Capítulo 10: Desesperación.
Flashback
Un gran y tenebroso castillo posaba sobre la cumbre de una montaña frente al sofocante rio de lava, teñido por el rojizo de su cielo limitado donde no existía sol, dando paso a la tristeza, donde en cada extremo los sollozos se apropiaban del eco; Un par de grades guardias compuestos de roca carbonizada rodeados de lava, llevaban a un vampiro mal herido, cabizbajo y encadenado de manos, cediendo ante el arrastre de su forcejeo donde cayó arrodillado frente un gran trono.
- ¡¿Porque traéis a esta abominación ante mí?! – Exclamó Thanatos con enfado - ¿o es que acaso queréis que os mate?
- Disculpadnos alteza – dijo uno de los guardias en reverencia - pero este vampiro afirma tener información de vuestro interés.
- ¡No me importa, sacadle de mi vista y matadlo despiadadamente!
- Hahahaha, no querrá eso – comentó el vampiro entre risas.
Thanatos caminó hacia él y levantó su mirada agarrándolo de su cabello donde le miró con su típica sonrisa llena de maldad - ¿y dime porque razón no os debo matar abominación? – preguntó con curiosidad.
- Porque sé lo que buscas y también sé dónde lo puedes encontrar - sonrió triunfante.
Él le miró con seriedad y de inmediato captó – soltadle – ordenó a sus guardias, dando la vuelta.
- Como ordenéis – el guardián sin protestar rompió los grilletes fácilmente al calentarlos.
- Lindo lugar… - comentó aquel burlesco vampiro sobando sus muñecas mientras daba un vistazo por el alrededor.
Thanatos se sentó en su trono - a lo que vienes vampiro, ¿dónde está el chico? – preguntó sin rodeos.
- Su nombre es Marshall lee, fue encontrado por Zoe y a su pedido viaja con nosotros - dijo sin interés, sin siquiera darse cuenta de todo lo que se encontraba en juego.
- Marshall… - pensó - ¿dónde se encuentra?
- Antes de decirte quiero que me prometas que no lastimarás a nadie de mi familia, ¡¿entendido?!
- Soy hombre de palabra, te prometo que no les haré daño, ahora decidme.
- Se encuentra mal herido en las llanuras del valle de la muerte.
- Muy bien, guardias preparad las tropas que partiremos de inmediato – sonrió – decidme tu nombre… fiel sirviente – estiró el brazo.
- Me llamo Adrián – estrechó su mano.
- Bien Adrián, si logró mi objetivo, tendrás tu recompensa…
Fin del flashback
Las batallas se volvieron más intensas al torno del sangriento escenario que se llevaba a cabo entre la enrojecida oscuridad. Todos los vampiros combatían con valentía en contra de los grandes y feroces demonios. Sus arrasadores y despiadados ataques parecían no tener fin, todas las chozas quemándose al paso rápido del fuego, rodeando el valle por completo, el lugar era un caos, la destrucción desatada por montón, mientras las angustias se ahogaban entre el llanto. Solo muerte a su alrededor sin más que sufrimiento y desesperación ante el fracasado intento de huir. Pero estaban perdidos, pues se encontraban acorralados.
Entre las llanuras se encontraban Zoe, Erik, Fionna y Marshall frente a Adrián, quien se encontraba arrodillado con la cabeza a tierra, donde arrepentido les confesaba lo ocurrido. Erik se encontraba escuchándole totalmente enfurecido apretando los puños con firmeza.
- No quería que pasara esto – dijo Adrián estremecido.
- ¡Eres un maldi…! – Erik lo alzó de la camiseta con ambas manos colocándolo contra la pared - ¡¿cómo te atreves a traicionarnos, que acaso no vez que están matando a tus pares?!
- Y-yo, yo no quería esto… por favor perdónenme – insistió temblando.
Erik le dio un fuerte puñetazo arrojándolo al suelo – descuiden chicos, saldremos de esta.
- Muchas gracias, no se arrepentirán…
- No, no entiendes, apenas salgamos de aquí quedarás desterrado, ya no eres parte de nosotros - volteó y salió sin mirar atrás.
- ¿Marshall, tú me perdonas? – preguntó buscando siquiera un poco de compasión, sin importarle suplicar.
Marshall solo le miró con indiferencia y sin decirle absolutamente nada volteó marchándose junto con Erik, a lo que Fionna les siguió, mientras que Zoe quedó ahí mirándole con enfado.
- ¿Zoe… tú?
- Ya lo oíste, quedas desterrado, por lo cual te conviertes en nuestro enemigo – volteó – fuera de mi vista antes de que sea yo misma quien te mate - se marchó.
Mientras tanto en la superficie se encontraban Cake, Daniel, Gumball y Reina Helada, frente una gran entrada hacia un antiguo templo rodeado de muchos árboles, raíces, enredaderas y bellas flores que adornaban invadiendo todas sus paredes, casi convirtiéndola en parte del bosque.
- Se los advierto es algo excéntrico – comentó Daniel mientras entraban todos por el pasillo - Solón de Atenas venimos por tu ayuda.
- Presentaos ante mí y haced reverencia extraños – resonó una extraña voz.
- Sal ya, payaso – insistió con enfado.
- Hahahaha, ¿dónde quedó tu sentido del humor?
- Se fue con tu esposa.
- Hahahaha, por eso tu madre no te quería – comentó mientras se reía a carcajadas – bueno, a lo que vienen chicos.
Se divisó un anciano calvo con apariencia de monje, ojos verdes como Daniel, orejas en punta como elfo, delgado, bajo de estatura, vestía una túnica color verde oscuro destiñéndose al bajar del hombro hasta el suelo, muy cubierto de prendas, ocultando sus manos entre las largas y anchas mangas.
- Discúlpenos por venir así de imprevisto, pero necesitamos de su ayuda – dijo Cake acercándose - mi hermana se encuentra atrapada en el inframundo.
- ¿Y cómo logró entrar ahí, o es que acaso está muerta? – preguntó sorprendido.
- No, no es eso, ella fue transportada por esta daga – agregó Gumball entregándole aquella extraña daga.
Solón la tomó en sus manos fijándole la mirada con nostalgia – la daga de tales… – pensó.
- Hemos descubierto que se puede lograr una conexión a través de los sueños – comentó la peliblanca.
- Déjenlo así, está perdida – volteó guardando la daga en su bolsillo - ¿alguien quiere té?
- ¡¿Qué?! – exclamaron Cake y Gumball sorprendidos.
Reina helada levantó su mano - yo quiero.
- ¿Pero qué dices viejo loco? – Preguntó Daniel extrañado acercándose a él – ¿estás seguro de que no se puede hacer nada?
- Si, Debe haber alguna forma – agregó Cake angustiada.
- Lo dudo, solo Tales de Mileto posee esa autoridad, no hay modo de entrar él falleció hace casi mil años.
- Entonces como explica la conexión de sueño entre ella y su hermana – comentó Gumball.
- No lo sé, no me pertenecen ese territorio, pero cabe recordar que lo muerto renace en el inframundo, por lo que puede tener una pequeña oportunidad, pero será muy arriesgado.
- Lo que sea, todo por ayudar a mi hermanita – comentó Cake con valor.
- Está bien, lo conversaremos mientras tomamos el té, acompáñenme.
- De acuerdo – contestaron los tres.
- Viejo loco – susurró Daniel indiferente.
Mientras en el inframundo; Las sangrientas batallas continuaban, los demonios ya habían arrasado y dado muerte a más de la mitad de la población de vampiros. La resistencia estaba perdiendo arranque y el sofocante fuego que les rodeaba no solo les impedía huir, sino que también los limitaba de tiempo, pues se estaba acercando, la desesperación no les dejaba razonar mientras se encaminaban a su fin.
- Marshall tú quédate aquí – dijo Erik deteniéndolo - Thanatos no te puede encontrar.
- ¡¿Qué?! – Exclamó Marshall sorprendido – p-pero no me puedes dejar aquí, están muriendo halla fuera.
- Sí lo sé y sus muertes serán en vano si te matan a ti.
- Pero, pero…
- Erik tiene razón, todos están dispuesto a sacrificarse si es necesario, eres nuestra única salvación – agregó Zoe apoyando su decisión.
Fiona se aferró al brazo de Marshall tratado de calmarlo - ellos están en lo cierto, tu solo confía, no puedes hacer nada por el momento – lo abrazó con fuerza.
Marshall solo cruzó miradas y sin más protestas, se rindió sin decir nada, cabizbajo apretando los puños y los dientes con impotencia resignándose.
- Esperen aquí, buscaré una salida segura – dijo Erik con seriedad marchándose entre las sombras.
- Marshall… – dijo Zoe llamando su atención – perdona por la traición de uno de mis subordinados, no se volverá a repetir - bajó la mirada arrepentida.
- No te disculpes, no tienen por qué protegerme.
- Eres parte de nosotros, claro que es nuestro deber – sonrió.
- Chicos, necesito sabes que está sucediendo – agregó Fionna.
Marshall le comenzó a explicar todo lo ocurrido hasta entonces, poniéndola al tanto de lo sucedido anteriormente. Mientras tanto; Erik se encontraba a escasos metros de la batalla, guardando discreción en sus pasos. A su lado estaba Ian su amigo y él segundo al mando de la armada. Un tipo más bajo de estatura, pelirrojo, sus ojos de un claro marrón, vestía una chaqueta y botas negras con jeans desgarrados en las rodillas.
- Esto está muy difícil, los demonios están arrasando con nuestros soldados, si no hacemos algo de inmediato moriremos todos, además si no nos matan ellos moriremos por el fuego que nos rodea – dijo Ian con impotencia.
- Debe haber alguna salida, tiene que haber otra manera – comenzó a pensar.
- No la hay, solo existe una salida y está cubierta por Thanatos, obviamente es una trampa.
Erik quedó pensante, con su típica mirada de seriedad, tomándose muy a pecho aquellas palabras, su mirada de decisión con su toque de impotencia acumulada de sobremanera, cabizbajo renunciando al motivo.
A lo que Ian de inmediato comprendió, aumentando su temor – ¿no estarás pensando en…? Es un suicidio, no puedes hacerlo.
- No tenemos otra alternativa, es la única manera – apretó los dientes – quiero que reúnas a los sobrevivientes y les lleves cerca de la salida, y a mi señal saldrán mientras distraigo a Thanatos, no podré durar mucho tiempo, pero será suficiente para que puedan escapar… Bueno, ¡¿qué esperas?! ¡Vete ya!
- Entendido – asimiló con dolor resignándose y sin perder más tiempo se marchó – buena suerte.
- En verdad espero que funcione… - Erik se encaminó de regreso buscado la mejor forma de volver, escondido entre los escombros y cadáveres que rondaban por todos el lugar.
A lo lejos divisó a Thanatos, quien se encontraba furioso con una gran esencia negra que brotando de su ser, y envestía salvajemente en su alrededor, cortando el aire y provocado grandes corrientes de viento - ¡traedlo ante mí! – exclamó con ira.
Erik se le acercó con lentitud y sigilo por su espalda deteniéndose a metros de él - ¿para qué lo quieres si puedes enfrentarme a mí?
Thanatos volteó sorprendido, le miró e inmediatamente sonrió con maldad - ¿Erik maldi… bastar… donde te habías metido?
Erik le devolvió la mirada con frialdad, impotencia y odio a la vez, apretando sus puños y dientes con firmeza al ver su parecencia, su detestable rostro. Inmediatamente después su aura comenzó a desprenderse de su ser en un celeste muy puro, el cual rotaba con giros controlados alrededor de todo su cuerpo, tomó camino tranquilo con una sola dirección decidido y sin temor.
- ¿Qué te sucede, porque no peleas contra mí o es que acaso necesitas al chico?
- ¿Qué insinúas?
- Digo que no puedes hacer nada por tu cuenta, digo que dependes de un simple niño y digo que tienes tanto miedo que tu cobardía supera tu gran ego.
- ¡¿Cómo te atreves?! ¡Te mataré!
- Adelante, hazlo si es que puedes - desenfundó su espada, desafiándolo con la mirada.
Thanatos con rapidez llegó junto a él sin siquiera una gota de sudor en su rostro. Erik le invistió con su afilada espada directo al pecho, pero en su fracasado intento fue frenado con tan solo la mano de aquel siniestro ángel-demonio y sin siquiera un rasguño por el filo de la hoja.
- ¿Crees que con esta ridícula espada me detendrás? – preguntó sin esperar respuesta.
De pronto la espada que Erik sostenía comenzó a desprender una gran cantidad de energía y en un impulso comenzó a adsorber el aura de Thanatos, la cual se empezó a desprender directo de su brazo y cuando el siniestro ser lo notó, quedó anonadado y de inmediato quitó su mano, cuando de pronto fue impulsado.
- ¡Aaah! ¿Qué fue eso? - observó sus manos las cuales se encontraban con fuertes quemaduras - ¿¡cómo me has hecho esto!? – exclamó sorprendido
- Te equivocabas, no es cualquier espada, esta es la espada de Esteban – dijo Erik alzando la hoja al cielo.
- No es verdad ¿¡de donde la has sacado!?
- ¿Qué te pasa acaso tienes miedo? – preguntó burlándose, empuñando su espada en pose amenazante.
Thanatos se levantaba enfurecido mientras el suelo comenzaba a temblar, partiendo la tierra a su alrededor dejado ver el río de lava bajo sus pies, en eso su aura comenzó a desprenderse como huracán dando paso a fuertes corrientes de viento. De pronto desenfundó su negra espada de la cual su propia aura giraba alrededor de la hora, mientras que con rapidez se abalanzaba en un ataque frente a frente, impactando con fuerza contra la espada que empuñaba Erik.
La tierra temblaba mientras ambas espadas chocaban expulsando el aire a su alrededor. La espada de Thanatos oponía aún más fuerza haciendo que Erik retrocediera quedando a pasos de caer en el río. Entonces en un impulso saltó hacia el lado evitando su ataque, pero nuevamente y sin guardia fue envestido por Thanatos sin darle más tiempo para reaccionar en un desesperado intento por frenar su espada, usando ambas manos, una en el mango y la otra en la hoja.
- ¡Esta vez no te escaparás! – afirmó Thanatos triunfante, forcejeando aún más.
En aquel rudo impulso Erik calló arrodillado, cuando de pronto su espada fue partida en dos dejándolo sin protección, permitiendo que la espada de Thanatos le provocase un tajo en su mejilla, con un sangrado que de inmediato cesó al quemarse.
- ¡Aaah! – gritó Erik de dolor soltando su espada para cubrirse la herida de su cara la cual quemaba.
Thanatos aprovecho la situación y lo agarró del cuello, ahorcándolo - hace mucho que debí haberte matado, desde que estabas con esos inútiles – dijo refiriéndose a Sofía y Esteban.
- N-no lo son, fueron más que una familia para mí y mucho más fuertes de lo que tú jamás serás - le escupió en la cara.
- ¡Ahg, sigues con tus insolencias, te enseñaré!- comenzó a golpearle el vientre repetidamente con dureza y sin compasión.
- ¡Aaaaah! – gritó Erik desgastando su voz.
Mientras, los sobrevivientes que había reunido Ian observaban horrorizados, esperaban a las puertas de su única salida, detrás de los escombros y entre las montañas.
- ¡Tenemos que hacer algo, no podemos dejarlo morir! – exclamó Marshall dolido.
- N-no, él lo quiso así, son sus órdenes y las vamos a respetar – agregó Ian sufriendo por dentro.
- ¡No, son unos cobardes y si ustedes no van, yo iré! – exclamó enfadado, yendo a su auxilio.
- ¡No Marshall, espera! – exclamó Fionna asustada alzando su brazo, pero fue detenida por Zoe.
- Yo iré tras él – corrió he intentó alcanzarlo.
Marshall sé adelantó saliendo de las sombras, corriendo con su bajo-hacha empuñado, pero cuando estaba a punto de apresurar unas palabras que detuviesen esos incesables gritos, lo inesperado pasó.
- ¡Suéltalo ya! – resonó una voz con eco llamando la atención de todos los presentes.
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