Hola muchachos y muchachas, aquí de vuelta con este fic, sé que me he tardado demasiado, estoy muy ocupada con mis estudios y además está que se me cae el internet cada dos días y es imposible subir los capítulos, también sé que les debo otras obras y proyectos, pero no se preocupen me pondré a trabajar en ello en cuanto tenga tiempo. Recuerden que si no me dejan review menos me apuro en publicar, si me ayudan a llegar a los 43 o 45 reviews para el viernes publicare el siguiente capítulo antes del martes.
Sabotaje
El amanecer en el reino de Kagome era el ejemplo perfecto de la ocupación, los habitantes comenzaban sus labores. De hecho Inuyasha apenas y había notado el cambio de luces en su habitación antes de que la estruendosa voz de Sango tronara como un relámpago tras la puerta, sin siquiera molestarse en pedir permiso, la dama de compañía ingreso en la habitación cargando en sus manos lo que parecía una muda de ropa, la dejo en un mueble cercano a la cama, Inuyasha la ignoro y de dio vuelta para darle la espalda, él quería seguir durmiendo.
- oye muchacho levántate – escucho que lo llamaba, pero la ignoro, se había acostado bastante tarde y quería dormir un buen rato más.
- ¡vamos arriba! – se exaspero la humana y le pellizco la mejilla. Inuyasha intento gruñir y gritarle pero nuevamente nada salió de sus labios.
- lávate la cara y vístete, el carruaje estará listo en cuanto bajes – entonces comprendió, hoy era sus cita con Kagome. Ni bien Sango desapareció de la habitación, el ex tritón brinco fuera de la cama y corrió a donde le había dejado la jarra y una fuente con agua, con rápidos movimientos se salpico el rostro, lo que lo ayudo a espantarse el sueño, luego se secó y comenzó a vestirse, esta vez con menos dificultades que el día anterior. Debió hacer un escándalo, porque apenas y se ponía las calzas cuando Myoga abrió sus saltones ojos y comenzó a refunfuñarle.
- más vale que te arregles bien jovencito, solo te queda el día de hoy y mañana para que esa chica te bese, y ninguna princesa que se precie te besara si luces como él patán mal educado que solías ser en casa - Inuyasha frunció el ceño mientras escuchaba los regaños del cangrejo, era el colmo, justo cuando no podía hablar tenía a ese animal pegado a la espalda como percebe, que lata.
- deja de fruncir así el ceño muchacho, te vez como una medusa seca, ¡y límpiate la nariz por dios! ¿Cómo te va a querer besar esa chica con la nariz sucia? – mientras la labia del crustáceo seguía y seguía Inuyasha puso los ojos en blanco, se sentía lo bastante confiado sobre esta cita, sabía a ciencia cierta que le gustaba a Kagome, solo necesitaba el momento perfecto y la besaría.
- ¿te costaría trabajo enderezar la espalda? Tienes que mostrar modales frente a la realeza o no te tomaran en serio, y también procura no mascar haciendo ruidos cuando comes ¿crees que no te escuche bajo esa cosa de metal en la que me encerraron? – Inuyasha hizo un gesto despectivo con la mano mientras terminaba de arreglarse la camisa, la verdad comportarse de manera tan educada no era su estilo, lamentablemente Myoga lo sabía.
- ¡no me salgas con eso jovencito! no tienes tiempo para desperdiciar estando en las nubes señorito, por si ya lo has olvidado, esto es un asunto de vida o muerte – aunque las cejas de Inuyasha se contrajeron con abierta irritación, tuvo que reconocer, aunque no lo diría jamás en voz alta, que Myoga tenía un punto.
Él había pasado casi toda su vida haciendo las cosas a su manera, sin prestar la mínima atención al guion que los demás esperaban que representara. Se cruzó de brazos con frustración, esta vez no tenía margen de error, la obra que estaba representando con Naraku era de vida o muerte. Él solito había accedido a jugar ese juego con todas las reglas de por medio y si quería salir airoso, debía ponerse serio por primera vez en su vida. Dejando de lado esos incomodos pensamientos, Inuyasha se calzo esas cosas llamadas zapatos, que no terminaban de gustarle, se hecho a Myoga en el bolsillo, porque de otro modo no le dejaría en paz cuando volviera, y salió de su habitación. Cuando llego a la entrada del palacio la princesa, la nana y la dama de compañía lo esperaban, junto a ellas Buyo estaba dando vueltas y jadeando, parecía tan emocionado por ese día como Inuyasha.
- ¡buenos días, Inuyasha! – Kagome casi salto de alegría al verlo. Estaba vestida con una falda azul que le llegaba a la mitad de las pantorrillas con el corpiño blanco, dos botas negras cubrían sus pies, su largo cabello negro estaba peinado en una trenza francesa y retocada con un moño del mismo color de la falda, en otras palabras, se veía encantadora.
- toma, para que no te quedes en ayunas – se le acercó y le entrego algo cilíndrico dorado y caliente.
Sonriente Inuyasha se llevó al manjar a la boca y le dio un buen mordisco, el aroma dulce le lleno los sentidos, la cosa crujiente que cubría el relleno era más o menos salada, pero tenía un sabor aceitoso muy rico, pero lo mejor fue el relleno, algo cremoso y cálido lleno la boca de Inuyasha, un sabor desconocido lleno su paladar, su estómago gruño en necesidad mientras el masticaba lo más lentamente posible para poder disfrutar de ese sabor exisitos, su estamos gruño de placer cuando trago ese primer bocado. Definitivamente otra motivación para permanecer humano seria la comida, eso era lo más exisitos que había comido en su vida, también le cruzo por la cabeza que sería delicioso saborear esa cosa cremosa y oscura directamente de la piel de su princesa. Kagome se echó a reír antes de pasarle una servilleta de tela sobre los labios, el pobre se había embarrado completamente de la crema de chocolate.
- creo que hoy evitaremos la playa y nos quedaremos en las cercanías del pueblo, estaríamos de vuelta para la cena, aunque si ocurre algo pueden enviarme un mensajero – termino de explicar su itinerario a su nana mientras Inuyasha terminaba su desayuno.
- muy bien señorita, su carro está listo en la entrada – asintió Sango, para ella era común que Kagome quiera usar una de las carretas para moverse por el pueblo que las carrozas reales, pero la nana Kaede no parecía nada conforme con la idea, aunque no era una situación nueva para ella.
- ¿estas segura de que no quieres llevar algunos lacayos y la carroza real Kagome? – pregunto la ancianía con su típica pose seria.
- oh no será necesario nana, después de todo Inuyasha viene conmigo, estaré perfectamente segura – Inuyasha casi se atraganto ante alegre declaración de Kagome, literalmente acababa de poner su seguridad en sus manos, nunca había recibido semejante prueba de confianza. "Voy a besarla hoy, nada me detendrá" decidió en ese segundo. Buyo ladro contento, pero Kagome le puso las manos en la cabeza y le ajito el pelo con cariño.
- hoy no amigo mío, jugaremos más tarde – le sonrió antes de darle una orden suave pero firme, el perro se sentó y se quedó quieto, no parecía resentido por tener que quedarse. Luego Kagome se giró a su nuevo compañero de viaje.
- ¿estás listo? – le pregunto contenta extendiéndole la mano, Inuyasha no titubeo ni un segundo y le tomo de la mano y casi la arrastro hacia la puerta, quería salir de una vez por había, su pecho latiendo lleno de emoción, no solo porque tenía una cita con su princesa, sino que además iba a experimentar la vida en el mundo humano de primera mano. Kagome soto una breve carajada y se dejó llevar sin resistirse.
- ¡nos vemos luego! – grito sobre su hombro a las otras dos mujeres mientras ella y su invitado desaparecían tras la puerta.
- ¿no son adorables? – pregunto de pronto Sango con un cierto tono de diversión pero también de ternura en su voz.
- de alguna manera, ese chico me recuerda a Buyo cuando Kagome lo trajo a palacio siendo un cachorro – dijo la vieja Kaede antes de darse la vuelta y retirarse a hacer sus labores, tras ella Sango se echó a reír encantada.
La ciudad donde se encontraba el castillo de Kagome, estaba ubicada en la punta de una península montañosa, la cual se inclinaba bruscamente hacia el mar, como si una parte hubiese sido derrumbada, Inuyasha sospechaba que había sido un área volcánica. Pero su atención pronto fue dirigida al extraño vehículo en el que viajaban Pero su atención pronto fue dirigida al extraño vehículo en el que viajaban, le recordaba un poco al que su padre usaba para transportarse en las visitas reales, pero esta se mantenía en equilibrio por cuatro mecanismos redondos extraños. También la forma en que se movían era increíble, un animal cuadrúpedo tiraba del carro, en Atlántida las carrosas eran tiradas por delfines o tiburones, pero Kagome había llamado a ese animal caballo, Inuyasha se preguntó si sería algún pariente lejano de los caballitos de mar.
- ¿Inuyasha? – nuevamente la voz de Kagome saco a Inuyasha de sus pensamientos y lo devolvió de golpe a la realidad, ella le sonreía como siempre.
- sí que eres un soñador, siempre tengo que llamarte dos veces para que me escuches – sonrojado Inuyasha bajo la cabeza y se miró los pies, no había sido su intención ignorar a Kagome, es solo que le cruzaban tantas ideas por la cabeza que …
- no te preocupes por eso, no me molesta, de hecho es divertido – en respuesta el joven de cabellos plateados se inclinó más cerca y comenzó a juguetear con su trenza, ambos se echaron a reír, claro que solo Kagome producía ruido, cuando se dieron cuenta la pequeña ciudad costera se levantaba frente a ellos.
Incluso tan temprano en la mañana, la ciudad bullía en actividad. Los comerciantes preparaban sus puestos para el mercado, tiendas con todo tipo de artículos desfilaban por la calzada principal. Había hombres transportándose a pie o en carrozas, niños corriendo como locos por doquier, había tantas cosas que mirar que Inuyasha no sabía ni por donde comenzar. Ahora comprendía la advertencia de Myoga de que se concentrara, pero no podía, ni en sus sueños más locos habían imaginado una magnificencia como aquella. Se inclinó tanto como pudo, no quería perder ni un solo detalle de aquel lugar, no lejos de ahí un hombre con un tubo blando sobre la cabeza paso cargando una canjea llena de esos cilindros calientes que Kagome le había combinado hacía rato. Al otro lado de la calle una mujer que vendía esas cosas raras que se ponía Kagome acomodaba cosas con forma de mujer en un escaparate antes de cubrirlas de tela. A su izquierda un gran canal con bordes de piedra que daba directamente al mar, mientras Inuyasha se entretenía con las cosas que ofrecía la ciudad humana, Myoga se asomaba desde su bolsillo para mirar las aguas, y tal como lo sospecho una aleta verde se asomaba disimuladamente del agua.
- ¿ya la beso? – le pregunto a Myoga intentando no subir demasiado la voz, pues no necesitaba que algún humano lo viera.
- todavía no – siseo el cangrejo, claramente mareado por el movimiento del carro. Desde abajo Shippo gruño y se dio una voltereta de espaldas, ese tonto de Inuyasha, ya sabía el que estaría bobeando.
Kagome detuvo la carreta en lo que Inuyasha supuso que sería la plaza central de pueblo, por todos lados había puestos de mercado, tiendas y cientos de personas caminando y haciendo cosas raras. Emocionado dio un salto fuera de la carreta, pero un pellizco en su muslo por parte de Myoga le recordó que tenía que hacer gala de los pocos modales que se le hubiesen pegado cuando era príncipe de la Atlántida. Dando un disimulado golpe al bolsillo donde escondía a su niñera no deseada, Inuyasha se volvió y le ofreció su mano a Kagome para ayudarla a bajar.
Ni bien las botas de la princesa tocaron el piso Inuyasha se sorprendió al descubrir que Kagome estaba tan entusiasmada como él. Al segundo ella lo agarro de la mano y comenzó a arrastrarlo de un lado al otro de la plaza. Primero lo llevo a un espectáculo ambulante de marionetas que los hizo reír como niños, luego se puso a hablar con la esposa del panadero, alagándola por su vestido nuevo, lo que le gano una tarta gratis, y convenció a uno de los criadores de gallinas que le permitirá alimentar a los pollitos. Inuyasha se encontró a si mismo completamente a la merced de su princesa. Pero aun así, no pudo evitar sonreír cuando Kagome puso en su mano una mezcla de varios granos molidos, y lo instruida sobre como alimentarlos sin que le picotearan la carne hasta el hueso, su cara estaba brillante de cruda felicidad.
- ha pasado mucho tiempo desde que vine a la ciudad – le comento emocionada, Inuyasha se dio cuenta de que ella estaba igual de emocionada y distraída que él, ambos miraban a todos lados intentando observar demasiadas cosas a la vez.
La gente de la ciudad iba y venía, para sorpresa de Inuyasha venían en toca clase deformas colores y tamaños, todos con varias tareas que hacer, y Kagome quería ayudar en todas y cada una. Al final de la primera hora Inuyasha se sentía mareado. Luego de otro viaje a la panadería Kagome compro dos bollos recién salidos del horno, luego lo llevo a la fuente a descansar. Aliviado de poder sentarse Inuyasha dejo escapar un largo y silencioso suspiro, acepto gustoso el panecillo y le dio una mordida. Otra vez un perfumado y jugoso dulzor lleno su paladar, tenía un sabor distinto, pero aun así era muy dulce, sonrió dándose cuenta de que su princesa tenia debilidad por las golosinas.
- ¿te estas divirtiendo? – pregunto Kagome luego de terminarse la mitad de su panecillo, Inuyasha le sonrió brillante, tan solo en una hora había visto tantas maravillas que apenas y podía creer que era de verdad y no solo un precioso sueño del que despertaría metido en su cama con sus seis hermanos roncando en la habitación.
Gozando de su aperitivo se permitió observar a aquellos humanos, en otro lado de la fuente una mujer leía un libro, tan inmersa que no noto que un animal parecido a una nube mordisqueaba una de las esquinas. Al otro lado de la calle dos hombres con ropas a juego reían mientras bebían algo de unos jarros de metal, y cerca de la sombra de un árbol un grupo de niñas se hacía trenzas en el cabello, en un encantador circulo de trenzado. Dio otro mordisco al pastelillo, había tantas cosas que quería preguntarle a Kagome, pero incluso si pudiese hablar sonarían demasiado ridículas como parta que las preguntase un humano y ella descubriría que no era lo que pretendía ser. Estaba por terminarse el panecillo cuando de repente escucho música, iba a ignorarlo, pero Kagome se puso de pie tan de repente que por poco se hago con su bocado.
- ¡han programado un baile para hoy! – Inuyasha sintió que el pastelillo de rebotaba en las tripas, los tritones no tenían algo muy definido cuando en baile se trataba, bastaba con nadar de manera rítmica y mover la aleta exageradamente, pero Kagome se veía tan emocionada, seguro le pediría que bailara con ella… "estoy perdido…" pensó Inuyasha, y a juzgar por lo quieto que se quedó Myoga en su bolsillo, él también lo pensaba.
Ignorando los temores de su compañero Kagome se acabó el pastelito de una mordida y volvió a tirar de Inuyasha para acercarse más a la música. No lejos, en una plaza un poco más pequeña, se había instalado un trio de cuerdas, Inuyasha vio sorprendido los instrumentos, el primer músico tenía un objeto extraño entre las manos, grande, ancho excepto por un palo que sostenía en su mano izquierda, mientras raqueaba las cuerdas con la derecha, tenía una correa al hombro que lo ayudaba a sostener en su lugar el instrumento, el otro, un hombre robusto y panzudo sostenía una versión en miniatura del instrumento, Inuyasha casi se rio, ya que tenía un tamaño más apropiado para que lo tocara alguien como Shippo, el ultimo músico, una mujer joven de cabellos color miel tenia también un instrumento similar a los otros de tamaño mediano, pero en lugar de sostenerlo como los demás lo tenía recargado en su hombro y deslizaba una especie de palo encima de las cuerdas para provocar el sonido.
- ¿no es genial? En las festividades los músicos traen sus instrumentos y toda la gente baila, ríe y canta, pero, a veces, también lo hacen por diversión como ahora – la voz de Kagome sonaba tan alegre que Inuyasha sintió que se calentaba el corazón.
Inuyasha observo a los músicos, y como mientras tocaban la gente se iba aproximando, las niñas que se trenzaban el cabello corrieron al centro de la pista y comenzaron a dar saltitos al ritmo de la música, uno de los hombres vestidos a juego en la taberna fue hasta la chica que leía en la fuente y le tendió la mano. Para cuando Inuyasha se dio cuenta toda la plaza estaba llena de parejas bailando, se quedó francamente impresionándolos bales de los tritones y sirenas realmente eran nada comparado con los de los humanos, las parejas daban vueltas, y movían los pies y los brazos de maneras increíbles. Pero realmente comenzó a tensarse cuando sintió la mano de Kagome recargarse melosamente en su brazo.
- vamos, no pongas esa cara de espanto, es solo bailar, ni siquiera es difícil, ven te mostrare – le sonrió brillantemente Kagome, Inuyasha se puso pálido al instante y negó con fuerza agitando la cabeza, "¡absolutamente no!" chillo mentalmente, seguro que la pisaría o haría algún ridículo.
- no tienes miedo de algo tan simple como un baile ¿verdad? – se rio ella, Inuyasha negó con la cabeza, pero sus mejillas se pusieron rojas como una manzana, Kagome se hecho a reír.
- por favor ¿estuviste en un naufragio y te asusta una danza? – Inuyasha abrió la boca para reclamarle, pero entonces noto una sonrisa malvada en el rostro de la princesa una que conocía bien, pero no en ella.
Kagome se estaba burlando de él y llamándole cobarde a propósito, seguro que había deducido que al vivir con seis hermanos se haya vuelto competitivo y que si lo picaba lo suficiente haría lo que ella quisiera solo por el hecho de no querer perder. Para su desgracia tenía razón. Admitiendo su derrota como un valiente Inuyasha le tendió la mano, sonriendo en victoria Kagome lo arrastro hasta el centro de la pista de baile.
- no te asustes, de hecho es ridículamente fácil – le sonrió Kagome acomodándole las manos, puso su mano derecha a la altura de su cintura, luego ella coloco su mano izquierda en el hombro masculino y sujeto su mano libre a la de él.
- normalmente tu deberías ser el que guía, pero como estas aprendiendo me encargare yo – otra burla de parte de Kagome, y esta vez Inuyasha realmente lamento haberse dejado enredar en eso. Claro que se olvidó de su molestia cuando Kagome tiro de él más cerca de su cuerpo.
- solo mantente cerca y todo estará bien – le susurro Kagome sin dejar de abrazarlo cerca, Inuyasha se sonrojo mucho más, desde esa distancia tan corta podía sentir claramente el calor del cuerpo femenino, y eso por no mencionar el aroma de su perfume, algo dulce y fresca la vez que lo hizo respirar más profundo de lo necesario, solo para llenarse los pulmones de esa embriagadora esencia.
- sígueme – le pidió Kagome sacándolo de su ensoñación, dio primero un paso a la izquierda, Inuyasha la imito vacilante, sus ojos se enfocaron en sus pies, para asegurarse de dar los pasos correctos, Kagome se movió otro paso e Inuyasha volvió a imitarla.
- bien, ahora prueba dar un paso atrás – le indico Kagome, cuando lo hizo ella misma dio un paso hacia adelante levanto la mano que tenía unida a la de él y dio un elegante giro sobre sí misma como el resto de las damas.
- ¿lo ves? Es fácil – durante los siguientes minutos Kagome le enseño e Inuyasha la siguió, poco a poco su cuerpo se acostumbró a moverse al compás de la música y felizmente se dio cuenta de que sus movimientos ya no empujaban a los de Kagome.
Pero lo más asombroso fue cuando cayó en la cuenta de que ya no miraba sus pies, miraba el rostro de Kagome, una sonrisa se deslizo en su rostro. Ella era encantadora, su cabellos azabache hondeaba al compás de sus movimientos, sus mejillas rosadas, claro que todo el recuadro en si multiplicaba su belleza, pero Inuyasha sabía que no lo necesitaba. Estaba por dar otra vuelta cuando alguien piso la falda de Kagome haciéndola perder el equilibrio, Inuyasha logro atraparla antes de que callera, sujeto su cintura y la sostuvo en un Angulo de 45° respecto al piso, ambos se sonrojaron por la postura, pero una risa burlona rompió el encanto.
- vaya, vaya, vaya ¿mira que tenemos aquí? El intento de princesa divirtiéndose con un plebeyo, muy apropiado - ambos príncipes alzaron la vista contra el agresor, frene a ellos un joven de su edad, de cabellos castaños cortados de tal manera que a Inuyasha le recordó a una cosa llamada champiñón que habían visto de camino al pueblo, tenía el rostro aniñado y era tan delgado que Inuyasha estuvo seguro de que Shippo fácilmente podría darle una golpiza, tenía la nariz tan elevada que parecía que quería señalar al sol con ella y que lo ha los miraba con burla secundado por tres hombres uniformados en colores amarillo brillante y rojo chillón lo rodeaban como si fueran una pequeña corte.
- marques Akittoki – murmuro Kagome, Inuyasha arqueo una ceja, ese nombre le parecía conocido.
- no esperaba verlo de nuevo por aquí – continuo ella cuando ambos se enderezaron
- ¿Por qué habría de marcharme? Después de todo este lugar me pertenecerá pronto – sonrió arrogante y sus seguidores le siguieron aunque sus risas parecieron ligeramente forzadas.
- pensé ver lo último de usted y su pomposo trasero hace días ¿o acaso disfruto cuando le vacié la deliciosa sopa de mi chef en su cabeza? – la burla de Kagome trajo un ceño fruncido al rostro de Inuyasha, ahora se acordaba, ese era el perdedor que se había atrevido a insultar a su Kagome y que a pesar de todo se creía un con derechos sobre ella.
- he decidido disculpar esa increíble muestra de agresividad e inmadurez de su parte, después de todo no eres más que una muchacha malcriada, pero no te preocupes, tengo un equipo de maestros de corte y damas de compañía que te convertirá en una princesa digna para casarte conmigo – mientras esa basura de discurso elitista seguía saliendo de los labios del marques Inuyasha apretaba sus puños, Kagome ya lo había rechazado como pretendiente y aun así se creía que tenía todos los derechos sobre ella y su reino.
Estaba preguntándose que tanto se enfadaría Kagome con él por romperle la cara a ese pequeño y estirado noble cuando ella cuadro los hombros, levanto la barbilla y clavo su mirada castaña, normalmente dulce, ahora endurecida sobre ese poco hombre. Inuyasha apenas y tuvo un segundo para cuestionarse sobre qué planes tenia Kagome ella se adelantó acercándose al marques el cual tenía una sonrisa estúpida y arrogante tirando de sus venenosos labios.
- ¿sabe algo marques? Creo que usted tiene razón, soy una malcriada – las palabras de Kagome sorprendieron a ambos hombres.
- ¿lo admite? ¡Genial!, entonces aun no es tarde para corregirla, veras que cuando te cases conmigo te reformare y también te desharás de esas espantosas ropas de plebeya para vestirte como una dama y… - estaba por soltar otro discurso basura el marques hasta que la lancha y delicada mano de Kagome lo tomo del cuello de la tenía.
- no me ha entendido bien, puede que no sea una princesa ejemplar, pero ¿sabe que es lo mejor de ser una malcriada? - una sonrisa malévola apareció en los labios de Kagome.
- qué puedo hacer esto – un segundo después el pomposo marques estaba en posición fetal en el suelo, justo a los pies de Kagome, con sus manos acunando su entre piernas, justo donde el empeine de la princesa había aterrizado con la fuerza de los condenados, y que lo había hecho chillar como un bebé, a su alrededor todos los aldeanos detuvieron su danza y sus risas para mirar boquiabiertos aquel inusual espectáculo, incluso Inuyasha estaba boquiabierto, sabía que Kagome podía ser agresiva cuando se enojaba, pero el verla hacer algo semejante…
- y para que le quede claro de una buena vez, marques de pacotilla ¡NO ME CASARIA CON USTED NI AUNQUE FUESE EL ULTIMO HUMANO SOBRE LA TIERRA! – le grito a todo pulmón una vez el marques consiguió superar un poco el intenso dolor, apenas lo suficiente para levantar la cabeza.
Se hizo un silencio sepulcral en el pueblo, ni siquiera los insectos ni las aves se atrevían a hacer un sonido, luego una multitud de risas y aplausos estallaron seguidos de gritos de júbilo y apoyo para la princesa. Nuevamente Inuyasha se quedó sin palabras, el nombre de Kagome era gritado como el de un héroe de guerra, las mujeres chillaban y brincaban de alegría los hombres silbaban y gritaban felicitaciones, realmente la admiraban, y el marques… el marques estaba rojo de furia y vergüenza.
- ¡TU MALDITA PUTA! – estallo en cólera, e ignorando el intenso dolor en su entrepierna se puso de pie y arremetió contra Kagome, pero ni había dado tres pasos cuando Inuyasha se interpuso y lo mando de un puñetazo a la fuente.
- ¡auxilio! ¡ME AHOGO! – grito el marques chapoteando en el agua de la fuente lo que acarreo una serie de burlas por parte de los aldeanos e incluso los soldados que habían aparecido en la aglomeración para ver que ocurría estaban botados de la risa, ¿Quién podía ahogarse en 20 cm de agua?
- su alteza ¿Qué desea que hagamos con este hombre? – pregunto uno de los guardias a Kagome cuando se cansaron de escuchar gritar al marqués y lo sacaron del agua.
- llévenlo a la frontera y entréguenlo al príncipe Seki con un relato detallado de lo que ocurrió hoy, y díganle que si lo vuelvo a ver pisando mis tierras no habrá título nobiliario que lo libre de su castigo – la voz de Kagome era dura como el acero e igual de mortal y certera, para todos quedo claro que hablaba enserio. Los guardias escoltaron, sin casi nada de cuidado al marques a sus carroza mientras su sequito encopetado corría detrás intentando pasar desapercibidos.
- tengo hambre – se quejó de pronto Kagome llamando la atención de Inuyasha.
- ¿te parece si vamos a almorzar? – la pregunta y la radiante sonrisa de la princesa hizo que el corazón de Inuyasha diera un vuelco, estaba impresionado, pero no por su belleza, Kagome a simple vista parecía una niña tonta y voluntariosa, pero en verdad sabia como endurecerse cuando la situación lo ameritaba "es perfecta para ser una reina" pensó inmediatamente, "mi reina…"
Era ya el atardecer cuando volvieron a plació, y a Inuyasha le dolía la espalda, pero no por haber estado casi todo el día de arriba abajo, sino porque todos los hombres e incluso los guardias del pueblo lo habían palmeado amistosamente felicitándole por haber golpeado al odioso marques y también agradecidos de que hubiese defendido así a su princesa. Cuando llegaron a la puerta principal la vieja cuidadora y la gruñona daba de compañía los estaban esperando, una enojada y otra con una sonrisa tan radiante que incluso Inuyasha pensó que se veía hermosa, no tanto como Kagome, pero tenía su encanto.
A lo largo del día Myoga había logrado mantener su lengua quieta y sus pensamientos en la garganta, pero cuando Inuyasha fue a su habitación para limpiarse antes de la cena ese encantador silencio se rompió. Pues el ministro cangrejo tenía realmente mucho que decir.
- bien muchacho, ya te divertiste y con esa actuación en el pueblo ganaste muchos puntos, pero es hora de dejar de perder el tiempo – comenzó a decir mientras se pasaba de un lado al otro del tocador mientras Inuyasha se lavaba la cara, sus patas haciendo ese molesto clic con cada paso.
- si quieres que esa chica te bese tienes que hacer las cosas bien – Inuyasha arque una ceja luego de secarse el rostro, inseguro de lo que quería decir el cangrejo.
- esto es lo que tienes que hacer, es obvio que a esa princesa le gustas, pero para que te permita besarla necesitas crear una atmosfera - Inuyasha se rasco la cabeza, él no era experto en mujeres ni por asomo, esa era la tarea de Miroku, no tenía ni idea de cómo crear una "atmosfera". Levanto sus manos en señal de rendición, Myoga quiso bufar molesto.
- como obviamente no sabes nada al respecto pondremos en marcha mi plan – el alivio inundo a Inuyasha, ahora si agradecía que Myoga estuviese ahí con él.
- pero tienes que hacer todo exactamente como yo te diga. Escucha con atención – Inuyasha se agacho para que el cangrejo le susurrara al oído su plan, y de hecho tuvo que reconocerle que era muy bueno.
Después de la cena Inuyasha puso en marcha el plan de Myoga. Con cuidado, y luego de media hora de gestos de manos difíciles de interpretar, Inuyasha consiguió invitar a Kagome a reunirse con él esa noche. Hasta ahora habían permanecido en tierra firme, pero Myoga creía que el agua era el fuerte de Inuyasha, así que si quería tener la ventaja de terreno debía llevar a Kagome al agua. Así que su sita sería un paseo en bote. Nada lujoso desde luego, solo una barca que usaban los sirvientes pata trasportar mercancías del castillo mal pueblo y viceversa por medio de los canales naturales. Aun así Kagome estaba feliz como almeja cuando ambos se treparon al bote en el pequeño muelle de palacio, había un pequeño lago de agua salada cerca del castillo que era alimentado por el mar y que daba un escenario perfecto para el plan de Myoga.
Kagome canturreo feliz mientras Inuyasha los empujaba con su pie lejos del muelle, pero ni bien se dio la vuelta vio que su princesa había requisados ya los dos remos del bote. Imitando un gesto que la había visto hacer varias veces ese día se cruzó de brazos y arqueo una ceja.
- ¿Qué? Puedo remar perfectamente – son rio Kagome con inocencia. Inuyasha puso los ojos en blanco, luego fijo la vista en uno de los remos, pero cuando intentó arrebatárselo la princesa se aferró a él con fuerza.
Pero él era igual de terco, continuaron forcejeando por el remo izquierdo hasta que Kagome tuvo que usar ambas manos para sujetarlo, una vez el remo derecho estuvo sin protección Inuyasha lo agarro. Ahora ambos tenían un remo y estaba seguro de que ninguno iba a ceder el suyo.
- ¿y ahora qué? Esto es un callejón sin salida - se quejó Kagome, Inuyasha pensó un momento, los dos eran demasiado tercos, y podría ser un problema, entonces se le ocurrió una idea, con cuidado se sentó en una de las vigas y le hizo una seña a Kagome para que se sentara a su lado, de ese modo ella podría remar a la derecha y él a la izquierda.
Fue un poco incómodo al principio pero pronto consiguieron coordinarse para remar. Desde el interior del bolsillo de Inuyasha Myoga se asomó para evaluar el terreno, necesitaban un lugar bonito para crear la atmosfera, un sauce cercano llamo su atención, sus ramas formaban una hermosa cúpula sobre el agua, que era del tamaño perfecto para sus planes, jalando disimuladamente de la ropa de Inuyasha le indico su nuevo destino, Inuyasha entendió el mensaje y comenzó a girar la embarcación para dirigirse ahí. A esa hora la luz de la luna pintaba de zafiros y plata el agua del lago, dando un efecto visual precioso.
- ¿Inuyasha? – se giró a verla cuando lo llamo, Kagome tenía la cabeza baja y su mirada estaba perdida en las maderas del bote, como si fuesen lo más interesante del mundo. Se preocupó, en lugar de su princesa alegre y energética Kagome parecía nerviosa y triste.
- ¿Tu…? - comenzó a formular su pregunta, pero no encontraba el valor para terminarla. Inuyasha la miro inclinando la cabeza a un lado, como siempre que quería preguntarle algo o no entendía lo que ella decía.
- tu… ya sabes… ¿vas a volver… a tu casa? – la pregunta lo sorprendió, ¿volver? ¿Se había enterado de alguna manera de que era un tritón y si no la besaba para mañana al atardecer volvería a ser mitad pez y desaparecería para siempre?
- lo siento – se disculpó Kagome cuando Inuyasha dejo de remar por la impresión.
- quiero decir… yo solo pensaba… bueno, en lo aburrido que se volvería el palacio si te fueras… - su voz se volvió terriblemente baja, el remo yacía olvidado en su regazo; Kagome permanecía con la cabeza gacha, como si temiera el simple checo de mirarlo.
El bote se metió suavemente dentro de la cúpula formada por las espesas ramas del sauce, dándoles una ilusión de privacidad. El viento acariciaba los junquillos formando una melodía natural tranquila, que coreada con los cantos de los grillos daba una atmosfera de tranquilidad y paz. Pero ninguno de ellos lo aprecio, Kagome por estar metida en su reflexión e Inuyasha por estarla viendo, se veía casi atormentada, se acercó con la intención de poner su mano en el hombro de ella, pero le faltó valor y la dejo caer a un lado.
- no me gusta quedarme sola entre muros de piedra, todos al final se van, pero yo lo odio – continuo ella, realmente se veía miserable, el remo comenzó a deslizarse fuera de su regazo, Inuyasha lo tomo y luego puso ambos dentro del bote para evitar que se perdieran, luego junto todo su valor y tomo las manos de Kagome entre las suyas.
- lo siento – se disculpó ella con lágrimas en los ojos.
- es muy egoísta de mi parte pedirte que te quedes, después de todo tienes una casa y una familia que te espera – incapaz de permitir que ella continuará con esa retahíla de pensamientos negativos, Inuyasha tomo la barbilla de Kagome con sus dedos y la hizo levantar el rostro hasta que la punta de sus narices se rosaban. Una vez los ojos castaños de la princesa se juntaron con el dorado de Inuyasha, este negó, lentamente, la cabeza "no".
A su alrededor se podían escuchar pequeñas salpicaduras en el agua, sin necesidad de voltear Inuyasha supo que eran peces y también Shippo que se asomaba desde el agua curioso por ver que ocurría. Pero rápidamente se olvidó de ellos, los hermosos hijos de Kagome estaban enrojecidos a causa de las lágrimas, Inuyasha se sentía impotente, no sabía cómo hacerla sentir mejor. Todos sus instintos le decían que la rodeara con sus brazos y la pegara a su pecho para que ella pudiese desahogarse, pero al mismo tiempo no sabía si eso sería correcto. Solo él sabía que en cuanto se besaran permanecerían juntos para siempre, pero no había manera de decir celo a Kagome, pero había muchas posibilidades de que se malinterpretara la situación si no lo hacía en el momento correcto.
- debes creer que soy una idiota – volvió a hablar la princesa, su voz tintada con risa y tristeza a la vez.
- apenas nos conocimos ayer y… - ella siguió hablando, mucho y muy deprisa. Como si diciendo sus deseos en voz alta pudiera volverlos realidad o al menos hacerle creer a Inuyasha que ella lo creía. Pero él no era tonto, volvió a negar con la cabeza y la miro fijamente a los ojos, manteniéndola encantada y negándose a moverse, si rompía ahora el encanto del momento todo estaría perdido. La voz de Kagome se volvió tan baja que apenas y alzando a oírla.
- si te pidiera que te quedaras… ¿lo harías? – le pregunto sin aliento.
Muy su lentamente Inuyasha asintió con la cabeza, sintiendo como los pulgares de Kagome presionaban sus palmas cuando ella apretó las manos. A pesar de que al principio se sentaron lado a lado como amigos, ahora ambos se miraban de frente, sus manos unidas entre su al igual que sus ojos. Inuyasha tenía problemas para controlar su emoción, Kagome le estaba confiando sus sentimientos, confiaba en él y lo quería, ella solo le había dicho la verdad y confiaba ciegamente en que no la desilusionaría o lastimaría. Aun cuando de que no podría hablar dejo que ella se desahogara sin interrumpirla, quería que viera que la respetaba, que la escuchaba. Ella era la única que había visto la magia del mundo que otros no veían, lo había visto a él.
Con el corazón a punto de salir disparado de su pecho, Inuyasha comenzó a inclinarse suavemente hacia Kagome, había una manera más sencilla de borrar sus temores y tranquilizarla, estaban tan cerca… ella debió entender sus intenciones, pues también comenzó a aproximarse, quería que él le diera una respuesta más certera que un simple asentimiento de cabeza. Estaban a menos de un centímetro de juntar sus bocas cuando el bote se sacudió y se volteo. Un segundo antes de poder preguntarse qué pasaba ambos se encontraron empacados y tomando profundas bocanadas de aire. Agradeciendo que el agua no estuviera demasiado profunda Inuyasha se puso de pie y ayudo a Kagome a incorporarse, estaba empapada y su vestido estaba lleno de lodo. Quit algunos mechones húmedos de su cara antes de posar su mano derecha en la mejilla izquierda de ella. Estaba helada.
- estoy bien ¿y tú? – respondió Kagome reconociendo la pregunta silenciosa, por increíble que parezca podía entender a Inuyasha perfectamente, aun cuando él no hablara. Inuyasha asintió con la cabeza mientras se quitaba algunos cabellos de la cara, y apretando los dientes mientras las afiladas patas de Myoga le arañaban la pierna por sus constantes y frenéticos movimientos.
- eso fue extraño –murmuro Kagome cuando consiguió calmarse un poco. Murmuro Kagome cuando consiguió calmarse un poco.
- debimos golpear entronco o una piedra sin darnos cuenta – fue la explicación que ella encontró, pero Inuyasha no estaba convencido.
- creo que deberíamos volver o vamos a resfriarnos – propuso Kagome, ahora su nana si iba a matarla, era el quinto vestido que arruinaba en menos de un mes.
Inuyasha suspiro resignado, ahora no había forma de besarla, la atmosfera se había roto, y no sería apropiado hacerlo cuando ambos estaban empapados, enlodados y congelados, el encanto se había roto. Con cuidado recorrió el fondo enlodado hasta el bote volcado y lo volvió a enderezar, para cuando regresaron al palacio ambos estaban tiritando y sus ropas viscosas por culpa del lodo, claro que la nana de Kagome dio un grito al cielo al verlos, y ambos se llevaron un buen regaño.
Mientras se envolvía entre las sabanas, y aun gruñendo por el baño que le obligaron a tomar, Inuyasha se puso a meditar. Ningún bote se volteaba así, no llevaban casi velocidad y lo natural hubiese sido que zozobrara un poco, era como… como si alguien lo hubiese empujado con fuerza. Y solo conocía a una persona tan rastrera para hacer algo así. Se cubrió más con las mantas, había perdido ya dos días, si no besaba a Kagome mañana antes del atardecer volvería a ser un tritón y la perdería para siempre. Se dio la vuelta para dormir, mañana nadie lo detendría, ni siquiera un tramposo hechicero Cecaelio.
Continuara…
