A/N: Como nota rápida: esta es oficialmente la historia más larga que he escrito y también la que menos me ha dado a cambio, no sé cómo sentirme al respecto, solo sé que agradezco de corazón el apoyo que me han dado.
El final está muy cerca.
…
La aludida no pudo evitar echarse a reír de tal manera que le faltaba el aire. La cara de Weiss estaba completa y absolutamente roja.
- No son... lo que parecen -alcanzo a decir entre risas- no lo son.
- ¿Qué otra cosa podrían ser?
- Una imagen editada al fondo del cofre -tomo aire- lo siento, pensé que sería una broma interesante y no me equivocaba. -Weiss no le respondía, así que aprovecho el silencio- Aunque tu reacción fue diferente a lo que yo esperaba, si... tal vez vemos esto desde puntos de vista muy diferentes. ¿Qué opinas? -Pregunto al retirar la imagen- no fue muy difícil encontrar la manera de hacer que parecieran estar sobre el suelo, solo tome la foto del fondo del cobre, edite las imágenes ahí y agregue las sombras.
- ¿Cómo puedo borrar esa imagen de mi mente?
- Em... creo que eso no se puede hacer. -La miro un tanto extrañada- ¿Es esta... la primera vez que los ves?, ¿Pensaste que...?
- Por supuesto que no, idiota -intentaba sonar normal o quizás irritada, pero su tono de voz era tan transparente que dejo ver la vergüenza que sentía
- Ya veo... que no eres partidaria de… esos juguetes, aunque esto era solo una broma... -se rasco la nunca- tachare la idea permanentemente.
- Solo... solo dame el traje de baño.
- Lo siento, no pensé que te disgustara tanto.
- Olvídalo... tu solo... olvídalo.
¿Olvidar la idea u olvidarse de tachar la idea? No estaba segura de que había querido decir pero asintió. Tenía la impresión de que tan solo le pidió que olvidara la situación como tal, aunque muy probablemente hablarían de esto después. Doblo la imagen y luego la mando a volar. Weiss se acercó al cofre con miedo de que pudiera haber más sorpresas y se alivió cuando encontró dos trajes de baño únicamente. Uno era celeste con detalles en blanco y el otro amarillo con negro, ambos eran de dos piezas y sencillos.
- ¿Que te parecen?
- Son bonitos -dijo con simpleza.
- Nada excéntrico, igual sé que no podría comprar nada que fuera mejor que lo que alguien más podría comprarte, pero tenía prisa y no son para exhibición, sino para exhibir.
Viendo que Weiss tomaba el traje de baño celeste, sonrió.
Tal vez todavía quedaba una sorpresa.
- Yang...
- ¿Si?, ¿Algún problema? -Sonreía con picardía.
- Yo no...
- ¿Qué cosa?
- Yang... tú sabes que mis proporciones son menudas -Mostro la parte superior del bikini, claramente se le caería si intentaba ponérselo.
- ¿Que te hizo pensar que el celeste era tuyo? -Pregunto divertida.
- Yo... solo lo supuse.
- Nada esta supuesto conmigo, princesa, me gusta cuando todo es impredecible.
- Aunque me alegra ver que puedes tener planes de largo plazo. -Obviamente estaba haciendo referencia al hecho de que aun pensaba dedicar su vida a las carreras, pero eso no fue lo que Yang pensó.
- Weiss... -dijo con un dejo tristeza- Por supuesto que sí, yo... puede que no tenga muy claro lo que pasara en el futuro, ni siquiera el cercano, pero sé que quiero estar contigo y que no podría soportar… sé que no puedo tolerar estar separada de ti, eso me duele más que cualquier cosa que pudiera ocurrirme. Sé... que te quiero más de lo que nunca he querido… y es por eso que voy a luchar por lo nuestro.
Yang tomo la mano libre de Weiss para luego besarla con dulzura y compromiso. Los ojos azules se humedecieron y, por su expresión de grata sorpresa, supo que sus sentimientos por Weiss eran recíprocos.
Sin que fuera su intención, había desatado una batalla interna en el corazón de su novia.
Weiss la veía sin poder responderle, todo por el ajustado nudo en su garganta. Jamás antes había escuchado palabras similares, de nadie, por ningún motivo, bajo ninguna circunstancia, ni jamás conoció a nadie que estuviera dispuesto a luchar por ella, a resistirse cuando ella apartaba a todo el mundo, a ver a través de la capa de hielo que protegía su corazón... jamás imagino que algo como el afecto de Yang pudiera existir... ni mucho menos que la encontraría.
- Yang... -fue lo que alcanzo a decir antes de que se quebrara su voz, antes de tener que buscar refugio entre los brazos de Yang. Quería decirle algo similar, quería decirle lo mucho que significa para ella y más que nada, ella quería decirle cuanto la quiere. Pero no podía, porque aquello que luchaba por decir eran sentimientos que hasta entonces fueron ajenos a ella, por eso no sabía cómo confesarle... como liberar las palabras que estaban atoradas en su garganta.
- Te quiero Weiss, con todo y tu mal carácter –se burló ligeramente, intentando alivianar la atmosfera. Luego beso la frente de Weiss cuando no recibió respuesta.
Sabía exactamente lo que debía estar pasando por la mente de Weiss, comprendía que seguramente estas mismas palabras tenían un peso incalculable para su corazón, porque tal vez nunca lo escucho ni siquiera de sus padres y, seguramente, nunca las había pronunciado con sinceridad. Entendía que no era fácil para ella, que jamás nadie le había mostrado tanto afecto y que no sabía cómo entregar su cariño, ni en forma de palabras. Acariciaba su espalda para intentar confortarla.
- Este bien Weiss, yo te quiero y sé que también me quieres, lo has demostrado muchas veces, no es necesario que lo digas.
- Pero... Yang... -comenzaba a ganar la batalla contra aquello que le hacía guardar silencio, porque no soportaban No poder expresarle a Yang lo que decía a gritos en su mente- Yo... debo decirte... -su voz aun sonaba forzada y rota, era la primera vez que exponía su corazón de esta forma. Recordó como antes le resulto difícil aceptar que los sentimientos de Yang fueran sinceros, como después tuvo que ceder ante sus propios sentimientos… después de tanto tiempo, expresarlo en forma de palabras no debería ser tan duro, pero lo es.
- Descuida, no hace falta, no ahora, no hasta que estés lista, yo sé lo que quieres decir Weiss y eso es suficiente para mí.
- Pero es necesario que lo diga... no acepto dejarte si respuesta de esta forma...
Fueron muchas las palabras que le susurraba el corazón y que batallaban por salir de boca. Deseaba decir que todo era monótono, gris y deprimente hasta que ella llego, que nunca antes imagino poder estar con alguien por amor en vez de conveniencia. El mero concepto de Amor era algo que escapaba de su entendimiento… hasta que la conoció y le mostro la belleza de la que todos hablaban. Quería decirle que tampoco soportaba estar lejos de ella porque entonces todo se volvía tediosamente insoportable. Decirle... que sus besos son hipnóticos, sus abrazos medicinales, su compañía como la de un ángel y... tan solo decirle que la ama. Puede que no fuera muy expresiva respecto a lo que siente, pero su corazón no le dejaría mentir, es así como se siente, es eso lo que siente, no puede ser nada menos y no puede haber nada mayor.
- Te...
Seguía titubeando, aun no podía decirle ni algo más ligero como "te quiero" y eso agravaba el conflicto dentro de ella, pues ya estaba cansada de su propia frialdad, quedara decirle tantas cosas... tantas cosas.
Yang no hizo más que esperar con paciencia, su corazón bailaba de alegría. De pronto necesito que Weiss pronunciara aquellas palabras que, por alguna razón, ahora moría por escuchar. Su corazón se mantenía a la expectativa, puede que finalmente escuche una afirmación, entonces los sentimientos de Weiss serían confirmados. Sabía que debía ser una locura querer escuchar las palabras aunque ya antes le había demostrado lo que sentía... lo mucho que la quería. Pero, por algún motivo que se escapaba a su razonamiento, necesitaba escucharlo también, tan solo una vez por lo menos.
- Yo... lo siento... -dijo Weiss, rendida.
Fue como si una estaca se clavara en su corazón, así lo sintieron ambas. Yang sonrió, porque a pesar de que le dolía, sabía perfectamente que eso era lo que podía esperar de Weiss y que ella lo intentaba, podía estar segura por la tristeza de su voz.
- Esta bien, princesa. -Coloco la mano debajo de su mentón para hacer que levantara la mirada y así encontrarse con unos frustrados y humedecidos ojos azules- yo te quiero, y te esperare lo que haga falta.
Seguidamente, se inclinó para besarle en los labios. Su acercamiento fue lento y suave en un principio, pero esto no fue suficiente para Weiss, quien le rodeo el cuello con los brazos y la beso con la pasión que no podía dejar expresar en palabras, con la intensidad de la necesidad que tiene por hacerle saber que la ama, y con la añoranza que la atormentaba mientras estuvo lejos de ella.
Yang lo recibió todo, sumando sus propios deseos a los de Weiss y así intercambiaron tantos besos como quisieron.
El largo tiempo de espera, la angustia, la frustración, las preocupaciones que eventualmente deberían afrontar, los hechos innegables que les esperan más adelante, todo aquello podía desaparecer aquí, en este espacio que era de ambas .Tal como el salón del coro en su momento, este espacio aislado del resto del mundo parecía planeado únicamente para ellas. Aquí la libertad era absoluta.
...
La sonrisa pícara que difícilmente se disimulaba con una pizca de simpatía, causaba... un extraño nerviosismo en Weiss, ya que, incluso si no es la primera vez que Yang la ve con tan poca ropa (y la ha visto al desnudo) había algo en aquella picardía que se encontraba imaginando quien sabe que escenarios con ella... y que la ponía nerviosa. El bikini que Yang había escogido para ella era... muy del estilo de la rubia que mantenía la sonrisa pícara.
El traje de baño de Yang tampoco se quedaba atrás, sus detalles coquetos conseguían que fuera imposible para Weiss despegar su vista demasiado tiempo. Podía ver de reojo como Yang le sonreía a manera de decir que podía ver todo lo que quisiera, y eso de alguna forma solo agravaba su sonrojo.
Tanto tiempo ha pasado, que a la vez se siente tan corto; por alguna razón, después de todo lo que había pasado... todavía era relativamente fácil para Yang hacer que se sonrojara y eso era algo que la fastidiaba un poco, más después de haber escuchado lo tierno que le parecía a la rubia. Pensó que se abría acostumbrado ya, pensó que debía ser algo que debería ir cambiando con el tiempo, pero tal parece que no es el caso.
Yang la invito a seguirla a medida que se acercaban a la orilla de la laguna, el agua estaba cristalina y el panorama invitaba a relajarse en el agua, la frescura del bosque y el sonido tranquilizador de la escasa corriente de agua resultarían irresistibles para cualquiera. Yang entro al agua primero, sabía que estaría fría pero no le importaba, pues como dicen "el mal paso darlo con prisa" y le parecía mejor sumergirse completamente a entrar lentamente y prolongar la sensación de frio por más tiempo. Weiss entro en seguida también, pero porque ella estaba acostumbrada al frio de Atlas, realmente no se sintió afectada por esto, no como Yang, quien intentaba disimular como le temblaba la mandíbula.
- Tenías razón, esto era lo que necesitaba. -Dijo Weiss en un suspiro mientras flotaba boca arriba, cerca de la orilla.
- Por supuesto, yo sé que es lo mejor para mi chica.
Weiss no sospecho que Yang se le estaba acercando hasta que su sombra le bloqueo el sol y al abrir sus ojos descubrió que Yang estaba por besarla. Acepto el contacto con gusto y sintió como las manos de Yang tomaban su rostro. El beso era lento y suave, como si su intención fuera relajarla aún más de lo que pensaba posible.
- Hoy tenemos toda la tarde para relajarnos -aseguro Yang- así que... disfruta.
Yang la llevo lentamente hacia el centro de la laguna, donde el agua era más fresca, luego se movió lentamente hacia su lado y floto junto a ella.
Ambas se dejaron absorber por la tranquilidad que inspiraban los sonidos del bosque y las aves.
- Yang...
- ¿Si?
- Me preguntaba...
- Oh, es la famosa pregunta. -Menciono con humor.
- Si... -se rio brevemente- me preguntaba... ¿Porque? -Guardo silencio por un instante, Yang espero a que continuara porque su pregunta era muy vaga- ¿Por qué quisiste acercarte a mí? Lo pienso y no encuentro razones que expliquen porque querías pasar tiempo conmigo.
- Así que... ¿has tenido esta pregunta en mente desde que te ayude con los cuadernos?
- No -le interrumpió- he tenido esta pregunta desde la segunda vez que te encontré en el salón del coro. Si soy franca, te diré que pensaba que solo te interesaba mi apellido, pero en seguida me demostraste que no era así y desde entonces he tratado de entender que fue exactamente, que viste en mí que te hiciera querer hablar más conmigo, saber más de mí, que te hiciera preocuparte al punto en que me parecía molesto.
- ¿Por qué...? -Repitió la pregunta para sí misma. En realidad nunca había pensado en esto.
¿Porque Weiss y no cualquier otra persona?
Sus rasgos inusuales llamaron su atención inmediatamente el día que la conoció en la biblioteca, su forma de ser tan tajante y hostil había conseguido que el poco interés que sentía hacia ella se desvaneciera, pero cuando Blake le hablo de ella y del motivo por el cual estaba siempre de malas... entonces no pudo evitar simpatizar con ella. ¿En qué momento se interesó realmente en ella?, ¿Qué fue lo que vio n ella? Si de algo estaba segura...
- Porque pude verte como realmente eres, Weiss. El día en que te encontré por primera vez en el salón del coro, escuche no solo una parte de la canción sino la melodía completa. No te lo dije pero antes de que entraras estaba teniendo una pesadilla y fue tu voz... literalmente llegaste como un ángel a salvarme en el peor de los momentos, eso hizo que me diera curiosidad ver quien estaba cantando. Entonces escuche tu canción, todo lo que decías, entendí porque eras como eras, y... no sé porque, pero aunque pensé irme del salón sin que me notaras, por alguna razón me quede bajo el marco de la puerta. No lo sé, solo... quería verte, como si supiera que nunca volvería a verte. Yo... no pensé nunca en hablar contigo, pero sabía que debía decir algo cuando me viste. Y había algo, en tus ojos, o más bien en la forma en la que me miraste, no estoy segura de poder explicarlo... pero fue exactamente en ese instante en que tan solo supe que quería pasar un rato contigo. Luego, cuando hablamos, cuando cantamos juntas, cuando pude apreciar mejor como eras... no lo sé, tan solo... quise pasar más tiempo contigo, hablar más contigo, conocerte mejor. Supongo que la respuesta corta es: porque tu personalidad me cautivo, eras un enigma.
- No... Lo hubiera supuesto.
- Je, ¿Que pensabas?, ¿Que pensaba usarte como plataforma para llegar a tu padre? Seria demasiado problema, yo tan solo quería hablar contigo y eso ya me parecía lo más difícil del mundo. -Decía con humor.
- Francamente...
- Lo sé, me lo dijiste un día. –Intento decir en su tono cómico, pero fallo en ocultar su fastidio.
Weiss no supo que decirle inmediatamente, pero sabía que si lo recordaba era porque eso realmente la había herido u ofendido en aquel momento.
- Lo siento, eran los viejos hábitos.
- Eso lo entiendo. No me conocías.
- Yang... no sabes... -apenas conseguía decir, con dificultad. Yang dirigió su mirada a ella de inmediato, tenía la sensación de que lo que estaba por decir debía ser algo que le pesaba mucho.-... Antes de que tu llegaras... no había nadie... -pauso, luchando para que su voz no se quebrara todavía- ... yo, genuinamente pensaba que estaba destinada a estar por siempre sola, porque todos me buscarían por algún interés egoísta. Todo gesto amable parecía postizo, cada sonrisa una máscara, cada favor un chantaje.
- Weiss...
Se acercó un poco a ella para tomarle la mano y no dijo nada más. Comprendía que estaba empezando a sacar esas verdades que Yang necesitaba escuchar, así que guardo silencio, sin soltar su mano.
- Mis padres habían planeado mi vida entera, desde antes de que naciera, ya sabían a qué colegios iría, habían planeado con quienes me convenía juntarme, cuales talentos me convenía cultivar si es que los tenia, ya habían programado cuando comenzarían a llenar una lista de pretendientes, a qué edad me casaría, cuántos hijos convenía tener -pauso nuevamente por un momento. Yang no pudo evitar apretar su mano ligeramente, todo esto le molestaba- ... Tú, por el contrario, eres la persona más libre que conozco, no se exige nada de ti porque todos confían en que decidirás tu camino, tú decides quienes son tus amigos sin pensar en que es lo más conveniente. Tú... eres libre para sentir... –se detuvo en seco para combatir el nudo en su garganta, pero reanudo tan pronto como pudo- eres del tipo de persona que se entrega completamente sin pensarlo, sin pedir nada a cambio, entregas tu afecto sin importar que puedas salir herida… con toda la libertad del mundo, tu am…
Weiss no pudo terminar de pronunciar aquella palabra que era tan ajena para su boca, sentía que el nudo en la garganta había crecido tanto que el paso de las letras le desgarraría. Yang no pudo seguir esperando paciente, se movió hacia Weiss para abrazarla, luego recordando que el agua estaba profundan, la guio a donde pudiera tocar el fondo y la abrazo como la había abrazado la mañana en que Weiss había llorado sobre el teclado eléctrico. La heredera la abrazaba con la misma fuerza, aferrándose a ella como si el abismo en su corazón y mente pelearan por arrastrarla hacia la oscuridad.
- Pero estoy aquí, Weiss. Ya no estás sola, nunca te dejare.
Pequeñas gotas de agua salada comenzaron a escaparse, una en una, de los lagrimales de Weiss. Yang aun intentaba consolarla, con una mano acariciando su espalda y la otra sosteniéndola firme, pero pronto sintió que también lloraría cuando Weiss siguió hablando:
- A menudo me miraba al espejo, preguntándome quien era la persona frente a mí, porque yo solo podía ver una mentira, algo plástico, mera apariencia. - Volvió a detenerse, para respirar hondo y seguir hablando con dificultado- Pero esa no era yo, no podía serlo porque era solo el reflejo de lo que se quería y esperaba de mi... yo... estaba perdida... en algún lugar detrás de ese espejo... en algún lugar frio... donde nadie me veía. ¡Nadie, Yang! Excepto mi hermana, pero ella se fue hace años. -El llanto comenzaba a ser imposible de parar- ... luego tú llegaste, encontraste mi esencia entre todos los fragmentos de mí... y decidiste... que yo valía la pena.
Un par de lágrimas cayeron sobre el cabello de Weiss, provenían de los ojos lila que permanecían cerrados con fuerza, pues su dueña también estaba al borde del llanto.
- Por supuesto que lo vales, no seas idiota, Weiss, ¡Lo vales! Tienes un corazón puro y sincero, siempre quieres ser mejor persona, siempre estas cerca para ayudar aunque no sepas relacionarte con las personas, eres inteligente y talentosa. Sé que... que todo el amor que no recibiste se acumuló en tu interior... y que morías por entregarlo. Tu... solo necesitabas a quien dárselo. Lo puedo notar, sé que por eso es tan difícil para ti, porque nunca pudiste dejar salir lo que sentías, y sé que por eso se te hace tan difícil hacerlo ahora.
- Yang... yo... -volvió a intentarlo, quería decirlo de una vez por todas, pero las mismas dos palabras se atoraban en el nudo que volvía y ya no permitía el paso de su voz.
- Esta bien, no tienes que forzarte, yo sé lo que intentas decir.
- Pero quiero decirlo, debo decirlo... ¡Hace mucho que no puedo decirlo!
- Sah, está bien Weiss, yo lo sé y eso es suficiente.
Comprendía el peso que esas palabras debían tener para Weiss. Ella jamás espero que alguien se las dijera sinceramente, y ella nunca pensó que conocería alguien a quien dedicarlas. Casi había cumplido la mayoría de edad y durante la mayor parte de esos años se había dedicado a sabotear citas, no a disfrutarlas, a rechazar a los pretendientes y sin aceptar excepciones, a ser valorada por su apellido y no su persona; se había acostumbrado a lo difícil, cruel y frio de la vida pero no conocía sus opuestos. Entonces, ¿Cómo?, ¿Cómo no comprender que esas dos palabras que nunca se le habían dedicado se convertirían en un puñal en su corazón? Los años de soledad y dolor la han marcado. Por tanto tiempo sello su corazón que al intentar abrirlo también habría heridas viejas y nuevas. Yang lo sabía, lo entendía perfectamente.
- Se mi representante, olvídate de la compañía y tu familia. Por favor... me gustaría que rompieras esas ataduras, deshazte de tu sentido de obligación, no le debes nada a tu apellido. Te lo ruego, Weiss.
La chica que se refugiaba en sus brazos guardo silencio por varios segundos, eso le indico que estaba considerando sus palabras y no pudo evitar sonreír, porque sabía que había algo de rebeldía en Weiss y que posiblemente estaba librando una disputa en su mente.
- No puedo prometer nada, pero lo pensare.
Sabía que esa sería la mejor respuesta que podría obtener de ella, y sin embargo, no pudo evitar sonreír por el simple hecho de saber lo mucho que Weiss valoraba su opinión.
- ¿Quieres relajarte un rato más o prefieres que regresemos?
- Eso depende de donde este el almuerzo.
- A casa entonces.
La casa estaba preparada, cada cosa en su lugar y todo limpio. Los ojos plateados de Ruby contemplaban el resultado de un trabajo bien hecho, en especial porque claro, Yang no es precisamente la persona más organizada con la que se pueda vivir, pero aunque eso no ha importado en otras ocasiones, hoy era el día en que Weiss regresaba y esta vez se quedaría unos meses, así que quería recibirla de la mejor manera, pues la conocía, sabía que si no encontraba un lugar en orden entonces lo organizaría ella misma, y que alguien llegue a tu casa a limpiar es casi ofensivo. Recibió una llamada de Blake diciendo que llegaría con pizza, así que al menos no tendría que preocuparse de eso.
Le parecía gracioso reconocer como ha cambiado la imagen que tiene de Weiss con el tiempo, si su Yo del pasado la viera ahora seguramente le preguntaría algo como "¿Esa bruja te hizo ordenar la casa?" y aquel pensamiento le hacía reír. Por alguna razón ahora recordaba la finesa de sus rasgos, su elegancia al caminar, lo sofisticado de sus gestos y modales, el brillo de su cabello y ojos azules, también la inesperada amabilidad que mostraba ocasionalmente... y su sonrisa. Era algo tan inusual y por lo mismo tan hermosa.
Se le veía tan feliz junto a Yang y lo mismo era cierto para su hermana, estaba segura porque cada cosa que Yang hace, lo hace pensando en Weiss. Además, Yang siempre ha sido muy transparente respecto a sus emociones: cada vez que suspira viendo la nada sabe que está pensando en ella, cada vez que se exalta cuando escucha el tono de llamada que asigno al número de Weiss lo deja aún más claro, también cada vez que se la ve sin ánimos porque Weiss no ha podido contestar alguna llamada o mensaje, seguido de la sonrisa que muestra cuando ve el mensaje o recibe la llamada. Todo, además, jamás imagino que su hermana pudiera encontrar, sacar y hacer relucir las cualidades de Weiss, cualidades que Ruby había considerado inexistentes.
Recordó, entonces, el día en que Weiss le dijo lo bien que había quedado el pedazo de pastel que le dio a manera de disculpa y pensó en preparar uno para todos, ya había mejorado la receta y cuando caiga la noche, cuando Yang, Blake, Weiss y Taiyang estén aquí, entonces podrán tener algo muy similar a una cena familiar, una que sabe, Weiss jamás ha tenido en toda su vida. Era inexplicable, la emoción que sentía cuando se preguntaba como reaccionaria Weiss ante una situación así.
La heredera no sabe lo que son las amenas pláticas familiares.
Imaginaba que Taiyang tendría muchas preguntas porque jamás ha visto a Weiss aunque ha escuchado mucho de ella. Además, con lo transparente que es Yang con sus emociones, lo más seguro es que note que quizás Weiss no es tan solo una amiga para Yang. Al mismo tiempo, si lo último se cumplía, entonces también era divertido imaginar qué tipo de reacción tendría; en el primer escenario que había planteado: él sencillamente lo tomaría tan a la ligera como cuando Yang y Blake 'jugueteaban'. En el segundo escenario: él notaba que era algo serio y quizás se preguntaría cuanto tiempo llevan así. Aun no lo sabía, pero quería ver su rostro cuando se diera cuenta, puede que incluso sospeche que por ella han mejorado las notas de Yang. La rebelde primogénita jamás había sido tan disciplinada y pocas veces se la había visto tan contenta y abatida por lo mismo.
Escucho el timbre de la puerta en ese momento y fue de inmediato a ver de quien se trataba, abrió cuando Blake dijo que se enfriaba la pizza.
Poco había que fuera más grato que recibir a un amigo... que trae pizza. Blake dejo el almuerzo en la mesa y luego sugirió a Ruby que comieran mientras estuviera caliente, porque posiblemente Yang y Weiss no llegarían sino hasta tarde, pero poco después noto los ingredientes del pastel que la menor preparaba.
- No pensé que fuéramos a recibirla tan bien -dijo.
- Bueno, ella fue capaz de rectificar a Yang... ¡Yang Xiao Long!
- Aja...-expreso su incredulidad y espero a que Ruby soltara la verdad.
- Y... también quiero demostrarle lo mucho que he mejorado.
- ¿No piensa que seas buena en repostería?
- Dijo que estaba bien, luego me dijo como hacerlo mejor, incluso me dio un trifolio con consejos para crear recetas nuevas.
- bueno, suena a algo que ella haría.
- Fue como llamarme torpe, así que desde entonces he puesto más atención en clase y he estudiado aún más duro. Ahora soy la mejor de la clase -dijo con mucho orgullo.
- Esta bien que quieras impresionarla, pero ¿Por qué?
- Porque... ¿hasta entonces nadie me había encarado así?
- Ya veo, entonces ¿dejarías que te ayude o prefieres encargarte por tu cuenta?
- Tal vez puedas ayudarme otro día
- De acuerdo.
La fina visión de Blake paseo por los alrededores, no quería decirlo abiertamente, pero tenía el presentimiento de que Ruby estaba tomando demasiadas molestias. No bromeaba cuando dijo que ya consideraba a la peliblanca como su mejor amiga. Saco el celular de su bolcillo y retomo la novela que estaba leyendo. Pero luego no pudo evitar observar de reojo como Ruby preparaba aquel pastel, como si más que una prueba de sus habilidades se tratase de un regalo hecho con mucho cariño. La menor sonreía y tatareaba mientras preparaba la receta en la que había trabajado por meses.
- ¿Haces todo esto porque quieres que también te considere su mejor amiga? -Inquirió, curiosa.
- Eso no estaría mal, pero en realidad quiero que me tome en serio, aun me trata como a una niña, ¡Incluso más que Yang!
Blake soltó una carcajada, eso en realidad no estaba muy apartado de la realidad.
Fue entonces que escucharon el inconfundible rugir de Freezerburn se hizo escuchar, las pelinegras cruzaron miradas.
- Distráelas -pidió Ruby
