Me arrodillé frente a él. Extrañamente, sentía la necesidad de sentirlo cerca. No podía entender cómo es que un auto declarado demente no me impulsaba a irme.

-¿Tienes miedo? – Su voz mental parecía estar gozando con la situación.

La sensación de libertad y poder que emanaba de él y fluía a través de mi era adictiva. No le temía, de alguna forma lo entendía. En alguna ocasión ya había sentido la locura misma y encontrar a alguien más que lograse comprenderme era sublime.

-No te tengo miedo. No puedo tenerte miedo ahora que te entiendo.

Sus ojos esmeraldas brillaron por un instante. Su mano derecha se abrió rápidamente paso hasta mi cabello. Lo jaló con fuerza para hacerme levantar el rostro. De alguna bizarra forma podía decir que me gustaba. Antes de darme tiempo de pensar o reaccionar se acercó a mí, se detuvo un instante para aspirar mi aroma y conectar nuestras miradas antes de que nuestros labios se rozaran.

Loki había tomado la intensidad de su ira y la había transformado en pasión. Sus labios capturaban los míos con furia mientras su lengua se abría paso para encontrarse con la mía. Estaba perdiendo la respiración cuando comenzó a morder. Me soltó por un instante y aproveché para respirar. Mis latidos no daban tregua a mi pecho, y aunque extasiada seguía sorprendida.

-Espero que no te moleste – dijo sonriente – no pude resistir la tentación.

-Quizá no sea lo tradicional, al menos no es las primeras citas – le dije. –Pero no me molesta.

-Vamos adentro, no quiero que vayas a enfermar. Ustedes los mortales son tan frágiles.

Sonreí. –No esperes más allá de lo que has conseguido esta noche Loki.

Su expresión fingía inocencia. De la fuerza de un momento antes quedaba alegría. Tomó entonces mi brazo y volvimos a aparecer dentro de su apartamento. Con un movimiento de la mano todo volvió a su lugar.

-Por lo poco que sé de costumbre mortales, creo que no es común que dos personas duerman en la misma habitación.

Comprendí a donde se dirigía su afirmación.

-No lo es. ¿Pero por qué intentaríamos hacer que esto funcione de forma mortal si tú eres un príncipe y juntos no somos tradicionales?

Su mirada se iluminó. Podía sentir que se sentía aliviado.

Los dos nos recostamos en la cama. Era terriblemente cómoda, pero no tan cómodo como él. Uno de sus brazos pasó por debajo de mi cabeza y el otro se posaba en mi espalda.

-Nunca me había sentido tan feliz. –dijo suspirando.

Yo hundí mi rostro acercándolo a su pecho.

-Yo tampoco –.