Nico Robin vs Roronoa Zoro 2Y

Resultaba curioso que, a pesar de haber pasado dos años alejado de sus nakama, tanto estos como él mismo no le dieran mucha importancia al hecho de que apenas reunidos nuevamente se vuelvan a separar para recorrer a su gusto la ciudad. Aunque lo de "gusto" resulta ser de lo más relativo.

Zoro había comenzado el paseo con grandes esperanzas, al haber encontrado una tienda de licores en las que se pudo abastecer con poco gasto de berries sin que el precio repercutiera en la calidad del licor. Pero no era necesario el encontrarse completamente ebrio para que te sucedan cosas absurdas, o muy parecidas a dicho término. En el caso del kenshi dicho suceso era que, en estos momentos, era la quinta vez que volvía a pasar por la misma calle. Al principio no le dio importancia, debido a que siendo una ciudad desconocida era normal el equivocarse en alguna dirección antes de reconducir el rumbo, pero cuando se repitió por tercera vez empezó a sospechar que aquí estaba sucediendo algo de lo más extraño.

Sabiendo que no se había perdido, obviamente, Zoro trató de encontrar el motivo por el que siempre parecía estar regresando a esta calle pero no había nada en ella que le llamase la atención. Tiendas de ropa, librerías, floristerías, exposiciones… ¿una tienda para adultos? Como si todo esto pudiera tener algo en común y, más aún, de alguna forma relacionado con el propio Zoro.

Botella vacía. Esto sí que le afectaba directamente a Zoro.

Cuando fue a tirar la botella, en un contenedor verde donde había pintada una botella, se percató de algo que se encontraba en el escaparate de la tienda cercana. No era nada fuera de lo normal pero, por alguna razón, logró llamarle la atención. Lo cual resultaba de lo más sorprendente debido a que ni era una tienda de armas, con la posibilidad de encontrarse alguna katana de buena factura, o una tienda de licores, sin contar que aún estaba bien servido del mismo. No, no era una tienda acorde con sus gustos pero, a pesar de ello, aquí se encontraba detenido frente al escaparate sin poder apartar la mirada de lo que se la había robado.

Era un tallo de altura considerable con sus hojas de intenso color verde atrapándote la atención pero lo que lograba ganarse tus ojos eran aquellas cinco flores que había en ese tallo. Su color blanco resultaba tan puro que uno podría lamentar el que hubieran nacido solamente para que el paso del tiempo las terminase por marchitar.

—¿Le gustan?— preguntó una voz que no logró romper el lazo que se había formado entre el kenshi y aquella flor—. Es una flor representativa de la "celebración" por lo que es muy común verla en ramos de novia. Boda, salud, abundancia vienen representadas por la casablanca.

Zoro no lo entendía. Con paso firme y la vista al frente logró abandonar esta misteriosa calle que le había robado mucho más tiempo del necesario por algo que no iba a llegar a ninguna parte.

A pesar de que no se había esperado cerrar una venta al ver las pintas de aquel muchacho, un kenshi viendo que portaba tres katana y curtido en batallas con tan solo las dos cicatrices visibles, cruzándole el pecho y su ojo izquierdo, el que se hubiera detenido alguien así ante su floristería tenía que significar algo.

—Me parece a mí, Kusaki, que tratas de ver donde no hay— se dijo la muchacha con un suspiro de resignación.

—Se ve muy viva— dijo una voz a espaldas de Kusaki que se había vuelto para entrar en la tienda—. Quisiera comprar algunas semillas.

Kusaki se encontró con una mujer espigada, de largas piernas que mostraba con la abertura de su pareo, y generoso pecho que no tenía vergüenza alguna en exponer al mantener baja la cremallera de su chaleco de cuero, o por temor a que pudiera llegarse a romper la cremallera de intentar subirla. Llevaba echado hacia atrás su larga melena negra, con lo que dejaba despejada su frente, mientras sobre su cabeza descansaban unas gafas oscuras que ahora no se encontraban ocultando aquella pareja de brillantes orbes castaños.

—Por supuesto. Pase, pase— Kusaki se apartó para dejar paso a la muchacha—. ¿De qué tipo las quiere?

—Me gustaría semillas de cosmos, cardos, girasoles, margaritas, delphinium, tulipanes, anémonas y rosas— dijo sin ofrecer ningún tipo de duda o titubeo—. Sin olvidar de las semillas de casablanca.

—Y semillas de casablanca— terminó de tomar nota Kusaki—. ¿Quiere llevarse alguna de estas? Puede ver que tenemos una remesa muy buena.

¿Por qué no?

—Arigatou, entonces déme también una flor de casablanca.

—Sabe, antes estuvo aquí un kenshi de aspecto peligroso observando, precisamente, las flores de casablanca que tenemos expuestas pero no puedo imaginarme cuál podría ser su interés por ellas.

Nico Robin sonrió sagazmente.

—En mi caso la casablanca es mi flor representativa.

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Continuará
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