La señora Marlow yacía en su cama, su hija menor cuidaba de ella con mucha devoción, su padre pudo impedir que se fuera cuando cruzaba el umbral de la puerta.

-¡Candy, hija!- dijo con mucha dificultad su mamá.

-¡Aquí estoy a tu lado mamita!

-¡Prométeme que no te irás!

Candy miró a su padre y él le hizo señas para que le hiciera la promesa.

-Aquí estaré contigo todo el tiempo que sea necesario hasta que te recuperes-dijo Candy para tranquilizarla.

El doctor confirmó que era angina de pecho e indicó que no le causaran más disgustos o para la próxima no podría soportarlo y seguramente le daría un infarto, Marlow amaba a su esposa y tendría más cuidado para no enfadarla o entristecerla.

Llegó la hora del almuerzo, Candy se sentó con su padre en el comedor.

-¿Ahora que haré contigo? Ya no me importan los cotilleos, mi prioridad es tu madre, pero temo que si ella escucha algo contra ti se disguste, tendremos que irnos por un tiempo, quizás logres casarte en otro lugar.

-Papá, he decidido que nunca me casaré.

-Con esto me confirmas que si te acostaste con Terrence.

-No, sólo fueron algunos besos y caricias-confesó Candy.

-Hablas como cualquier mujerzuela, pero ya no diré nada más para no alterar a tu madre, toda mujer necesita un esposo que cuide de ella, estar casada te dará honra.

Tom quien llegó en ese momento intervino- Tío, si quieres yo desposaré a Candy.

-¡Pero ustedes son primos!

-Te aseguro que todos dejaran de hablar, nadie en sus cinco sentidos se casaría con una mujer mancillada, entonces les entrará la duda si lo que dijo Anthony Brown es cierto o fueron solo calumnias.

Tom estaba enamorado de su prima desde niños, pero ella lo veía como un hermano, se portaría sumisa con tal de que su mamá no se inquietara, dejaría que decidieran su futuro sin replicar.

Terry estaba contento pues logró el rompimiento del compromiso y a Anthony Brown lo mandaron a Liverpool, llegó a cambiarse de ropa pues iría a visitar a Candy y a ponerse bien con su suegro, encontró a su esposa leyendo una nota.

-Hola

-Terry, me alegro de que hayas regresado temprano para estar conmigo-dijo Susana con una cálida sonrisa dibujada en su rostro.

-Sólo vine a cambiarme porque tengo que salir nuevamente.

El rostro de Susana se endureció pensó que de seguro trataría de ver a Candy por lo que comentó: Has estado de buen humor los últimos días, en cambio mis padres la han pasado muy mal con todo el chismorreo que se armó en torno a Candy.

-Escuché que tu mamá está enferma, creo que es mi deber ir a visitarla y ponerme a sus órdenes ¿Recibiste noticias de ellos?

-Si, una totalmente descabellada.

-¿Cuál?-preguntó Terry mientras se cambiaba de camisa.

-Candy se casará con mi primo Tom- respondió Susana mirando la reacción de su esposo.

-¡No pueden casarse! -replicó Terry- ¿Será que él no sabe lo que dicen de tu hermana?

-Bien que lo sabe, pero desde niño ha estado enamorado de Candy por lo tanto no le interesa lo que hablen de ella.

Terry dejó de abotonarse miró a Susana para leer en sus ojos si se trataba de una mentira se abstuvo de salir, y se puso a planear la manera de impedir esa boda.

Albert ya tenía decidido qué si Marlow insistía en el duelo, el respondería por su sobrino aunque este ya se hubiese ido, por lo que esperó reacciones al pasar los días le dijeron sobre la enfermedad de la señora Marlow y del nuevo compromiso de Candy.

Pasaron dos meses, la propiedad de los Marlow estaba de fiesta, llegaría el ministro para casar a Candy y a Tom, la mayoría de los que fueron invitados acudieron pues era más el morbo de ver las caras de los novios que lo indigna que les parecía Candy.

En el salón principal acomodaron las sillas como en una Iglesia y pusieron un púlpito de madera para que el ministro expusiera el sermón, Tom irradiaba felicidad los invitados se decepcionaron al ver que Candy tenía cubierta la cara con un velo pues no podían ver sus expresiones.

Parecía que Terrence tenía llamas en los ojos, no pudo impedir que se llevara a cabo el enlace matrimonial, su esposa estaba contenta, por fin su hermana menor se casaría y Tom se la llevaría lejos.

Terry logró escuchar que la mamá de Tom comentaba: Le diré a Candy que no le de miel a mi hijo ya que todo lo que tenga que ver con abejas podrían provocarle la muerte ¡Es alérgico a ellas!

-Ahora vengo- le dijo Terry a Susana, fue a la gran cocina, los sirvientes estaban alborotados caminando de un lado para otro llevando cosas al gran salón del comedor, es decir ultimando los detalles del banquete.

Terry vio que en una mesa estaban separados algunos bocadillos.

-¿Estos por qué los separaron?-preguntó Terry

-Son los postres y bocadillos para la mesa de honor al gusto de los novios, ellos comerán algo diferente que los invitados, será lo siguiente que lleven los lacayos - respondió la encargada de la cocina.

Terry miraba las grandes alacenas con tal de ver algo derivado de las abejas, hasta que notó una botella que decía miel, nadie le prestó atención cuando la agarró, siguió a los que llevaron aquellos bocadillos a la mesa de honor y puso un poco en el ponche también en las mermeladas agitándolas muy bien.

- ¿Qué hace Señor Terrence? – Preguntó el mayordomo.

- Estoy checando que todo esté perfecto además ¿Cómo te atreves a cuestionarme?- Respondió altivamente para que se alejara de ahí al escuchar el tono de voz.

-Tom, estás en las manos de Dios si hoy te toca morir pues te he dado tu ayudadita- Pensó Terry.

Cuando llegó al salón principal le estaban poniendo el lazo a los novios, acto seguido Tom descubrió el velo y besó a Candy en la mejilla.

Todos los presentes aplaudieron, Susana vio a Terry sonriente, lo que le extrañó.

-Les invito a pasar a todos al comedor para disfrutar del banquete dispuesto en honor a los novios- dijo el padre de Candy.

Tom le dio el brazo, se sentía realizado en cambio Candy recordaba aquella visita que tuvo una semana antes de la boda…

-Señorita Candy la busca el señor Andrew- dijo el ama de llaves.

-¿A mí?

-Si, ha solicitado hablar con usted.

-Hija, ve para saber que se le ofrece- la incitó su mamá.

Mientras bajaba lo vio de espaldas y se estremeció sin dudas era un hombre demasiado atractivo.

-Señor Andrew ¿Para que me busca?

Él se volteó fijando sus ojos en ella, esperó hasta que bajara el último escalón.

-Candy, desde que supe lo que hizo Anthony no he podido estar tranquilo, me enteré que se casará son su primo, he meditado sobre el caso y pienso que quizás no vio otra salida, por lo que vengo a ofrecerle mi ayuda.

-Usted no tiene que pagar por la maldad de otros, quizás esa en mi penitencia para alcanzar el perdón de Dios por mis pecados.

-¿Se resignará a una vida sin amor?

-Al parecer ese es mi destino, he comprendido que en la vida hay algunos que no logramos realizar nuestro amor.

-¿Habla del suyo con su cuñado?-expresó frunciendo el ceño.

-Pasemos al salón-Candy le señaló el camino.

El hizo un gesto indicándole que la seguiría.