Cuando aún tenía sus músculos cansados y sus manos dormidas se levantó. No entendía del todo el cansancio desde antes, ni tampoco pretendía hacerlo. Ahora solo quería preguntar cosas al otro chico, a aquel que parecía entender un poco más de todo. Quería preguntar cosas, porque él no parecía enojarse por esas cosas ni tampoco alterarse. Solo mirarlo mal de vez en cuando y responder a secas. Pero no le alzaba la voz y por ninguna razón él quería que nadie le alzara la voz.

—¿Yuri?—dijo al lado izquierdo de la celda, en la esquina más cercana afuera y a la celda elegida. Yuya miró nuevamente a la mancha borrosa gris que tenía por hogar y lo vio vacío de nuevo. Como si esperara que volviera de la nada. Volvió a mirar hacia donde supuestamente estaba el de ojos fucsias y volvió a llamarlo sin elevar demasiado la voz—¿Yuri? ¿Estás allí? ¿Yuri?

—¿Yuya?—preguntó alguien desde el lado derecho del aludido, este se volvió a ver a ese lado y entrecerró un poco sus ojos—¿Yuya, eres tu?

—¿Yugo?—preguntó el que se creía chica y se acercó un par de pasos hacia él—¿Eres Yugo?

—¡Sí!—exclamó emocionado—¡Eres tú de nuevo! No pensé que volvería a oírte, bueno, al menos no hacia mí, si me entiendes claro—rió ligeramente. Yuya terminó de acercarse al chico a un paso ligero y emocionado. Feliz de poder tener a alguien con quién hablar mientras Yuto no estaba—. Solo te he oído durante... ¿algo de tiempo?

—Sí, hace tiempo que no te he oído tampoco—dijo de manera risueña. El chico de ojos esmeraldas, que de hecho no tenía ni idea que fueran esmeraldas, siempre le había caído bien, aunque siempre estuviera un poco de fondo, aunque casi nunca hablaran—, oye, ¿sabes donde puede estar Yuto?—he allí la razón del porqué nunca hablaban—desperté y no estaba... no sé que le ha ocurrido y siento que tengo algo en el pecho—el de ojos esmeraldas se quedó mirando hacia la pared que los separaba—. ¿Crees que tenga que ver con él?

—No sé donde está Yuto, solo sé que hace algo de tiempo, no sé cuanto, se lo llevaron los azules—Yuya se preocupó un poco—. Los vi con mis propios ojos, apenas había despertado y ellos pasaron por este pasillo—señaló entonces el lugar sin más—. Tenía a Yuto caminado y Yuto no parecía muy bien.

—¿No estaba muy bien?—preguntó con eso en el pecho un poco peor que antes—¿Crees que tenga que ver con los azules? ¿Crees que le hayan hecho algún daño?—preguntó preocupado.

—No lo sé, lo único que sé es que no se veía bien, pero apenas lo vi...—hizo una pausa, pensativo—Oye, ¿Yuto es el de pelo negro y morado? Porque espero no estarlo confundiendo...

—Sí.

—Entonces estamos hablando de la misma persona...—dijo pensativo—Oye, ¿cómo sabemos que una persona esté bien?—preguntó el que estaba en la celda derecha.

—¿Cuando no hace una cara fea está bien?—preguntó por mero desconocimiento, tampoco tenía idea de lo que era estar bien—O bueno... no lo sé.. Yuto nunca me hace mala cara... y él no parece estar bien del todo...

—¿Cómo es una mala cara?—preguntó Yugo—¿Es como la de los azules? He visto la tuya, pero no estoy seguro que esa sea una malaca cara, también he visto la del otro sujeto—divagó paulatinamente—y la de Yuto... ¿esas han sido malas caras?—preguntó algo intrigado al respecto.

—No creo, las caras cambian, ¿no? Y creo que lo harán si no estamos bien...

—Pero, ¿alguien puede estar bien durante mucho tiempo? ¿Y como sabemos somo estamos nosotros? Nosotros no nos podemos ver a nosotros mismos, ¿como sabemos que estamos bien?—tenía una pose dubitativa a toda costa—¿Crees que alguien este bien siempre? Es que siempre es mucho tiempo, más del que hemos estado aquí creo.

—Quizá entre nosotros nos digamos si estamos bien o no—dijo Yuya—. Yo no me puedo ver el rostro, pero Yuto puede, de seguro el sabe cuándo estoy bien. Pero, no puedo decir lo mismo de él. No le veo bien el rostro, ¿cómo sabe él que está bien?—se preguntó también dubitativo.

—Quizá alguien más lo sepa, pero, ¿por qué no puedes ver la cara de Yuto?—le entró la curiosidad. Como si esto le estuvieran ayudando de alguna manera—¿Es difícil de ver?

—No, no es él—negó suavemente sentándose cruzando sus piernas en el suelo—. Creo que soy yo, porque no me guío bien por ninguna parte y él sí, yo siempre me choco con todo—miró hacia adelante entrecerrado sus ojos—. Oye—y le levantó una de sus manos hacía un punto borroso de las afueras de la celda. Yugo no le había prestado mucha atención al levantarse y mucho menos lo había hecho hasta ahora. Y se sorprendía que Yuya si lo hiciera, más porque en ese momento estaban hablando de cualquier otra cosa—, ¿qué es ese punto de allí?—intentó cambiar de ángulo una varias veces y de acercarse más, pero el resultado era el mismo, el chico no veía nada ni tampoco lo iba hacer.

—Creo que es... no sé lo que es—arrugó un poco su mirada también, como si estuviera intentando verlo también.

—¿Cómo es su color?

—¿Amarillo? No naranja, no amarillo, no naranja...—no sabía que decir con exactitud, así que dijo lo primero que se le vino a la mente—¡Miel!

—¿Miel?—preguntó. No había oído esa palabra nunca antes, pero, de alguna forma, le sonaba, o más bien, un sabor se venía a su mente de sopetón.

—¡Sí!—exclamó emocionado—Es del color de la miel, ¿recuerdas esa cosa viscosa que es espesa?—dijo recordando algo de antes—¡Eso de allí al frente tiene el mismo color! ¡Justo como el miel!—dijo orgulloso. Yuya se quedó más confundido que antes, mirándolo extraño. No recordaba haber visto esa miel de la que hablaba, pero si recordaba un sabor, uno dulce que se quedaba en su lengua y en su paladar durante unos segundos. Recordaba esa sensación. No sabía que era viscosa y mucho menos espera, pero si sabia como sabía esa miel. Pero eso no resolvía el problema, ¿que había una cosa que sabía dulce en medio del pasillo como si nada?

—¿Qué hace allí?—preguntó Yuya perdido sin más, no podía visualizar un sabor, no podía verlo, no sabía somo pensarlo siquiera. ¿Cómo se supone que iba a verlo allí en frente?—¿Y como más se ve?

—Parece como si fuera un circulo y sobre sale de una cosa café—dijo analizándolo un poco más—, se ve raro.

—Pero, está allí, ¿no?—preguntó el de vista limitada—¿Hay algo más a su alrededor?

—No, solo está la pared de enfrente y... y no más...—dijo el chico de ojos esmeraldas.

—¿Pero qué es?—preguntó Yuya insistiendo, Yugo negó.

—Parece... parece... No sé a lo que se parece—Ese chico de allí no iba a saber nada del exterior, de hecho nadie lo sabía más allá de un patio y un montón de puestas cerradas sin más. Era casi tonto decir que conocían al exterior, porque solo habían visto el cielo y el pasto que les dejaban ver. Porque no había nada más allá de esa simple y llana cueva en la que los habían metido. Porque en realidad, todo lo que estaba allí no era más que lo que los dejaban ver. No había más, no había nada más para ellos. Y no lo sabían, o quizá uno de ellos sí, uno que simplemente quería alejarse de los demás por una u otra razó había nada más en ese mundo para ellos. Y a Yugo le había tocado la visión más corta de todas. Esa era la razón por la que fue el primero en usar esas enseñanzas y quizá el único—¿Yuri?

—Oh, eso es mío—dijo uno de los azules, Yuya no había escuchado esa voz antes, nunca antes a decir verdad, así que miró al sujeto de manera extraña. Este simplemente se acercó a la cosa esa y se la puso justo encima de su mano derecha. Esta desapareció al instante y el sujeto también cuando avanzó por el pasillo. Yugo no lo vio, había salido de su lado, pero estaba concentrado en algo que no podía ver en su mente claro. Yuya lo perdió de vista pronto, incluso antes de poder detallarlo bien.

—Hora de comer—otro de los azules habló y les sacó de sus pensamientos sin más. Los dos lo miraron, era el de siempre. El que les repartía la comida. Aquel con el que generalmente no tenían problemas a pesar de lo malhumorado que era. Yuya volvió a mirar hacia donde estaba el objeto miel, no entendía nada. Yugo menos—. Espero que se coman todo, hoy hay algo distinto para ustedes.

Las cosas a partir de entonces transcurrieron con la normalidad de siempre, les pusieron la comida donde siempre y a Yuya el doble, para Yuto también. Yugo en su confusión, comió más lento de lo normal mientras que el de ojos rojos, atemorizado por lo que creía había pasado con el otro al comer solo se resignó un poco a probar bocado. Solo que no pudo evitarlo, había algo que se salía de lo de siempre, del Yogurt, la manzana y los cereales que solía tener para la primera comida. Allí había una taza por la que sobre salían cosas blancas sobre la superficie. EL chico que se creía chica la miró algo intrigado. Nunca había visto una comida así, lo máximo que se acercaba era el puré de papa, pero él no sabía que era puré de papa.

—¿Qué es esto?—preguntó para él mismo mientras tocaba suavemente la superficie de esa cosa, era blanda y tenía una especie de polvo blanco en su superficie que se adhería a los dedos al tacto. Yuya lo miró fascinado. Trató de agarrar la taza entre sus manos, pero retiró sus manos al tacto, era diferente a cuando tenía Yogurt, porque ese al menos era más frío, allí sintió por unos momentos que se quemaba las manos. Como esa vez que se había quedado con las manos expuestas al sol durante un rato y le habían quemado suavemente, esa sensación era distinta. Era mucho más fuerte, pensó que sería como tocar al sol, aquella bola amarilla en el cielo que le habían dicho que se llamaba de esa manera. Pero no, no creía que fuera como tocar al sol, porque también le habían dicho lo muy lejano que estaba. Se dijo que si el sol hacía eso a tanta distancia, entonces el tocarlo debería de ser aún más caliente. Debería de ser peor que eso. O al menos esa fue la idea que se le vino a la mente.

—Oye—lo llamó uno de los azules desde afuera—, ¿por qué no estás comiendo?—preguntó con su malhumor. Yuya lo miró sin verlo y después intentó agarrar su taza, no quería que ese tono volviera. No le agradaba en lo más mínimo. Sin embargo el guarda al ver que no podía tocarlo y que de todos modos lo intentaba, se le ablandó el corazón a regañadientes—Oye, no puedes agarrar esa taza de allí. Tienes que agarrarla del mango.

—¿M-Mango?—se preguntó, conocía solo la fruta, ¿a qué se refería?

—Sí del mango—le dijo con un tono duro, pero más que nada neutro. El chico que se creía chica pensó que quizá se trataba de la cosa que sobre salía de la taza, esa cosa que no solía tocar. Así que la agarró suavemente con sus manos—, sí de allí. Toma con cuidado—añadió por ser medianamente amable y no más. El menor de los dos levantó un poco el recipiente y lo acercó hacia sí—, ese chocolate está...

—¡Ah!

Reaccionó rápido. En realidad nunca le habría gustado que esas cosas pasaran. Pero así le había tocado y así tenía que actuar, en esas circunstancias. Abrió la celda rápidamente y se acercó al niño corriendo este estaba totalmente asustado y parecía que la piel se le estaba volviendo poco a poco roja. La taza estaba justo en frente suyo rota en miles de pedazos y los malvaviscos estaba esparcidos por allí estaban escurriendo chocolate aún. El resto del caliente líquido estaba sobre toda la ropa perdida que el niño se ponía.

—¡Ah!—gritó una voz desde la derecha. Una que acababa de llegar y sonaba ronca a más no poder.

Mientras el Obelisk Force que estaba en la celda con Yuya se esforzaba el limpiarlo un poco y tratar que su ropa no le quemara más ni le diera una sensación tan terrible al chico por el impacto, el otro revisaba a Yuto. Yugo también se había asomando al escuchar al de su celda contigua gritar y al oír al recién llegado hacer lo mismo posó su vista en él que se retorcía de dolor y se agarraba el pecho. Justo en la misma zona donde al otro le había caído el café caliente.

El de ojos esmeraldas posó sus ojos en el de ojos grises y vio su cara. Esa no era una buena cara.

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—Profesor—dijo la doctora cuando el chico de ojos rojos salió de su despacho de nuevo a su celda. El de mayor autoridad la miró con su infinita indiferencia—, creo que después de estos acontecimientos es necesario tomar medidas.

—Doctora, ¿qué le he dicho sobre..?

—Profesor—se atrevió a interrumpirlo. Eso era importante—, sé que usted quiere mantener a estos niños con vida—de piel más oscura miró a la mujer aún sin mostrarle con expresión alguna—. Esta ropa que usa, que es reciclada de los estudiantes, no es apta para ellos, no solo es que les quede algo grande, sino que nunca se lava y ellos necesitan algo más que solo esa ropa, necesitan tener algo más... higiénico. Si siguen así—el profesor suspiró ligeramente—puede que se enfermen de gravedad y los recursos que maneja aquí no serán suficientes para tratarlo.

—Bien, si lo crees pertinente—pareció por un instante mirar detrás de ella—hazlo, te apruebo el proyecto y el espacio para desarrollarlo. Pero no quiero nada escrito, ya te lo he dicho.

—Sí señor—dijo después de unos segundos de quedarse sorprendida por lo ocurrido. Francamente no pensaba que fuera a aceptar tan fácilmente—. Pero... Profesor—este hizo un leve movimiento de cabeza, indicando que podía seguir—, se necesitarán algunos materiales algo caros de traer y... si usted quiere0, puedo hacer que salga menos costoso...

—No, usted no se preocupe por costos—dijo acercándose a ella pero también acercándose a la puerta de salida—, eso déjeselo al tesorero, pero usted solo encárguese de hacer un buen trabajo—y salió de la habitación. La Doctora, llena de emoción por haberlo logrado, se puso de nervios y se inclinó hacia la dirección donde el profesor salía de su despacho.

—¡S-Sí señor!—exclamó—No se defraudará de mí.

Publicado originalmente: diciembre 20 2017

¡Hola! Lamento el retraso, tuve unos cuantos problemas con la cuenta, pero estoy de vuelta, y tengo que ponerlos al día ;) Lo haré lento, pero allí estará awa. ¡Tengan paciencia que los amo!