Tonalidades de lo inesperado
10.
Lo mejor del presente
—Tendremos una niña —dice Ken a su madre, por teléfono. Miyako ha llamado a sus padres y la noticia se esparcirá por todas partes para la noche del viernes. Quizá, antes. Anticipa que sus amigos estarán satisfechos, la mayoría estaba convencida que así sería.
Miyako le sonríe mientras sus dedos rozan las manos de su novio y a Ken le ilusiona la idea de que su hija tendrá los mismos hoyuelos que tiene ella al sonreír.
Vamos a tener una niña, piensa y deja un beso en el dorso de la mano de Miyako.
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Lleva ocho meses de embarazo y ella insiste en que se ve enorme y que come demasiado —sus amigos no dejan de traerles sus platos favoritos porque no hay justicia— pero él le asegura que jamás la había visto más radiante.
Miyako es tan luminosa que le hace pensar en el sol. Ken es la tierra y la gravedad de ella lo tiene atrapado y no quiere salir jamás.
—Verlos juntos es empalagoso —Daisuke refunfuña, pero sus ojos sonríen.
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—¿Una niña? —el entusiasmo de Wormmon se desinfla un poco en la noticia pero luego parece que alguien oprime un botón y él regresa a vibrar de la emoción tan velozmente que es fascinante de ver—, ¿y podemos verla? ¿cuánto tiempo más vamos a esperar para que nazca?
—No mucho —promete Miyako, sus dedos trazan círculos en su estómago y, en su mirada ilusionada, Ken puede ver sueños y promesas.
Esto es lo que estaba esperando. Lo que viene después.
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Cuando Koushiro los visita es siempre una revolución en la mente de Miyako. Él siempre trae sus manos llenas literal y metafóricamente. Taichi viene con él, a veces, y otras es su novia de cabello largo y oscuro. Tranquila. Serena. Tan diferente de Mimi que es doloroso. Tan diferente de Mimi que es increíble que ella haya logrado cautivarlo igualmente.
Él la conoce desde hace unos pocos años, gracias a sus estudios y Miyako fue testigo privilegiado del paulatino acercamiento, la lenta caída en el amor. Él no tuvo que decirle todo, ella reconoce la mirada de Koushiro. Ella sabe como se ve cuando está enamorado y también conoce bien la decepción porque ha vivido ambos lados de sus relaciones en el pasado. Tardó años en superar a Mimi, pero ese tiempo le ayudó a sanar. Así es Koushiro con sus emociones, él necesita el tiempo y la paciencia. Pero es resistente.
Mimi está con Michael ahora, en el otro lado del planeta, y su carrera tiene éxito. A veces, Miyako se pregunta qué les dejó esa relación que parece olvidada. Se pregunta si solo quedan en ellos las cenizas de una ilusión o todo está extinto ya.
—¿Dije algo malo? —pregunta Koushiro, un poco incómodo cuando ella no le responde. Le gustan las charlas con Miyako porque piensan en la misma sintonía, aunque sean totalmente distintas sus ideas. Supone que es porque son criaturas de la lógica—, ¿no crees que es buena idea?
—Sabes que me encanta ayudarte en tus trabajos —sonríe, porque ha sido un tiempo desde que pensó en sus estudios y trabajo. No es que ella puede dedicarse a eso llegando a la etapa final de embarazo pero sí lo quiere para el futuro—. Solo pensaba... ¿recuerdas cuándo nos juntábamos a estudiar? Nosotros, Ken y Mimi.
Los ojos de Koushiro tienen un destello de nostalgia, pero es pequeño y fugaz.
—Recuerdo —dice él, melancólico—. Ustedes eran terribles en eso.
Tiene razón.
—No éramos tan malas —Miyako asegura, sin perder un momento porque en esos días le interesaba más ver a Ken que otra cosa y Koushiro se distraía fácilmente gracias a Mimi—. He mejorado mucho desde entonces.
—Sí... —Koushiro la mira fijamente, una pequeña sonrisa en su boca y en sus ojos oscuros—. Yo también.
Miyako sonríe.
Mimi y Koushiro, al menos, tienen memorias. Un pasado que pueden atesorar.
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Termina enero y el cumpleaños de Ken se vislumbra cada vez más cerca en el calendario. Han hablado con la mayoría de sus amigos sobre reunirse. Piensan aprovechar el fin de semana, cuando sus ocupaciones los liberen un poco.
Daisuke aparece una noche, no mucho antes de la fecha. Hay una sombra en su expresión, también perciben la inquietud en su postura. Ken no tarda en darse cuenta que lleva un bolso a cuestas.
—¿Todo está bien, Daisuke?
Su mejor amigo asiente.
—¿Vas a viajar? —Ken pregunta lo obvio, cuando el silencio inusual los envuelve. Un callado Daisuke es poco normal, es casi preocupante.
—Eh, sí —Daisuke se sacude de su inmovilidad y le extiende un sobre pequeño—. Voy a Francia… Otra vez.
Miyako, que había estado en la cocina, se asoma detrás de su novio. Ken se mueve para dejarle espacio y luego le abraza los hombros.
Algo nuevo brilla en los ojos de Daisuke.
—¿Quieres quedarte a cenar o estás muy apurado?
Por un instante, él se ve dudoso. —¿Puedo quedarme un poco?
Miyako rueda los ojos. —Te invité solamente porque quería que rechazarás la invitación. Es una costumbre mía…
Él no se ríe.
Inusual.
Ella le da una palmada en el brazo y luego lo guía hacia el interior.
Ken cierra la puerta y se dedican a distraer a Daisuke de sus preocupaciones hasta que les anuncia que no quiere perder su vuelo.
Parece más tranquilo cuando se va.
—¿Sabes que estoy pensando? —pregunta Ken.
—¿Crees que Mitsuko dejó a Daisuke? Lo veo improbable. Además, Takeru y Yamato están bien con ello, va a ser difícil que ella encuentre a alguien mejor que nuestro Daisuke. Y tú no estás disponible.
Ken se ríe.
—Pensaba que él quería decirnos cuál era el problema pero se pasó toda la cena mirándote, bueno, no solo a ti...
Miyako suspira.
—Pensé que era mi paranoia de que todos miran mi estómago y se preguntan cuántos niños tengo.
—Por una vez, no lo es —dice Ken, sonriendo en el gesto ofendido de ella, y le da un beso en la frente—. Pero apostaría que tiene que ver con un embarazo.
—Debes ser un detective —Miyako sonríe en la certeza que escucha en la voz de Ken y luego, se congela—. Oh, espera... ¿quieres decir...?
—Es un sentimiento —Ken comenta, en un intento de suavizar la sorpresa que relampaguea en el rostro de Miyako—. Tal vez no sea.
¿Daisuke con un niño…?
No tan increíble como habría sido hace unos meses.
—Si tienes razón... Reiko no será la única en la nueva generación por mucho tiempo. No tendrá mucho tiempo para ser la consentida.
Es sorprendente la facilidad con la que su nombre está grabado en su mente.
Su niña amada.
—Ella aún no nace y todos nuestros amigos ya están intentando malcriarla. Solo espera a que nazca... No creo que nuestra niña tenga problemas para ser consentida.
Miyako no puede dejar de reír.
—Eso debería preocuparnos, ¿sabes?
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Takeru se instala en el sofá con una computadora portátil y Miyako se queda mirándolo desde la sala, confundida por su presencia. Hikari le sonríe con su tranquilidad habitual, totalmente acostumbrada a las vueltas de Takeru.
—Solo trajimos la cena —Hikari explica—. Sabemos que Ken realmente no celebra su cumpleaños.
Miyako asiente con facilidad. Le había dado su regalo a Ken temprano en la mañana y había organizado una reunión para el fin de semana. Por eso no esperaba a ese par.
—¿Y por qué la computadora?
Takeru sonríe con descaro. ¿Es que no tiene un hueso reverente en su cuerpo?
Más tarde, cuando Daisuke se aparece en la pantalla, hay un filo de ansiedad en ellos.
Tiene que preguntar.
—¿Todo está bien, Daisuke?
—Sí...
Hikari y Takeru iban a estar fuera durante un tiempo, un viaje planeado que llevar preparando desde hace tiempo, y habían prometido pasarse un rato para ver a Ken.
Takeru está un poco tenso. —¿Está bien Mitsuko?
Daisuke se ve perdido.
—¿Puedo llamar luego a Ken?
—Claro.
Y él termina la videollamada.
—¿Sabes qué le sucede? —pregunta Miyako, preocupada.
Takeru frunce los labios y Hikari le acaricia el brazo, tranquilizadora. Es como si estuviesen conversando entre ellos.
Takeru suspira y Miyako ve como la tensión se desvanece de sus hombros.
—Mitsuko no quería decirme lo que estaba mal hasta hablar con Daisuke primero.
Miyako piensa en las palabras de Ken y suspira, sin saber que decir. Tal vez deba llamar a su amigo y a Mitsuko más tarde.
Tal vez puede ayudarlos.
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Ken prefiere un cumpleaños tranquilo y ver a sus amigos. Sus primeros días fuera de la academia lo dejan agotado pero él se promete encontrar un equilibrio.
Él tiene a su familia, amigos que lo apoyan constantemente, a su compañero digimon y un presente dulce. Tiene la academia, compañeros en los que confía y una carrera prometedora. Tiene a Miyako que pinta sonrisas en sus días oscuros y tiene una ilusión que crece cada día cuando ve el correr del tiempo.
Así las cosas, no puede pedir mucho.
La vida es buena.
N/A: Reiko y Daiki, el pequeño de Daisuke, tienen unos seis+ meses de diferencia en mis historias así que en un punto tenía que cruzarlos. No quedan muchos capítulos, estoy estimando dos o tres más... ¡Rei-chan es tan impaciente!
Muchas gracias a todos por leer :)
