Esta es una historia que publiqué hace muchos años, pero quedo sin terminar y sin pulir. Estoy publicándola una vez más en una versión corregida y junto al epílogo que nunca mostré por acá. Ocurre un año después del final de Slayers Try y omite los eventos de Revolution y Evolution-R.

Lobo Palabragris

Capítulo 10: Darkfall, ¿Dónde está Xellos?

— Muy Xellos, ¿Dónde esta ese lugar entonces? — preguntó Lina mientras planeaban en detalle sus próximos pasos.

El grupo discutía en las afueras del campamento montado por las tropas de humanos y dragones que se preparaban para partir al Abismo, las tierras en las que sospechaban que las fuerzas demoniacas de Hound se reunían. Los héroes habían decidido separarse del ejercito para partir por su cuenta a combatir a la dragón Kala, y el sacerdote demoniaco había dicho que sabía donde estaba.

— Darkfall se encuentra en los Estados Costeros del oeste, es un enorme pantano cubierto con magia demoniaca y habitado por monstruos peligrosos — contestó el oscuro sacerdote con un rostro resignado.

— Tardaríamos semanas en llegar si vamos por tierra — dudó la hechicera mirando al suelo mientras planeaba. — ¿Podrías llevarnos a todos con tu magia?

— Podría, pero el perímetro mágico no me dejará transportarlos hasta el lugar mismo. Puedo acercarlos y tendríamos que caminar un par de días, quizás usar magia para ocultar nuestra presencia.

— ¿Qué opinan? — preguntó Lina a sus compañeros, que asintieron algo dudosos pero sin un mejor plan. — Esta bien entonces, vamos de una vez.

El grupo se preparó a partir mientras Amelia se dirigía con su padre para explicarle los detalles de su estrategia. Luego de unos minutos, todo estuvo listo para partir y los aventureros se reunieron una vez más con Xellos en las afueras del campamento. Los miembros del grupo sujetaron al demonio para que éste los trasportara con el uso de sus habilidades demoniacas. De pronto, el entorno se oscureció por unos segundos y, cuando pudieron aclarar su visión, se vieron transportados a las tierras boscosas al suroeste de Seyruun, desde donde continuarían a pie unas decenas de kilómetros para reducir las posibilidades de ser detectados.

El grupo había caminado toda la mañana hacia el oeste, mientras el suelo se volvía cada vez más húmedo. Se habían detenido minutos antes para descansar y comer algo, pero Xellos se había alejado del resto del grupo mientras comían, y en ese momento se encontraba sentado sobre la rama de un árbol con rostro pensativo.

¿Qué estoy haciendo aquí? — pensó el demonio mientras evaluaba su situación. — ¿Por qué los traje?, esto es un desastre.

Había sido distante con Filia desde que se habían reencontrado y estaba consciente de que la causa de sus dudas era Kala, la misma a la que se supone debían destruir. Lo había molestado una desagradable sensación de presión en el pecho desde que empezó a caminar junto a sus compañeros, como si escrutaran cada uno de sus movimientos por sospecha de una traición.

Nunca podré hacer lo que me piden, sé que fallaré cuando llegue el momento. Nunca podría dañar a Kala y tampoco dejaré que Lina la mate — continuó cuestionando en su mente mientras miraba las sombras proyectadas por las ramas de los árboles bailando en el suelo. — Pero eso... ¿En qué me convierte? ¿Traidor?, soy demonio, maldición.

De pronto, una imagen de la brillante sonrisa de Filia, iluminada por la luz del sol, apareció en la mente de Xellos. Trató, sin éxito, de remover la imagen de su cabeza con una sacudida. Dio un largo suspiro y cerró los ojos para luego frotarlos fuertemente con los dedos de una mano.

Si, lo se. Debo estar con Filia, protegerla — se dijo a sí mismo. — Pero, ¿Por qué?

Sabes bien el por qué — respondió alguna voz dentro de su propia cabeza. — La amas.

Soy un demonios, rayos. Cualquiera podría derrotarme en este estado, patético — continuó como si se respondiera a sí mismo, pero entonces vio otra vez a la sacerdotisa dragón, la imaginó sentada a su lado, casi pudo olerla. Inconscientemente sonrió y miró al cielo. — ¿De qué me sirve todo esto?, nunca me sentí así.

Otra imagen apareció en la mente del demonio, la de Lina y Gourry combatiendo lado a lado. Recordó al caballero desesperado al creer que su compañera estaba perdida, saltando de roca en roca y partiendo montañas con tal de alcanzarla luego de que la hechicera utilizara Giga Slave contra Fibrizo. Juntos tenían una fuerza que ninguno de los dos mostraba por sí mismo, juntos eran más.

¿Será eso posible?, que nosotros también...

— ¿Xellos? — esta vez no era su imaginación, claramente escuchó la voz de Filia un par de metros más abajo, llamándolo. — ¿Piensas quedarte ahí toda la tarde?

— Ah... — rápidamente enterró sus preocupaciones y sus dudas en las profundidades de su ser y cubrió su rostro con una máscara de tranquilidad despreocupada y una sonrisa, antes de saltar al suelo. — Claro, ya voy.

Luego de que el demonio bajara de la rama en la que estaba sentado y se reuniera con Filia, ambos caminaron y se perdieron entre los árboles. Oculto entre ramas y hojas sombrías, observaba la escena Zelgadis, que se asomó luego de que el demonio y la dragón se marcharan. A su lado se encontraba Amelia sujeta de su brazo, también oculta entre las sombras de los arbustos.

[ ¿Qué le mostraste? ] — preguntó la joven en la mente del hombre quimera por medio del espíritu. — [ Y ocultar nuestra presencia y todo eso, ¿Por qué tanto misterio? ]

[ Sólo le mostré lo que necesitaba ver y le dije lo que necesitaba escuchar ] — respondió el espiritista enigmático, antes de mirar a la joven y hablarle en voz baja. — Te contaré después, pero no le digas a nadie.

— Si ya lo se, no le diré a nadie... — respondió también en voz baja, pero luego comenzó a tirar insistentemente de su brazo. — Pero vamos, nos están esperando y... van a pensar mal.

— Esta bien, esta bien, pero no me tires — le respondió el joven con el rostro avergonzado.

Al lado de la fogata que habían preparado y que la hechicera había encendido con un sencillo conjuro, Lina y Gourry calentaban algo de comida para almorzar antes de seguir con su viaje. El caballero bebió largamente de un odre antes de dárselo a su compañera y mirar con el rostro algo confuso a sus alrededores.

— ¿Dónde están todos? — preguntó el guerrero mientras intentaba encontrar a sus compañeros de viaje. — Hace un rato estaban todos por aquí y de pronto, ya no hay nadie.

— Ni idea, quizás estén... — comenzó a decir la hechicera luego de beber por su cuenta y mirar para un lado y para otro, pero su rostro se ruborizó y dejó de hablar.

— ¿Estén qué?

— ¡No importa!, no quiero saberlo — respondió la joven con el rostro casi tan rojo como sus ropas. — Deben estar ocupados, ya vendrán.

Entre los árboles muertos y vapores nauseabundos de Darkfall, una joven caminaba sinuosa por las sombras del lugar como una serpiente asechando a su presa. Sus ojos brillaban con el reflejo de fuegos fantasmales y la locura tras ellos se hacía evidente. Kala se acercó con paso irregular a uno de los muchos estanques hechizados de su hogar, en los que solía espiar a amigos y a enemigos por igual. La imagen proyectada sobre las aguas mágicas mostraba una habitación oscura y tétrica, tallada en la roca de alguna caverna y adornada con huesos, en medio de la que se arremolinaba un torbellino oscuro del que salían continuamente criaturas malignas y demoníacas. Era el portal arcano abierto por Hound días antes, que continuaba en funcionamiento. Las legiones de la oscuridad seguían saliendo de la grieta dimensional y agrupándose en las afueras de la fortaleza subterránea del Abismo.

— Por fin ha llegado el momento — se dijo Kala emocionada. — es hora de que La Bestia sea resucitada.

Decidida a comenzar las preparaciones de algún oscuro ritual por su cuenta, la joven se desplazó hasta su altar personal, oculto en el interior de un muro de árboles retorcidos. En el interior de la rudimentaria habitación semi cerrada, se encontraba la formación mágica grabada en el suelo, y el pedestal con el cráneo de dragón con el que realizaba sus encantamientos más poderosos. Se acercó al centro del lugar y giró el cráneo para que sus cuencas vacías apuntaran hacia el muro opuesto a su posición. Con una palabra mágica, una luz espectral salió del interior de la calvera y proyectó a unos metros de distancia la misma escena que acababa de ver en el estanque, el portal demoniaco de Hound. Levantó con una mano una esfera de cristal negro con el aspecto de un enorme ojo oscuro, y pronunció otra palabra mágica con lo que un cetro de hueso tallado se materializó en su otro puño.

— La puerta que abriste me servirá bien, padre... — rió la dragón negro antes de dirigirse a un extremo de la formación mágica. — El caos por fin volverá.

En uno de los bordes del círculo rúnico del suelo, la dragón alzó su vara y, con una orden, ésta se cubrió de un fuego verdoso. Realizo una serie de movimientos que, gracias al resplandor mágico del instrumento, dibujaron una figura ritual en el aire. Al instante, la formación grabada bajo sus pies cambió y apareció el símbolo de uno de los dioses malignos, Azul Caótico. La dragón luego caminó hasta otro lugar del borde del círculo mágico y repitió el proceso. La formación bajó sus pies cambió y los símbolos de Niebla Mortal fueron dibujados en un pequeño círculo. Repitió el proceso en los otros dos cuadrantes del gran círculo, e inscribió las imágenes de Ojos de Rubí y de Estrella Oscura. Habiendo terminado, la formación completa comenzó a brillar con una luz verdosa, mientras un trueno recorrió los cielos sobre el lugar.

La joven volvió al centro de la formación mágica y, mientras las runas comenzaban a resplandecer, pudo ver en la escena proyectada por el cráneo de dragón que el portal demoniaco de Hound comenzaba a temblar y sus bordes brillaban ligeramente con una luz verdosa. Kala sonrió orgullosa y se dispuso a continuar, pero en ese momento un horrible graznido llamó su atención. Un cuervo de aspecto temible se acercó volando y bajó para posarse a su lado con gran escándalo.

— Munin, ¿Qué pasa? — preguntó la dragón, a lo que el pájaro respondió con otro chillido amenazador y apuntó con el pico en dirección a los estanques encantados.

Sin perder tiempo, la dragón salió corriendo del claro con el altar y se dirigió a uno de los estanques cercanos. Con un movimiento de la mano, apareció claramente la imagen del grupo de Lina acercándose a los límites exteriores de Darkfall.

— Los juguetes llegaron muy pronto... esto no era parte del plan... — se lamentó la joven, mordiéndose un labio. — Necesito mas tiempo.

La dragón permaneció frente al estanque pensando por unos minutos sin decir una palabra, viendo la escena de los héroes en camino a sus dominios. Luego de un rato, retrocedió unos pasos y se acercó a un grupo de árboles cercano, cerró los ojos y pronunció unas sencillas palabras con una potencia sobrenatural, que resonaron con ecos profundos desde las sombras. Segundos después, aparecieron dos figuras oscuras y apenas distinguibles entre la oscuridad del lugar, como lagartos siniestros con enormes colas y ojos brillantes.

— Zzssss'grth — siseó una de las criaturas.

— Trk'tkl gss zeesg — respondió Kala en la lengua de los reptiles, a lo que las criaturas asintieron lentamente para luego perderse nuevamente entre las sombras.

— Odio a los lagartos... — se dijo la joven con una mueca peligrosa, mirando en otra dirección. — Por deliciosos que sean.

Se acercó de nuevo a las aguas estancadas y continuó observando a los aventureros que se acercaban, aún a varios kilómetros. Con un movimiento de la mano, la imagen proyectada cambió y se acercó al rostro del sacerdote demoniaco del grupo.

— Ahora qué harás, Xellos... ¿A qué vienes? — preguntó en voz alta la joven mientras observaba detenidamente cada movimiento del demonio, siguiendo los ojos del sacerdote con los suyos. — Quédate, quédate conmigo, debes quedarte... ¡Te quedarás! — exclamó de pronto con furia en el rostro, pero cambió de inmediato su expresión para mostrar una sonrisa y una mirada melancólica, derramando incluso una lágrima fría y solitaria. — Por favor, quédate.

La dragón realizó otro movimiento de su mano y la imagen mágica desapareció, mientras alzaba la mirada hacia el cielo. Sus ojos se estrecharon y su sonrisa volvió a extenderse por su rostro mientras consideraba sus próximos pasos. De pronto lanzó una fuerte carcajada y se cubrió la cara con una mano.

— Jaja... ahora que lo pienso, creo que carbonizarán a los hombres lagarto antes de que se presenten — negó con la cabeza mientras hablaba y comenzó a caminar hacia algún otro lugar de su pantano. — Necesito algo mejor para recibirlos o no me dejarán conjurar en paz.

Ya era el segundo día de viaje a pie de los héroes desde que Xellos los había transportado en dirección de Darkfall. Habían caminado toda la mañana por un sendero cada vez más desierto, cada vez más pantanoso, y cada vez más muerto. Ya era medio día y todo estaba demasiado silencioso. Lina, al frente del grupo junto a Gourry, miró de reojo a Amelia por encima de su hombro. Había notado hacía un buen rato que la princesa intercambiaba miradas sospechosas con Zelgadis que caminaba a su lado, aunque habían permanecido en silencio. La hechicera se preguntaba si había algún problema, la princesa no se caracterizaba por viajar en silencio por grandes periodos de tiempo, pero temía que pudiese ser algo personal por lo que permanecía sin preguntar nada, pese a su curiosidad.

— ¿Cuántos son? — preguntó de pronto la princesa sin dirigirse a nadie en particular, lo que causó que una expresión de confusión apareciera en Lina y sus compañeros.

— Ya son seis — respondió Zelgadis igual de enigmático.

— ¿Seis qué? — preguntó la hechicera de rojo aún sin entender.

— Nos siguen — explicó brevemente el espiritista. — Desde un par de horas, al principio eran tres, pero ahora son seis criaturas, malignas y no humanas.

— ¿Cómo lo... — comenzó a preguntar Lina, pero fue interrumpida antes de terminar.

— Sentimos su presencia — se apresuró en responder Amelia.

— ¿Sintieron su presencia?, pero ¿Cómo? — continuó preguntando la hechicera, nuevamente sin recibir una respuesta satisfactoria.

Zelgadis miró de reojo a la princesa a su lado, que al instante dio media vuelta con las palmas hacia el frente y, con una exclamación, lanzó un rayo luminoso hacia una gran roca al lado del camino. El sitio impactado cambió de color progresivamente y comenzó a hacerse visible una figura humanoide de altura impresionante y rasgos reptilianos, piel escamosa y una larga cola, que había permanecido camuflada. Casi de inmediato, otro individuo de rasgos similares apareció entre unos árboles y se lanzó sobre Amelia, pero fue detenido en seco a pocos centímetros de la joven, al ser sujetado firmemente del hombro por el espiritista que se había acercado de un salto.

Fuente de todos los espíritus, fuego azul que nunca se extingue... — comenzó a recitar la hechicera blanca mientras a su lado, Zel le daba un poderoso golpe de puño en el vientre al hombre lagarto que sujetaba, para luego balancearlo por sobre su cabeza con una maniobra que lo arrojó a varios metros de distancia.

¡Visfarank! — terminó de conjurar al fin la joven mientras su compañero pasaba corriendo frente a ella con un puño levantado. Tocó el puño del espiritista que corría con su palma, cubriéndolo con una luz brillante.

Al segundo siguiente, Zelgadis dio un salto hacia adelante justo al tiempo que otra criatura salía de la oscuridad de los árboles a un lado del camino para atacarlos, un demonio hecho de sombras. el joven lo impactó de lleno con el puño cubierto por la magia de Amelia, que lo atravesó lanzando pequeñas gotas de sombra que estallaron en el aire y dejaron un agujero en uno de sus costados. El demonio menor cayó al suelo intentando inútilmente cubrir la herida mientras se disipaba en incontables fragmentos de oscuridad.

— ¡Adelante! — exclamó el espiritista indicando con su otra mano hacia el camino mientras corría de vuelta hacia la princesa. — Vienen dos más.

Tal como indicó, desde los lados del camino unos metros al frente del grupo, dos hombres lagarto adicionales aparecieron y se dispusieron a atacar. Cómo los dos primeros, tenían unos dos metros de altura y la piel cubierta de escamas verdosas, ojos amarillos y largas colas, vestían rudimentarios taparrabos y estos dos portaban enormes machetes. Mientras un segundo rayo luminoso conjurado por Amelia terminaba de noquear a la primera criatura que se había hecho visible, el oponente golpeado y arrojado segundos antes por el espiritista aún se retorcía en el suelo e intentaba ponerse de pie.

— ¿Cómo... — comenzó a preguntar por tercera vez la hechicera, pero cambió su expresión mientras se preparaba para combatir. — No importa, nosotros nos encargaremos de estos.

La hechicera le hizo una señal a Gourry, que se adelantó para detenerlos con su espada mientras ella conjuraba. Al mismo tiempo, Zelgadis se acercaba a la criatura que había arrojado antes con un mano en el pomo de su espada, pero miró con el rabillo del ojo a la princesa y cambió de opinión. Empuñó nuevamente la mano con fuerza y se agachó para sujetar el cuello de la criatura antes de darle tres poderosos golpes en la cara, dejándolo inconsciente.

— Filia, por allá — indicó luego de darle un último puñetazo a su oponente, al tiempo que una segunda sombra aparecía desde el otro lado del camino, cerca de la sacerdotisa.

La dragón dorado no perdió la oportunidad y con un rápido conjuro, una luz resplandeciente apareció en sus manos y fue proyectada como un cono hacia el demonio que se acercaba, destruyéndolo de inmediato.

¡Bola de Fuego! — oyeron a Lina que terminaba de conjurar, segundos antes de que una explosión de flamas cubriera parte del camino, al tiempo que Gourry retrocedía de un salto evitando el hechizo ardiente.

— ¿Queda alguno más? — preguntó Amelia luego de mirar a un lado y al otro, confirmando que habían caído las seis criaturas que su compañero había sentido anteriormente.

— No cerca — respondió Zelgadis luego de cerrar los ojos y presionar dos dedos contra su sien por un momento. — Siento un par de presencias hostiles más, pero creo que a varios kilómetros.

— Eso fue impresionante — comentó Xellos asintiendo con una sonrisa de asombro. — Yo recién había sentido una de las sombras.

— ¿Y desde cuándo actúan tan sincronizados? — preguntó Lina mirando a la princesa desde más adelante.

— Desde... — empezó Amelia, pero pareció sonrojarse y miró hacia el suelo por un segundo. — De hecho estoy aprendiendo lo básico del espíritu y empiezo a entender eso de sentir presencias.

— Bueno... como sea, mientras sea útil esta bien — respondió la hechicera sacudiendo la cabeza, intentando no pensarlo más de lo necesario. — Sigamos.

Luego del encuentro hostil, el viaje continuó con relativa tranquilidad por un buen rato. Sin embargo, todos los héroes tenían la incómoda sensación de que alguien los observaba, como si una mirada invisible los siguiera a cada paso, observándolos, espiándolos, siguiendo cada uno de sus movimientos. Cada vez se internaban más en el corazón de Darkfall, los territorios de Kala, y su corrupción era cada vez más evidente. Cada vez más los árboles aparecían muertos y secos, y el sonido de los animales se volvió infrecuente, hasta que todo fue silencio tétrico y la inmundicia de las aguas putrefactas.

¿Qué debo hacer? — se preguntó Xellos mientras avanzaba un paso más atrás que Filia. Lo había estado pensando por dos días y aún no había podido llegar a un conclusión.

Debo protegerla, lo se, pero... — continuó pensando en la sacerdotisa que caminaba frente a él, pero aún confundido, muy en lo profundo aún sentía que debía proteger a Kala. La única circunstancia en la que había oído que un demonio tuviera dudas acerca de dos dragones era acerca de a cuál matar primero, pero él se encontraba en una disyuntiva muy diferente, a cuál amaba más. Mientras más lo pensaba, más absurdo le parecía. — Y aquí estoy yo, preguntándome esto.

Con cada paso su corazón latía más fuerte, como si pudiera sentir la presencia de su antigua amante frente a él, como si pudiera sentir una tragedia acercándose. Pensó en la dragón negro por un momento, imagino su rostro de facciones delicadas, su piel blanca como huesos secados bajo el sol, sus ojos oscuros y profundos, tan negros como su cabello de azabache, como un espíritu en medio de la noche más oscura.

— ¿Qué ocurre? — oyó de pronto la voz de Filia que le hablaba. La sacerdotisa acababa de detenerse y lo miraba expectante, quizás temiendo que le ocurriera algo malo, quizás sospechando algo aún peor, pero aún así intentando mostrar una sonrisa. — Te noto extraño... más de lo usual.

— Eso es un secreto — contestó el demonio en broma luego de escoger y desplegar una tranquila sonrisa de su repertorio de gestos, antes de continuar mintiendo con un profesionalismo envidiable. — Es broma, es sólo que estoy algo preocupado por una posible trampa.

— Si tú... — comenzó a responder la sacerdotisa parando por un momento y dando un largo suspiro. — Si tú lo dices, esta bien.

Unos pasos más adelante, Amelia miró de reojo a la pareja, al demonio en particular. Recordó por un momento al Xellos de un par de años antes, cuando se había unido hacía poco al grupo, y le pareció algo diferente. Quizás era más malvado en esa época, quizás era más misterioso, o quizás simplemente era diferente. Sonrió al recordar alguna ocasión en que intentó reformarlo por medio de canciones de justicia y palabras de esperanza, pero sólo había logrado causarle un terrible dolor de cabeza.

Eso debe haber sido una molestia — pensó la princesa recordando el episodio, pero en ese momento parecía la única forma de enfrentar a un demonio. Con el tiempo se había dado cuenta de que no había razón para combatirlo, o quizás simplemente se había aburrido de intentarlo. Fuese por sus órdenes o por su naturaleza, no se comportaba como otros demonios e incluso ayudó al grupo en varias ocasiones. — Que criatura más extraña.

Amelia intentaba reconciliar en su cabeza cómo una criatura creada por Ojos de Rubí, supuestamente para ayudarlo en su tarea de destruir el mundo, podía terminar salvándolos y acompañándoles en su viaje, qué fuerza misteriosa podía haberlo hecho cambiar. La única ambición en el corazón de un demonio debería ser el ansia por destruir y servir a su señor, pero éste incluso había unido sus poderes con las energías divinas de Filia para detener a Estrella Oscura. Se sabía de criaturas híbridas con sangre u orígenes demoniacos que podían desarrollar intereses y deseos similares a los humanos, pero nunca un demonio puro y de alto nivel como Xellos, sólo inferior a los Señores Oscuros. Era sin duda una paradoja, un demonio que incluso parecía mostrar sentimientos positivos, por limitados que fuesen.

¿Será todo parte de algún plan de tan largo plazo que no logro imaginar un objetivo?, o sera... — pensó la princesa sacudiendo la cabeza en negación de sus propias ideas. — O será realmente que el amor puede hacer eso.

[ No sé si eso sea posible ] — respondió Zelgadis en la mente de la joven, claramente habiendo escuchado al menos sus últimos pensamientos. La princesa ya se había acostumbrado a la presencia mental de su compañero, no le molestó escucharlo. — [ Pero ahora tenemos problemas, se acercan. ]

— Prepárense amigos, se acercan — anunció el espiritista al resto del grupo, que lo miraron por un momento pero de inmediato se pusieron en guardia y se prepararon para lo que fuese que el hombre quimera hubiese percibido.

El estruendo de un pesado aleteo hizo retumbar la tierra mientras el grupo alzaba la mirada y buscaba en el cielo el origen del sonido. Una enorme figura alada y negra descendió volando unos metros más adelante en el camino, un dragón negro de proporciones notables. Gracias al aviso del hombre quimera, los aventureros estaban preparados y tanto Filia como Amelia habían empezado a conjurar. El dragón retrajo la cabeza mientras inhalaba con el hocico bien abierto y, uno par de segundos después, exhaló poderosamente en dirección al grupo arrojando un amplio cono de líquido oscuro como aguas estancadas.

...Ina Zumri Ya Lu Yu ¡Tapparrasama! — terminó de conjurar la princesa al tiempo que vaciaba las aguas de un pequeño recipiente de cuero hacia un lado y hacia otro. Un globo de luz púrpura brilló por unos segundos al rededor del grupo dejando un círculo de runas brillantes grabadas en el suelo.

¡Barrera de Luz! — conjuro casi al mismo tiempo la sacerdotisa dragón, creando un hexágono de luz dorada justo al rededor del círculo mágico recién lanzado por Amelia, que se alzó como un pilar fortificando al grupo en su interior. Tan pronto terminó de conjurar su barrera, Filia continuó advirtiendo a sus compañeros con una voz enérgica. — Cuidado con su aliento, es ácido.

Mientras ambos conjuros eran lanzados, la sustancia se extendió hacia los héroes rápidamente formando un cono de lluvia letal, pero fue detenido y desviado tanto por la barrera hexagonal de la sacerdotisa como por el círculo de magia divina lanzado por la princesa. Densas gotas de ácido fueron arrojadas en todas las direcciones y tanto árboles, rocas y e incluso el suelo mismo que entró en contacto con el líquido comenzaron a borbotear y a despedir vapores peligrosos con un siseo. Luego de unos segundos, el ataque de aliento se detuvo al tiempo que la fortificación luminosa de Filia desaparecía, y el grupo quedó custodiado en un círculo de runas mágicas, al centro de la destrucción provocada por el baño corrosivo que acababa de cubrir el lugar.

— Muy bien... pero aún así no pasaran — anunció con una voz rasposa y gutural el dragón frente al grupo, al tiempo que su cuerpo empezaba a brillar con una luz apagada. Su figura se redujo y, en pocos segundos, había adquirido una rudimentaria forma humanoide de un par de metros de altura, largas garras oscuras, facciones similares a un reptil y una larga cola negra. — Son órdenes de la Señora.

[ Otro ] — advirtió Zelgadis, instintivamente en la mente de Amelia en lugar de al resto del grupo, pero de inmediato se volteó y habló en voz alta. — Viene otro por atrás, ¡Cuidado!

Entre los árboles a un lado del camino, un par de metros más atrás del grupo, se oyó otro estruendo mientras varios troncos eran derribados con el paso furioso de otro monstruo. Una cabeza amenazadora se extendió por entre los árboles caídos, apoyada en un largo cuello de escamas verdes, seguido por las garras y alas de otro enorme dragón. La criatura corría en sus cuatro patas botando todo en su camino, pero tan pronto llegó al camino, salió del mar de troncos sombríos con un salto. Su cuerpo también resplandeció con una luz oscura y tocó el suelo convertido en otro humanoide alto, de cabello castaño oscuro y un tinte verdoso en la piel, cubierto con una armadura ligera de cuero y un machete en cada mano.

— Como dice mi hermano, no podrán pasar — anunció el dragón convertido en hombre mientras tomaba una posición defensiva con un machete al frente, y empezaba a acercarse a la retaguardia del grupo.

El hombre quimera retrocedió y se unió a Xellos que avanzaba en dirección al recién aparecido dragón verde, Filia se preparó para ayudarlos con sus poderes desde el centro de la formación. Mientras, Gourry no lo dudó un segundo y corrió con su espada preparada al encuentro de la bestia negra que había lanzado el cono ácido, Lina y Amelia se preparaban para apoyarlo desde el interior del persistente círculo de protección lanzado por la princesa.

El dragón del frente alzó las garras alistándose para recibir al caballero que lanzó una primera estocada tan pronto estuvo al alcance. Una fracción de segundo antes, las zarpas del guerrero reptil se cubrieron por una energía mágica de color púrpura oscuro que protegió sus extremidades mientras las usaba para desviar la espada del guerrero. Comenzaron un duelo de cuerpo a cuerpo entre la espada sagrada del humano y las garras mágicamente reforzadas del dragón que combatía con una fuerza y destreza sobrehumana.

De pronto, entre espadazos y golpes y usando una precisión extraordinaria, Gourry logró rodear y guiar a su oponente para le diera la espalda a las hechiceras, que aprovecharon de lanzar una serie de flechas de fuego y delgados rayos luminosos. El dragón logró evitar algunos, detuvo uno de los rayos con una de sus garras escudadas con magia mientras con la otra desviaba un espadazo, y recibió un par de ataques flamígeros de Lina en el hombro y la espalda, pero sin recibir heridas serias. Por un momento las miró con desprecio antes de volver a dedicarle su atención al duelo con el espadachín, que se vio obligado a rodar para evitar un poderoso zarpazo.

— Es un monstruo — maldijo la princesa al ver la ineficacia de sus hechizos. — Vamos Lina, ¿No se supone que Drag Slave fue creado específicamente para matar dragones?

— Estamos muy cerca para usarlo desde aquí... — respondió la hechicera, pero de inmediato bajó la mirada pensativa. — Pero, si pudiéramos hacer lo del otro día en la pelea con Gorath, tal vez funcionaría. ¿Puedes repetir esa barrera aquí?

— Si, pero se rompería el círculo que nos protege ahora y no creo que pueda volverlo a lanzar pronto, si usan su aliento estaríamos en problemas — respondió la princesa algo nerviosa.

— Eso lo pensaremos después, ya sabes como es esto, es todo o nada — continuó la hechicera para iniciar de inmediato su conjuro, a lo que Amelia asintió preparándose para lanzar su barrera mágica al rededor de su enemigo. — Mas negro que la noche, mas rojo que la sangre...

Gourry miró de reojo a la hechicera cuando escuchó el conjuro que recitaba, pero con ello perdió por un momento la concentración, justo al tiempo que un golpe y un garrazo consecutivos se dirigían en su contra. Logró esquivar por milímetros el puñetazo, pero no alcanzó a librarse de la zarpa que dejó tres profundos cortes en su pecho y lo obligó a retroceder y combatir a la defensiva. El dragón aprovechó el cambio en la dirección de la pelea para lanzar un par de golpes rápidos adicionales que el espadachín logró evitar, y luego un poderoso garrazo desde arriba hacia su rostro. Gourry alzó su espada para frenar el ataque, pero sintió una fuerte patada a un lado de la rodilla por parte de su oponente, que lo hizo tambalearse y retroceder.

Aprovechando la apertura, el dragón negro exhaló fuertemente en preparación para usar nuevamente su arma de aliento. Dadas sus posiciones en ese momento, aunque el cono de ácido fuese más pequeño en volumen dada la forma humana de la bestia, igualmente lograría atrapar al caballero y las dos hechiceras tras él. Pese a haber caído al suelo con una rodilla magullada, Gourry notó que el conjuro de su compañera estaba casi listo a sus espaldas. Se lanzó desesperadamente hacia adelante con su espada, que fue desviada con una garra del dragón que aún preparaba su arma innata, pero luego con una fuerte embestida con la hombrera que lo hizo retroceder un paso. En el momento mismo en que el caballero impactó a la bestia, Lina le gritó que se apartara antes de terminar su hechizo. Reuniendo todas las fuerzas de las que era capaz luego de embestir al enemigo, dio un poco elegante salto hacia atrás que lo arrojó desbalanceado y lo hizo rodar por el suelo. Pese a ser un salto desesperado, lo ejecutó en el momento justo en que un círculo de runas con una estrella de seis puntas brillaba en el suelo a los pies del enemigo y se alzaba como un muro luminoso. Desde el interior, el dragón intentó escupir su arma de aliento, pero la sustancia negruzca chocó con las paredes mágicas y fue repelido hacia el interior llenando el cilindro mágico de un vapor opaco.

¡Drag Slave! — terminó de conjurar justo a tiempo la hechicera de rojo, y la barrera mágica de la princesa dejó entrar el rayo arcano que salió disparado de sus manos, pero no permitió que la explosión saliera.

El lugar ocupado por el dragón se convirtió en un pilar de flamas incandescentes, rojas y amarillas en un inicio, pero blancas y cegadoras luego. La barrera mágica colapsó unos segundos después, incapaz de contener por completo la poderosa explosión, y estalló en una onda de choque ardiente que derribo a Lina y Amelia, e hizo rodar por el suelo aún más a Gourry que no pudo más que cubrirse el rostro con un brazo mientras sujetaba firmemente su espada en posición segura. Cuando la energía finalmente se disipó, en el sitio ocupado antes por el dragón negro no quedó más que el suelo y las rocas fundidas como un cráter volcánico.

— Por fin, eso si funcionó — celebró Lina poniéndose de pie junto a la princesa y buscando a su guardián con la mirada para ir en su ayuda. El ruido de golpes y explosiones a su espalda le indicaron que el combate de sus compañeros con el otro dragón aún continuaba.

Mientras las hechiceras y el caballero combatía a su oponente, Zelgadis desenvainó su espada y corrió al lado de Xellos que avanzaba con el bastón listo para combatir al dragón verde. Justo antes de que llegaran a distancia de cuerpo a cuerpo, media docena de delgados rayos dorados se extendieron en curvas a ambos lados desde la posición de Filia, formando arcos luminosos que intentaron golpear al oponente. La criatura saltó hacia atrás esquivando algunos de los ataques de la sacerdotisa y golpeó uno de los rayos de luz con su machete, disipándolo en una lluvia de chispas brillantes. Al fin el demonio y el hombre quimera se acercaron al oponente y empezaron a intercambiar golpes sin perder el tiempo, pero el dragón usó ambas armas para repeler el ataque, e incluso lanzar algunos peligrosos contraataques.

— Por qué no usas esos poderes mentales tuyos — reclamó el sacerdote demonio a su compañero, mientras ambos se esforzaban por lanzar golpes sin perder miembros por los machetazos que volaban de un lado a otro con una agilidad antinatural.

— Tendrás que mantenerlo... — comenzó a responder Zelgadis, pero se vio obligado a detenerse y agachar la cabeza para evitar un corte dirigido a su rostro. Respondió con una estocada rápida que fue desviada por el hábil dragón antes de continuar. — ¿Puedes mantenerlo ocupado un momento?

El demonio respondió afirmativamente al tiempo que un par de conos de energía negra se formaban a ambos lados de su cabeza y salían disparados hacia el enemigo como taladros letales mientras lanzaba otro golpe del bastón. El dragón se vio obligado a retroceder para evitar uno de los ataques, pero fue capaz de detener el otro y continuó enfrentado a Xellos, que hizo un esfuerzo por evitar que continuara avanzando. Aprovechando la oportunidad, Zel retrocedió unos pasos y bajó la espada mientras alzaba la otra mano y la dirigía hacia su oponente con los ojos cerrados.

En el plano astral, el espiritista extendió su esencia hasta el alma del dragón verde y forzó un contacto para iniciar un combate mental en el espacio interior. Frente al hombre quimera apareció una turbulenta flama de brillos blancos y verdosos que se arremolinó con fuerza frente a su presencia. Zelgadis mantenía su forma normal y se encontraba desarmado, pero extendió una mano en dirección a la llamarada para tratar de atravesar sus defensas con rapidez. Sin embargo, tan pronto se acercó, el globo de flamas verdosas pareció ordenarse y calmarse, mientras cambiaba de forma y adquiría un aspecto similar al de su enorme cuerpo de dragón. Un monstruo borroso y poco definido, pero con cuatro patas poderosas, enormes alas a medio formar, una larga cola y un cuello extendido que terminaba en una cabeza y un hocico repleto de peligrosos colmillos. El monstruo astral lo atacó de inmediato con un intento de mordedura, pero el espiritista se deslizó hacia atrás como si una fuerza invisible jalara de su cuerpo poniéndolo a salvo.

[ Maldición, has sido entrenado ] — exclamó mentalmente el espiritista luego de evitar por poco la mordedura, alzando la mirada ante la monstruosa pero poco refinada figura del dragón. — [ Pero eso no es suficiente, bestia. ]

El héroe se concentró por un segundo y su cuerpo se rodeó por una flama celeste. Su figura aumentó de tamaño ligeramente, y una espada larga apareció en una de sus manos, cuya hoja brilló y quedó cubierta de flamas de color azul claro. De inmediato se lanzó al ataque contra el monstruo, que se alzó en sus patas traseras y comenzó a defenderse con garras y mordedura. El dragón combatía con una fuerza extraordinaria, pero en el espacio interior las habilidades del espiritista se veían amplificadas. Con gran destreza lanzó varias estocadas y evitó una tremenda mordedura de la criatura, mientras desviaba su cabeza con un golpe del pomo de su espada. Luego, lanzó un poderoso corte con el arma flamígera que impactó en la parte baja del cuello del dragón, que respondió con un aullido. Mientras la espada espiritual cortaba la superficie de la bestia, Zelgadis se concentró en el núcleo de su oponente para visualizar sus defensas. Surgieron como un muro de lianas y troncos muertos, no muy diferentes de la vegetación del pantano que habitaba, pero cubiertos por una apagada luz verdosa. Imaginó a la espada con la que atacaba cortando las ramas y, con un rápido movimiento, la hoja cubierta de flamas celestes cercenó más de la mitad de las defensas de la bestia, pero no pudo romperlo por completo.

[ Rayos, que duro eres ] — pensó en voz alta el espiritista mientras su oponente retrocedía tambaleándose y gimiendo, pero volvía a levantarse cansadamente para intentar continuar con su defensa.

En el mundo físico había pasado sólo una fracción de segundo desde que Zel había alzado la palma e iniciado el combate espiritual, pero la explosión provocada por Lina y Amelia a sus espaldas lo hizo tropezar y perder la concentración en el enlace. Su equilibrio falló por un momento y cayó con una rodilla en el suelo, pero de inmediato abrió los ojos y vio el estallido de fuego con el rabillo del ojo. Frente a él, Xellos había evitado caer al suelo y se mantenía fijo en su posición levitando a centímetros del suelo, pero el dragón verde frente a ellos había retrocedido en un tropiezo y se encontraba de rodillas en el suelo. El monstruo intentaba ponerse de pie con un machete clavado en el suelo, pero su expresión mostraba que había perdido sus energías y respiraba con dificultad.

— Xellos, esta casi acabado, ¡Atácalo! — gritó el espiritista para que su compañero aprovechara de terminarlo ahora que había agotado gran parte de sus vitalidad.

— No necesitas repetirlo — respondió mirando de reojo el demonio, mientras todo su cuerpo se cubría por una energía oscura.

En segundos, el cuerpo de Xellos se fundió y perdió su forma al tiempo que un número de protuberancias como espinas salían por doquier. En un abrir y cerrar de ojos, el demonio se convirtió en un enjambre de conos de energía negra que giraron furiosos y se lanzaron contra su oponente acribillándolo. El dragón lanzó un gemido mientras los ataques arcanos del sacerdote perforaban su cuerpo en una docena de lugares, pero al momento siguiente miró con furia e inhaló con fuerza. La lluvia de espinas demoniacas volvió a reunirse y la figura de Xellos emergió de las sombras y retrocedió un paso, mientras el dragón moribundo lanzaba su boca abierta hacia adelante y una chorro de liquido y gas amarillento era lanzado formando una nube que se extendió con rapidez.

— Cuidado, ¡Gas venenoso! — gritó Filia más atrás, mientras alzaba ambas manos y levantaba una amplia barrera mágica que brilló a centímetros de Zelgadis, pero el sacerdote demoniaco desapareció en la nube de vapores de color gris verdoso.

A unos metros de distancia, Lina se volteó con rapidez y vio la peligrosa nube que se extendía más allá de la barrera lanzada por la dragón, y que pronto los rodearía. Maldijo ante su mala fortuna con los ojos cerrados y acercó sus palmas frente a ella, mientras el aire entre sus manos comenzaba a brillar y a ser absorbido.

¡Bomba de Viento! — conjuró con prisa la hechicera empujando hacia adelante con sus manos y lanzando una esfera de aire comprimido a alta presión.

Tan pronto llegó hasta el área de la barrera mantenida por Filia, la esfera explotó en una amplia zona de poderosa ventisca que lanzó a Amelia, Filia, Zelgadis y a ella misma volando un par de metros. Los vientos mágicos lograron, sin embargo, disipar los vapores tóxicos por el cielo y poner al grupo fuera de peligro. Luego de unos segundos y de levantarse algo atontada, alcanzó a ver a Xellos saliendo de entre los árboles a docenas de metros de distancia, cubierto de tierra y de ramas secas.

— ¿Podrías no hacer eso? — la regañó Amelia luego de pararse, sacudiéndose el cabello cubierto de tierra. Todos sus compañeros se encontraban en condiciones similares.

— No tuve tiempo de pensar en algo mejor, ¿Sabes? — respondió algo aturdida la hechicera, también sacudiéndose la tierra de encima, pero de inmediato recordó a Gourry. Se volteó y lo buscó con la mirada, tan pronto lo encontró tirado en el suelo entre los árboles a un lado del camino, corrió hacia él. — Gourry, ¿Estas bien?

— Si, no te preocupes, cof... — respondió el guerrero tosiendo por el polvo que el conjuro de la hechicera había levantado, pero luego se quejó y se sujetó la rodilla magullada por la sorpresiva patada que le había dado el dragón negro minutos antes. Lina se le acercó y conjuró un rápido hechizo de curación para ayudarlo, luego ambos se levantaron para reunirse con sus compañeros.

— Esta es la segunda vez que nos atacan por sorpresa — comentó la hechicera luego de que los héroes se reunieron para continuar su camino. — Me pregunto cómo nos encuentran con tanta facilidad.

— Si no fuera por la advertencia de Zel, podría haber sido aún peor — agregó Amelia.

— Sobre eso, cuando toqué la mente de ese dragón la exploré superficialmente y creo que encontré algo — respondió el espiritista, sus compañeros lo miraron expectante. — Creo que Kala tiene toda esta zona bajo alguna clase de hechizo. Alcancé a ver imágenes de ella salpicando los árboles y la tierra con una sustancia negra de un frasco, creo que era sangre.

— Probablemente... — comenzó Xellos, pero se detuvo por un momento.

— ¿Probablemente qué? — lo instó a su lado la sacerdotisa dragón. El demonio se mantuvo en silencio por un par de segundos, pero luego suspiro con resignación y continuó hablando.

— Creo que es la sangre de su padre... — comentó secamente, pero luego de un momento explicó en más detalles. — Tengo entendido que ella misma mató a su padre y escuché rumores de que había conservado algunos de sus restos para usarlos en conjuros oscuros, su sangre, huesos y esas cosas.

— ¿Los restos de su propio padre?, eso suena... macabro — reclamó la princesa con un escalofrío de sólo imaginar la idea.

— En ese caso, es posible que mantenga alguna clase de enlace mental con todo el lugar — dijo Zelgadis considerando las posibilidades.

— Y entonces podría habernos estado viendo todo este tiempo, maldición — concluyó finalmente Lina.

En ese momento, una luz fantasmal comenzó a emanar de las aguas estancadas y los árboles putrefactos, una luz verdosa que se elevó por los cielos y comenzó a reunirse a unos metros del grupo. Una presencia maligna comenzó a sentirse cada vez con más fuerza en el lugar, mientras un globo de luz borrosa brillaba e iluminaba a los héroes, que se pusieron en guardia de inmediato. De pronto las luces bailaron y cambiaron de forma, hasta que pudo distinguirse la figura gigantesca de una joven de piel pálida y el cabello negro y largo, vestida con ropas oscuras y con una larga cola de escamas negras visible tras su espalda. Su expresión era siniestra, con amenazadores colmillos y ojos tan negros como la noche.

— ¿Esa quién es? — preguntó Gourry con la espada firmemente sujeta con ambas manos.

— Yo soy Ktin'da Kala — respondió la chica con una voz que hizo temblar el lugar. — Soy a quien buscan ¿O me equivoco?

— Puede escucharnos, no es una simple ilusión — comentó Lina sorprendida por la imponente proyección mágica.

— Jajaja... — Kala lanzó una carcajada antes de continuar. — Por supuesto que no es una simple ilusión, me insultas en mi propia casa con sólo decirlo.

— En cualquier caso, tienes razón en que hemos venido por ti — amenazó Lina apuntando con un dedo hacia la figura espectral. — Tus secuaces no pudieron detenernos y tus trucos tampoco lo harán.

— No sabes en lo que te has metido, humana — respondió la dragón negro, pero luego dirigió la mirada hacia el sacerdote demoniaco. — Pero me alegra ver que has decidido venir, Xellos, te estaba esperando.

— ¿Qué... Qué es esto? — preguntó Filia mirando con un rostro confundido, pero el demonio no logró emitir palabra.

— Ustedes no tienen nada que hacer aquí, ¡Váyanse y déjenme con mi Xellos! — ordenó la siniestra voz de la proyección.

— ¡¿Mi Xellos?! — preguntó esta vez indignada la sacerdotisa, nuevamente sin obtener respuesta. — ¡Xellos, dime qué es esto!, ¡Háblame!

— No tiene nada que decirte a ti, dorada — respondió con tono despectivo la imagen de Kala. — Él es mío, todos los demás, ¡Largo!

Amelia sintió un nudo en la garganta al escuchar esa conversación y el silencio del demonio, y apretó fuertemente la mano de Zelgadis a su lado. El espiritista sintió claramente los temores de su compañera, pero la calmó en silencio.

[ No te preocupes, no me iré a ninguna parte ] — respondió Zel en el corazón de la princesa. — [ Pero ahora es él quien necesita un poco de ayuda... ]

El hombre quimera cerró los ojos y se concentró para influir del modo más discreto posible en la mente de Xellos sin ser detectado. Ya lo había hecho anteriormente y conocía bien el inesperado torbellino emocional que residía en el interior de su extraña mente. El espiritista sabía que no era posible influirlo directamente sin ser descubierto y que, aunque fuese posible, era sin duda inaceptable. Sin embargo, sabía que su compañero necesitaba un pequeño empujón para tomar una decisión y no era algo que fuese a hablar con nadie, por lo que intentaba mostrarle algo que ya estaba en su interior pero que quizás como demonio era incapaz de percibir.

No puedo perder el tiempo aquí — pensó Xellos, ligeramente influenciado por el espiritista. — Debo tomar una decisión ahora, o perderé lo más importante.

— Les estoy dando la oportunidad de que se vayan, ¡No tengo tiempo para ustedes! — volvió a ordenar Kala echando a los héroes.

— ¿Qué planeas dragón negro? — preguntó Lina con una voz decidida. — Gorath ya está muerto y ni creas que dejaré que tú y Hound tomen el mundo.

— ¡¿Hound?!, no entienden nada — exclamó la siniestra figura. — No pueden combatirlo, nadie en este mundo puede, sólo la Bestia podrá.

— ¿La Bestia? — preguntó Amelia mirando a sus compañeros. Lina bajó la mirada tratando de recordar, pero Filia aún permanecía paralizada a su lado con la mirada perdida.

— La Bestia renacerá y el caos volverá a este y a todos los mundos — siguió explicando Kala, esta vez con un tono casi eufórico. — ¡Todo volverá a ser como antes!

— He oído leyendas de los demonios acerca de la Bestia — comenzó con algo de dudas la hechicera de rojo. — Siempre pensé que era un mito.

— No es un mito, la Bestia realmente existió y yo la traeré de vuelta — la interrumpió la dragón negro con una voz emocionada. — Hace incontables siglos el Señor de las Pesadillas tuvo un sueño del que nacieron los mundos, pero se sintió sólo e insatisfecho así que decidió devolverlo todo al caos original. Para eso creo un emisario, un hijo.

— Es cierto, ese hijo era la Bestia — dijo Xellos, continuando la narración de la dragón. — Pero por algún motivo desconocido, tampoco estuvo complacido y decidió deshacerlo. Lo dividió y con sus partes creó a los dioses y a los dioses del mal de los cuatro mundos.

— Eso es una locura — respondió Lina.

— La Barrera de los Demonios no existe, la Puerta del Infierno está abierta, todo está listo — continuó Kala. — Basta con reunir una fracción de los poderes de los dioses malignos para traerlo de vuelta, el caos reinará. Tú has invocado al Señor de las Pesadillas, debes entenderlo — dijo esta vez apuntando a Lina, que alzó la mirada con sorpresa. — Únete a Xellos y a mi y te enseñaré los secretos del caos.

— Pero nosotros destruimos a Estrella Oscura, ¿Cómo es posible entonces? — preguntó Amelia en voz baja.

— A diferencia de los demonios como Fibrizo, la esencia de los dioses es eterna. En algún lugar, algo de la Estrella Oscura persiste y se prepara para renacer — explicó Zelgadis a su lado.

— En cualquier caso, ¡Yo nunca me uniría a una loca como tú! — exclamó Lina, para luego mirar de reojo al sacerdote demoniaco. — Ni tampoco Xellos, ¿Cierto?

El demonio aún buscaba una respuesta en su interior, pero sus pensamientos fueron interrumpidos en el momento en que otra luz mágica comenzó a cubrir el lugar. Una inmensa barrera de energía comenzó a formarse frente al grupo, como un gigantesco domo de luz púrpura de varios kilómetros de radio. Los héroes quedaron fuera del círculo mágico que cubría gran parte del pantano, escudando a Kala en su interior.

— Esta barrera es impenetrable, jajaja... la hora del ritual ha llegado — exclamó con una carcajada la dragón negro desde el otro lado de la barrera. — Sólo tú tienes permitido el paso, Xellos, ¡Ven a mi!

Ya no hay duda, finamente he tomado una decisión — pensó Xellos dando un largo suspiro.

Filia se acercó al demonio con una mezcla de ira y súplica en el rostro, pidiendo una explicación en silencio. El demonio levantó ligeramente los párpados para mirarla con unos ojos algo confundidos y una leve sonrisa vacía, y desapareció en el aire antes de que la sacerdotisa alcanzara a decir una sola palabra. La dragón continuó mirando el espacio vacío frente a ella por unos segundos, con una lágrima solitaria en el rostro. La imagen en el cielo desapareció finalmente y los cinco aventureros, esta vez sin el demonio, quedaron preguntándose qué hacer a continuación frente a la inmensa barrera mágica.

— ¡Maldición! — exclamó Lina luego de que tanto Xellos como la imagen de Kala desaparecieran, casi escupiendo sus palabras por la ira. — Barrera impenetrable, ya lo veremos.

La hechicera se acercó al muro de energía oscura que les bloqueaba el paso. Acercó una palma y conjuro unas sencillas palabras mágicas para examinar la construcción mágica, confirmando claramente que era un conjuro poderoso. Retrocedió un paso y cerró los ojos mientras suspiraba profundamente para recuperar la calma y conjurar algo más poderoso. Acercó sus palmas al frente, y una energía oscura comenzó a emanar y a rodearla.

Fragmento del Señor de las Pesadillas, libérate de tus ataduras del cielo, espada del helado y oscuro vacío... — comenzó a recitar mientras preparaba la hoja vorpal de su hechizo para intentar perforar el muro.

— También lo intentaré — dijo Gourry acercándose con la espada en ambas manos, preparándose para dar una poderosa estocada hacia adelante.

¡Ragna Blade! — terminó la hechicera y la hoja de luz negra de su conjuro apareció entre sus manos. Alzando los brazos en preparación, lanzó la espada hacia abajo cortando un amplio arco de oscuridad. La magia de Lina atravesó limpiamente la barrera en su descenso, pero cada centímetro que abría, volvía a cerrarse una fracción de segundo después. El muro mágico lanzado por la dragón negro se regeneraba casi de inmediato, sin dar tiempo para que la apertura permaneciera el tiempo suficiente para que los héroes la atravesaran.

Al lado de la hechicera, su guardián y caballero lanzó su espadazo hacia adelante empujando con todo el peso de su cuerpo y, con dificultad, la hoja plateada perforó la barrera abriendo un pequeño agujero. Las runas de la Hoja del Cielo brillaron y diminutos rayos comenzaron a salir del metal manteniendo la masa de energías oscuras a raya. La espada logró mantener abierta una apertura de escasos centímetros al rededor de la hoja, pero tan pronto el caballero movió la espada, la ruptura comenzó a regenerarse y quedó cerrada tan pronto retrajo el arma. La barrera simplemente se negaba a permanecer abierta.

— Esto es un verdadero problema, Ragna Blade era nuestra mejor opción y no creo que podamos romper la barrera con otros conjuros — comentó Zelgadis, mirando a la princesa con rostro interrogativo.

— Quizás debilitarla un poco, pero no creo que podamos romperla, no — negó con la cabeza la princesa a su lado.

Ruptura del Flujo podría debilitarla por un segundo, pero no será suficiente. ¿No hay alguna magia sagrada que pueda afectarla de algún modo? — preguntó la hechicera.

— Por el modo en el que se regenera, lo dudo... — comenzó a responder Amelia, considerando con más cuidado sus opciones. — Si fuese más pequeña, quizás podría empujara con otra barrera, pero eso es todo.

— Eso... eso podría ser suficiente — respondió la hechicera de rojo con rostro pensativo, empezando a idear un plan.

Mientras Lina y sus compañeros discutían acerca de su estrategia de ataque, en el centro de la barrera que custodiaba su pantano, Kala se preparaba para iniciar su ritual arcano. Se encontraba en el interior del claro en que había preparado una compleja formación mágica, frente al altar con el enorme cráneo de dragón y sostenía su vara de hueso tallado en una mano y una esfera de cristal negro en la otra.

— Padre... — dijo en voz baja la dragón mirando el cráneo sobre el pilar de piedra. — Ayúdame una última vez.

La siniestra hechicera apuntó a la calavera con la varita mientras recitaba unas cortas palabras, y de sus cuencas vacías se proyectó un cono de luz que mostró el salón subterráneo con el portal infernal de Hound, tal como había hecho antes. Luego alzó la mano con la esfera de cristal y la hizo flotar mágicamente por los aires hasta ubicarla sobre el altar al medio del círculo, que de inmediato comenzó a brillar en el suelo. Por un momento la bola de cristal pareció ser un ojo de reptil que se abría espontáneamente y comenzó a palpitar con una luz verdosa, y simultáneamente los bordes del portal mostrado en la proyección mágica comenzaron a brillar con el mismo color y ritmo. Las runas y líneas mágicas cambiaron a un color amarillo brillante y, en el mismo momento, los bordes del portal tomaron ese color y comenzaron a extenderse en todas las direcciones, un tirón a la vez.

— Si, esta funcionando — comentó con una voz emocionada la dragón. — Pronto podré traer tus pedazos, pronto podré traerte a este mundo.

— Tú primero, Niebla Mortal — exclamó la hechicera mientras apuntaba con la vara de huesos en la dirección de una de las cuatro complejas figuras grabadas en el suelo. Las runas y el símbolo del dios maligno comenzaron a brillar y un hilo de energía blanca salió del centro de la figura y se dirigió hasta el cristal que flotaba sobre el altar. De pronto un extremo del portal oscuro de Hound brilló con una luz blanca y comenzó y ser expandió aún más.

— Aquí estoy — se escuchó una voz masculina a las espaldas de la dragón. Cuando ésta se volteó, mostró una amplia sonrisa de satisfacción que dejo ver sus colmillos afilados. Xellos salió de entre las sombras cercanas y se le acercó con un rostro tranquilo. — Querías que viniera y lo hice.

— Sabía que vendrías, ¡Sabía que vendrías! — repitió la joven, bajando los brazos y dejando el ritual estático por unos segundos, para acercarse y abrazarlo. — Gracias.

Lina había comenzado a explicar los detalles de su plan a sus compañeros, una estrategia que demandaba la ayuda de todos. Debía considerar que incluso el conjuro más adecuado para cortar el escudo mágico de Kala había sido inefectivo debido a la capacidad de regeneración del campo mágico. Sus compañeros escuchaban atentamente, pero Filia aún parecía perdida en sus pensamientos.

— Muy bien, la sincronización será crucial en esta parte — explicó la hechicera. — Luego de que Filia debilite la barrera con su magia, Gourry la perforará con la espada. Ya vimos que puede mantener una pequeña abertura.

— Sólo debo atravesarla y mantenerla abierta por un momento, ¿No? — confirmó el caballero, su compañera simplemente asintió en respuesta. — Por mi no hay problema.

— Luego entras tú Amelia, tienes que lanzar nuevamente la barrera de una dirección, dentro de la apertura que abrirá Gourry con su espada — continuó la hechicera mirando a la princesa. — Debes empujar la barrera hacia los lados con tu propia magia, además ese conjuro tuyo dejará que lance un Drag Slave potenciado hacia el interior.

— No estoy segura de esto, Lina. No sé si pueda volver a lanzar la barrera en tan poco tiempo — reclamó Amelia cuando su compañera terminó de explicar el plan.

— Tenemos que intentarlo, ya sabes como es esto...

— Si Lina, ya lo sé... todo o nada, maldi... — la interrumpió con fastidio y preocupación la princesa, pero se detuvo y suspiró largamente antes de continuar — ...está bien, vamos a hacerlo.

— Zelgadis, debes usar tus poderes para distraer a esa dragón, no podemos permitir que termine lo que sea que está intentando hacer — continuó Lina explicando su estrategia. — No tenemos tiempo que perder, detenla cuanto antes.

— Esta bien, no creo que esta barrera pueda bloquear mi espíritu, pero no sé cuánto tiempo pueda detenerla — respondió el hombre quimera. — Y es cierto, no podemos perder tiempo, así que yo empezaré de inmediato. Ajusten los últimos detalles mientras tanto.

— Si, trata de darnos el tiempo que puedas. Haremos el resto desde aquí, no dejes que termine lo que está haciendo — dijo Lina mirando seriamente a su aliado, luego se acercó a la sacerdotisa dragón.

El espiritista retrocedió un paso y cerro los ojos mientras se llevaba dos dedos de una mano a la sien. Se concentró buscando el alma de la dragón negro en el plano astral, para luego extenderse en su dirección e iniciar un contacto. De inmediato se vio sumido en la oscuridad y una presencia maligna y monstruosa se lanzó en su contra. Luego de un segundo, hizo una mueca de dolor y abrió repentinamente los ojos.

— Es más difícil de lo que pensé... — dijo el joven con la respiración entrecortada. — Su mente es un caos, esta fracturada y hay otra presencia... lo intentaré de nuevo.

Zelgadis se alejó algo más del grupo y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Cerró los ojos y entró en su máximo estado de concentración antes de volver a extenderse en el plano astral y hacer contacto con su enemiga. En el espacio interior, cubrió su cuerpo de flamas brillantes que le permitirían iluminar y organizar su camino, y escudarse de las defensas espirituales de la dragón. Luego simplemente avanzó hacia el enemigo.

[ Suerte, ten cuidado ] — pensó Amelia en la mente de su compañero, mientras ella misma también se concentraba y comenzaba a reunir sus energías, lanzar la barrera sagrada que requería Lina era lo suficientemente difícil, pero sincronizarla con el ataque de Gourry era una locura.

— Filia, ¡Filia! — llamó la hechicera a su compañera mientras se le acercaba, pero la dragón aún permanecía muda e impactada por lo ocurrido minutos antes. Finalmente la hechicera sujetó sus hombros y la sacudió. — ¡Filia, respóndeme!

— Yo... Xellos... él me dijo... — balbuceó la sacerdotisa. — Iríamos a buscarlo juntos, ahora no sé qué hacer.

— Filia, no tengo idea de qué estas hablando, pero te necesitamos aquí — Lina continuó intentando hacerla reaccionar — No sabemos qué pasó, pero si no nos ayudas ahora, todo podría estar perdido.

— Yo... si... lo sé — dijo la dragón dorado, finalmente mirando a su compañera a los ojos. — Lo entiendo, no hay tiempo para problemas personales.

— Así es — respondió la hechicera mordiéndose el labio y maldiciendo en su interior por su propia crueldad. — Necesitamos que ataques la barrera con tu magia para debilitarla, cuando esté frágil Gourry la perforará con su espada para que podamos atacar.

— Entiendo, lo haré — dijo Filia recuperando la calma y mostrando un rostro inexpresivo, pero su cola dorada se dejó ver por entre sus ropas.

La dragón comenzó a conjurar con una voz tranquila primero, y a lanzar rayos blancos de sus manos hacia el muro de oscuridad. Poco a poco, sin embargo, empezó a subir la voz y a concentrar cantidades mayores de energía sagrada, y sus rayos pronto se convirtieron en poderosas explosiones. Luego de unos segundos, abrió ampliamente los ojos y un par de lágrimas cayeron por sus mejillas, al tiempo que con un fuerte rugido proyectaba su arma de aliento. El rayo dorado se extendió e impactó la barrera mágica, haciéndola temblar. Volvió a gritar y a lanzar un segundo rayo, luego un tercero, y poco a poco el muro de sombras pareció volverse más delgado y traslúcido.

— Gourry, espera — se le acercó la princesa con un odre de cuero en la mano. Pidió su espada y la bañó con agua antes de que se lanzara al ataque. — Lo necesito para el conjuro.

— La barrera está débil — urgió Lina al caballero. — Ahora, antes de que se regenere. — Reyes de la Oscuridad y de los Cuatro Mundos, por el pacto de sus piezas, por todo su poder, concédanme mayores poderes mágicos — recitó Lina con los puños levantados a la altura de la cabeza, y los cuatro amuletos en sus muñecas, cintura y cuello brillaron con una luz rojiza.

El guerrero miró hacia el muro mágico, que comenzaba a parpadear, y se lanzó hacia adelante justo cuando Filia detuvo sus ataques mágicos. La espada sagrada perforo con facilidad el conjuro debilitado, y sus poderes mantuvieron los intentos de la barrera por cerrarse al margen.

¡Isa Ya!, ¡Isa Ya!, Ri Ega... — comenzó a recitar la princesa mientras reunía sus energías con los ojos cerrados, pero la expresión de su rostro pareció mostrar sufrimiento y cansancio. — ...Ina Zumri Ya Lu Yu ¡Tapparrasama!

Tan pronto terminó de conjurar, la espada de Gourry resplandeció con una luz púrpura y una pequeña estrella de seis puntas se dibujó formando un círculo justo en el agujero de la pared de sombras. El caballero dio un rápido salto hacia un lado, sacando la hoja de la espada al tiempo que la barrera sagrada de Amelia se asentaba y mantenía abierta la fractura. La princesa cayó con una rodilla en el suelo por el esfuerzo de volver a lanzar tan extenuante conjuro, pero junto todas sus fuerzas para continuar.

— Lina, no podré mantenerla mucho tiempo — la apuró Amelia arrodillada por el cansancio, pero aún capaz de llevar ambas manos al frente y separarlas con dificultad influyendo su conjuro. La pequeña barrera luminosa que mantenía abierto un trozo del muro oscuro empezó a aumentar lentamente su tamaño.

Mas negro que la noche, mas rojo que la sangre, enterrado en la corriente del tiempo... — empezó a conjurar la hechicera mientras una gran cantidad de flamas rojas se reunían a su alrededor y entre sus manos.

— ¡De prisa! — exclamó la princesa finalmente, habiendo expandido su conjuro hasta convertirlo en una ventana de más de un metro de diámetro en medio de las sombras densas de la barrera que les impedía el paso.

En tu nombre, juro por la oscuridad que todos los estúpidos que se ponen en mi camino, serán destruidos por tus poderes y los mios, ¡Drag Slave!

El poderoso rayo de Lina, amplificado por la magia de los talismanes Sangre de Demonio, entró por la apertura del muro negro y recorrió el camino hacia el centro de Darkfall con una velocidad impresionante, destruyéndolo todo a su paso. Un segundo después, la princesa cayó finalmente inconsciente al suelo y su barrera brillante se rompió en incontables fragmentos de luz, mientras la oscuridad a su alrededor avanzaba y cerraba la fisura, pero las flamas de Lina ya habían hecho su trabajo. Una explosión devastadora hizo retumbar la tierra mientras el fuego incandescente empezaba a incinerarlo todo en el interior del domo de sombras.

Zelgadis había mantenido un extenso combate espiritual con la multitud de sombras y poderes demoniacos en el interior del alma de Kala. Un ejercito de fragmentos de demonio y de la misma oscuridad de la dragón negro se había lanzado en su contra, pero había logrado distraer su concentración e impedirle enfocar sus energías. Había logrado romper algunas de sus defensas internas, lo que le mostró imágenes aterradoras de su pasado, y ahora empezaba a ser capaz de percibir por los sentidos de la dragón misma, ver borrosamente por sus ojos, escuchar lejanamente por sus oídos.

S... elta.. m... Suéltame... — escuchó el espiritista una voz lejana y difícil de descifrar, finalmente entendió que era la voz llorosa de la dragón negro. — ¿Por qué haces esto?

Lo siento — pudo escuchar la voz de Xellos. También pudo sentir como el demonio mantenía las manos de la dragón sujetas con una fuerza abrumadora, impidiendo que ésta se moviera. — Esto no hubiera funcionado.

¿Pero por qué? — Zel pudo sentir la tristeza que inundaba el corazón de Kala, que lo destrozaba. — Estábamos tan cerca, ahora nada podrá detenerlo.

Nada podría haber detenido lo que intentabas invocar, no podía permitir eso — respondió el demonio con una voz melancólica y acercando ligeramente a la dragón, pero sin soltar su agarre. — Y no hubiera funcionado porque yo amo a Filia.

Dijiste que no volverías a hacerme daño— sollozó la joven mientras una lágrima fría y solitaria recorría su mejilla.

Lo siento... — dijo el demonio, acercándose nuevamente a la dragón y besando su frente. — ...pero éste es el adiós.

La dragón intentó combatirlo con sus últimas fuerzas, intentó liberarse una última vez, con lágrimas, con cansancio, con ira. Finalmente escuchó el estruendo de una explosión y vio el resplandor cegador de las flamas que se acercaban. La explosión fue descomunal y en segundos el lugar completo ardió en llamas. El infierno que se desató en el interior del domo cubierto con la barrera de sombras fue tan intenso que las rocas mismas se fundieron y kilómetros de pantano se convirtieron en un cráter humeante. Absolutamente nada en el lugar quedó en pie y la barrera desapareció momentos después, al mismo tiempo que la presencia de Kala.

— No puede... ser... — Filia alzó la cabeza al sentir una presencia familiar a sus espaldas y se dio vuelta de inmediato, para encontrarse con Xellos que la miraba con un rostro despreocupado.

— ¿Qué pasa? — preguntó el demonio con un tono ligeramente más serio que de costumbre, pero con una suave sonrisa. — Te dije que te protegería sin importar lo que pasara.

La dragón dorado aún no acababa de entender lo ocurrido, las razones del demonio ni sus acciones, sin duda exigiría una explicación. Pero ahora lo único que importaba era que Xellos había vuelto. La joven miró al recién llegado con los ojos llorosos y dio un paso en su dirección, alzando ligeramente una mano. Luego lanzó una cachetada con una fuerza tan descomunal que casi le partió el cuello y lo dejó desorientado, pero al segundo siguiente se lanzó hacia él y lo rodeó con sus brazos. El demonio pudo sentir el llanto de la sacerdotisa, pero también pudo sentir su corazón latiendo con fuerza contra su propio pecho, causándole una sensación de calidez en el interior. Filia provocaba que su corazón se partiera en dos, pero al mismo tiempo le demostraba que, de hecho, tenía corazón.

Continuará.

Avance del próximo capítulo: Oscuros Rituales

Llegan los Caballeros del Olvido, la oscuridad muestra su poder.

Lina enfrenta un enemigo formidable al que debe derrotar, a cualquier costo.

Cuando las espadas y los hechizos fallan, sólo queda pelear con el corazón, pero en esa situación, ¿El fin justifica los medios?

La última batalla comienza, en el interior de los Justicieros.