Disclaimer: South Park es propiedad de Trey Parker y Matt Stone. Esta historia tiene fines meramente de entretención.

Advertencias: Lo de siempre: lenguaje soez y estupidez.


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"All Those Friendly People"

Funeral Suits

...

¿Y? supongo que todo va bien… Ya sabes, después de esa noche – Sus pobladas cejas rubias suben y bajan, en un gesto sugerente y el pelirrojo frente a él roda los ojos, mientras apega los libros a su pecho. Resopló irritado.

¿Bien? todo va excelente. ¡Me trata igual que cuando estábamos en febrero! – Mientras hablaba, ingresó al salón de clases, pero Kenneth se detuvo un momento antes de entrar tras de él, contando algo con los dedos. No volvió a abrir la boca hasta llegar a su pupitre, al lado del de Kyle, y se dejó caer en la silla.

El pelirrojo acomodó los libros que llevaba sobre la mesa, ordenados del más grande al más pequeño, y luego buscó un lápiz en su mochila. El rubio a su lado no le quitaba la vista de encima, rumiando el pensamiento que se acomodó entre sus cejas en cuanto terminó de corroborar sus cálculos. El salón de clases se envolvía en un ambiente común, con barullos, risas y algún que otro grito exaltado de alguna chica. Todos esperando a que el profesor entrara por la puerta abierta en par y diese inicio a las clases, suscitando un silencio absoluto; así como en el ojo del huracán.

Buenos días alumnos. – De voz alegre, como único entusiasta de su impartir su clase, saludó a sus alumnos.

¡Buenas!

Buenos días profesor Tucker. – y así, sin orden ni medidas le respondieron la mayoría de ellos, sobre todo sus fanáticas.

Kyle… Tú llegaste después de febrero. – El mencionado encontró dos lápices al fondo de su mochila, procediendo a extenderle uno a Kenneth – Gracias. – Se encuentra con los ojos de Kyle luego de observar el lápiz en su mano.

Eres lento. – Suelta el lápiz y se sienta, alisando el uniforme. – Me trata como si no existiera, Kenny – Volteó la mirada a su cuaderno para anotar la fecha y lo que el profesor escribía en la pizarra. Kenny comienza a reír, pero se tapa con los brazos, sobre la mesa, ofuscando el sonido de sus carcajadas, sus hombros, sin embargo, se mueven con notoriedad y Kyle levanta una ceja. – Vamos Ken, no es como si yo fuese tan gracioso.

Kyle se voltea, ignorando olímpicamente a su amigo, a observar la ancha espalda del profesor Tucker que anota datos y nombres generales en la pizarra mientras recapitulaba sobre lo que hablarían esa clase. Por el rabillo del ojo se percata de que el rubio continúa riendo a escondidas.

Kenneth, me estás asustando.

¿"Tan" gracioso? – Dice tratando de regular la respiración. A Kenny, de buenas a primeras, le causó risa la situación porque conocía bien a Craig y encontraba hilarante que se comportara como un adolescente cuando solía recalcar, siempre, que era una persona madura, que ya no se comportaba "como antes", que Kyle, siendo tan astuto no le pillara y, a colmo, el último comentario. ¿Gracioso? Si alguien le pidiese que describiese las aptitudes de su amigo, aquél adjetivo no figuraba la lista, ni de broma.

Pareciera, si se fijan bien, que todos los movimientos nacieran en contraposición del contrario, aún el ser humano buscando un lugar al que pertenecer y sentirse parte. El Barroco fue principalmente artístico, claro que también incluyó a la literatura… – Hablaba en voz alta y barítona, de espaldas a sus alumnos. Se le escuchaba con una claridad asombrosa y, a pesar de que la pared debería ofuscar su volumen, parecía no afectarle.

Ike dice que soy gracioso. – Murmura apenas abriendo la boca, concentrado en lo que el profesor anotaba.

Tanto el profesor, que se vio interrumpido, como Kyle pegaron un pequeño brinco cuando la risa estrepitosa del rubio a su lado estalló. Craig volteó escéptico, y está demás decir que la mayoría de los presentes en el salón también voltearon a ver el escándalo del rubio. Kyle hizo una mueca, por completo extrañado, y se alejó del lado de Kenny, lo que le permitió su propia silla, quien ahora se agarraba el estómago. Le miró con disgusto disimulado, y esa primera mueca es la que pilla Craig cuando les observa y da cuenta del paulatino cambio en el rostro pecoso cuando una comisura de sus labios se levanta y sus ojos le observan amigables al otro.

McCormick. – Llama Craig y se encuentra de frente con los grandes ojos de Kyle, que le ven con duda y algo de enojo. Pero era Craig el que sintió la amargura en la boca del estómago al verles e idear pensamientos innecesarios.

Lo-lo siento profesor. – Trató de aclararse la garganta para calmar su risa, levantando una mano para simular que ya estaba calmado, pero aún sonreía.

¿Qué fue eso? – Kyle le pregunta en un susurro, con los brazos cruzados. Craig no alcanza a escuchar, pero por la nueva sonrisa cómplice en el rostro de ambos asume que el rubio rió de algo que dijo Kyle en primer lugar. Y sí, sentía celos; celos de no ser Kenny en ese momento, y de no haberle conocido antes, de que hayan nacido en épocas distintas, con el mismo sexo, en la cultura en la que nació y tuvo que carraspear para mantener la compostura y no desahogarse en sus alumnos. Se giró a observar la pizarra una vez para recordar en qué línea histórica dónde había quedado

Miguel de Cervantes, profesor.

Cierto, Cervantes. Gracias Wendy. – Prosiguió con lo que estaba diciendo, bajo el escrutinio de su hermano menor. Parecía como si todo el salón hubiese vuelto a la normalidad, pero tenía curiosidad. Mucha curiosidad.

Ike no vale, Ky. – Dice con los ojos cerrados, como si fuese lo obvio.

¿No? ¿Por qué no? – Se había ofendido, y no comprendía el sentido de lógica de Kenneth.

Porque los hermanos menores siempre te idolatran. – comenzó a golpear la mesa con el lápiz en un ritmo disonante.

Como Karen contigo ¿verdad? – "Ese comentario está demás" pensó mientras el lápiz se detenía en su mano, y se gira a verle con rostro dolido. Kyle, por su lado, lucía una sonrisa de victoria.

El profesor los observa y no puede evitar pasarse rollos, o la película entera, a pesar de que la clase sigue, el tiempo pasa, y la conversación entre los alumnos se hace esporádica debido a que Kyle anotaba en su cuaderno. Craig se abstuvo de caminar por los pasillo y cuando Stanley en un momento golpeó el hombro de Kyle, y éste volteó, pero se quedó un rato antes de voltearse a su propio puesto, con una sonrisa en el rostro, no pudo evitar sentir mucha más curiosidad.

Lindo dibujo. – Stanley se asustó cuando escuchó una voz dirigida a él y tapó la hoja con ambos brazos, levantando la cabeza como resorte al mismo tiempo, buscando la fuente de aquél comentario, tratando de pasar la anterior acción desapercibida.

El capitán del equipo de fútbol americano se topó con unos grandes ojos verdes, divertidos y ligeramente achinados por lo mismo, a aquellos bellos ojos les acompañaba una pícara sonrisa de medio lado. Se sintió cálido y entretenido, aparte de aliviado al ver que aquella voz provenía de Kyle. Se echó hacia atrás, dejando ver así su "obra de arte". Cartman resopló a su lado, y sin verle juró que también rodó los ojos; El dibujo constaba de Stanley mismo, vestido con un traje de super héroe, con armas, y si Kyle era sincero, muy de primaria.

¿Tu crees? – El pelirrojo pensó que si el chico frente a él fuese perro, ahora mismo estaría moviendo la cola.

Claro, muy creativo. – Sonríe el joven frente a él – ¿Para qué necesitas la goma de borrar? – Hace notar de entre sus dedos el dicho objeto.

Stanley señala un punto del cuaderno y Kyle se da cuenta de algo

¿Es... – Ahoga una sonrisa, mordiéndose el labio interno de la boca– Es ese el profesor Tucker? – Era pequeño, en comparación a Stanley, y estaba rodeado de mierda, situado frente a una pizarra. Sigue con sus ojos el dibujo, y ve más abajo una escena donde Stanley dibujo golpea a Craig dibujo. Stanley señalaba ese último cuadro.

Buena observación, Kyle. Necesito arreglar algo porque queda confuso – Kyle sonríe por lo bajo y Stanley le observa, a esa cercanía se da cuenta de las pecas que le asaltan el rostro, aquellas largas y claras pestañas, y los ojos acuosos y brillantes con los que inspeccionaba su dibujo. Se sorprendió comparando su rostro con el de una mujer, sintiéndose confundido.

Estúpidos. – murmura Cartman, desconcentrando el hilo de ideas de Stan. Kyle, por su lado le ve con frialdad, chasqueando la lengua, antes de voltearse.

El tiempo transcurre como si tejiese un complicado entramado de puntos, los árboles de ven en cuando se mecen acunados con alguna fresca brisa, refrescando los rostros de algunos alumnos cuyos ojos se cerraban bajo el hechizo de Sandman; Craig los tiene leyendo un texto sobre la época antes explicada, con motivo de analizarlo la próxima clase. Jason White, un chico de grande frente y cabellos castaños, lee en voz alta y Craig, apoyando la cabeza en la mano izquierda, cuyo codo apoyaba en la mesa, está sentado tras su escritorio, con el libro abierto en cierta página y manteniéndolo abierto con la diestra. Observaba, en una especie de transe de cámara lenta, cliché de película rosa, el modo en que Kyle se ve absorbido en la lectura, sonriendo de pronto por la mala lectura, o pronunciación del lector. En un momento, el menor levantó los ojos hacia él, y el profesor, avergonzado de verse pillado, vuelve la suya a su texto.

Lo más sensato era que en ese minuto estuviese concentrado de lo que uno de sus alumnos leía, pero lo cierto era que mantenía el libro abierto en una página atrasada de dónde Jason iba. Su mente vagaba los parajes de hace unas noches, cuando Kyle se contoneaba con ese endemoniado vestido negro, luego en imágenes fugaces de sus sonrisas, de sus ojos, y se detuvo antes de adentrarse más en ese extraño sueño que le burló unos meses atrás. Le angustiaba que nada le hiciese sentido, porque Kyle Broflovski llegó apenas el primer tercio de ese año, y ya veía su vida, pensamientos y hasta sueños transformados en una vorágine. Trago seco, remojando sus labios, sin darse cuenta del silencio en el que se había sumido el salón. Entonces, en cuanto se irguió, masajeando su muñeca izquierda, sintió el ambiente viciado y levantó la vista; todos le observaban, pues Jason, aunque a trompicones, alcanzó un punto aparte.

Ah, lo siento… Petuski, sigue la lectura de tu compañero, por favor – Dog Poo comenzó a leer, más torpemente que el anterior alumno, no alcanzó a llegar hasta la segunda línea cuando sonó el timbre y todos comenzaron a guardar sus cosas presurosos como si se hubiese soltado una bomba de humo en el salón. – Quiero que lo traigan leído para la clase del miércoles; haremos un trabajo. – Escuchó algunos quejidos. No les diría que sería un ensayo o quizás la asistencia para ese día se reduciría a la mitad. Era la última asignatura del día y tan solo de 45 minutos. Conseguir el permiso de los padres era fácil, considerando que su asignatura, en el transcurso de los años, no ha sido considerada de vital importancia para el desarrollo laboral de los alumnos. Luego quería golpearse en el rostro cuando los demás se quejaban de la falta de imaginación de sus empleados y la pobre comprensión lectora de los jóvenes en la universidad. Claro; quizás la mayoría menospreciaría su asignatura, excepto… levantó la mirada de los papeles que acomodaba en el escritorio y fijó sus ojos en el pelirrojo que de igual manera la clavó en él con rapidez, como si le hubiese llamado con los ojos. Su corazón dio un brinco ¿Qué significaba esa mirada? una vocecita le sugería problemas.

No creo que sea para tanto, Ky. – Kenny bostezaba, estirándose en el asiento antes de desperazarse y decidir levantarse del asiento.

Mira esto. – Kyle tomó sus cosas y se adelantó, sin despegar la vista del profesor.

Oye, ¡Espera! – Kenny cerró el cuaderno y lo metió con agresividad en la mochila, que se notaba había sido reutilizada muchos años, y fue tras de su amigo, no si antes tropezar con su propia silla, que se dirigía directamente al escritorio de Tucker, apreció como estos dos se observaban fijamente y se sonrió ¿Cómo no se daban cuenta de la tensión que existía entre ellos? Negó con la cabeza, y vio como Kyle se detuvo a pocos pasos de la mesa, él llegó a su lado, acomodando la mochila en su hombro.

Profesor Tucker. – Le llamó y Craig pestañeó. – Tengo una duda sobre el texto y la actividad de pasado mañana. – Kenny entendió a lo que iba el pelirrojo y al fijarse como Craig vio tras Kyle y tras él mismo, supo bien en quién fijaba la atención y no pasó por alto tampoco como sus hombros se tensaron cuando fijó la vista de vuelta en Kyle. Entendió sin siquiera darse vuelta que era Stanley quien le controlaba como marioneta. Stanley y su vida de chico popular versus un profesor de literatura con mala reputación y nulo apoyo de sus compañeros docentes.

Lo siento, Broflovski, ahora no puedo ayudarle. – Le trató con formalidad y rehuyó su mirada. Kyle volteó a ver a Kenny y vio su ceja alzada en expresión de "te lo dije", antes de girar en sus talones hacia la salida. Kenny miró sobre su hombro derecho una vez, para comprobar sus sospechas. – McCormick. – Pegó un salto y volteó a ver al profesor frente a él, sonriendo de lado al ver sus ojos. – Espero que no se vuelva a repetir.

Roger that. – Siguió a Kyle. En cuanto sabía que el profesor, ni alguien más, le miraba, frunció el entrecejo ¿por qué ese idiota se metía siempre? no le bastaba con hacerle la vida imposible a Craig, también tenía que hacerlo miserable.

A Kenny no le caía bien Stanley, porque siempre se metía con su "hermano mayor" sin siquiera esforzarse en acercarse a él, en conocerle como él lo hacía. Sospechaba que le daba cierto tipo de regocijo verle miserable y apartado de su círculo familiar, sin saber qué pensamientos les metió en la cabeza cada uno de sus padres, o qué pasó cuando eran pequeños como para que Stanley le odiara de esta manera.


¡Bienvenido a Magnolia—Ah, Kenny.

No te veas tan decepcionada, Barbie. – La chica levantó la mirada de la mesa que limpiaba, frente a la entrada de la cafetería; en su labios una fina línea, y su usual amigable mirada se endureció. Kenneth se sobrecogió en su lugar. – Err… ¡Babe, es sólo un sobrenombre!

Pues no me gusta, Kenneth, y lo sabes.– Se volteó a su mesa, dándole la espalda a Kenny, quien se levantó de hombros restándole importancia al asunto y caminó a su lugar habitual.

¡Kenny! – Karen apareció tras la barra y se lanzó a sus brazos, interceptando su camino. Él le devolvió un cariñoso abrazo.

Hola Karen ¿Te tratan bien? – La jovencita se alejó un poco de él sin perder del todo el contacto.

Hm. – asintió entusiasmada, sus ojos achinados en una sonrisa. – Leopold y Kyle son siempre muy amables conmigo.

¿Leo—¡Kenneth! – Se interrumpió a si mismo en cuanto escuchó la voz de Marjorine; no era aguda como la de las mujeres, pero tampoco grave como la de un hombre. Era una voz agradable, como la de Kyle. Sintió las mejillas arderles en cuanto fijó la mirada en ella y el bonito vestido celeste a lunares de los años 40', luciendo un peinado con ondas marcadas y doradas. Sintió el pecho liviano. Su sonrisa era sincera y sus ojos se curvaban adorables en alegría. Movió una mano en modo de saludo, en la otra llevaba una bandeja con bebida y helados, y luego siguió su camino hasta una mesa.

Marjorine. – Suspiró, levantando una sola mano y Karen rodó los ojos, sonriendo y alejándose de su hermano.

Voy a seguir con lo mío. Que no te pille el gerente, hoy anda más agitado de lo normal. – Kenny le guiñó un ojo. Eran contadas las veces en que compraba algo en ese lugar. Generalmente iba a cuidar de su hermana, de Kyle, aunque no le dijera, y a deleitarse con su bella Marjorine. – Ah ¿Me puedes ayudar con una bolsa? – Kenny asintió y le siguió detrás de la barra, tomó la bolsa de basura y abrió la puerta que daba al callejón.

La tarde caía y el frío usual que traía la noche se hacía presente. Tiró la bolsa al contenedor a su izquierda y se sacudió las manos. En ese instante percibió el aroma al humo de cigarrillo y se volteó por su izquierda.

Miren qué sorpresa ¿haz considerado trabajar aquí? El trabajo pesado te queda. – Kyle sonreía de medio lado, con un brazo apoyado en el abdomen, sosteniendo el codo del otro; con los dedos de la mano izquierda tocando sus labios y el cigarro quemándose entre ellos.

Kenny no supo si era la hora, la posición en la que Kyle se apoyaba en la pared con tranquilidad, como si el espacio le perteneciera, o el vestido tipo pin up rojo hasta arriba de la rodilla con vuelos debajo y puntos negros que usaba. No sabía si era aquello, pero lo llamativo era que resaltaba contra su tono cremoso de piel, y la peluca usualmente castaña con ondas, sobre ella una cinta roja, que con los rayos del sol destellaba en tonos rojizos, y con los labios gruesos carmín, las pestañas largas y curvadas negras, los ojos con lentillas celeste maquillados con eyecat. Sea lo que fuese, le resultó encantador. No era la primera vez que lo pensaba de él, de hecho, pero en ese momento se relamió los labios.

Y a ti ese vestido. – Kyle se carcajeó y aspiró de su cigarrillo antes de dejar caer los brazos al costado. Miró al suelo frente a él.

No puedo entrar. – Tiró la colilla al suelo y la pisó con un pie enfundado en un bonito tacón negro. Los pajaritos cantaban al sol que se retiraba tras las montañas. Kyle suspiró el último halo de humo que salió de sus pulmones.

Déjà vu. – Se refería a los primeros días en que Kyle comenzó a trabajar en la cafetería y su urgencia por sentirse extraño en esas ropas y ese lugar, por el trato de las personas y porque se sentía impotente pues no se reconocía, a pesar de que no supiera en ese entonces quién era si no más que lo que sus padres moldearon. Kenny le acompañó esa primera semana, porque Bebe le pidió el favor. Ya veía que en cualquier momento abandonaba su puesto, pero Kyle no era de los que se rendía fácilmente; rendirse sin pelear, o intentarlo, para Kyle, es sinónimo de fallar, y a él no le gustaba sentirse un fracaso.

El pelirrojo dirigió los ojos a él y Kenny se clavó en el puesto. Desde años que parecía que Kyle tuviese ese poder de manejarte con una sola mirada.

Craig sigue con su mierda de ignorarme en la secundaria y luego se aparece por aquí a hablarme como si fuésemos los mejores amigos de la vida. No le entiendo. – Se abraza y mira nuevamente al suelo frente a él.

Estaba pensando en declararme a Marjorine. – Kenny se puso frente a él, y extendió una mano. Kyle levantó la vista asombrado y sonrió.

¿De verdad? Pensé que ya lo habías hecho. – Se busca en el interior del vestido, por el escote, y saca dos cigarrillos. Le entrega uno al rubio frente a él en los labios.

Ja ja no. Pero, hablo en serio. – Kyle saca un estuche de cerillas, corta uno, lo enciende con el parche de lija y lo acerca a los labios del otro. Se miran a los ojos. El humo les envuelve.

Siempre hablas en serio, Kenneth. – Enciende su cigarro y apoya la cabeza en el muro a su espalda.

¿Qué opinas? – Toma su cigarillo y se pone a su lado, apoyando un el hombro izquierdo en el muro, quedando frente a Karma.

Hoy vino con Tweek – Kyle cierra los ojos y lo dice en voz suave. Como si lo dijera para sí mismo y tratase de resolver una ecuación mental.

¿Qué? ¿Por qué? – Apoya la cabeza en una mano, por lo que habla con el cigarro en la boca, saliendo sus preguntas como murmuros entre sus labios.

No lo sé, no es mi amigo. – Habló mirando hacia el cielo, como irritado. Luego de un silencio observa a su lado a Kenny – No me mires así, es lo que siento. – Kenny sonríe y luego se ríe.

"Es lo que siento" – Imita el tono lastimero de voz de Kyle.

Oh, cállate.

¿Crees que me corresponda? – Le pregunta después de un tiempo, cuando las risas se hacen mella en su pecho. Kyle le ve y nota la seriedad en su mirada. Se siente absorbido como en un calmo cielo y se pregunta cómo es que los ojos de las personas logran eso; parecer más que simples músculos visuales.

No creo que sea buen momento, Kenny. – Miró a otro lado, evitando la situación.

¿Por qué? – Kyle tira la colilla en un chasquido y hace amago de irse – Oye – le agarra del brazo y le acerca. Se miran, pero al instante dirigen la vista al chirrido de la puerta que provoca al abrirse.

Aquí estabas – Bárbara les ve, y luego al brazo que Kenny tenía apresado bajo sus dedos. – Vamos, te buscan de la mesa ocho. – Ella le toma de la otra mano y le arrastra hacia adentro.

Es la mesa de Craig. – Alcanza a decirle a Kenneth antes de entrar por completo. En sus ojos gritaba por ayuda. Kenny entró detrás de ellas, luego de apagar su propio cigarro.

El ambiente dentro del café se hacía más acogedor, las chicas se movían con ánimo de un lado para otro. Los Beach Boys de fondo arrullaban el lugar a una cafetería atemporal. Un trocito de tiempo perdido en el caos de la modernidad.

Ya vuelvo. – Dice Barbara en cuanto una de las meseras le llama. Les echa una última mirada de recelo antes de irse. Kyle bufa y no alcanza a dar dos pasos cuando Kenny le vuelve a tomar de la muñeca al ver como su amigo se daba ánimos internamente.

¿Cuándo es tu día libre? – Le pregunta, con carita de perro abandonado.

Mañana – Contesta Kyle mientras frunce el entrecejo. No le gustaba no entender, ni ser capaz de predecir una situación o persona, y en este momento no entendía por qué Kenny quería saber.

No, es hoy. Tómate la tarde. – A pesar de todo el ruido, y los vidrios chocando unos contra otros, por encontrarse al lado de la puerta de la cocina, y los gritos de las meseras al dar los pedidos, Kyle fue capaz de escuchar lo que dijo Kenneth. Porque lo dijo, como si estuvieran sentados en un lugar más callados y no en semejante sitio.

Kenny miró por sobre el hombro y enseguida distinguió los electrizados cabellos de su antiguo profesor de artes; Tweek Tweak, y frente a él, un muy sonriente, y extrañamente cálido, Craig. Era evidente que se ponían al día de las cosas pasadas desde la última que hablaron, si es que no se habían visto antes. Recordó entonces como Kyle mencionó su nombre, casi desalmado ¿Se conocían?

Entonces Craig pareció ser atento de la mirada que se dirigía a él tan fijamente y se encontró de frente con la de Kenny. Kyle volteo un minuto, curioso de la eventual desconcentración de su amigo. Intuyó que no se trataba de Marjorine -o en ese momento apostaba de que Kenny portaría cara de idiota-.

¿Hm? ¿Qué tienes en mente? – Voltea a ver a Kenny justo cuando Craig clavó sus ojos en los propios y alza una mano, en busca de su asistencia.

Tengo una idea. – Contesta con seriedad y una sonrisa. – Pero, promete que me ayudarás con Marjorine. – Suelta su muñeca y levanta la misma mano con el meñique únicamente alzado, esperando a que Kyle entendiese la idea de sellar la promesa, de un modo infantil, pero significativo.

Promesa de scout. – Responde el otro mientras sella su propio meñique en el de su amigo en una llave.

Nunca fuiste a scout. – Aleja la mano Kenny, con una sonrisa de sospecha.

No, pero siempre quise decirlo. – Se sonríe Kyle y se voltea a la escalera – ¿Tu casa o la mía?

Karma ¡¿qué clase de propuesta es esa?! soy un hombre puro e inocente. – La chica ríe y le empuja con levedad antes de subir por la escalera. – ¡Dos mil cien! – Le grita el rubio antes de girarse en 180 sobre sus talones.

¿Ya te vas? – Dice Barbara tras la barra al captar la atención del estudiante hacia las puertas.

Ahora es cuando deberías estar decepcionada.– Le guiña un ojo y Bebe roda los ojos – por cierto, Karma te busca. – Mira arriba, al segundo piso, deteniendo su andar.

Gracias. – Dice ella tranquila y se acerca presurosa a la escalera. Kenny le ve desaparecer en el final de la escalera.

¿Vendrás mañana? – Una suave voz le llama desde cerca y voltea, creeyendo ver un ángel.

Por ti vendría todos los días – Cree escuchar campanitas cuando Marjorine ríe con nerviosidad.

Silly, no trabajo todos los días. – Kenny sonríe y luego se da cuenta del tono sugerente de la blonda ¿está coqueteando conmigo? Kenny siente las palmas de las manos sudarle. Abre la boca para responderle y la cierra enseguida, sin saber qué decir con claridad -y sin balbucear-.

¿Tienes tarea? – Inocente, joven y dulce inocente Karen. Que en ese momento se acercaba a ellos desde la cocina.

Sí, tengo tarea, y como buen alumno planeo hacerla antes de que me castiguen por ello. – Karen le saca la lengua cuando él le desordena el cabello.

Qué responsable. – De pronto Kenneth siente que de verdad debe hacer la tarea en cuanto Marjorine le ve como si fuese un héroe.

Hasta luego, señoritas. – Con el pecho henchido sale y se da la vuelta hasta entrar por el callejón al lado de la cafetería.

Mira en su reloj las ocho con veintitrés minutos. Se apoya en la pared contraria, y se soba las manos para entrar en calor. La noche envolvía el cielo con su velo y las estrellas brillaban en su fulgor. Kenny se preguntaba si es que de verdad ocurría en tan poco tiempo el anochecer desde que el sol se ponía tras las montañas o es que uno se absorbía en su belleza de tal manera que era capaz de captar el momento en el que el cielo parecía teñirse de negro y en un instante, o un pestañeo, el frío y la noche te calaban los huesos.

Alza su muñeca y se sorprende al notar que quedaban pocos minutos para las nueve. Escucha unos ruidos y levanta la vista. Arriba de la puerta de servicio de la cafetería, en la escalera de incendios, se movía Kyle, ya vestido casual, y cerraba la ventana por la que había salido. Se voltea hacia Kenny y le sonríe. Se acerca a la escalera, se apoya y la acciona, bajando por tal. Luego la vuelve a acomodar, para evitar que alguien con malas intenciones intente ocuparla, y después se acerca a Kenny mientras se calza la casaca naranja.

Me asusta tu puntualidad. – Kenny se sube la capucha de su anorak.

y a mí me asusta tu impuntualidad ¿¡dos horas tarde!? – Se encamina al final del callejón.

¡Sólo pasó una vez! – Retoma el paso a Kyle. – ¿Qué dijo Barbara? – Kyle se gira a Kenny sin dejar de caminar.

"Última vez que te cubro. Sabes que no me gusta cuando me avisan a última hora" – Imita la voz irritada de la rubia y Kenny sonríe.

Siempre dice eso. – Kyle le guiña un ojo.


¿Por qué mi casa, otra vez? – Kenny asoma la cabeza tras la puerta del refrigerador y ve a Kyle apoyado contra el mesón en la cocina, cruzado de brazos.

Porque Kevin está desempleado. – Vuelve a sumergirse en el frescor del electrodoméstico. – ¿Se les acabó la mermelada?

Sabes que a nadie en esta casa, más que a ti, le gusta esa mermelada. – Kyle se acerca a Kenny.

¡Ajá! Querías esconderte de mí ¿verdad? ¡Oh, no, piedad! ¿piedad? yo te daré piedad. – Ríe malévolamente y Kyle se detiene a medio camino. Bufa una carcajada. Ve como Kenny cierra la puerta del refrigerador y observa como pervertido al frasco de la mermelada. La deja sobre la encimera y Kyle le acerca el pan. – Gracias amigo. – Kyle le sonríe. – ¡Mm! – Exclama, acordándose de algo – ¿y Ike?

Jugando en su habitación. – Rechazó con la mano el emparedado que Kenny le ofrecía, el rubio levanta los hombros y le pega un hambriento mordisco al tal.

¿Te dijo algo? – Kyle llenaba la tetera con agua.

Me preguntó si me habían despedido. – Kenny se atraganta con el pan por la risa y comienza a toser. Kyle le ofrece un vaso con agua. Pone la tetera al fuego – Le dije que estabas aquí, y respondió "ah ¿cómo está Karen?" – Kenny le vio con seriedad, dejó el vaso a medio terminar.

Si ese niñito hormonal se acerca a mi adorada hermanita, yo… – Muerde nuevamente el sandwich y Kyle levanta una ceja.

Y si tú siquiera, lo que sea que fue eso, a él, yo te… – Toma un cuchillo y parte por la mitad una manzana, muerde una mitad.

¿Ah, sí? – Dice con la boca llena de comida, viendo al otro masticar.

Ajá – Le responde el otro mientras masticaba su manzana.

La tetera comienza a chirriar, anunciando que el agua hervía y Kyle corta el fuego. Toma una taza, y sirve hasta tres cuartos. La termina de llenar con té negro. Toma un sorbo y mira a Kenny, que se hacía otro emparedado.

¿Quieres algo para beber?

Cerveza. – Voltea sobre el hombro y le sonríe.

Idiota. – Roda los ojos por la sugerencia. Claro que había cerveza, pero obviamente no debía tocarla, ni siquiera respirar cerca de ella. Era de Gerald.

¿Por qué no es buen momento? – Kenny se interrumpe en medio de su empresa. – Marjorine. –Aclara.

Porque… – ¿Cómo explicarle, que claro, no había problema en que salieran pero, conociendo al calenturiento de su amigo, se llevaría tremenda sorpresa apenas le levantase la falda a Marjorine? lo que calculaba que ocurriría transcurrida media tarde de la primera cita. Kenny igual es decente, aunque impaciente. – Porque tiene asuntos que resolver en su vida primero. – Le dejó igual, sino más intrigado.

Como sea, lo prometiste. Busca un modo. – Le dice serio y Kyle asiente. Seguiría insistiéndole a Leopold.

¿Por qué lo de hoy? – Sorbió su taza humeante y sonrió sin darse cuenta.

Ah, eso. – Murmura con la boca llena. – Craig lo hace aposta. – Levanta la vista cuando escucha otro corte y ve a Kyle cortar la otra mitad de dichosa manzana.

Lo supuse, mas no quería esperar lo peor de su comportamiento. – Engulle otro poco de la fruta y luego se cruza de brazos, bufa exasperado luego de tragar y sorbe de su taza. Comienza un lento golpeteo en lo lateral de su taza, observando por la ventana, meditando, uniendo los trazos y recopilando datos hasta que el entrecejo se le suavizó. – Cómo…

No lo sé, pero al parecer fue capaz de hacer calzar su horario con el tuyo de la cafetería. – Kyle bajó la taza y sintió un escalofrío. Le vio con ojos grandes al rubio.

Esto no me da buen presentimiento y suscita recuerdos que gustoso he ido confundiendo en mi mente hasta no evocarlos con claridad. – Su voz fue lóbrega y dirigió la mirada triste al suelo.

Craig no es Boyett, Kyle. – El pelirrojo da un respingo y Kenny nota como en sus labios se forma un puchero. – Estoy seguro de que él no—¿Qué te lo asegura? ¿Te lo ha dicho, acaso? Que me prefiere a mí antes que a Karma. – Mira disgustado a un costado. Kenny deja la mitad de su tercer emparedado a un costado y se acerca a Kyle. Pone ambas manos en sus brazos, a la altura de los hombros, denotando apoyo.

Mírame. – Kyle levanta los ojos de a poco y Kenny siente un escalofrío cuando ve las nubes que proclaman lluvia en los verdosos. – Respira hondo. – Inhaló y cerró los ojos por un momento. Cuando los volvió a abrir las nubes parecieron evaporarse en llamas.

Trent es un esperpento como ser humano. – Mira a su taza humeando y Kenny se ríe. – No sabes lo que significa ¿verdad? – Kenny niega y le palmea una vez antes de soltarle e ir por su comida.

Si lo haz dicho tú, debe ser una especie de insulto.

La palabra existe, Kenny. – Se mofó de él en una risa. Kenny hace un gesto con la mano para que lo deje.

Seré soplón ¿sí? – Kyle asiente suspicaz.

¿y cómo planeas serlo? – Kenny esboza una sonrisa de Cheshire. Termina su emparedado y se sacude las manos.

Tú asegurate de cambiar tu horario.

Ir los días que me solía tomar libres. – Se sirve otra taza – Pero, eso no asegura que no note mi patrón y lo corrija a su conveniencia.

Yo te ayudaré con eso. Pasé la mayor parte de mi infancia con él, y es bastante obvio en ciertas cosas. – Kyle sonríe. – Te diré cuando planea ir.

¿Lo seguirás? – inquiere Kyle

De hecho lo iba a fastidiar, pero seguirlo no es una mala idea. – Kyle se ríe y Kenny se alza de hombros. – El duo perfecto. – Le guiña un ojo y Kyle roda los ojos.

Si no fuese por mí estarías perdido. – Lleva su taza consigo en dirección a su habitación.

En muchas maneras – Se sincera y le sigue. Kyle se voltea antes de salir de la cocina y le tiende su taza.

Eres un desastre. – Ordena y limpia el desorden de Kenny y luego recupera su taza de entre los largos dedos de su amigo.

Tú un maniático. – Se encoge de hombros.


El plan corre y Craig se ve tan confundido como Kyle los primeros días, a regocijo de los menores, cuando en la cafetería pregunta a Bebe por Karma y se entera de que es su día libre. No es lo suficiente para bajarles os ánimos y hasta hubo una semana en que, descuidando su organizada agenda, fue dos días seguidos para pillarle al siguiente, pero sin resultado.

Una tarde corrigiendo pruebas, ya a casi una hora después de que el timbre de salida ha tocado, el profesor se encuentra debatiendo si asistir o no ese día a Magnolia. Le daba vergüenza la cara de pena de Bárbara cuando le decía con dulzura que ese era el día libre de Karma, y se encontraba luego sin saber que hacer a pesar de recibir las atenciones de otras meseras. No es lo mismo sin él. Se sentía vacío no escuchar su voz ni observar sus actuaciones. Últimamente le vio decaído y no sabía otro modo de animarle más que ir a verle a la cafetería y tratar de entablar una conversación casual con él. Stanley le miraba de cerca en la escuela y empezaba a encabronarle no tener oportunidad de hablarle a Kyle. Se siente como un drogadicto con síndrome de abstinencia, y no le gustaba ni pensaba acostumbrarse a la idea.

Dejó el lápiz sobre la mesa y se restregó el rostro, jadeando.

¿Es mi ensayo el que te acongoja? – Lo que menos quería oír en ese momento era la desagradable y sugestionable voz de Kenny. Craig levantó el rostro de la mesa, extrañado.

¿Sabes siquiera lo que significa esa palabra? – Carraspea.

¿Ensayo? ¿Quién no sabe lo que significa "ensayo"? – Dice con voz obvia, sacando la lengua y caminando de lado a lado ingresando al salón.

Craig sonríe y bufa, echándose hacia atrás en la silla y apoyando un brazo en el respaldo de la misma.

¿Qué necesitas, McCormick? – Kenny se pasea a paso lento, Craig le sigue con la mirada. Ve el rostro impasible del menor y pasa una mano por el escritorio, golpeando con los dedos en la mesa, suavemente.

Nada. – Acerca una silla al otro extremo del escritorio y se sienta, toma un lápiz, sube los pies a la mesa y lo observa. Craig le mira y luego observa de nuevo los papeles. – De hecho, sí, quiero saber algo. – Suelta el lápiz y se acomoda en la silla. – ¿Qué te dijo ahora Stanley?

A Craig se le resbala el lápiz de las manos y mira a la puerta con urgencia antes de ver a Kenneth. Pero, guardó silencio y no respondió a su pregunta. Kenny vio como su manzana de adán bajaba en cuanto tragaba saliva y que tensaba los hombros.

No hay nadie cerca, me fijé bien. – Kenny ve como Craig le observa con urgencia profunda en los ojos – Ahora deja de ser un marica y contesta.

¿Por qué piensas que me dijo algo? – Craig se acomoda en la silla. Kenny vuelve a tomar el lápiz y juega con éste en las manos.

Eres obvio, me lo acabas de demostrar con tus gestos. – Dice como encogiéndose de hombros y le señala el cuerpo completo con el lápiz.

Desperdicias tu inteligencia en la escuela, detective. – Kenny le guiña un ojo. Craig bufa.

Ya sabes, aléjate marica, bla bla… – Acomoda los papeles. Kenny le ve indiferente. – Me amenazó con el consejo—¡Qué hijo de puta!– Le interrumpe el menor, golpeando la mesa –¡Epa, que es mi madre también!

Lo siento. – Se avergüenza de su impertinencia, disculpándose en voz baja. Craig sólo asiente.

Pero, concuerdo con la intención. – Esboza una sonrisa de medio lado.

No sé por qué eres blando con Stanley. – El profesor suspira – Te conozco y si hubieses hecho algo, él no creería que puede ponerte su puto pie encima. – Craig le ve con severidad.

Le prometí a Sharon—¿Qué? ¿Le prometiste que lo malcriarías? ¿Que no le enseñarías su puto lugar? – El mayor le ve con sorpresa, pues es extraño ver a Kenny enojado

Le prometí que cuidaría de él – Kenny roda los ojos con su respuesta calma.– y que me encargaría que no pasara lo que yo. – Le vio con angustia. ¿Que no pasara...

Pues le falta un poco de calle. – Craig niega con la cabeza – Es un puto consentido. Craig, Stanley te quitó a tu mamá ¿no estás enojado?

¿Por qué habría de estarlo? fue hace tanto tiempo – Ordena los papeles en la mesa, golpea un costado y los guarda en una carpeta.

Si estás enojado. – Craig hace caso omiso y callado ordena el escritorio. – Lo estás y es por eso que no puedes verla. Estás enojado con ella. – Craig se detiene y le observa con una mirada afilada, frío, duro, enojado. Kenny se estremece, pasando saliva y levantando las manos. –Bien, bien. Hablaremos de otra cosa. – Craig está en silencio en todo momento, termina de guardar sus cosas y Kenny le sigue. – o… quizás no quieres hablar ahora.

¿Qué le pasó hoy a Broflovski? – Kenny se detuvo por un milisegundo, y luego retomó el andar tras de Craig, sonriendo como idiota. Craig llevaba en un brazo los papeles abrazados y la otra mano en el bolsillo del abrigo.

¿A Kyle? ¿Por qué, qué le paso? – Kenneth creía saber perfectamente a lo que se refería, y se vanaglorió a sus adentros cuando el profesor chasqueó la lengua. Kenny se preguntó si tal vez el motivo del estrés y pocas palabras (menos de las usuales) del profesor no fueran por su hermano, sino que por cierto pelirrojo.

Como estás siempre con él, pensé que sabrías. – Le abre la puerta de salida al menor y luego pasa él. Kenny va silbando. Se voltea y pone la mejor cara de inocencia que puede. – No uses esa mirada conmigo. No lo vi después del segundo período. – Caminan juntos. A Kenny aquello le toma por sorpresa, ni de asomo era lo que creyó saber y que con Kyle han estado ejecutando por un par de semanas.

Qué extraño, yo lo vi en química – Y era verdad ¿Kyle faltando a una clase? le preguntaría luego.

Química les toca… – murmura por lo bajo, cuando llega al lado de su auto, ingresa la llave a la puerta.

Es nuestra última clase hoy. – Ve como Craig detiene su mano en la puerta del piloto un momento antes de abrirla con mayor fuerza de la necesaria.

Ah. – Entra al auto y enciende el motor. Saca un cigarrillo de su bolsillo y lo muerde en los labios con rabia, cierra la puerta.

Oye ¿me vas a dejar… – Craig baja la ventana y sale el humo del cigarrillo.

Cuídate camino a casa – Kenneth siente un escalofrío. Usualmente lo diría calmado o desinteresado, pero esta vez lo dijo casi gruñendo. Retrocedió y partió, rápido. Kenny sonrió y metió sus manos a los bolsillos. Lo lamentaba por Craig, pero era por su bien. También lo lamentaba por Kyle, porque Craig es de los que les cuesta separar la vida personal del trabajo.


Broflovski. Llegas tarde – Kyle cierra la puerta extrañado. Apenas tocó la campana y se demoró al quedarse hablando afuera con el profesor de matemáticas. Estaba seguro de que Craig le había visto antes de entrar.

Lo siento, yo—ve a sentarte. – Siente un escalofrío y endurece las facciones, viendo serio al profesor que le devuelve de igual modo la mirada. Ambos enojados. Kyle asiente y camina a su puesto usual.

Craig se da vuelta al pizarrón y anota un par de palabras. El salón está en sumo silencio, hasta las chicas se abstienen de cuchichear. Kyle deja caer la mochila a un costado y se sienta al lado de Kenneth.

¿Qué le pasa? – susurra. A lo que Kenny se encoge de hombros y luego sonríe cuando escucha como Craig se aclara la garganta. Kyle se deja caer y busca un cuaderno entre la mochila.

Impuntual e impertinente ¿Tiene ganas de conversar? Conversemos ¿Quién fue Tirso de Molina? – Le preguntó adrede, eso lo pasaron la clase que Kyle faltó. Quien no se daba cuenta de que la pregunta era para él hasta que este mismo siente el aire viciado. No alcanzó ni a abrir el cuaderno.

¿Se refiere a mí?

Claro ¿ve a alguien más que haya llegado tarde? – Kyle frunce el entrecejo. No tenía ganas de lidiar con un malhumorado Tucker. La clase anterior se había quedado dormido en la biblioteca. Al cambiar los horarios libres no le hacía bien. A pesar de muchas cosas, tenía su cuerpo acostumbrado como el de los niños pequeños.

Dramaturgo español del siglo VII – Ve como Craig seguía impasible ¿Qué más quería que agregara? suspira – Se le atribuyeron "El burlador de Sevilla y convidado de piedra" y "El condenado por desconfiado". – Craig se irrita

¿Por qué cree que le pregunté acerca de él? Dígame algo más—Con el burlador de Sevilla introdujo el tema de un don Juan Tenorio, libertino, y el otro trata el tema de la arrogancia del hombre frente a la gracia divina y algo del libre albedrío, y dejó además unas trescientas comedias ¿Necesita que las nombre?

Craig se irrita aún más y deja caer su sonrisa de arrogancia. Kenny se tensa a su lado al ver el caos arder en sus ojos, ese caos que tuvo el privilegio de ver en contadas ocasiones en su infancia. Pero, definitivamente jamás pensó que sería contra un alumno, que más encima conteste bien las preguntas.

¿Diego de Velázquez, Caravaggio y Gentileschi? – Kyle enarca una ceja ¿por qué le preguntaba por…

Velázquez es español, de él como persona no se sabe mucho aparte de las obras que dejó, increíbles por cierto; Michelangelo Merisi es Italiano, realista, rechazó la característica belleza ideal del renacimiento; y Artemisa Gentileschi, nacida en roma, hija del pintor Orazio Gentileschi, su estudio sobre la luz la convierten en seguidora de Caravaggio y tiene una producción que su padre no alcanza, captó como nadie en su época "la soledad de la mujer herida".

El silencio se hace con el salón. No se escuchaba usualmente la voz de Kyle, pero, al escucharlo en este momento muchos se sintieron hechizados; con voz calmada, haciendo correcto uso de la retórica, la puntuación, la pronunciación y la respiración. Con un tono de voz neutral. Hablaba a un volumen moderado, pero se escuchaba en todo el salón. Kenny era el único que notaba por su tinte lo muy enojado que estaba en ese momento. Sinceramente no era el único que no tenía idea de quienes eran esos personajes. Craig por su lado también guardó silencio, estupefacto.

Profesor Tucker, entiendo el ánimo de la pregunta y que son de la misma época, pero podría decirme ¿por qué preguntó por pintores? – Kenny se sorprendió, Stanley dejó de dibujar, era por eso que nadie los ubicaba ¿por qué Kyle sí? solo unos pocos de la clase de artes entendieron, y que esperaban que Kyle cayera, junto con su faceta de indiferencia y sabelotodo. ¿En qué era débil Kyle?

Porque la literatura también es considerada una de las bellas artes, así como la pintura. – Kyle sintió ganas de golpearse en el rostro. La respuesta de Craig era sinónimo a "sólo quiero molestar". Simplemente asintió y se sentó. Kenny dejó de columpiarse y se fijó de que Kyle no había alcanzado a abrir siquiera el cuaderno.

El profesor siguió la clase, o lo que alcanzaba a quedar de ella y cuando tocaron y todos empezaron a guardar, Kyle trató de irse de los primeros, pero fue alcanzado por Craig.

Para mañana quiero un informe sobre los tres personajes que pregunté, escritos de puño y letra. Dos planas cada uno, hoja tamaño oficio. – Kyle se detuvo antes de alcanzar la puerta, y se giró a verle. Los demás comenzaron a irse, Craig ahora sí podía disfrutar de su sonrisa de victoria – No vuelvas a faltar a una de mis clases.


Kyle lo intentaba y cada vez le costaba más. Desde casi un mes que rehuía a su profesor de literatura, y lo único que recibía a cambio cada vez es que se las buscara con él en su salón de clase. Si quería hablar con él, habían otros modos, no asignándole tareas estúpidas ni llamándole la atención como mal portado.

Ese mismo día que le pidió el informe lo hizo, a la hora de almuerzo en la biblioteca. Kenny apareció, como nunca, en el lugar, sólo que con dos emparedados que Kyle mismo le había solicitado que comprase porque no perdería la oportunidad de renovar energías por un capricho. Porque eso es lo que era a sus ojos: un mero capricho. Kenny, aburrido después de, literalmente, cinco minutos a su lado, se dedicó a dejar páginas porno abiertas en los computadores y apagar luego las pantallas. Se reía de su propia astucia y Kyle rodaba los ojos. Kenny no le diría que él le delató, sin saberlo, que faltó a clases de literatura el otro día. Algo particular de esa escuela era que los alumnos podían escoger sus clases, obviamente luego de las obligatorias, y dependiendo del nivel en el que se encontraban para aprovechar al máximo las habilidades personales de cada estudiante. Por eso mismo, habían días en que no compartían las mismas clases, y resulta ser que si Kyle no le avisaba, Kenny no podría cubrirle en sus fechorías y viceversa.

A esa hora de la tarde ya todos abandonaron el del salón del Sr. Garrison, y él no, se quedó ahí plantado en su asiento y perdido en sus pensamientos. Le parecía increíble que, a pesar de todo el tiempo, ese profesor siguiese trabajando allí, en aquella escuela supuestamente prestigiosa sin evitar preguntarse ¿Qué enseñaba? Nadie podía asegurarlo.

Se perdió en sus pensamientos mientras le acunaban el tic de las manecillas del reloj sobre la pizarra y el cantar de los pájaros, que por encontrarse en el segundo piso, los escuchaba más cerca. Miraba por la ventana más allá de las montañas, sintiendo los ojos resentírseles por la luz y por no pestañear, como si el sol secase los orbes. Sintió que se detuvo en el tiempo, dejando de sentir las manos y el repiqueteo del reloj, de sentir el cuerpo por completo, y el ardor de los ojos; se perdió en su mente, en ideas y palabras que brotaban como ecos.

Unas risas llamaron su atención y suspirando se levantó del asiento y acercó a la ventana, apoyando las manos en el marco de la ventana. Buscó el origen con la mirada por la ventana a su costado, pestañeó con rapidez para humedecer los ojos, y enfocó a Stanley, riendo con otros chicos apoyados bajo la sombra de un inmenso álamo, al costado del camino principal. Se sorprende sonriendo, percibiendo el presente muy presente, sintiéndose real, calmo y cálido. Gira la cabeza, tratando de enfocar mejor la vista, sin resultados. Veía bien, usualmente, pero por algún motivo la vista se le cansaba con regularidad. Pensó un momento en Craig, en cómo habrá sido de joven, de su edad, de si se vería como se ve Stanley ahora y malos pensamientos surcan su mente, recordando los eventos pasados, frunciendo los labios y sufriendo un peso en el pecho.

Volvió a escuchar las risas y meditó si quizás debería considerar la oferta de Stanley; alejarse de Craig. Quizás sería buena idea mantener las distancias. Ahora no era el mejor momento para preocuparse o sufrir, innecesariamente, por amores. Le dolía el comportamiento de Craig, su actitud fría y ese rechazo que proyectaba a su persona. Apoyó la cabeza en una mano mientras se absorbía en el exterior y sus pensamientos. No le gustaba, definitivamente, no tener las cosas bajo control.

Un portazo le sacó de su estupor, cayendo en cuenta del tiempo en que se había perdido: cerca de una hora y algo; entre pensar y dormitarse antes. De todos modos no se preocupaba, porque hoy era su día libre.

Se volteó y su sorpresa fue indescriptible al ver frente a la puerta a su profesor de literatura, Craig Tucker. Por un momento pensó si se había quedado dormido y ahora soñaba despierto. ¿De verdad estaba ahí? Se miran fijamente y Kyle termina de girar por completo y en lentitud. El mayor se apreciaba enojado.

¿Me estás evitando? – Su pregunta fue seca, yendo directo al grano y su voz irritada. Kyle volvió a pestañear, con el rostro en una mueca estupefacta, ¿Es una puta broma?

Tú eres el que me ignora – Se sintió extraño, ignorando el nudo que en ese momento sentía en la boca del estómago; sentía extraño el tutearse y el tema central al que se dirigía el profesor. Su cabeza comenzó a dar vueltas, se sintió ligero ¿así se siente el dejar ir, el seguir la corriente? Craig miró hacia su izquierda, evitando su mirada.

Kyle aún medio en sorpresa y saliendo del anterior estupor, se apoyó en la mesa frente a él con ambas manos; en ese momento, ese mimo gesto de avergonzado de Craig, su postura derrotada y las ropas desordenadas... se le hizo humano. O sea, ya eran humanos, pero ese momento se le hizo ver a un símil, no un profesor o un adulto, ver a un humano como él, de hueso, carne y sentimientos confusos; un igual, sin edad.

Es distinto. – Su rostro determinado le hizo enojar. Apretó los puños y los labios, le quizo gritar en la cara ¿por todo esto su rutina de sueño se vio interrumpida? ¿por un puto berrinche?

Patrañas. – Murmura entre dientes, lo suficientemente fuerte para que el mayor le escuche y luego le sonríe, destensando los hombros. Craig levanta las cejas. – "Distinto" – Vuelve a repetir lo dicho por el otro y mira al pupitre, negando con la cabeza. – No puedo creerlo.

¿Me tratas de mentiroso? – La voz le salió más agresiva de lo que intentó que fuera. Ni siquiera le había dicho mentiroso, pero la situación le tenía de los nervios. Le observó bien y se fijó en la pálida complexión del menor. – ¿Estás durmiendo bien?

Kyle se extrañó del súbito cambio de tema y la voz suave empleada para dirigirse a él. Sin ganas, trató de hacer uso del poco ánimo que tenía.

No, no estoy durmiendo bien. – Kyle levanta la vista a Craig, y se fija en que no llevaba chaqueta y las mangas de la camisa estaban un poco arremangadas, en su rostro la típica barba de un par de días y el nudo de la corbata mal hecho. Se le veía de mal humor, pero él estaba de peor humor. – y es por culpa de un intrépido berrinchudo, incapaz de asumir sus emociones.

¿Estás hablando de mí? – El profesor se quedó como plantado en el suelo al frente de la puerta desde que entró al salón.

¿Pareciera como si estuviese hablando de ti? – Se acerca a sus cosas sobre una mesa de la fila del medio y comienza a guardarlas con rabia – ¿Por qué estaría refiriendome a mi profesor de literatura, un adulto bueno para nada y demasiado desastroso como para... ¡Claro que estoy hablando de ti! – Se vieron a los ojos por el tiempo en que el silencio reinó el lugar.

Tú eres el malcriado que se cree con el poder de hacer lo que se antoja, sabiendo que es contra el deber estudiantil... –deja la frase en el aire cuando ve que Kyle pasa su mochila por el hombro.

Tell me - Johny Jewel ft. Saoirse Ronan (2)

¿Ahora te importa el deber estudiantil? ¿Ahora recuerdas que soy tu alumno? y no un puto trapo que pescas cuando te da la gana. – Entre cada palabra da un paso hacia el mayor.

Hey, no soy así con mis alumnos. – Trató de defenderse en vano, sin quitar la vista del alumno que se acercaba a él a paso premeditado.

Pues, adivina qué, así me siento tratado. Eres un negligente... – Le miró directo a los ojos y luego al frente, al pecho del mayor. – Ahora, por favor, sal de mi cami—¿Negligente? Tú eres el que falta a mis clases. – El profesor le interrumpió y tomó de la barbilla con una mano, apretando sus mejillas y quizás ocupando una fuerza mayor de la que pretendía. Se miraron directamente a los ojos.

No falto porque quiero, sino que porque idiotas me mandan a hacer trabajos extras, de los que no tengo tiempo disponible para realizarlos en mis tiempos "supuestos" libres. – Habló lento, frunciendo los labios por la fuerza ejercida.

Sabes que nada de eso ocurriría si tan solo asistieras a mis clases. No tendré misericordia si sigues comportándote como un rebelde, Broflovski.

No soy tu hermano menor como para que me digas qué o no hacer. – Kyle inhaló, sintiendo un leve aroma a café desprender del mayor a esa cercanía. Su voz se fue apaciguando a medida que terminaba la frase, terminando en un apenas susurro mientras se perdía en los oscuros ojos del mayor.

En los ojos del contrario gritaban más cosas que de las que hablaban, que por cierto era un tema bien superfluo como para discutirlo. Craig de repente se vio demasiado consciente de la cercanía; de los ojos del otro que aquietaban las llamas y las ojeras bajo las largas y pelirrojas pestañas... Sonríe, sintiendo risa en la garganta. No de burla ni socarronería, sino que de simple regocijo.

Cierto... no lo eres. – Le suelta y mira a otro lado, tapándose la boca con una mano tratando de contener un sonrojo.

Eres un idiota. – Craig voltea la vista con rapidez, como advirtiéndole. – ¿Qué? lo dije. Eres nulo para inteligencia emocional. – El menor parece más compuesto que él y aprovechó de que el otro bajó la guardia para acercar la mano al pomo de la puerta, pero Craig la cerró con una mano, Kyle le observó encabritado, con las cejas apunto de tocarse. – Déjame salir. – Exclamó cual niño berrinchudo.

No. – El mayor sonreía de medio lado.

¿Qué?

Que no. No te vas hasta que te disculpes.

¿Cómo?

¿Acaso ese brillante cerebro tuyo se ha secado que no puedes entender algo tan simple? No te vas, no te dejo ir. – Kyle pensó un milisegundo en el doble significado de aquella frase y no pudo reprimir las cosquillas en su pecho. Sus sentimientos fluctuaban desde la vergüenza, al amor y al odio.

¿Disculparme por qué? Por faltar a tus ridículas clases: Perdón. – Sonreía con sorna.

Por decir mis clases ridículas, por llamarme estúpido. No puedes tratar así a un mayor con autoridad. – ¿Qué? "Un mayor con autoridad". Kyle bufa una risa de burla, viendo al costado con ironía. Esa frase fue la gota que rebasó el vaso. El pequeño vaso de su paciencia.

Basta. No tengo por qué—. Se interrumpe cuando Craig se acercó con peligrosidad y como si hubiese aplicado una especie de hechizo, olvidó por qué discutían en primer lugar. Observó los graves ojos del mayor antes de desviar la vista a su mano, sujetando el pomo de la puerta.

No te oigo. – La mano de Craig se apoyaba arriba de su cabeza sobre la puerta, manteniéndola cerrada, agachado hacia él.

Tiene razón... – Se le acerca, Craig retrocede antes de que sus narices choquen y Kyle vuelve al tono acusador de voz.– No sólo eres todo ello, también eres un tirano, y un cabeza hueca, y ... – Se quedó en silencio cuando levantó la vista al mayor, y sus ojos no reflejaban nada. Kyle se irritó de que no le prestara atención a lo que hablaba, pero se contuvo, algo cohibido, debido a la felina mirada que caía sobre él en ese momento.

¿Qué me estás haciendo? – Murmura el profesor, llevando su atención a la ventana frente a ellos.

¿Cómo? – El menor frunce el entrecejo y la nariz. – Estoy insultándote y tú— Craig se fijó en el menor bajo él, como sus labios se movían pronunciando cada letra y se movió con rapidez, hipnotizado con el aroma que manaba del menor a juventud, cítricos, cigarrillos... a calor.

El silencio se hizo nuevamente con el salón, aún con alguna que otra risa escuchada a la lejanía, junto con la bocina de algún auto. Mientras ellos estaban ahí, Craig selló sus labios con los del menor, sintiendo la calidez, y algo estallar en la boca de su estómago. Con los ojos cerrados, sin atreverse a enfrentar la realidad, todavía estresado con los últimos trabajos de final de año, con el aire tibio que parecía entrar por todos lados y estarle ahogando durante el día. Necesitaba de su tiempo, de su pelirrojo, de sus ojos y de la calma de su energía; necesitaba sentirse vivo, pensado con tristeza que por sí solo ya no sentía la realidad, ni un motivo para seguir dando pasos, cada vez al parecer equivocados. Hundiéndose en cada impulso, como un torbellino sin inicio ni final, eterno como en un sueño. Kyle era su cable a tierra, a la vez que una droga que le hacía perder la cordura. Algo completamente contradictorio. Los dos extremos en uno solo.

EL menor no movió los labios ni cerró los ojos, pero tampoco hizo amago de separarse, hasta sin querer respirar pensando que esta vez los sueños despierto habían ido muy y demasiado lejos. No fue hasta que el propio mayor pareció caer en cuenta de lo que hacía, y se alejó como si los pequeños labios del menor quemaran, con arrepentimiento y culpa en los ojos, abriendo la puerta y yéndose como alma que lleva el diablo, que el menor entendio que todo aquello no era un sueño.

Kyle sintió el fantasma de los labios del mayor sobre los suyos, nada más de ellos se tocaron, pero su fragancia, su esencia seguía en ese lugar, junto a él. La mochila se deslizó por su hombro hasta el suelo, al tiempo que sus piernas se doblaron bajo el peso de su propio cuerpo.

En el suelo, hecho gelatina, temblando peor que un movimiento telúrico, peor que un muerto de frío, tapando su boca con ambas manos y los ojos abiertos de par en par, como si se hubiese aparecido el peor de sus monstruos internos frente a él, y lo sería, de no ser por el color de su rostro que competía con el de su cabello. Se convirtió en fuego puro, y su cuerpo no estaba lejos de sentir la combustión en realidad.

Así mismo le encontró Kenny, que entró silbando al salón pues olvidaba un cuaderno -no porque estudiaría, sino que porque el teléfono de una chica estaba anotado en una hoja-. Daba pasos largos, lo que podían sus piernas y se detuvo congelado con una pierna en alto al verle ahí. Se acercó presuroso y asustado, quedando en segundo plano su cuaderno.

¡¿Kyle?! ¿Q-Qué te pasó? – Pero el otro no contestaba, ni le miraba, hasta que le posó una mano en el hombro y Kyle pegó un brinco, fijando sus ojos en su amigo.

... y un inconsecuente – dijo en un susurro, terminando la frase que no había alcanzado a terminar, perdiendo la fuerza al final de la palabra, yéndose en el aire, como él sentía que se le iba el alma del cuerpo.

Todo por un beso, o un apenas roce de labios. Su mente hizo corte circuito, afluyeron recuerdos, entre los que comparó el apenas roce con el primer, e inocente, dedal(1).

...


Notas:

(1) peter pan.

(2)Tell me I'm your baby, and you'll never leave me. (Dime que soy tu bebé, y que nunca me dejarás)

Tell me that you'll kiss me... forever. (Dime que me besarás... por siempre)

Whisper that you love me; that you'll never leave me. (Susúrrame que me amaras; que nunca me dejarás)

Be mine for always, I'll be yours forever. (Se mío/a por siempre, yo seré tuyo/a por siempre).

Pongo la letra de la canción porque de verdad, la intención de ella fue la que me inspiró a colocarla en esa parte.

Mensaje: Life is a bitch, but in the end we still love each other. Si sé, si sé... me tomé mi tiempo, pero de verdad que todo pasó muy rápido y estaba preocupada de mil otras cosas antes que de escribir. Lo siento :(

Luis Carlos: Aunque me demore en actualizar, este fanfic es una especie de desafío personal para mí y como así mismo he logrado muchas cosas, así mismo planeo terminarlo. Aunque me tome mi tiempo. Sobre lo otro, lo de las emociones y situaciones, en lo personal, me gusta así. Como me gusta leer algo y meterme en la trama, simpatizar con los personajes y llegar a sentir, gracias a las descripciones, lo que ellos empiezan a sentir. Así mismo con el ambiente; me gusta saber dónde están y cómo es el lugar. Por todo ello, escribo como me gusta leer... Me encanta cuando los libros o un buen fanfic se me aparece en la mente como una película y olvido todo mi derredor porque estoy de espectador en una historia, y eso sólo se logra con descripciones.

lou: te adoro. ¡Sigo aquí! -festeja por 10 seg- 3 Eres un amor. Gracias por comentarme.

max: ¡Hola, Bienvenida! Gracias por pasarte y comentar. No sabes cuánto me alegra que te guste mi fic. De verdad no lo sabes porque es como mucho... mucho harto.

Cloudburssst: ¿De verdad piensas eso? ¡Muchas graciaaas! Me he derretido por 2da vez 3 Gracias por pasarte y comentar.

cryle: jejejje lo sé, lo sé -se mira las uñas como una diva. A pesar de saber que no es algo bueno-. A mí me encanta que te encante 33

just-a-ruboy: jajajjaa SAbes que te adoro, te lo digo mucho. ¡Gracias por comentar, bestie! 3

P.S: Siento que tengo que decirlo... Pero de verdad, lo único que me anima a seguir publicándola (porque sino la termino para mí) son sus comentarios. Me llenan el alma y si trato de sentarme a escribir, por mucho que sea "un día negro" o esté muy cansada y lo único que quiera es dormir, and on, and on... son ustedes, mis lectores.

-sale de debajo de sus sábanas y frasadas, despeinada y ojerosa, a lo gollum- Sus comentarios me alimentan.

No dije nada sobre el cap... Bueno, ps, aquí está. EL SE–Ah, cierto que eso no. El beso.

~ Love you all.

Alondra.