Era un día con mucho sol, no había casi nubes en el cielo, los pájaros hacían resonar sus canciones en lo alto, la brisa era fresca y relajante. En conclusión; Era una mañana terrible, ya que nadie podría salir ni aunque debieran.
El castillo de los líderes Tucker estaba tan movido como siempre, pero calmado. Nunca se rompía aquella armoniosa aura, y menos cuando su señor estaba en los brazos de Morfeo. Sin embargo, ese día la calma de aquel castillo se vió interrumpida por fuertes sonidos de puertas siendo abiertas una tras otra con una violencia que aterraba.
—¡Tucker! ¿¡Dónde estás!? ¡Aparece de una buena vez! —gritaba la chica rubia, mientras entraba a la alcoba del azabache mayor.
Este se despertó de muy mal humor, apenas hizo un quejido para denotar que estaba despierto, para luego terminar golpeando la mesita de luz a su lado, rompiéndola en pedazos como hace con todo lo que termina en sus manos.
—¿¡Qué demonios te pasa, Stevens!? —gritó aún más fuerte de lo que podría gritar la rubia.
—¡Dime qué es una broma! ¿¡Tú de verdad lo hiciste!?
—¿¡De qué puta mierda me estás hablando!? —respondió mientras se paraba de su cama, aún con el pijama que pocas veces usaba.
Y que bueno que esa noche decidió ponérselo envés de dormir en ropa interior como siempre hace.
—Tus sirvientes me avisaron esta mañana que saliste ayer a la noche, solo, con una capa y te acercaste al pueblucho ese. Jesucristo, Tucker ¿¡De verdad lo hiciste!?
Al captar a que se refería, el chico azabache solo rodó sus ojos con fastidio, ¿De verdad le estaba haciendo un drama por eso? Que patética.
—¡Primero, Stevens! ¡Tú no eres nadie para hablarme en ese tono! Y en segunda, ¡Sí! ¡Sí me fuí allá! Me fuí a las afueras del pueblo para encontrarme con un Blood Hunter y hablar, ¿Eso era lo que querías escuchar? —La forma en la que alzaba la voz era aterradora, se notaba que estaba molesto con la chica.
Está quedó en silencio por unos minutos, mientras su contrario suspiraba hastiado. Tardó unos minutos en calmarse, minutos que resultaron una eternidad para su amiga.
—¿Por qué, Craig? ¿Por qué lo hiciste? Podrías haber muerto...
—Pero no lo hice, estoy aquí. Pude entablar conversación con uno de ellos y aquí estoy con vida frente a tí. —La interrumpió restándole importancia a todas sus palabras.
Bebe lo miró otra vez, como si no pudiera creer que aún así lo tenía frente a él. No podía entender como en su cabeza no cabía el hecho de que esas personas pudieron matarlo, ¿Cómo se podía ser tan inconsciente del peligro que tienes detrás? Su cabeza era un trofeo para cualquier Hunter, eso le debía ser suficiente para darse cuenta de la importancia de su vida, del valor que cargaba para su gente.
Ella cayó de rodillas al piso, tapándose la cara con sus manos en la intención de que no la vea pues empezaría a llorar. Craig solo quedó observandola sin decir palabra alguna desde su lugar, no sabía aconsolar así que solo la dejaría hacer su drama en paz.
—No puedo creerlo... Tú de verdad estás loco, pudiste haber muerto, ¿¡Qué haríamos sin ti, eh!? ¿¡Qué haría tú gente sin ti!? ¿¡No pensaste en eso por un momento!? —Realmente no podía controlarse, gritaba sin quererlo.
—Bebe, cálmate estúpida. ¿Qué no entiendes que lo hice por...?
—¿¡Qué haría yo sin ti!? —Esta vez su grito fue mucho más fuerte que los anteriores.— ¡Maldita sea, Craig! Tú eres todo lo que me queda ahora, ¿Cómo pudiste arriesgar tú vida así?
La rubia rompió en llanto aún más, dejando sorprendido al chico frente ella. Craig conocía a esa chica desde los once años, sabía que incluso si se rompiera un hueso no lloraría (lo cual pasó una vez), pero aún así la tenía frente a el rompiendo en llanto, se sintió un poco mal por eso.
Hizo algo que jamás había hecho por alguien, se agachó a su altura y la abrazó. Ocultándo la cara de la chica en su pecho, dando algunas caricias en la espalda para calmarla, acompañado de un "Shhhh" susurrado en su oído de la manera más dulce posible.
—Soy una vergüenza como consejera, estoy aquí llorando en tus brazos y faltandote el respeto, lo siento tanto mi señor.
Bebe al fin había caído en todo lo que hizo, toda la escena que montó hacía su líder. Sentía tanta vergüenza por estar tan falta de autocontrol.
Él no respondió nada, ella tenía razón y si fuera otra persona la habría matado a golpes por faltarle el respeto. Pero es que por su amiga a veces se volvía débil, ella estuvo a su lado desde que llegó al castillo confundido y con miedo, ella estuvo en sus peores momentos; Merecía su misericordia después de todo.
Barbara Stevens, alías Bebe, jamás demostraba debilidad ante nadie, nunca en su vida había llorado frente a otro ser, excepto él; Su mejor amigo en el mundo (e interés amoroso en el pasado). Por eso ella quería ser fuerte, quería ser alguien de valor para estar siempre a su lado, ser su mano derecha y ayudarlo en todo lo que necesite. Pero antes de ser su líder, antes de ser su jefe o amigo, él era su familia, era el hermano que siempre quiso y nunca tuvo. Era lo único que le quedaba.
—Tucker, prométeme que nunca volverás a acercarte a ese lugar. No por mí, sino por tu hermana, tu madre y todas las personas que te necesitan para que los gobiernes.
Craig dudo mucho en si responder o no, algo en el gritaba que sí pero a la vez no. No podía mentir, no le gustaba hacerlo. Pero tampoco podía dejar a su amiga preocupada por ello.
—Te lo prometo. —Sus palabras salieron sin pensarlo, sin sentimientos ni verdad.
Su amiga lo miró con una sonrisa y asintió, estaba más que agradecida de que obedeciera a sus palabras.
Ambos después de un rato se levantaron del piso y cada quien se fue por su lado. Tenían trabajo que hacer e informes que rellenar, los problemas en la Ciudadela Norte aminoraron gracias a la donación de ganado humano del resto de ciudadelas, pero la amenaza aún estaba allí.
También tenían algo en mente, sabían que en cualquier momento esto dejaría de ser solo entre los Rebeldes y los Blood Hunters de guardia. Había una declaración de guerra sin firmar, pero no tardaría tanto en llegarle a su castillo un documento declarandole un enfrentamiento de parte de El Consejo de los 12 Sabios. Si esos viejos de pacotilla decidían que era el momento de la guerra, estaban muertos.
Se dirigió a su oficina con desgano, sentándose en su lugar a ver lo que tenía frente a él; Un plano que explicaba la el funcionamiento de las ciudadelas. Lo había estado repasando todo los días para explicarse como ocurrió de la nada aquel robo.
Tenían grandes muros que resguardaban sus criaderos para el ganado humano y los almacenes de carnes y sangre. Las ciudades estaban abajo, para mayor protección a su gente. Todo estaba cuidado y vigilado, hasta la ciudad, pero no tenía sentido, no había forma de que alguien pueda entrar y salir como si nada impune a menos que...
—Los hicieran entrar desde adentro. —habló para si mismo, sorprendido por su nuevo descubrimiento.
¿Pero quién? ¿Quién pudo ser tan buen manipulador y estafador como para engañar a guardias de seguridad para dejarlos entrar? ¿Quién pudo hackear sin problemas las computadoras para que se apagaran las cámaras? Sonaba tan loco todo, no se le pasaba por la cabeza nadie con tanta capacidad.
Luego recordó a alguien. Aquella trepadora que conseguía todo lo que quería con su cuerpo, esa persona profesional en el engaño y la manipulación. Incluso había nacido bendecida y pudo recibir la mejor educación, aún teniendo a sus padres del lado de La Rebelión. Esa maldita zorra era la única que podría conseguir armar un plan tan perfecto en que ¿Una semana?, solo ella podía ser; Wendy Testaburger, esa era su respuesta.
Sintió su sangre hervir de rabia, otra vez esa mujer se había salido con la suya. Rompió el librero cerca de él con rabia, juraba que mataría a esa tipa con sus propias manos, ¡La haría sufrir toda la agonía de este mundo! No se conformó con arruinar el matrimonio de sus padres, ahora quería arruinar su mandato.
Esto sacaba de conclusión algo más; Ella era la nueva comandante de La Rebelión. Lo que lo llevaba a todo lo que estaba pasando, ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Solo quiere arruinar su imagen? ¿Qué no sabe que puede ocasionar una guerra? Esa mujer sí que era estúpida, matará a sus propios aliados en esto.
Craig se vió a si mismo en la necesidad de ganar la confianza de aquel Hunter para luego pedirle ayuda. Si solo va y le dice la situación lo más probable es que no le creería, lo tomaría por algún tipo de escusa y causaría un gran revuelo. Primero tiene que ver cómo es, como son sus ideologías y que es lo que él tiene entendido de su situación.
Y hablando de aquel Hunter, ya en un sentido más personal para él, había algo en ese chico que hizo que perdiera el sueño en la noche. Juraba que lo había visto en algún lado, que era alguien que conocía. Pero no le salía de donde, no tenía recuerdos de haberse enfrentado a alguien así.
「Tweek... Tweak... ¿Dónde he escuchado ese nombre antes? ¿Dónde?」
Mientras tanto, en el pueblo de South Park, la mañana ya había llegado. Un grupo de chicos se había vuelto a reunir en el lugar de siempre, después de una larga jornada de trabajo. La noche de ayer había sido de las más calmadas que habían tenido en su vida, apenas si se encontraron con cinco o seis de esas cosas, lo cual agradecían para sí.
Pero eso no quitaba que estén cansados, pasar la noche en vela recorriendo el pueblo de aquí a allá era agotador de por sí.
Ese día nomás llegar se dieron cuenta que no les antendia el mesero de siempre, lo cual les preocupó un poco pero nadie dijo nada. Tratarían de disfrutar al límite momentos así, además de que no era de su incumbencia la vida de un civil cualquiera.
—Te lo digo Nicole, los tacos son la comida más deliciosa que hay. —Clyde aportaba al debate que estaba teniendo con la chica frente a él.
—Pero esas cosas no son del todo sanas, tienen mucha grasa. —Ella defendía los alimentos ricos, pero sanos.
Su compañero se levantó un poco de la mesa con aires de indignación, era graciosa la cara exagerada que ponía para demostrar su desacuerdo.
—No es cierto, yo como de esos todos los días y ¡Mirá como estoy! —Extendió sus brazos, para dejarse ver mejor.
—Eso explica esa panza, gordo. —respondió Token con gracia.
Los presentes en la mesa no pudieron evitar reír a carcajadas, mientras que el pobre de Clyde se volvía a sentar algo rojo de vergüenza y enojo.
Todos en la mesa hablaban y reían, disfrutaban de su delicioso desayuno como siempre. Todos excepto una persona; Su gran líder Tweek, quien no había dicho una palabra desde que llegaron allí. El estaba en su mundo, perdido en sus pensamientos.
—¿Te pasa algo, Tweak? —Stan fue el primero en notar que estaba raro.
—Sí, digo no. No pasa nada. —Tweek no pudo evitar el nerviosismo en sus palabras.
Nadie preguntó nada, sabían que él no les ocultaría nada, si en verdad le pasaba algo en cualquier momento se los dirías, o eso pensaban. Realmente Tweek dudaba mucho si comentarles lo ocurrido en la noche anterior o no, tal vez esperaría a ver como salían las cosas en el día de hoy.
La hora les pasó volando como siempre, el primero en separarse del grupo fue el pequeño Butters. Salió del local con la escusa de que iría cambiarse primero y luego a pasear por él pueblo. Después de todo, debajo de su sacó estaba manchado con mucha sangre, pues ayer en la noche le tocó ser el que tirará los cadáveres humanos dejados por esas bestias, no era nada cómodo llevar tanta mugre debajo.
Traía su bolso consigo y caminaba con una sonrisa de oreja a oreja con las aceras, no había casi circulación y eso lo relajaba mucho. Estaba con una sonrisa como siempre, pero esta vez se desvió del camino que lo llevaba a la casa donde supuestamente se iría a cambiar, caminó mucho más hasta un área muy pobre con edificios abandonados y casas descuidadas.
Fué hasta la última casa de toda la calle, la más alejada en el fondo. Miró a todos lados antes de pasar y con cuidado y lentitud entró. Alguien lo esperaba adentro con una sonrisa.
—Te traje comida. —dijo sacando de su bolso un pequeño taper con carnes y sangre.
El jóven rubio frente a él se acercó a recibirlo con un abrazo, luego lo guío hasta la sala, moviendo una silla para que se sentará. El pequeño se acercó despacio y se acomodó en la silla, dejando el taper en la mesa a su lado.
—Eres tan lindo. —Tomó aquel objeto y se lo llevó consigo.
—Tú lo eres más. —respondió en el mismo tono mimoso que él uso.
Su pareja trajo otra silla y la acomodó frente a él, se dieron un besito rápido con mucho cariño, para luego mirarse mutuamente con una sonrisa. Amaban cada momento que pudieran pasar juntos, se amaban demasiado para que sea así.
Kenny tomó en su mano un pedazo de aquella carne y se la llevó a la boca, degustandola por unos minutos para luego tragarla con la misma sonrisa.
—Deliciosa, la persona de esta carne tenía una vida muy sana. —Miró a su pequeño sin quitar su sonrisa en ningún momento, este se la devolvía de igual forma.— Estaba envenenada, ¿Verdad?
—Claro que sí, amor. Solo esa feta, todo lo otro está bien.
El ambiente seguía igual de rosa que siempre, aún después de esa confesión. Pero está vez se sentía un aura tétrica detrás. Ambos estaban acostumbrados a sentir eso, momentos así pasan a veces.
—¿Qué es lo que quieres saber? —Lo miró con dulzura, mientras acercaba su mano a la suya.
—¿Quién es la persona que está en estos momentos al lado del primogénito?
El mayor quedó un momento en silencio con impresión (y algo de miedo). La última vez que le dió esa información, recuerda muy bien que él mando a matar a aquel vampiro consejero de Thomas Tucker. Aún no entendía como logró ubicarlo ni conseguir tal azaña, más aún cuando en ese tiempo aún era muy jóven, apenas un aprendiz de su gente. Pero su pequeño lo hizo, ahora tenía que darle información de ella.
Dudó demasiado en hablar, él tenía un muy particular pasado con Bebe y no podía olvidar que fué su amiga en aquel tiempo. Le tenía un gran aprecio, se vió en la gran decisión sobre si abrir la boca o no. Amaba a su chico, pero había veces que realmente no le gustaba ser la persona que le da información.
—Responde Kenneth. El veneno empezará a hacer efecto y sabes que hacer para tener el antídoto.
Butters tenía razón, el rubio mayor empezó a sentir su estómago arder, empezaba a toser sangre y las articulaciones le dolían.
—Lo siento, bebé esa información...
—¿No me lo dirás, Kenny? —Butters quitó su sonrisa, a cambio solo dió una mirada neutra.
Kenny le sonrió asintiendo, luego empezó a sentir un gran dolor en su estómago, era como si se estuviera disolviendo por dentro. Las lágrimas salieron sin quererlo, no estaba aguantando tanto dolor.
—Mi amor, este veneno está diseñando para disolver tus órganos lentamente. Muy lento. Tenemos todo el día antes que te empiece a matar realmente. —El jóven sonrió un poco, estaba orgulloso de su creación.— El antídoto hace que tenga el efecto contrario y te regenere más rápido de lo que harías tú solo, vamos Kenny. Hablá, mi amor.
El rubio mayor por primera vez en su vida contradiría a su pareja, pero le estaba saliendo muy caro. El podía soportar bien el dolor, pero esto era otro nivel.
—Lo siento cielo... P-pero ella no se lo merece...
—¿Ella? ¿Entonces es una mujer?
La había cagado, le había dado algo de información. Información qué tal vez solo haría que las cosas se pusieran peor. En verdad ahora sí estaba con miedo.
—¿Tuviste algo con ella? —El jovencito lo miró con asco, había pegado en el clavo.— Tengo razón, ¿Verdad? Estuviste con esa mujer, que sucio.
No podía responder por el dolor que sentía, volvió a tocer y más sangre salió de su boca, manchando está vez parte de su ropa.
El jovencito Butters se levantó de su lugar, se acercó a él y se sentó en sus piernas muy proximo a su entrepierna. Con su mano lo tomó del mentón e hizo que lo mirará. Besó sus ensangrentados labios ferozmente, con tanta lujuria como en la noche, saboreando la mezcla de saliva con sangre que había en su boca. Finalizó alejándolo con mucha violencia. Lo miró con el mismo rostro neutro de antes.
—Hablá.
—B-Barbara Stevens ... L-le dicen Bebe... Ella es la única candidata a c-consejera del p-primogenito. —respondió con dificultad al ya no poder aguantar más, sintiendo como el aire le faltaba.
El menor sonrió con satisfacción, sacó de su bolso una jeringa mientras que de su bolsillo una pequeña botellita plástica que contenía un raro líquido verde. Preparó la aguja y se la inyectó en el cuello a Kenny. Besó su frente con cariño a la vez que acariciaba sus cabellos rubios. De por mientras el otro recostaba su cabeza en su pecho, reponiendose del dolor inmenso que había sentido.
—Gracias por la información, cariño.
—S-simpre para tí, m-mi amor.
Butters sonrió y quedó allí, lo abrazó sin decir nada más. Se quedó en esa posición con una sonrisa, mientras su pareja apenas se reponía de lo que le había hecho.
Ambos sonrieron en su abrazo, amaban sentirse tan cerca mutuamente. Se amaban demasiado.
No obstante, a veces Kenny odiaba que su pequeño sepa qué clase de información no le gusta dar, sus torturas eran muy dolorosas y no le perdonaba
