Capítulo 10

Envidias

-Muy bien, equipo, suficiente calentamiento, pongámonos con las maniobras. Thunderlane, Hole, Melvin y Dash, en posición.

-¡Sí, señor!

Una serie de jets de entrenamiento militar de diferentes colores rasgaron el aire, haciendo cabriolas y volando en vertical, posicionándose uno encima del otro y formando una línea recta perfecta.

-¡Muy bien, buen comienzo! ¡Equipo dos, adelante!

Inmediatamente después otros cuatro jets repitieron la misma maniobra, formando entre ambos equipos dos líneas verticales en el cielo paralelas la una con la otra.

-¡Perfecto, me pongo en posición, preparaos!

Otro jet solitario se situó justo encima de ambas líneas, formando de esta forma una U invertida.

-¡Muy bien, a mi señal! ¡Tres, dos, uno! ¡Ya!

Al segundo siguiente los aviones comenzaron a soltar un humo blanco espeso, al tiempo que se abrían hacia fuera todos a la vez, llegando a un punto que se llegaron a encontrar; por un momento pareció que se iban a estrellar, pero con una precisión milimétrica todos se encontraron y volaron hacia fuera, realizando una gran cabriola que dibujó una abstracta forma en el cielo.

-¡Oh, sí, como mola!-exclamó Rainbow por su parte, realizando una filigrana en el aire.

-¡Dash, te recuerdo que estas son maniobras programadas, no vayas por libre, no te lo vuelvo a repetir!-le reprendió la primera voz.

-¡Lo siento, capitán, pero es que cuando me emociono no puedo evitarlo!

-¡Pues no olvides aquí quien manda! ¡Muy bien, reagrupaos conmigo, vamos a hacer un rápido circuito!-indicó el capitán inmediatamente después.

Para Rainbow ese era uno de sus momentos preferidos del día; volar por el cielo la daba una libertad que apenas se podía comparar a cuando lo hacía en helicóptero, o incluso cuando se tiraba en paracaídas. La potencia del motor del jet la hacía rasgar el cielo a altas velocidades, dándola una sensación de poder total. Y eso la daba más motivos para pertenecer a la escuela de vuelo del estado de Liberty.

Fundada hace escasos cuatro años, la escuela de vuelo estatal había nacido y crecido principalmente por una inversión que el gobernador Michael Graves aprobó, principalmente para promover el espectáculo artificioso y multicultural que sólo los jets rápidos y las personas adictas a la adrenalina podrían proporcionar, según sus propias palabras. Aunque luego la oposición le tachó de oportunista y ocioso, la jugada le salió especialmente bien y la escuela de vuelo del estado de Liberty vio la luz.

Albergada en una parte del aeropuerto internacional Francis que el propio aeropuerto tuvo que ceder por orden del ayuntamiento, la escuela forma e instruye a futuros y avezados pilotos de competición o bien a cualquiera que pasase por allí y le interesase mínimamente el aprender a volar. Sin embargo Rainbow no estaba allí de paso, ni mucho menos. Su meta era obtener la máxima calificación en todas las pruebas, para así conseguir un diploma especial que la permitiera acceder al equipo de acrobacias aéreas de élite de los Wonderbolts. Ese era su gran sueño.

-¡Muy bien, equipo, pues por hoy hemos terminado, nos vemos en la próxima clase! ¡De vuelta al aeropuerto!

Tras esa señal, Rainbow dio la vuelta a su jet y enfiló el morro en dirección hacia la pista de aterrizaje más cercana, comentando por su radio de seguido.

-Dash llamando a Thunderlane, espero que no te hayas quedado muy atrás…

-Estoy justo delante de ti, en realidad…

-¡Ja! Más quisieras… te echo una carrera hacia el aeropuerto, a ver quién llega antes.

-Por mí vale.

Cuando se trataba de ver quién era el mejor por lo que fuera, a Rainbow no la ganaba nadie; siempre dispuesta a probarse con los demás, nunca le decía que no a una buena carrera, ya fuera por tierra, mar o aire. Sobrevoló esa parte de la bahía de Liberty, bordeando la costa del distrito de Bohan y acercándose a la pista superior del aeropuerto, con forma de V. En cuanto estuvo a pocos metros de llegar contactó con la torre de control.

-Control, aquí besra 22-1544-XJ de la escuela de vuelo, permiso para aterrizar.

-Besra 22-1544-XJ, permiso concedido, adelante.

El besra era uno de los tantos aviones de entrenamiento que la escuela tenía a disposición de sus alumnos, además de otras tantas avionetas de acrobacias, aunque jets como esos sólo estaban reservados para los alumnos de más avanzado nivel.

Nada más tomar tierra Rainbow dirigió el jet hasta uno de los hangares que la escuela poseía, en el extremo superior del aeropuerto y cerca de la pista superior de aterrizaje; al mismo tiempo otro hizo acto de presencia, parando justo al lado del suyo y saliendo de la cabina un chico familiar.

-¿Ves? Al final he sido yo quien se ha coronado, como era de esperar…

-Sí, Rainbow, sí, lo que tú digas…

Thunderlane era con toda seguridad el tío con más paciencia que Rainbow había conocido nunca; de hecho fue al poco tiempo de haber entrado en la escuela, por aquel entonces buscaba un nuevo compañero de piso puesto que el último se había ido, harta de ella, como hasta el momento había ido ocurriendo. Aun a pesar de sus continuos comentarios auto elogiadores y su desparpajo a la hora de referirse a sí misma, Thunderlane la encontró particularmente divertida, y en cuanto ella la sugirió ir a mitad y mitad en el pago de su alquiler, el chico no se lo pensó demasiado, aceptando enseguida. Muchos le llegaron a comentar que no sabía dónde se había metido, pero aun así Thunderlane no le dio mayor importancia. Y por el momento no tenía intención de marcharse, superando ampliamente la marca que los anteriores compañeros de piso fueron incapaces de soportar.

-Tienes que admitir que vivir conmigo tiene sus ventajas…-comentó Rainbow, mientras se dirigían a los vestuarios.

-Bueno, sí, me levanto todos los días a la misma hora, te veo a ti elogiando tus propias hazañas y me entretengo de lo lindo viendo cómo te enemistas con media ciudad. Al menos no me aburro.

-Cualquier diría que eres masoca o algo por el estilo.

-No sería la primera vez…

-Jo, a veces eres tan raro… quizás es por eso por lo que me mola vivir contigo.

-Hey, somos dos entes viviendo en un mundo extraño, si lo piensas no es tan raro.

-Agh, me meto en la ducha antes de que me frías viva con tus conversaciones físico-existenciales.

-Sabes que lo estás deseando.

Antes de que pudiera decirla nada más, la chica se metió en el vestuario femenino y no se la volvió a ver. Al ser una de las pocas mujeres en la escuela, normalmente el vestuario estaba vacío durante casi todo el día excepto cuando ella se metía después de cada clase, haciéndolo casi suyo a efectos prácticos. No era algo que la importara demasiado, aunque a veces lamentaba que hubiera tan pocas chicas que se interesaran en un mundo mayoritariamente masculino.

Como siempre fue la primera en terminar, teniendo que esperar a Thunderlane en el pasillo durante casi un cuarto de hora. En cuanto le vio salir murmuró.

-Ya era hora, estaba por irme…

-Bueno, usted perdone, pero el vestuario estaba casi lleno…ya podrías dejarme pasar al tuyo, que está siempre vacío…

-Sí, claro, vas listo…

-Oh, venga ya, ya te he dicho que no eres mi tipo…

Los dos se encaminaron hacia el parking reservado para los alumnos, cerca de la salida hacia la autopista; Thunderlane también tenía su propio coche, un Elegy RH8 negro, aunque normalmente cuando iba con Rainbow a clase o a cualquier otro sitio iban en su F620. Sin embargo, cuando llegaron hasta la plaza, se encontraron con una desagradable sorpresa.

-¿¡Qué?! ¡Tienes que estar de puta broma!-masculló Rainbow, sintiendo como la rabia la invadía.

-Oh, vaya… qué mal-murmuró Thunderlane, un tanto inseguro sobre qué decir.

-¿¡Eso es todo lo que tienes que decir?! ¡Panda de cabrones!

Y es que el flagrante y normalmente impoluto coche de Rainbow había sido pintado de arriba abajo con múltiples colores, estropeando su fina estética. Apenas quedaba nada del azul cian original y también se habían cebado con el símbolo de la nube y el rayo multicolor del capó.

-¡Putos cabrones de mierda, me las pagarán, ya lo creo que lo harán!-rugió Rainbow, enfurecida.

-No es por nada, pero esto tiene la firma de los del último triatlón…-comentó Thunderlane, con seguridad.

-¡Oh! ¡No jodas, Sherlock! ¡Mierda, mierda, se va a joder la puta carrocería!

-A ver, tranquilidad, si mal no recuerdo hay un auto lavado no muy lejos de aquí, en Willis-recordó el chico, haciendo memoria.

-¿¡Y a que esperamos?! ¡Vamos ya antes de que se seque del todo y haya que raspar o algo peor!-exclamó ella, subiendo al coche.

Sin perder más tiempo Rainbow se puso en marcha para llegar a Willis lo antes posible. De todos los barrios del distrito de Dukes, Willis era uno de los más residenciales y suburbiales de todos, aunque también tenía algún que otro foco comercial que lo hacía un barrio ideal para los que menos renta tenían.

Normalmente el distrito de Dukes no era el predilecto de la ciudad, aun a pesar de ser uno de los más multiculturales a ese lado del río Humboldt, siendo el hogar de inmigrantes irlandeses, italianos, rusos y sobre todo jamaicanos. Y aunque en barrios como el de Willis se concentraban muchos asalariados y la rentas per cápita más bajas de la ciudad, también tenía barrios mucho más afamados y fuertes económicamente hablando, como los eran Colinas Meadow, que destacaba sobre todo por el marcado estilo Tudor que dominaba en todas sus edificaciones, o Steinway, el barrio irlandés por excelencia. Aunque también tenía grandes espacios verdes como el Meadows Park, el segundo parque más grande de la ciudad después del de Middle Park, donde mucha gente iba a despreocuparse de sus problemas, jugar al tenis, al beisbol o a admirar los restos de la antigua feria mundial de 1964.

Saliendo del aeropuerto no se tardaba mucho en llegar, estando situado en un espacioso solar que hacia esquina entre Saratoga Avenue y Lynch Street.

-Aquí es, Willis Wash & Lube-indicó Thunderlane nada más llegar.

-Sí, sí, sé leer, gracias…-le espetó Rainbow.

El chico rodó los ojos, prefiriendo no darle mayor importancia, al tiempo que ella se bajaba del coche y se dirigía a un hombre que allí había, el cual se encontraba sentado en una silla y leyendo un periódico.

-¡Perdone, le necesito, es una emergencia! ¿Hacen aquí lavados especiales?

-Depende de qué y para qué…-murmuró el hombre, con voz cansada.

-¡Necesito que limpie mi coche, algún desgraciado me lo ha vandalizado, pero quiero que vuelva a brillar antes de partirle la cara al desgraciado pertinente!

El hombre bajó el periódico, mirando al F620 con gesto apático.

-Bueno, veré lo que puedo hacer, déjalo ahí, ahora me pongo con él.

-Oh, gracias ¿para cuándo estaría?

-Ahí hay mucha pintura… dame una media hora.

Mientras esperaban los dos se fueron a dar una vuelta por el barrio para hacer tiempo, viendo una cafetería justo delante de la estación de metro y parando en ella para tomar algo mientras hablaban.

-Huy, como me encuentre con el desgraciado que me ha arruinado el coche… te juro que no lo cuenta-masculló ella en un momento dado, chascando sus puños.

-Oh, vamos, podría haber sido cualquiera… aunque es algo que me veía venir de alguna forma-comentó Thunderlane, dando un sorbo a su refresco.

-¿¡Cómo?! ¿¡Me estás diciendo que sabías que me iban a desgraciar el coche?!

-No, a ver, no exactamente, pero está claro que esto ha sido una represalia.

-¿¡Represalia?! ¡¿Y por qué si se puede saber?!

-Hombre, tú me dirás…

-¿Yo? ¿Y por qué yo, a ver?

-Rainbow, no me vengas con esas que sabes de lo que te hablo.

Por un momento la chica se quedó callada, dando un sorbo a su refresco para evitar tener que hablar.

-Tu actitud chulesca para con todo ofende a mucha gente, y lo has hecho siempre que has podido, cada vez que ganabas un triatlón o una carrera por la ciudad, es normal que alguien acabe por querer hacerte pasarlo mal. Y aquí lo tienes, te han pintado el coche.

-¡Bah, pero esos son una panda de envidiosos que no saben aceptar una derrota con deportividad! ¡Soy mejor que ellos, lo normal es que les gane!

-Ahí está tu problema, que piensas que eres la repanocha…

-¡Es que soy la repanocha! ¡Y no lo digo solo porque suene bien y tal, que también, sino porque mis logros hablan por sí solos! Y los he conseguido yo solita, con mi esfuerzo y mi buen hacer…

-Rainbow, está bien ganar, sí, pero con esa actitud es normal que te granjees enemigos, al final toda la ciudad va a querer echarse a tu cuello en vez de ir a por el coche ¿entiendes?

Sin embargo la chica no estaba por la labor, argumentando de seguido.

-¡Aun así soy mejor que todos ellos! ¡Por mí que rabien y chinchen todo lo que quieran, si quieren demostrar que son unos críos por mi vale!

-El caso es que parezca que tú también quieras hacerlo…

-¿¡Insinúas que soy una cría?!-inquirió Rainbow, cabreada.

-No, no es eso, aunque a veces te comportas como una.

Ante eso la aludida terminó de calentarse y le echó lo que le quedaba de refresco a la cara, al tiempo que se levantaba y le espetaba.

-¡Eres un imbécil!

Inmediatamente después cogió y se marchó pisando fuerte, dejando a un resignado Thunderlane en la mesa con la cara empapada de e-cola, mientras que la gente en otras mesas le miraba con cara de circunstancia.

-Pues nada, a esperar a que se le pase… a ver que hay en la cartelera-pensó el chico, cogiendo un periódico cercano.


Por su parte Rainbow marchó de vuelta hacia el auto lavado para ver si ya habían terminado con su coche; aún no había pasado media hora, aunque en ese momento le daba igual, lo único que la importaba era salir pitando de allí. Cuando se cabreaba lo único que conseguía calmarla era ir por la calle con su coche sin rumbo fijo, fardando y dejando pasar el tiempo a partes iguales. Y en esos momentos lo que más necesitaba era eso mismo.

-Ese estúpido Thunderlane, comportándose y hablándome como si fuera mi padre… menudo idiota-pensó ella, con el cabreo presente.

Y además, esa era otra, su actitud de padre que normalmente tenía para con todo. Parecía mentira que tuviera su misma edad, y aun así iba por ahí sermoneándola y diciéndola cómo se tenía que comportar, cual niña pequeña. Era algo que no soportaba, ni de él ni de nadie. Nunca la había gustado que le dijeran lo que tenía o lo que no tenía que hacer. Ella se consideraba un espíritu libre, sin ataduras de ningún tipo. Por eso mismo se fue de casa, para no tener que aguantar a sus padres día sí y día también. Y lo peor de todo era que, de vez en cuando, el propio Thunderlane le llegaba a recordar a su padre.

-Agh, maldita sea, necesito correr, ya-pensó la chica con urgencia y apretando el paso.

Llegó enseguida al auto lavado, donde vio al hombre sacando el coche de una de las máquinas; algunos colores y trazos de pintura habían desaparecido, pero no todos, quedando unos feos manchurrones por toda la carrocería, incluyendo su signo en el capó, que apenas se veía.

-Me temo que esto es todo lo que he podido hacer. Será mejor que te lo repinten, te va a salir más caro lavarlo todo que volverlo a pintar-le aconsejó el hombre, saliendo de él.

-Ya, ya… gracias.

Le pagó unos veinte dólares por su servicio y, sintiéndose un poco más cabreada, salió de allí a todo gas.

Para volver a Algonquin optó por salir a la autopista Algonquin-Dukes e ir todo recto por ella hasta llegar al puente de Algonquin, que unía ambos distritos cruzando el río Humboldt y parte de la isla Colonial. Con un sistema de cables que lo sostenían y un doble soporte montado sobre dos amplios bloques de piedra sobre el río, el puente de Algonquin era uno de los más famosos y reconocidos puentes de la ciudad, junto con el de Broker. Posee además un paseo peatonal que lo recorría por el centro y un paso subterráneo bajo las calzadas por donde corrían los trenes del metro.

Normalmente el tráfico era fluido durante la mayor parte del día, aunque en plena hora punta se ponía peor. Aun así ir por el ese puente era una opción casi segura en casi cualquier momento del día, ya que no suelen formarse muchos atascos en él gracias principalmente a sus anchos carriles. No era como el puente de Broker, que en comparación era mucho más estrecho y tendía a embotellarse enseguida.

La entrada a Algonquin la llevaba hasta Kunzite Street, una larga y espaciosa avenida que cruzaba toda esa parte de la ancha isla de este a oeste, dejándola cerca del taller que más cerca la quedaba. Aunque antes un semáforo en rojo la obligó a parar, además de que había gente cruzando la calle. Paró justo al lado de un Felon GT de color azul claro con destellos dorados, su techo se encontraba bajado al ser un descapotable convertible, y una chica rubia de ojos ámbar lo conducía. Rainbow la echó un rápido vistazo, sintiéndose tentada, ya que ambos coches eran de la misma clase, cupés. Sin poder evitarlo bajó la ventanilla y se dirigió hacia ella comentando.

-Bonitos colores, aunque un V10 como el mío no puede competir ante un híbrido como el tuyo.

-¿Perdona? Aunque no lo parezca, este pequeñín es más rápido de lo que aparenta. Y además, no hables de colores, hija de mi vida, porque el tuyo tiene tela…

-No, esto que ves es un desafortunado incidente que se resuelve llevándolo al taller, normalmente tiene un color azul cian precioso…

-Ya, claro, porque normalmente la velocidad se mide según cual sea el color…

-Ja, no lo decía por eso exactamente, pero si lo quieres ver así…

Por un momento las dos se quedaron calladas, echándose varias miradas retadoras; Rainbow aceleró de golpe sin meter marcha, revolucionando el motor, el cual rugió intimidante. Por su parte la otra chica hizo lo propio, metiendo puya. Los transeúntes que en ese momento cruzaban la calle apretaron el paso ante la inminente carrera, mientras que otros hacían mano de sus teléfonos móviles. En cuanto el semáforo se puso en verde ambas salieron disparadas, comenzando la improvisada carrera.

Ninguna de las dos establecieron una meta, por lo que fueron por donde les llevó la carretera; atravesaron toda la avenida esquivando el tráfico, girando a la izquierda en cuanto llegaron al cruce estrella. Continuaron hacia el sur sin parar, saltándose varios semáforos y estando todo el rato a la par, torciendo a la derecha en cuanto llegaron hasta la torre Rotterdam. Inmediatamente después tomaron carrerilla en Frankfort Avenue, que iba en paralelo a la otra gran y larga avenida de la ciudad, Columbus Avenue, y la atravesaron de sur a norte a toda velocidad, pasando al lado de Middle Park en el proceso. Llegados a ese punto oyeron una serie de sirenas detrás de ellas, Rainbow miró por el retrovisor y vio a la policía persiguiéndolas.

-Oh, vaya, la caballería se ha unido a la fiesta…-pensó ella, sonriendo mordazmente.

-¡Policía de Liberty City, detengan ahora mismo esta carrera callejera ilegal!-exclamó uno de sus agentes por los megáfonos.

-¡Ah, besadme el culo, polis!-exclamó Rainbow, acelerando un poco más.

La otra chica también vio cual era el panorama y redujo la velocidad para ponerse al mismo nivel que Rainbow; por un momento las dos se miraron, pensando en casi lo mismo. La chica la hizo un gesto con los dedos que ella supo identificar sin problemas, a lo que ella tan solo asintió secamente. En cuanto estuvieron a punto de entrar en el barrio de Holanda Norte se separaron para así despistar a la policía, atajando por callejones y metiéndose por calles estrechas para perderlos lo antes posible. Costó un poco, pero finalmente Rainbow perdió a la policía mientras cruzaba Grummer Road, una estrecha y aislada calle muy al norte del barrio de Northwood y cerca del extremo norte de Algonquin.

-Puede que aún me estén buscando, me meteré en alguno de estos almacenes a ver si los pierdo del todo-pensó la chica, girando a la derecha en uno de los accesos.

En esa zona de la ciudad había una serie de almacenes y muelles abandonados que ya no se usaban y que solían ser punto de encuentro para reuniones de todo tipo, además del lugar perfecto para perder a la policía. Nada más entrar en uno se llegó a encontrar con una cara familiar apoyada en un coche que también la sonaba de algo.

-¡Hey, eres tú! ¿Qué haces aquí?-inquirió Rainbow, bajándose de su coche.

-Bueno, perdí a la poli hace rato, aunque preferí meterme aquí para asegurarme, por si las moscas-reveló la chica.

-Ah, ya veo, chica lista…

-Casi tanto como tú.

Ambas se miraron por un momento hasta que finalmente se rieron con confidencia.

-Ja, muy buena esa… soy Rainbow Dash-se presentó la chica.

-Yo soy Lightning Dust, encantada-hizo lo propio ella.

Las dos chocaron los puños, al tiempo que Rainbow observaba el Felon GT de Lightning.

-Vaya, pues tengo que admitir que este nene no está nada pero que nada mal… aunque espera, no reconozco todos estos complementos, por lo que veo está bastante más tuneado que el mío.

-Eso es porque no lo he tuneado aquí, todo lo que ves es obra de Los Santos Customs, la mejor franquicia de talleres de toda la costa oeste-reveló Lightning.

-Ah, entonces no eres de aquí...-dedujo Rainbow.

-No, soy de San Andreas, particularmente de la ciudad de Los Santos ¿te suena?

-Sí, algo he oído de la costa oeste… un buen lugar para competir, por lo que tengo entendido.

-Entiendes bien, ese sitio es el paraíso para todo amante del motor que se precie.

-Sí, ya lo veo… aunque me sorprende ¿Qué haces aquí?

-Oh, pues de turismo, siempre he oído que en esta ciudad también hay competiciones de las que tirar, así que he venido a probar suerte.

-Ya veo… pues has venido precisamente a mis dominios.

-¿A tus dominios?-repitió Lightining, ceñuda.

-Por supuesto, es normal que no lo sepas si eres nueva, pero resulta que soy la mejor plusmarquista de toda la ciudad, nada se me escapa. Carreras callejeras, triatlones urbanos por tierra, mar y aire, hago de todo. Y ya te digo que estás en mi territorio-murmuró Rainbow con chulería.

Sin embargo eso tan solo animó un poco más a Lightning, la cual comentó también con arrojo.

-Oh, pues bueno es saberlo, siempre he creído que conocer bien a mis rivales me ayuda a vencerlos en la competición.

-Ah, ya veo, así que quieres quitarme mi puesto… pues no te va a funcionar, Dust.

-Eso ya lo veremos, Dash…

Ambas chicas se sostuvieron la mirada, con un brillo especial en sus ojos; hasta ahora Rainbow siempre había pensado que nunca había tenido un rival a la altura contra el que competir en condiciones, aunque esta vez podía notar algo especial en esa chica, algo la decía que con ella tendría que emplearse a fondo.

Por un momento se quedaron calladas, analizándose la una a la otra, aunque al final Lightning sonrió, divertida, y murmuró.

-Me caes bien, Dash, algo me dice que seremos buenas amigas… y rivales también.

-Oh, es muy amable por tu parte.

Al igual que Rainbow, Lightning le estuvo echando un vistazo a su F620, ignorando el lamentable estado de la carrocería debido a la pintura.

-No está muy tuneado, por lo que veo…

-No, aquí en la costa este no es tan fácil tunear coches ya que el mercado de los vehículos modificados está muy regulado, aunque lo poco que tiene lo he ido añadiendo yo misma. El alerón trasero lo compré por internet, y un amigo mío que es mecánico me hizo un favor y le pudo poner nitro también, me viene genial en las carreras. Ah, sí, no se ve mucho por la maldita pintura, pero el símbolo del capó me lo añadieron en el taller usando un modelo diseñado por mí.

-Mola, no está mal para una amateur…

-Bueno, es lo que hay, y con lo que tengo me basta, así que…

-Sí, aunque en un Santos Customs podrían hacer maravillas con él, eso desde luego. El color desentona un poco, eso sí…

-Ya, bueno, tuve ese incidente del que te hablé…-murmuró Rainbow, escuetamente.

A eso Lightning se quedó pensativa por un momento hasta que finalmente comentó.

-Bueno, en ese caso vamos a arreglarlo, tengo un colega que trabaja en un Pay 'n' Spray cercano, fue él el que me habló de las carreras de aquí, podemos llevárselo para que le dé una mano de pintura.

-¿Podría?-inquirió Rainbow, algo chocada.

-¡Claro! Sígueme, te llevaré.

Las dos se subieron a sus respectivos coches y Rainbow siguió a Lightning; Pay 'n' Spray era una conocida franquicia de talleres y garajes de reparaciones muy asentada en la costa este del país, siendo de los más usados y demandados por su buena relación calidad-precio. Reparar nunca era caro, al menos si la avería no era muy grave; dependiendo también de ésta el precio solía variar, aunque no iba más allá de los quinientos o seiscientos dólares. Repintar siempre era gratis, siendo incluido también junto con la reparación si se pedía. Había varios talleres por toda la ciudad, normalmente Rainbow siempre iba al que había en el barrio de Purgatorio puesto que era el que más cerca la quedaba de casa, aunque esa vez Lightning la llevó hasta otro que había justo al lado de donde se encontraban, en el último tramo de Frankfort Avenue antes de llegar hasta el puente de Cerros Northwood, que conectaba Northwood con el distrito de Bohan.

Lightning aparcó fuera mientras que Rainbow lo metía en el garaje aprovechando que la puerta estaba abierta; un chico joven que en ese momento se encontraba reparando un coche alzado con una grúa mecánica salió de debajo del mismo e inquirió.

-¿Puedo ayudarte en algo?

-¡Sí, Mike, viene conmigo!

-¡Ah, Lightning, ahí estás! ¿Qué te cuentas, tía, has podido inscribirte en alguna carrera?

-Todavía no, aunque he encontrado algo mejor…-argumentó ella, señalando a Rainbow.

-¿Ah, sí? ¿Y quién es?-inquirió Mike, arqueando una ceja.

Por un breve momento hubo un breve silencio en el cual los tres se estuvieron mirando entre sí con cara de circunstancia, aunque Rainbow no pudo evitar sonrojarse levemente antes de romper el hielo.

-Soy Rainbow Dash, la mejor plusmarquista a este lado del Humboldt…

-Ah, vale, es que personalmente no estoy muy metido en esas cosas, solo me ocupo de arreglar motores y carrocerías agujereadas por balas.

-Y pintarlas-añadió Lightning.

-Sí, y pintarlas… adoro mi trabajo-murmuró el chico, con sorna.

-Pues precisamente venimos a que pintes el F620 de Rainbow, ha tenido un desgraciado percance y necesita una manita de pintura.

-Sí, ya lo veo… de acuerdo, aunque antes tengo que terminar con la transmisión de ese de ahí, en cuanto termine me pongo con el tuyo. ¿De qué color?-inquirió Mike.

-De azul celeste o cian, si tienes.

-Vale, dadme una media hora o así.

Para hacer tiempo las dos chicas se fueron por ahí a comer en el coche de Lightning.

-Hey ¿te gusta la comida italiana?-inquirió Rainbow en un momento dado.

-Sí, la pasta me mola.

-En ese caso vayamos al Drusilla's, un restaurante que yo conozco que está muy bien, en Pequeña Italia.

-Bueno, guíame tú si eso, soy nueva aquí.

-Claro, ve todo recto por Frankfort Avenue y luego gira a la izquierda por Feldspar Street.

La chica se dejó guiar, mientras que por el camino contemplaban el gran paisaje urbano que una ciudad como Liberty City ofrecía todos los días; Lightning no estaba acostumbrada a tantos edificios y tan altos juntos, cosa que comentó enseguida.

-Con razón la llaman la ciudad en vertical, aunque no pensaba que fuera tan literal…

-Bueno, es cuestión de acostumbrarse… ¿no hay rascacielos en Los Santos?

-Sí, pero la gran mayoría se concentran en el centro, el resto de barrios no están tan saturados como este. Además en Los Santos hay más diversidad, se mezcla lo urbano con lo natural, aquí está todo muy condensado.

-¿Naciste allí?

-Sí, en Vinewood Este, concretamente en Mirror Park. ¿Y tú?

-Ah… yo aquí, en Algonquin-respondió Rainbow, rápidamente.

Sin que ninguna de las dos se diera cuenta pasaron el resto de la tarde juntas, hablando de todo un poco; después de comer en el Drusilla's estuvieron dando una vuelta por Castle Garden City, el barrio donde vivía Rainbow, contemplando las vistas que el paseo ofrecía del West River, el sur de Alderney, parte del puerto Tudor y la isla de la Felicidad.

Finalmente a eso de las siete volvieron al Pay 'n' Spray de Northwood para recoger el coche de Rainbow, el cual ya estaba repintado y como nuevo, aunque le faltaba su símbolo en el capó.

-Vi que tenías algo pintado en el capó, pero sin un diseño y una plantilla no puedo repintarlo-comentó Mike.

-Ya, no pasa nada, se lo pondré en cuanto pueda, gracias.

Siendo fiel a sus servicios, la mano de pintura la salió completamente gratis, sacando el coche fuera. Antes de irse se despidió de Lightning.

-Pues lo dicho, Dash, encantada de conocerte. Si sabes de alguna carrera, avísame.

-Claro, dame tu número si eso y te llamo si veo algo.

Intercambiaron sus números y, tras las despedidas, Rainbow se puso en camino hacia su casa. Sin comerlo ni beberlo había acabado conociendo a una potencial rival que además la había hecho un gran favor, conectando muy bien con ella también. Nunca antes había llegado a congeniar de esa forma con alguien, y el simple hecho de hacerlo la había puesto de muy buen humor, olvidándose incluso de lo que había pasado esa misma mañana.

Llegó a su casa tras un rápido paseo, aparcando en el garaje y subiendo hasta el vigésimo piso de uno de los edificios que bordeaban el paseo junto al río, donde tenía alquilado un apartamento de alto standing que pagaba a medias con Thunderlane, el cual se encontraba allí despanzurrado en el sofá viendo la tele.

-Ah, por fin apareces ¿ya se te ha pasado tu cabreo congénito?-inquirió el chico.

-Ah, sí, lo de esta mañana… perdona por haberte empapado-murmuró ella, algo avergonzada.

-Meh, como si fuera la primera vez… además, aquí el de la paciencia soy yo ¿no?

-Sí, je, je…

Rainbow se puso cómoda y se unió a Thunderlane en el sofá, comentando de seguido.

-Por cierto, tengo que localizar otra carrera pronto.

-Vaya, me pregunto por qué…-murmuró Thunderlane, con sorna.

-Ja, ja, muy gracioso… el caso es que he conocido a una chica y la he prometido una carrera.

-¿Qué tú has conocido a alguien? Vaya, esto es nuevo…

-Me parto la caja contigo, Thunderlane…

-Sí, lo sé.

Aun a pesar de todo, los dos siguieron hablando tranquilamente, sin darle más importancia a lo que pasó esa misma mañana. Y es que, si por algo destacaba el chico, era por su paciencia.

Afuera el sol comenzaba a ponerse por el oeste, bañando a Liberty City en un color anaranjado, al tiempo que muchas luces comenzaban a brillar.


Y aquí está un nuevo capítulo de Crónicas; esta vez he querido centrarme un poco en Rainbow, mostrando un poco de su vida, sus motivaciones y detalles varios que se quedaron en el aire en capítulos anteriores. También he querido darle un poco más de foco a la ciudad como personaje, ya que quiero tratarla como tal, aunque si veis que me quedo un poco parco o escueto en algunas descripciones decídmelo que no quiero que os perdáis. Dukes está basado en el distrito de Queens de Nueva York, y de forma muy similar, es la zona más suburbial de toda la urbe, donde conviven muchas culturas y hay muchos inmigrantes de varias nacionalidades; el aeropuerto internacional Francis es una mezcla entre el John Fitzgerald Kennedy y LaGuardia, con la terminal principal basada sobre todo en la de LaGuardia. Quizás los más puestos (y españoles) se hayan dado cuenta que el besra está basado fuertemente en el CASA C-101, el jet que usan principalmente en la Patrulla Águila. Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!