DISCLAIMER: NADA NADA NADA ABSOLUTAMENTE NADA ME PERTENECE... TODO TODO TODO TODO Y ES HARMONY GOLD Y SUS EMPRESAS ASOCIADAS... YO SOLO SOY UNA VIEJA TRATANDO DE HOMENAJEAR A MIS HEROES DE INFANCIAS. AMEN.


Libro Primero: Karl.

Capítulo Nueve:

El Cruce.

Y me veo en el cruce,

Hacia un mundo que me espera.

Entre caricias y hechizos,

Me empieza a seducir… tentándome a partir.

Soraya


24 de Noviembre 2001, Shamreck Quay Marina Office, Southampton.

Parada sobre el embarcadero, Marlene miraba extasiada el Salona 33, un atrevido crucero regata propiedad de la familia Hayes, el cual desde hace años, Scott y Karl junto a los demás chicos usaban en los circuitos de competición.- y ahora yo también formaré parte de equipo.

Su emoción era tan grande que únicamente tenía ojos para esta belleza de embarcación que en sus sofisticadas líneas sentía que finalmente conseguiría convertirse en una persona de mar. Por esta misma razón pasó casi desapercibido para sus sentidos, el majestuoso Capitán Habag, la otra embarcación orgullo de Donald Hayes, que ha servido de nave de instrucción para todos los niños que han habitado SeaMirror. Desde las entrañas de éste emergió la figura de Lisa cargando consigo una pesada caja llena de papeles.

- No recordaba que fueran tantos informes los que tenía esta caja, Marlene.- le habló Lisa cuando llegó a su lado.- Pero creo que no falta nada… aquí están las copias de todas las bitácoras, reparaciones y mantenciones que le hemos practicado al Salona.

- ¿No me digas que has sido tú la que ha llevado todas estas anotaciones?- le preguntó luego de ojearlos.

- Ehhh sí, te pido disculpas si las primeras anotaciones no son muy claras es que partí haciéndolas cuando muy pequeña… y nadie me ayudó porque a papá le gusta que aprenda la cosas por mí misma.

- Estas anotaciones están buenísimas… tendré mucho que estudiar.- le respondió en una sonrisa.- Pero tengo una gran duda… he mirado con detenimiento este velero y me llama la atención que no tenga nombre… dicen que no bautizar un barco da mala suerte.

El rostro de Lisa se sonrojó ante las palabras de Marlene que no entendió mucho su reacción.

- Sí tiene nombre… lo que sucede es que…- guardó un instante silencio, le avergonzaba el tener que explicar la situación del nombre del velero.- Cuando papá lo compró este ya traía un nombre… se llama Queen Elizabeth.- Lisa miró hacia el suelo y habló en un tono susurrante.- Yo me llamo Elizabeth… nunca me ha agradado mi nombre... en esos años yo era una niña bastante caprichosa y dije que no me subiría a un velero con un nombre tan horrible… Karl sin importarle los regaños iracundos de mi padre, pintó la parte donde iba el nombre borrándolo… y desde ahí los chicos y yo lo llamamos Salona… me da pudor reconocer que en ocasiones podía transformarme en un verdadero fastidio.

Una tenue sonrisa apareció en la pálida faz de la chica. Definitivamente su primo tenía razón, a pesar de las apariencias Lisa tenía un encanto muy especial y sutil que se colaba ligeramente casi sin que uno pudiese percatarse. Además era una chica muy dulce, claro ejemplo de ello era que hubiese accedido sin protestar a levantarse a las cinco de la mañana para traerla al embarcadero y que se familiarizara con el velero antes de su primera salida de entrenamiento.- no te dejes guiar por la primera impresión.- Le había advertido Karl y menos mal le había hecho caso, de lo contrario jamás hubiese descubierto que detrás de esa mirada dura y determinante había una chica con un corazón muy cálido y acogedor.

- Tu mamá… ¿por qué no se quedó con nosotras…?

- Le da miedo… cuando salimos con papá no tiene problemas en acompañarnos incluso ha salido más de una vez con nosotros… pero cuando estamos solos… sufre demasiado pensando en las más terribles tragedias que pueden caer sobre nosotros por lo que prefiere mejor retirarse…

- No te creo.- con una sonrisa incrédula.- ¡Mamá es exactamente igual!… Jamás quiso verme competir.

- Debe ser cosa de madres, ¿no crees?

Le respondió girando su vista al mar. Algo en su pecho se oprimió, el viento estaba muy extraño el día de hoy. Sabía que por la tarde estaba anunciada una tormenta, por lo que contaban con unas cuantas horas para navegar tranquilamente. Pero su instinto le decía que debían quedarse en tierra.- las olas traen mucho olor a sal.- Pero la decisión no corría por ella, Scott era el capitán y había dicho que debían navegar en aguas difíciles, sino jamás estarían en condiciones de ganarles a los equipos profesionales. La niña agitó su cabeza tratando de alejar sus preocupaciones.

- Es tan emocionante ver que nuestro equipo está completo… al fin tendremos un Proel de verdad.

- Yo también estoy muy emocionada… Karl me dijo que han sido tú y Scott los que se han divido en esa labor.

- Así es… únicamente hemos tenido galletas en esa posición.- asumió Lisa con un poco de modestia al mostrar su amateurismo.- Pero ahora no podemos dar ventajas, sino no llegaremos a los Juegos Olímpicos Juveniles.

- No te preocupes, he llegado justo a tiempo…

Le respondió Marlene con un divertido tono de ufanidad

- Es verdad… eres una verdadera bendición.

Esta atroz franqueza hizo ruborizar a la muchacha que no esperaba una respuesta tan directa de parte de Lisa. Y antes de empezar a sentirse como una idiota decidió cambiar de tema.

- Qué impresionante es la galería de honor… cuando anoche me la mostró tu padre no podía creer que todas esas personas pertenecieran a tu familia ¿debes de sentirte orgullosa?

- Una vida entregada al servicio es digna de todo orgullo.-le respondió en forma solemne.

La chica quedó mirando a Lisa con cierta envidia, todo aquello que ella deseaba conseguir en la vida estaba resumido en esa simple frase que le acababa de decir la muchacha de los intensos ojos verdes. ¿Cómo era posible que con semejante carga familiar ella no sintiera el llamado del deber? Si se veía que con sus doce años ya era un experimentado marinero y que al igual que ella no renegaba de la llamada del mar. A pesar de ser mujeres metidas en un mundo dominantemente masculino.

- Por tu respuesta puedo colegir que quizás te incomoda el tema de tu familia… ¿es mucha responsabilidad?

- ¡Oh… no me incomoda para nada!- se apresuró en contestarle.- Al contrario me hace sentir orgullosa… es que papá nos repite siempre que lo importante no son las proezas sino la fidelidad al deber… ese es el verdadero orgullo que sentimos como familia… ¿me entiendes?

- Por eso el lema del escudo reza: "Deber y Sacrificio".

Les puntualizó Scott, que apareció por detrás de Marlene. Ésta al percatarse de su presencia se giró solícita hacia él, comprobando que el resto de los varones venían acompañándolo. Una involuntaria carcajada sale de su boca al ver el rostro lleno de modorra que cargaba Ben.- cómo se nota que él no es un Hayes.- Pero al parecer eso es lo que más apreciaban Scott y Lisa de este muchacho, profesándole una abierta predilección, sobre todo esta última.

- ¿Chicas era necesario levantarse tan temprano? El océano no se iba a mover a ningún lado.- protestó Ben entre bostezos.- Scott ni siquiera me permitió desayunar.

- No rezongues tanto Ben, que no contamos con muchas horas antes de que el clima se deteriore aún mas.- le regañó Scott y girándose hacia Marlene.- Espero que Lisa te haya instruido con lo básico… porque saldremos de inmediato ¿te sientes preparada?

- Por supuesto.- con cierta coquetería.- ¿Y tú?

El joven carraspeó complicado y se dio la media vuelta ágilmente, para que la muchacha no viera el rubor que teñían sus mejillas.

- Pero muchachos ¿dónde está esa vela? Debemos desplegarla de inmediato si queremos salir esta mañana.- vociferó Scott a todo pulmón alejándose rápidamente de Marlene.

En la siguiente media hora los muchachos se ocuparon de atender con eficiencia cada una de sus labores, tales como alistar los aparejos de la embarcación o revisar la funcionalidad de los equipos. Scott por su parte como capitán le correspondía todo el papeleo burocrático que se debía llenar en la Oficina de Marina. Apenas tuvo evacuado este trámite el joven estudiante reunió a su tripulación para discutir con ellos la táctica de navegación que emplearían.

- … entonces para eso necesito que tú Karl junto a Ben icen la vela cuchillo en la proa.- mirando a su prima.- ¿Qué opinas Lisa? ¿el clima amerita que naveguemos con rizos?

La muchacha se llevó uno de uno de sus dedos a los labios, pensando concienzudamente que respuesta le daría a Scott.

- Esa está difícil, la presión atmosférica se mantiene estable, pero la velocidad de barlovento sigue aumentando de manera constante mmmmmmm… creo que por seguridad sería mejor recogerlos, Scott.

El mayor del grupo asintió serio y dio por terminada la reunión ordenándole al grupo que se alistaran en sus puestos para el zarpe. Marlene por su lado se sentía excitadísima y antes que cualquiera tomó su lugar como proel del Salona ajustando de inmediato la envergadura del Génova. De reojo observaba a Karl y Ben cómo desplegaban las velas.- son unos magníficos escoteros.- Se dijo sintiéndose cada vez mas emocionada.

- Estoy segura que nos coordinaremos de maravilla, Marlene.- le habló Lisa con una lenta sonrisa en su rostro, a la vez que le entregaba su chaleco salvavidas y guantes.- Lo único que lamento es que el clima únicamente nos permitirá estar unas horas dando vueltas por la bahía.

- No te preocupes, este no mas será la primera de muchas salidas al mar.- sonriéndole también.- Sabes, tengo curiosidad en ver cómo trabajas… eres el piano más joven que he conocido.

Lisa iba a corregirle mas no alcanzó a hacerlo, ya que tuvo que salir a apoyar a Karl que apenas se sostenía luego de un desmedido jalón que le diera Ben a la vela de proa embolsando peligrosamente una fuerte ráfaga de viento.- Lisa tiene razón, el mar está bastante picado.- Coligió Marlene mirando por sobre sus hombros las oscuras aguas del mar de Southampton, tan distintas a las esmeraldinas tonalidades que tomaba el océano allá en Sídney.

- Bueno muchachos, es hora de Zarpar.

Les mandó Scott y como verdaderos profesionales el quinteto de adolescentes se arrimó a sus funciones, haciendo que la salida de la bahía del Salona fuera limpia y expedita. Cuando ya estuvieron en aguas abiertas la chica de ojos castaños se dio un respiro para observar a Scott con una poca disimulada expresión de admiración. Desde que su primo comenzó a platicarle sobre él, se despertaron en ella unas ganas locas en querer conocerlo. En más de una ocasión pensó, eso sí que las tan altas expectativas se la comerían, pero hasta el momento el muchacho sobrepasaba con creces la imagen que se había construido de él.

- ¡OLA!

Gritó de súbito Marlene, cuando notó cómo el Salona se trepaba en una gran ola que los embestía de lado. Y mientras todos tomaban reguardo ante la advertencia, Ben por el contrario estiró lo más que pudo su cabeza y con total desenfado estrelló su cabeza contra la pared de agua, dejando que el salado líquido bañara su rostro y escurriera espumoso por su cuello.

- ¿Me creerías que cuando lo conocimos ni siquiera sabía nadar?- le dijo Scott a Marlene sin despegar su vista del frente.- Y al mar simplemente le tenía horror.

Este comentario lo hizo sin descuidar su posición de timonel dando constantemente instrucciones a cada uno de los chicos.- es un líder innato.- Concluyó en silencio la prima de Karl mientras sus expertas manos preparaban las drizas del SPI para Lisa. En ese momento se percató que la jovencita tenía una extraña expresión en sus verdes ojos.

-¿Todo bien, Lisa?

- Hay mala mar… el oleaje es muy fuerte.- dirigiéndose a Scott.- Creo que mejor deberíamos regresar antes de adentrarnos más.

- Comunícate con la guardia.- le respondió Scott, justo cuando una ola particularmente violenta los golpeó por el lado.- Dale nuestras coordenadas y pide instrucciones.

En el mismo momento en que el muchacho dejó de hablar, una pesada lluvia comenzó a caer.- esto no está nada bien, el mal clima debía llegar a las ultimas horas de la tarde.- Scott apretó fuertemente sus mandíbulas, no había tiempo que perder, debían llegar lo antes posible al embarcadero, si no fondeaban en los próximos minutos, todo para ellos se iría cuesta arriba.

- Karl, Ben… estén listos a cazar las velas… a mi orden brazas a ceñir.

Y luego de acomodar la embarcación dio la orden, pero el viento estaba demasiado revuelto el viraje no logró ser lo suficientemente rápido siendo un tanto brusco para el Salona, haciendo que la vela de este se abombara quedando a merced de las olas que los golpeaban con tal fuerza, que si no es gracias a la pericia de Scott lo más probable es que hubiesen terminado con su velero boca arriba.

- ¡Aseguren la vela de proa!- gritó Scott a la vez que la lluvia se intensificaba minuto a minuto.- Ben… Karl… afirmen sus posiciones no quiero tener hombres al agua.- berreando por sobre su hombro.- Lisa… Marlene ¿se encuentran ustedes bien?

Ambas chicas contestaron afirmativamente con entereza, no se amilanaron ante el cambio tan brusco del clima, que de la nada los enfrentó a esta tormenta. Pero a pesar que todo el grupo se mantenía férreo en sus convicciones, las malas notician recién estaban comenzando.

- Scott, la radio no funciona.- le gritó Lisa.- No tenemos ninguna señal… el equipo está muerto.

- ¡Bloody Hell! Necesitamos fondear sea como sea.- vociferó el mayor de los Hayes.- Vamos muchachos, este es el momento de demostrar de que estamos hechos, hagamos sentir orgulloso a tío Donald y tapémosle la boca a todos esos adultos que dicen que no somos capaces de navegar.

- ¡Síii…!

Le respondió con fuerza Ben, que era muy susceptible a estas arengas. Pero éste no sabía que el joven capitán uso esta retórica para infundirles valor y seguridad, la cual él estaba muy lejos de sentir, sabía que si se mantenían atascados en ese nudo de vientos no resistirían mucho más.

- Scott, la presión sobre el mástil es demasiada.- le gritó Karl de modo apremiante.- No vamos a conseguirlo.

Era verdad, unos angustiantes y poco saludables crujidos provenientes del mástil ya habían advertido a Scott que la cosa estaba llegando a un punto crítico.- soy el capitán… de mis decisiones dependen las vidas de ellos.- Pero a estas alturas y en estas circunstancias ¿qué es lo que podría hacer?

- Lo debemos intentar una vez más.- con una mueca que destilaba seguridad.- Y si esto no les gusta chicos, les advierto que la opción que nos queda es aún peor.

Y una vez más los muchachos intentaron hacer frente a las olas y al viento. Pero no por nada el mar de Southampton era uno de los más respetados por los navegantes ingleses. Y aunque esta vez los jóvenes dieron lo máximo de sí, era esta una lucha de David contra Goliat, por más ganas que le pusieran, el fiero mar no les dio chance. Y contra todos sus deseos Scott tuvo que ceder… era eso o perder a toda la tripulación en plena tormenta.

- Karl, Ben… suelten los rizos de proa.

- ¿Pero qué estás diciendo?- saltó Karl indignado.- Si hacemos eso… el viento nos embolsará mandándonos mar a dentro.

- Por supuesto y de esa manera escaparemos de la tormenta. –le replicó Scott haciendo fuerza con el timón.- Esta tormenta es producto del cambio de presión… en unas cuantas millas estaremos libres de ella.

Karl no estaba convencido, irse mar a dentro sin la certeza que el clima estuviera mejor era algo sumamente riesgoso, sobre todo ahora que se encontraban sin comunicación en el equipo de radio.

- ¡Cuidado… mástil de proa!

Gritó con todas sus fuerzas Lisa, al percatarse como los aparejos de este se desprendían cayendo pesadamente sobre la cubierta. Por fortuna ninguno de ellos salió herido… pero lamentablemente el Salona no podía decir lo mismo.

- Ya no hay tiempo para discutir más, con el mástil de proa en estas condiciones no podemos hacerle frente a la tormenta.- apuntó Lisa urgiéndolos a que tomaran una decisión.

- Sin contar que esos aparejos llegaron hasta el fondo… espero que no nos estemos haciendo agua.- acotó Marlene con un tris de angustia en su voz.

Todos se quedaron sin aliento ante la precisión hecha por la muchacha. De ser ciertas sus suposiciones ya no les quedaba de otra… debían ir mar adentro. Si iban a naufragar, en una tormenta no tenían ninguna oportunidad… mar adentro, sin tormenta, tendrían al menos unas cuantas horas.

- Suelten los rizos.- ordenó Scott.- Cuando la tormenta amaine buscaremos la costa hasta dar con el embarcadero.- girándose hacia Lisa.- Toma las cotas de la más alta marea, si se caen los instrumentos no me quiero quedar a ciegas.

- Los he tomado desde el zarpe… no te preocupes yo también quiero volver a casa.

Le respondió la muchacha con toda calma, Scott se dio el tiempo para sonreír orgulloso, Lisa se había convertido en una tripulante digna de confianza.- quizás debería relevar a Karl en su puesto de primer oficial.- Pensó con un dejo de malicia, justo antes que una ola diera en pleno corazón de la quilla haciendo que el Salona casi se volteara de campana. Únicamente por la rápida respuesta de los escoteros que ajustaron las velas al viento pudieron mantenerse boca arriba.

- Hombre al agua.- gritó a todo pulmón Ben.- ¡Hombre al agua!

Scott se dio la vuelta con violencia a su costado para comprobar quién y dónde había caído.

- Santo cielo… ¡Marlene!


24 de Noviembre del 2001, Annapolis, Maryland.

Su desvencijado discman volvía nuevamente a tocar todos los temas desde el inicio. Pero Claudia decidió que ya era suficiente por hoy, debía darle algo de descanso a su aparato si lo que deseaba era escuchar música a la vuelta del viaje. Guardando sus audífonos vio por la ventana del autobús que finalmente habían llegado a la famosa Academia de la US. Navy a la cual mucho de sus compañeros querían ingresar.

- Se ve un lugar en verdad imponente.- dijo en voz baja mientras descendía del transporte junto a los demás chicos.- Y muy agradable.

La muchacha de morena tez, venía junto a su curso del Instituto Carson a una visita guiada por las dependencias de Annanapolis, ya que en razón del convenio que poseía su casa de estudio con la armada, muchos jóvenes del instituto optaban por cursar su último año en estas dependencias para continuar de inmediato con la carrera de oficial de marina.

- Todos tomen sus posiciones en la fila, ahora nos dirigiremos al patio principal donde nos esperan para darnos la bienvenida.

Y con una marcialidad digna de los cadetes de esta Academia, los alumnos del instituto se formaron en una perfecta columna que se desplazó cruzando todo el ancho patio de la entrada. Claudia estaba tan concentrada en la bonita arquitectura del lugar que no se percató de que un grupo de cadetes estaban haciendo un gran alboroto de silbidos y cumplidos que lanzaban a cada integrante femenino del grupo que desfilaba frente a ellos.

- Pelmazos.

Cuando fue el turno de Claudia de recibir la horda de piropos y agasajos, ella ya tenía preparada una especial respuesta para ese grupo cargado de descontrolada testosterona. Pero la presencia de unos luminosos ojos azules acompañados de una torcida sonrisa la desarmó por completo.

- Bienvenida señorita.

Claudia era una joven con bastante temple y no se dejaba impresionar con facilidad. Pero esa mirada… esa voz profunda del hombre que tenía enfrente le había impactado. Quizás influyó esa postura media desfachatada simulando que se cuadraba frente a ella rindiéndole honores o tal vez esa actitud arrogante que se desprendía de esa mirada azul que se perdía entre los mechones rubios de su cabello. Para ser sinceros ella no se detuvo a analizar qué es lo que la dejó así, de lo único que tenía certeza era del rubor que se apoderó de sus mejillas cuando este le guiñó un ojo antes de alejarse de ella.

- Es un placer recibir a otra generación de destacados alumnos del Instituto Carson.

Les habló un acartonado oficial que se notaba en sus modos que se sabía de memoria el discurso que debía darles a los jóvenes estudiantes. Por su parte la chica de ojos color miel miraba de soslayo al cadete que la había abordado unos minutos atrás y que ahora se encontraba parado a la izquierda del oficial.- es un completo descarado.- Pensó frunciendo duramente sus labios, porque ahora ya repuesta de la impresión, una peligrosa ofuscación iba colmando su cabeza ¿Qué clase de degenerados están aceptando en la Academia Naval que se ponen a lisonjear con niñas que apenas cumplen 16 años de edad?

- … lo cadetes Archer y Fokker que se encuentran a mis costados serán sus guías por las distintas dependencias e instalaciones de nuestra escuela matriz.- sonriendo condescendiente.- No duden en consultarles cualquier cosa... ellos están capacitados de responderles, a pesar de su juventud son nuestros mejores prospectos.

Los ojos de la muchacha se asestaron fieros sobre el aludido cadete.- así que te llamas Roy Fokker.- Susurró ella quedamente casi sin mover sus labios. Sin dejar de observarlo se percató que si se le comparaba con el otro cadete, este tal Fokker no era tan joven. En honor a la verdad él se veía todo un hombre comparándolo con Archer, que parecía un espigado adolescente más cercano a ella en cuanto a sus años.

- …Vamos a dividirnos en dos grupos.- seguía diciendo el oficial.- Uno a cargo del cadete Archer…

El rubio aspirante a oficial volvió a mirarla y una secreta sonrisa apareció en su rostro. Claudia sintió como su corazón saltaba ante este insignificante gesto. Y dando vuelta bruscamente su rostro se reprendió a sí misma, estaba actuando como una boba.

- Señorita tendría la amabilidad de acompañarme.- le invitó Roy apareciendo inesperadamente delante de ella.- La excursión por la academia está por comenzar.

La sonrisa de su rostro era tan arrogante que Claudia sintió como todos sus nervios hervían de furia y girando su cuerpo en un claro gesto de indiferencia le dio la espalda al osado y atrevido joven que tenía delante.

- Prefiero ir en el grupo del cadete Archer si no le molesta.

- Pero cómo te voy a creer que prefieras irte con él.- sonriendo maliciosamente.- No está bien que yo lo diga, pero él es un tipo frío y aburrido… en cambio yo puedo hacer de esta una experiencia inolvidable.

Ahora sí Claudia había llegado a su límite, ¿qué se creía este tipo hablándole a ella en ese tono tan lascivo que la avergonzaba ante el resto de sus compañeros que ya la miraban con sorna?

- No sé qué es lo que usted piensa, pero a nadie le permito que me trate en ese tono.- cruzando sus brazos a la altura de su cintura.- Y menos a alguien que no conozco y que menos aún me conoce.

- Pero si yo te conozco.

Le respondió el muchacho, dejando totalmente descolocada a Claudia.

- Pues si te conozco… tú eres Claudia Grant.- sonriéndole satisfecho al ver la conmoción que en ella provocó.- Más conocida como la gacela negra… muy sugerente tu nombre artístico.

- ¿De dónde me conoces?

- Pues si eres toda una celebridad… hace poco rompiste el record juvenil en doscientos metros planos y eres la gran esperanza de medallas para nuestro país en las próximas olimpiadas juveniles… tu fotografía sale siempre en los periódicos, pero debo decir que en persona te ves como todo un primor.

La morena no daba crédito a lo que estaba oyendo ¿él la conocía? Pues al parecer sabía perfectamente quién era. Un pudor infantil comenzó a carcomerla, por alguna razón le molestaba que él supiera que era una atleta… por lo que ni siquiera reparó en que Roy la había llamado primor y que seguía mirándola de esa forma lasciva que a ella le molestaba. En su mente sólo cabía la idea de que él la conocía.

- Y entonces qué dices, ahora que ya nos conocemos ¿me dejarás que te muestre las maravillas de Annanapolis?

- Ya le dije que prefería hacer este recorrido con el grupo de Archer.

Roy se limitó a levantar sus hombros en gesto indiferente, como si su respuesta en verdad no le importase tanto.

- Lástima… supongo que no siempre se gana.

Y dándose la vuelta sobre sus talones se alejó de la muchacha quien quedó sorprendida que este tipo se alejara así sin más, sin insistirle para que lo acompañase.- qué sujeto más extraño.- Y dirigiendo sus pasos hacia el grupo del otro cadete, no dejaba de pensar en lo sucedido. Y para sorpresa de sí misma se dio cuenta de que se sentía ofendida. Quién lo hubiese creído, ella tan controlada y mesurada, por culpa de ese arrogante ahora su mente estaba llena de sensaciones e imágenes que dieron vida al monótono quehacer de sus pensamientos. Haciendo que Claudia quedase intrigada y con ganas de averiguar quién era ese dichoso Roy Fokker.


24 de Noviembre del 2001, Mar de Southampton.

Lentamente los rayos del sol se iban extinguiendo en el fondo del mar dejando tras sí un anaranjado recuerdo en el espeso cielo nocturno cargado de estrellas. La tormenta se había terminado o más bien luego de mucho esfuerzo ellos lograron dejarla atrás. Pero a un costo bastante alto, eso lo sabía perfectamente Marlene que con sus dedos temblorosos aún no conseguía que su cuerpo entrara en calor, eso a pesar de la gruesa manta que la cubría.

A su lado y en silencio permanecía Scott, quien también debía de estar con los huesos entumecidos, ya que sin siquiera pensarlo a penas la vio caer al mar, saltó a su rescate, ignorando por completo los peligros que corría. De sólo recordar cómo esas aguas la envolvieron tal como si se tratase de un pesado manto, hizo que el cuerpo de la muchacha se volviera a estremecer. La mente de Marlene de manera porfiada se empeñaba en comparar las aguas de Southampton con las de Sídney que de tan tibias se sentían como una caricia comparadas con estas.- al menos aquí estaré segura de los tiburones.- Se dijo para sí tratando de darse ánimo.

- Toma Marlene, esto te hará sentir mejor.

Era un tazón de café bien cargado que Lisa le entregó a la muchacha, que apenas sintió el aroma vio como todo su cuerpo revivía ante la visión de la tierra prometida. Y mientras bebía se daba cuenta como poco a poco sus músculos comenzaban a destrabarse, el calor iba surtiendo efecto en ella y todo eso gracias a los cuidados de la prima de Scott, que ahora le acomodaba otra frazada en su cuerpo.

- No gastes energía calentando tus brazos, mejor posa tus manos sobre tu pecho, manteniendo esa zona caliente veras que te sentirás mucho mejor.

La muchacha agradeció con sinceridad todas las atenciones que Lisa había tenido para con ella. Pero miró bastante preocupada a Scott que se mantenía erguido al lado de ella con su rostro inexpresivo y sin más cobija que su chaleco salvavidas.

- Scott, ¿tú no quieres una frazada?- le sugirió Marlene.- Tú también estas mojado.

- No quieras ofender a Scott.- le respondió Lisa en una gentil sonrisa.- Él es un chico rudo, este frío no es para más que un agradable día de primavera para él.

Scott le dio un seco gruñido a su prima, que al ver su reacción morigeró un tanto su tono pero no borró un ápice de su sonrisa. Le parecía tan insólito ver a Lisa tan distendida en medio de la debacle en que se encontraban, por lo general en una situación similar su genio tendía a explotar. Al parecer los años habían terminado por templar su carácter.- no… no es eso.- Se dijo para sí, sin dejar de estudiarla. Cuando Lisa se encontraba en alta mar dejaba atrás ese errático comportamiento que de pronto mostraba en tierra.- aquí siempre se le veía más feliz, animada y segura de sí misma.- Sin lugar a dudas este es el lugar que ella debe ocupar, no importa lo que diga tía Sarah, sí tan solo pudiera mantenerse igual en el cotidiano de sus días estaba seguro que a su prima le iría mejor en la vida.

- Scott.- le habló Lisa adoptando un tono más marcial.- con Karl y Ben estamos despejando los escombros, por suerte no hay ningún daño de gravedad. He seguido intentando establecer comunicación con la Marina pero no hemos tenido éxito.- tratando de sonar más animada.- En unos minutos más los llamaré para que desciendan a la cabina…ambos necesitan descansar.

- Yo no bajaré alguien debe quedarse haciendo la guardia.- puntualizó Scott.

- De eso no te preocupes, Karl y yo haremos la primera ronda… si mis cálculos son correctos debemos estar en la ruta de los transfer por lo que es cosa de tiempo que nos topemos con alguna embarcación.- como viera que Scott iba a protestar.- Si no eres capaz de quedarte tranquilo puedes ayudar a Ben que seguirá intentando comunicarse por la radio quizás ellos si puedan oírnos.

-Veo que tienes todo organizado… hasta sus protestas.

Le destacó con una sonrisa de admiración Marlene, que estaba impresionada de cómo esa jovencita con toda propiedad organizó el caos que quedó en el Salona después de la tormenta. Lisa por su parte se sintió incómoda ante las palabras de la muchacha por lo que se apresuró en corregirla.

- Te equivocas, es Karl el primer oficial… yo sólo he ayudado.

- No seas modesta Lisa, ya hemos hablado de eso antes.- le interrumpió Scott.- Y está bien haremos las cosas tal cual como ustedes la tienen organizado.

Lisa agradeció las palabras de su primo y se dispuso a salir rumbo a la cabina. Pero un brillo malicioso apareció en sus ojos verdes y con una pose de fingida preocupación, mientras se alejaba de ellos le comentó:

- Te necesitamos con todas tus fuerzas… si llegamos a mañana sin contactos deberemos usar tu ingenio, así que podrías ir desempolvando tus recuerdos de Mc Gyver.

Las risotadas de Karl y sobre todo las de Ben llegaron a los oídos de Marlene que mirando interrogante a los chicos, vio como estos se escondían tras la cabina. Se giró hacia Scott y notó que el rostro de este estaba ardiendo.

- ¿Mc Gyver?

- No hagas caso… son sólo tonterías.- masculló entre dientes.- Tropa de impertinentes.

La muchacha se sonrió divertida, pero decidió que era mejor dejar el tema hasta aquí, ya podría más adelante averiguar qué era eso de Mc Gyver.

- Vaya, Lisa es increíble, tiene todo organizado… aún me cuesta creer que tenga apenas doce años.- le dijo ella para sacarlo del tema. Y bebiendo un sorbo de su café.- Aunque no quiera reconocerlo.

- Desde pequeña Lisa ha mostrado tener grandes habilidades.- le respondió el muchacho con sus ojos clavados en lo profundo del mar.- Su desempeño como piano en el equipo es extraordinario, siempre me pregunto de dónde saca la fuerza si su cuerpo es tan delgado.

- Tú también eres sorprendente Scott.

La afirmación tomó de sorpresa al adolescente que se atragantó con su propia respiración. Teniendo que voltearse hacia el ángulo contrario para poder aclarar su garganta. Luego de eso Marlene pudo notar que una clara decepción había en sus ojos y tomando asiento al lado de la muchacha tiró lejos unos cascajos.

- Qué dices… ¿encuentras sorprendente que los tenga a todos ustedes aquí varados en medio de la nada… esperando nada?

- Ustedes los Hayes son tan dramáticos.- le dijo entre suaves risas.- Claro que eres un chico sorprendente, gracias a tu gran habilidad lograste sacarnos de esa tormenta… y… cuando yo por mi descuido caí al mar, no dudaste en saltar a rescatarme.- mirándolo con ojos brillosos.- Tienes pasta de héroe Scott Bernard.

Scott miraba de manera intensa a Marlene, la vehemencia con la que ella le habló, lo habían dejado sin saber que decirle. Bajó la vista tratando de volver a su punto de autocontrol y de manera mecánica le respondió.

- Hice lo que me correspondía… no iba a dejarte.

- Y me alegra que lo hicieras.

Le habló en un tono tan sutil que Scott ni se percató como o cuando ella se acercó a su rostro y le regaló un tierno beso en la mejilla, que hizo despertar todos los sentidos del adolescente haciendo que una efervescencia lo recorriera por entero. Cuando finalmente atinó a decirle algo ya era demasiado tarde, ella se encontraba de pie mirándolo de una forma que ya se estaba haciendo familiar entre ellos.

- Sabes Scott, me encanta ir al cine, también dar paseos por el parque, eso sí no me puede faltar un cono de helado de vainilla.

- ¿Por qué me cuentas eso?- le preguntó a la vez que se ponía de pie muy cerca de ella.

- Pues por si alguna vez quieres invitarme a salir.- y acercándose un poco más a él.- Espero que lo hagas pronto Scott.

Decir que el joven quedó impactado con las palabras de ella, era simplemente quedarse corto. La cara de desconcierto en él era tan grande que Marlene no puedo evitar reír de manera cómplice, logrando en algo despabilarlo.

- No me mires así, que no es tan terrible salir conmigo.

- Discúlpame Marlene, no quería que pensaras eso… para nada debe ser terrible…

La chica lo miraba jugando a ser que no le creía mucho lo que le estaba diciendo.

- Está bien te creo… ya luego hablaremos de eso.- estirándole su mano.- Ahora me conformo con que me acompañes a la cabina… Lisa nos está llamando.

Sin siquiera pensarlo se aferró a la mano de ella y la siguió como embrujado, sin importarle que cuando pasaron por el lado de Karl y Lisa lo quedaran mirando con la burla pintada en su cara. Porque a pesar de la compleja situación que estaban viviendo, era este un día muy especial para Scott.

- Creo que si Scott no se cuida terminará completamente perdido por Marlene.

Le dijo Karl a Lisa, mientras veían como los aludidos desaparecían de su vista dejándolos a ellos completamente solos en la cubierta.

- ¿Tú crees que a Marlene ya le gusta Scott?… Si tan solo lo conoció ayer.

El muchacho guardó silencio, no pondría en evidencia a su prima que en cuanto vio la primera fotografía de Scott allá en Melbourne le llamó de inmediato la atención. Karl agitó su cabeza, no ere este momento para estar preocupándose de estas cosas, les esperaba una larga guardia que debían cubrir.

- ¿Te pusiste la gabardina que te pase Lizzie? Esta noche será muy helada.

- Sí la traje.- poniéndosela en ese mismo acto.- También traje las linternas, la bitácora y luces de bengalas por si tenemos que hacer señales.

- Veo que trajiste de todo.- con una mueca divertida.- Pero olvidaste lo más importante.- ella lo mira interrogante.- Chocolate.

Al decirle esto le mostró dos grandes barras de chocolate. Lo que hizo sonreír de inmediato a Lisa que tenía una gran debilidad por este dulce. Y meneando su cabeza divertida tomó asiento en el suelo apoyando su espalda en la estructura del mástil. Karl imitando sus movimientos se sentó a su lado apegando su cuerpo al de ella.

- Así sentiremos menos frío.- se justificó al ver la expresión complicada, conocía tan bien a Lisa que sabía que el contacto físico no era lo suyo.- Esta noche será demasiado cruda, por eso me preocupé de abastecerme con una gran cantidad de chocolates… come tranquila tenemos suficientes para toda la noche.

Lisa no dijo nada, en silencio dio un par de mascadas a su barra de chocolate. Se sentía nerviosa de tenerlo tan cerca, ahora que era consciente de sus sentimientos, todo tomaba un cariz muy distinto para ella. Girando su rostro hacia él reparó que no había dejado de mirarla durante todo este tiempo y le sonreía de una manera que le resultó cautivante.

- ¿Qué sucede…? ¿Por qué me estas mirando de esa manera?

- Es que siento que han pasado siglos desde que no estaba así contigo.- acercándose involuntariamente a ella.- Y no sé por qué razón tengo la impresión que algo ha cambiando en ti durante este tiempo… puede ser el hecho que estas más bonita… más bonita que nunca Lizzie.- bajando sus ojos.- Lamento mucho el haberme alejado así sin dar explicaciones, espero puedas entenderme.

La joven adolescente se sentía tan turbada ante la fuerte presencia que Karl ejercía sobre ella, que en un brusco movimiento alejó su rostro de él y sin mirarlo nerviosamente comenzó a enarbolar una respuesta.

- No tienes que disculparte, ni menos darme explicaciones… nosotros no somos nada, únicamente amigos. Eres el amigo de Scott hablando de modo más específico.

Sin haberlo deseado la respuesta de Lisa sonó dura y muy fría. Tales eran sus ganas de alejar cualquier señal que la dejara en evidencia que no midió las consecuencias. Y como en tantas otras ocasiones sus palabras fueron más allá de sus intenciones, dejando en Karl una sombra en sus ojos que ella pudo percibir a pesar de la oscuridad de la noche.

- Karl… yo no quería…

- No te preocupes Lizzie.- sonriéndole resignado.- Yo te entiendo y sé lo que querías decirme.

La rabia se adueñó contra sí misma, ¿Cómo era posible que ni siquiera con Karl ella pudiera mostrar un poco de amabilidad? Mordiéndose su labio inferior apretó fuertemente sus ojos, debía de poner de su parte y esforzarse para que él pudiera ver más allá de lo que ella era. Suspiró con desaliento, pero para eso ella primero debía confiar en Karl… abrirle su corazón.

- Karl, por favor déjame explicarte.- le dijo con su mirada gacha y manos apretadas. Demostrando el esfuerzo que esto significaba para ella.- Yo no quise decir que tú no significaras nada para mí.

Un fuerte dolor de estómago producto de sus nervios le impidió seguir hablando. Pero ella ya había tomado una decisión y llenó de aire sus pulmones como si estos portaran pequeñas dosis de valor y se obligó a continuar.

- … tú eres una persona muy importante para mí y…- no se atrevía a terminar.- Por favor no vuelvas a alejarte así, te extraño mucho cuando no estás cerca.

Sintió que casi se desmayaba al decir esto, tenía un pavor atroz de ver la reacción de Karl.- quizás exageré y fui muy explícita.- Se recriminó sintiendo de súbito unas fuertes ganas de llorar. Pero justo cuando sentía que colapsaría, los dedos de Karl acariciaron delicadamente su mejilla. Y tímidamente los ojos verdes de la jovencita se alzaron para encontrarse con los de Karl que la miraba con… ternura.

- Tú también eres muy importante para mí, Lizzie.

Le susurró él lentamente dejando que esas palabras flotaran entre ellos y pudiera de ese modo internalizarse en ella, que pudiera creerle que lo que le estaba diciendo era verdad. Sin dejar de acariciarla quedó mirándola.- sin ti todo lugar es solitario.- Pensó en un lapsus de debilidad. Es que sentía que después de mucho intentarlo al parecer al fin las ataduras que les impedían ir más allá empezaban a aflojarse.

- ¿Te molestó creer que Marlene era mi novia?- le preguntó alejando su mano de la mejilla.- Es por eso que te portaste de ese modo con ella cuando te la presenté.

Lisa no fue capaz de enfrentarlo y con un solapado movimiento de cabeza, ella respondió afirmativamente la pregunta hecha por él.

- ¿Me podrías contar por qué te molestó tanto… Lizzie?

La voz del muchacho era calmada y muy acogedora, le hizo sentir a Lisa que en él podía volcar su alma. Levantó sus ojos y creyó ver en ellos que él era la única persona que en este mundo capaz de comprenderla. Pero a pesar de ello no podía confesarle que todo su comportamiento se debió a los celos que sintió al verlo con Marlene, eso era demasiado para ella… era confesarle tácitamente los sentimientos que por él tenía. Por eso, muy a su pesar tuvo que negarse a la petición de Karl.

- ¿Es que acaso no confías en mí?

El tono de Karl denotaba decepción lo que alarmó a la jovencita que se precipitó sobre él vaciando su mirada en esos ojos grises que tanto le gustaban.

- No es eso, Karl... yo…- bajando el tono de voz.- Yo quiero confiar en ti… necesito confiar en ti. Pero necesito tiempo, es que hay algunas cosas de las cuales aún no puedo hablar contigo.

El joven Riber se sintió tocado con esa confesión, la sintió de una inocencia y franqueza que sólo alguien como Lisa podía decirlas, y más importante aún, sentirlas. Acomodó su cuerpo un tanto tullido por el frío, pensando que lo mínimo que podía hacer por ella era respetarles sus ritmos y sus tiempos… únicamente debía ser paciente.

- Karl…

Le habló de pronto ella, después de un largo rato en que ellos se mantuvieron en silencio mirando la inmensidad del océano que se perdía en la espesura de la noche, haciendo imposible distinguir donde empezaba el cielo o terminaba el mar.

- Si comenzamos hablando de a poco… quizás de cosas más sencillas, a mí ya no me costaría hablar…hablar de las otras cosas.

Karl guardó silencio, lo que hizo que Lisa se arrepintiera de haber dicho eso, sintiéndose tan estúpida ¿por qué a él le interesaría mendigar confianza de una mocosa que se comportaba de modo tan caprichoso?

- Por favor olvida lo que te he dicho… fue una bobería.

- ¿Por qué? Pienso que es una idea grandiosa…

Esa pequeña frase sonó en los oídos de Lisa como la más dulce melodía llenando de calma el atribulado corazón de la muchacha, que sonrió aliviada al ver que por fin las cosas estaban saliéndole bien. De improviso sintió como la mano de Karl cubría la suya… y ahí con ese sencillo gesto entendió que lo que había hecho era lo correcto… Karl, el muchacho de la gentil sonrisa era digno de toda su confianza, pues estaba dispuesto a tomarse todo el tiempo del mundo en conocerla y entenderla.

- Entonces ¿de qué me quisieras hablar Lizzie?

- Pues en verdad no tengo ni la más mínima idea… compartimos siempre, por lo que lo poco y nada que pasa en mi vida tú ya lo conoces…- con un poco de pudor.- Por otro lado en mi vida no pasan muchas cosas interesantes.

Karl echó su cabeza hacia atrás y con su mano detrás de la cabeza rio con todas sus ganas, dejando un tanto descolocada a la chica que lo miraba sin entenderlo.

- No sé cuál es tu concepto de que no pasan muchas cosas interesantes en tu vida.- apenas controlando su risa.- Pues mira dónde estamos Lizzie.- apuntándole el océano.- Estamos anclados en medio de esta inmensidad esperando a que llegue alguien a rescatarnos.

- Tienes razón.- le dijo en una sonrisa.

- Por otro lado tienes doce años y ya eres una eximia pianista que va camino a convertirse en una de las concertistas más importantes…- sonriéndole divertido.- No vuelvas a decirme que en tu vida no pasan muchas cosas… es más Scott me comentó hace unos días atrás que te han llegado invitaciones del extranjero para seguir perfeccionándote.- cambiando su expresión a una más seria.- ¿Vas a aceptarlas?

- Pues no lo sé, eso dependerá de lo que papá y mamá decidan… hasta el momento no me han dicho nada.

Las facciones del muchacho se endurecieron aunque su tono siguió siendo amable.

- Pero… ¿qué es lo que quieres tú?

- ¿Yo?

Ella lo quedó mirando un tanto descolocada y pestañeando rápidamente echó un vistazo hacia todos lados como si esta fuera la primera vez que alguien le preguntase su opinión.

- Por supuesto, dime ¿te gustaría viajar a otro país para perfeccionarte en la ejecución del piano?- con tono suspicaz.- Podrías dejar atrás a tu familia y todo lo que quieres por seguir ese sueño de ser la mejor… porque ¿es tu sueño convertirte en una gran concertista?

La muchachita abrió sus ojos de manera descomunal, en su boca se agolparon las frases políticamente correctas que debía decirle y que tan bien ella se había aprendido desde pequeña. Pero le había prometió a Karl que empezaría a confiar en él. Y cerrando sus ojos dejó que las frases fluyeran libres por su boca.

- No quiero ir a ninguna parte en verdad… ya me resulta complejo pasarme la semana fuera de casa, no quiero ni figurarme lo que sería estar más de un año sin ver a ninguno de ustedes.- Karl iba a hablarle pero Lisa había presionado una válvula y no iba a detenerse hasta vaciarse.- Adoro tocar el piano… créeme Karl en verdad me gusta mucho, pero no sé en qué momento esto se convirtió en mi trabajo… en mi obligación.- con su rostro molesto.- Y ahora él dispone de mí, como si yo fuera el objeto y no él…

Karl la escuchó en silencio, entendía que Lisa era una apasionada por las artes y la música, en especial por el piano, pero sus padres en ese afán de querer hacer las cosas mejor le exigían cada día más. Cuando se dio cuenta que ella se había desahogado decidió intervenir.

- ¿Entonces cuándo vas a decírselo?

- ¿Decirles qué y a quién?

- Cuándo les dirás a tu padres… o al menos a tu madre que ya no quieres ir más a la academia.

Lisa agitó fuertemente su cabeza como si hubiese oído las más grotescas de las blasfemias. Y en cierto sentido así era. El renunciar no era algo que se encontrase dentro del canon que era su vida ¿Qué le dirían sus padres… su padre sobre todo? Volvió a agitar su cabeza, no podía hacerlo la considerarían débil, que carecía del temple necesario para continuar. Y eso era algo que el orgullo de la jovencita no podría tolerar.

- No voy a renunciar.- le respondió tajante.- Esto es nada más que un poco de cansancio… y eso nunca ha sido una buena razón para renunciar a algo.

- Tía Sarah sabe que antes de cada presentación tu hiperventilas.- la niña lo miró aturdida.- o que te quedas hasta muy tarde practicando tus movimientos… y si a eso le sumas tus largas horas de estudio… ya no estás casi durmiendo.

La cara de Lisa era de un absoluto y total desconcierto, no entendía cómo él sabía de esas cosas que eran sus más grandes secretos. Y de manera atropellada balbuceando nerviosa le preguntó cómo es que estaba enterado de todo eso.

- Porque me preocupo por ti.- presionando con fuerza la mano de ella, que en todo este tiempo él no había soltado.- Y no quiero que te enfermes… tu madre jura que eres sumamente feliz yendo a la academia. Y tu padre…. uffff tu padre ostenta ante todo el mundo que tiene una superdotada por hija.- con los ojos chispeantes de rabia.- Y ninguno de ellos sabe que lo tuyo es todo fruto de un gran esfuerzo y dedicación, donde te sacrificas mas allá de tu propia fuerza.- mirándola tristemente.- A veces me preguntó cómo no se dan cuenta.

El corazón de Lisa comenzó a latir con tal fuerza que sintió que en cualquier momento este estallaría. Sin querer, dos pesadas lágrimas rodaron por su rostro, y guardando silencio esperó que el nudo en su garganta se disolviera. Jamás pensó que Karl se preocupase de ese modo por ella. Es más estaba tan segura que él sólo la veía como la "primita de Scott", pero ahora se daba cuenta de que la palabra amigos entre ellos no era una mera formalidad para definir su cercanía, él era su gran amigo… la única persona que realmente la conocía.

- Gracias Karl.

Le musitó muy despacio, depositando su rostro sobre su hombro… la cercanía de él ya no le incomodaba, al contrario, la necesitaba. Karl la miró sorprendido sabía que a Lisa no le gustaban los abrazos o cualquier tipo empalagoso de contacto que fuera más allá de sus padres, por eso él entendía que ella de forma sutil le estaba abriendo su corazón para que fuera él quien la protegiera.

- Te prometo Karl que hablaré con mamá sobre lo de la academia… así podre estudiar a horas más adecuadas sin tener que trasnochar.

- Me alegra mucho oír eso… así tendrás más tiempo libre Lizzie.- agachando su rostro y quedando muy cerca de ella.- Podríamos pasar más tiempo juntos tú y yo… ¿te gustaría eso?

¿Qué si le gustaría? Era lo que más deseaba en este mundo. Después de esta conversación no tenía miedo en aceptar lo que sentía por él… era muy pronto para pensar que Karl sentía lo mismo por ella, pero al menos estaba segurísima que ella era muy importante para él. Y mientras un decidido sí salía de sus labios, una gran sonrisa iluminaba su rostro. El joven Riber le devolvía el gesto con otra sonrisa y se quedaron así muy juntos uno del otro mirándose sin decirse nada, sólo mirándose.

Esta atmosfera tan placentera para ambos tuvo que terminarse muy a su pesar, ya que Lisa por sobre el hombro de él vio aparecer las rojas señales de lo que parecía una patrulla de la guardia costera y con emoción le indicó al joven estudiante que habían venido por ellos.

- Pásame las bengalas Lizzie.

- Y sin perder tiempo, Karl encendió dos de estas, haciendo señales con sus brazos. Lisa pegó un gran salto al darse cuenta que la embarcación doblaba en dirección a ellos.

- Estamos a salvo, Karl…

Él asintió contento, a la vez que ambos oían a una voz que por alto parlantes les ordenaba que retrocedieran, porque serían abordados. Y tan solo en unos segundos pudieron ver con claridad cómo una lancha de la guardia costera se anclaba junto al velero. Lo que Lisa no esperaba ver es que quien se bajó de la embarcación de rescate, no era otro sino su padre.

- Gracias al cielo te encuentras bien, Lisa.- le dijo el alto oficial abrazándola con fuerza.- Tu madre está desesperada, lo único que hace es rezar para que todos ustedes se encontrasen a salvo.

Lisa respondió con la misma fuerza el abrazo sin poder creer que era a su padre quien la estaba rodeando protectoramente con sus brazos. Él debería estar ahora en Gales, tenía un vuelo a primera hora con ese destino.

- Mi pequeña cuéntame ¿los demás se encuentran bien?- ella movió afirmativamente su cabeza sin despegar su rostro del pecho de Donald.- Pero ¿dónde están?

- Bajo la cabina, señor… debieron dormirse, ha sido un duro día para todos ellos. Con Lizzie éramos los más enteros por eso nos ofrecimos para la guardia.

Sólo al escucharlo hablar, Donald reparó en la presencia de Riber y con su rostro furibundo se volvió hacia él dispuesto a vaciarle todas las angustias y zozobras que pasó durante este día. Pero luego de mirarlo con detenimiento, toda esa furia se disolvió convirtiéndose en algo muy parecido al agradecimiento. El muchachito únicamente cargaba un delgado sweater que poco y nada lo abrigaba del frío. En cambio su pequeña tenía puesta la gabardina típica de los pilotos de la RAF de la que se podía leer claramente en su solapa izquierda .

- Gracias, muchacho.- le dijo medio complicado a la vez que ordenaba a los rescatistas fueran por los otros chicos.- Veo que has cuidado bien de mi hija.- le dijo volviéndose a dirigir a él y desordenándole los cabellos.- Gracias Karl.

El joven estudiante de quince años agradeció con una sobria venia las palabras del oficial no esperaba que éste le reconociera su actitud para con Lisa. Y aunque no le quitaba para nada el sueño no ser santo de su devoción, sí le importaba demostrarle que Lisa era muy importante para él.

- Mientras yo esté con Lisa, usted no tiene de que preocuparse señor.

Le respondió en un tono tan determinado que hizo sentir incómodo a Donald que tuvo de pronto la imperiosa necesidad de llevarse a su hija de ahí.


18 de Enero del 2002, Clarence House, Londres.

Aunque el protocolo ordenaba a todo el mundo mantener el más estricto silencio, era claro que la larga espera hacia mella en el comportamiento de los invitados que de manera sutil comenzaban a sisear entre ellos. Incluso en el propio rincón de oficiales de las Reales Fuerzas Armadas Británicas podía oírse un murmullo muy poco decoroso.

- … ¿pero tú qué crees que está pasando? No es normal tanta demora.- preguntó uno de los más jóvenes oficiales de la Royal Air Force (RAF).- Quizás la Reina no se sienta bien, este ha sido un día muy agitado para ella y a sus años tal vez…

- Quédate tranquilo que no te irás a casa con las ganas de haber conocido a la Reina.- le contestó otro oficial de la RAF de notoria mayor edad y con tantas condecoraciones en su pecho que para cualquiera era claro que éste no era un militar ordinario.- Esa señora lleva la corona como un apostolado y preferiría morirse antes de no cumplir con sus obligaciones.

- Eso es verdad.- intervino otro oficial que se encontraba justo detrás de ambos.- Este retraso debe obedecer más que nada a la inexperiencia de Camila.- con una expresión de malicia.- Quizás se le apareció el espíritu de la Reina Madre y del puro bochorno le arruinó su espléndido debut en sociedad del brazo de Carlos.

Varias risas apenas disimuladas sonaron en el rincón de oficiales, que a punta de codazos se llamaban a sí mismos a mantener la compostura, ya que justo unos marciales sones de sables les advertían que debían volver a su posición firme, para rendir honores a los invitados que se aproximaban a celebrar, en la nueva residencia del Príncipe Carlos, los cincuenta años de la Coronación de la Reina Isabel II.

- ¿Ese que va ahí no es tu amigo Donald Hayes?- le dijo el mismo uniformado del divertido comentario al que tenía las grandes condecoraciones.- Vaya ese sí que es un hombre afortunado. De qué medios se habrá valido para atrapar a esa belleza de mujer.

El aludido apretó los dientes con molestia, decir que él, John Riber y Donald Hayes eran amigos, era una absurda exageración. Más bien honraban con un trato cordial la memoria de Scott Hayes, su mejor amigo y hermano del aludido. El oficial concentró su vista en la pareja y no pudo evitar que su memoria viajara años atrás.- en el fondo jamás me ha perdonado que no intentara persuadir a Scott.- Y no podía culparlo por ello, ya que él mismo se recriminaba por no haberlo hecho. Era una asignación tan riesgosa y él en vez de hacerlo entrar en razón lo alentó.

- Ese viejo zorro debe tener algo muy particular para tener a una mujer así a su lado… sí mírala se ve dichosa junto a ese demonio.

Riber se giró levemente para ver quién había dado ese comentario tan destemplado.- Leonard… debí suponerlo.- Pero en algo tenía razón ese sujeto, Sarah se veía espléndida sonriendo y saludando a todo el mundo. Una línea de ironía se dibujó en su boca.- quién diría que estaría tan cómoda en estas actividades sociales.- Y es que a diferencia del resto, a él no le sorprendía que Sarah Fitzaland-Howard se hubiese casado con Donald, conocía a éste desde muy joven y sabía que él era un hombre que poseía una voluntad de hierro, capaz de conseguir cualquier cosa… incluso casarse con la hija de una de las más importantes familias de Inglaterra, siendo él nada más que un simple oficial de la Royal Navy.- desde pequeño Donald supo perfectamente a dónde quería llegar.- Por ello le llamaba la atención que tanto esfuerzo que puso en vencer su tartamudez, que lo hacía ver como un retardado, o esas agotadoras sesiones de boxeo a las que se sometió para combatir su debilidad física, fueran tiradas a la basura con un matrimonio tan poco conveniente para su carrera. Era verdad que la familia Fitzaland-Howard era de las más importantes e influyentes del país, pero Sarah estaba en la mira de todos por su carácter rebelde y contestatario, si incluso se rumoreaba que simpatizaba con las ideologías políticas de Europa del Este.- me niego a creer que tenías todo planeado.

- Oye, Riber ¿por qué Hayes no se queda aquí con nosotros?- le preguntó el oficial de las bromas.- Acá estamos los oficiales, qué tiene que hacer ahí junto a las nobles familias.

- Él está ahí por la misma razón que nosotros estamos sin nuestras esposas… acá el invitado no es él sino Sarah.- sonriendo con admiración.- Ella está aquí en su calidad de representante de la familia Norfolk, debido a que su hermano Richard aún mantiene su autoexilio en el palacio de Arundel.

- Ese hombre movió con tal destreza sus piezas que va directo a la cima, ahora que se reintegrará al servicio activo será cosa de tiempo para que se quede con la comandancia de la Royal Navy.- agregó Leonard que llamaba la atención por su brillante calvicie.- Y no nos daremos ni cuenta cuando todos nosotros estemos bajo su mando.

En todos los representantes de la RAF hubo un sentimiento de incomodidad, tener a alguien como Donald Hayes en la jefatura máxima de todas las Fuerzas Armadas Británicas era casi dar firma a que ellos como rama se hundirían en un oscuro segundo plano.

- Señores guarden compostura con el protocolo, la Reina hará ingreso ahora.

Les espetó sin reparo alguno Henry Global que estaba levemente separado del grupo de oficiales de la Royal Navy y miraba imperturbable con su uniforme de gala al grupo de aviadores que no se sintieron para nada gratos con esta súbita llamada de atención.

John miró de reojo la entrada y se dio cuenta de que el ruso tenía razón, la escolta de la Reina ya estaba en la entrada. A pesar de eso no pudo evitar que le llamara la atención el que Global interviniera así; desde que llegó siempre se ha caracterizado por cultivar un bajo perfil.- tan grande será su amistad con Donald, que no soportas que se haga ningún comentario.- Se preguntó no dando crédito a que ese fuera el motivo. Porque hasta donde sabía el trato entre ellos estaba bastante distanciado desde que asignaron al ruso a Gibraltar. Pero ahora que había vuelto a Inglaterra debieron de reanudar el contacto, coligió el oficial al tiempo que se cuadraba firme ante su soberana que con paso austero recibía los honores de los más altos oficiales del Commonwealth.

Henry Global se mantenía gallardo en su posición, destacando del resto debido a su gran altura y sus anchos hombros, llamando la atención de todos los invitados incluso de la Reina, que posó sus ojos en él por un brevísimo instante. Henry miró con curiosidad a aquella mujer, que a estas alturas era un trozo vivo de historia, en su cuerpo cargaba con dos Guerras Mundiales, tres Papas, incontables crisis económicas y sociales. Sus ojos vieron subir y caer a más líderes que cualquier otro soberano en la historia.- y ha logrado mantenerse estoica en su corona.- Se dijo pensando que la verdadera pregunta era: qué será del Reino Unido el día que no esté, porque la corona es a estas alturas el único elemento de unidad entre todos los territorios de la mancomunidad. Y en estos tiempos la sucesión no era popular y los hijos de Diana eran aún muy pequeños.- al parecer ella deberá permanecer muchos años más al frente de la familia Windsor.- Era increíble cómo en unos años se había convertido en todo un experto en el tema monárquico, sonrió divertido, dejando que su mente siguiera jugando con todas estas elucubraciones que mantenían ocupada su cabeza. Y fue en ese momento que sin proponérselo sus ojos lo llevaron a Sarah que daba una delicada reverencia a la soberna.- el tiempo parece que no pasa por ti.- Se veía exactamente igual a la última vez que estuvo con ella, en cambio Donald ya evidenciaba unas cuantas grietas en sus parpados aunque su recia postura parecía más enorme que nunca.

- Capitán Global, por favor acompáñenos.

Le solicitó con toda delicadeza uno de los edecanes llevándolo a los comedores junto a los otros oficiales.- ánimo y valor, esto terminará antes que te des cuenta.- Se dijo para sí, pidiendo tener la paciencia suficiente para cumplir con dignidad este cometido.

Las horas transcurrieron de modo bastante más agradable de lo que había supuesto el ruso, donde los tópicos de la conversación versaron sobre el terrorismo, el auge económico de China y como debido a la importancia de este país en la economía mundial, la comunidad internacional se hacía la sorda ante el hecho de que ellos estuvieran enriqueciendo de uranio a países como Siria e Irán. Para el postre dejaron el tema de moda, el nuevo caudillo sudamericano ungido en Venezuela y que se jactaba de insultar a las autoridades estadounidenses al mejor estilo de Fidel Castro.

- … es que no hay caso, América Latina tiene su alma roja… no importa los tiempos que corran siempre de algún lugar de esa tierra emerge un líder que emula a la perfección el antiguo espíritu del Kremlin.

A Global le costó entender por qué después de este comentario todos lo quedaron mirando a él.- oh de veras, yo soy el ruso.- Se repitió para sí, con ironía.

- No se compliquen caballeros, en lo personal no comparto los principios del comunismo… pero eso no me da pie para que sienta vergüenza de reconocer que Rusia fue su cuna.- dándose una pausa.- Del mismo modo que a ustedes no les avergüenza ser los propulsores del capitalismo en el mundo.

Dicho esto se puso de pie y se excusó ante los comensales que los miraban con sus rostros contritos ante esa última frase. Sólo después de unos tensos segundos el más veterano de la mesa comenzó a carcajear.- Bloody hell, Henry tu humor es más negro que el de todos nosotros juntos.- Y por arte de magia todos comenzaron a reír… unos más convencidos que otros, pero todos rieron al final. El ruso con gesto ambiguo volvió a excusarse y se marchó de la mesa, quería evitar un encuentro desafortunado con Donald, que por protocolo debía ir a la mesa donde estaban sus compañeros de armas. Por otro lado, ya llevaba muchas horas sin fumar y sentía la necesidad imperiosa de sentir la nicotina corriendo por sus venas.

Luego de unos minutos y de saludar a una veintena de personas que se le cruzaron en el trayecto a la terraza, Henry pudo llegar a ésta y con una evidente ansiedad comenzó hurguetear en su bolsillo buscando su pipa y la bolsa de tabaco. Mas para su mala suerte este deseo debería esperar un poco más. Su teléfono celular comenzó a repicar dentro de su guerrera.- extraño artefacto, pero muy útil.- Lo abrió y se dio cuenta que no era una llamada sino un mensaje, que de inmediato se dispuso a leer con su sonrisa escondida tras su espeso bigote:

Si saludas… o peor aún le das la mano

a esa tal Camila… olvídate de verme mañana.

- No sé cómo te las arreglas para siempre sacarme una sonrisa.

Murmulló para sus adentros, sin lugar a dudas esta relación era lo mejor que la había pasado desde que llegó a Inglaterra. Ya no sentía ese amargo dolor, sino al contrario una sensación de libertad que mucho se asemejaba a la felicidad.

- Buenas noches, Bruno… llevábamos varios minutos buscándolo, ya me temía que se hubiese marchado.

Global se sobresaltó con ese saludo, todos sus músculos se tensaron tratando de convencerse que quien le habló, no era quien él temía. Pero ese aroma a violetas y rocío podría reconocerlo en cualquier parte del mundo.

- Sarah, qué sorpresa… hace ya un tiempo que no te veía.

La saludó con cortesía y girando su rostro levemente pudo ver, como supuso, a Donald que la acompañaba. Este lo observaba con su expresión pétrea y totalmente silente.

- Donald, qué gusto también volver a verte.- el inglés seguía silente, el ambiente era cortante y muy pesado, donde ninguno de ellos hacía algo por mejorarlo.- Este… supe que a fin de este semestre te reintegraras al servicio.

- Eso es efectivo… pero esa no es la razón por la que queremos hablar contigo.

El inglés antes de seguir hablando sintió que todo se le revolvía por dentro. Miró bastante incómodo a su mujer, rogándole con sus ojos que por favor fuera ella quien manejara la situación.

- A lo que Donald se refiere, es que hemos venido aquí para darte las gracias Bruno.- una emocionada sonrisa se reflejó en su rostro.- En verdad no tenemos palabras para agradecerte lo que hiciste por Lisa y los niños.- con un toque de vergüenza en su rostro lo quedó mirando con sus grandes almendras verdes que a él le parecieron más brillantes que nunca.- Sé que en estos meses no hay justificación que valga para no haberte dado las gracias en forma personal… pero sé que tú entiendes que esto no ha sido fácil.

La tensión en el ambiente mutó en uno de mucha incomodidad, en que otro silencio pesado se trabó entre ellos, Sarah con un movimiento de cejas instó a su marido a que agregara algo pero este hizo caso omiso, por lo que el ruso tratando de zafarse lo más rápido de este escenario intervino.

- Yo entiendo perfectamente la situación, por ello les digo, que no tienen por qué hacer esto.- su tono era duro y muy seco.- Únicamente cumplí con mi deber. Justo el día anterior zarpamos de Gibraltar con destino a los astilleros de Escocia, para el momento de la tormenta estábamos en la zona.- con una mueca de contrariedad.- Lamento no haberme quedado personalmente al rescate de los niños pero nos apremiaba llegar a Escocia, hemos tenido muchas dificultades con la mantención de la flota.

- Su deber era dejar la flota en Escocia para reparaciones Capitán Global, no rescatar a unos chiquillos imprudentes.- le increpó con una dureza que hasta Sarah tomó por sorpresa, pero acto seguido algo en el inglés se quebró.- Es por eso que estoy eternamente agradecido… si no es por tu desinteresado acto quizás qué suerte hubiese corrido mi familia. Nosotros seguíamos a oscuras en Southampton… ya no es la primera vez que los equipos de este tipo de embarcaciones se van a negro y no sabemos aún el motivo… por eso tu ayuda fue fundamental.

- Sí Bruno… no sabes la desesperación que sentí…- tratando de controlar la emoción de su voz.- Me faltará vida para agradecer lo que has hecho.

El ruso se sintió abrumado, jamás pensó que el matrimonio lo abordaría con tal humildad. Los miraba a ambos y en cada uno no podía ver más que genuino agradecimiento. Con unos nervios rarísimos en él saco su bolsa de tabaco, porque nunca como en estos momentos necesitaba fumar y sin importarle que las normas de educación ordenaban que jamás debía fumar delate de una dama con un rápido movimiento taconeo con la oscura hierba su pipa, prendiéndola en el acto.- son tal para cual, ambos poseen una gran nobleza.- Concluyó después de aspirar la primera bocanada. Es que para sus códigos era intolerable que Sarah y Donald estuvieran ahí, después de toda el agua que había corrido entre ellos, y le dieran las gracias por el sólo hecho de haber encendido sus radares.

- Con que ustedes estén tranquilos y los niños bien es suficiente para mí. Pues mal que mal son los únicos amigos que tengo.

Donald asintió ya relajado. Al parecer el haberse desembarazado de este problema lo había vuelto a convertir en el orgulloso oficial inglés.

- Has sido de mucha ayuda, mas tengo una duda.- le consultó el inglés.- ¿Cómo es que te enteraste tan rápido?

Global pegó un respingo e inconscientemente presionó el celular que tenía en su bolsillo.

- No lo recuerdo bien… pero creo que uno de mis subalternos recibió información de la tormenta, intentamos ponernos en contacto con la capitanía de puerto…y fue ahí donde creo que nos dieron la información.

Para su suerte Sarah intervino llevando hacia otra arista la conversación.

- Con Donald hemos conversado que nos gustaría que nos fueras a visitar… así como antes.- le dijo Sarah con una franca expresión de solicitud.- Sería el mejor modo que hemos encontrado para darte las gracias… podríamos coordinar un almuerzo… ¿no es verdad querido?- el aludido asiente.- Pues, qué dices.

- No tienen que hacerlo… yo únicamente hice lo que cualquier otro haría.

- Entonces gracias por ello… Pero promete que pensarás en nuestra invitación.

El ruso consintió con una leve sonrisa, en su interior agradecía este gesto. Claramente jamás aceptaría ir nuevamente a SeaMirror, estimaba demasiado al matrimonio como para incomodarlos con su presencia. Pero él entendía que este detalle iba mucho más allá, con esto daban por terminado toda esa triste historia entre ellos. Lo más probable es que sus caminos siguieran separados como hasta ahora pero ya sin rencores.

- Ya debemos retirarnos, Bruno… es un largo camino a Southampton.- le regaló una lenta sonrisa.- Nuevamente te doy las gracias.

El ruso hizo una venia en saludo a Sarah, que se fue junto a su marido que la tomó protectoramente del talle alejándose lentamente de la terraza. Y cuando apenas habían dado unos pasos, el inglés se volteó hacia él.

- Como ya sabes que pronto me reintegro al servicio activo y tú también has vuelto a ser reasignado en Londres, acuerda una entrevista con Noa, para que me pongas al corriente de lo que está pasando al interior de la Royal Navy.

Henry hizo un gesto con la mano cual como lo hacía antaño, pero el ex uniformado ruso sabía que aún faltaba mucho para que esos tiempos volvieran. Además había un par de cosas que debía solucionar antes.


5 de Abril del 2002, Colegio Cheltenman, Cheltenman.

Al igual que una suave caída de agua, las notas se iban hundiendo una a una sobre el piano con tal cadencia y perfección que era imposible no sentir como el alma se estremecía a sus sones. Y aunque esta representación parecía insuperable, cuando se le unieron a él los elegantes acordes del violín, esta simplemente se hizo sublime.

Ambas melodías eran la más exquisita expresión del arte en su estado más primigenio. Y mientras se trenzaban en una escalada de fuerza y proyección, quienes las interpretaban parecían que iban a desfallecer en el esfuerzo de entregarle vida a cada nota, a cada compás que de sus manos salía, llegando a un momento en que la emoción era tan grande que uno podía creer que el corazón nunca jamás iba a volver a latir. Pero en vez de eso se coronó el silencio… las notas ya habían expirado y nada más resonó en esa habitación.

- Esto fue maravilloso, Marlene.- le dijo Lisa con la respiración entrecortada.- ¿De dónde sacaste estas partituras?

- Son de Peter Kater, es un compositor alemán o norteamericano… no lo recuerdo bien, pero sé que vive en Colorado.- le explicó la muchacha guardando su violín.- Es muy conocido en el mundo del cine como compositor.

- Es magnífico.- reiteró Lisa, levantándose del taburete.- Y tú tocas de manera extraordinaria.

- ¿Yo?... Nah.- con gesto despreocupado.- Tú eres la artista aquí, tienes un don Lisa.- mirando su reloj.- Uy pero mira que tarde es, Scott estará hecho un atado esperándonos.

Al imaginar cómo estaría el rostro de su primo Lisa rio, mientras se dirigía a su cama para tomar el bolso con los libros que debía llevar a casa. Estando ya lista quedó observando a Marlene, con un rápido abrir y cerrar de sus largas pestañas se puso a pensar que desde el día en que ella llegó a Cheltenman y más específicamente a compartir su cuarto, una pequeña revolución se instaló en su vida, a la cual Lisa no le quedó de otra que adaptarse, ya que su nueva compañera no le dio más alternativa, obligándola entre otras cosas a tener que relacionarse con las amigas de ella. Sería un falacia decir que esto no incomodó a la primogénita de los Hayes, que tenía que bancarse a diario que su habitación estuviera llena de chicas (sí, Marlene se hizo una estudiante muy popular) resolviendo cuantos test traía la revista Mizz. El impulso natural de Lisa era encerrarse tras un libro, mas la prima de Karl no se lo permitió forzándola a compartir con ellas. Lisa sonrió divertida al recordar cómo apenas hablaba las primeras veces, ahora ya podría decirse que con varias se relacionaba. Con el tiempo la muchacha recordaría que fue Marlene la primera persona que la impulsó a salir de su cascarón.

- ¡Estoy lista al fin!- le señaló Marlene, girándose dramáticamente a Lisa.- Dime ¿cómo me veo?

- Eh… bien, pero sólo te pusiste un poco de labial.

- Qué poco fijada eres Lisa… me cepillé mi cabello, acorté un ápice mi falda y me puse perfume.

- ¿Por qué te arreglas tanto los viernes? Si tan sólo vamos a casa.

- Pues porque quiero que de una buena vez Scott me invite a salir.

- Te gusta mucho ¿cierto?

Marlene se la quedó mirando justo antes de que abriera la puerta de la habitación, con una expresión como de quien se molestase en tener que explicar algo que es obvio.

- ¿Gustarme?... Scott me fascina… es tan valiente y tan guapo. ¡Me encanta!… Además.- bajando su vista.- Siento que él es una persona en la que puedo confiar que siempre estará a mi lado cuando lo necesite.- volviendo a su sonrisa.- Si Lisa tu primo me gusta mucho.

- ¡Blimey!… Sí que te gusta, pero por qué mejor entonces no le hablas tú o lo invitas a salir.

La respuesta que dio Lisa hizo saltar a Marlene, esta fue en un tono un tanto elevado y ya estaban en los pasillos, mirando para todas direcciones la chica del oscuro cabello le dijo que bajara el tono y cuando ya se cercioró de que nadie las había oído, la quedó mirando con cierta desvergüenza.

- Pues porque quiero que él lo haga ¿No se estilan así las cosas acá?- con un tono mordaz.- Por otro lado… mira nada más, que descaro el tuyo pequeña Lisa, por qué mejor en vez de decirme a mí lo que debo hacer… no predicas con el ejemplo y tomas tú la iniciativa con Karl.

La afirmación causó tal impresión en Lisa que la hizo trastabillar casi cayendo de bruces con todo y mochila. Marlene, aunque se alarmó con el tropezón, no pudo evitar sonreír, había comprobado finalmente que su amiga estaba totalmente pérdida por Karl.

- ¡De qué estás hablando Marlene!- le increpó Lisa con su rostro totalmente azorado poniéndose a caminar rápidamente.- Qué tengo que ver yo en todo esto.

La chica oriunda de Melbourne decidió que este era un momento más que adecuado para sincerar a la pequeña Lisa. Ya en varias ocasiones había intentado tocar el tema, pero al parecer las sutilezas no resultaban con ella, debía usar medios más agresivos.

- Vamos no tienes que disimular conmigo… somos amigas.- con gesto cómplice.- ¿Crees que no me he fijado como se te derriten los ojos cada vez que estas con él?

- No sé de que hablas.- le contestó cortante.

- De que te gusta Karl…. Lizzie.- riendo burlonamente.- Es tan evidente, sólo basta que diga el nombre de mi primo para que tus ojos se transformen en dos grandes corazones verdes.

- ¡Mis ojos no se ponen con forma de corazón!

Le contestó Lisa girándose nerviosa hacia la chica y con su mano derecha empuñada como si tratase de controlar el golpe.

- ¡Aja!- le apuntó Marlene con expresión de triunfo.- Te he atrapado Lisa Hayes… reconoce que te gusta Karl.

Lisa sintió como si su rostro ardiera en fiebre y por más que intentó ocultarlo tras su largo cabello, le fue imposible, Marlene no le dio tregua con las burlas y ante el riesgo de que otras personas se percataran de su conversación, decidió que no le quedaba de otra que capitular.

- Tú ganas… sí me gusta, pero ya no me molestes.

- Mmmmmmm, pues lo supe desde un principio.- le respondió en modo jactancioso.- Tú sabes soy una chica con experiencia y de inmediato me di cuenta que algo te traías con mi primo. Ese día que te conocí te delataste con ese feroz ataque de celos.

- ¿Tú crees que Karl también se haya dado cuenta?

Le preguntó preocupada, a lo que su amiga después de pensarlo un rato, intentó darle una respuesta que la dejara tranquila.

- Pues no lo creo… de ser así ya serian novios.

- ¡Qué cosas dices, Marlene!- con su rostro totalmente ruborizado.- Karl es muy amable y preocupado conmigo… pero me ve como una amiga… nos conocemos desde pequeños y…- Marlene le hizo un gesto de incredulidad a lo que Lisa decidió argumentar.- A lo más me podría ver como una amiga especial si lo quieres, pero nada más.

- Mmmmmmm cómo te lo hago ver pequeña Lisa.- le habló la muchacha con una fingida postura intelectual.- A ver convengamos en que Karl es un chico atractivo.- Lisa asintió tímidamente.- Tiene mucho arrastre entre las chicas, tú misma lo has visto cuando mis compañeras vienen a nuestro cuarto, no paran de preguntarme por él y me ruegan que se los presente.

- ¿Y eso qué relación tiene conmigo?

Marlene detiene su andar y colocándole una de sus manos en el hombro de la muchachita, la quedó observando seriamente.

- Lisa, eres una persona inteligente, así que respóndete esto tú misma ¿Por qué un chico en plena adolescencia con la revolución hormonal a tope y al que le llueven las chicas, se mantiene soltero?- con una traviesa expresión.- No se vale decir que es gay… eh.

Lisa no respondió ante la broma decidió quedarse pensando en las palabras de Marlene ¿acaso ella le estaba insinuando que a Karl ya le gustaba una persona? Poniéndose a caminar y hundiendo el mentón en su pecho se preguntó ¿podría ser yo? Cerró sus ojos con resignación, era verdad que él se tomaba excesivas molestias para con ella, pero desde que los rescataron del Salona nunca más habían vuelto a hablar de esa manera. Si pensaba con objetividad, los modos del muchacho eran para con todos así, claro ejemplo de ello era la propia Marlene.- No, concluyentemente debo exorcizar esas ideas que Marlene quiere colocar en mi cabeza.

- Si lo que quieres decirme es que yo le gusto a Karl estas equivocada… tú misma lo dijiste, es un adolescente de casi dieciséis años, qué va a fijarse en una niña de trece como yo.- analizando su aspecto.- Además ¡Blimey! Mírame qué puede encontrar en mí que le resulte atractivo.

- A veces eres un chica muy extraña, Lisa.- le respondió en un tono que demostraba incredulidad y fastidio.- Sí… bueno… debo reconocer que es medio perversillo el estar interesado en una chica de trece… pero por otro lado… dime ¿te has visto últimamente al espejo?

- Pues claro que sí, por lo mismo…

- ¿Cómo encuentras a tu mamá?- le cortó en seco.- ¿La consideras bonita?

- Pues qué pregunta, mamá es preciosa… todo el mundo lo dice.

- Entonces cuál es tu problema Lisa, si tú eres su espejo.- sonriéndole divertida y apuntándole a su entrecejo.- Bueno, excepto esa expresión severa, esa sin lugar a dudas es herencia de tío Donald.

Sentenció seriamente la adolescente que mirando hacia el frente, comprobó con alegría que Scott ya se encontraba ahí esperándolas. Cuando ya estaba saludándolas Marlene vio que del Bentley descendía la madre de Lisa.

- Pero mira nada más, si parece que la invoqué con el pensamiento.- codeando divertida a Lisa que aún seguía con todas esas ideas dando vuelta por su cabeza.- ¿Que no es tía Sarah quien viene ahí?

Lisa corrió emocionada, porque salvo para las actividades extra programáticas, era muy raro que su madre viniera al colegio. Sinceramente era extraño que abandonara SeaMirror, la mayoría de las veces sólo lo hacía para acompañar a su papá en sus reuniones o para trámites muy específicos.

- Mamá, que gusto y que sorpresa verte aquí.- le dijo lanzándose a sus brazos.- No sabes lo feliz que me hace verte.

- Hola, mi pequeña.

Le respondió la mujer con la misma alegría, envolviéndola con sus brazos tiernamente. Lisa, en un gesto que denotaba que a pesar de los años ella seguía siendo la consentida de mamá, le levantó el rostro sin despegar el mentón de su pecho, preguntándole el porqué de su visita.

- Necesito conversar contigo de algo importante.- el rostro de la jovencita se contrajo preocupado.- Tranquila, todo está bien… es nada más algo que tú y yo debemos resolver.

Y sin soltar a su hija, Sarah giró su rostro hacia los otros dos jóvenes que las aguardaban a una prudente distancia.

- ¿Les molestaría esperarnos unos instantes mientras hablo con Lisa… o prefieren irse de inmediato a SeaMirror?

- Pierda cuidado, tía.- le contestó con excesiva formalidad Scott.- Nosotros debemos permanecer aquí esperando a que regresen Karl y Ben de su práctica de Rugby.

- Me parece perfecto, nos veremos entonces en un rato más.

Pero antes de que pudieran alejarse, intempestivamente Scott las detuvo.

- Tía Sarah.- con un tono de preocupación.- Todo está bien ¿verdad? La próxima semana debemos viajar a Dover para la regata… ¿todo eso sigue en pie?

Hizo esta pregunta porque tenía perfectamente claro que la preparación de Lisa como concertista estaba por sobre cualquier regata o competencia en alta mar. Ya en varias ocasiones le tocó prescindir de ella. Pero esta vez estaba dispuesto a dar la pelea, ya mucho trabajo le costó convencer a su madre y tío después del incidente en la tormenta para que los autorizaran a competir.- te lo advierto Scott Bernard… como que soy tu madre, si te atreves a salir de esta casa para subirte a ese insufrible barco te prometo que te encadenaré a la cama… lo juro por tu padre que está en el cielo.- Le gritó su madre en más de una ocasión antes que tío Donald interviniera convenciéndola. Es por eso que después de aguantar tanto, no se permitiría el no contar con Lisa se había puesto como meta llegar a las Olimpiadas Juveniles y ella era una pieza fundamental en ese objetivo.

- No te preocupes Scott… todos viajaremos a Dover y estoy segura que volverán con la copa a casa.- le aseguró Sarah con una sonrisa tranquilizadora, consciente de cuanto significaba el velerismo para su sobrino.

- Gracias tía.

Y vio cómo ella con su prima se alejaban del lugar caminando por el extenso parque que rodeaba las inmediaciones del colegio. De súbito sintió a Marlene colgarse de su brazo sonriéndole traviesa.

- Y nosotros nos quedaremos aquí, Scott… sólo esperando.

- Pues…- tragando saliva, pero rápidamente volviendo a su centro le sonrió espontáneamente.- Si caminamos por la plaza encontraremos un carrito de helados… ¿te gustaría uno de vainilla?

¿Me estas invitando?

- Pues sí… hace tiempo quería hacerlo.- le respondió mirándola directo a los ojos haciendo que por primera vez fuera ella la que se pusiera nerviosa.- Y podemos dar un pequeño paseo mientras… ¿te gustaría?

- Me encantaría.

Lisa quedó mirando a los dos jóvenes, preguntándose si esta vez las cosas le resultarían a Marlene.- harían ambos una linda pareja-. La voz de su madre preguntándole si preferiría sentarse, la sacó de sus pensamientos volviéndola a la realidad. Y mientras le indicaba unas banquetas que estaban a unos metros se quedó pensando en que sería eso de lo tan importante que quería hablar con ella, que no podía esperar a que llegaran a SeaMirror.

- Este es un lugar muy agradable… tiene espacios muy bellos tu colegio, amor.

- Sí… es verdad.- le contestó pensado que ella misma nunca se daba el tiempo para recorrerlos.- Esta zona la ocupan mucho para estudiar en los días de sol.

- Y por tu palidez mi pequeña debo colegir que no la utilizas mucho.- la niña sonrió tímida.- Bueno, como supondrás es de algo muy importante que he venido a hablar contigo… me he entrevistado con tus maestros de la academia.- se percató como nuevamente su hija se ponía en tensión.- Ellos me han dicho que tus progresos son extraordinarios, que no deberías ya seguir junto a los otros niños, si no tomar esto ya en forma profesional.

- Ó sea aceptar alguna de las invitaciones de perfeccionarme en el extranjero.- Agregó Lisa mientras un vacío se comenzaba a formar en su interior, al tiempo que trataba de hablar de la manera más tranquila posible, empleando todo el autocontrol del que era capaz.

El prospecto de salir al extranjero ya había sido tocado por sus maestros y familia en anteriores ocasiones, pero siempre fue de manera somera como hablando muy hacia el futuro, sin embargo esta ocasión era distinta. Lisa lo sabía, por lo que había un cierto temblor en ella… temblor que la recorría de manera imperceptible, mientras una sensación de zozobra se asentaba en su semblante. Sarah al contrario, estaba tan absorta en lo que tenía que hablar que permaneció ajena a la cascada de emociones que su pequeña experimentaba en esos instantes. Por lo que sin reparar en ello, la mujer se decidió a tratar de lleno en el meollo del asunto.

- He conversado con tu padre y ambos hemos decidido que si tú quieres seguir adelante con esto, nosotros te apoyaremos en todo.- su tono se notaba especialmente triste.- Me encantaría que siguieras en casa pero no quiero que te limites… por lo que dime qué es lo que tú quieres hacer.

Durante mucho tiempo Lisa estuvo ensayando e ideando la forma en que se enfrentaría a sus padres en cuanto a su relación con el piano. Pero por culpa del miedo y del abandono sinceramente no supo cómo enfrentar el hecho de que no podía explicar que adoraba sentarse frente al piano pero no soportaba más la presión de la Academia.- por qué no puedo expresarme con claridad.- Miró a su madre que con esa calma y comprensión que siempre le transmitía esperaba pacientemente su respuesta. Había llegado el día en que debía enfrentar sus miedos. En momentos como estos Lisa se lamentaba el no tener la firmeza de Scott, esa misma que su primo demostró al desafiar su madre regresando al Salona poco después del incidente de la tormenta. Porque definitivamente no se encontraba lista para quitarse ese peso que arrastraba consigo por mucho tiempo. Sus latidos se incrementaron cuando levantó su vista para encontrar la de su madre, la garganta se le puso seca, mientras que una ligera sensación punzante en su frente se dejó sentir y el vacío que experimentaba en su interior se hizo más grande. A pesar de eso era el momento de perseverar y sostener la plática más importante hasta ahora con su madre.

- Mamá, no quiero ir a estudiar afuera…- casi al instante notó que su madre recibió sus palabras como si de un latigazo se tratase y por unos momentos el aliento de la joven pareció desaparecer.- Siento que para el momento con lo que se es más que suficiente.- estaba muy nerviosa, pero se obligó a continuar, apretando con tal fuerza la falda de su uniforme que sus nudillos estaban lívido.- Siento que ya no necesito saber más.- comentó mientras que las punzadas en su cabeza se hacían cada vez más presentes.

- ¿No crees que es un poco soberbia tu respuesta Lisa?...- por primera vez en su vida como madre, Sarah estaba genuinamente perpleja ante lo que su hija le decía. Una sensación de malestar se posó en ella y eso provocó que su voz cambiara su gentil tono, a uno evidentemente firme e incluso acerado. -Uno en la vida nunca ha aprendido lo suficiente para decir que no necesita saber más.

Sarah no tenía manera de saber, que su hija sintió que se perdía en el vacío que se formaba en su interior… Sarah no tenía manera de saber que por primera vez en su vida su hija sintió temor de estar en su presencia.

- No es eso a lo que me refiero, mamá.- mirándola a los ojos. A la vez que se constreñía a hacer un último esfuerzo en mantener sus ojos libres de lágrimas y de no rendirse al vacío.- Es solamente que ya es suficiente… es ya suficiente para mí.- Las punzadas ahora eran insoportables. -Madre…- se incorporó súbitamente para sorpresa de Sarah.

- ¿Lisa?-

- ¿Podemos continuar en casa?- se giró y con mirada suplicante agregó. -Quisiera hablar en privado de este asunto.

Su voz cortes traicionaba la angustia que sentía. Cosa que no pasó desapercibida para su madre por lo que decidió en aceptar la propuesta de su hija. Aunque sólo dio una afirmación con su cabeza, fue suficiente para que Lisa le sonriera.

- Muchas gracias.- con eso la joven se giró encaminándose al Bentley que las esperaba, con una preocupada Sarah ligeramente atrás de ella.

No llegaron muy lejos, apenas seis pasos después el dolor fue demasiado para Lisa. Que primero se llevó una mano a la cabeza para después doblarse y terminar desvaneciéndose en el lugar, ante la mirada horrorizada de su madre.


05 de Abril del 2002, SeaMirror, Southampton.

- Creo que lo necesario es que su hija tenga el descanso necesario.- remarcaba por enésima vez el Dr. Phillips a Sarah que hacia su mejor esfuerzo por tratar de escuchar lo que este le decía.- Aunque todos sus exámenes nos muestran que no hay razones para preocuparse, me gustaría que durante los siguientes meses tomara un tratamiento.

Eso último si llamó la atención de la mujer.

- ¿Tratamiento?- no pudo ocultar su consternación ante las palabras del doctor.

- Nada de qué preocuparse Señora Hayes…- el hombre hizo un esfuerzo de tranquilizarla, mientras escribía una receta.- Únicamente se trata de suplementos vitamínicos y también recomiendo que la señorita pase más tiempo haciendo actividades al aire libre, para estimular sus defensas y metabolismo.

- Se hará como dice Dr Phillips, de nuevo le agradezco todas sus atenciones.

- No tiene nada que agradecer sólo es mi trabajo.- comentó el galeno que se apresuraba a ajustarse sus lentes.- Por favor dele mis saludos al Contralmirante.

- Se los hare llegar.- se dirigió a su sirvienta.- Meriedith acompaña al doctor a la puerta.-

- Si Señora.

Mientras observaba partir al médico, Sarah no pudo evitar sentirse muy incómoda ante la situación en que se encontraba. Cuando Lisa se desmayo fue llevada de inmediato al dispensario del colegio, por el chofer y el personal de Cheltenman ahí lejos de ojos curiosos, el doctor de guardia recomendó dejarla reposar toda vez que comprobó que sus signos vitales estaban en orden. Eso tranquilizó a Sarah y a los chicos que se encontraban con ella. La familia regresó a casa dándole espacio suficiente a madre e hija.

- ¿Dónde me equivoque contigo pequeña?

Para Sarah esto se trataba de algo nuevo y evidentemente desconocido para ella. Recordaba cuando Lisa era más pequeña, lo voluntariosa y obstinada que podía llegar a ser, pero esto era diferente. Por primera vez, su hija demostraba desagrado por una actividad que hasta hace poco era el mejor prospecto para su futuro en opinión de sus padres y maestros.

Oh Dios…- una fugaz realización llego a ella, y caminó hacia la habitación de su hija, agradeciendo que Betty se hubiese llevado a Scott y Ben con ella por el resto de la tarde. Ya sería sumamente difícil comentarle lo ocurrido a Donald cuando regresase de su viaje.

Ahora tenía que confirmar sus sospechas. Por lo que se plantó en la puerta que daba a la habitación y tocó gentilmente.- Lisa ¿Puedo pasar?

- Adelante mamá.

Sin perder más tiempo ingresó velozmente a la misma, para observar a su hija que reposaba en su cama ya arreglada con un pijama. Lisa trataba de ocultar cierta incomodidad y vergüenza en su rostro, y Sarah no pudo evitar preguntarse porque una pequeña de 12 años debería sentir vergüenza.

- ¿Qué dijo el doctor mamá?

Sarah se sentó en un costado de la cama. – Es nada mas agotamiento, aparentemente a pesar de la buena alimentación tus requerimientos son más elevados de lo que una joven de tu edad requiere... creo que deberemos replantearnos tu relación con los lácteos.- le dijo en una sonrisa intentando bajar la tensión.

Lisa no supo bien si aliviarse o mortificarse, si antes la idea de encarar a su madre por querer dejar sus estudios musicales le producía temor. Enfrentar la desaprobación de esta y el hecho de admitir que era débil, por sucumbir a la presión cuando su padre le preguntase el motivo de su agotamiento, convertían toda la situación en un prospecto casi insoportable.

- Lo siento.- fue lo único que pudo decir.

Sus palabras confirmaron los temores de Sarah. La mujer la miró preocupada, ¿a dónde quería llegar Lisa con esas palabras? Se fijó en ella y notó su postura tensa, sus ojos brillantes que pedían ayuda.

- Antes de este accidente había algo que querías decirme…- Sarah le sonrió esperando calmar los temores de su pequeña. -Dime Lisa ¿qué es lo que te pasa?

- Mamá… yo ya no quiero ir más a la academia.

Y posando sus manos por sobre las de su hija, esperó a que ella pudiera hablarle. Sabía perfectamente que su pequeña era en extremo reservada, con un mundo interior muy suyo y que cada vez lo compartía menos con ella, no entendía la razón porque con los años esa comunión que ambas tenían se había ido perdiendo.- es tu culpa Sarah.- Se reprendió a sí misma, por dejar que las cosas llegaran a este punto en que estaba absolutamente perdida en lo que se refiere a Lisa… pero nunca es tarde para remendar los errores.

- Pero, qué estás diciendo amor… si a ti te encanta tocar el piano…lo hemos practicado juntas desde que eras tan pequeñita.- mirándola con ternura.- ¿No será que Scott tiene algo que ver en esto? y te está presionando para que te comprometas más con la competición de veleros.

- ¡No mamá!-Le exclamó con desesperación Lisa y trató de incorporarse desde la cama nada más para que su madre la detuviese con una palma colocada en su hombro, sin embargo su hija la enfrentó con sus ojos llorosos. Sarah intentó salir de su estupefacción y la miró directo a su rostro y dándose cuenta por primera vez de unas sutiles sombras bajo sus ojos.

- Perdóname mamá, no tengo derecho a hablarte así… es que ni Scott ni nadie tiene que ver en esto… únicamente es una decisión mía.- regresó a su lugar.- Estoy tan cansada… entre el colegio, la academia, las presentaciones, las giras… yo ya no doy más.- se lamentó en un tono que sacudió a Sarah.

- Quizás si descansas una temporada.

- Es que no es sólo eso.- sonriéndole tristemente.- No soportó otra presentación más, enfrentar al público, cuidar de no cometer ningún error, las luces sobre mi cabeza. Por favor no me malentiendas… adoro tocar el piano, pero hace ya tanto que no lo disfruto.- mirándola con su rostro lleno de interrogantes.- ¿Hace cuánto que no tocamos juntas?

Sarah se sentía miserable, qué clase de madre era que no se había percatado que su hija estaba sufriendo. Y no era exagerar que sufría, ella veía sus nervios antes de cada actuación o su empecinado ostracismo en los días previos donde ensayaba sin parar. Suavemente rodeó con sus brazos a su hija atrayéndola hacia su regazo. Quizás se hizo ciega a todas esas señales en un deseo inconsciente de prolongar en ella una carrera que se truncó por sus propios errores.

- Perdóname, Lisa… por ser tan torpe.- le dijo con sus ojos llenos de lágrimas acariciando la cabeza de su niña que descansaba en su falda.- ¿Cuánto tiempo llevas pasándola mal sin decirme nada?

- Perdóname a mí…yo no quería decepcionarte… tampoco a papá. Pero por más que lo intenté ya no pude más.

Sarah tomó el rostro de su hija girándolo para obligarla a que la mirase.

- Nunca vuelvas a decir eso… eres mi hija Lisa… nuestra hija. Tú no sabes cuánto te deseé, cuanto te busqué… cuantas noches me las pasé imaginando como serías.- llorando ya sin ningún pudor.- Y el día en que te tuve finalmente entre mis brazos fue el más feliz de mi vida… te amo con toda el alma mi pequeña. ¿tú decepcionarme? Cómo podrías hacerlo si desde que estás has iluminado cada uno de mis días.

Abrazándola con todas sus fuerzas la besó una y mil veces en su rostro. La jovencita no atinaba a nada más que a sollozar en silencio aferrándose con fuerza en las prendas de su madre, preguntándose el porqué había tenido tanto miedo… porque si sabía del amor que ella le profesaba, se juró a si misma que nunca más haría que ella volviese a llorar por su culpa.- debes confiar Lisa…debes hacerlo.- Se dijo para sus adentros.

- Entonces, pequeña… no te preocupes por nada.- le dijo Sarah recomponiéndose rápidamente.- Yo arreglaré todo… hablaré con tu padre, él estará bastante contento de saber que te dedicaras por completo al velerismo.- mirándola de reojo.- ¿Por qué te gusta el velerismo?- la niña río divertida a la vez que le confirmaba con un movimiento de cabeza.- Pues muy bien… ahora déjame buscar mi bolso que debo estar hecha un desastre.

- Mamá, ¿te puedo pedir un favor?- su madre la miró esperando su petición.- ¿Podemos volver a tocar juntas?

La mujer volvió a abrazar fuertemente a su hija y susurrándole despacio en su oído.- cada vez que estemos juntas lo haremos… te lo prometo.


12 de julio del 2002, Parque Olímpico The Heroes, Los Ángeles.

- Vaya, hermano… tanta chica atractiva dando vueltas por estos lados y nosotros obligados a estar junto a este stand de reclutamiento.

Se quejó Roy Fokker, que se sentía totalmente asfixiado en su uniforme blanco de mangas cortas, que hacía resaltar su musculosa figura convirtiéndolo en un modelo altamente interesante para las muchachas.- tiene su lado positivo esto de los uniformes.- Que en grupo se agolpaban a solicitarle información.

- No tienes derecho a quejarte, fuiste tú quien se ofreció a venir aquí.- le respondió Archer en tono indiferente.- Lo que aún no entiendo es cómo yo termine en este lugar.

- Vamos, Jack, no te hagas conmigo que nada mal la has pasado por acá.- le respondió socarronamente.- Anoche te fuiste de juerga con las del equipo de voleibol… y ni te acordaste de mí.

- Tuya es la culpa… a ti no te gusta compartir con los de la Air Force… la última vez que te presenté a uno de mis amigos terminamos dando de golpes en ese bar.- mirándolo con esa expresión de sarcasmo tan propia de él.- Si no es por mí te hubiesen molido a golpes.

- Creo que la memoria te falla… andabas de malas para variar y te pusiste a discutir con el de la barra.

- Fokker los años te están poniendo la memoria frágil… yo me peleé con el de la barra porque tú te besaste con su novia.

- ¡OYE! Tus amigos hicieron una apuesta… era una cosa de honor.- y chasqueando sus labios con fastidio.- Además no es justo que digas que me llevo mal con tus amigos, es nada más ese Edwards al que no trago.

La cara de desagrado que tenía Fokker sólo al nombrar a ese tipo dejaba en claro que no había alcohol suficiente en cantina alguna para que ese tal TR. Edwards fuera de su agrado, sinceramente lo encontraba un hombre siniestro… cruel más bien dicho. Había oído toda clase de historias acerca de él.- no es para nada de los trigos muy limpios.- Se rumoreaba que su carrera en la Air Force la construyó a base de "favores" que claramente no iban de la mano con el código de honor de cualquier militar.

Es por eso que le chocaba tanto que un muchacho como Archer se relacionara con Edwards. Dio un rápido vistazo a su compañero.- Jack Archer, qué escondes tras esa extraña amistad con T.R.- El referido entró junto a Roy a la academia y aunque era tres años menor que éste, su estatura era considerable, por eso sus compañeros le apodaban el gigante. Por cosas del destino les tocó compartir barracas y aunque al principio fue escasa su comunicación, debida en parte al carácter más lacónico de Archer, sólo fue cosa de días para que entre ambos se entablara una sincera amistad. Todo gracias a que ambos compartían la pasión de volar. Convertirse en pilotos navales era la meta que se propusieron y por como pintaban las cosas no demorarían en conseguirlo.

La expresión de desagrado en el aspirante a oficial desapareció automáticamente cuando sus ojos se posaron sobre una figura de largas y elegantes proporciones.- mira nada más que destino más azaroso.- Con una sonrisa torcida acomodó su rubia cabellera debajo de su gorra y caminó en dirección a ella. Había pasado poco menos de un año desde que la había visto, pero al parecer ese fue el tiempo suficiente para que se despertara en ella a la mujer que se escondía tras su adolescencia. Rio por lo bajo al darse cuenta que la muchacha lo reconoció apenas lo vio y aunque trató de disimularlo algo de rubor había en sus mejillas.

- Claudia Grant, la atleta estrella de la selección estadounidense.- le dijo con picardía.- A qué debo el honor de tenerla aquí en nuestras humildes instalaciones.

- Fokker.- le respondió ella en un tono que parecía un látigo.- Me sorprende que sigas aún en la Academia Naval, pensé que Annanapolis era una institución seria y que sus métodos de selección evitaban que individuos como tu ingresaran.

- Mmmmmmm- sonriéndole ladinamente.- Y me podrías explicar de qué clase son los tipos como yo.- como vio que la muchacha iba a replicar se le adelantó con su desenfado habitual.- ¿Te habían comentado que te ves realmente preciosa cuando te enojas?

La muchacha quedó absolutamente descolocada con ese último comentario y por más que trató de buscar en su arsenal de frases ácidas no encontró qué asestarle a ese hombre que la miraba descaradamente, sin ninguna intención de querer ocultar en sus ojos las intenciones que tenía para con ella.

- Pero hablemos de algo más interesante.- ajustándose su gorra.- ¿Viniste a verme a mí… o aún estas interesada en ese aburrido de Archer?

- ¿Todo bien, Claudia?

Un tipo de de casi dos metros de altura y de una contextura física tan impresionante, que le hizo dudar a Roy que este fuera un deportista juvenil, rodeó con su oscuro brazo los hombros de Claudia, mirando a Fokker como si fuera un insecto, volvió a repetir la pregunta.

- Sí Joy, todo está bien.- le dijo con una sonrisa de satisfacción.- Aquí el cadete Fokker… ¿está bien dicho cadete?- con una expresión de inocencia.- Es que como aún le falta tanto para convertirse en un oficial no sé cuál es el termino con el que me debo dirigir… retomando el punto… Él me estaba diciendo que no tenía ningún problema en ir a buscar al capitán Harrison... Mi amor.

Roy sin perder un ápice de su sonrisa, la observó con mirada lujuriosa. Después de subir y bajar sus ojos varias veces recorriéndola con descaro, se decidió a hablar.

- Es verdad… yo me ofrecí a buscar al capitán... espero que él pueda convencer a Claudia de que ingrese a la armada y así podamos estar nuevamente juntos y quizás… bueno quién sabe donde hubo fuego.- guiñándole un ojo.- Cenizas quedan.

Claudia palideció, mientras su novio intentó salir tras el desvergonzado cadete dispuesto a partirle la cara. Pero para suerte de todos, el capitán ya venía a su encuentro, caminado de manera parsimoniosa, observaba detenidamente a la muchacha.

- Así que usted es la famosa Claudia Grant.- le dijo el oficial que con rostro severo escrutaba el aspecto de la jovencita. Que con su tenida de competición lo miraba con su rostro despejado y segura de sí misma.- Me han hablado mucho de usted, ¿es verdad que quiere ingresar a nuestra Armada?

- En realidad, señor… aún no tengo claro qué hacer con mi futuro.- le respondió con calma, provocando que la sonrisa del capitán se borrara de sopetón.- He recibido algunas invitaciones de universidades que me ofrecen becas deportivas… mi intención de venir acá y hablar con usted era saber… si decido entrar a la armada qué cosa ustedes me brindarían… no sé alguna beca.

La voz de Claudia se fue apagando a medida que se daba cuenta que el rostro del furibundo oficial pasaba de un rojo anaranjado a un morado azuloso. Al parecer algo de lo que había dicho no fue del agrado del uniformado, que era nada más y nada menos que el director de Annanapolis. Y aunque el rostro de este sujeto era como el de un toro que bufaba por su nariz, cuando empezó hablarle su tono era bastante moderado.

- Jovencita, creo que estamos hablando de dos temas totalmente distintos, ¿ve lo que ando trayendo puesto?- apuntando a su uniforme.- Esto simboliza mi compromiso y mi lealtad para con mi país, entrar a la US. Navy no es una transacción comercial… no es un dar y recibir, es un llamado que uno siente… un llamado a servir en pos del bienestar de los demás.- sonriendo con decepción.- Y creo que usted lo que está buscando no lo encontrara aquí, por lo que le recomiendo que mejor acepte esas becas que le ofrecen esas universidades.

- Pero, señor.- intentó replicar Claudia.

- ¿No sé si se ha dado cuenta en los tiempos que estamos?… Qué anacrónico se ve andar corriendo por diversión mientras nuestros enemigos los tenemos viviendo en el patio de atrás.- haciéndole una venia de despedida.- Cuídese Claudia, le deseo un futuro exitoso.

La muchacha no quiso rebatirle nada y dándose la media vuelta caminó en la dirección contraria a la del oficial. Avanzó tan rápido que por más que su novio trató de darle alcance no pudo hacerlo, y sinceramente a ella no le importaba, se sentía tan dolida y tan frustrada. ¿Cómo poder explicarle al capitán que ese llamado ella lo sintió cuando recorrió los orgullosos pasillos de Annanapolis? Fue una voz que se coló por sus sentidos diciéndole que ese era su lugar. Pero para ella las cosas nunca han sido sencillas, tenía una familia detrás… familia que dependía de ella y de los ingresos que le proporcionaban sus múltiples becas ¿podría dejarlos sin esos ingresos?... Era una cruel disyuntiva… seguir sus sueños o correr por otros cinco años más, para con ello sacar adelante a su familia.

- Claudia, debemos darnos prisa, en unas horas será tu carrera.- le indicó su novio que con tono apremiante la alcanzó al fin.- Por favor, amor… sé que es difícil pero ahora debes sacar todas esas preocupaciones de tu cabeza y centrarte nada más en la carrera.

La chica de piel morena lo miró por un instante tratando de hacer caso a su consejo y luego de un pequeño esfuerzo mental, accedió a su petición. Y tomándole la mano se giró en dirección a la pista atlética. Pero aún sentía un poco nublado su juicio por lo que este movimiento fue torpe y brusco, golpeando con fuerza la espalda de una jovencita que derramó sobre su acompañante la totalidad de su granizado. Sin siquiera detenerse un segundo Claudia, lanzó un escueto.- lo siento.- Dejando a una malhumorada pareja que la quedó mirando desaprobatoriamente.

- ¡Blimey… pero qué falta de educación!- se quejó irritada Lisa sin dejar de observar a la mujer que se perdía en la multitud.- Si no es por ti me hubiese estrellado en el suelo.- mirando a Karl con preocupación.- Mira nada más tu camisa cómo quedó… Dios, por qué habré elegido el de fresa.

- Tranquila, Lizzie… lo importante es que estás bien.- sonriéndole resignado.- La muchacha al parecer tenía prisa… al menos se disculpó.

- Pero eso no es excusa, debería haber preguntado si estábamos bien.- con gesto molesto.- Acaso cree que por ser tan desproporcionadamente alta, los demás debemos desaparecer de su lado.- agitando su cabeza.- Todo por culpa de Scott y Marlene llevamos horas esperándolos aquí...

Karl sonrió divertido al imaginar a su mejor amigo intentando declararse ante Marlene. Este era su cuarto intento y de corazón esperaba que ninguna cosa inesperada volviera a suceder.

- Además papá, con mamá y tía Betty deben de estar por llegar.- con expresión preocupada no creo que lo de Ben sea otra cosa que una simple indigestión por comer tantas hamburguesas.

- Eso espero, aunque para su mala suerte se encuentre cómo se encuentre, Scott lo subirá arriba del Salona mañana.- riendo divertido.- Desde que ganamos la copa en Dover está convencido que también aquí nos colgaremos las medallas.

- Creo que ha olvidado por completo eso del espíritu olímpico.

Karl celebró con efusividad el comentario de Lisa, provocando que la jovencita se ruborizara levemente. Cada vez le resultaba más difícil disimular sus sentimientos hacia él y sentía pavor de pensar que él pudiera enterarse de ellos… Es que si lo hacía… ¿qué reacción podría el tener para con ella? Si claramente a pesar de lo que dijera Marlene, Karl no podía corresponderle. Sin embargo en contadas ocasiones como esta cuando él la quedaba mirando de esa manera tan indescifrable, Lisa podía casi asegurar que el amor era recíproco.

- Lizzie…Lizzie, ¿te encuentras bien?- le preguntó preocupado.- Te estaba hablando, pero no me contestabas.

- Este… lo lamento me distraje un momento.- le contestó avergonzada y mirando hacia todos lados tentó excusarse.- ¡Mira hacia allá!- le dijo apuntando al frente.- Hay varios puestos de recuerdos… podemos comprar una camiseta para reemplazar tu camisa sucia.

La jovencita respiró aliviada, menos mal logró salir airosa y no quedar en evidencia. Transitó en silencio el corto trayecto hacia los puestos y se negó obcecadamente a mirar a su compañero que seguía hablando sobre la regata del día de mañana. Mientras se detenían en un kiosco de camisetas, la atención de la muchachita se distrajo hacia unos niños que se encontraban a su costado y que al parecer no se habían percatado de su presencia.

- Vamos, Vincent… debes darte prisa, Claudia ya debe estar en los calentamientos… si no nos apuramos nos perderemos su carrera.

- Bowie, tendrás que ir tu solamente… no hemos vendido suficientes helados y con lo que tenemos aún no nos alcanza para los pasajes de vuelta.

- Pero yo no quiero ir sólo… me puedo perder… además cómo no vamos a acompañar a Claudia si a eso hemos venido.

El corazón de la jovencita se estrujó de angustia al oír la conversación de los pequeños y casi sin darse cuenta se colgó del brazo de Karl y le susurró muy cerca de su oído.- ¿puedes dejar lo de la camiseta y acompañarme?- El joven fue tomado por sorpresa, pero sin oponer la más mínima resistencia se dejó arrastrar por ella, quedándose frente a dos lindos niños de color que afanosamente contaban las monedas de un frasco.

- Buenas tardes… me preguntaba si aún les quedan helados.

Les inquirió Lisa con un tono tan dulce que llamó la atención incluso de Karl e hizo que los niños levantaran sus cabezas con sendas sonrisas en sus rostros, haciendo destacar sus blanquísimos dientes.

- Sí señorita… nos quedan muchos helados.- le respondió Vincent.- Aunque nada más hay de leche, los de agua se acabaron en la mañana.

- Ahhhhhhhh mira qué maravilla.- esforzándose al máximo Lisa en mantener su sonrisa.- Mis favoritos.

Karl levantó una ceja, no entendiendo de qué se trataba todo esto.

- Pues me los llevaré todos.- dijo con expresión resuelta la muchacha llamando la atención de todos.- ¿Cuánto les debo?

- ¿En verdad se los llevará todos?- preguntó incrédulo Bowie.

- Pues sí… hace bastante calor y quiero esperar a mamá junto a los demás con helados.- mirando a Karl.- ¿No te parece una buena idea?

El muchacho no supo qué contestarle, no entendía que estaba pasando. Y antes que cualquier cosa saliera de su boca. Vincent no desperdicio la oportunidad de cerrar un buen negocio.

- Son veinticinco dólares señorita…

- Pues pónmelos todos en la bolsa.- y haciendo el gesto de sacar su monedero, Karl se interpuzo cruzándole el brazo.

- Permíteme Lizzie, yo invito.

Unas divertidas risitas del par que tenían enfrente llamó la atención de los ingleses. Y notaron como los hermanos los miraban con ojos burlones.

- Pero que galán más atento con su novia.- dijo Vincent.- Que de paso es muy linda.

Lisa iba a corregirlos pero sólo ahí cayó en cuenta que aún permanecía del brazo de Karl… intentó quitarlo pero él la presionó contra su cuerpo sonriéndole de modo indescriptible, trasformando ese agarre en un delicado abrazó que rodeo toda la cintura de la muchacha.

- ¿Verdad que es hermosa?

Lisa quedó sin palabras, sintió como un fuerte escalofrío la recorrió por completo. Miraba sin aliento a Karl que no dejaba de sonreírle. Trató de decirle algo, más sus labios musitaban sin soltar una sola palabra o sonido. En eso el muchacho se acercó un poco mas ella y le murmuró de un modo tan sutil en su oído que ella en realidad no sabía si lo había imaginado o el realmente lo había dicho.

- No te molestaría que así fuera ¿verdad?

Ningún eco salió de su boca, Lisa seguía impactada y casi por acto reflejo movió su cabeza haciendo que la sonrisa de Riber fuera más esplendida, que sin dudarlo ajustó mas su abrazo sintiendo como Lisa se agitaba ante ese movimiento.

- Son una linda pareja.- le dijo Bowie entregándole la bolsa con todos los helados.

- Gracias.- respondió Karl muy contento.

- Y no va a probar ninguno.- le preguntó Vincent a Lisa que seguía embobada mirando a Karl.- Están deliciosos los hicimos con mi abuela.

Lisa se sintió presionada, antes las palabras de los niños y mirando con recelo la bolsa, iba a excusarse cuando Bowie, el más pequeño, se le abalanza sobre la bolsa sacando uno de los helados.

- Por favor, pruebe este… es mi favorito, se que le encantará… es manjar con leche y crema de leche.

El estómago de Lisa se revolvió ante la sola mención de los ingredientes.- es leche con leche.- Se dijo mirando con desconfianza el mentado helado. Pero la carita del niño era de tanta ilusión que ella simplemente no pudo negarse. – ay Dios.- Y conteniendo la respiración le dio una pequeña mordida al helado. Sintiendo que su cara se craquelaba tratando de mantener la dignidad en su rostro.

- Rico no es verdad.

- Aja… felicítame a tu abuela.- le dijo intentando sonreír.

Y luego de despedirse de los niños se dieron la vuelta para el sector de las camisetas donde Lisa finalmente dejo escapar dos pesadas lágrimas pasándole el helado a Karl.

- No es malo… en verdad es un helado muy rico.- le dijo ella al ver la burla en la cara de Karl.- Pero es para alguien que gusta de la leche.

- ¿Por qué lo hiciste, Lizzie?

- Porque era lo correcto…

Y mirándolo a los ojos sintió la sensación de preguntarle a su vez por qué él lo había hecho… ¿por qué había dicho que ella era su novia? Pero por otro lado, por qué no dejarlo así… el momento era tan perfecto, él en ningún momento la había soltado de su abrazo y ella se sentía tan cómoda junto a él.

- Vaya, vaya… y pensé que yo iba a ser la de la sorpresa.- les dijo Marlene sobresaltando a los dos chicos que de manera brusca se separón.- Mira Scott parece que ellos también tienen algo que contarnos.

- Hola, Marlene… no te sirves un helado.- le lanzó Karl divertido al notar que su prima no traía una gota de labial.- Es bueno para la hinchazón.

- ¿Envidioso, Karl?- le contestó mordaz Marlene

Lisa iba a abogar algo en su defensa, pero de pronto cayó en cuenta que Marlene traía cogido de la mano a Scott, que la miraba extrañado, pero en ningún momento se veía incomodo por venir de la mano con la muchacha.

- ¿Por qué vienen de la mano?

- Ay Lisa… porque crees.- le respondió Marlene emocionada.- Scott me acaba pedir que sea su novia… ¿Qué te parece la noticia?

- ¿Es verdad, Scott?- le preguntó Lisa con una gran sonrisa.

- Es verdad… Marlene y yo somos novios.

Antes que cualquiera pudiera agregar algo se oyó una fuerte exclamación que provenía de muy cerca de ellos y al mirar los muchachos en dirección donde venía este, vieron a tía Betty que con su rostro desencajado miraba fijamente a su hijo.

- Esto me pasa por reírme tanto de Donald acosta de Karl y Lisa. Ahora soy yo la que se siente como el demonio de tu marido.

Le dijo Betty a su concuñada en un tono que hizo reír a Sarah y ponerse de todos colores a Donald.


12 de Septiembre del 2002, Cosmódromo de Plesteck, Plesteck.

La sala parecía el más rústico pabellón de hospital, donde los instrumentos de sobrevida sin duda eran los resabios que quedaron de la Guerra Fría. La poca higiene y pulcritud de éstos daba cuenta que el personal que los manejaba no era en ningún caso pertinente para ello, no tenían ni los más básicos conocimientos médicos. Pero eso poco y nada le importaba al doctor Zand su única motivación era que el cuerpo que estaba tendido en ese deteriorado catre clínico se mantuviera con vida, mientras terminaba de coordinar y ajustar la complementación humana con la Robotech.

- Luego de cuatro años finalmente, he logrado desarrollar el mega procesador más complejo y parecido al hombre que haya existido jamás.

El científico se volteó en dirección al cuerpo, observándolo con un leve complejo de culpa. Era mucho decir que ese despojo de piel y huesos era una persona, en sentido estricto de la dignidad humana, ese cuerpo estaba flagelado hasta en la última micra de su ser, con unas escaras tan purulentas que sólo gracias a las bombas de antibióticos ese cuerpo no colapsaba ante la septicemia.- en verdad lo lamento Zor… pero te prometo que ya pronto podrás descansar.- Y volviendo a concentrarse en la pantalla de su ordenador siguió con la pesada tarea de programación. Era este su cuarto año de trabajo imparable en la ejecución del proyecto de instrumentalización humana, donde Zor fue su elemento. El pobre muchacho a pesar de tener un alto umbral de dolor y un cerebro muy bien desarrollado, igual después de varias sesiones terminó colapsando y cayendo en un profundo estado de coma. El científico pensó que todo estaba perdido pero para su fortuna Zor a diferencia de los otros elementos, pudo seguir traspasando su lógica al procesador de la Robotech.

- De algún modo tú seguirás vivo dentro de este espacio que crea el procesador,

Se repetía en forma constante Lazlo Zand. Quizás era un modo de aplacar su conciencia que le carcomía dolorosamente cada vez que lo miraba. Pero en el fondo no tenía opción, los maestros estaban obsesionado con poder contar con este sistema de defensa. Por eso sus visitas al Cosmódromo de Plesteck eran cada vez más frecuentes apremiándolo con los plazos, y haciendo hostiles advertencias donde el científico entendía que sólo abandonaría ese laboratorio con los pies por delante.

De pronto una de las alarmas que controlaban los signos de vida de Zor comenzó a chicharrear de manera escandalosa.- mierda no te mueras ahora mocoso.- Rugió el científico dando un gran salto desde su asiento y en un par de zancadas estuvo frente al cuerpo inerte. Pero mucha fue su sorpresa al darse cuenta que no era cuerpo inerte. Sus signos vitales estaban restableciéndose incluso su controlador neurológico marcaba ahora que su Glasgow o nivel de conciencia no era tres sino siete.- Dios mío… esto es un milagro. Y como si eso no fuera suficiente para convencerse los párpados del joven ruso se abrieron moviéndose agitadamente y aunque eran nublosos se notaba claramente como sus retinas se reducían y dilataban con violencia.

- Fue una larga siesta Zor.


hola a todos... como siempre si estas leyendo estas palabras es que te has dado el tiempo de ler este trabajo... por eso muchas gracias.

este capitulo es un cambio radical... espero se den cuenta en los detalles... la trama se esta develando lentamente mientras nuestrso querdos personajes estan lentamente conociendo el amor.

como siempre gracias fer este trabajo es gracias a t tu eres la brujula en medo del oceano. monica ha sido tan grato compartir contigo casi a diario y hacer de este trabajo algo tan ameno... muchas gracias.

Glosario

- rizos : amarras de seguridas para las velas

- brazas: medidas de navegacion.

- proel: encargado de las drizas.

- escoteros: encargados de las velas.

- timonel: ecargado de la conduccion y de la tripulacion.

- piano: manejo de los equpios de comunicacion, radar y alista las drizas para os escoteros.