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— ¿Es usted la señorita Hermione Granger?

—Si. —Respondió Hermione dudativa. — ¿Qué se le ofrece?

El muchacho de la florería dejó el precioso arreglo floral en una orilla del pequeño escritorio de madera barnizada, pasándole a continuación una libretita con una nota.

—Necesito que firme de recibido por favor.

Hermione no pudo peros ni hizo preguntas, al contrario estaba ansiosa, tenía diecisiete años la última vez que recibió unas tristes violetas, esta vez le mandaban un enorme arreglo hecho solo con rosas de colores, estaba precioso, Hermione miró por un momento el arreglo floral encantada, maravillada total estaba hecha una lela total. En esas estaba cuando Luna; su asistente se le acercó.

—Es muy bonito. —Observó la muchacha rubia de ojos soñadores, Hermione solamente asintió feliz. — ¿Ya sabes quién lo manda?

Luna era la única que tenía el derecho de tutear a la jefa del departamento de recursos humanos dentro de aquella empresa de bienes raíces, y eso porque eran amigas desde la infancia, si Hermione tomaba conciencia ella y la hermana de Ron, Ginny fueron las únicas chicas con las que hizo amistad durante los años que pasaron juntas en ese internado de Suiza. Ambas inmediatamente dejaron la labor que hacia poniéndose a buscar una tarjeta o cualquier cosa que indicase de quien provenía aquel arreglo, no hubo mucho que buscar, dado a que segundos después entraba un muchacho con una caja de chocolates y una pequeña notita.

—Vaya, Mione no sabía que tuvieses un galán. —Intervino Luna, tomando la nota, pero sin atreverse a leerla; eso le correspondería a Hermione.

Hermione sin pensárselo dos veces se fue a un rincón de su oficina para leer, estaba demasiado extrañada a no ser que eso fuese más que otra broma de mal gusto por parte de Ronald Weasley, esta vez sí estaba dispuesta a hacerlo papilla se burlaba una sola vez mas de ella. Llegó hasta sus fosas nasales un perfume varonil, se notaba que debía ser de los caros, sin mayor preámbulo desdobló la hoja, al tiempo que leía el corazón le latía muy a prisa, por un momento se sintió desfallecer al momento en que leyó el nombre de quien mandaba esos obsequios.

—Lo siento Luna, te digo después tengo que bajar al estacionamiento.

Hermione a toda prisa tomó su bolso y su saco, saliendo apresuradamente de la oficina, la misiva era del hombre que le venía quitando el sueño hacia unos dos meses; del que según Dominique Francon se prendió de ella tanto o más que ella de él; y justamente él estaba esperando afuera de la empresa, no se atrevía a subir por no toparse con Harry eso ella lo entendía perfectamente, así que para no darse problemas ella ni dárselos a él prefirió bajar sería un encuentro relámpago además de que ya solo faltaban cinco minutos para la hora de la comida. Mientras bajaba por la escalera de servicio, Hermione se detuvo un poco ¡Hacia tanto calor! Lo primero, se recogió pelo en la nuca y lo sujetó con un bolígrafo. Después sacó una botellita de agua y se retocó por último el perfume, era una fragancia de Chanel suave pero fresca y olía rico. Se dio cuenta de que el calor hiba en aumento, sacó un abanico de su bolso y empezó a abanicarse como una total frenética ¡Cielos, se sentía una idiota!

Finalmente llegaba al estacionamiento, sus amplísimos ojos chocolate trataron de hacerse de una vista panorámica buscando al objeto de su interés, en ese momento un hombre se le acercó por detrás con paso sereno y seguro tomándola del codo.

— ¿Te encuentras bien?

Hermione dio un respingo, al voltear dejó un momento de abanicarse para fijarse en esos encantadores ojos celestes, que le miraban intensamente. Ella dio un paso hacia atrás para observarlo mejor; era alto, rubio de ojos celestes así como una sonrisa que podía desmayar a cualquiera, ella le llegaba al nudo de la corbata

—Sí, ¿De que quería hablar?

César se cruzó de brazos, era una mujer poco acostumbrada a ese tipo de insinuaciones ya lo podía adivinar; pero como se trataba de una fea con mucho chiste, entonces bien podía echársela al bolso en cuestión de dos o cinco citas más como esa.

— ¿Estás ocupada? Digo, podría llevarte a un restaurante francés que queda a dos manzanas de aquí; sería perfecto para una pequeña cita, irnos conociendo mejor.

—De acuerdo.

Hermione se dejó guiar por César quien, para ponerle un poco mas de empeño al asunto la tomó de la mano sin previo aviso, la guió hasta un impresionante BMW de color granate, su ultimo capricho de esa semana productiva, Hermione se quedó boquiabierta, generalmente los hombres de su talla preferían montar en esos cochazos a modelos flacas y escuálidas, pero ese día probablemente estaba de suerte, quizá tendría que ver el horóscopo todos los días y comenzar a creer en lo que le depararan los astros. Cuando se acercaron al auto; César como todo un caballero de ademanes ensayados le abrió la puerta trasera del coche; no sin antes permitirse darle un pequeño lambiscón de labios que sirvió para dejarla de colores.

—Eres muy guapa Hermione.

Hermione se ruborizó todavia mas, sin embargo tenía dos opciones la primera era quedarse callada, la segunda darle las gracias, optó por la primer opción, no era de las que hablaban mucho dado a que casi o más bien nunca salían con hombres, desde aquella vez en que Viktor Krum un hermoso jugador de rugby ruso que la volvió loca desde la preparatoria le destrozó el corazón. Al montarse en el coche Hermione se sorprendió al notar que Parkinson tenía chofer, ¡Vaya que elegancia! La mayoria de los magnates les gustaba conducir sus propios autos, especialmente cuando se trataba de deportivos de lujo como ese.

—Tengo cita en el Moroccio, Stan.

—Entendido.

Una vez que César dio la orden con voz ronca, aplastó un botón que hizo subir una especie de cristal que ponía barrera entre el chofer y ellos, Hermione se sentía mejor de ese modo. Él la miró, y ella no supo que decir, le sudaban las manos. Y sentía que el corazón se le hiba a salir del pecho de un momento a otro. César por su parte la miraba de reojo, extendió su brazo derecho tocándole la pierna una y otra vez ese pequeño pero peculiar gesto la logró poner incomoda desde hacía muchos años no permitía que un hombre le tocara de ese modo.

— ¿Te sientes bien Hermione?

—Sí, bueno un poco incomoda, ¿Te importaría quitar tu mano de mi pierna?

—No quería que te sintieras incomoda, perdóname siempre me ha gustado ser quien lleve la delantera.

—Supongo que para alguien como tú es normal.

—Si por tu concepto de ''normal'' entiendes que una muchacha como tú no lograría agradarme te equivocas; eres inteligente, muchas veces eso cuenta más que curvas 100, 60 100; tienes unos bonitos ojos color chocolate, además estoy seguro de que si te quitaras esos lentes de fondo de botella, y los cambiases por algo mas…moderno, te soltaras el cabello. —Sin previo aviso, César alargó su brazo derecho quitando el bolígrafo que se puso en el cabello para sujetarlo. — Dios Mione, poco te falta para ser una diosa.

Boquiabierta.

Pasmada.

Alucinada.

¡Dios santo! Pero ¿qué le ha dicho ese hombre? Lo que acababa de decirle terminó por alterarla, su respiración se hizo aguda, hasta empezó a sentir que le salían los típicos ronchones del cuello cada que se sentía nerviosa, se llevó una mano para rascarse, pero César se lo impidió, al momento en que la bajo, besó con ternura el torso de esa, acariciándola parsimoniosa y lentamente, cada movimiento era para Hermione una dulce tortura que bien podía disfrutar toda la vida.

César sin dejar de mirarla imaginándose por supuesto a otra mujer, le recorría los brazos con caricias lentas, poco a poco la fue poniendo blanda, le quitó el saco dejándolo a un lado, quedándose seriamente impresionado, llevaba una blusa color café, bastante ceñida al cuerpo, el escote le dejaba ver unos lindos pechos blancos, eso era una delicia, un hermoso descubrimiento, quizás y Hermione fuese solo un patito feo bajo aquel disfraz de jorobada de Notre dame.

Hermione como por hechizo abrió la boca, quería sentir sus labios sobre los suyos, aunque su mente le gritara que le pusiese un alto; probablemente volvería a salir lastimada como la última vez que se atrevió a ser imprudente. El cuerpo y los sentidos le decían que se dejara llevar; procedió de la otra manera, César deslizaba su lengua sobre su labio inferior provocándole taquicardias, pasó su lengua por el labio superior y finalmente le dio un ligero mordisco en los labios, Hermione quiso más, y César estaba dispuesto a dárselo, ahora se encontraba casi montado sobre ella metiendo su lengua dentro de su boca comenzando a besarla con una maestría que la dejó completamente sin sentido.

El auto frenó muy de repente, sacando a Hermione de su ensoñación, un tanto apenada se acomodó la blusa y Cesar el saco del traje que estaba bastante fuera de lugar.

—Bienvenida.

—Todavía no me has dicho, porque decidiste hablarme así de repente.

César no respondió, solo se dispuso a mirarla, mirarla, mirarla.

—Te lo diré después, mejor acompáñame solo te quedan 35 minutos, no quiero que tengas problemas con Potter por mi culpa.

El lugar era bonito, elegante, espacioso, muy bien iluminado, Hermione de momento se sintió orgullosa de entrar a ese sito acompañada de César Parkinson nada mas notar como las demás mujeres se lo comían con la vista, tras cruzar la sala en la que las personas estaban comiendo, pasaron a una más discreta, la estancia estaba separada por telas de seda trasparentes. Cuando el maître separó una de las cortinas Hermione abrió desmesuradamente los ojos.

Todo allí era de lujo, velas encendidas, un diván alrededor con aspecto cómodo y en el centro una mesa bien servida para dos personas.

—Me permití hacer reservación en este sitio. —César veía a ambos lados. —Con la esperanza de que todo te gustara, ¿Qué te ha parecido hasta ahora?

—Que puedo decir. —Hermione se encogió de hombros. —Magnifico.

—Entonces estoy satisfecho, ¿Quieres champaña?

César no esperó a que le contestaran, solo sacó la botella de la cuba de hielos donde estaba y sirvió dos copas a la mitad, una vez que sirvió se llevó su copa a la nariz, meneó el vino dando después el sorbo.

—Excelente, ¿Qué te pareció.

—Está buena, ¿Hay algo que quieras tratar?

César se impresionó mutuamente ante la sagacidad de la muchacha, al menos no era tan estúpida como la creyó en su principio. Pero en cuanto a lisonjas y lavados de cerero gratuitos, el se formulaba en primera fila.

—Solo quise pasar un momento agradable a tu lado, si no tuve la oportunidad de decirte cuanto me gustabas hasta ahora fue porque sencillamente no encontré el momento; eres diferente a las demás Hermione, por eso fue que decidí hacer las cosas lentas y no apresurarme, pero si tienes razón, hay algo que quiero pedirte pero no te preocupes; respetaré tu decisión en caso de que sea negativa la respuesta que me des.

— ¿Qué es lo que quieres preguntarme exactamente?

—Peter le entregó a Potter, una lista se supone que dentro de esa lista están los nombres de varias personas que tuvieron que ver en el homicidio de James y Lily Potter, estoy seguro cien por ciento seguro de que Keatning puso a mi padre entre esos nombres, siendo que él es inocente;

— ¿Perdón?

—Keatning le mostraba todo el tiempo a las personas una cara que no congeniaba con su verdadera personalidad, era un tipo ruin, tramposo, él se casó con mi hermana cuando la familia atravesaba problemas económicos, se aprovechó para mezclar a mi padre en negocios turbios cuando yo me di cuenta quise hacer algo, el viejo era un cabronazo de puta madre; se movía rápidamente, entonces me enseñó unos pagares que mi padre le firmó poco antes de su deceso, era una deuda por millones; yo la tenía ofrecí pagársela toda total podría volver a juntarla y asunto concluido pero no conforme con ello, Peter quería mas propiedades, fue entonces cuando me negué. Al momento de negarme me amenazó diciéndome que me arrepentiría por la decisión que tome, pero solo lo hice por proteger a mi familia. Hermione, los Parkinson siempre hemos trabajado en conjunto para resolver nuestros problemas sean cuales fueren; pero esta vez Keatning se excedió.

— ¿Me estas querido decir, que probablemente Harry quiera vengarse de tu padre, cuando probablemente este sea inocente de toda culpa?

—Es bueno saber que me hayas comprendido en lugar de juzgarme pero sí, Hermione. —En un gesto sorprendentemente teatral, Cesar tomó la mano derecha de Hermione entre las suyas, apretándola fuertemente. —Estoy desesperado, pequeña por mi familia estoy dispuesto a dejar que me arranquen la carne en pedazos, necesito comprobar si el nombre de mi padre está incluido en esa lista, ya sabes que Potter nos declaró la guerra desde hacía unos meses, necesitamos defendernos de cualquier manera posible. No te pido que me prometas nada, solo quiero que me ayudes, por favor tú eres el único recurso posible que me queda por agotar.

Hermione se sintió terriblemente entre la espada y la pared, por un lado Harry siempre fue su amigo, le tendió la mano cuando más lo necesitaba, por el otro estaba César, ¿Qué haría? Si ayudaba a César traicionaba a Harry, si se quedaba neutral; entonces Harry haría pedazos la familia de Cesar, tal como se lo propuso desde un principio.

—De momento no puedo prometer que voy a ayudarte, Cesar dame cuando menos unos días para poder poner mi cabeza en orden, una vez que haya hecho esto, entonces yo te volveré a llamar, ¿Está bien?

César respiró tranquilo, el curso de los acontecimientos marchaba por donde él quería, aquella tarde logró muy poco, habría que conformarse con ello.