Entró a su cuarto, acariciando sus sienes.
Ya estaba amaneciendo, y había aprovechado eso para fingir tener un gran cansancio.
Su hermana, inocente ella, se había preocupado y aconsejado que descansase, mientras que Yukio había apoyado a su esposa con una sonrisa divertida. Su madre casi rompe sus dientes de tan fuerte que apretaba la mandíbula, dado que sabía a la perfección que no era cierto. El rey parecía haberse dado cuenta de la mentira, pero no había comentado nada, pues luego de la primera conversación que tuvieron, se había dado cuenta de que la princesa Karin Kurosaki era una alguien de armas tomar, y armas muy pesadas a decir verdad. Y su "novio" solo había suspirado, con una sonrisa desanimada, diciéndole que estaba bien que se retirara.
Cerró la puerta y se volteó, encontrándose al pequeño de pie, mirando por la ventana el amanecer.
-En invierno... en invierno el sol no es malo... es muy hermoso- dijo el niño, ya con su tierna voz recuperada. Se encontraba vistiendo unos pequeños pesqueros a cuadros grises oscuros y claros, y una camisa mangas tres cuarto holgada de igual estilo, totalmente blanca.
-Si, es muy hermoso- admitió la pelinegra, sin moverse de su lugar.
-Cum sol is regeneratur, daemonibus pereunt- murmuró el chiquito, sin despegar sus ojos del astro rey -Mi madre solía decir eso- le explicó.
-Cuando el sol renace, los demonios perecen- tradujo Karin, a lo que él asintió. Lo pensó unos momentos, pero la frase le llegó de muchas maneras, y estaba indecisa de cómo debía tomarlo -Es interesante... ¿que crees que significa?- preguntó, ladeando un poco su rostro.
-Que todo mejora con el amanecer... ella no nos creía la clase de monstruos que somos- respondió el niño, mirando al infinito, como evocando momentos antiguos, provocando que el corazón de la pelinegra se retorciera. Era solo una criaturita, y ya estaba perdido en la triste melancolía de la vida inmortal.
Sin poder evitarlo, se acercó a él y se arrodilló, abrazándolo por la espalda y permitiéndose descansar su barbilla sobre el pequeño pero firme hombro.
-Tu madre es muy sabia- felicitó con voz suave, apretando dulcemente el agarre alrededor del pequeño.
-Si... lo era- recalcó con sufrimiento esa última palabra, haciendo que a Karin la embargara una profunda tristeza. No sabía lo que era perder a una madre, pues nunca tubo una en verdad, pero estaba segura de lo que era perder un padre... quizás fuera el mismo sentimiento.
El silencio se formó en la habitación, apenas y se oían sus acompasadas respiraciones.
El niño mantenía sus impasibles ojos fijos en el sol, haciendo que estos se vieran como el mismo fuego. Karin lo observó algo atontada... era un niño de extrañas facciones. De él desprendían tristeza y dolor, pero, también, un atisbo de ilusión... como quien mantiene la esperanza, la fe en la vida misma, algo que los inmortales ya habían perdido hacía tiempo, mucho tiempo ya.
Difícil era ver como todo gira a tu alrededor, como el tiempo, que se dice no perdona a nadie, cambia al mundo, lo recorre y lo lleva andando segundo a segundo, minuto a minuto, hora tras hora y día tras día, dejándote de lado, valiendo nada en tu vida, porque el tiempo corría, corría y no se detenía, pero tampoco se los llevaba, solo pasaba frente a sus ojos, abandonándolos en la soledad. Los vampiros eran invisible a sus ojos como el movimiento que La Tierra imperceptible a las personas... porque la eternidad te vuelve frío y desalmado, y cuando pierdes tu alma, te pierdes a ti mismo, y regresar es una tarea casi imposible... pero, ¿y los que nacen sin alma? Esos son los más desdichados, solo un recipiente que se mueve y abre la boca, dejando salir palabras vacías y monótonas, incapaces de transmitir algo que no sea frialdad.
Algunos vampiros nacían con alma, y lograban conservarla, aunque con severos daños, hasta el final, logrando transmitir esos sentimiento cálidos que ya pocos tenían, y que a ninguno le interesaba recibir. Isshin Kurosaki era uno de ellos, y logró compartir su alegría, aunque sea solo a dos de sus niños. Pero el alma de Karin fue destruida con la muerte de su padre y su amado hermano frente a sus ojos, o eso creyó... pero había descubierto algo, que esperaba aplicara para todos aquellos seres que en algún momento albergaron en su interior alegría de verdad.
Cuando pierdes el alma, solo necesitas un motivo para recuperarla y aferrarte a ella... y Karin, posiblemente, ya lo había encontrado.
La tierna voz del pequeño la trajo de vuelta a la realidad.
-La señorita dijo que me quedara aquí, pero no puedo hacer eso- el niño volteó un poco su rostro, tenía una leve sonrisa en sus labios, pero sus ojos estaban totalmente apagados y tristes.
-¿Porque no?- preguntó ella, mirándolo con dulzura.
-No quiero molestarla más- dijo, luego de unos minutos de silencio.
-No me molestas, de echo, es bueno tener compañía- su mirada escarlata le agradeció, al tiempo que una leve sonrisa tiraba de sus labios, sin embargo, esta no le llegó a los ojos.
-¿Porque está siendo tan amable conmigo?- le preguntó, curioso.
-Me gustan los niños-
-Aquí no hay niños... solo monstruos- repitió de golpe, como si se tratara de una ley irrefutable. Se estremeció, eso era lo que Renji solía decir cuando niños, y lo que sabía, les querían grabar a fuego en sus cabezas.
-No eres un monstruo- la pelinegra alzó un poco la voz, enojada, separándose del abrazo y haciéndolo voltear por los hombros para mirarlo directamente a los ojos -Tu madre estaba segura de ella, y yo también- le dijo con firmeza, queriendo transmitirle sus sentimientos en esa férrea mirada oscura.
Todo se volvió silencio. Los segundos pasaban y el pequeño parecía buscar el mínimo rastro de duda en los ojos contrarios, no terminando de creer que eso fuera cierto. Pero es que cuando te tratan como a un animal, y te lastiman solo por deporte, te vuelves desconfiado y temeroso, aunque de alguna retorcida manera, también fuerte y audaz.
Karin ablandó el rostro al ver como el niño comenzaba a sorber su nariz, y se cubría los ojos con su antebrazo antes de romper a sollozar con fuerza, liberando todo el dolor y tristeza que se había acumulado en su pecho con el pasar del tiempo, en esos 3 años donde solo concoció el significado de sufrimiento y desesperanza... cuando estuvo a poco de quebrarse y rendirse a eso que querían de él... a convertirse en un simple cuerpo vacío y sin corazón.
-Gracias- dijo ahogadamente, abrazándola. Ella acarició con suavidad los cabellos de su nuca, reconfortándolo y mimándolo
-No se merecen- aseguró.
.
Karin estaba en su cama, dormitando levemente. El chiquillo a su lado dormía aferrado a su brazo, como si este fuera, simultáneamente, su peluche y almohada.
La pelinegra se encontraba estaba en ese punto donde no dormía pero tampoco estaba consciente, ese en donde uno medita sobre la existencia del universo y la suya misma. O simplemente le da flojera levantarse, cualquiera se consideraría válida.
En un suspiro, se obligó a abrir bien los ojos. Giró la cabeza y con cuidado cambió su brazo por su almohada. Sonrió al ver como Koharu, como se llamaba el niño, fruncía el ceño y murmuraba entre sueños.
Se sentó en la cama y miró por la ventana, debían ser cerca de las tres de la tarde.
Bostezó largamente antes de levantarse y adentrarse en su baño. Había sido una noche larga. Había conversado mucho con Koharu, y luego de treinta minutos de haberse ido ambos a dormir, el Pequeño comenzó a gritar entre sueños, cosa que se repitió nuevamente en otras cinco ocasiones, hasta que finalmente a las cuatro de la mañana, y bien aferrado a ella, logró descansar.
El agua caliente de la regadera caía sobre ella, deslizándose por sobre su cremosa piel blanca, relajando sus músculos y provocándole leves hormigueos.
Se pasó las manos enjabonadas por su cuerpo minuciosamente, parando en seco al notar algo que absolutamente NO debería estar allí.
Una gran marca violeta en su escote, justo antes de llegar a sus pechos.
El sonrojo explotó en su cara y se expandió hasta sus orejas, mientras que sus manos se apretaban en puños.
¡Iba a matarlo!
Terminó su baño rápidamente y salió ya vestida, encontrándose con que el niño ahora se encontraba todo despatarrado en el centro de la cama, con las sábanas enredadas en su cintura. Sonrió con ternura.
Su mirada se dirigió hacia su buró, más concretamente, en el par de copas, una grande y otra mediana, colocadas sobre una fina bandeja de plata. Casi rueda los ojos al ver los tamaño.
En esa casa una copa pequeña era una median, una mediana era una grande, y una grande era una gigante. Todo esto gracias a la hostentisidad de su madre.
Se acercó a la bandeja y tomó una nota que había allí.
"Nada mejor que un par de copas de sangre fresca para comenzar el mediodía ;)"
Sonrió ampliamente, definitivamente Ururu era de las chicas más increíbles que había.
Tomó la copa mediana se la llevó a los labios, bebiéndola lentamente, disfrutando de cada gota que tocaba sus labios, pero sin poder evitar compararla con el delicioso néctar vital de cierto lobo blanco extremadamente sexy y caliente. Luego de haber curado al pequeño Koharu la noche anterior se sentía terriblemente débil, más el beber la sangre de Toshiro había sido como beber diez bebidas energizantes una detrás de otra, sin contar su sabor tan... indescriptible. Era absoluto, la sangre que antes había estado en la copa era como la de un cerdo en comparación a elixir de los dioses que corría por las venas de su lobo. Si, suyo. Ya no se sentía capaz de alejarse de él, ¡por favor!, no quería ni imaginárselo.
Ya desayunada dejó una pequeña nota junto a la copa para el niño, avisándole que llegaría muy tarde a la habitación y que si necesitaba cualquier cosa consultara a Ururu y un par de instrucciones por si salía, como que lo hiciera con la ventana y con cuidado de que no lo vieran.
Trabó con cerrojo la puerta y salió a los pasillos en dirección al salón. Seguramente los demás estén recién levantándose.
Al entrar al comedor se encontró solo a su hermana y a Yukio, conversando alegremente.
Si había algo que agradecía, era la manera en que la ya difunta reina del Norte había criado a Yukio y a Riruka. Habían crecido como verdaderos niños, amados y educados, divertidos y de alguna manera... cálidos. Lastima la falta de materia gris dentro de esa cabeza tan hueca de Riruka, pero bueno, ese era otro tema. Tampoco había que olvidar la naturaleza dulce y amorosa de Yuzu, la cual había sido reprimida en sus años de esclava (como la pelinegra denominaba a la convivencia con Masaki), y liberada en cuanto conoció al rubio. Ellos habían sido de esos pocos con luz y esperanza en sus helados corazones, y sabía que se amaban.
Si, solo a Riruka y a Yukio, dado que Jinta era hijo de la segunda mujer del repugnante hombre, la cual era casi tan desalmada como su madre.
Una mueca de asco se instaló en su rostro al ver como comenzaban a besarse con desenfreno.
-¡Por favor! Ni porque hay gente delante de ustedes- gruñó en voz alta, haciendo notar su presencia. La pareja se separó inmediatamente al oír su voz, ambos con distintas reacciones. Yuzu parecía estar al borde de un colapso ante la vergüenza, mientras que Yukio sonreía de medio lado, arrogante.
-Vamos, Karin, sé lo mucho que deseas que te bese, pero intenta reprimirte, soy consciente de mi irresistibilidad pero mis besos solo le pertenecen a Yuzu- le dijo galantemente, guiñándole un ojo a su hermana al finalizar, provocando que hiperventilara. Comenzó a hacer exageradas arcadas, cayendo de rodillas al piso, y luego fingiendo estar al borde de la muerte.
-Yo... gustarme... tú- fingió vomitar ganándose una mueca indignada por parte del rubio, haciéndola sonreír victoriosa -Ya quisieras, idiota- le sacó la lengua antes de ir hacia la mesa y saludar a su hermana con un beso en la mejilla.
La charla fluyó amena entre los tres, hasta que las grandes puertas volvieron a abrirse, dejando paso a la reina, el lord... y al príncipe.
-Buenos días- saludó la mujer castaña, con la espalda erguida y semblante serio.
-Buenos días, madre- respondió respetuosamente la reina del Norte, el rubio solo asintió y la pelinegra soltó un largo bostezo, provocando que la ceja de su madre temblara. Sonrió con amargura... ese sería un largo día.
.
Que ganas ya de ir a dormir a su cama... ya podía contar las ovejitas... una ovejita, dos ovejitas, tres ovej...
"Que sepas que me la cobraré. Mañana. A las ocho"
¡Y tenía que venir un malvado lobo a devorar a sus pobres ovejitas! ¿porque? ¡¿PORQUE?!
Pequeñas lagrimitas caían por los ojos de la pelinegra, sufriendo al ver como su anhelado descanso parecía escaparse de sus manos como si de agua se tratara, o en este caso, sangre, sangre inocente de sus pobre ovejitas al ser desgarradas por los colmillos de un malvado lobo.
Continuó su camino hasta su habitación, ahora para cambiarse en lugar de dormir (oh, cruel destino), murmurando mil y un maldiciones a su suerte.
A solo un par de pasillos de su destino divisó una larga cabellera roja alejándose. De repente espabiló.
-¡Renji!- lo llamó alzando su voz, haciendo que el pelirrojo se detuviera, sin embargo, no se volteó. Ella apretó los puños, ya más tarde golpearía hasta dejarlo medio-vivo-muerto por ignorarla al muy maldito -Te estoy hablando, maldita sea. Ya no eres un niño para andar con esos berrinches- lo regañó duramente, asustándose un poco cuando él se volteó y caminó a grandes zancadas hacia ella, con una expresión de cólera.
-¿Berrinches? ¿lo que siento por ti te parece que es solo algo de niños, Karin? Me arrodillé ante ti, te juré estar a tu lado siempre y me rechazaste, no tienes una idea de cómo me siento en estos momento, y aún así vienes y me dices eso- se notaba que se estaba conteniendo, y ella sintió el arrepentimiento apoderarse de su ser. Era cierto que ella no había considerado para nada el como se sentía él.
Bajó la mirada, incapaz de darle el rostro.
-Lo... lo siento- susurró presionando sus puños, reteniendo las lágrimas que querían salir por sus ojos.
A sus palabras les siguieron eternos minutos de absoluto silencio, antes de sentir una suave mano en su mejilla y la cercanía del cuerpo contrario.
-No sabes cuanto me duele ver que jamás seré más que un amigo para ti- le dijo en un susurro. Sus palabras oprimieron su corazón, que si bien era frío, no era de piedra.
Tras otros largos, muy largos minutos de silencio, el pelirrojo se apartó y volvió a hablar.
-¿Que querías?- la pelinegra sacudió un poco su cabeza, centrándose nuevamente.
-¿Que sabes sobre un niño que estaba entrenando para ser soldado?- preguntó determinadamente, recuperando su feroz actitud.
-Hay veinte niños en la armada, deberías ser más específica- ¿así que esa rata de Tier no la había mandado al frente todavía? Bien, eso quería decir que obedecería sus órdenes... ¡alto! ¿dijo veinte niños? ¡¿VEINTE?! Intentó calmarse, intentó evitar pensar en lo abominable de su especia, intento evitar pensar en matar a todos y cada uno de los habitantes de esa mansión... pero todo era imposible. La furia recorría cada pequeña partícula de su ser, y lo que antes era sangre fría, ahora era un mismísimo iceberg.
-Ok, su nombre es Koharu, su cabello es negro y ojos de un rubí demasiado intenso, creo que es su color natural sumado al de la edad- definió como pudo. Diablos, el que todos tuvieran la tes pálida y, la gran mayoría, cabello negro no los hacía fáciles de describir.
-¿Koharu? Si, se de quien me hablas-
-¿Que sabes sobre él? Familia, apellido, lo que sea... - pidió con voz seria pero expectante, haciendo gestos con sus manos inconscientemente. El pelirrojo se llevó una mano a su barbilla en un gesto de genuina concentración.
-No sabría decirte sobre él, mi área no mantiene mucho contacto con el distrito de entrenamiento infantil. Dame un par de días, revisaré en los registros y te diré que encuentro- propuso en de tatuajes, provocando una sonrisa en la morena.
-Sería asombroso si también te fijaras en los otros pequeños- pidió algo tímida, no queriendo abusar de la generosidad de él, pero sin poder simplemente ignorar que habían más niños sufriendo igual o peor tortura que la que Koharu sufrió.
-Veré que puedo hacer- aceptó tranquilamente él, haciendo que ella expulsara el aire contenido en sus pulmones.
-No sabes lo mucho que te lo agradezco- dijo con emoción en su voz, saltando para abrazarse a su cuello, quedando unos centímetros sobre el suelo. El pelirrojo aceptó su abrazo, rodeando delicadamente su cintura.
-Lo que fuera por ti... mi princesa- respondió en voz muy baja el pelirrojo.
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Ok, ok, sé que prometí un POV Toshiro y sé también que no es lo que le he traído, PERO también se que estoy con un nuevo fic el cual hasta el momento tiene *se fija* 13450 palabras (contando el cap que ya vieron, por supuesto) y también se que pedí 11 (ONCE) comentarios para el cap anterior, y solo recibí 8 (OCHO) así que no se lo merecen tampoco *se cruza de brazos en gesto indiferente*
En otras noticias, se acerca el lemmon y posterior final de Sin Título, pero tengo un inconveniente, mi plan sobre cómo acabar el fic desapareció de mi cabeza. Totalmente. No puedo recordarlo. Así que estoy un poco molesta. Sin mencionar (aunque ya lo estoy mencionando) que estoy en cero con Todo valió la Pena (a partir de ahora TVLP) y que Recuerdos de un amor dormido (RDUAD) (Ok, dejémoslo mejor en Recuerdos de un amor dormido ¬¬U) me absorbe.
Además de que no dejo de tener un sueño (HitsuKarin, claro) sobre un fic en la era feudal de Japón así bien a lo InuYasha, otro sobre un crucero, otro sobre una playa, otro que se me ocurrió al ver a la estatua de "La bella Durmiente" en Rosario (Argentina), Dragón de hielo (el fic del cual kaomy-chan me cedió todos los derechos y del cual pueden saber un poco más leyendo su fic "Página el blanco" y comentando, por supuesto) y otro más sobre un tornado abriendo una grieta dimensional a un mundo paralelo al cual solo habíamos conocido en nuestra imaginación, la cual era como un pasaje espiritual hacia ese mundo de hadas y dragones y no-se-que-más. Además de las continuaciones de Helada, Frío, Xilófono y no recuerdo que más me habían pedido que continuara jaja, así que ya verán, mi cabeza esta echa un lío.
Bien, volviendo al fic, no habrá POV Toshiro hasta que no reciba 11 (O-N-C-E) comentarios en algún cap, y yo que ustedes me apuro porque el fic esta por llegar a su final (si es que recuerdo como quería hacerlo o si alguna es tan buena en darme una idea).
Bueno, bueno, las amo mis lectoras poco-fanáticas-de-los-reviews!
Saludos!
P.D: no habrá conti hasta recibir MÍ-NI-MO 10 (D-I-E-Z) comentarios. SIN-EXCEPCIÓN.
P.D 2: lo hago porque las amo, comentar hace bien!
P.D 3: cruel mi amor, no?
P.D 4: hoy me dio un golpe de calor, entiendan mi tontera extrema en esta nota de autora.
P.D 5: las amo! Ok, ya dejaré las p.d
