los hombros amplios de su amigo contorsionarse con su respiración dos pasos detrás suyo. Los ojos caídos brillaban a contraluz.

- No pregunté eso...- Su pecho enorme se inflo de golpe reteniendo el aire de golpe mientras aguardaba su respuesta, porque escucharlo decirle esas palabras hacía unos momentos le había helado la sangre sin darse cuenta el por qué. Haru giró la cabeza suavemente para mirarlo por encima del hombro cuando quiso emprender nuevamente el paso.
- Me agrada. Es linda...- El reflejo azulado en sus orbes y la simpleza con la que había hablado hizo el aire se saliera de su cuerpo de golpe. Inclinó la cabeza suavemente y le sonrió. Era como si le hubieran alcanzado un vaso de agua en pleno desierto. Su amigo era transparente...Haru nunca estaría interesado en Ruka-chan de aquella forma. Y un inexplicable sentimiento de alivio invadió su pecho mientras sabía que el muchacho estaría pensando que era un idiota.

Se pusieron a la misma altura y caminaron en silencio por un largo trecho, hasta que la voz grave y suave del Vice Capitán se escuchó en el espacio que los separaba.

-Makoto… ¿A ti te gusta Ruka? - Haru siguió caminando y él quedó quieto con un pie delante del otro, dejando que su amigo se adelantara y volteara a mirarlo como si supiera lo que iba a hacer. Quedó en blanco. Su rostro se sentía muy caliente, igual su pecho, igual sus manos. La boca se le secó, levantando la cabeza y viendo sus propios mechones de cabello castaño delante de los ojos borroneando la figura de Haru frente a sí. ¿A tí le gusta Ruka?...

Dejo la respuesta sin responder y la brisa de verano le sacudió el cabello antes de entrar en su casa luego de saludar a su amigo.

El despertador de su celular sonó con fuerza, dándole a entender que el racconto en su mente había durado media hora. Saltó de la cama y pareció un demente mientras recogía sus cosas, se vestía y corría al baño a lavarse los dientes todo en un solo movimiento. Tardó en bajar la temperatura de su cuerpo con la cabeza bajo el agua del lavado mientras el rostro de la pelirroja de pecas y las palabras de su amigo se fundían en una sola imagen sonora que no dejaba de resonar en su memoria.

- Mako-kun, vas tarde.- La voz dulce de su madre lo obligó a asentir, terminando la taza de té que tenía en la mano de un solo sorbo. Sus hermanos entraron en la cocina a los gritos y él solo les acarició la cabeza riendo antes de salir con los zapatos a medio poner a la calle, teniendo su madre que alcanzarle el bento que dejó olvidado en la barra.

Makoto giro en la esquina con ligereza y se sorprendió de encontrarse con su vecina de frente. La mujer muy anciana venía bajando con cuidado, llevaba un pequeño paquete que le extendió con cuidado.

- Ohaiyo, Makoto-chan. Ten...- la sonrisa amable lo obligó a alzar la comisura de sus labios y curvar los ojos mientras recibía el pequeño paquete como era una costumbre tierna desde siempre.

- ¡Honto arigatou, Tamaka-san! No era necesario...- Iba a dar el primer paso pero por alguna razón solo pudo volver a mirarla con un brillo expectante irradiando de su cuerpo - Tamaka-san. Hace tiempo me habló de la Hora Mágica...- se sintió como un niño grande preguntando por princesas y dragones. La mujer mayor sonrió nuevamente marcando cada arruga en su rostro, asintiendo.

- Haa. La hora crepuscular, es la hora en que las imagenes son mas nitidas. Es como si los últimos rayos del sol nos regalaran un vistazo de la realidad en el Mundo. Por eso es la hora del día en que vemos "La Verdad" delante de nuestros ojos. Nítida como si siempre hubiera estado ahí esperándonos.- Y Makoto sintió algo romperse como si fuera un cristal fino dentro de su cabeza y haciendo que su boca se abriera sin poder evitarlo. La expresión amable en el rostro de la mujer lo trajo de vuelta a la realidad - ¿Te ha sucedido algo inusual Makoto-chan?...-

Sonrió levemente sin darse cuenta siquiera y asintió con delicadeza antes de inclinarse en señal de despedida. Sus largas piernas lo llevaron volando veinte escalones arriba mientras solo podía pensar en el cabello enrojecido de Haruka brillando a contraluz como lenguas de fuego y sus ojos verdes como esmeraldas claras al sol. Fue como si millones de flechas señalaran exactamente al mismo lugar y el pecho se le liberara de un peso tan grande como indescriptible.

Y en cada escalón que subía sin sentirlo, podía ver su expresión suave y gentil con sus hermanos, la forma en que entregaba lo que tenía de la forma más conmovedoramente desinteresada, la habilidad de hacer brotar magia de sus dedos cuando estaba frente al piano. La necesidad instintiva de querer protegerla de aquel grupo de idiotas que la habían hecho temblar como una hoja y la incapacidad de poder contener ese dolor de furia por darse cuenta de que estaban mirándola de una forma que no toleraba. Su cabello casi irreal, el color de sus ojos en las tarde de piscina y sus carcajadas durante el almuerzo. Era linda...era… Y rió sin entenderlo. Y rió entendiendo todo de golpe mientras veía la puerta de la casa de Haru acercarse a él.
Suspiro con la mano en alto para golpear y se sorprendió de que su amigo abriera la puerta antes de que pudiera hacerlo.

Makoto sintió el calor quemarle el rostro y los ojos cargados como si quisiera llorar, abriendo la boca sin pensarlo.

- Me gusta Ruka-chan...- Fueron sus palabras que habían brotado como agua sin sentirlas siquiera salir por su laringe. Dejó caer los brazos como cansados sin saber si seguían pegados a su cuerpo. Vió a Haru parpadeando despacio y asintiendo una vez antes de pasarlo por uno de los costados. Como si estuviera escuchando la obviedad más grande del universo antes de la epifanía que él había sentido en su pecho explotando como un millón de estrellas.

-Vamos tarde...- el sol de la mañana hacía brotar reflejos color cobalto de su cabello oscuro. Suspiró al ver la mirada de asombro de su amigo sobre las mejillas sonrojadas.- Si nos apresuramos podremos encontrarla en la calle principal.- Y volteó nuevamente sosteniendo su morral contra los hombros. Y es que no entendía demasiado de esas cosas, pero hasta él se había dado cuenta hacia mucho de que ellos dos tenían un sentimiento extraño por el otro. Estar entre ellos se había vuelto casi raro, porque vibraban de una forma que le era totalmente anormal, y sin embargo armónica entre ellos. Y su amigo estaba feliz.

Y Makoto no pudo más que reír con ganas cuando comenzó a caminar tras su mejor amigo, sabiendo que pensaba algo así como "Era algo tan obvio hasta para mí…" Sintió como si sus pies no rozaran el suelo durante todo el trayecto, y la boca pareció secarse al momento de detectar el cabello rojizo atado en una trenza sobre sus hombros varios metros adelante de ellos. Cuando sus oídos recibieron su voz clara y dulce cantando "I'm sick of sight without, a sense of feeling. And this is how you remind me, this is how you remind me…" y no pudo más que sonreír.

Vio a Haru alzar ambas cejas con delicadeza y hablar lo suficientemente alto como para que la chica lo escuchara. "Ruka. Hasta yo se que esa banda apesta…", lo oyó decir. Y la luz de los ojos verdes que voltearon a verlos con expresión azorada lo dejaron sin aliento, como si un puñetazo en el pecho lo hubiera dejado totalmente helado.
"Déjame en paz. Esa canción del demonio se te pega como chicle…" La oyó contestarle. "Buenos días, Ruka-chan", quiso decirle. Sonreírle. Mirarla a los ojos. Preguntarle cómo había amanecido. Pero nada de eso fue posible, porque quedó totalmente mudo ante ella, sin poder moverse, como si un pequeño conejo blanco hubiera vencido a una enorme orca.