Declaimer:Los personajes pertenecen a las grandiosas Stephanie Meyer y L.J. Smith. Solo la trama es mía.
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~Después de ti hay mucho~
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_-10-_
Nuevo lugar, nuevos problemas
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Se sentía el calor en el aire. Bella tuvo que admitir que el haberse fugado con Damon tenía sus cosas positivas. Frunció el seño y sus dedos tocaron la piel de su garganta completamente lisa y suave. Suspiró. También tenía sus cosas negativas, claro. Bella jamás hubiera imaginado que Damon la llevaría a una casa abandonada o a una cueva o a algún lugar así de escalofriante. Pero nunca se imaginó aquello.
Se rió de sí misma.
Eso era lo que había pensado la primera vez que había ido a la casa de ellos. De sus ojos, descubrió con sorpresa, no salió lágrima alguna. ¿Se le habrían acabado ya?
Se recostó sobre el tronco del árbol y dobló las rodillas de manera que pudo apoyar el libro abierto en el regazo. Masacre en la Oscuridad había resultado ser un buen libro, interesante y algo realista a pesar de su trama y personajes. Se enfrascó tanto en sus hojas que ni siquiera sintió el paso de las horas o los minutos, su atención sólo fue interrumpida cuando un auto frenó en la curva de la casa. Bella levantó la vista y sonrió cuando vio a las tres muchachas que se dirigían hacia ella.
La primera era solo un poco más alta que ella, tenía el cabello marrón, lacio y largo hasta la mitad de la espalda y su piel poseía el bronceado normal para una persona que no vivía en un pueblo en el que caían gotas como agujas todos los días. Su vestimenta era simple; una blusa violeta y jeans azules.
A su derecha se encontraba la más bajita de las tres; su tez olivácea y su cabello era oscuro ondulado suavemente hacían un bello contraste con la blusa amarilla que llevaba puesta.
La que se encontraba en el otro lado de la castaña era rubia, de tez tan pálida como la de Stefan y Damon. Su cabello dorado resplandecía con la luz del sol y su piel se parecía al alabastro.
Bonnie, Elena y Caroline. Las tres se acercaron a Bella a paso calmo.
—Hola, Bella —Bonnie sonrió amigablemente y se dejó caer suavemente de rodillas a su lado. Caroline y Elena la imitaron, ambas brindándole a Bella una sonrisa de igual manera.
Les devolvió la sonrisa y el saludo.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó, curiosa.
—Periodo libre —explicó Elena con un encogimiento de hombros—. Y en vez de quedarnos para cumplir horario, preferimos pasar por aquí para hacerte un poco de compañía.
Claro que eso no era lo que Elena había querido decir. El mensaje había sido: queremos asegurarnos de que Damon no te haya hecho nada malo. Bella lo aceptaba, de hecho, se sentía agradecida de que aquellas muchachas que apenas la habían conocido hacía solo dos días estuvieran preocupadas por su bienestar.
—Estoy estupenda —respondió con una pequeña sonrisa. Cerró el libro que se hallaba en su regazo y lo dejó a un lado—. Solo disfrutaba de un poco de aire fresco —como para dar énfasis a sus palabras respiró profúndame hasta llenar sus pulmones del aire cálido que llenaba la tranquila tarde. Exhaló y se acomodó un mechón de su cabello detrás del oído.
—Ya veo —rió Caroline—. El sol te sienta bien.
—Sí —apostilló Bonnie—. Estabas demasiado pálida.
—Lo sé.
Caroline sonrió, pero no de una forma intimidante.
—¿Qué hacías? —preguntó Elena mientras se ponía de espaldas en el suelo. Reposó un brazo sobre sus ojos para que el sol no le diera directamente en el rostro.
—Sólo leyendo un poco. Hacía mucho que no disfrutaba de un buen libro.
—No entiendo cómo la gente puede pasarse su tiempo libre leyendo —comentó Caroline de sopetón. Bonnie puso los ojos en blanco.
—¿Estás escuchándote, Caroline?
—¿Qué?
—Leer es uno de los mejores hábitos —opinó Bonnie—. Hay tantos libros que me gustaría poder leer tranquilamente… pero no tengo el tiempo suficiente.
—Claro que leer está bien —dijo Caroline—. Sólo me refiero a que ahora cada libro que sale a la venta tiene su película, ¿me entiendes?
—Eso sí —aceptó Elena—. Pero sigo prefiriendo los libros; muchas películas no son fieles a los libros en los que se basan así que prefiero que la historia quede en mi cabeza tal cual estaba en el libro.
Bella rió quedamente.
–Estoy completamente de acuerdo —hubo un momento de agradable silencio hasta que Bella preguntó—: ¿Dónde se encuentra Stefan?
Elena suspiró.
—Según lo último que me dijo estaba con Damon.
—¿Sucedió algo? —quiso saber Bonnie.
—No que yo sepa —Elena se sentó nuevamente de cara a las muchachas—. Stefan sólo quería hablar con él. Intentar descubrir qué es lo que quiere.
—¿Por qué no confían en Damon?—preguntó Bella a las tres muchachas—. Él está aquí, ¿no? de su lado.
Hubo un momento de silencio, en el cual las muchachas se miraron las unas a las otras en busca de una explicación que satisficiera la curiosidad de la nueva muchacha.
—Bella —comenzó Elena—, si bien conocemos a Damon un poco más que tú, y digo poco porque a pesar de los meses que llevamos tratando con él creo que uno nunca conoce a Damon lo suficiente como para estar seguro, no nos fiamos. Él tiene sus propios pensamientos y sus propias maneras de actuar, lo que a veces nos deja parados en situaciones… peligrosas.
Bella asintió levemente. Si bien no conocía a Damon lo suficiente, podía darse cuenta de su actitud algo impulsiva.
—¿Cuántos años tienes, Bella? —preguntó Caroline.
—Dieciocho.
—¿Has acabado el Instituto? —quiso saber Bonnie.
—No, estaba por terminarlo. Sólo que surgieron algunos problemas, ya saben —contestó Bella.
—¿Por qué no lo terminas aquí? —cuestionó Elena. Bella se le quedó mirando como si le hubiera pedido que se desnudara y bailara alrededor del árbol mientras cantaba en coreano. ¿Acaso lo preguntaba en serio? ¿terminar el Instituto? Frunció el seño. ¿Por qué no? Podría intentar llevar una vida normal mientras estuviera allí en Mystic Falls. Quizás, algún día, Victoria se detendría en su vendetta… ¿a quién engañaba? Victoria nunca se detendría, jamás. Bella solo estaría tranquila cuando Victoria dejara de existir y quizás para aquel entonces Bella fuera una anciana… o quizás habría muerto hacía mucho tiempo atrás.
Levantó la vista y encontró a las muchachas observándola con expresiones pensativas. Cabía decir que ninguno de ellos sabía nada de Bella a no ser detalles sin importancia como que provenía de Phoenix y que adoraba a su madre. Bella no había tenido la fuerza ni la confianza necesaria para hablar de Forks ni de lo que había sucedido con los Cullen, y mucho menos sobre qué eran los Cullen ni qué papel jugaban en su miserable vida. Por otro lado, Bella tampoco sabía mucho sobre lo que sucedía en Mystic Falls; sólo sabía que habían vampiros. Como Caroline enfrente de ella, que podían salir a la luz del sol y no sabía nada más… no se había animado a preguntar porque quizás los demás la tomarían como alguien peligrosa. Y Damon no había estado en aquellos dos días en los que Bella había interactuado con algunas personas —Bonnie, Elena, Caroline y un poco con Stefan—, sino que había desaparecido.
—No creo que vaya a pasar, Elena —respondió lentamente.
—Oh —Caroline inclinó su cabeza como si le estuvieran susurrando al oído, sólo que nadie había a su lado—. Stefan ha llegado… y también Damon —hizo una mueca.
Todas se volvieron a observar a Bella.
—¿Qué? —cuestionó ella en respuesta a sus miradas—. No sucede nada, de verdad —les aseguró.
—Bien.
Las cuatro muchachas se pusieron de pie y comenzaron a encaminarse hacia el interior de la casa.
—Iré a dejar esto al cuarto —hizo un amago con la en la que tenía el libro y las demás asintieron. Bella se dirigió hacia las escaleras. El cuarto de Damon —en el que se había instalado— era bastante espacioso. Una cama de mármol pulida se encontraba mirando hacia la puerta de la entrada, los cobertores eran negros aunque las fundas de los almohadones blancas. Había un closet en la pared derecha llena de prendas negras u de otros colores oscuros. Bella se había atrevido a incluir algo de su ropa en un rincón el closet, no muy segura de qué hacer pero Damon había dicho que compartirían la habitación. Y siendo completamente honesta, la muchacha le temía.
Una cómoda grande y marrón con un gran espejo estaba de pie en el lado izquierdo de la habitación y en el suelo que precedía a la cama se alojaba una alfombra basta de color beige. Todo era de aspecto sobrio, elegante e inconfundiblemente de Damon. En la pared izquierda había otra puerta de roble que llevaba al baño grande y lujoso, con tina y todo lo que alguien muy estresado pudiera necesitar.
Suspiró. Damon. ¿Qué iba a suceder con ella? No podía depender toda la vida de él; algún día tendría que seguir su propio camino.
Cuando bajó nuevamente a la sala pudo ver a Stefan y Elena sentados en el sofá; ella se apoyaba en su hombro y él le pasaba el brazo por los de ella. Había tanto amor en la mirada de él que Bella no pudo evitar sentir un rápido pinchazo de envidia…
—Veo que ya se han estado conociendo —la deliciosa voz de Damon vino desde atrás de ella y Bella se volvió. Allí estaba él, sus ojos azules brillaban y su cabello parecía más oscuro que de costumbre por las sombras de la casa. Damon sonrió—. Bien, así no debo preocuparme por si aquí Barbie te quiere para ser su cena —comentó al pasar dirigiéndose hacia su preciado whisky.
Caroline bufó.
—Creo que debería temerte más a ti que a mí.
—Muy cierto —aceptó Damon a la vez que se servía el alcohol en un vaso de vidrio, ancho y bajo. Stefan, que hasta ese momento había estado muy absorto en su novia, se volvió para observar a su hermano mayor.
—Buenas tardes, Damon —lo saludó educadamente Bella.
—¿No le dirás, Damon? —preguntó Stefan. Elena, a su lado, frunció el seño.
—¿Decirle qué a quién?
—No seas impaciente, Elena —Damon tomó un sorbo de su bebida.
—Damon.
El aludido suspiró teatralmente pero se volvió hacia Bella.
—¿Quieres terminar el Instituto? —preguntó. Las cejas de Bella se elevaron, dejando ver una expresión sorprendida.
—Hmm… sí, claro que sí.
Damon se volvió a su hermano—. Tienes tu respuesta.
Las cuatro muchachas fruncieron el seño sin entender nada. Stefan, apiadándose de ellas, comenzó a explicar:
—He escuchado que estabas en el último año de Instituto, Bella —sonrió él amablemente—. Así que creo que deberías terminarlo.
—Eso es fantástico —sonrió Caroline—. Seremos compañeras —luego hizo una mueca—. Aunque creo que no porque estás un año avanzada.
—Aún así podemos vernos en los recesos —opinó Bonnie, hablando por vez primera.
Stefan, Bonnie, Elena y Caroline comenzaron a hablar entre ellos pero Bella no pudo evitar concentrar su atención en el vampiro que bebía whisky mientras miraba a Elena sonreírle a Stefan. Sintió lástima por Damon. Quizás era porque intuía que él no era lo que aparentaba ser… o porque cuando sus ojos se posaron en Elena, reconoció algo del brillo que podía ver en los de Stefan, solo que éste no era correspondido como el otro.
¿Qué era lo que planeaba? ¿por qué no la había asesinado aún? ¿por qué ofrecerle la oportunidad de terminar el Instituto?
Pero en el momento que Damon se encontró con sus ojos, Bella todo lo que pudo ver en sus pupilas fueron aquellas mismas preguntas. Como si él no supiera, tampoco, el por qué de sus acciones.
Una aclaración de garganta hizo que Bella saliera de sus pensamientos.
Damon rompió la conexión visual y se dirigió para sentarse, muy cómodamente, sobre el único sofá de un cuerpo que estaba desocupado.
—¿Me hablabas, Stefan? —preguntó Bella mientras se acomodaba el cabello, seguramente demostrando así su nerviosismo.
—Decía que tienes que darme el nombre de tu anterior Instituto. Quiero hacer todo el papeleo lo más rápido posible para que no pierdas mucho tiempo de clases.
—Oh, sí, se llama…
—Instituto de Forks —anunció Damon y luego la miró con una de esas sonrisas que ella había descrito como para que se te debilitaran las piernas. Casi sucedió. Casi—. En verdad no se esmeraron mucho con el nombre, debo decir.
Bella soltó una corta y pequeña carcajada
—Debo admitir que tienes razón —le devolvió la sonrisa a la vez que apoyaba la cintura en el respaldo del sillón grande.
—Tengo que cambiarme —dijo Elena, quien tomó su bolso y con una sonrisa para todos se dirigió hacia la planta superior.
—Y… ¿cómo sucedió esto? —preguntó Bonnie, las finas cejas enarcadas en dirección a Stefan.
—Tuvimos una conversación, Damon y yo —el aludido lo interrumpió con un bufido—. Y decidimos que Bella terminaría el Instituto aquí. Si tú querías, claro —añadió para Bella. Ella le sonrió.
—Eres muy amable, Stefan.
Damon volvió a bufar.
—Listo —exclamó Elena, quien bajaba vestida con una camiseta de manga larga verde oscuro y unos jeans negros—. Cena con Jenna —explicó sonriendo ante la mirada e Stefan.
—Hmm. Sí. Bueno, será mejor que yo también me vaya —pensó en voz alta Caroline—. No quiero que mi madre se preocupe. ¿Te doy un aventón, Bonnie? —la aludida asintió luego de lanzarle una mirada a Damon, quien le sonrió socarronamente. Luego volvió su mirada a Stefan, el cual asintió casi imperceptiblemente.
—Estoy lista —Bella se giró ante la voz de Elena. En lo alto de las escaleras vio a Elena, quien venía bajando.
—¿Qué…?
En un segundo sucedió todo. Stefan tenía aprisionada contra la pared a la primera Elena que había bajado las escaleras. La sostenía rudamente por el cuello.
—¿Qué es lo que quieres, Katherine?
Ella se rió y Bella no pudo más que mirar con grandes ojos a las dos muchachas —a Elena y la llamda Katherine— mientras daba un paso adelante. Eran exactamente iguales la una a la otra, incluso en la forma del cuerpo, el rostro y el cabello.
—Se me está haciendo muy divertido todo esto —habló la que estaba acechada por Stefan—. Muy fácil —de un solo empujón se deshizo de su agarre.
—Tendrías que estar en la tumba —vociferó Bonnie.
—¿Cómo…? —Bella no salía de su sorpresa.
—¿No les has dicho? —su mirada se dirigía a Damon.
Él solo sonrió.
—No pierdo mi tiempo con cosas —la miró de arriba a abajo—… insignificantes —finalizó.
—¿Cómo te has salido, Katherine? —inquirió Bonnie, sus ojos llameaban.
—Plan de Damon —informó Katherine. Bonnie se volvió hacia Damon con una mirada furibunda mientras Elena exclamaba de enojo—. No se enojen con él; no sabía que lo hacía —su mirada se dirigió a Stefan. Le sonrió.
—Katherine —empezó Caroline pero fue interrumpida por Elena.
—¿Qué es lo que quieres?
—¿Dónde está la educación hoy en día? —inquirió Katherine— ¿no me invitarán a sentar o a tomar algo…?
—¿Qué demonios quieres, Katherine? —ése fue Stefan. Katherine sonrió aún más y con mucha confianza tomó asiento.
—¿No van a presentármela? —sus ojos inspeccionaron a Bella—. Sólo es humana. ¿Acaso no necesitan personas más fuertes?
—Te han preguntado qué quieres —masculló Caroline. En menos de un segundo Katherine había desaparecido ante los ojos de Bella y éste, siguiendo el sonido entrecortado de Caroline, se volvió. La que ahora Bella sabía que era una vampiresa había tomado la misma pose que Stefan anteriormente pero con la única diferencia era de que Caroline había tomado el lugar de apresada.
—¡Suéltala! —exclamó Stefan, abalanzándose hacia ella.
Con la mano libre que tenía Katherine, ésta empujó a Stefan con tanta fuerza que él aterrizó de espaldas en el otro lado del salón, sobre una mesilla, rompiéndola.
—¡Stefan!—chillaron Elena, Bonnie y Bella juntas.
Se levantó con un poco de dificultad. Bella se volvió hacia Damon para saber qué estaba haciendo éste como para impedirle ayudar a su hermano, pero lo encontró en el mismo lugar que antes, con el vaso de bebida —en algún momento tuvo que haberse servido más whisky— en la mano. Sus ojos eran espectadores de todo pero no había emoción en su mirada.
—No te olvides con quien estás hablando, rubiecita —casi escupió Katherine a Caroline. Bella observó, horrorizada, como las venas de alrededor de los ojos comenzaban a notarse, y los colmillos salían de su escondite en una sonrisa siniestra—. Yo fui quien te convirtió en un vampiro y si así lo deseo pues dejar de serlo —un segundo después la escena cambiaba nuevamente. Caroline se encontraba en el suelo, jadeando en busca de aire. Katherine se había estrellado contra otra mesilla pero rápida y ágilmente se levantó, haciéndole acordar a Bella cuando un gato se ponía sobre sus patas.
Y en el lugar en el que había estado ésta última se encontraba Damon, alto y oscuro.
—¿Pensaba que estabas en deuda conmigo?
—Sí —afirmó Katherine, acomodándose el cabello—. Pero no voy a permitir que me falten el respeto.
—Respeto no mereces hace tiempo. Sólo lárgate.
—Quiero ayudar.
—Lo siento. Creo que escuché mal —ironizó él.
Katherine le clavó la mirada con expresión aburrida.
—Todos tenemos un único objetivo: matar a Klaus —miró a cada uno en la sala, excepto a la nueva humana—. Yo sé muchas cosas que ustedes no —una de las comisuras de sus labios se elevó.
—No confío en ti —replicó Elena que prácticamente temblaba de la rabia.
—Lo sé, Elena quería. Lo sé —aquella sí fue una sonrisa a toda regla—. Pero sin mi están perdidos, dando palos de ciego.
Sonó un móvil y Elena sacó el suyo, observando la pantalla.
—Jenna está esperándome —suspiró.
—Ve, Elena—aconsejó Stefan. Luego miró a Caroline y Bonnie con una expresión más relajada—Vayan. Mañana hablaremos.
—Pero —Bonnie se interrumpió y miró a Bella. En su mirada se notaba un deje de temor. La observada atinó a sonreírle, aunque sea diminutamente.
Ninguna de ellas quería irse, mucho menos Elena. Miraba a Katherine todo el tiempo y ésta le sonreía.
—No se preocupen. Damon y yo controlaremos todo.
Tensas, las tres se marcharon lentamente y con pasos pesados.
—Saluda a Jenna de mi parte —canturreó Katherine—. Soy Katherine, seguramente te habrán hablado de mi.
Bella casi brincó cuando la vio frente a ella.
—No —contestó en voz baja—. No había escuchado hablar de ti.
—¡Qué raro! me he vuelto muy famosa —miró a su alrededor—. Sobre todo aquí.
Le tendió la mano.
—Katherine —se presentó.
Bella cruzó las manos sobre su pecho en un patético intento de no darle la mano.
—Isabella —murmuró.
Ella dejó caer la mano.
—Entonces, ¿cuál es mi habitación? —preguntó a todos y a nadie en particular. Stefan y Damon la miraron fijamente. Ella suspiró, rodando los ojos—. ¡Oh, vamos! No los traicionaré. Como dije, todos tenemos un mismo objetivo.
Damon sonrió.
—Me engañas una vez; es mi culpa. Me engañas dos veces; es mi culpa. Me engañas tres veces —la miró y un brillo sádico se apoderó de sus ojos —; terminas como barbacoa.
Bella no pudo evitar estremecerse ante la promesa de su voz.
—¡Que genio! —masculló la amenazada, sin inmutarse, mientras él subía lentamente las escaleras.
Bella cerró los ojos por un momento y cuando volvió a abrirlos no se encontraba completamente sola en la sala.
—¿Quieres hablar? —preguntó Stefan.
Suspiró. ¿En qué se había metido?
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¿Qué haría? tenía hambre pero en aquellos momentos no podía pensar en comida, así que se limitó a subir las escaleras, siguiendo la estela de Damon… y se detuvo. Damon había vuelto, lo que quería decir que estaba ocupando su dormitorio, por ende, ¿tendría que dormir con él? se ruborizó en el acto pero siguió subiendo las escaleras, sus nervios se habían puesto de puntas. Cuando estuvo frente a la puerta del dormitorio, la abrió, echando una miradita adentro. Damon no estaba a la vista. ¿Se habría ido nuevamente? quizás, sí. A Bella le pareció muy posible.
Suspiró de alivio y caminó hacia el closet. Sacó el pantalón de chándal y la blusa agujereada que usaba para dormir y se dispuso a cambiarse. Luego destendió el acolchado de la cama y se metió en ella. Las explicaciones de Stefan —rayando en lo enloquecedoramente sobrenatural— aún rondaban por su mente, buscando más huecos en dónde estrellarse, pero en cuanto su cabeza tocó la almohada, el sueño reclamó su conciencia.
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Hacia frio.
Se frotó los brazos para poder entrar en calor y bajó la vista para encontrar una explicación al por qué sentía tanto frío. Entonces descubrió que solo llevaba puesto un camisón que le llegaba a medio muslo al que sólo usaba para dormir, las plantas de sus pies se enfriaban y ensuciaban más y más sobre la fría tierra. Alzó la vista hacia arriba y pudo ver la luna llena alumbrando desde el cielo oscuro a través de las ramas de los… ¿árboles? miró a su alrededor y eso era justamente lo que había: árboles.
Bien. Estaba en un bosque, vestida con solo un camisón de dormir y descalza. Simplemente genial.
Detrás suyo escuchó el ruido de una rama al crujir, lo que le recordó a las películas de terror donde en ese momento la víctima se daba vuelta lentamente para ponerle mayor suspenso a la escena. Bella se dio vuelta de inmediato para ver, a lo lejos, una silueta venir hacia ella a toda prisa en la oscuridad.
—¿Damon? —dijo el nombre de la primera persona que se le vino a la mente.
—¡Corre, Bella!
La voz era masculina pero no era la voz de Damon, sobre todo teniendo en cuenta la nota de desesperación que la teñía.
—¡Corre!
«¿Jacob?»
Finalmente él la alcanzó y la tomó del brazo, arrastrándola consigo.
—¡Vamos, Bella! —la urgió pero ella se resistía a su fuerte agarre.
—¿Qué sucede? ―preguntó― ¿qué anda mal, Jake?
—Debemos correr —ahora su voz era un murmullo.
Por encima del hombro de Jacob, Bella pudo ver que otra silueta se materializaba desde detrás del tronco de un árbol. Damon. Vestía ropas oscuras, como de costumbre.
—¿Damon?
Jacob se volvió rápidamente y estiró sus largos brazos a sus costados, como si quisiera hacer una barrera para que Damon no llegue hasta Bella. El vampiro caminó hacia ellos sin prisa, ciertamente sin reparar en el muchacho que intentaba escudar a Bella y en una magnífica imitación de la gracia de un depredador. Sonrió, mostrando sus colmillos.
En ese momento Bella se dio cuenta de que no lo estaba imitando; él era el depredador. Y Jacob y ella las presas.
—¡Damon!
Agradeció que su voz sonara clara y sin ninguna fisura. Pero Damon solo sonrió aún más.
Era consciente del calor que desprendía Jacob delante de ella cuando comenzó a retroceder, y ella con él, hasta que su espalda chocó contra algo duro y áspero. Tocándolo se dio cuenta de que era un árbol.
Su corazón comenzó a latir más deprisa, como si quisiera llamar la atención del cazador, gritarle dónde se encontraba. El muchacho enfrente de ella comenzó a temblar violentamente.
—¿Jacob?
Damon se detuvo para observar, curioso. Y de repente, Jacob gritó. No, aquella no era la verdadera descripción; él dio un alarido que le habría congelado la sangre en las venas si aquello fuera posible. Bella cayó hacia atrás debido al susto, golpeándose el lado derecho contra el tronco del árbol.
Parpadeó y de repente Jacob ya no estaba; en su lugar había un enorme lobo de color marrón.
El lobo gruñó.
Damon le gruñó de vuelta.
Y el lobo rápidamente corrió a atacar a Damon, quien a su vez, corría hacia el lobo con los colmillos a la vista y la mano derecha alzada en forma de garra. Un segundo después se escuchó el estruendo de dos cuerpos al chocar.
Bella gritó.
[N. de A]: Esto va muy lento pero alégrense con saber que si tengo un poco de suerte en unas semanas terminaré el colegio y me graduaré para entrar a la Universidad (seguiré la maravillosa carrera de Edición Literaria), lo que significa que estaré en vacaciones... y que subiré capítulos mucho más seguido.
Muchas gracias a: flexer, Nandita21unexplained, Cullen-21-gladys, chovitap, Ale Salvatore, maria014, Elizabeth Serena, CaMuChI, IsAbElA M CuLlEn, Amanda-Cullen-Salvatore, Nabiki Bucio, SoffyO'SheaHerondaleCarstairsC y Fall93 por sus Reviews en el capítulo anterior. Las adoro a todas (las que comentan y las que no) por seguirme en ésta edición.
Nos leeremos muy pronto.
XOXO
