¿Y qué pensaron? Que ya no iba a subir nada porque subí un cao el sábado, ¡pues no! XD Aquí ando para dejarles el siguiente cap, que promete hacerles entender mejor la historia y sobre esa chica que ha llegado a los Mugiwara. Espero lo disfruten Gracias por sus lecturas, no se me aburran y pues si tienen algo que comentar sobre la historia, no duden en hacérmelo saber. Besos y abrazos ^-^

Capítulo 10.- Camarería

La entrada que permitía el acceso a ese cuarto de entrenamiento y observación estaba prácticamente bloqueada por aquel par de chicos que intentaban entrar al mismo tiempo, ambos llevando consigo lo que parecían ser enormes langostinos que todavía continuaban con vida.

—¡El mío es mucho más grande! –alegaba el tirador-.

—Por supuesto que no, el mío es el más grande –se defendía Luffy-.

—¿Lynn, cuál de los dos es el más grandes? –cuestionaron ambos a la castaña que no estaba atenta al ruido que hacían, sólo estaba recostada allí con aquel sombrero sobre su cabeza-.

—Oye, creo que está durmiendo, deberíamos dejarla en paz –decía Usopp-.

—Ese sombrero…-fueron sus palabras tras soltar aquel crustáceo que apuradamente Usopp sostuvo- Ey Lynn, ¿dónde conseguiste ese sombrero?

—¿Luffy? –cuestionó dudosa mientras despertaba de su sueño-.

—Ese sombrero es idéntico al de…mi hermano Ace.

—Luffy –dijo por lo bajo Usopp, sabía que tocar ese tema continuaba siendo doloroso para él-.

—Es el sombrero de tu hermano, o mejor dicho…fue el sombrero de tu hermano –decía Lynn tras reincorporarse y retirar el sombrero de su cabeza- Él me salvó la vida hace cuatro años atrás –agregó con una enorme sonrisa en sus labios-.

—¿Te salvó la vida? –cuestionó con interés Luffy- Shishishishi…¡Ace era genial!

—Genial y muy fuerte –sonrío Lynn- Estuve viajando con él largo tiempo, así que tuve la oportunidad de conocerlo y hacerme amiga de él y la tripulación de Shirohige. Él hablaba mucho de ti Luffy, es por él que te conocí de forma indirecta.

—Seguramente viviste muchas aventuras con Ace, ¿no? –cuestionó con una amplia sonrisa el capitán-.

—Conocí muchas islas que anteriormente no había visitado…Era muy divertido –dijo feliz Lynn-.

—¿Y cómo es que tienes ese sombrero?

—Bueno, eso fue más bien por una imprudencia mía –miraba a ambos apenada- Digamos que no le simpaticé a alguien y Ace irrumpió en el mejor momento….Aunque el primer sombrero lo conseguí por un concurso de postres…

La noche había caído en un parpadeo y las estrellas lentamente empezaban a brillar sobre el negro cielo, esperando servir de guía para aquellos aventureros que zarpaban a la aventura en sus barcos, esperando hallar tesoros y misterios indescifrables, sin embargo, aquel gigantesco e imponente barco transitaba con tranquilidad los peligrosos mares del Grand Line, como si por ahora desistiera de ser partícipe de cualquier emocionante acontecimiento.

Todo era silencio, el único ruido provenía de las entrañas del mar y por momentos permitía apreciar a los reyes marinos que emergían a la superficie para esconderse en la brevedad posible. ¿Cómo era posible que aquella tripulación se mantuviera tan cómodamente dormida ante los peligros inminentes de su medio circundante? Posiblemente porque estaban más que confiados en su fuerza y su habilidad para resolver las adversidades.

Un pequeño arándano descansaba sobre sus manos mientras sus manos se clavaban hacia el horizonte, hacia el futuro próximo que le aguardaba y no obstante, parecía estar fuera de sus planes. ¿Pero qué más podía hacer en ese momento? Había ido a parar a donde menos se lo esperaba.

Un suspiro emergió de sus labios al tiempo que se acomodaba sobre la enorme proa de ese legendario barco llamado Moby Dick.

—Tus heridas han sanado rápidamente –profirió una voz masculina a algunos metros de donde ella se encontraba-.

—¿Marco…? –decía confusa a la vez que se giraba hacia aquel hombre, comandante de la primera división- Me has asustado un poco –le dio una pequeña mordida al fruto que llevaba consigo-.

—Ya ha pasado casi un mes desde que Ace te trajo aquí.

—Lo sé, el tiempo realmente ha volado –suspiró pesadamente a la vez que se cruzaba de brazos- No olvido la posición en la que me encuentro.

—Vamos, tampoco es para que te sientas de esa manera –se escuchó con soltura a la vez que de un simple salto llegó hasta donde ella se encontraba- Has tenido un comportamiento ejemplar, que hasta mis nakamas piensan que no eras precisamente un infante de la Marina.

—…Yo conozco la palabra…agradecimiento…

—Umm…Así que eres de ese tipo de personas. De ésas que no les agrada deberle nada a nadie.

—Lo soy, pero en este caso es diferente –dijo con una pequeña sonrisa a la vez que lo observaba detenidamente- Tú debes de admirar enormemente a Barba Blanca, ¿no es así Marco?

—Él es un hombre singular –sonrió dichosamente- Un hombre que cuida a su tripulación más allá del compañerismo formal…Él nos ve a todos como sus hijos. Somos una gran familia que se apoya y nunca se abandona…Él jamás dejará pasar el que le hagan algo a uno de sus hijos. Es un hombre al que admiro mucho, más que por su fuerza, por su convicción y principios.

—Había escuchado de él hace muchos años por mi madre –se dejó caer sobre la superficie de la proa, misma que era la imagen vívida de la cabeza de una blanca ballena-.

—Imagino que tras abandonar el barco volverás a la Marina, ¿no es así Lynn?

—Me sorprende que me llames por mi nombre, todos aquí me llaman "marine", exceptuando a Ace –dijo burlonamente-.

—Ah, es cierto, los chicos te llaman así –se rió un poco- Lo siento.

—No te preocupes. El que me llamen así es lo de menos, después de todo estuve en la Marina. Y sobre lo de tu pregunta, sinceramente no tengo pensado volver allí. Pensé que encontraría lo que buscaba allí, pero no fue así…

—Tus propios motivos has de tener.

—Algo por el estilo –sus palabras habían adquirido un poco de seriedad- Ey Marco, dime, ¿qué se siente poder navegar libremente por los mares sin mayor preocupación más allá de la que te ofrecen aquellos que se oponen a tu ideología?

—Te hace sentir vivo…Es una sensación indescriptible….Siendo libre se puede ser uno mismo, sin estereotipos y sin prejuicios…Las aventuras esperan en cada isla que visitamos, así como los enemigos. El mundo entero está al pendiente de lo que hacemos y sin embargo, no tememos por enfrentar a nuestros adversarios. No tememos a la muerte, porque vivimos sin arrepentimientos.

—Es un grandioso modo de vivir –expresó sinceramente-.

—Te oyes como si desearas vivir algo así. No creo que a tus padres les guste que su hija viaje por el mundo en un barco pirata.

—Mi abuelo nunca ha estado feliz con ninguna decisión que he tomado hasta ahora. Lo de unirme a la Marina fue algo que le desagradó totalmente.

—Qué abuelo más problemático tienes.

—Es lo mismo que yo pienso.

—¿No deberían estar dormidos ya, ustedes dos? –cuestionó aquel pecoso que restregaba sus ojos debido a la somnolencia y que caminaba hacia ellos-.

—Pero si tú te la vives durmiendo Ace –comentó burlonamente Marco-.

—Eso es cierto –apoyó Lynn quien ahora estaba de pie al lado de Marco- Deberías tener cuidado con esa narcolepsia, un día de éstos podrías dormirte en combate y no sería nada bueno.

—Eso no va a pasar, además, deberías estar dormida ya.

—Estás empezando a comportarte como un padre demasiado sobreprotector –alegaba Marco con una sonrisa burlona-.

—Estoy de acuerdo con Marco.

—¿Desde cuándo ustedes dos se hicieron tan buenos amigos, eh? –preguntó Ace a la vez que miraba detenidamente a los dos-.

—Ya nos íbamos a dormir de todos modos –alegaba Lynn, quien ya estaba sobre la cubierta- Hay que reponer energías o nos pondremos viejos antes de tiempo –asentía divertidamente- Tú también duerme, Ace-chan.

—¿A quién le llamas Ace-chan? –cuestionaba ofendido el pecoso- Por si se te había olvidado, soy mayor que tú, Lynn.

—Pero tienes corazón de niño y eso te hace más joven, te deja como en 17 –contestó cínica-.

—¡Claro que no! –exclamaba el pelinegro-.

—Tienes un talento innato para sacar de sus casillas a Ace –decía entre risas Marco-.

—A eso no se le puede llamar talento –dijo Ace con cierto enfado y alzando ligeramente una de sus cejas-.

—Sé hacer postres deliciosos, los mejores en todo el ancho mar –presumía con cierto orgullo-.

—Pruébalo –desafió Ace-.

—Después de que los pruebes te darás cuenta de que hablo con la verdad –lo desafiaba con la mirada- ¿Apostamos?

—¿Qué quieres perder Lynn-chan? –decía campante, como si supiera de antemano que la victoria sería suya sin problema alguno-.

—Si yo gano, me darás ese sombrero tuyo que tienes.

—Pero pensaba que odiabas el naranja –dijo Marcos-.

—¿Ah? ¿Sabes que no me gusta el naranja? –cuestionó confundida Lynn a Marco-.

—Prácticamente toda la tripulación lo sabe –Ace la miraba con burla-.

—Sí, pero el que llevas no es el que quiero yo. Quiero que me des el negro que portabas anteriormente. Lo vi colgado en tu habitación desde que me trajiste aquí.

—Esperaba que me pidieras algo más que eso.

—Para mí eso es más que suficiente –le miraba divertida- ¿Qué quieres tú a cambio si yo llego a perder?

—Umm...Quiero que me cuentes sobre las dos iniciales que porta la daga que aún conservas. Me ha llamado la atención la combinación de "BR" sobre ese extraño arreglo.

—Así que aún sigue esa cosa entre mis pertenencias, vaya…-calló unos cuantos segundos y simplemente contestó sin mucho rodeo- Está bien, te contaré sobre esas iniciales, siempre y cuando pierda –sonrió con confianza- Pero dudo que logres hacerlo.

—Eso lo veremos –contestaba Ace, indispuesto a perder-.

—Necesitaremos más de un juez y ya que dudo que a los chicos les moleste comer gratis, entonces dudo que nos sea difícil.

—Que sean los jueces los comandantes y algunos de sus hombres –completaba Lynn-.

—En cuanto salga el sol empezaremos –dijo Ace feliz- Ya que estoy ansioso de escuchar tu historia; y para ello necesito tener el estómago lleno.

La mayoría de las veces había un gran alboroto en la cubierta, los hombres de Barba Blanca siempre gustaban de divertirse y pasar buenos momentos, aquella mañana no era la excepción y mucho menos con invitación a comer gratis algo que había recibido más de un tratamiento para ser engullido sin problema alguno por los tripulantes de aquella embarcación. No obstante, había quienes se mantenían a la expectativa, ya que el cocinero responsable de aquel evento, había formado parte de una organización que la mayoría de los piratas repudiaba.

Pero había alguien que pasaba completamente de ello y simplemente yacía a la mesa observando animadamente el venir constante de esos vistosos platillos que traían sobre su superficie un número basto de postres, muchos de ellos desconocidos para él y que sin embargo desprendían más que una mera esencia dulce y empalagadora; realmente se veían y olían deliciosos.

Y aunque un gran murmullo podía escucharse sobre la cubierta de ese enorme barco, alguien estaba más que entretenido sobre el contenido que se postraba en la mesa. Ya se habían amontonado un número bastante considerable de platos, pero quien devoraba todo lo que se le ponía en frente estaba lejos de estar satisfecho.

—Esto está realmente delicioso –comentaba Marcos con aquella rebanada de torta en su platillo-.

—Es torta de mouse de frutillas –dijo Lynn, quien se encontraba con ropas típicas de un cocinero francés-.

—Me alegro que se hayan animado ustedes también. No sabe nada mal esto -comentaba Marco a aquellos comandantes-.

—¿Qué es esto? –cuestionó el gyojin tiburón, comandante de la octava división-.

—Es un mini monts blancs, Namur –contestó Lynn- También tenemos fraisier, magdalenas, suflé de chocolate negro, profiteroles rellenos y muchos postres más.

—No sólo poseen buena presentación, también saben exquisitos –expresó cordialmente Vista- ¿No lo crees así Jozu? –cuestionó al hombre diamante, sentado a lado suyo-.

—Debo de admitir que saben mejor de lo que me imaginé.

—Y parece que aquí el único que no piensa dejarnos nada para evaluar es Ace –decía entre risas Bramenko-.

—Nunca deja de sorprenderme la cantidad de comida que es capaz de engullir –comentaba Raikuyo-.

—Alguien al parecer va a tener que ir dándome ese sombrero negro –decía Lynn victoriosa, quien se limitaba a ver al pelinegro, quien no podía hablar adecuadamente porque tenía la boca llena- Ya que a los comandantes aquí presentes parece haberles gustado el menú de postres.

—¡Todo ha estado delicioso! –exclamaba Ace al tiempo que se tumbaba sobre el suelo, con el estómago repleto de comida- Bueno, de igual modo no estoy acostumbrado a comer postres finos –sonreía ampliamente a la vez que depositaba su mirada en sus nakamas- ¿Se los dije, no es así?

—¿Ah? –miró con confusión al pecoso y después al resto de los chicos- ¿Y ahora qué pasa que no me entero?

—Eres muy obstinado Ace-chan –se dirigió burlonamente Marco-.

—Sabes lo que dice nuestro padre –agregaba Raikuyo-.

—"No importa de dónde vengas o de quién hayas nacido, todos somos hijos del mar" –concluyó Jozu-.

—Aunque hayas sido un marine, sinceramente no te comportas como uno de ellos. Cualquier otro ya hubiera intentado hacer algo, incluso estando en desventaja –decía Ace poniéndose de pie- Sólo que aquí todos estaban exagerando las cosas –sonrió- Ahora las cosas están más calmadas, ¿no es así chicos? –preguntó al resto de sus camaradas, quienes simplemente se dispusieron a comer lo que aún quedaba de postres-.

—…Ace…-dijo casi en un susurro Lynn, quien miraba con cierta admiración a aquellos piratas degustar los postres que había preparado y que no dejaban de halagar por el delicioso sabor que poseían- Tú no…tenías que…hacer algo como esto…Era innecesario…

—Ya has estado con todos nosotros un mes entero, era necesario algo como esto –expresó Ace arrebatándole unos panqueques de mantequilla a Bramenko-.

—Tú, en serio, no tienes llenadera –decía Lynn sorprendida y recibiendo rápidamente las peticiones de aquellos hombres que pedían más comida- Esto…va a ser agotador…

Aún conservaba aquella sonrisa en sus labios; recordar momentos como ésos le divertían y al mismo tiempo le hacían añorar que algo como eso pudiera repetirse una vez más.

—¡Postres! –Luffy le veía con la mirada iluminada y la saliva escapándosele de la boca-.

—Creo que a lo único que puso atención fue a la parte del concurso de postres.

—No te preocupes –Lynn ya sabía cómo era el moreno, por lo que no sintió molestia alguna-.

—Pero estoy sorprendido de que hayas sido un marine –decía Usopp- Irónicamente fuiste salvada por un pirata.

—Lo sé, la vida sí que es irónica. Pero de igual manera nunca fui bien vista en la Marina y tuve problemas por el modo en que ejecutaba la justicia. Además, estaba allí buscando información sobre un viejo conocido mío que había desaparecido hace varios años atrás. Al ser un criminal buscado pensé que existirían indicios dentro de los documentos oficiales de la Marina.

—Comprendo. Pero lo que hiciste fue extremadamente peligroso.

—Lo sé, de todos modos del modo en que acabó aquella embocada todos pensaron que morí, de manera que no continuaron buscándome.

—¡Postres, Lynn, haz postres! –decía Luffy entusiasmado mientras la jalaba del brazo-.

—¡Luffy, ella no es de goma para que la estés jalando de esa manera! Además, acabamos de comer.

—Pero se me ha vuelto a abrir el apetito –estaba entusiasmado ante la idea-.

—No creo que haya problema, siempre y cuando no moleste a Sanji. Saben que es su territorio.

—Descuida, estará más que feliz de verte cocinar –dijo Usopp entrecerrando un poco sus ojos-.

—Y después podrás contarme más cosas sobre Ace –pedía Luffy sin descaro alguno-.

—Estás muy animado este día Luffy –expresó Lynn al contemplar al capitán tan lleno de entusiasmo-.

—Shishishishishi.

No sorprendía la cantidad de postres esparcidos sobre la mesa, sino el número de platillos que eran engullidos sin apreciación ni mesura por el pequeño glotón que parecía no tener intención de compartir su banquete con quienes habían sido atraídos por el encantador olor de los postres.

—¡Troglodita déjanos algo! –vociferó Sanji mientras lograba hacerse de unos platillos-.

—Sabe delicioso esto –dijo Nami agradecida con el suave sabor de su rebanada de pastel-.

—Definitivamente están a la altura de la más fina repostería –sonreía Robin con satisfacción-.

—¡Esto sabe delicioso, quiero más! –decía Luffy sin dejar de comer-.

—Deberías saborear estos manjares, Luffy-san –espetó Brook- Lynn-san, ¿podrías mostrarme tus bragas?

—¡Deja de estar de pervertido con Lynn-swan! –le llamó la atención Sanji- Lynn-swan, estos postres están deliciosos, puedo volar con sólo probar un bocado…Es como tocar el cielo, pero sinceramente prefiero tocar tus suaves manos –decía danzante mientras se acercaba a ella sólo para ser frenado de golpe por el suave puñetazo de la navegante-.

—Tú también deberías dejarla en paz –recomendó Nami-.

—Ahora tenemos a otro cocinero a bordo –decía Franky- Esto está súpeeerr bueno.

—Cocinera como tal, no soy…Más bien dicho caigo en la categoría de repostera…Sólo se cocinar postres –indicaba con cierta desilusión-.

—No hay problema –Chopper comía gustoso su algodón de azúcar- Sanji se encargará de los platillos salados y tú de los postres –dijo felizmente-.

—Franky, creo que deberías construir una cama adicional en nuestra habitación para que Lynn duerma. No es bueno que ella esté durmiendo en el sitio de entrenamiento de Zoro –Nami miraba despectivamente al espadachín-.

—¿Cuál es tu problema? –decía Zoro- Así se entrena y descansa, todo en uno. Es grandioso, ¿no Lynn?

—Sí…Es una manera excelente de entrenar y descansar.

—No lo alientes –dijo duramente a Lynn-.

—De hecho me he adelantado Nami…La cama ya está hecha, incluso le he hecho un ropero propio –decía tras realizar su ya conocida pose-.

—Ah, este, chicos…-decía Lynn-.

—Creo que cocinar al lado de Lynn-swan será como un ensueño…Franky, te encargaré un horno adicional para que ella pueda hacer sus postres. Haré una división en el refrigerador para los ingredientes que requieras Lynn-swan.

—Cuando termines Lynn, pasa a mi consultorio, te haré un examen médico completo. Requerimos saber tu tipo de sangre por si algún día requieres una transfusión –sugería Chopper-.

—También requeriremos un cuarto para Cyrano –decía Robin- No es bueno que duerma a la intemperie.

—Él dormirá con nosotros –Luffy sonreía- Con él es difícil pasar frío.

—Chicos…-dijo Lynn un poco más fuerte-.

—¿Qué pasa Lynn-san?

—Agradezco toda su amabilidad y que me hayan acogido en su barco, pero….yo pienso quedarme en la siguiente isla en la que desembarquemos.