Hola chicos, como siempre, aclaro que los personajes de CCS no me pertenecen y esta pequeña historia surgió de mi imaginación y espero les guste y la disfruten tanto como yo he estado disfrutando al escribirla, bueno comencemos…
El príncipe de la máscara.
Capítulo 10
El agua de la regadera caía con suavidad sobre sus hermosas flores, formando pequeñas gotitas sobre ellas que parecían hermosos diamantes. Durante una semana entera tuvo que mantenerse alejada de su preciado invernadero ya que Eriol le había prohibido tajantemente realizar cualquier actividad que no fuera comer, leer o dormir.
Sakura estaba cansada de estar sin nada que hacer y en contra de las indicaciones del joven médico, había decidido fugarse hacia su paraíso. Estaba terriblemente preocupada pues nadie sabía cuidar de ese lugar mejor que ella y hasta esperaba encontrarse con algunas flores marchitas, pero al llegar, se dio cuenta que el lugar estaba tan hermoso y vivo como siempre.
Aun no entendía cómo se había mantenido sin sus cuidados, pero estaba muy aliviada por ello.
—Pensé que estarías de reposo hasta mañana, hija mía. —La suave y amable voz del rey la hizo girarse y en seguida se inclinó ante él.
—Lamento haberme tomado tanto tiempo libre, majestad.
—Creí haberte explicado que de esa puerta para adentro dejaba de ser un rey —le dijo con una amable sonrisa.
—Me alegra verlo saludable… padre. —Sakura le regaló una hermosa sonrisa y apenas su padre abrió sus brazos, ella se refugió en ellos.
—Estaba muy preocupado por ti —dijo, sin querer apretarla mucho—. Aun no comprendo por qué hizo esto Keiko.
—No importa, padre. Estoy bien y es algo que no volverá a repetirse.
—Ciertamente, no se repetirá porque la estoy vigilando —dijo separándose de ella—. Sé que no es amable contigo, pero nunca pensé que llegaría a maltratarte de esta forma… Esto es culpa mía.
—Es mi culpa… yo le di poder al permitirle ese trato.
—Pero es algo que no debió pasar, hija —dijo colocándole las manos en las mejillas—. Por cierto… sé que no soy tan experto como tú, pero traté de mantener sano nuestro jardín.
Entonces, había sido su padre quien cuidó del invernadero mientras ella estaba de reposo. El rey era un hombre que siempre estaba ocupado, aun así, había logrado hacer un pequeño espacio en su agenda para cuidar de aquel lugar que era tan importante para ambos, pues era su nexo padre e hija.
—Lo noté apenas entré… Se lo agradezco mucho.
—No tienes nada que agradecer, cariño. Era lo menos que podía hacer… sé que tu vida en el palacio no es sencilla, pero quiero que sepas que me esmero para que las cosas marchen de la mejor forma posible para todos.
—Lo sé, padre. Lo sé.
—Déjame regar yo las plantas. Ayer quité la maleza de las flores de Magnolia y Touya me ayudó con las Camillias… Está muy preocupado por ti y no le ha hablado a su madre desde que el príncipe Shaoran nos contó lo sucedido.
Sabía por Tomoyo que su hermano había intentado ir a verla, pero fue interceptado por los guardias de su madre, prohibiéndole terminantemente reunirse con ella. Quizás a su hermano le faltaba la picardía y osadía de Shaoran para revelarse, pero era mejor así. No quería poner a su hermano en una situación delicada en la cual tuviera que elegir entre ella y su madre.
—No quería que lo supieran…
—El príncipe Shaoran estaba furioso… —le contó su padre, mientras continuaba regando—. Fue como recibir un golpe en la cara de su parte… y se lo agradezco pues me abrió los ojos en muchos aspectos.
—Es un joven muy correcto y no le gustan las injusticias —dijo Sakura, llena de orgullo—. No sabe cuan agradecida estoy con él, padre, pues ha abierto mis ojos también.
—¿Puedo saber de qué forma? —preguntó frunciendo el ceño y Sakura se sonrojó inmediatamente.
—No imagine cosas, por favor. Me refiero a su forma de ser… me ha inspirado mucho y también es un joven muy culto, sabe cosas muy interesantes y siempre es un deleite escucharlo hablar.
—Es una lástima que hayamos perdido la oportunidad de emparentarnos —dijo su padre, soltando un suspiro—. Estaba muy ilusionado con ese matrimonio.
—¿A pesar de su máscara? —preguntó Sakura con cuidado.
—Me ofendes al pensar así de mí, cariño —respondió riendo—. Además, ya había tenido la oportunidad de verlo con anterioridad hace un año cuando asistí a la reunión para la fijación de las rutas comerciales en Myridia. Sus ideas eran interesantes y novedosas, es un joven astuto. Realmente me gustaba como marido para tu hermana y no creo que podamos conseguir otro noble que tenga los pies en la tierra como él.
Sí y casi podría asegurar que no existía otro joven como Shaoran en los siete reinos. Lo único bueno de todo lo que había pasado, era que Shaoran no tendría que casarse con la malcriada de Midori, por mucho que a su padre le hubiera gustado. Era un mal que el joven se había evitado, porque debía ser un auténtico infierno enlazarse con una niña malcriada, pensaba Sakura.
—Bien, ya terminamos aquí —El rey dejó la pequeña regadera en su lugar y se giró para verla—. Quiero que vuelvas a tu habitación y esperes pacientemente hasta mañana.
—Me aburro mucho en mi habitación.
—Himawari te llevará dos libros nuevos que he encargado para ti —dijo, dándole un beso en la frente—. Uno es de herbolaria y el otro es una historia de fantasía que te encantara.
Sakura le sonrió a su padre y lo acompañó hasta la puerta del invernadero. Cruzando esa barrera, dejaban de ser padre e hija para convertirse nuevamente en rey y sirvienta, por mucho que lo odiaran.
—Regrese con cuidado, majestad —dijo Sakura, haciendo una reverencia ante él.
—Una última cosa —dijo, girándose hacia ella—. Si las cosas se complican… quiero que pienses solo en ti.
—¿A qué se refiere?
—Quizás… en algún momento deberemos… separarnos.
—¿Padre?
—Si una guerra estalla, te quiero lejos de aquí ¿Entendido? Ya has tenido que pasar por mucho, como para pagar por mis errores también —dijo, acariciando sus mejillas—. He solicitado ayuda a una persona de confianza… Sé que estarás en buenas manos.
El hombre dejó un beso en su coronilla y dándole una última sonrisa, se alejó a paso lento. Sakura llevó su mano hasta su pecho para tratar de apaciguar los latidos angustiados de su corazón ¿Acaso su padre ya sabía que la guerra inminente entre Myridia y Eulyon los alcanzaría también? O ¿Se estaría refiriendo a otra guerra?… ¿Una guerra interna en Lyriamir?
No podía calmarse, no cuando temía por sus seres queridos. Su padre le había demostrado una vez más cuanto la amaba y cuan preocupado estaba por ella al pensar primero en su seguridad antes que en la de él, pero ella también lo amaba y quería que él estuviera a salvo.
Debía hablar con Shaoran y si era necesario, pedir su ayuda para proteger a su padre… así tuviera que contarle la verdad.
No podía negar que algunas veces le había recriminado a su madre por ser una bastarda, pero en ese pequeño momento, Sakura no podía estar más feliz de llevar la sangre de ese gran rey en sus venas. Se giró de nuevo hacia su invernadero para observarlo desde la puerta, ese lugar representaba los sentimientos que su padre tenía por ella y no podía estar más agradecida y conmovida.
«Espero que algún día estés orgulloso de mí, padre» pensó mientras sonreía y soltaba un suspiro. Lo ayudaría en lo que pudiera, aun si tenía que violar el secreto de su origen.
—Veo que está de buen humor. Me alegra verla así. —La voz de Shaoran, a su lado, la hizo brincar del susto.
—Juro que le colocaré un cascabel, alteza —masculló ella, tratando de normalizar los latidos de su corazón.
Shaoran soltó una risa suave, educada y agradable. Ese sonido nunca tenía intenciones ocultas y quizás por eso le resultaba tan encantadora.
Las mismas sensaciones que había sentido la primera vez que lo vio volvieron a ella, pero acrecentadas, debido a las inmensas ganas que había tenido de verlo durante aquella larga y eterna semana. Eriol no solo le había limitado las actividades, también le tenía controlada las visitas y eso repercutía directamente en los encuentros con Shaoran.
El joven no había podido colarse de nuevo a su habitación, por mucho que lo hubiera intentado, pues Eriol y Yue lo mantenían en constante vigilancia para que no la "molestara" durante su reposo. Eso lo sabía porque Tomoyo se lo había contado dos días atrás, pero por lo menos habían mantenido la comunicación mediante notas… la cuales tenía guardadas en un cofre como si fueran un tesoro.
—¡Esto es tan emocionante! Me siento como una celestina al ayudarlos con las notas. Si llegan a casarse, pido ser la madrina de su primer hijo. —Le había dicho Tomoyo, mientras soltaba una carcajada, haciéndola sonrojar.
Estaba loca, pero le agradecía mucho por haberlos ayudado a mantener la comunicación.
Sakura levantó su mirada hacia él y ahora que podía observarlo con libertad, pudo apreciar las rupturas en la máscara. Dos líneas oscuras y delgadas la atravesaban desde el borde inferior hasta llegar a los orificios de los ojos. Por lo visto, no había aparecido otra en la semana que había pasado, confirmando la teoría que había formulado mientras no tenía nada que hacer. Sakura había llegado a dos conclusiones, la primera era que solo ella podía verlas, cosa que demostraría luego, y la segunda, era que ella estaba relacionada directamente con sus apariciones… La pregunta clave era ¿Qué debía hacer para que surgieran más?
—Se ha escapado de su claustro —dijo, sacándola de su ensimismamiento.
—Lo aprendí de un amigo mío. Usted lo conoce bien —dijo ella, sacándole una sonrisa jovial.
—Debo decir que su amigo es una mala influencia para usted.
—Quizás, pero me he enterado que el pobre está sufriendo porque no saben preparar su té.
—El té de Eriol ya no es amargo, pero no logra dar con el punto de dulzor exacto —dijo haciendo una mueca—. Algunas veces le falta y otras le pone de más. Creo que lo hace a propósito.
Sakura trató de retener la risotada que quería brotar desde su garganta, pero al escuchar la risa de Shaoran, explotó. Ambos estaban riendo a carcajadas sin importarles que alguna persona pudiera verlos o escucharlos.
—¿Cómo supo que estaba aquí? —preguntó Sakura cuando su risa se calmó.
—Cuando Tomoyo apareció buscándola en mis aposentos, supimos que se había escapado y el único sitio viable era su invernadero.
—¿Están molestos? —preguntó nerviosa.
—Están preocupados y… obviamente me ofrecí a buscarla.
—No puedo creer que Yue lo dejara hacer esto —dijo Sakura riendo.
—No fue sencillo… y digamos que debo convidarlo de cualquier postre de chocolate que usted me prepare hasta que regresemos a Myridia.
—No es usted un buen negociante, alteza.
—Me he salido con la mía, Sakura ¿No me ve aquí? —dijo Shaoran con orgullo—. Además, puede usted prepararme otro tipo de postre que no involucre chocolate —dijo riendo con picardía.
—¡Que malvado es, alteza!
—Vamos, la escoltaré de regreso a su habitación.
—En dado caso, alteza, debería escoltarlo yo. Soy su sirvienta.
—Una señorita convaleciente, querrá decir —dijo, dándole una sonrisa ladeada que la hizo sonrojar—. Y mi deber como caballero es acompañarla para asegurarme que llegue a su habitación sana y salva.
—Mucho trabajo para usted.
—Se equivoca, pues será para mí un placer disfrutar de su agradable compañía después de haber estado privado de ella por una semana entera. Las notas solo eran un pequeño aliciente.
Sakura comenzó a caminar y él enseguida se posicionó a su lado. No era común que un sirviente caminara al lado de su señor, pero para Shaoran no era agradable tener "sombras" detrás de él, nunca perdía la oportunidad de recordárselo cuando ella pretendía hacerlo. Además, en ese momento solo eran dos amigos caminando y hablando de un sin fin de cosas, después de haber estado alejados.
—¿Cómo se siente de sus heridas?
—Mucho mejor, gracias a su primo —respondió—. Estoy completamente repuesta y para mañana me tendrá a su servicio nuevamente.
—Es bueno saberlo… ¡Por fin le diré adiós al maldito té de Eriol!
—Es usted muy duro con su primo.
—Lo dice porque no ha probado su té.
—¿Y qué me dice de la comida de Tomoyo? —preguntó burlona—. Ella aún sigue resentida porque no la valora.
—No se trata de eso y mucho menos desprecio su comida —dijo Shaoran avergonzado—, pero prefiero la comida que usted prepara, si me permite decirlo.
—Me alegra escuchar eso. —El cuerpo de Sakura se calentó de una forma agradable y la sensación de sentirse tan ligera como una pluma la abordó.
Lo miró de reojo y cuando la pilló observándolo volvió a mirar al frente. Lo había extrañado. Su aterciopelada voz, su risa, sus comentarios bromistas… todo. Realmente iba a extrañarlo en demasía cuando regresara a su reino, pero no perdía la esperanza de por lo menos saber noticias suyas por medio de cartas… si le llegaban.
Shaoran se detuvo y se colocó justo en frente de ella para mirarla. Sus ojos estaban llenos de determinación y eso la intimidó un poco, haciéndola desviar su mirada cuando sus mejillas resplandecieron rojas.
—¿Sería mucho pedirle que el té de mañana en la noche lo tomemos en el invernadero? Deseo entregarle algo que le pertenece y también cumplir la promesa que le he hecho.
Sabía de qué estaba hablando, pero no quería que Shaoran le contara su historia por obligación.
—No es necesario, alteza.
—Le hice una promesa y es mi deseo cumplirla, Sakura. No lo hago por compromiso, créame.
La mirada de Shaoran no le mentía. Realmente quería compartir con ella esa pequeña parte de su vida y en ese momento se dio cuenta que él confiaba plenamente en ella. Por eso, ella también deseaba ser sincera con él y aprovecharía el momento para pedir ayuda para su padre.
—No tengo problema, alteza —respondió—. Pero debe saber que yo también deseo compartir algo con usted.
—Entonces hemos llegado a un acuerdo. Mañana en la noche tendremos una cita y revelaremos nuestros secretos. —A pesar de no estar diciéndole nada especial, Sakura no pudo evitar sonrojarse y desviar su mirada, logrando con eso que Shaoran riera con suavidad nuevamente—. Por esto es que usted me agrada, Sakura. Es una persona inocente y genuina. Espero nunca cambie.
—Usted también lo es, alteza —dijo mirándolo con fijeza—. Por favor, tampoco cambie.
—Intentaré no hacerlo.
Ambos se miraban con fijeza y aunque lo quisieran, les era difícil desprender sus ojos del otro, o por lo menos era así para Sakura. Ciertamente, debían tener cuidado de dejarse ver en esas actitudes por otros, pero aquellos orbes ambarinos la tenían presa y tampoco era que quisiera esforzarse mucho en liberarse.
—¡Vaya! ¡Es un regalo de los Dioses poder deleitar mi vista con tan placentera visión! —exclamó de repente una voz que Sakura conocía muy bien y enseguida su cuerpo se estremeció con desagrado.
Giró con lentitud su cabeza, encontrándose con un hombre alto, delgado y de lacios cabellos negros. Ante los ojos de muchas mujeres nobles, el conde Sawada era un hombre atractivo y un excelente partido, pero para ella era alguien desagradable y en extremo lascivo. No sabía exactamente su edad, pero seguramente era mayor que Shaoran y Touya y, a diferencia de ellos, era un noble estirado y prepotente al que no le importaba absolutamente nada y como prueba, estaba el hecho de haber soltado semejante comentario en presencia de Shaoran.
«¡Ni siquiera se molesta en ocultar la maldita mirada llena de lujuria!» pensó furiosa.
—¿Quién es el caballero? —La quijada de Shaoran se tensó y enseguida sus manos se hicieron puños.
—El conde Sawada, alteza. Le hable de él en una ocasión —respondió ella en voz baja, tratando de ignorar las desagradables sensaciones que le ocasionaba aquella mirada tan negra como la noche.
—Será un placer estar en el palacio y contar con tu maravillosa compañía, deliciosa criatura —dijo acercándose a ella, pero Shaoran interpuso su cuerpo entre ellos, ocultándola de la mirada oscura y despreciable de aquel hombre.
—Creo que sus comentarios están siendo poco educados y está incomodando a la joven.
—¡Oh! Ya la reina me había comentado en sus cartas que teníamos al grandioso lobo de Myridia en nuestras tierras —dijo con un deje burla—. ¡Es un placer saludarlo, alteza!
Sakura abrió sus ojos con sorpresa. Recordaba claramente el comentario de Eriol acerca de las personas que llamaban así a Shaoran.
«Este hombre está involucrado también» pensó asustada.
—No puedo decir lo mismo —siseó Shaoran.
Sakura tenía miedo, pero no por ella, sino por Shaoran. Ese hombre era en extremo peligroso y demasiado poderoso, ella lo sabía muy bien y no quería que Shaoran tuviera nada que ver con él. Mientras más lejos estuviera de ese sujeto, mejor.
Oculta de la vista del conde, Sakura se tomó el atrevimiento de sostener con una de sus manos la tela de las ropas de Shaoran. La espalda del joven se contrajo en respuesta, más no se dio la vuelta. Era como si tuviera un duelo de miradas con el conde.
—Bien, muy bien, alteza. Me gusta su sinceridad —El hombre le dio una sonrisa malintencionada que la hizo temblar—. He sabido que ha estado involucrado en penosos incidentes. Debe… mantenerse alerta, príncipe lobo.
Sakura no podía dar crédito a la desfachatez del conde ¡Se había atrevido a amenazarlo directamente! Sus puños temblorosos se cerraron con más fuerzas alrededor de las ropas de Shaoran, pero en vez de notarlo tenso, el joven se veía completamente relajado.
—Le agradezco su preocupación, conde Sawada. Ya he tomado cartas en el asunto… y le agradecería que me llame como es debido.
—¡Oh! ¡Por supuesto! ¡Su alteza imperial! —dijo, aguantando la risa.
—Ese título es muy exagerado —Sakura se sorprendió al escuchar la risa de Shaoran, porque esta vez no era suave y gentil, carecía de calidez en su totalidad y estaba desprovista de sentimiento—. Puede llamarme príncipe Li, le doy ese permiso.
—Me siento completamente… honrado y extasiado.
El hombre desvió sus fríos ojos negros hacia ella nuevamente y los vio brillar con malicia pura.
—Espero que nos llevemos tan bien como siempre durante mi estadía en el palacio, mi dulce flor —Sakura se sintió asqueada y más cuando notó que se relamía sus labios.
—Lamento informarle que esta joven me sirve exclusivamente a mí.
—Algo que puede arreglarse cuando hable con su majestad.
—Desafortunadamente, no está en manos de la reina esa decisión. La joven me sirve a mí por órdenes directas del rey Fujitaka.
—Bien… quizás eso sea correcto —dijo chasqueando su lengua de forma grosera, pero luego mostró de nuevo una sonrisa malintencionada—, pero eso no indica que no podamos encontrarnos por allí ¿Cierto, querida?
Dando una reverencia exagerada, el conde se retiró, no sin antes darle otra de sus intensas miradas a Sakura que seguía medio oculta detrás de Shaoran. Cuando el hombre desapareció de su vista, Sakura se permitió soltar el aire de sus pulmones de un solo golpe.
—¿Por qué no me lo dijiste? —le reclamó Shaoran encarándola.
—Alteza…
—Cuando me hablaste de ese sujeto no mencionaste en ningún momento el trato lascivo que te da.
Sakura soltó un largo y quejumbroso suspiro. Los ojos de Shaoran hablaban por si solos, no tenía que ver el ceño fruncido que seguramente estaba oculto tras su máscara para saber que estaba molesto con ella.
Abrió la boca para defenderse, pero en ese momento, el mismo ruido de algo fracturándose se oyó. Miró al frente y entonces observó cómo se formaba otra fragmentación. En esa ocasión, era una línea que iba desde el orificio del ojo derecho, atravesando su sien y se perdía detrás de su alborotado cabello color chocolate.
«¿Por qué ha aparecido ahora?» pensó desconcertada. No había hecho nada especial para causarla, incluso lo había hecho molestar y no creía que esa fuera la razón.
—¿Sakura, estás bien?
La joven volvió en sí y detalló que la mirada de Shaoran estaba llena de preocupación. Eso le demostraba que él no se daba cuenta de las fragmentaciones.
—Lo siento… no quería molestarlo —dijo, volviendo al asunto, ya luego se preocuparía de la máscara—. Usted tiene muchos asuntos de los cuales preocuparse para añadirle los míos…
—A partir de hoy, no estarás sola en ningún momento —dijo con voz suave, pero decidida—. No voy a permitir que ese hombre lleve a cabo sus amenazas.
—También lo ha amenazado a usted, alteza… y recuerde que nuestro acuerdo se limita a cuando estamos solos —dijo ella, notando como uno de los sirvientes los miraba con curiosidad desde lejos.
—No podría importarme menos en estos momentos, Sakura —dijo acercándose—. Te mantendré a salvo así tenga que escoltarte en todo momento.
—¡No me ha amenazado a mí solamente!
—Puedo defenderme muy bien solo, pero… —Hizo una pausa al notar como el sirviente se acercaba un poco más—. No dejaré que le pase nada. Usted está a mi cargo, entiéndalo por favor.
Sakura había olvidado cuan terco podía llegar a ser Shaoran, por eso se limitó a asentir y continuar su camino hacia su habitación, siendo escoltada por Shaoran de forma disimulada. El agradable ambiente que se había formado antes, se había esfumado.
—No puede entrar a mi habitación, alteza.
—Cierto, pero puedo verla caminar desde aquí.
—Ya se parece al comandante Yue —dijo riendo—. Vaya, tranquilo. Seguramente Tomoyo está esperándome.
—Bien, pero quiero recordarle una cosa —dijo, acercándose un poco—. Usted es valiosa para las personas a su alrededor, no les cause preocupaciones innecesarias y déjese cuidar.
Sakura sintió un revoloteo en su estómago. Asintió con rapidez y salió corriendo hacia la puerta de su habitación sin mirar atrás, porque si lo hacía… no estaba segura de lo que podría hacer. Sus sentimientos estaban comenzando a descontrolarse y, aunque intentara frenarlos, le era muy difícil no reaccionar al trato que Shaoran le daba ¿Cómo evitar sentir todas esas sensaciones maravillosas que solo él causaba? ¿Cómo evitar que su corazón latiera como loco cuando escuchaba su suave risa?
«¡Ni consiguiéndole defectos creo que pueda dejar de sentir esto!» pensó mortificada y aunando a eso, estaba la máscara que se le antojaba romperse en los momentos menos oportunos «¡Como si tuviera vida propia y su misión fuera hacerme pasar por loca!»
—¡Allí estas! —exclamó Tomoyo apenas la vio entrar—. La señora Himawari ha traído estos libros… Tus mejillas están rojas ¿Acaso tienes fiebre?
—No es nada… —respondió apenada, recibiendo los libros.
—Ese nada me suena a mucho y tiene que ver con cierto joven —Apenas en ese momento, Sakura cayó en cuenta que Chiharu también estaba allí—, pero ¿Cómo no enamorarse de semejante hombre?
—Al principio decías que era un monstruo —le reclamó Sakura.
—¡Ha! ¡No lo has negado! —exclamó Chiharu con felicidad, haciéndola arder de la vergüenza—. Y con respecto a lo otro, yo solo repetí lo que las personas decían —dijo haciendo un mohín.
—Eso te enseña a no creer en todo lo que dicen —intervino Tomoyo y Chiharu asintió con las mejillas sonrojadas.
Desde que Shaoran les había demostrado a todos que los rumores eran falsos con su actitud solemne y correcta, Chiharu era mucho más cuidadosa a la hora de "hablar" de los últimos acontecimientos, pero no podía negar que seguía siendo cotilla, por mucho que le desagradara cuando Tomoyo y Sakura se lo decían.
—Hablando de eso… estaba esperando que llegaras para decirte algo, Sakura. —Sí, la joven seguía siendo una cotilla.
—Si me ibas a decir que el conde Sawada llegó, ya lo sabía. Me lo encontré de camino hacia acá —Sakura guardo sus libros nuevos y se sentó cerca de Chiharu. Ya luego les echaría una ojeada.
—¡Dios! ¿Ese hombre no se cansa? —dijo Tomoyo, furiosa—. ¡Debemos armar un plan para no dejarte desprotegida!
—Afortunadamente no estaba sola. El príncipe Shaoran estaba conmigo y literalmente me ha escoltado hasta aquí cuando notó las intenciones del conde.
—Sigo diciendo, los myridios son hermosos y dulces. Quiero uno para mí. De preferencia que tenga cabello negro y use lentes —dijo Tomoyo con aire soñador.
Sakura rio y envidió a su amiga por aceptar sus sentimientos de forma tan liberal. No estaba segura como sería el trato entre ellos, pero Tomoyo era muy abierta y quizás hasta ya le hubiera lanzado indirectas a Eriol. La creía muy capaz.
—En realidad, apenas me voy enterando de la llegada del conde —dijo Chiharu con sorpresa, pero luego sacudió su cabeza y su rostro se puso serio—. Lo que te quería decir tiene que ver con la danza de tu madre.
Sakura frunció su ceño y entonces escuchó lo que Chiharu tenía para decir. Según le habían contado, la reina había eliminado por su propia mano las danzas que las bailarinas de las flores harían durante la celebración del cumpleaños de su hermano, entre ellas, la danza del cerezo en el viento.
—¿Y cómo sabes tú eso? —preguntó Tomoyo.
—Está vez si es de una fuente confiable —dijo Chiharu inflando sus cachetes—. Conozco a una de las bailarinas y me lo ha contado, pero lo más extraño fue lo que me dijo uno de los organizadores. Al parecer, la programación se sigue manteniendo, pero las bailarinas no vendrán porque la reina en persona las ha cancelado.
No necesitaba darle mucha vuelta, la reina Keiko quería hacer quedar mal a su padre delante de sus invitados y los demás miembros de la corte. Por eso no había cambiado la programación a pesar de cancelar las danzas ¡Y faltando tres escasos días para la celebración! Sakura no podía creerlo ¡La maldad de esa mujer no tenía límites!
Sakura maldijo su suerte. Si hubiera sabido eso antes, habría podido avisarle a su padre, pero ahora no tenía forma de hacérselo saber.
—¡Maldita bruja! —gritó Tomoyo con furia—. ¡Ojalá pudiéramos hacer algo para arruinar sus planes!
Sakura también deseaba eso. Por primera vez en su vida, se sentía lo suficientemente osada como para frustrar los planes de la reina. La pregunta era ¿Qué podía hacer?
En el par de minutos que estuvo considerando sus opciones, pensó en su madre. En su mente, podía verla danzando hermosamente con su largo cabello negro ondeando en el viento.
—Escucha bien, cerezo. El objetivo de una bailarina no es entretener, sino brindar felicidad. No lo olvides nunca. Con tus pasos, movimientos y expresiones; haz feliz a tus espectadores —Solía decirle cuando le enseñaba su danza; y como si hubiera recibido una revelación divina, sonrió.
—Arruinaremos sus planes —dijo emocionada.
Sus amigas se miraron con sorpresa, mientras Sakura iba de aquí para allá, removiendo el interior de sus baúles y gavetas con insistencia.
—En algún lugar lo guardé, estoy segura —murmuró sin parar de buscar.
—Cariño, si nos dices que estás buscando, podemos ayudarte.
—Quiero contarles mi plan cuando… ¡Aquí esta! —exclamó, sacando un paquete del pequeño armario.
Lo colocó en su cama y lo abrió con lentitud, revelando su contenido. Un precioso traje en diferentes tonos rosados se dejó ver y al sacarlo para extenderlo sobre su cama, sus amigas quedaron boquiabiertas.
—Es… precioso… —dijo Tomoyo, pasando sus dedos por la fina tela.
—Era de mi madre —Sakura miró aquella prenda con orgullo y cariño—. Es el vestuario para la danza del cerezo en el viento.
—Ahora lo entiendo —dijo Chiharu, acariciando los hermosos relieves bordados que asemejaban pétalos de flores en el borde de la falda—. Si se danza con esto, realmente parecerá que una flor está ondeando con el viento.
—Y la tela es de calidad —añadió Tomoyo—. A pesar del tiempo, se ha mantenido intacta y no se ha decolorado ni un poco.
—¡Y las mangas son traslucidas! ¡Dios! ¡La bailarina se parecerá a la diosa Nym! —dijo emocionada.
Sakura no estaba segura si se parecería o no a la diosa de la fertilidad, pero si su madre había usado ese traje para hacer feliz a su padre… ¡Ella también lo haría!
—Mi plan es… suplantar a la bailarina y danzar por ella —dijo Sakura con una sonrisa, colocando la hermosa parte superior del traje sobre su cuerpo para enseñárselas a sus amigas.
—¡Oh Dios! ¡Estás loca! —exclamó Tomoyo—. ¡No puedo dejarte hacer tal locura!
—Es cierto, la reina no dudara en tomar represalias —dijo Chiharu frunciendo su ceño.
—No está en discusión, chicas. Me sé los pasos de memoria y lo haré con o sin su ayuda.
Los ojos verdes de Sakura brillaban con determinación. Muy difícilmente podrían hacerla cambiar de parecer y lo único que podían hacer sus amigas, era apoyarla y cubrirle la espalda.
—Bien… te ayudaremos —resopló Tomoyo.
—¡Gracias!
—Pero debemos hacer algo para que no puedan reconocerte —agregó su joven amiga.
—¿Y si le pintamos el cabello? ¡O una peluca! —propuso Chiharu.
—¡No usaré peluca!
—Cierto… podría caerse durante el baile… y los tintes, aunque sean temporales, dañan el cabello.
Sakura entendía la preocupación de sus amigas. Pararse en frente de la reina y danzar, si se lo permitía, era declararle la guerra directamente y eso le traería graves problemas. Sakura frunció su ceño y apretó la pieza del vestuario de su madre contra su pecho, realmente quería bailar para alegrar a su padre.
—¡Lo tengo! —exclamó Tomoyo y enseguida tomó papel y lápiz para comenzar a realizar trazos sobre ella.
Chiharu y Sakura se asomaron sobre sus hombros y lo que vieron las hizo sonreír. Tomoyo era excelente dibujando y lo que estaba plasmando en aquella hoja era simplemente maravilloso. Una hermosa bailarina que danzaba con las ropas de la madre de Sakura y llevaba una hermosa máscara que tapaba su rostro, muy parecida a la de Shaoran.
—Y para el cabello… —dijo, mientras trazaba más líneas—. Un hermoso velo con flores y listones que lo tape en gran medida. Así no podrán detallar muy bien el color y el largo del cabello.
—¿Crees poder hacerlo en tres días? —preguntó Chiharu.
—Cariño, me ofendes. Lo tendré listo en dos. Solo necesito un par de cosas que tú me ayudaras a conseguir.
Las jóvenes pasaron la mayor parte del día planeando muy bien su estrategia. Chiharu conocía muy bien a uno de los organizadores y no sería problema colarse en la fiesta y hacerse pasar por bailarina principal cuando la vieran vestida con ese traje. Tomoyo se encargaría de la máscara y de ajustar el traje a las medidas de Sakura para que le quedara perfecto y en los escasos días que quedaban, la misión de Sakura era practicar y refrescar sus pasos.
—Pienso que es una misión complicada —dijo Tomoyo, mientras paseaban por el jardín oeste.
—Pero no imposible —dijo Sakura con una sonrisa.
La excusa para volver a salir había sido "Sí ya lo había hecho una vez, otra no le haría mal".
—A veces creo que estás más loca que yo…
—Pero así me amas —dijo Sakura—. Además, también estas emocionada, en especial por la máscara.
—No puedo negártelo, pero eso no significa que deje de creer que todo esto es una locura.
—Aun así, tú…
Sakura detuvo su andar cuando, a lo lejos, vio a Shaoran caminar tranquilamente, pero no estaba solo. Midori iba a su lado y eso la hizo sentir extraña.
—¿Qué hace la muñeca infernal a su lado? —preguntó Tomoyo molesta.
—Lo ha buscado para pedirle perdón. —La voz de Eriol detrás de ellas las asustó.
—¡Dios! Realmente les colocaré un cascabel a cada uno —dijo Sakura, tratando de calmar los latidos de su corazón.
—Creí haberte dicho que estabas de reposo hasta mañana.
—Estoy cansada de estar encerrada —resopló.
—Aunque yo hubiera preferido quedarme encerrada para no tener que ver esta horrible escena —dijo Tomoyo mirando al frente.
Sakura sintió nauseas al notar como su hermana aparentaba reír con suavidad de algún comentario de Shaoran «¿Acaso no notas que está fingiendo, Shaoran?» pensó, frunciendo su ceño.
—No puedes volarle la cabeza con la mirada por mucho que lo intentes, pequeña.
—No sé de qué estás hablando, Eriol.
—¡Oh! ¡Yo sí lo sé! Está hablando de algo muy común… "Los celos" amiga.
—¿Y por qué estaría celosa de la princesa? Tiene un comportamiento horrible y es más falsa que una Camillia roja —dijo Sakura.
Sabía que su hermana no tenía los mismos intereses intelectuales de Shaoran y tampoco era una persona grata para él en ese momento, por eso no entendía por qué seguía a su lado cuando, seguramente, estaba hastiado. No necesitaba ver la expresión de su rostro para saberlo.
«Aunque… todavía cabe la posibilidad de que le esté agradando su compañía… y juro que, si es así, le daré el té más amargo de su vida» pensó, mientras apretaba sus brazos con fuerza.
Resopló molesta y cuando tomó la decisión de retirarse para no tener que observarlos más, nuevamente el sonido de otra fragmentación se escuchó perfectamente, a pesar de la distancia. Enfocó de inmediato su mirada en la máscara y pudo detallar el brillo misterioso que siempre aparecía cuando alguna ruptura se formaba.
Nadie parecía percatarse de ello, ni siquiera su hermana que estaba cerca de él. Miró de reojo a Eriol y no notó cambio alguno. Eso comprobaba que solo ella podía verlas, pero lo que no comprendía era ¿Por qué había aparecido? ¿Tendría Midori algo que ver?
«No… si fuera así, se hubiera dado cuenta» pensó. Sakura estaba segura que se debía a algo que ella misma había hecho y comenzó a sentirse frustrada al no comprender lo que estaba pasando.
«Realmente… voy a comenzar a creer que se rompe cuando le da la gana y quiere volverme loca…» pensó, tragando en seco.
—Eriol… puedo hacerte una pregunta…
—Claro, pequeña.
—¿Has notado… algo particular en la máscara del príncipe?
—Define particular, porque debo decir que se trata de un objeto muy particular en su totalidad.
—Algo nuevo… no sé… como líneas profundas e irregulares… —dijo quedamente porque, si eso era algo malo, no quería ponerse en evidencia y mucho menos que la tildara de loca.
—¿Líneas? —preguntó frunciendo el ceño—. ¿Cómo rupturas?
Sakura lo miró con alivio al creer que él también las veía, pero la expresión de sorpresa en su rostro le decía todo lo contrario. Eriol volvió a mirar al frente y luego la miró a ella.
—¿Exactamente que ves?
Sakura sacudió su cabeza y por segunda vez, no pudo sostener la mirada añil de Eriol. Sus ojos la observaban de forma analítica y fría, como si aún no creyera lo que ella le había dicho.
—¿Sucede algo? —preguntó Tomoyo, al notar el cambio de actitud de Eriol y este, aclarando su garganta, volvió a mirar al frente.
—Lo siento, no es nada importante… —dijo—. En realidad, no he notado nada diferente, pero te aconsejo que no le digas nada de esto a Shaoran.
—¿Puedo preguntar por qué? —preguntó Sakura, frunciendo el ceño.
—Porque las cosas deben seguir su curso natural… —susurró misteriosamente, pero fue perfectamente audible para ella—. ¿Cuándo apareció la primera?
Sakura dudo en responder, pero luego de unos segundos, contestó soltando un suspiro.
—Luego de ser envenenado.
—¿Y… cuantas van?
—Cuatro… Hoy han aparecido dos.
—Bastante rápido. —Eriol le dio una sonrisa pícara que no supo interpretar.
Iba a preguntarle, pero en eso vio cómo su hermana fingía tropezarse para así poder sostenerse del brazo de Shaoran. Ese pequeño acto hizo que la sangre de Sakura ardiera. Su ceño se frunció aún más y cuando se dio cuenta, había apretado sus puños con mucha fuerza.
«¿Qué me está pasando?»
—Interesante —murmuró Eriol a su lado y cuando subió su mirada, el joven le dio una de sus sonrisas socarronas—. Avísame si aparece otra y sigue como hasta ahora. Debo dejarlas, señoritas. Que tengan una linda tarde.
Eriol palmeó la espalda de Sakura con entusiasmo y se acercó trotando hasta donde estaba Shaoran conversando con Midori… y ella aún mantenía su mano en el brazo del joven. Eriol susurró algo en el oído de su primo y este, con un disimulado movimiento, miró en su dirección. En seguida sus mejillas se tiñeron de rojo y desvió la mirada, avergonzada.
—Creo que le es más interesante observarte de lejos que escuchar las estupideces de la muñeca infernal —canturreo Tomoyo, sacándole una sonrisa, la cual se amplió al notar que su hermana miraba en su dirección también y apretaba sus puños con disimulo.
—Quizás lo que ella le está diciendo no es tan interesante.
—Yo creo que ni que le hablen de los fulanos tratados comerciales te perdería de vista —dijo Tomoyo riendo.
Educadamente, Shaoran retiró la mano de Midori de su brazo y realizó una ligera inclinación delante de la princesa para luego alejarse a paso firme, siendo seguido por Eriol y Yue. Sakura no sabía qué había hablado con su hermana, pero por su actitud y… por preferir mirarla a ella… quizás no se merecía un té amargo.
Listo ¿Qué tal les pareció este capi? XD Espero que haya sido de su agrado y bueno, ya vamos viendo poco a poco como la máscara se va rompiendo y también que la relación SakxShao va viento en popa hehe
¿Y el conde que jugara en esto? ¿Qué creen? Al parecer, Eriol tiene sospechas XD Hahaha
Espero que disfrutaran el capi. Nos leemos en el próximo ;)
Un besote
