Capítulo 10: Aguantando un poco más


Saint Seiya ni sus personajes me pertenecen son de propiedad exclusiva de Masami Kurumada.

Perdonen la demora :P.

aquí el capítulo, espero les guste. Saludos!


Degel y Kardia ya no se soportaban un minuto más, el viaje había resultado en un completo desastre, volvían cansados y amurrados al interior del auto en completo silencio. Camus y Milo quienes iban de regreso nuevamente en el asiento trasero veían con preocupación a sus progenitores. Ambos suspiraron, la caída en la fuente terminó siendo solo el comienzo de un abrumador desastre, nada de lo que esperaban que fuera la visita a la Acrópolis. Entre caídas y discusiones Kardia y Degel aparte de estar mojados estaban cubiertos de tierra y con el pelo tieso por la suciedad. Milo como buen recaudador de información inmortalizó cada momento, pero en esos instantes no sabía si reír o llorar por los vídeos e imágenes que había tomado.

Dado el enojo de Kardia el camino de regreso se hizo relativamente corto, Degel seguía frustrado por el exceso de velocidad que insistía en usar el griego mayor, pero ya eran demasiadas calamidades y molestias entre ambos para sumar una más a la lista. Nunca había conocido a una persona tan descarada y carente de sentido común. ¿Es qué no podía mantenerse quieto por cinco minutos? ¿Cuál era el afán de incordiarlo?, lograba sacarlo de quicio como nunca nadie lo había logrado, por lo general su profesión exigía mente fría y control, pues cada vida que trataba estaba en sus manos a la hora de la cirugía, como médico neurocirujano portaba el control de su emociones y acciones, pero con el griego presente es como si todo ese sistema de precaución y mantenimiento de la cordura se apagara.

Kardia paró de lleno en la acera frente a su casa, estaba cabreado con el francés que tenía como familia ahora, ¡estúpido franchute!, se molestaba por todo, no puede soportar una simple broma pues se lo toma todo muy a pecho, y esa mirada tan seria que porta, ¿Es qué no puede relajarse?, pensó en su fuero interno. La actitud tan estricta del galo le colocaba los pelos de punta y hacia que se comportarse más hostil de lo que habitualmente era, de verdad intentaba controlarse, pero no era algo que podía evitar, al menos no con ese idiota de cabello verde, como él le decía.

—Llegamos —fue todo lo que atinó decir Kardia una vez se detuvo de golpe. Milo quiso decir algo ante la brusquedad de su padre, pero Camus intuyendo que esa actitud no sería más que un foco de conflicto tapó raudamente la boca de Milo con una de sus manos. Kardia observó el actuar de la pareja por el retrovisor, más no comentó nada, decidió en esa ocasión ignorarlos y bajar del vehículo. Degel imitó la acción del heleno. Los más jóvenes solo querían aunque fuera un momento de paz.

Idalia que escuchó un automóvil estacionarse bruscamente supo de inmediato que se trataba de Kardia, se levantó con pereza del sofá donde había estado hablando con la madre de Camus intentando limar asperezas conversando de temas superfluos y poco cercanos al anterior asunto de seriedad que ambas habían tratado. Abrió la puerta y vio entra a Kardia con paso pesado seguido del padre de Camus, ambos venían mojados, cubiertos de tierra y con el cabello tieso. Seguidamente entraron los dos estudiantes con rostros cansados y nada alentadores.

—¿Qué sucedió? —Idalia estaba verdaderamente extrañada de la apariencia tan caótica y desaliñada de los dos más adultos.

—Nada Ida —Kardia casi gruñó la respuesta, se sentía cansado y hambriento, ya eran la una de la tarde y su última comida contundente había sido el desayuno que había tomado cuando llegó de buscar a los padres de Camus. Su estómago ya estaba reclamándole—. Solo tengo algo de hambre, ¿Hay de comer?

Idalia encorvó una ceja, primero le contestaba de mala manera, segundo estaba hecho un desastre, y luego le preguntaba como si nada si había ya hecho de comer, ese marido suyo…

—Cuida tus palabras y modales Kardia —amonestó su esposa—, además de eso estás hecho un desastre, no te dejaré sentarte a la mesa con esas pintas.

—Pero…

—Nada de peros, ve a darte un baño —Idalia miró severamente al griego que se quedó sin palabras, justamente se colocaba a regañarlo delante del francés, su nuevo enemigo, eso era humillante, pero no podía desobedecerla o se enfadaría más. Kardia colocó una cara de consternación y luego agachó la cabeza mientras tomaba rumbos a su habitación para poder darse una ducha.

Degel rio infantilmente ante la escena, la cual se le hizo en sumo graciosa, finalmente alguien coloca en su lugar a ese griego descarado.

—Tú no te rías tanto Degel, que tu condición no es muy diferente —Serafina quien también se había levantado del sofá miraba de arriba abajo el desastre que era su marido.

El aludido paró su risa en seco y se fijó en el semblante serio de su esposa.

—Todo fue producto de un desafortunado incidente —intentó excusar el francés, más la rusa no le creyó y el rictus de severidad aumentó.

—Tengo la impresión de que tuviste mucho que ver en ese desafortunado incidente.

—Yo…

—Mejor no des más excusas y también vete a dar una ducha. El cuarto que tan amablemente nos facilitaron nuestros anfitriones tiene un baño propio así que no tendrás problemas.

Degel suspiró y terminó asintiendo, lo mejor sería limpiarse en vez de discutir con su mujer.

Milo y Camus veían con cierto alivio que sus madres parecían convivir de mejor forma que sus padres. Quizás ellas pudiesen ayudarlas con el pequeño conflicto de los dos hombres mayores.

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Hacía cinco minutos que Milo le había enviado un mensaje de que por fin habían llegado a su casa. Mu observó su celular con un semblante pensativo, era cierto que prometió ayudar a Milo, pero se sentía demasiado cómodo entre los brazos de Kanon mientras veían una película.

—¿Quién era? —cuestionó Kanon mientras Mu devolvía su móvil a su bolsillo.

—Milo —contestó sin más Mu, decidió que el heleno menor podía esperar un poco más, no moriría si tardaba lo que demorase el film en terminar.

—¿Qué quería?

Mu rodó los ojos. Hacia unas horas Kanon no quería saber nada de su primo menor y ahora lo atiborraba de preguntas.

—Solo estaba avisándome que ya llegó a su casa, para que nosotros también nos pasemos por allá, pero no pienso hacerlo antes de que acabe la película.

Kanon sonrió ante la actitud cambiante de su pareja, Mu en ocasiones podía ser tan contradictorio.

—Eres todo un caso mi querido carnerito.

Mu bufó. —¿Por qué dices eso?

Kanon acarició con ternura los cabellos sueltos del tibetano.

—Solo que hace unas horas estabas desesperado por Milo, y ahora tu prioridad más grande es acabar de ver una película, es solo un poco gracioso.

—No es eso, solo que me importa más estar unos momentos a solas contigo y además la película es excelente.

Kanon ante eso solo afianzó más su agarre mientras besaba la frente de Mu.

—Solo por eso nos quedaremos hasta que la película acabe.

Mu no respondió, solo se acurrucó más entre los brazos de su novio, por esa ocasión ellos dos serían la prioridad en lugar del griego menor, aunque solo sea por unas pocas horas.

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Saga decidió que distraerse era lo mejor que podía hacer por el momento, a pesar de que su tía mencionó que se encargaría de hablar con el tema de la mujer con Milo, no podía mantener la calma.

—Es raro verte acá en la oficina un fin de semana —Saga que se había trasladado a la oficina de su empresa después de haber visitado a su tía, le extrañó que justamente él estuviera ahí ese día.

—Es más extraño verte a ti Shaka.

El de nacionalidad india llevaba trabajando con Saga desde que este fundó su empresa, ambos habían trabajado codo a codo para levantarla desde sus cimientos. Si bien el griego era en sí el dueño del lugar, Shaka era su mano derecho, su amigo y quizás algo más, aunque Saga jamás se había atrevido a hondar más allá de los extraños sentimientos que le provocaba tener al rubio a su lado.

El aludido solo se encogió de hombros. —Hay que hacer el sumario mensual, alguien debe quedarse y supervisar que lo hagan bien.

—Ya veo…

—Te ves raro, ¿pasó algo?

—Nada serio en realidad —el semblante de Saga de suavizó, no quería dar preocupaciones a Shaka.

—¿De verdad?, solo ideas que pasan por mi mente.

—¿Más problemas con tu hermano?¿Quizás otra venganza?

Saga sonrió, había olvidado que esa era una de sus tareas pendientes, después de que pasará el problema de Milo se encargaría de darle a esos dos lo que se merecían.

—Eso más bien es una tarea pendiente, así que si se te ocurre algo, no olvides hacérmelo saber.

Shaka solo negó, desde que tenía memoria los gemelos solían pelearse y siempre estaban pensando en la manera de cobrárselas el uno al otro, aunque debía admitir que él también se había involucrado mencionándole algunas ideas a Saga, sin embargo no era su culpa, el solo daba la sugerencia, si el gemelo mayor las colocaba en práctica ya era otro tema.

—Si se me ocurre algo te avisaré

—Hazlo, tus ideas siempre son las más útiles —comentó maquiavélicamente Saga mientras pensaba en todas las veces que hizo pagar a su hermano.

—Si es así debería empezar a cobrarte por cada una de ellas.

—Si así fuera estaría en la ruina ahora —comentó divertido el gemelo mayor.

—Lo sé, no puedes hacer nada sin mí —en está ocasión Shaka esbozó una pequeña sonrisa.

—Presumido —Saga miró con diversión a su acompañante, siempre intentaba sacarlo de sus casillas, a su parecer Shaka era demasiado sereno, variar un poco de expresión no le haría daño, pero por sobre todo le encantaba ver cada facción diferente plasmada en su rostro, como la pequeña sonrisa anterior que le hubo dedicado.

—Si no tienes nada más que decir me retiro —Shaka se dio medio vuelta y se marchó, cuando a Saga le daba por colmarle la paciencia lo mejor era colocar algo de distancia, por lo general no respondía a las provocaciones del griego, de ahí que lo molestara tan seguido, pero había habido al menos dos ocasiones donde había perdido la compostura, y eso solo había servido para sacar la risa del gemelo.

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—Mu todavía no llega —Milo estaba dando vueltas por su habitación con Camus sentado en su cama, habían pasado dos horas desde que llegaron, ya incluso se habían servido el almuerzo, y nada que el tibetano aparezca.

—Milo él también debe estar ocupado.

—Pero por ultimo pudo haber llamado.

Camus rodó los ojos. —¿No crees que eres muy dependiente de Mu para resolver tus problemas?

Milo parpadeó y analizó las palabras de Camus, que si bien no lo ofendieron si lo hicieron pensar. Mu había llegado a Grecia desde hacía un año y medio, pero desde que se conocieron se habían hecho inseparables, desde ese entonces Mu había sido al primero que acudía cuando tenía algún problema, por lo que era normal que recurriese a su presencia en esos momentos; además por algún misterio que Milo todavía no conseguía resolver Mu siempre tenía una solución al alcance de su mano.

—Es que Mu siempre ha estado conmigo desde que lo conozco y él siempre ha logrado resolver todos los problemas donde me meto.

Camus suspiró, la amistad entre Milo y Mu era fuerte, a decir verdad la unión que tenían ambos le causaba un poco de envidia y celos.

—Supongo que es normal al ser amigos —susurró Camus con la mirada perdida.

Milo frunció el ceño ante la expresión de su novio. —¿A qué viene esa cara Camus?

—No es nada Milo —Camus quiso cambiar su cara, pero todavía seguía pensando en Mu y Milo.

Rápidamente el heleno repasó la conversación y cayó en el motivo de la expresión del galo.

—¿Tienes celos de Mu Cam?

El aludido se sobresaltó y desvió la mirada negando con la cabeza.

—Cam… —Milo se aproximó al francés, tomó su barbilla y lo miró directo a los ojos—. Mu y yo solo nos queremos como amigos, casi como hermanos, él único que ocupa mi corazón eres tú.

Camus sonrió ante la declaración del griego, sabía todo lo que sentía por él, pero escucharlo de sus labios de vez en cuando no hacia mal.

—Lo sé Milo, es solo que siento algo de envidia de la tan buena relación que llevan.

—Nosotros dos con el tiempo seremos iguales, incluso nos conoceremos más el uno al otro, solo queda esperar, debemos tener paciencia.

Camus asintió con tranquilidad. Se sentía mejor después de eso, Milo sabía cómo calmarlo. Entre el alivio y la cercanía del heleno Camus le robó un beso a Milo, pasando sus brazos sobre el cuello del griego; entre la sorpresa y la acción de devolver la caricia Milo tropezó y cayó sobre Camus, pero eso no evitó que siguieran acariciándose con suaves toques sus labios. Pasó un rato antes de que se separan, al final ambos se sonrieron.

Más todo grato ambiente había sido interrumpido por un fuerte golpe dado por la puerta de la habitación de Milo, ambos jóvenes agitados por la interrupción se separaron levemente.

—Con razón no abrías la puerta —Milo se volteó al escuchar lo voz de su padre que lo observaba con mirada burlona.

—¡Eres un bruto! —exclamó rápidamente Milo más que molesto, la bendita costumbre que tenía su padre de importunar en los peores momentos—. Podías haber tocado.

—Lo hice —afirmó Kardia—, pero tú… —el griego mayor alzó sus cejas insinuantemente por la comprometedora posición de Milo y Camus—, no escuchaste.

Milo se separó raudo de Camus para que pudiera incorporarse, sus mejillas estaban sonrojadas por la insinuación, con su padre presente no podía tener ni un minuto de intimidad.

—Como sea —Milo quiso desviar el tema de conversación—, ¿Qué diantres quieres para venir a molestarnos?

—Más respeto jovencito soy tu padre.

—Cuando te conviene te haces el serio —refutó Milo ya cabreado.

—Qué hijo sin más respeto, yo que te vengo a avisar que Mu y Kanon llegaron, y tú me tratas de esa forma.

—No hagas dramas padre —Milo se incorporó levantándose de la cama—. Al fin llegó el desaparecido —terminó de comentar el heleno menor, pensando en que pudo haberlo retrasado.

Camus imitó la acción de Milo y se colocó de pie junto a él.

—Solo vayan a la sala.

—Pareces un poco fastidiado —comentó Milo observando con mayor atención a Kardia—. No habrás hecho otra de las tuyas con el papá de Camus ¿cierto?

Kardia dio un respingo y desvió la vista.

—Por supuesto que no…

—Mejor será no preguntar —Milo suspiró—. Mamá ya se encargará de ti.

—Yo no tuve la culpa —Kardia quiso excusarse, pero Milo hizo oídos sordos.

—No quiero saber —Milo ignorando completamente a su padre tomó a Camus de la mano y lo arrastró consigo sacándolo de la habitación.

—Tonto Milo… —Kardia refunfuñando miró a su hijo salir. La causa de su molestia era por el regaño de su mujer. Sin embargo quizás se lo merecía, pero todo había sido un accidente por un pequeño olvido. Y el más afectado por eso resultó ser el galo mayor, aunque debía admitir que su apariencia le había parecido en sumo graciosa.


Hola nuevamente, bien ya queda poco para que este fic acabe no más de tres capítulos.

Solo un aviso, estaré actualizando una vez a la semana entre el día sabado Viernes y Sabado.

Saludos y gracias por seguir leyendo y tenerme paciencia :).