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Disclaimer:
Los personajes de SAINT SEIYA no me pertenecen.
Yo soy fan de los Caballeros del Zodiaco desde los 9 años,
y es por este amor de fan que escribo y no para ganar dinero;
también escribo para hacerte pasar un rato agradable,
a ti estimado lector,
que pasas a leer mi divagación.
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REDENCIÓN
- Hola Ikki. –
Ikki mira boquiabierto al ángel que está a escasos pasos de él.
No puede creer que se trate de la chica que conoció en ese horrible lugar que era el mismo Infierno.
Es imposible que sea la chica que curaba sus heridas que le causaban los tremendos entrenamientos.
No hay manera que sea la misma chica, la chica que murió por su culpa.
El ángel le sonríe.
Pero sonrisa…
Esa sonrisa que le ayudaba a seguir adelante aunque la Esperanza hubiese muerto en su corazón.
Sí, es ella.
- Esmeralda. –
Ikki sonríe agradeciendo el milagro de volver a ver a la chica que ama.
Ambos se miran ansiosos por decir más, por correr el uno hacia la otra, por abrazarse y estrecharse con toda la fuerza del amor que nunca pudieron confesarse, pero no es el momento.
No ha llegado el momento de que puedan estar juntos, aunque pueden mirarse sin necesidad de hablar.
Sólo que este momento no puede durar lo que quisieran.
Ikki se da cuenta de que el abrazo de su hermano, y el resto de él, comienza a flaquear.
Deben volver.
A Ikki le gustaría hacerle muchas preguntas a Esmeralda, pero debe conformarse con pensar que ella ha estado al tanto de su hermano.
- Gracias por cuidar a Shun. –
Esmeralda asiente.
Ikki carga en brazos a un Shun casi inconsciente y cierra sus parpados para concentrarse en regresar al hospital.
Esmeralda observa fijamente a Ikki como para poder guardar su sonrisa en la memoria hasta el día en que puedan verse de nuevo, al tiempo que desecha el otro recuerdo, el recuerdo de la angustiosa tristeza que le desfiguraba la cara el día en que murió en los brazos de él.
Sintiéndose muy feliz pero a la vez triste, Esmeralda observa cómo una cálida aura color naranja rodea a Ikki y cómo ésta comienza a envolver también a Shun, y sabiendo que Shun estará bien, ella vuelve a mirar a Ikki para fijar su sonrisa profundamente en sus recuerdos, entonces…
Es entonces que Esmeralda vuelve a percibir esa aterradora aura y, sin poder evitarlo, mira a Shun.
Los ojos de Esmeralda se abren como si fueran a saltar de su cara.
La mirada de Shun no es la mirada del chico gentil que es, es la mirada del mismo Demonio.
Hay un Demonio en Shun.
Esmeralda va a gritar de terror, pero el grito queda atorado en su garganta al sentir que algo la jala hacia el Demonio de ojos verde azulado que ha alzado una mano para asirla; sin embargo y de alguna manera, ella logra retroceder.
Sea lo que sea que pretendía, el Demonio ya no puede asustarla: baja el brazo y cierra los ojos. No tarda en quedarse dormido en brazos de Ikki.
Esmeralda exhala un profundo respiro después del susto que se ha llevado.
El Demonio está débil y no cree que vivirá por mucho tiempo en Shun.
Ahora espera a que Ikki regrese al mundo de los vivos junto con su hermano y ella pueda retirarse para descubrir si podrá regresar al Limbo o si podrá permanecer en el Purgatorio hasta el día en el que Ikki y ella puedan estar juntos finalmente.
Inhala al pensar en ese feliz día; lo hace sólo por el reflejo de un suspiro, y al inhalar, siente un horrible ardor en su nariz y que inmediatamente baja por su garganta.
- Ah… -
Se queja del dolor que le provoca, pero esto complica las cosas.
Exhala e inhala otra vez, y el tremendo ardor recorre toda su garganta hasta llegar a sus pulmones.
- ¡Cof! – tose porque su garganta se está irritando.
A pesar del tremendo dolor que siente, continúa inhalando y exhalando. El ardor le quema desde que llega a su nariz, le quema al pasar por su garganta, siente que la quema al llega a sus pulmones, y como si fuera un incendio fuera de control, se extiende y quema todo su cuerpo.
- ¡Arg! –
Es algo que no puede dejar de hacer: respirar.
Con cada bocanada que inhala y exhala, el aire va incinerándola desde dentro.
Asustada, trata de caminar hacia Ikki para que le ayude por qué no sabe lo que le está pasando, pero al dar un paso, algo se clava en las plantas de sus pies.
- ¡Ay! –
Mira hacia abajo para ver qué ha pisado, y se sorprende al darse cuenta de que ha pisado pasto.
Retrocede, pero con cada paso, el pasto se le clava en sus pies como filosas agujas, así que mejor se detiene.
Ve que hay pasto bajo sus pies, de hecho, es una enorme extensión de pasto; luego levanta la mirada: hay árboles a su alrededor y un edificio también.
Mira hacia arriba.
Ve algunas aves que van volando a través de un cielo que va aclarándose poco a poco, y es cuando sus ojos encuentran una enorme esfera de luz.
- ¡Ah! –
La intensa luz le quema los ojos y toda la piel.
El aire que va y viene a través de ella la quema desde dentro, y la luz va quemándola desde fuera.
- ¡AAAAAAAAHHH! –
Grita y el alarido atraviesa su garganta, hiriéndola más.
Afortunadamente para ella, el tormento no dura mucho.
La luz se apaga y el dolor se va.
- ¡Esmeralda! –
Escucha que alguien le llama con angustia antes de refugiarse en el alivio que le brinda la oscuridad.
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Ahora sí, éste es el último capítulo, pero hay epílogo, y ya está listo.
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