Dedicado a la más grande entre las grandes, mi mami, la Ota.

Careless Memories

Summary: Un encuentro fortuito dentro de un tren en movimiento lleva a Harry y a Draco a descubrir que no todo es lo que aparenta ser, y que las primeras impresiones pueden estar equivocadas. Una historia sobre aquello que nos une y que nos solía separar. (O un summary menos gay y más como el anterior, acepto sugerencias.)

Disclaimer: Ningún personaje es mío, mi intención no es atribuirme nada que cuente con derechos de autor ni que infrinja ningún tipo de resquicio legal. Muchas Gracias


Tonight's the night the world begins again.


Al cerrar los ojos, apretar los párpados con fuerza, todo el mundo se disuelve en una serie de remolinos luminosos

No sucede lo mismo con la imagen del ombligo de Malfoy, un ombligo perfectamente normal si es que no demasiado alargado – y sólo Malfoy podría tener uno así -, ubicado en donde todos los ombligos lo están: perturbadoramente cerca de donde la mirada inocente de Harry Potter nunca debiera haber llegado.

Jamás había pensado gran cosa sobre esa zona en particular, y además de saber por experiencia que un dedo que se mete con fuerza y hacia dentro en esa hendidura es una de las sensaciones más extrañas que existen, tampoco había considerado dedicarle mayor atención. Hasta ahora que se ve obligado, por supuesto, porque Malfoy no tiene ninguna noción de intimidad y de decencia.

A falta de esas, Draco Malfoy debería tener algo de vergüenza.

"¡Malfoy!", exclama escandalizado, toda la frente crispada con la fuerza de su candado visual. Mental. Visual. Ambos. Los dos.

Draco inspira, exhala, vuelve a repetir el proceso y finalmente se calma.

Para encontrarse de golpe con lo bochornoso de la situación.

"Sí, ya, Potter. No pasa nada.", sale de su boca, con los hombros arriba y la mirada resguardada. "No es como si fuera la primera vez que ves uno que no sea el tuyo."

Un tic nervioso sacude uno de los párpados de Harry.

Draco continúa, porque en situaciones que no sabe controlar es lo único que le queda: seguir hablando. "No es que me interese saber cómo y dónde has visto el de Weasley.", escupe algo familiar para estabilizarse. "Apuesto a que también ahí es pelirrojo."

Harry Potter abre por fin los ojos, molesto, y Draco sonríe con malicia, el gesto tenso y poco natural.

"Lo es, ¿no es así?", canturrea, y Harry no puede creer su descaro, ahora que ha visto él también lo rubio que puede llegar a ser el más joven de los Malfoy.

"Cállate. Hace dos segundos estabas que llorabas, quién te entiende.", le gruñe y Draco se desespera un poquito.

"Difícilmente estaba a punto de llorar.", repone, y Potter resopla, incrédulo.

"No lo estaba.", insiste, cuando todos sus instintos y barreras más básicas le gritan que ante Potter, no. Que si quiere ser débil, lo sea en otra oportunidad. Ante Potter, no.

Harry recoge su mochila y sacude la cabeza.

"Lo que tú digas. No me interesa.", lo interrumpe, siendo el desgraciado maleducado que Draco siempre ha sabido que es.

Malfoy abre la boca para contestar, pero Harry le da la espalda y sigue en lo suyo.

"No me importa, Malfoy."

Y en el fondo es eso, que nunca le ha importado. Las cosas serían distintas si no fuera así, y Draco no debería dejar que una cosa estúpida como esa le afectara. Así que no lo hace, muerde su mejilla por adentro y la próxima vez que Potter lo mira por sobre su hombro, le dedica su expresión más agria.

Harry deja que un escalofrío lo recorra entero.

Es sólo que Malfoy lo irrita como nadie. Le da hasta ganas de patearlo, como te gustaría patear las cosas que no te resultan, o aquello que simplemente no quiere salir bien.

Draco no está dispuesto a rebajarse todavía más, y mira escéptico el rasguño que minutos atrás le había hecho despedirse para siempre de la paternidad. No que el prospecto lo emocionara mucho para empezar.

Supone que algo tiene que ver con aquellos recuerdos traumáticos de elfos domésticos en delantales blancos con vuelillo, pero es difícil de saber.

Harry por su parte no está inmerso en reflexiones trascendentales sobre niñeces pasadas y futuros próximos, sino muy involucrado en el proceso de ponerse el sweater, verde con una línea gris paralela al cuello, sus movimientos controlados.

Cuando la simple tarea de vestirse se convierte en algo complicado de pura neurosis, Harry abandona la esperanza y se da vuelta, señalando a Draco con un dedo largo y acusador.

El efecto-amenaza se diluye un poco por la manga que cuelga vacía por sobre su brazo.

"¿Sabes cuál es tu problema, Malfoy?", empieza, y Draco sube con cuidado esta vez El Implemento Metálico Del Mal, las cejas bien arriba. Harry parpadea, momentáneamente distraído. "Eres un exagerado."

Draco no ve como esta característica suya, esa que su madre solía llamar sensibilidad, tiene que ver con la situación.

"¿Y?", suelta, el mentón alto. ¡Puntiagudo!, aúlla Harry dentro de su cabeza.

Potter respira tan brusco que las aletas de la nariz le tiemblan.

"Piensas que todo se trata sobre ti."

Malfoy se rehúsa a responder y Harry parece complacido, dentro de su histeria.

"No te importa nada que no te afecte directamente."

El rubio se encoge de hombros y abrocha su nueva camisa blanca, el cuello rígido.

"Eres egoísta y malcriado y desagradable."

No es que a Draco le importe lo que Potter pueda o no decir sobre su persona – porque no debería importarle ese cuatro ojos hijo de puta, y no lo hace -, pero hay ocasiones en que lo domina un poderoso deseo de simplemente patearlo.

Sus modales son más grandes que sus impulsos por esta vez, y se pone la chaqueta, de la misma tela negra del resto del disfraz. Tiene una especie de cruz alrededor de un brazo, alguna clase de insignia en rojo y blanco. Draco cree recordar que tiene algo que ver con la fortuna, pero Runas viene y se va.

"Y tu pelo es estúpido.", termina Harry, aferrándose a últimos recursos.

Draco abre y cierra la boca, horrorizado.

"¡Porque eso es tan maduro, Potter!", estalla por fin y Harry se pone tan colorado que siente su cara arder.

"Como si subirse a los hombros de alguien con un pedazo de tela encima fuera pura genialidad.", le recuerda. Draco respira indignado.

"¡Tenía trece años!", se defiende como puede. "De haber funcionado habría sido brillante."

Potter alza las manos con violencia.

"¡De haber funcionado me hubiera roto el cuello, Malfoy!", grita, los costados de su boca torcidos amargamente.

"Exactamente.", sonríe Draco y Harry se abalanza sobre él, un remolino furioso de verde y plata.

Malfoy tiembla de rabia, Harry lo siente en su pecho que sube y baja errático, y un placer oscuro lo sacude a él también cuando estrella los hombros del rubio contra el piso y el sonido que este emite le va directo a las venas. Draco nota la sangre agolparse contra sus mejillas, la humillación cosquilleando debajo de su piel, como mil pequeñas descargas eléctricas que le dejan la cabeza extrañamente liviana.

Las manos de Harry se aferran a sus brazos cual anillos de metal caliente y Draco se atraganta con un rugido de ira, retorciéndose debajo de Potter y al mismo tiempo intentando estrellar una de sus rodillas en alguna parte blanda del maldito.

Harry exhala por la boca, la lengua y los labios secos. El aire enfebrecido golpea a Malfoy en plena cara.

Draco se recuerda a sí mismo, colorado y con el orgullo por los pies, no dejar jamás que Potter le salte encima cada vez que su temperamento se salga de control.

"¿Terminaste ya?", dice por entre medio de los dientes. La media sonrisa que florece en la boca del moreno es un agravio final.

Harry afloja los dedos y Malfoy aprovecha de darle un empujón para ponerse de pie, sacudiendo luego polvo invisible de sus mangas.

"Le van a quedar marcas.", piensa Harry, los nudillos todavía lívidos. "Ojalá le queden marcas."

Draco se pone brusco el gorro oscuro sobre la cabeza. Un mechón infinitamente rubio va a curvarse detrás de su oreja y un calor abrasivo se enciende en la base del estómago de Harry, quien tiene que cerrar los ojos para controlarse.

"Ahórratelo, Potter.", escupe Draco, un pulso ensordecedor de violencia corriéndole por la piel. Harry cierra la boca y se cruza de brazos, los protectores de cuero – los que se le habían enterrado a Draco en el abdomen – tensos sobre sus codos.

Malfoy sonríe su sonrisita desagradable, esa que Harry cree que es sólo para irritarlo pero Draco conoce mejor.

"Esta fue la última vez que me pones las manos encima.", exclama Draco, los ojos ardiendo por el esfuerzo de mantener el odio adentro.

Harry se atora, rojo, y Draco lo mira como si hubiera perdido la razón.

"Cuál es tu problema.", dice sorprendido, y Harry se apresura en ajustar a tirones las correas de cuero de sus guantes.

"¿O si no?", provoca, todavía un poco rosado.

Draco Malfoy lo mira y sacude la cabeza, el labio superior curvado con desdén.

"No tengo tiempo para esto."

Se siente un poco como deja vu, escuchar las mismas palabras que él mismo había pronunciado saliendo de la boca de Malfoy, que es sin duda tan distinto en todos los aspectos, piensa Harry con un poco de desdén.

"Yo ya estoy listo.", dice Draco más que nada por llenar el silencio. Mira a Potter una última vez, parado allí como un idiota, los ojos grandes tras el cristal de sus lentes y vestido todo con su ropa. El sentimiento de vacío se ve sacudido por el cosquilleo de la rabia que sólo mirarlo le provoca.

"Puedes quedarte con eso.", agrega, antes de salir. "Me ahorras el trabajo de quemarlo."

Harry se tarda en reaccionar una vez que se encuentra solo, y frunce el ceño.

"Puedes quedarte con eso.", imita con una voz aguda, moviendo las manos. "Sí claro."

Recoge irritado su mochila y abandona el lugar, la sirena en la pared parpadeando bonita e insustancial.


Blaise entrecierra los ojos cuando nota los baúles cerrados y la falta de ropa dando vuelta alrededor.

"¿Qué está sucediendo aquí?", exige y Crabbe pasa saliva, tendido en su cama.

"Nada. Estoy descansando después del almuerzo.", contesta y Blaise sacude la cabeza.

"¿Piensas que soy estúpido?", alza la voz, con un movimiento amplio de brazos para señalar la habitación. "Dime lo que está pasando, Vincent."

"Nada.", repite entonces Crabbe, los ojos muy abiertos como si estuviera, qué, piensa Blaise, como si estuviera pidiéndole qué.

Zabini se sienta en el borde de la cama y recorre con sus ojos oscuros la cara de su compañero.

Vincent Crabbe golpea el colchón con ambas manos y este rebota.

"No intentes usar la culpa para hacerme hablar.", exclama con el rostro alterado, y Blaise también siente ganas de gritar.

"Entonces dime.", dice sin dejar de mirarlo. "Dímelo todo."

Crabbe vuelve a recostarse, respirando duro, y clava la vista en el techo.

"Para qué si ya lo sabes. Nos vamos.", gruñe.

Es diferente creer que sabes algo y saber que lo sabes; Blaise se da cuenta de esto no sin su cuota de desesperación.

"A dónde, ¿esta noche? Estás loco", las palabras fluyen de su boca. "¿Estás seguro? No estés cometiendo algo de lo que te vas a arrepentir. ¿Qué vas a hacer?"

Crabbe se pasa las manos por la cara y se frota los ojos, tenso.

"Sí a todo y estaremos bien y ", agrega mirándolo fijo. "Nada que me digas me hará cambiar de opinión."

Blaise duda antes de continuar.

"¿Y Draco?", dice por fin y el semblante de Crabbe se desmorona. "Estás enfermo, si no le dices nunca lo va a entender, nunca te va a perdonar."

"¡Igual no me perdonaría!", los ojos de Vincent brillan peligrosamente y Blaise recuerda esa época en que se dedicaba a robarles las mascotas a los demás hasta que Draco se quejó por el hedor a muerte y tuvo que parar. "Tú sabes que igual no lo haría."

"No, no y tú tampoco si no lo intentas.", estalla Blaise, cansado de ser el mediador y de que la gente asuma y…, "Si lo dejas así yo no sé qué es capaz de hacer."

"Sí sabes.", interrumpe Goyle de pronto, abriendo las cortinas de su cama. Infeliz, reflexiona Blaise. Habla sólo cuando sabe que ya perdí el control. "No te hagas el que no. Draco va a salir de aquí para irse directo con papito y lo que él quiera."

"Draco es grande ya, toma sus propias decisiones.", se irrita Zabini, de golpe teniendo que justificar a su amigo, el amigo de todos ellos.

"Sí, y lo triste es que esa es su decisión.", escupe Goyle. "Y es horrible y está mal, pero lo sabes. Draco Malfoy va a ser un mortífago quieras o no creerlo."

Blaise Zabini no piensa en la masa muscular de Gregory Goyle –quien tal vez tiene el doble de su peso solamente en sus brazos- cuando se le arroja encima, furioso.

Sí lo piensa segundos luego, su cabeza firme entre las manos del otro, como si fuera a partirla como a una nuez.

"Suéltalo.", habla Crabbe. "No sacamos nada con pelearnos entre nosotros."

"Tranquilízate.", advierte Goyle antes de hacerlo y Blaise frota la piel enrojecida de su cuello, molesto.

"Si se van de aquí así", explica lento. "Van a ser traidores para los dos lados. Porque los mortífagos sabrán que no están entre sus filas y los demás pensarán que lo están."

Crabbe finge no escucharlo mientras se acerca a Goyle.

"Viviremos con eso.", repone este.

Crabbe se voltea a mirar a Blaise, la misma expresión indescifrable de antes en su cara.

"¿Entiendes, Zabini? Viviremos.", susurra bajito con su voz ronca y Draco abre la puerta bruscamente, con la expresión agria de quien vive por obligación.

"Qué", suelta amargo. "¿Se murió alguien?"

Camina hacia su cama riéndose sin humor, pálido y desgastado como una camisa que ha sido lavada demasiadas veces en muy poco tiempo. Sin suavizantes.

"Te perdiste el almuerzo.", dice Blaise y Malfoy se encoge de hombros, vestido todo de negro con una ropa que no es suya.

"No, Draco, no es lo mismo.", vuelve a hablar, la voz forzadamente suave. "No sé cuándo la gente se va a dar cuenta de que no está bien."

"Jódete, Zabini, en serio. Si quieres hacerme una escenita espérate a que me interese primero.", Draco inyecta todo el veneno que puede, y la enormidad de lo que está sucediendo le llega a Blaise como un golpe en la cara.

Draco no entiende y no entiende nada, piensa Blaise, de repente triste. Crabbe tampoco y Goyle se rehúsa a saber.

Blaise se pregunta qué va a suceder cuando sea él el último que quede.

"Malagradecido de mierda.", interviene Crabbe y Draco centra su negatividad en él. "De verdad no te das cuenta, ¿cuándo va a ser el día en que aprendas a ver más allá de tus propios problemas?"

Draco va a responder, la cara torcida en una mueca desagradable, cuando Goyle dice muy, muy lento y muy fuerte:

"Los extrañaré."

Crabbe traga con dificultad y Draco mira a su alrededor primero irritado y luego con confusión. Blaise suspira.

El mundo igual se tenía que acabar.

"Nos vamos cuando empiece la fiesta. Verás, supusimos que ahí todo el mundo va a estar ocupado con eso como para fijarse en nosotros.", sigue.

"¿Irse adónde? ¿Por qué?", el tono de Draco es afilado.

"A Durmstrang. Solicitamos un traslado y nos aceptaron. Nuestros padres consideran que es lo mejor para nosotros."

"Mentira.", se enoja Draco. "Me hubieran dicho, yo también me hubiera ido."

"No.", se enoja también Crabbe. "Tú no tendrías nada que hacer en ese lugar."

"¡Es mejor que esta porquería!", se empeña Draco. "Enseñan la magia que necesitamos saber."

"No tienes nada que hacer con esa magia tampoco.", dice Goyle y Draco se cruza de brazos.

"¿Ah no?", sisea. "¿Y supongo que ustedes dos sí?"

Blaise respira adentro y afuera antes de que Crabbe vuelva a hablar.

"No, nosotros tampoco.", dice muy suave. "Draco, no vamos a llegar a Durmstrang. Nuestros padres querían sacarnos de aquí y ponernos a entrenar porque obviamente somos muy idiotas como para aprender algo más. ¿Entiendes lo que te digo?"

Draco mira a Blaise y a Crabbe y a Goyle, y de nuevo.

"¿Cómo que no van a llegar?", pregunta.

"No queremos eso. Draco. Vamos a escapar."

Blaise observa con una especie de calma que ha superado los límites de la normalidad como la verdad tuerce las facciones del rubio y lo hace sentarse de golpe sobre la cama más cercana.

"Mentira.", es su respuesta automática.

"Verdad.", mueve la cabeza Goyle. "Draco. ¿Entiendes?"

"No soy idiota.", estalla este, sin verdadero rencor.

La realidad de la situación se cierne sobre sus cabezas y los ojos de Malfoy se cierran por unos segundos.

"¿Por qué?", dice al final y Crabbe aprieta su palma derecha contra la izquierda de Goyle.

Por esto, lee Blaise en sus caras. Por nosotros. Porque queremos una vida que sea nuestra, nuestras propias decisiones y no vivir en el terror de esconder lo que se nos es tan natural. Entiendes, Draco, quieren decir esos ojos abiertos. Entiendes.

"No queremos las vidas de nuestros padres", es lo que finalmente sale de sus bocas. Es pulcro y profesional. "Queremos más."

Es Slytherin.

Draco se pone de pie y abandona la habitación.

Pero Blaise ha leído en la angustia de su cara que él, también, ha entendido.


Harry debería haber visto la intención en sus ojos desde un principio, pero cosas obvias como estas simplemente lo evaden muchas veces. Así que cuando Hermione camina hacia él, mochila cargada al hombro y aire de perfecta normalidad, Harry debería haberse dado cuenta. Debería es la palabra clave en esta oración.

No lo hace y su amiga es rápida en acorralarlo, Ron saliendo de la nada un segundo después. Harry casi salta cuando lo siente aparecer a su lado.

"Vamos a dar una vuelta.", propone el pelirrojo, tomándolo de un brazo mientras Hermione hace lo propio con el otro. "No deberías andar por ahí vestido de esa manera. Es insultante.", agrega ligeramente.

"Y yo que comenzaba a sentirme mal al respecto.", le gruñe Harry, intentando librarse. Ron lo ignora olímpicamente.

"No te vas a escapar esta vez.", advierte Hermione cuando Harry la mira vengativo.

"Vamos a hablar.", agrega Ron con una expresión oscura que desmiente completamente lo dicho.

"No pueden obligarme si no quiero.", forcejea Harry mientras el huerto de calabazas se materializa poco a poco enfrente.

"Ya superaron su cuota de inmadurez.", advierte Hermione irritada. "Vamos a hablar, les guste o no, porque así es como la gente normal soluciona sus problemas y eso es exactamente lo que vamos a hacer."

Harry siente que sería inapropiado hacerle notar cómo y de cuántas maneras ellos no son 'gente normal', pero la tentación es poderosa en cuanto sus ojos encuentran la cara pecosa de su, entre comillas, mejor amigo.

Ron se apoya de mal humor contra una de las matas y Harry se voltea en la dirección contraria. Su actitud hace que el cerebro de Hermione duela.

Ninguno de los dos hace ningún gesto de querer comenzar a hablar como su amiga desearía que lo hicieran, así que decide tomar el camino de la fuerza, que es lo que Molly Weasley y seis años de convivencia le han enseñado es efectivo.

Porque Hermione Granger es una chica inteligente, carajo.

"Harry, Ron lo siente.", exclama ante un horrorizado Weasley. "Ron, Harry lo siente."

La explosión de voces hace que una bandada de aves negras emprenda el vuelo sobre sus cabezas.

"Lo hacen.", chilla Granger por sobre el griterío de sus amigos, interponiéndose entre ambos, que de pronto han decidido reconsiderar sus ideas acerca de la cercanía física.

Antes de que Harry pueda seguir expresando todo lo que esto es una porquería, Hermione saca su varita y con un movimiento rápido, los enmudece.

"Hombres", respira agitada, poniéndose un mechón de pelo tras la oreja. "No entienden con nada."

Ron gesticula rabioso, rojo hasta las raíces y Harry sonríe con una especie de mueca torcida que Hermione nota sin alegría.

"Esta situación es muy incómoda para mí. No sé por qué insisten en repetirla; pensé que haberse dejado de hablar hasta que uno de ustedes casi muriera en Cuarto les habría quitado las ganas de portarse como ineptos, pero veo que no es el caso. Me rehúso a ser mediadora, así que háganlo de una vez y solucionen su dilema.", suspira la chica, notando con perversa satisfacción como Ron prosigue en sus intentos de auto-generarse un aneurisma.

A Harry le encantaría gritar un poco más o por lo menos decir algo que suene remotamente inteligente, pero tal vez –y esto es horrible- Malfoy tenga razón y de verdad tenga algún problema, porque lo único que su cerebro pareciera capaz de articular es "Harry no lo siente". Y no cree que a Hermione le haga mucha gracia.

Ron alza la mano derecha y espera hasta que Granger le de la palabra, regodeándose en su fetiche de alumno-profesor.

"¿Es por Malfoy?", dice cuando puede hablar. "¿Tiene algo que ver? Porque lo vimos pasar poco antes de encontrarte y… No sé, ¿son amigos ahora? ¿Es por eso que ya no me dices nada y vas por ahí planeando fiestas y cosas con él?", sus pecas se juntan unas con otras cuando arruga la nariz. "Eso podría entenderlo, Harry. Lo que no entiendo es que mierda está mal contigo."

Harry también levanta una mano cuando Hermione se voltea a mirarlo, expectante.

"Nunca sería amigo de Malfoy, ¿cómo se te ocurre? Además que no puedo creer que la única razón que tengas para pensar que nos hemos distanciado es que te he reemplazado, con Malfoy para rematar.", dice rápidamente. "Y no tengo nada mal."

"¿Aparte de la cabeza, dices?", gruñe Ron y Hermione lo chista. "No es la única razón, está bien. Hay otra.", sigue, el gesto huraño. "Y es que te hayas cansado de mí."

Harry traga mientras considera esto, los cálidos ojos Weasley mirando al piso.

"No voy a rogarte nada, Harry.", dice el pelirrojo, la voz ronca. "No debería por qué hacerlo y no lo voy a hacer. Es sólo que con todo lo que llevamos juntos hubiera pensado que nuestra amistad valía… más."

"Yo", empieza Harry y se queda callado. "Exageré tal vez cuando te dije que te habías portado como cualquier cosa menos como mi amigo. Estaba, er, enojado."

Ron respira hondo cuando vuelve a mirarlo.

"Tampoco debí dudar de tu amistad, um, de verdad esa fue la rabia hablando. Y también siento lo de tu cama.", termina con una mueca, la nuca ardiendo. "Pero hubiera agradecido si te hubieras acercado a mí no solamente cuando las cosas te estaban saliendo mal con Hermione; eso me hirió. Eh. Un poquito."

Hermione mira desconcertada de un lado a otro.

"¿Mal cómo?", pregunta y Harry pone los ojos en blanco.

"Sí, entiendo.", sonríe a medias Ron. "Las chicas a veces tienen esa capacidad de mierda, ¿eh?"

"¡Ron!", se escandaliza ella.

"Dímelo a mí.", contesta Harry recordando a Cho y su Diluvio Bíblico.

"Increíble.", resopla la bruja antes de estrellar un dedo en el pecho de Harry, el ceño fruncido.

"Vi lo que hiciste con Malfoy, Harry.", acusa y Harry Potter se encuentra de pronto Muy Incómodo. "¡Vestirlo de Nazi, nada más!"

"Primero que nada, yo no lo vestí.", murmura mirando a Ron de reojo, buscando apoyo varonil para las circunstancias. "Lo encontré apropiado; es todo."

"Nazi.", colabora fielmente Ron, a quien el término le recuerda algo con mucho pepperoni. "Hermione, sigues repitiendo esa palabra y no sé si sabes lo que significa."

"Por favor, Ronald.", se exaspera ella dedicándole una mirada cabreada que lo reta a volver a desafiar su infinito conocimiento. "Y Harry Potter", se gira agitando un dedo en su dirección. "Te apuesto a que él ni siquiera sabe lo que implica."

Harry se encoge de hombros, pensando que si en la Comunidad Mágica es habitual vestir de púrpura y colores eléctricos, tal vez no sea tan relevante.

"No pensaste en los descendientes de Alemanes, y mucho menos en los Judíos que asisten a Hogwarts y, honestamente, un poco de consideración no te-", Ron le da tres palmaditas en la espalda y Hermione vuelve a fulminarlo con la mirada.

Harry cree que tal vez es una técnica aprendida de Madam Pince. La exposición prolongada a su semblante agrio y bibliotecario obviamente han afectado a Hermione más de lo aconsejado.

"¿Podemos no hablar sobre el hurón por cinco minutos que sea?", pide Ron y Hermione vuelve a voltearse hacia Harry con una expresión crítica en su rostro.

"Sí, eso sería ciertamente un avance en su condición.", dice tras un segundo de reflexión.

"¿Condición?", pregunta Harry y Ron lo mira como pidiéndole disculpas. "¿Qué condición?"

"Perdona.", dice efectivamente. "Pero te has comportado como un loco. Ginny no paraba de decirnos en el desayuno como el 'pobre de Colin Creevey' no dejaba de llorar porque tú lo", Ron se rasca la cabeza, confundido. "Asaltaste o algo."

La cara de Harry se colorea y Hermione se cruza de brazos.

"Eso no estuvo nada de bien, Harry, en serio. Entiendo que Colin pueda pasarse con lo de las fotos, ¿pero amenazarlo para quitárselas? Sabes lo sensible que es."

Harry se mete las manos a los bolsillos y agacha la cabeza bajo el escrutinio de sus amigos.

"No se quejaba mientras yo lo, er, amenazaba.", murmura incómodo.

"También.", Hermione se muerde el labio y no continúa. Ron juguetea con las piedras bajo sus zapatillas.

Es casi como si hubiera una baja de temperatura en el ambiente.

Harry sabe sobre qué se trata, pero no está listo para discutir la muerte de Sirius en el huerto de calabazas de Hagrid como si se tratara de las probabilidades de los Chudley Cannons de ganar el campeonato.

"No quiero hablar al respecto.", se apresura en exclamar y Ron y Hermione se miran como si estuvieran esperando esa reacción.

"Harry, es sólo que, estamos preocupados por ti.", dice Hermione.

"Mamá dijo que era bueno que te diésemos espacio para lamentar su m-muerte pero", Ron no se ve feliz. "No parece que lo superes."

"Dije", Harry dice por entre sus dientes. "Que no quiero hablar al respecto."

Hermione suspira.

"Es que ya no puedes seguir evadiéndolo, Harry. No es sano, no te hace bien."

Él agarra su varita escondida dentro de su manga y frunce el entrecejo.

"¿Sabes que otra cosa no me hace bien?", estalla por fin y Ron le indica a Hermione silencio. "Que fue mi culpa. Que es otra cosa que no alcancé a tener, y es horrible y es egoísta, Hermione, pero no alcancé a disfrutar algo que debería haber podido. De nuevo.", hace una pausa áspera y todas sus barreras parecen derrumbarse. "Ni siquiera alcancé a conocerlo bien, y la Sra. Weasley dijo que Sirius veía en mí a mi padre, pero eso estaba perfecto conmigo si iba a significar que me tratara como si fuera cercano, yo…"

Harry traga enojado.

"Pero no alcancé a saber cómo sería la vida que Sirius me ofrecía y no alcancé a tenerlo como familia, y además de pasarse doce años en Azkaban, todo el año pasado estuvo encerrado en una casa que odiaba, con Kreacher y", Hermione hace ademán de acercarse pero Harry retrocede. "¿Y sabes por qué es mi culpa, por qué está muerto y por qué no quiero seguir hablando al respecto? Porque de no haber querido solucionar yo las cosas, de no haber querido salvarlo como quería que él me salvase de los Dursleys, él no tendría que haber corrido a rescatarme. Si yo no hubiese estado allí, nada-"

"Oh.", exclama ella y se cubre la boca con las manos. "¡Oh, Harry! ¿Es eso lo que piensas? ¿Qué tú lo provocaste todo, que Sirius – miembro de la Orden – no hubiera luchado contra Bellatrix igual?"

"¡No en esas circunstancias y NO DIGAS SU NOMBRE!", grita él, pero ella continúa.

"Si quieres culpar a alguien, ya sabes quién es el responsable. Sirius hubiese peleado contra los Mortífagos todos los días de su vida si fuese necesario. ¡Voldemort es el único culpable! ¡Voldemort les quitó a él y a ti a James y a Lily Potter! Que tú hayas sobrevivido no te hace culpable.", el labio inferior de Hermione tiembla y Ron se ve pálido entre sus pecas. "Que tú estés vivo demuestra solamente lo mucho que te amaban, y nosotros también lo hacemos, así que nunca, nunca más vuelvan a salir esas palabras de tu boca, Harry James Potter."

Con un gemido, se arroja contra su pecho y le rodea el cuello con los brazos.

Harry se tensa de inmediato, pero Hermione no lo suelta.

"Puedes llegar a ser tan tonto.", solloza en su hombro y Harry traga varias veces para librarse de la sensación incómoda en su garganta. "Tan, tan tonto."

Ron pone sus manos grandes en sus brazos y aprieta. Harry lo mira.

"Bueno, amigo, si ella lo dice.", se ríe nervioso, y Harry pone su cabeza sobre la de Hermione, envolviendo su rostro en una inmensidad rizada.

"Perdón.", susurra ronco. "Perdónenme."

Y ellos lo hacen.


Blaise encuentra a Draco sentado en los peldaños afuera del Gran Hall, y se deja caer a su lado, mirando de reojo como el rubio parece no notarlo.

"Hay tantas cosas que no sé.", dice por fin, sonando perplejo. "No sé cómo empezó su relación ni cuando comenzaron a planear esta- salida."

Blaise guarda silencio hasta que Draco ladea su cabeza para mirarlo.

"Dicen que a veces la ignorancia es equivalente a la felicidad.", los ojos de Draco parecen demasiado grises bajo el sol que se arranca. "Pero yo no sé tantas cosas y no me siento feliz."

Ambos observan una bandada de aves negras volar a la distancia.

"No estoy acostumbrado a que tomen decisiones sin mí.", sigue. "Y creo que no me acostumbraré tampoco a no tenerlos conmigo."

"Segundo Año.", ofrece Blaise. "Despertaron semi desnudos dentro de un armario cerca del comedor. Comenzó a volverse costumbre."

Draco parpadea.

"Segundo, uh.", sacude la cabeza sonriendo. "Siempre fueron tan precoces."

Blaise estira los brazos por detrás de su espalda para poder mirar mejor las nubes que pasan.

"Y en Cuarto fueron juntos al Baile, ¿recuerdas? Hasta combinaron sus túnicas.", vuelve a hablar y Draco se ríe.

"¡Todos pensamos que no habían conseguido pareja!"

"Oh, ese era el plan.", sonríe Zabini. "Pero si mirabas de cerca podías notar los intentos de Crabbe por lograr que Goyle bailara una pieza. Claro que terminaron comiendo más chocolate de lo debido y aventurándose entre los rosales."

"Donde vieron a Fleur Delacour desnuda.", Draco comienza a unir las piezas del rompecabezas.

"Oh, sí, fue un tremendo trauma para el pobre de Goyle.", Blaise empuja a Draco con su hombro. "Dijo que nunca entendería cuál era su atractivo."

"Todo ese pelo platinado y su boca.", contesta Malfoy un poco amargo.

"Lo mismo podría ser dicho de ti.", respira Blaise poniéndose serio. Draco sacude la cabeza y su cabello atrapa la luz.

"No soy como tú, Zabini. Soy muy flaco. Tengo el pelo muy claro y el mentón puntudo.", Blaise quiere hablar pero Draco continúa. "Tengo los colores de mi padre, pero las facciones de mamá. No sienta bien. Sé que no soy bonito, así que no te esfuerces."

"Hay mucha gente que no piensa así.", Blaise traga el exceso de saliva en su boca. "Draco. Yo creo que estás bien tal y como eres."

Draco Malfoy apoya su mentón afilado en su propio pecho y lo mira a los ojos.

"Te dije que no te esforzaras.", susurra, y Zabini aprieta los puños en el auto control inmenso que es no tocarlo.

"Todo va a estar bien.", le asegura en cambio. "Ellos no estarán aquí, pero serán felices. Y nosotros también."

"Hm.", asiente Draco. "De nuevo tu famoso optimismo."

"Puedo prestarte un poco si te hace falta.", hace una mueca. "Y yo tampoco soy bonito."

La risa de Draco - ¿Hace cuánto que no escuchaba ese sonido? – lo lleva a apoyar su frente contra su hombro, y Blaise observa como paralizado el contraste de ese pelo rubio en su túnica negra de colegio.

"Oh, no, no eres bonito, Blaise, eres solamente tan guapo.", se ahoga Draco contra la tela. "El otro día Finnigan comenzó a hablarme sobre tus fabulosos pómulos, por Merlín."

Blaise inclina su rostro hacia la cabeza de Draco, quien se ríe como una hiena para ocultar las dos lágrimas que Blaise ve deslizándose por sus mejillas.

"Todo va a", comienza a decir, pero Draco vuelve a sentarse correctamente, sus ojos delineados con rosado.

"No.", dice, su voz de vuelta a la normalidad. "Las cosas están cambiando. Y esta falta de control me está volviendo loco."

Blaise Zabini cierra la boca y ambos vuelven a mirar el horizonte oscurecer.


Harry se dirige solo hacia la Sala de los Menesteres mientras Ron acompaña a Hermione hacia la torre de Gryffindor. Al pelirrojo todavía le falta cambiarse a su disfraz – "Una máscara blanca y un sombrero puntiagudo, oh, Nott cree que es tan gracioso, el bastardo." – y Hermione no asistirá.

"Me tocó Pansy Parkinson.", había sido toda su explicación.

Las escaleras comienzan a moverse a su derecha y Harry siente que es más fácil respirar.

"Potter.", exclama una voz desagradablemente familiar. "Que suerte encontrarte."

Harry se voltea y allí está Malfoy, sonriendo como un maníaco.

Si esto es suerte, se cuestiona Harry, no quiere saber cómo será la desgracia.

"Malfoy.", contesta inseguro de las intenciones del Slytherin y la escoba en sus manos.

"Estuve pensando.", empieza Draco, sin decirle a Potter que al volver a su dormitorio Vincent y Gregory lo abrazaron como si quisieran dejar grabado entre sus brazos la forma de su esqueleto, y que Blaise le había aconsejado a regañadientes ir a atormentar a Harry Potter un rato si iba a significar mejorarle el ánimo. "Que dado que yo tengo que usar un gorro, tú también necesitas algún accesorio."

Harry eleva una ceja.

Malfoy eleva las dos.

"Así que, toma, Potter, la parte final de tu disfraz.", dice Draco alargándole su Nimbus 2001, una sonrisa firme en la cara.

Harry desconfía de inmediato.

"¿Ansioso de que la monte alguien que sí tiene oportunidades de ganar?", responde sin tomar la escoba. "Piérdete, Malfoy; no soy idiota. La hechizaste o algo."

Malfoy hace un ruidito impaciente con la lengua.

"No haría algo así, Potter.", insiste con una mirada mitad burlona, mitad herida, en un tono que casi, casi suena a verdad.

"Ja.", exclama Potter y Draco se ve obligado a murmurar que sí, lo haría, ¿a quién intentaba engañar?

Harry comienza a buscar una ruta de escape.

"¿Le tienes miedo a mi escoba, Potter?", prueba Draco otra vez, bajando las pestañas de esa manera en que Blaise las baja cuando intenta seducir a un profesor.

Harry resopla indignado, claramente inmune.

"Ya no tenemos once, crece ya.", dice con toda la intención de darse una vuelta y dejarlo allí con su tonto palo en la mano.

"Nadie que te viera lo pensaría así.", se mofa Draco. "En serio, Potter. ¿Retardo hormonal, hm?"

La única razón por la que Harry no se va inmediatamente es porque no tiene nada mejor que hacer, en serio. No es que esté obsesionado ni nada. Tontas Hermione-Teorías.

Se colorea entero, no por la alusión directa de Malfoy y su pequeña mente pervertida, sino porque, realmente… ¿Baño de Prefectos, escasas horas atrás, hola?

"Ya te vi el pito, Malfoy.", repone con crudeza. "A mí no me puedes engañar."

Draco se sonroja más rosa que carmín y Harry medita que sí, tal vez su sutileza no es lo que se llamaría sutil, pero entonces el estúpido brazo de Malfoy que sujeta la escoba tiembla un poco y no, no, no, piensa el moreno. En la vida de Harry Potter muchas y variadas cosas bizarras podrán suceder, pero no es una de ellas reconfortar a Draco Puto Malfoy sobre el tamaño de su… No.

"Bien, jódete entonces.", escupe Draco. "Pero después no me lloriquees porque no me pongo este estúpido gorro Made in China, lo que sea que eso quiera decir."

Las insignias plateadas relucen en el piso donde Draco lo arroja luego de quitárselo de la cabeza, alborotando su pelo prácticamente albino.

Harry tiene la aguda impresión de que es una reacción habitual. Quizás Malfoy pateaba las canillas de Lucius cuando éste no quería comprarle helados.

"¡Pero es parte del disfraz!", reclama Harry inútilmente, y Draco lo mira como si fuera un bicho.

"La escoba o nada, Potty.", insiste, los ojos claros entrecerrados.

Potter se retuerce el pelo con un gruñido –y en serio, piensa Draco, ese pobre, desafortunado cabello no tiene la culpa.

"Bien.", acepta entre dientes, cerrando los dedos sobre el mango pulido de madera. "Pero si está encantada, te juro que…"

La sonrisa de Draco es como el sol, le duele a Harry mirarla.

"¿Me juras qué?", con una risotada, recoge el gorro y se lo guarda en el bolsillo. Una última miradita maligna en la dirección de Potter y vuelve a reír. "Mantén las manos ocupadas esta noche, ¿eh, Potter?"

Harry aúlla furioso cuando se da cuenta de que la Nimbus está pegada a sus dedos y no se quiere soltar. Es un sonido hermoso.
Draco se relaja antes de abandonar el lugar.


Harry no ha logrado zafarse de la Nimbus 2001 maldita cuando ya es hora de que comience la fiesta y Seamus lo encuentra y empieza a apremiarlo.

"Se ve bien tal y como está, ya déjate de ser una chica al respecto.", le recrimina ante su infinito horror.

"No es eso, Seamus, Malfoy acaba de jugarme una mala pasada y lo único que puedes decirme es-", Harry deja de hablar cuando Seamus lo mira como diciéndole 'adelante, Harry, si quieres puedes seguir probando mi punto'. Bueno, piensa Harry, mierda.

"¿No quieres ayudar a quitármela?", pregunta con creciente desesperación.

Seamus Finnigan revisa su reflejo en el cristal de las ventanas.

"No es que no quiera", dice con dulzura, pasando los dedos por su cabello color arena. "Es sólo que si llegamos tarde al evento que ayudamos a organizar y me pierdo un segundo de Blaise Zabini en la ropa que yo escogí para él..."

Seamus suspira y Harry siente su rostro oscurecerse.

"No es que no me importes, Harry, pero tendría que matarte."

Los ojos del irlandés brillan divertidos pero Harry no puede ver lo gracioso en la situación.

"Bien.", gruñe mientras lo sigue por el pasillo hacia la Sala de los Menesteres. "No me ayudes entonces."

El pijama blanco con rayas azules con que está vestido Seamus reluce bajo las luces violetas una vez que entran.

La sonrisa de Finnigan es amplia y centelleante, también.

Todavía hay luz suficiente como para observar a los asistentes, pero Harry nota con preocupación como esta decrece poco a poco en tonalidades púrpuras y verdes.

"Electrónica, Harry. Seguro la has bailado.", urge Seamus agitando el osito de felpa que sujeta en la mano. Hay una etiqueta multicolor que Harry sospecha es de su creación en el bolsillo delantero de su pijama, con el logo 'Zabini Love'.

Ante la mirada de Harry, Seamus se cruza de brazos.

"Te acostumbrarás.", promete mientras lo abandona cerca de una mesa larga llena de refrescos de piña y cócteles de camarones.

La fiesta todavía no ha comenzado, pero ya la gente comienza a llegar.

Harry se siente un poco idiota parado allí, el mango de la escoba apoyado contra sus costillas. Como decoración.

Ginny, vestida de blanco y negro, con una peluca rizada y rubia cubriendo su tono cobrizo natural, se acerca a saludarlo.

"Soy Madonna al estilo Marilyn.", le parlotea entusiasmada. Harry intenta sonreírle. "Logró poner de moda cosas indecentes, mamá no aprobaría."

Neville camina hacia ellos luchando con sus sandalias color bronce.

"Creo que soy una especie de soldado.", dice con expresión confundida. "Algo que ver con la historia Muggle antigua, no sé. Me hubiera gustado que no se viera tan parecido a una falda, pero qué más da."

Bajo las centelleantes luces de neón, Dean luce su sonrisa extra blanca ante el rostro aturdido de Smith.

"Bailarina de ballet.", Zacharias parece amargo. "Pensé que tú de todas las personas conocía la diferencia entre un género y el otro, Thomas."

Dean parece más cómodo con la expresión tirante de sus labios que con su usual tranquilidad.

"Oh, no. Contigo no.", responde con calma. "Quisiste vestirme de bombero, pero poner velcro en mis pantalones. Creo que estoy contento con mi resolución."

"Mejor ser desnudista que usar un tutú.", gruñe Smith arrastrando sus puntillas hacia donde Ernie, con sombrero de copa y bigote postizo, lo recibe colorado.

"Harry.", la voz de Luna lo saca de sus cavilaciones. "Veo que has decidido jugar para el otro equipo."

Vestido de pies a cabeza con el uniforme de Quidditch de Slytherin, Harry frunce el entrecejo.

"Antes muerto.", murmura cruzándose de brazos con la escoba bajo el codo.

"Soy pro diversidad.", asegura Luna, sendas antenas verdes creciendo sobre sus orejas. "Después de todo, ahora vengo de otro planeta."

"Eso explica muchas cosas.", interviene Lavender Brown, retorciendo sus pompones azules entre sus manos. "¿No han visto a Parvati?"

Harry parpadea un poco porque Lavender al parecer no se da cuenta que la fiesta es de disfraces, no un salón nudista provisto de lucecitas.

"Hace rato que la busco.", insiste ella, molesta.

Luna la mira de arriba abajo, deteniendo su mirada en la faldita que apenas cubre sus muslos, y la camiseta que se termina kilómetros por encima de su ombligo.

"No tienes mucho en qué buscarla.", habla pensativa y Harry comienza a buscar a Malfoy entre la multitud.

"¿Qué?", reacciona Lavender y Luna sonríe.

"Creo que la veo al lado de Hannah Abbott, sí, vestida de mariposa.", contesta mirando a la distancia.

Lavender se va y Harry comienza a impacientarse.

"Te queda bien el verde.", susurra Luna tras beber un sorbo de su copa. "Resalta tus ojos, que lindo Malfoy por pensar en eso."

"Sí, muy lindo.", dice Zabini, mientras la multitud se abre para dejarlo pasar. "Hasta brilla por su ausencia."

"Tú brillas por otras razones enteramente.", ronronea Seamus, y Zabini se voltea en sus ajustados pantalones de cuero para observarlo.

"Antes de salir Draco me prometió que sería la reina del baile.", contesta con los ojos centelleando maliciosos.

"Quizás hasta podríamos conseguirte una corona.", Seamus se muerde el labio inferior y Harry se apoya de un pie en el otro, con la incómoda sensación de que hablan de otra cosa nada que ver que él no está entendiendo.

"¿Dónde está Malfoy?", interrumpe brusco, pero Seamus sólo pronuncia más su sonrisa.

Blaise Zabini cruza los brazos sobre su torso desnudo y lo mira con desagrado.

"No lo sé, Potter, uno creería que estarías más al tanto de tu pareja.", dice molesto.

Harry está en pleno proceso de escandalizarse cuando divisa el pelo de Malfoy en uno de los grandes sillones contra la pared.

No está solo, una Ravenclaw de Séptimo le sonríe con brillo en los labios.

"No pierde el tiempo.", frunce el ceño Harry y Zabini se voltea a mirar.

"Zorra.", proclama torciendo su rostro atractivo en una mueca que hace que las rodillas de Seamus tiemblen.

"¿Quién, Malfoy?", Harry estira la boca en una sonrisa cínica. "Sí, yo también lo creo."

Los ojos de Zabini son oscuros aún bajo las luces centelleantes.

"No estamos aquí para discutir.", urge Seamus, apretando su oso de felpa. "Unidad de Casas y todo eso."

"Sí, unidad y blabla.", sonríe Blaise con algo parecido a la crueldad. "Draco quería jugar a ser político y mira lo que consiguió."

Harry agarra una copa de unas de las bandejas de plata flotantes y traga la mitad de su contenido de un golpe.

Seamus ladea la cabeza con la mirada fija en los pectorales oscuros de Zabini.

"Oh, estoy mirando, créeme.", sonríe implícito. "No me puedo quejar."

Harry se aleja, sorbiendo el líquido dorado que quema su garganta al pasar. Zabini nunca le ha caído bien.

"Oh, Harry, ahí estás.", la voz de Neville atraviesa por entre el ruido. "Hay tanta gente que me siento un poco perdido."

Harry no sabe muy bien cómo la Sala funciona, pero parece extenderse infinitamente, hasta el más mínimo espacio repleto de cabezas alumbradas por las extrañas luces arriba.

"Mucha gente.", asiente Harry, mirando como la Ravenclaw no le quita los ojos encima a Malfoy, mientras acaricia su rodilla.

"Ugh. Hasta cara de rata consigue acción.", Ron aparece junto a Neville. "Adiós a toda esperanza, con este disfraz maldito."

La cara de Neville se ve un poco verde, pero Harry no sabe si es palidez o neón. Ron eleva las cejas, fácilmente mirando por sobre la gente.

"¿Esa cosa brillante es mi hermana?", comenta con un silbido.

"Eres un mortífago.", dice Neville. "¿Era Nott tu pareja?"

Harry vuelve a mirar a Malfoy, quien tiene entre sus manos y repartidas a sus pies varias de las mismas copas que Harry bebe.

El rostro de Ron se oscurece.

"¿Lo has visto?", le pregunta a Neville. "Avísame si es que lo haces. Creo que debo hacerle un poco de daño."

Neville asiente rápido con la cabeza.

Sus voces parecen lejanas y Harry mira extrañado el fondo de su copa vacía.

"Eso tenía alcohol.", dice Neville y Harry lo mira. "Vi como Seamus lo traía desde nuestra Sala Común."

"¿Por qué no me dijiste?", le pregunta y Neville parece avergonzado.

"Me dijo que a cambio, le diría a todo el mundo que mi disfraz es muy masculino.", explica colorado.

Ron se ríe.

"Eso puedo entenderlo.", dice mientras Harry frunce el entrecejo.

"¿De dónde lo consiguió?", insiste, y Neville se encoje de hombros.

"Ha estado siempre bajo la cama de Neville.", explica Ron. "Ya sabes, los gemelos. Seamus. La mafia."

"No sabía.", gruñe Harry, y agarra otra copa.

Ron parece preocupado. Neville todavía no se recupera del shock.

"Ahora que sabes podrías dejar de beber.", aconseja. "Eso te mata lentamente."

Harry vacía la copa y toma otra sólo porque puede.

"Yo no tengo apuro.", contesta muy serio.

Ron aprieta los labios, pero finalmente sonríe.

"Sólo no te acerques a mi hermana en ese estado.", dice dándole una palmada en el hombro. "Ni tú ni yo queremos lamentarlo."

"¿Bajo mi propia cama todo este tiempo?", gime Neville.

"Supéralo.", dice Harry y, sintiéndose generoso, le ofrece una copa.

Seamus decide dejar de acosar a Blaise Zabini por un segundo para estar con sus compañeros.

"Lavender acaba de seducir a Theodore Nott.", es lo primero que dice al llegar. "Y con seducir, me refiero a tragarse."

Ron estrella su puño contra su otra palma abierta.

"¡No contento con arruinar nuestra imagen, ahora el desgraciado se roba a nuestras mujeres!", ruge lleno de indignación.

"Tendría más sentido si estuvieras defendiendo el honor de una mujer que quiere que la defiendas.", repone Seamus. "Con lo que vi allá atrás, créeme. Ella no quiere."

Harry bebe la copa que Neville no quiso aceptar, con expresión curiosa.

"¿Allá atrás dónde?", pregunta.

Seamus mueve las cejas de arriba para abajo y Neville se ríe nervioso. No quiere más sorpresas, muchas gracias, su abuela no lo crió de esta manera.

"Este cuarto es travieso.", explica Seamus. "Si caminas frente a la pared del fondo se forma tu propio, como me gusta llamarlo, rinconcito del amor."

Ron no parece impresionado y mira a la lejanía, donde se acaban las cabezas y comienzan a apreciarse toldos de tela brillante.

"Ya veo a lo que te refieres, que mal gusto tienes.", dice Ron y Harry intenta ponerse en puntas de pies para mirar también. "Espero que sepas que nada legal ocurrirá dentro de esos pequeños antros de perversión."

"Y si tuvieras pene y menos de setenta años, descubrirías lo maravilloso que eso puede ser.", sonríe Seamus.

"Ya no puedo ver a Malfoy.", es todo lo que dice Harry.

Ron, Neville y Seamus hacen una mueca.

"Ha sido suficiente por hoy, en serio Harry.", pide el pelirrojo. "Por mucho que me duela decirte esto, deja a la rata tranquila."

"Estaba con una chica y ya no puedo verlo.", insiste Harry, sujetando firmemente una copa entre sus dedos.

"Lo cual es fantástico para cualquiera de nuestra especie y debemos solidarizar, ¿no crees?", Seamus le sonríe apremiante.

"No digas estupideces, Malfoy no es de nuestra especie.", bufa Harry, decidiendo adentrarse entre el público para ir a buscarlo.

"¡No interrumpas nada que a un hermano podría gustarle!", cree escuchar mientras se aleja.

Todo parece un poco borroso y Harry se toca la cara. Sus anteojos ya no están, y parpadea confundido por un segundo. No recuerda habérselos quitado, pero no es momento de preocuparse, piensa mientras camina inestablemente hacia el fondo de la habitación.

Ese maldito de Malfoy. Con su pelo y sus muecas y nada de respeto.

"¡-quién se ha creído que es!", una chica exclama muy cerca. "Estaba así de lograrlo, y llegó casi desnudo a sentarse a mi lado y a decirme que era un área reservada, que mejor me fuera a limpiar mesas."

"No puedes esperar nada más de un Slytherin, que horror."

Harry está tan cerca que la tela parece nítida. Slytherin, le dice su cabeza. El peor comportamiento. Malfoy. Sí, estás buscando a Malfoy.

Su cabeza se siente rara. Le cuesta ordenar sus pensamientos, todo parece tan liviano, como si estuviera hecho de espuma.

"Es un juego.", escucha de pronto. "Aspiras el humo y luego lo botas en la boca de otra persona."

Harry se da cuenta que puede oír porque en algún momento apoyó la cabeza contra la tela y parece estar descansando allí.

"Es de chocolate, puedes probarlo si quieres."

La voz que responde es inconfundible aún en su estado.

"Pero aquí no hay otra persona.", Malfoy contesta pronunciando raro las letras.

"Claro que hay.", la voz de Zabini suena suave como terciopelo. "Estoy yo."

Harry sacude un poco la cabeza porque algo está sucediendo allí dentro y si solamente se despejaran un momento todas sus ideas todo sería más fácil.

Draco Malfoy se ríe y luego se calla, con un sonido parecido a 'hmm'.

Ahí es cuando Harry Potter se tropieza, pierde el escaso equilibrio que mantenía y cae sobre manos y piernas frente a los dos Slytherin que se demoran en separar sus bocas.

"Er.", dice Harry, sin sentir verdadero dolor en sus rodillas. "Estaba buscándote, Malfoy."

Draco lo mira como aturdido y Blaise retira lentamente una mano de su nuca. Un poco de humo se escapa por entre sus labios.

"Es un juego, Potter.", dice por fin Malfoy, extendiéndole un cigarrillo. "¿Quieres jugar?"


Notas.

Es raro porque este capítulo tiene pedazos que escribí desde que se publicó el anterior hasta hace unos diez minutos atrás. Por eso puede que no haya quedado muy compacto, pero está bien, en realidad así es básicamente esta historia, muchos bits and pieces unidos. Me costó años llegar hasta acá, me da hasta vergüenza!
Espero que a quien lo lea ojalá le guste y si es así, me lo diga en un comentario, como también si es que no le gusta, con críticas sería lo mejor del universo.

No sé qué más decir, quizás que el alcohol es muy malo? jaja
Y que me sorprende un poco estar de nuevo en esta situación, desde que comencé hasta hoy ha pasado tanto tiempo y tanta gente. Mirando hacia atrás, están casi todas mis crisis de adolescente y no quiero crecer para pagar cuentas y esas cosas que los adultos hacen. Hasta Draco creció, y parece que el tiempo no fue muy bueno con su pelo, así que nada que hacer, nos toca a todos seguir apagando las velitas :)

Gracias por leer.