¡Hola a todos! ¿Qué tal? Hemos reaparecido después de bastante sin actualizar… Pero como siempre… ¡Hemos vuelto para quedarnos! :D
No os entretenemos más, esperamos que disfrutéis del capítulo…
Había pasado ya una semana desde el terrible suceso. Hermione no recordaba haberse sentido tan bien desde hace mucho tiempo. Por fin se encontraba a gusto en una casa, con una familia, unos "hermanos". Sabía que tarde o temprano tendría que volver a su mansión, la fría y vacía mansión Granger. No quería ser una molestia para la señora Weasley que tan amable había sido con ella, y ya se encontraba mejor gracias a Ginny y Ronald. En especial este último. El pelirrojo no se separaba de ella a no ser que fuera totalmente necesario, siempre le hacía bromas y algunas veces cuando la miraba fijamente, Hermione creía sentir algo en el pecho que le llenaba. Cuando eso pasaba la chica se ponía roja y sonreía, haciendo que Ron también sonriera.
-Hermione, nos vamos al lago ¿Quieres que te deje un bikini y nos bañamos los tres?
-Ginny, creo que debería irme esta tarde.
-¿Al lago? ¿Para qué?- preguntó extrañada la pelirroja.
-No, a mi casa, aquí sólo soy una molestia, además tengo que hablar con mi madre- le explicó.
-¿Vas a denunciar?
-Ginny- a Hermione se le llenaron de lágrimas los ojos- no estoy preparada para verle a la cara- se sentó en la cama y se tapó la cara con las manos.
-Hermione, eres la persona más fuerte que conozco, bueno después de mi hermano, claro que vas a poder- las dos chicas sentadas en la cama una consolando a la otra- no llores que el calabaza tiene un radar y vendrá a ver qué te pasa- bromeó.
-Se está portando demasiado bien conmigo, creía que no le caía bien.
Pues te equivocabas Herm, Ron te tiene cierto cariño- le guiñó un ojo y le tendió una mano para que se levantara- y ahora vamos a ver que bikini te queda mejor para que lo dejes babeando.
Hermione sólo se sonrojó.
-¡Ginny!
Una mujer de unos cuarenta y pocos años se encontraba en la mesa de su despacho. Hacia un rato que sus dedos tamboreaban la mesa a un ritmo constante. La empresa no estaba yendo mal y sus ingresos subían cada mes, pero se preguntaba si estaba haciendo lo correcto con su hija. Sabía que no estaba enamorada de su "novio" y que si la obligaba a casarse con él le estaría haciendo lo mismo que su madre le hizo a ella. Pero ¿Acaso querer un futuro mejor para su hija era malo? ¿Era una bruja por darle todo lo que ella no tuvo cuando era pequeña?
-Señora Granger, preguntan por usted en la puerta, ¿le hago pasar?
-¿Quién pregunta?- la curiosidad pudo ganar a la molestia que le generó su sirvienta al interrumpir sus pensamientos.
-Su novio- las palabras de Hannah fueron pronunciadas con irritación, pero eso la señora no lo notó.
-Hazle pasar enseguida, dile que estoy en mi despacho.
En cuanto Hannah salió por la puerta Emily Granger se pasó la mano por el lacio cabello alisado esa mañana para arreglárselo un poco. Pero no tuvo tiempo de nada más porque su joven novio entró por la puerta haciendo mucho ruido y cogiéndola por la cintura.
-¡Josh! Pensaba que estabas en Manchester.
-He venido para verte, preciosa- la sonrisa de un color blanco deslumbrante apareció en su rostro.
-¡Qué alegría! La verdad no tenía ganas de estar este rato sola- le dijo mientras se acomodaba en su sofá.
-¿Este rato?
-Sí, me voy dentro de cuarenta minutos al aeropuerto, tengo que ir a Dubai por unos papeles importantes.
-¿Y tú hija?-preguntó el moreno mientras se tumbaba y descansaba los pies encima del reposabrazos con la cabeza en el regazo de Emily.
-En casa de su amiga Ginny Weasley- pronunció con desprecio- ahora deja que me prepare la ropa que este viaje es importantísimo.
-¿Crees que… cuando hayas recogido… esos papeles… tú y yo podríamos… pasar unas merecidas… vacaciones?- cada pausa daba paso a un beso cada vez más cerca del cuello de la señora Granger.
Emily lo pensó unos instantes, miró a su novio que tenía una sonrisa pícara en la cara y luego respondió.
-No, lo siento pero de verdad que esos informes son importantes- se quitó de encima al chico 10 años más joven que ella y se puso de pie.
-Emily, me tienes muy abandonado, y todo por la empresa- el chico miró a la mujer a los ojos y agregó- vale que no le hagas caso a tu hija, a tu familia, a la familia de tu difunto marido, pero, ¿a mí? ¿También me ignoras a mí?
-Josh, ahora mismo, lo único que verdaderamente me importa es la empresa, ella y lo ingresos que me da, que pagan tus caprichos, el colegio y universidad de mi hija y esta mansión- dicho esto cogió su maletín y salió por la puerta cerrando de un portazo.
En el despacho sólo quedó Josh que también se levantó del sillón y se quedó mirando por la ventana.
Sabía que no debía preguntar pero la curiosidad le estaba matando. Se tocó inconscientemente la cadenita que colgaba de su pecho y miró a Ron fijamente. Estaba tumbado en una hamaca colgada entre dos árboles mientras que ella y Ginny estaban tumbadas en el césped tomando el sol. La cadenita de Ron brillaba sobre su pecho descubierto, que al mismo tiempo subía y bajaba rítmicamente. Los dos colgantes tenían la misma flor de Lis y ella necesitaba saber dónde la había conseguido él.
-Oye Ginny ¿Tú sabes por qué tu hermano tiene ese collar?
Ginny se quedó mirando el cielo unos instantes, como si no hubiera escuchado la pregunta de Hermione.
-¿Ginny?
-¿Sabes? Creo que deberíamos ir entrando en casa-dijo ignorando de nuevo la pregunta. Y se levantó rápidamente, intentando huir de la situación.
La castaña, algo indignada, siguió a la pelirroja con el ceño fruncido.
-¿Por qué no me quieres contar de dónde lo ha sacado?
-Ahora podríamos ayudar un poco a mi madre en la cocina y así aprovechamos y comemos algo, estoy hambrienta…-siguió hablando Ginny evitando el tema por el que tanto se interesaba Hermione.
Ésta paró en seco y se cruzó de brazos.
-¡Ginny!-exclamó cual niña pequeña. Deseó no haber sonado tan infantil fuera de su cabeza.
La aludida se giró, ésta vez desafiante.
-Veo que te interesas mucho por mi hermano-dijo acercándose cada vez más a la castaña, con los ojos entornados-Y parece que cada vez más…
Las mejillas de la castaña se tiñeron de rojo, haciendo juego con el pelo de su mejor amiga.
-Te gusta mi hermano-afirmó la pecosa con cierto brillo de picardía en los ojos.
-¡N-NO!
Ahora media sonrisa irónica cruzó su rostro.
-¡A mí no me engañas, Herms!
La castaña se tocó la barriga e intentó disimular lo mejor posible.
-Ahora que lo pienso, yo también estoy muerta de hambre…
La pequeña de la familia le lanzó una mirada de aceptación y no dijo ni una palabra más al respecto.
''Maldita Weasley'' pensó mientras cruzaban el salón camino a la cocina ''Nadie sabe escaquearse mejor que ella''
Y como si su amiga le hubiera leído el pensamiento, pudo imaginar una de esas sonrisas traviesas que no podía evitar soltar cuando se salía con la suya.
Media hora más tarde, con una coleta medio deshecha recogiéndole el pelo, la cara llena de harina y prestando total atención al plato que estaba preparando, notó que alguien se le acercaba por detrás.
Ginny miró a ambos lados para asegurarse de que su madre no prestaba atención.
-No creo que sea yo quien tenga que contarte la historia del colgante… Cuando llegue el momento, sabrás todo lo que pasó. Y no seré yo quien te diga nada, sino él.
La pelirroja dirigió su mirada a la ventana de la cocina que daba a una parte del jardín. Hermione hizo lo mismo, y no pudo evitar sonrojarse al ver cómo un Ron sin camiseta corría detrás de una pelota de fútbol, mientras George esperaba con los brazos extendidos, con la intención de parar un posible gol. Su pelo rojizo brillaba ahora aún más con el tacto del sol y su estómago se encogió cuando le vio tirarse al suelo alzando los brazos mientras reía a carcajadas cual niño, cuando le marcó un gol a su hermano mayor.
-¿Les aviso ya para comer o me espero a que se te bajen los colores?
Hermione cogió un cucharón de madera y golpeó en la cabeza a su amiga con el ceño fruncido.
La pecosa soltó una sonora carcajada al más puro estilo Weasley mientras se tocaba la zona dolorida.
-¡Chicos, a comeeer!
Dirigió su vista de nuevo al jardín. No había nadie, sólo estaba la pelota de fútbol, que todavía rodaba esperando a que alguien la golpeara. ¿Tan pronto habían salido corriendo hacia la cocina?
Y efectivamente, irrumpieron en la sala en menos de cinco segundos, como si de una manada de rinocerontes se tratara.
La comida fue tan apacible y acogedora como siempre. Ron notó que Hermione saboreaba no sólo la comida, sino cada momento. Ese día reía mucho, y más de una vez sus carcajadas sobresalieron de entre las del resto de la familia. Aquello le reconfortó mucho, y no pudo evitar sentirse más tranquilo. Los últimos días había estado muy preocupado por ella y es que si de algo se había dado cuenta, era de que no podía verla sufrir. Si alguien volvía a hacerle daño… Si Cedric volvía a ponerle una sola mano encima… Nadie sabía de todo lo que era capaz de hacer que ella estuviera bien. No lo sabía ni él.
Y la observó una vez más. El pelo torpemente recogido en una coleta que se iba deshaciendo poco a poco, la cara recién lavada y todavía con varios restregones de harina. Los ojos almendrados brillantes, chispeando interés por algún tema del que habla con Percy. La nariz, pequeña y ligeramente afilada, que en ocasiones se arruga de una forma que le parece muy graciosa entre comentario y comentario. Y sus labios…
Entonces ella dirigió su mirada hacia él por un instante y así se quedaron unos segundos. Las risas y conversaciones del resto de la familia cesaron. Sólo estaba Hermione.
Sacudió la cabeza e intentó despejar su cabeza centrándose en otra cosa. Sí, eso es. Se centraría en la comida. Alargó su brazo derecho para coger el salero y…
-¡OH PERDONA!-dijo sin poder controlar el tono de su voz y rojo como un tomate cuando rozó la mano de ella, que también intentaba coger el salero.
-No, perdóname tú. Cógelo-dijo Hermione mientras agachaba ligeramente la cabeza, intentando esconder que se había ruborizado con el tacto de su mano.
Ahora eran el centro de atención en la mesa. Todos se dieron cuenta de la incomodidad que parecía rodearles.
-No, no, adelante. Sírvete-le dijo suavemente.
Ella le sonrió, todavía con el rubor haciéndose notar en sus mejillas.
-Creo que me voy a ir de aquí antes de empezar a vomitar flores. Estos dos parecen salidos de una novela rosa-dijo George antes de tomar la última cucharada de brownie y levantarse-Me voy a la tienda, luego nos vemos.
Todos se despidieron al unísono. Menos Ron y Hermione, que todavía no se atrevían a levantar la mirada del mantel de la mesa.
Una vez que George se hubo marchado el barullo volvió a la mesa y de nuevo se oyeron las conversaciones. Por fin Ron y Hermione levantaron sus ojos y al encontrarse directamente el uno con el otro se volvieron a sonrojar, pero esta vez no apartaron la mirada.
Una vez finalizó la comida cada Weasley fue desapareciendo de La Madriguera. Mientras Ginny y Ron ayudaban a su madre a recoger la comida Hermione decidió empezar a ordenar sus cosas en la maleta. Estos días sin duda habían sido los mejores después de que su padre muriera, pero no quería molestar y poco a poco, en su mente, o más abajo, en su pecho, estaba empezando a sentir una ligera sospecha y no quería tener razón. Aunque Hermione, siempre tenía razón.
-¿Qué estás haciendo Herms?- la voz de una pelirroja la sacó de sus pensamientos.
-Recoger mis cosas, me iré antes de cenar.
-¿A dónde?
-A mi casa, no quiero ser una molestia- y antes de que a Ginny le diera tiempo a protestar añadió- Y nada de convencerme, ya está decidido.
Ginny suspiró derrotada, sabía que ya había agotado todas sus excusas para que su amiga no se fuera.
-Está bien, pero por lo menos deja que Ron te lleve y se asegure que estás bien.
-De acuerdo, si no está muy ocupado dejaré que me acompañe.
Ron miró su colgante por última vez y se lo guardó dentro de la camiseta limpia que se acababa de poner. Después de salir de la ducha su hermana le había comunicado que Hermione se iría en unas pocas horas. Pero antes de que la chica se fuera quería enseñarle algo que no podía verse todos los días en Londres, gracias a la reina sus padres vivían en las afueras. No había pensado enseñárselo y todo iba a ser bastante improvisado, pero merecía la pena. Bajó rápidamente las escaleras con cuidado de no pisar alguna madera suelta, todas eran viejas pero aguantaban bastante bien. Al llegar a la cocina su madre le esperaba con una cesta en la mano y una sonrisa en la cara. Le dio dos besos y le cogió la cesta sonriéndole con cariño, después le hizo una pregunta silenciosa. Pero Molly sólo señaló al jardín con la cabeza y le abrió la puerta. Entonces el pelirrojo vio a Hermione sentada en el columpio fuera y se dirigió hasta ella.
-¿Qué haces aquí sola?- le preguntó posándose detrás y empujándola suavemente.
-Estaba esperándote.
-¿A mí?- se sorprendió- ¿Para qué?
-Ginny dice que me necesitabas y que te esperara aquí- dijo encogiéndose de hombros.
-Enana entrometida-suspiró- Bueno, pues vamos- le tendió la mano.
-¿A dónde?- preguntó extrañada la castaña aunque le agarró de la mano.
-Tengo una pequeña sorpresa.
-Tendrías que decir algo como que es precioso, que sin duda te encanta y que me quieres por traerte aquí- bromeó el pelirrojo.
-No… no tengo palabras, es sencillamente…
-Lo sé, sabía que te gustaría.
-Pero Ron de verdad, esto es…- como no tenía palabras sólo se quedó mirándolo con una sonrisa.
Delante de ella se extendía una pequeña colina verde, muy y verde. Pero eso no era lo que impactaba a la vista, sino los millones de lirios de otoño que se balanceaban con el viento en ella. Los rizos de la chica se movían al mismo ritmo que las flores y realmente se encontró maravillada. Era sencillamente precioso e incomparable con cualquier otra cosa que ella hubiera visto antes. Se giró creyendo saber cuál era el siguiente paso de Ron, seguramente sacaría una manta de la cesta unos bocatas y almorzarían en ese sitio tan maravilloso. Por eso le sorprendió cuando el chico sacó un par de cascos de bicicleta y otro par de rodilleras.
-¿Para qué son esas cosas?- preguntó con asombro.
-Estás a punto de entrar como miembro de la familia Weasley y por ello necesitas iniciarte en el noble arte de la carrera de los lirios de otoño…
-Ron, ¿Qué está pasando?
-Calla y escucha- continuó- todos los años la familia Weasley viene a esta colina y hace unas carreras para ver quién en el rey de la familia, el año pasado gané yo.
-¿Carreras? Creía que íbamos a almorzar y estar un rato juntos- le dijo Hermione tocando los lirios.
-Es lo que vamos a hacer, sólo que más divertido- le cogió la mano sin darse cuenta y empezaron a subir a lo alto de la colina. Cuando llegaron se soltaron las manos lentamente queriendo alargar ese pequeño e insignificante detalle.
-Entonces vamos a jugar.
-Esto no es un juego, es lo que te diferencia del resto de familias, ahora eres como una Weasley… Te debe importar ser la mejor en este juego como tú lo llamas.
-¿Cuántos has ganado?
-Llevo tres años sin perder, no por nada me cantan ''Weasley es nuestro rey''- añadió fanfarrón.
-Así que voy a aprender del mejor- cogió el casco más pequeño y se lo puso, después hizo lo mismo con las rodilleras.
-Eso ni lo dudes- le guiñó el ojo y una vez que terminaron de ponerse la equitación añadió- Ahora empieza lo bueno.
El chico cogió a Hermione por los hombros y haciendo una pequeña presión consiguió que se pusiera de cuclillas imitando él la posición.
-¿Me vas a explicar las reglas?- le susurró pues estaban muy cerca.
-Sí- hizo que la chica le diera la espalda y quedara mirando hacia bajo en el borde de la colina- tienes que hacer toda esta caída, rodando y llegar cuanto más rápido mejor abajo.
-¿Sólo eso? Es muy fácil.
-Cuando llegues abajo tienes que tener en las manos dos lirios de otoño y lo más difícil, la caracola de los Prewett, que es la complicación de este deporte.
Ahora Hermione se quedó con la boca abierta por eso Ron continuó hablando.
-El recorrido está marcado hasta abajo, si te sales de él estás eliminado, si te pasas de un tiempo límite estas eliminado y si no has conseguido nada de los objetos estás eliminado, ¿a que ya no parece un juego tan fácil?
-Ron, de verdad que me encantaría pertenecer a tu familia, pero ¿no sería más sencillo que me casara con alguno de tus hermanos?- bromeó aunque luego se arrepintió.
-Venga Herms, yo te voy a enseñar, lo harás bien.
-Bueno… Vamos a empezar.
-Bien, coloca las dos manos delante de tus pies, bien, ahora separa un poco los hombros- por primera vez la castaña obedecía órdenes- y luego sólo tienes que inclinarte hacia delante y rodar, intenta agarrar los lirios con las manos antes de coger mucha velocidad y lo de la caracola… Bueno de eso hablaremos más tarde.
-Vale pues allá vooooooy- pero Ron ya le había pegado un empujoncito.
La tarde pasó entre empujones y vueltas por la colina, los dos chicos se lo pasaron súper bien y Hermione poco a poco lo iba pillando. Pero no todo es de color de rosa y hubo un momento que Hermione perdió el equilibrio y tuvo una mala caída se quedó ahí tumbada y no se levantó. Pero Ron como buen caballero, fue a buscarla gritando su nombre, pero como venía desde arriba de la colina, Hermione sólo escuchaba el final de su nombre. Mione, Mione, gritaba el pelirrojo, entonces pensó que le gustaba que Ron le llamara así. Mientras que el chico llegaba, la castaña había abierto los ojos sonriendo.
-¿Estás bien?- preguntó en cuanto estuvo a su lado.
-Me duele un poco la cabeza.
-Ha sido un golpe un poco duro- le tocó suavemente donde seguramente tendría un chichón mañana- ven incorpórate despacio.
Poco a poco la chica fue apoyando su cabeza en el regazo de Ron y cuando estaba cómoda abrió las manos para enseñarle lo que había dentro.
-Mira lo que he conseguido- dentro habían dos lirios de otoño, era la primera vez que los conseguía.
-Muy bien, te ha costado una buena contusión pero ya eres un Weasley- le felicitó.
-Ron, ¿de verdad quieres que "forme parte" de tu familia?
-Hermione, no le pongas esas comillas, desde el momento en el que supe lo que te esperaba en casa por familia, formaste parte de la mía.
Hermione no pudo aguantar más y las lágrimas fueron saliendo lentamente de sus ojos.
-Yo… no sé qué decir…
-Di que te alegras de ser una Weasley, que vas a ir unos días a tu casa a pensar y volverás para ganar las carreras- al terminar la frase los ojos de ella subieron y la mirada de él se concentró en la chica, pero esta vez no apartaron sus miradas sino que se miraron durante unos segundos en silencio, sólo roto por los pájaros.
Entonces Hermione, poco a poco, se fue acercando más y más hasta casi rozar sus labios. Pero en ese momento,, Ron pensó que estaba muy vulnerable y sólo besó la frente de la castaña, eso sí, abrazándola después con todas sus fuerzas.
¿Qué os ha parecido? Os damos permiso para lanzarnos un cruccio por la tardanza, aunque preferimos que nos digáis que os ha parecido el capítulo por un review... jeje
Las cosas entre nuestro pelirrojo favorito y nuestra castaña marisabidilla van funcionando… O eso parece…
¿Qué pasará en el siguiente capítulo?
¿Cuál es el misterio de la flor de Lis?
Un besazo, y por favor… Aceptamos toda clase de reviews… Así que si queréis hacerlo, no dudéis en comentar!
Viki y María.
