Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki.
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Chapter 10: Hermanos.
Mientras esperaba a la, nunca diría esto en voz alta, deliciosa comida de Taiga, Claire seguía preguntándose cómo el pelirrojo con ojos bicolores y el castaño de mirada gatuna habían desaparecido de manera tan rápida. Es decir, en cuanto se giró después de haber oído la voz de su mejor amigo, la extraña pareja ya no se encontraba a la puerta de Seirin. ¿Acaso esos dos llevaban una relación en secreto?
Y, con ese pensamiento en mente, las mejillas de la pervertida presidenta se tornaron rojas, creyéndose demasiado importante por a lo mejor ser la única que los había visto en esa faceta.
-¡Claire, a comer! –cuando esta se levantó del sofá, la mesa ya estaba puesta-. Los favores que me debes se van sumando –dijo su mejor amigo al tiempo que se sentaba justo en frente de ella-. Y dime, ¿qué te ocurre?
-¿Eh…? –tragó cual pavo lo que tenía en la boca-. ¿A qué te refieres?
-Estás… rara.
-No lo estoy.
-Sí lo estás.
-No lo estoy.
-Sí lo estás.
-No lo estoy.
-No lo estás.
-Sí lo estoy.
-¡Te lo dije! –Kagami sonrió por su victoria-. Cuéntame, ¿es por ese senpai tuyo? –la cara de Claire se tornó roja de inmediato-. ¡O sea que sí! Vamos, vamos, tu hermanito quiere saberlo.
-Solo porque Tatsuya y tú estéis enfadados no tienes que usarme como tu suplente de la palabra "hermano".
No se dio cuenta de lo que dijo hasta que levantó de nuevo la vista.
Debería haber medido sus palabras. Oh, por supuesto que debería haberlas medido, porque si lo hubiera hecho, no habría visto ese gesto en la cara de su mejor amigo. La sonrisa triunfante desapareció más rápida que una bala recién disparada, dando paso a una boca recta e inexpresiva. Esa cara alegre que casi siempre mostraba con ella, ya no estaba ahí. Y, de repente, le pareció estar con otra persona que no era Taiga. Sí Claire, sí deberías haber medido tus palabras.
Él siguió comiendo, como si no hubiera oído esas palabras, pero todo el apetito de ella se fue al traste.
-N-no quise decir eso Taiga, yo solo…
-No importa, la verdad es que tienes razón.
-E-eh…
-No eres mi hermana, no tienes por qué contarme tus problemas –Kagami se levantó con el plato ya vacío-. Ni yo tengo por qué preocuparme.
-Taiga…
El pelirrojo limpió todo lo que había ensuciado al preparar la comida y en ningún momento levantó la mirada hacia Claire, que lo miraba desde la mesa sin saber qué decir. Los minutos pasaban eternamente lentos hasta que toda la cocina quedó impecable, entonces llegó el momento de que él se fuera.
-T-Taiga espera… Por favor…
Que hablara con esa voz temblorosa todo lo que quisiera; era obvio que no se iba a despedir. Es decir, ¿acaso esa mocosa se merecía si quiera oír su voz en ese momento? Él, que venía sin rechistar -algunas veces- a prepararle la comida, que la cuidaba cuando estaba enferma, que la limpiaba la casa, que la trataba como… A una hermana. Y así se lo pagaba.
¿Y qué si Tatsuya ya no era su hermano? ¿Y qué si nada volvía a ser como antes? ¿Y qué si ahora eran simples rivales? Ella no tenía que habérselo echado en cara…
Esa idiota, ¿acaso había pensado sus palabras antes de hablar alguna vez? Tan irrespetuosa… ¿Enserio alguien como ella podía llegar a ser presidenta del Consejo Estudiantil? Si seguro que en cuanto se le juntaran más de dos problemas se pondría a llorar. Ella era así.
De repente, y sin haberse dado cuenta de que llevaba bastante tiempo caminando por la calle, Kagami paró en seco.
-Seguro que ahora está llorando… -este llevó la vista al cielo y no pudo evitar el chascar su lengua-. Sí, estará llorando como una niña pequeña…
10.1
Era extraño que la madre de Atsushi lo llamara para ese tipo de recados. De hecho, ya era extraño el simple hecho de que lo llamara, así que suponía que no tenía otra opción que pedirle ir a él a por unas medicinas para su amigo. Y tampoco era como que le costara o algo así ya que, no solo mañana no tenían clase, sino que las fiestas de Navidad estaban por llegar y eso hacía reducir los deberes mandados. Pero le resultó bastante raro el no haber notado esa misma mañana que Atsushi estuviera tan mal, de hecho, nunca notaba cuándo estaba enfermo y cuando no; a diferencia de otros síntomas.
Quizás a parte de la asquerosa medicina que le había pedido la señora Murasakibara, podría comprarle algún que otro dulce para alegrarle el día. Porque no, no había notado que estaba enfermo esa mañana, pero sí que se había dado cuenta de otras muchas cosas: como el andar tan distraído hasta el punto de chocarse contra las puertas de clase, como el no decir "presente" cuando el profesor pasó lista hasta que le repitió mil veces su nombre, como ni si quiera comprarse esa comida basura de las máquinas a la hora del almuerzo… Y demasiadas cosas más.
Su mejor amigo era una persona que se pasaba la mayor parte del tiempo metido en su mundo, pero no llegaba a tal punto.
*Flashback*
-¿Por qué me molesta que a Claichin le guste Fuchin…?
Solo había visto llorar a su mejor amigo una vez, y estaba seguro de que esta no iba a ser la segunda, porque se veía demasiado irritado como para empezar un llanto. Así que, antes de que el quedarse callado diera pase a más dudas, dijo lo primero que se le ocurrió.
-¡N-no estás seguro de que le guste Fukui-senpai!
-¿Pero tú sí, no? Murochin no lo negó cuando se lo pregunté –aunque Himuro iba a responder, el grandullón no le dejó-. Es cierto que tampoco lo confirmaste, sin embargo, por muy despistado que parezca, sé cuando Murochin esconde algo. Así que dime, ¿le gusta, cierto? –los ojos de Murasakibara estaban más apagados que de costumbre.
-Sí, a Kaichou le gusta Fukui.
Y esperó su reacción. Y esperó. Y esperó. Y esperó. Y siguió esperando porque estaba casi seguro de que su mejor amigo diría algo. Pero estuvo tan equivocado como cuando estaba casi seguro de que ganarían contra Seirin.
Murasakibara se mantuvo inerte unos segundos, lo suficiente para que Himuro se odiara a sí mismo. Se sintió tan culpable en ese corto espacio de tiempo que hubiera deseado no haber sabido nada del asunto, mantenerse al margen de los secreto como siempre hacía; porque fue un gran error oír la confesión de Claire.
Sacándole de sus pensamientos negativos hacia su persona, Himuro vio como Murasakibara empezaba a andar de nuevo y, sin comprender esa reacción, lo paró en seco colocándose justo delante de él lo más rápido que pudo. Y la sorpresa no tardó en llegarle al cuerpo porque se esperaba ver una mirada triste y cabizbaja como la de apenas unos segundos, sin embargo su mejor amigo había "vuelto a la normalidad". Con ese imborrable gesto en los ojos de indiferencia.
-Atsushi… ¿Te encuentras bien? –el que sus ojos se conectaran hizo darle un pequeño traspié-. Sabes que puedes contarme…
-¿Ah…? Estoy bien, Murochin. Tal vez deberíamos pasar por la tienda de 24h antes de ir a casa, tengo mucha hambre –Murasakibara siguió su camino dejando a Himuro unos pasos atrás-. Si como una bolsa de patatas no creo que pueda cenar, así que mejor me compraré tres barritas… O quizás una tarrina de nerunerunerune o…
El grandullón siguió hablando de comida durante todo el camino, incluso mientras ya la tenía entre las manos, seguía discutiendo consigo mismo sobre si lo que había comprado fue lo correcto. E Himuro descubrió una nueva cosa de su mejor amigo: ocultaba sus pensamientos amargos en grandes cantidades de dulce comida.
*Fin flashback*
Tatsuya no sabía en qué momento, mientras estaba perdido en sus pensamientos, había acabado pasándose la farmacia y llegado a la calle en donde vivía Claire. Lo único que hizo fue mirar las escaleras que llegaban a su puerta; estaba tan decepcionado consigo mismo que ni si quiera se atrevía a sorprenderse de haber llegado hasta allá.
Suspiró.
Si tan solo no supiera que a Claire le gustaba Fukui-senpai…
Y entonces, la idea de que Claire le acompaña a la casa de Atsushi no le pareció tan mala.
...Hasta que se encontró llamando a su puerta. ¿Qué le iba a decir? ¿Algo como "hola Kaichou, vamos a ver a Atsushi que está enfermo"? ¿Es que acaso tenían tanta relación para ello? Él nunca había actuado por instituto, y ahora que lo hizo, se arrepintió tanto que estuvo a punto de salir de ahí corriendo, dejando la llamada como una jugarreta de algún niño pequeño.
Pero la puerta se abrió.
-Kon'nichiwa Kaichou, yo solo… -cuando una escusa iba a salir de su boca, vio como la pequeña chica cada vez estaba más cerca de su pecho-. ¿K-kaichou…? –y justo apoyó la cara contra él, apretando el agarre de sus manos en su chaqueta.
-Yo… Soy… Tan estúpida.
Cuando Himuro notó el llanto silencioso de la pequeña chica, sin comprender la situación, la apretó contra sí en un abrazo que había sido únicamente impulsivo; como un pequeño reflejo de acto de protección.
-Claire…
Esa situación no podría haber sido tan grave, si al amigo de la infancia que tenían en común y que recientemente había discutido con la presidenta de Yosen no se hubiera girado para ir a pedirla disculpas. Y que tampoco hubiera visto esa escena, pensando una idea muy equivocada a lo que realmente pasaba, que lo hizo girarse de nuevo sin interrumpir eso que le puso de nuevo de tan malhumor.
10.2
-At-chan… -cuando su madre entró en su habitación tuvo que dejar de sorber el plato de sopa y prestarle atención-. Himuro-kun y una amiga tuya han venido a verte.
La señora Murasakibara salió del cuarto, dejando paso a Himuro y Claire, que en seguida localizaron a su gigante amigo incorporado en la cama, con una toalla húmeda en la frente y sujetando un bol de sopa que, probablemente, estuviera a punto de terminar. Y cuando este los miró a ellos, el gesto de indiferencia en sus ojos no cambió.
-Oh… Claichin, hola.
-Hola, At-chan –dijo con burla.
Murasakibara frunció el ceño. Solo en su casa lo llamaban así y que esa pequeña y molesta chica lo hubiera descubierto no traía nada bueno. Sin embargo, la ignoró al ver a su mejor amigo dejando una bolsa de plástico fácilmente reconocible del 24h sobre su regazo.
-Yo también estoy aquí, Atsushi –siguió Himuro, sacando las cosas compradas de la bolsa-. Te he traído todo esto, para ver si mejoras.
Al gigante se le iluminaron los ojos.
-Muchas gracias, Murochin –y abrazó todos esos snacks, pero entonces vio algo que no parecía ser comprado-. ¿Hm…? Estos son… ¿Mochis?
-Oh, esos son de parte de Kaichou –dijo como si nada.
Pero el que Murasakibara la mirara de esa forma tan sorprendido y, posiblemente, con un dejo de agradecimiento, hizo a Claire un poquito feliz.
-Son caseros –añadió ella-. Así que no lo desperdicies, At-chan.
Lo que ella no sabía, y seguramente él tampoco comprendía mucho, era la alegría que esos dulces caseros habían producido en el grandullón. Entonces se llevó uno a la boca y lo saboreó lentamente, bajo los expectantes ojos de la presidenta.
-¡Están buenos!
-¿Y por qué lo dices como si fuera extraño? –gruñó Claire.
Y los tres se echaron a reír.
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¡Nos leemos, bye!
