"Nada se mantiene inmutable. Todas las cosas nacen, crecen y mueren. En el mismo instante en el que alcanzan su máximo explendor, el declive comienza. Ésto se debe a la ley del ritmo. Siempre vigente." El Kybalion.
Atala Narum, 17 años
Serenity Ville
—Y también me gustaría un bollito de piñones y romero hecho por Peeta, un vaso de leche de cabra con miel y un puñado de frambuesas silvestres, por favor —digo al teléfono, leyendo las cosas del menú que hay junto a mi mesita.
—De acuerdo señorita Narum. En unos minutos tendrá su orden en la habitación.
Me despido de la chica tras darle las gracias y dejo el teléfono en su sitio. Es genial ésta opción de tener el desayuno servido directamente a la cama. No quería perderme la comida del Distrito 7 que para algo es mi favorito solo por no encontrarme con Andri. Además, así no tengo que ver el muro de los horrores. El cual me da escalofríos también.
El pitido me indica que mi orden está servida.
—Eso es rapidez —digo incorporándome y subiendo la ventanilla metálica incrustada en la pared.
El panecillo está aún caliente y desprende un fuerte aroma a hierbas, la leche servida en un cuenco de madera está tibia, en su punto y las frambuesas, presentadas en una mini canasta de mimbre parecen estar diciendo "cómeme". Levanto el plato y es entonces cuando veo las fotos. Parece que no me voy a librar de ellas. Son seis. Una chica con una larga melena castaña que debe tener mi edad es la que más me impacta. Me pregunto qué edición jugó y si mi madre la conoce. También la de Blight a quien vimos morir en el último vasallaje.
Es al darle la vuelta a la foto sin ninguna razón aparente cuando veo que hay algo escrito a mano en bolígrafo negro. La letra es muy angulosa y desgarbada, no es completamente clara pero tampoco es ilegible.
"Querido tributo. Espero que disfrutes de éste fantástico desayuno compuesto por comida típica de mi distrito natal. La leche está recién ordeñada, de una de las cabras montesas del rebaño de Blight, asesinado por el Capitolio hace dos años mientras que la miel es de las colmenas de Axel, el anciano vencedor al que ustedes ejecutaron por su supuesta afiliación con los rebeldes. ¡Buen provecho!
Johanna Mason."
—Yo no maté a nadie, Johanna —digo, como si hubiera estado aquí.
Si la tuviese delante me iba a oír. Le diría las verdades a la cara. No me intimida.
Lo siguiente que pienso es si de verdad han traído una cabra aquí y dónde la están guardando. Quiero verla. Nunca he visto una cabra montesa.
Justo cuando voy a darle un bocado al panecillo alguien llama a la puerta. Andri muy posiblemente, igual que anoche. ¿Éste chico no se da por vencido? ¿No entiende que "no" significa "no"?
—¡No hay nadie! —Grito antes de comenzar a comer.
—Atala, tienes cinco segundos para abrir esa puerta —dice la voz de Faris.
—Eres más gruñona que mi madre recién levantada.
Dejando de nuevo la bandeja a un lado, voy a abrirle. En cuanto le abro, ella pasa, cierra la puerta tras de sí y me mira inquisitivamente, de brazos cruzados.
—Bonito vestido —digo.
Hoy lleva un vestido azul turquesa que hace juego con las puntas de su cabello rubio. Aunque lo que más llama la atención son sus labios pintados de un rojo intenso.
—¿Vas a esconderte siempre de Andri? —Dice, sus brazos en jarras.
—No me estoy escondiendo, tan sólo quería desayunar en cama. Aunque mentiría si dijera que me muero por verlo.
—Él ni siquiera está despierto. Gracias a su piscina particular no tiene que ir a clases de natación. Pero cambiando de tema... te lo dije —dice dejándose caer en uno de los pufs que adornan la habitación y cruzando las piernas—. No eran compatibles.
—Oh, en verdad las cosas iban bien hasta que él comenzó a hacer el payaso.
—Porque Andri es un payaso, me estás dando la razón con eso. Necesita a alguien que le meta en cintura, y me he entrado que Cain Delfos de Peace Road va a convocar hoy un casting de armas a distancia para buscar a un tercer miembro. He hablado con el señor Blitz hoy y al parecer Andri está invitado. Y tú también.
—¿Crees que Andri lo logrará?
—El instructor de tiro al blanco dice que es bueno. Blitz quiere a los mejores para sus chicos, y con el caché que tienen, están en su derecho al ponerse exigentes. Les hablé de ti, y están dispuestos a aceptarte sin prueba.
—Faris... ¿Me estás diciendo que podría al final de todo acabar en la misma alianza que Andri? Después de echarme en cara que tenías razón en que no éramos compatibles. Creo que te estás contradiciendo.
—No sería igual, tienes a Cain y Plia para respaldarte. Entre esos dos lo llevarían más recto que una vela.
Y ¿Qué tengo yo para ofrecerles? Ellos sólo están interesados en mí por esa mentira que les has contado. Quizá podría engañar a otros, pero no a alguien como Cain, tan preparado.
—Hay un cuento que me solía contar mi abuelo. Trata de un gobernador que estaba buscando esposa entre las mujeres de la nobleza del país. Al enterarse un campesino, ofreció al gobernador la mano de su hija alegando que podía convertir la paja en oro. Tu eres el campesino y yo soy la hija, y las cosas se complican para ella a partir de esa mentira.
—¿Y qué esperas que le diga a tu madre cuando mueras en la Arena? ¿Cómo esperas que la siga mirando a la cara tras no haber podido traerte de vuelta? ¿No entiendes que como mentora tengo un extra de presión en lo que se refiere a ti? Tu madre no es sólo una colega mía, también es una amiga.
—Te agradezco eso. Pero reitero lo que pienso. No ser una máquina de matar no me transforma en una minusválida. Soy fuerte y tengo otras habilidades. Además ya tengo a alguien pensado.
—Dispara.
—Emerson. Es bueno con las trampas. También es simpático e inteligente.
—¿Emerson de Emerald End? ¿Y dónde podría haber aprendido esa habilidad?
—No le pregunté. Pero los instructores le dijeron que ya no tenían nada más que enseñarle y que se centrara en otras cosas.
—Hmm... —Faris frunce el ceño y se queda un rato pensativa— me esmeré mucho en ponerte en buen lugar ante el señor Blitz y sus chicos. Me gustaría que al menos te lo pensaras... aunque al final vas a hacer lo que te de la gana como siempre. ¿No?
—No estoy muy segura de poder aparentar ser alguien que no soy por tanto tiempo. Me drena la energía... supongo que no nací para ser actriz. A Emerson sin embargo lo veo como a un igual.
—Como sea. Haz lo que sea, pero por favor, no te me mueras. No se te ocurra hacerlo. Y termina de desayunar, las clases de natación serán pronto.
Faris sale de la habitación sin dedicarme una última mirada. Nunca llegaré a averiguar si ella es realmente así o está permanentemente enojada.
Ayer por la tarde volví a coincidir con Emerson en una de las estaciones y estuvimos conversando. Me habló de su hermana pequeña, de su hermano Wagner tan físicamente parecido a él que la gente siempre pensaba que eran gemelos. También que su padre está muy deprimido desde los bombardeos y a penas se levanta de la cama. Me recordó tanto a lo que le pasó al abuelo... se fue apagando, poco a poco sin que pudiéramos hacer nada.
Como por instinto, agarro la gema blanca colgada a mi cuello y aprieto la mano.
—Lito... ¿Estás ahí conmigo? Te necesito más que nunca, te extraño y te quiero.
Me tomo un momento con los ojos cerrados para meditar sobre mi situación. Katniss dijo que a pesar de romper las normas y agredir a un tributo no iban a castigarme. Comprendió mi situación. Después le pregunté qué hacía ella cuando se sentía tan mal y atrapada que no sabía qué hacer. Contestó que tenía sus formas de desahogarse. Que normalmente pateaba algo, o rompía algo y me recomendó hacer lo mismo ahora que tenía armas a mi alcance. Cuando nos despedimos, ella se disculpó, y no tuvo que explicarse para que yo comprendiera por qué se disculpaba. Katniss fue un tributo igual que nosotros, no es su idea que estemos aquí. Pude sentir como si en el fondo, ella también estuviera sufriendo por todo esto.
Consulto el reloj de la mesita y me apresuro a terminar el desayuno. Recordar al abuelo me ha subido el ánimo.
Me siento bien otra vez.
Lamyel Courp, 15 años
Sparkly Lane
—¿Te gusta el desayuno, Lamyel?
—Sí —respondo. Son cosas sencillas y poco procesadas.
A mamá le gustaban los alimentos así. Decían que eran más sanos que los cereales cargados de azúcar que normalmente la gente toma.
Daikiri suspira y se echa hacia atrás en su asiento, haciendo que su voluminosa melena afro se sacuda sin perder la forma. No puedo ver su expresión ya que en contadas ocasiones lo he visto sin sus gafas de sol, pero sé que está frustrado. Ni John el escolta ni yo somos personas demasiado locuaces, y Daikiri ha intentado sin éxito intentar entablar una conversación.
Yo me siento más a gusto sumido en mis pensamientos, mientras que John está en uno de los sofás minimalistas que adornan la estancia, girando la cabeza hacia la puerta cada pocos minutos.
—Ella no vendrá aún —dice Daikiri de repente.
John parece darse por aludido y se cruza de brazos casi con pudor.
Es una de las cosas que me ponen nervioso de él. Es un hombre extremadamente observador que disecciona cualquier situación en cuestión de minutos. No me gusta que me analice así por eso no le hablo, y el hecho de que nunca sabes a dónde está mirando no arregla las cosas. Bien podría pretender que está mirando la televisión cuando en verdad tiene los ojos clavados en ti.
Ésta vez ha estado fijándose en John, y ha deducido que él estaba buscándola a ella. Siendo "ella" mi compañera tributo Mair, supongo.
—Le estás tomando demasiado cariño. ¿No crees? —Insiste mi mentor.
—A penas hemos hablado.
—Pero te pasas el día observándola. ¿Te gusta ella?
—¡No! —Dice levantando la voz.
—¡Cálmate! Lo decía de broma pero veo que estoy en lo cierto. Te gusta ella.
John no contesta, apoya la mano en su frente y se acomoda en el sillón.
—Yo saqué su papel. Yo la he mandado aquí.
De repente me siento molesto. ¿Y yo qué? Él también sacó mi papel, él también me mandó a mí aquí pero no parece sentirse culpable por eso, sólo por Mair porque es una chica y le gusta.
—No mandaste aquí a nadie, fue la suerte. Y me parece rudo que digas algo así delante de Lamyel —dice Daikiri como leyendo mis pensamientos—. ¿Cómo crees que se debe estar sintiendo él al oirte?
—Lo siento —murmura John en mi dirección.
—Traidor —exploto.
Él no se defiende. No entenderé a los que aceptaron ese trabajo aún sabiendo que éramos de los suyos los que iríamos a los Juegos. Me dan asco todos ellos.
—Lamyel, pensé que habíamos dejado ese punto claro.
—Para mí está muy claro. Como compatriotas tuyos debiste defendernos no colaborar en nuestra ejecución.
—Y si no hubiera sido yo hubiera sido otro en mi lugar. Eso no cambia nada. Necesitaba el dinero... y pagaban bien.
—Por lo que veo los principios tienen un precio.
—No sabes nada de...
—Silencio —lo corta Daikiri—. Lamyel, John también lo ha pasado mal durante la guerra, igual que tú. Él también perdió a seres queridos y su situación es difícil. John, pensé que te hacía un favor aceptándote en el equipo, pero veo que esto te está causando más mal que bien. Siempre puedes renunciar, buscaremos un sustituto.
—Estoy bien —contesta él.
—Y sobre Mair... siento ser yo quien te diga esto, pero debes dejar tus sentimientos a un lado. No puedes seguir encariñándote con ella. No te hará ningún bien verla en la Arena en peligro. Y lo más importante, no hagas ninguna tontería y le digas nada. Ya tiene bastantes preocupaciones en la cabeza.
Es justo en ese instante cuando miro hacia la puerta y veo a Mair a través de la rendija de la misma, se está cubriendo la boca con una mano. No sé desde hace cuánto está ahí, pero parece que ha escuchado lo suficiente. Hacemos contacto visual y ella rápidamente se lleva el índice a los labios. Yo asiento, captando el mensaje.
Es una suerte que Daikiri esté en el lado opuesto de la mesa, así no puede darse cuenta de lo que está pasando. Mair comienza a gesticular mirando hacia mí. Creo que me está pidiendo que los distraiga. Desde el principio nos hemos apoyado bastante a pesar de no ser aliados, y me gusta que sea así. No tenemos por qué ser enemigos tampoco.
—Siento lo de tu familia, John. Pero mantengo lo de traidor.
—Lamyel. Dices que estuviste viviendo en un orfanato tras la guerra. ¿Sabes dónde ha estado viviendo John desde que destruyeron su casa? En la calle.
—Buenos días —dice Mair casualmente entrando al salón— ¿De qué hablan?
Mi compañera se sienta junto a Daikiri y comienza a examinar la comida.
—Tan sólo estábamos dejando un par de cosas claras. ¿Cómo has dormido?
—Bien, supongo. Preparada para el día de hoy.
—Mmmh —murmura Daikiri asintiendo en aprobación.
Después hay silencio.
Yo me doy prisa en terminar, la tensión se puede oler en el ambiente y me incomoda.
—Iré a la piscina —digo levantándome.
—Buena suerte, Lamyel —dice Mair.
Daikiri también me desea suerte, John no dice nada. Tampoco lo esperaba.
Paso por mi habitación a por el bañador y el gorro y me dirijo al ascensor. Por el camino voy pensando en lo que me dijo la chica de Peace Road el día anterior. Unir nuestras energías para parar los Juegos. Me pareció un buen plan y decidí colaborar. Será mejor que Daikiri no lo sepa, ya que no lo aprobaría, y podría incluso sabotearme. Ya sé qué ángulo adoptar para la entrevista. Voy a intentar hacerlos sentir culpables. Culpables por robarnos así nuestra vida, nuestro futuro, nuestros sueños y crear tanto dolor a nuestros seres queridos, aunque a mí no me quede ya ninguno.
El ascensor llega a su destino, me meto en el vestuario y me cambio. En la piscina hay ya varios chicos, aunque somos pocos aún. Con el gorro y el traje de baño puestos es difícil reconocerlos sin leer el nombre de la camiseta.
Estamos todos en silencio sumidos en nuestros pensamientos hasta que llega Annie.
—¡Buenos días profesora Annie! —dice Jelly la niña de Candyfloss Square.
—¡Buenos días Jelly, qué madrugadores todos ustedes!
—Es porque el día se empieza mejor cuando nadas un poco —dice Melody.
—¿Les gustan mis clases entonces? Qué bien. Podemos empezar en cuanto vengan los demás.
—¿Podremos aprender a bucear? —Pregunta Spencer.
—Me temo que no Spencer, eso llevaría más tiempo y sólo tenemos tres días antes de que entren a la Are...
Annie se calla enmedio de su frase y nos mira con los ojos muy abiertos, como si acabase de darse cuenta de cual va a ser nuestro destino.
—¿Estás bien profesora Annie? —dice Jelly.
Ella no responde, se cubre la boca con ambas manos y sus ojos se vuelven vidriosos. Antes de que podamos si quiera decir algo más, un lamento desgarrador escapa de su garganta y Annie cae al suelo de rodillas llorando.
—Finnick no querría esto... estoy segura... Finnick... no lo habría aprobado...
Los chicos de Wintertown y Jelly se acercan a ella y tratan de consolarla, las chicas con abrazos y el chico con palabras de ánimo... y yo no puedo evitar tener sentimientos encontrados. Porque no me gusta ver a la gente mal.
Pero luego una voz en mi interior me dice que si tan mal le parecen los Juegos por qué no se opuso más abiertamente. Sus lágrimas no van a salvarnos ahora.
Y aquí estamos. Los que vamos a morir consolándola a ella.
Ésto es de locos.
Zael Mansen, 14 años
Great Mall
Cierro los ojos mientras siento el agua caliente de la ducha en mi cuerpo, arrastrando cualquier resto de cloro de la piscina.
Nadar es relajante y he hecho progresos. Sin embargo, Annie no ha estado al cien por cien igual que ayer, ha estado distraída, emocional y en general más fría. Diría que eso no es bueno para mí, sin embargo es una de mis más pequeñas preocupaciones.
Puedo mantenerme a flote y puedo nadar un poco, estaré bien.
Me preocupan más otras cosas como la prueba que han convocado Cain y Pliam de Peace Road y a la que he sido invitado. Sólo uno de nosotros conseguirá entrar en la alianza y tengo que hacerlo prefecto. Tengo que ser yo quien entre, necesito esa alianza, no puedo ir a la Arena solo. ¿Qué va a ser de mí?
Tras secarme bien, salgo del cubículo de la ducha y comienzo a vestirme. Sé que me he quedado demasiado tiempo bajo los chorros de agua porque todos los demás chicos se han ido ya.
Soy el único que queda en el vestuario. Debo apresurarme y comenzar a ensayar para la audiencia.
De repente, siento un nudo en mi estómago. Es algo que he estado sintiendo mucho últimamente, de hecho durante hoy no me ha abandonado, era tolerable. Pero en éstos instantes es tan fuerte que siento hasta náuseas. El corazón me late muy rápido y las manos me tiemblan.
Abro el grifo, recojo un poco de agua fría entre mis manos y me la echo en la cara. Luego me meto en uno de los cubículos, me encierro y me apoyo en la puerta.
Los nervios siempre juegan malas pasadas. No podré lanzar si estoy así. Estoy acostumbrado a jugar a los dardos bajo presión. De hecho, era la única vez que mi padre me permitía jugar. Cuando había algún tipo de evento social y quería que compitiera —y ganara— contra los hijos de sus amigos.
Cuando eso pasaba, más me valía quedar primero. Mi padre no entendía eso de que lo importante es participar. Cada partida era un pulso y cada derrota una humillación que me hacía pagar.
Quizá es la semejanza de la situación lo que ha activado algo en mí. Si no ganaba a los dardos me las vería con Charlotte. Si no consigo el puesto en esa alianza mi futuro no pinta muy bien.
La puerta de los lavabos se abre de repente y oigo pasos. No le hubiera prestado más atención su hubieran sido pasos normales, cualquier otro tributo podría haber sentido la necesidad de usar el baño, sin embargo, siento como que algo está fuera de lugar y por esa razón, me quedo muy quieto prestando mucha atención a lo que pasa afuera. Por el número de pasos parece incluso más de una persona. La puerta del cubículo de mi lado se abre, oigo susurros pero no los entiendo. Son definitivamente dos personas.
—La gente va a pensar mal si nos ven a ambos meternos en el mismo cubículo —dice una voz masculina en tono de broma, podría considerarse hasta lógico teniendo en cuenta que estamos en los vestuarios de los chicos pero no reconozco la voz, podría ser cualquiera.
—Es necesario que no nos oiga nadie.
Es lo que me parece oír, el otro tributo habla casi en un susurro lo que me obliga a pegar el oído a la pared.
—¿No podemos hacer una reunión entre los cuatro?
—Llamamos mucho la atención los cuatro juntos y no confío en Ruttiger. Además quiero hablar contigo a solas.
—Bueno, pues tú dirás.
No me atrevo a mover ni un músculo. Si saben que estoy aquí se irán. Y me interesa lo que tengan que decir. Cualquier información que consiga de los otros podría salvarme la vida en un futuro.
—Las cosas no nos van a ir bien si cada uno va por su lado. Eryx... ¿Puedo dar por supuesto que vas a estar al cien por cien a la hora de seguir nuestros planes?
Eryx... uno de los chicos de Capitol Hill. El otro debe ser ese tal Akiva entonces.
—¿Y por qué no iba a estarlo? Quiero vivir, una alianza es lo que nos conviene a todos, sino no habría aceptado.
—Y aún así no es algo raro ver alianzas traicionándose entre ellos para quitarse de encima a un futuro oponente duro.
—Para serte sincero, creo que necesitamos comunicarnos más, ser más honestos los unos con los otros para aumentar la confianza. Ya he notado... una pequeña carencia en nuestra comunicación si es eso a lo que te refieres.
—Entonces, pongámosle remedio. Puedes contarme lo que sea en total confianza. Dime. ¿Qué es lo que te cohibe?
—A veces pienso que tienes debilidad por Roselia, no es un reproche, pero me pregunto si...
—Eryx, ella es un añadido muy importante. Roselia es quien es, eso no se puede negar.
—Y a parte de eso... ¿Qué aporta?
—Confía en mí, ella es más que la nieta de Coriolanus Snow. Ahora mismo está espiando la nueva alianza de las tres chicas Eris, Mair y April. Según ella, las posibilidades de que se hayan aliado son muy altas, teniendo en cuenta que April no le quitó el ojo de encima a las demás y las siguió al ascensor. Si es verdad, tenemos un problema, ellas son fuertes pero si todo marcha según el plan, nosotros prevaleceremos.
¿April en una alianza? No sabía nada, aunque ella tampoco es un libro abierto.
—Quizá deberías contarme de qué se trata, es la primera noticia que tengo sobre que estamos siguiendo un plan.
Me pego más contra la pared para no perderme detalle.
—Las chicas tampoco lo saben aún. Debemos hacernos con la Cornucopia. ¿Qué opinas?
Hay un silencio.
—Me parece... de hecho, una buena idea. Controlar las provisiones nos dará ventaja sobre el resto.
—Somos la alianza más grande hasta el momento, creo que podemos lograrlo si nos mantenemos superiores a los demás. La alianza de Cain también podría ponérnoslo difícil, sobre todo después de que recluten al francotirador.
—Vamos a tener que empezar a tomar vitaminas entonces. En cantidades industriales.
La broma casi hace que me ría y me trato de contener. El otro no hace comentarios.
—Será duro pero creo en nosotros. Eryx, échale un ojo a la selección de Cain. Nos interesa, los candidatos se esforzarán al máximo y podremos ver hasta donde llegan.
—De acuerdo. ¿Alguna cosa más?
—Estate alerta. Preparado para luchar el día del baño de sangre por la Cornucopia... y si tenemos que quitar de enmedio a alguien, que sea una de esas tres chicas. Dos de ellas solas no serán problema.
—No va a ser fácil.
—Por eso tenemos que estar lo más unidos posible. Y en éste momento cada uno por su lado cuidando de su propio trasero, no somos la mayor de las amenazas aquí.
—Me interesa cuidar de mi trasero, como podrás suponer. Pero entiendo lo que dices y te apoyo en ello.
—Bien. Volvamos.
La puerta se abre y los oigo caminar hacia la puerta. Unos segundos después, la estancia se sume de nuevo en el silencio y yo no me atrevo a moverme, el corazón latiéndome a mil por hora. Planean tomar la Cornucopia y han marcado como blanco a April, Mair y la chica del cabello rosa. Como April es mi compañera de área inmediatamente me siento en el deber de ayudarlas, pero una vez más estoy rodeado de rivales que me ganan en peso, fuerza y espíritu. La alianza con Cain no está asegurada aún y necesito un plan b para no quedarme solo ante el peligro.
Ésta información que acabo de obtener es valiosa y no puedo regalarla a cambio de nada. No en los Juegos del hambre. Así empiezan los negocios, dice mi padre. Con un trato beneficioso para ambas partes, pero intentando que la tuya sea mejor aún. Y en éste caso, yo podría salvarles a ellas la vida, y ellas a mí la mía.
Me parece un trato justo.
Myle Lavrov, 12 años
Lakeside
—Listo, Myle. Ya puedes cruzar.
Cuando oigo al instructor avisarme, comienzo a caminar por el gran pasillo metálico.
Mi objetivo es llegar hasta donde está él ileso. Es la tercera vez que lo intento, y aún no he podido hacerlo. Los peligros cambian todo el tiempo, es difícil que no te pillen desprevenido.
Esquivar los láseres es lo más fácil. No me cuesta a penas esfuerzo. Luego todo se complica, una fosa en el suelo se abre de repente ante mí y tengo que retroceder, casi rozando uno de los láseres que ya había esquivado.
—¿Estás bien? —. Pregunta él al verme en apuros.
Yo asiento y me preparo para continuar.
Un árbol holográfico se materializa ante mí mientras se cae. Rápidamente me voy hacia la izquierda donde una persona con un machete aparece. Cambio de rumbo de nuevo, fuera de su alcance donde un par de estalactitas caen del techo justo detrás de mí.
Ésta cosa no te da un segundo de descanso. Aún no me he repuesto de las estalactitas cuando veo al arquero y ruedo por el suelo a la vez que la flecha pasa por donde antes estaba mi cabeza. Pero el pasillo aún sigue, y mientras me levanto, casi no me da tiempo a apartarme de otras dos estalactitas que caen.
Cuando llego al final, estoy jadeando exhausto. Pero feliz por haberlo logrado.
—¡Muy bien Myle! —canturrea el instructor— ¿Quieres probar ahora en modo experto?
—Sí, por favor. Quiero hacerlo perfecto.
Practicando todo es posible.
—De acuerdo, iré a reiniciarte el programa.
El instructor me deja solo, y mientras espero a que vuelva la luz rojiza del túnel de al lado se enciende, la curiosidad por ver quién está ahí me hacen asomarme y cuando lo hago, veo a Jelly esquivando los láseres. Lo está haciendo muy bien.
—¡Myle! —dice ella dándose cuenta de que la estoy mirando, saludando con la mano.
—Ho-hola... —respondo, tomado por sorpresa— ¡Cuidado!
Su sonrisa desaparece mientras mira hacia atrás. Jelly ha rozado uno de los láseres al distraerse y una gigantesca roca se cae del techo, a la vez que un puñado de flechas salen disparadas de ambos lados de la pared. Ella grita de la sorpresa y salta hacia delante, salvándose por los pelos.
—Estoy bien —dice resollando.
Un lobo se materializa frente a ella y Jelly frunce el entrecejo, desenfunda su cuchillo y lo clava en el ojo de la fiera, que se evapora en miles de pequeñas partículas.
—¡Ánimo!
Más lobos aparecen, Jelly se enfrenta a dos, pero al final opta por huir de ellos y la alcanzan cuando estaba a punto de terminar.
—Diablos... —dice cuando las luces vuelven a la normalidad.
—Lo hiciste muy bien —digo—. Lo de los lobos fue impresionante.
—¿Tú crees? Aw, gracias. Un gusto poder hablar por fin contigo. Había estado esperando el momento, pero he estado ocupada.
—Vaya... yo... también me alegra conocerte. Es bueno tener a alguien de la edad de uno con quien conversar.
Todos los demás chicos se ven tan mayores, incluido Spencer.
—Es verdad. ¿Tienes alianza ya, Myle? Podría preguntarle a Rom y Melody si te puedes unir a nosotros.
—Ya tengo alianza —digo—. Pero te agradezco mucho la invitación.
—Ohh... —dice decepcionada— pero yo no quiero ser tu enemiga. No quiero tener que clavarte un cuchillazo en el ojo.
Trato de hablar pero las palabras se me atoran en la garganta. No esperaba eso último.
—Es mi ataque especial —explica ella—. Lo inventó mi mentora. ¿Tú tienes algún ataque especial?
—No, creo que no.
—Deberías trabajar en uno —dice e inmediatamente se pone triste—. Es una pena que no podamos ser amigos...
—Tampoco tenemos por qué ser enemigos, no veía mucho los Juegos del hambre pero a veces pasaba que dos chicos se encontraban y no se hacían nada. O incluso se defendían de peligros sin ser aliados.
—¡Tienes razón! Si nos encontramos en la arena no te haré nada. Y tú tampoco me harás nada a mí. ¿Vale?
—No creo que pudiera. A las chicas hay que tratarlas amablemente. Es lo que dice papá.
—Y yo creo que tu papá tiene mucha razón.
Comenzamos a reír, y en ese instante Spencer se acerca.
—Myle... ¿Cómo va el entrenamiento?
Su presencia hace que Jelly se calle de repente.
—Va bien —digo—. Estaba hablando un poco con ella.
Spencer la mira un momento antes de volver a dirigirse a mí.
—¿Tienes un minuto? Necesito comentarte algo.
—Yo... —dice Jelly— yo ya me voy. Hasta luego, Myle.
Jelly gira sobre sus talones y se aleja.
—Hasta luego —digo. Me hubiera gustado hablar más con ella.
—¿De qué estaban hablando? —dice Spencer.
—Jelly y yo hemos coincidido aquí y comenzamos a hablar, ella me invitó a su alianza pero yo le dije que ya tenía una y al final... acabamos hablando de que no queríamos ser enemigos en la Arena igualmente.
Spencer asiente.
—Ya veo... escucha. Hay algo que debes saber. Creo que no deberías ser tan confiado con la gente ajena a nuestra alianza.
—Pero Jelly no es mala. No creo que ella nos haga nada malo.
—¿Ves? Eso es lo que quiero decir. No sabemos las intenciones de otros y en éste entorno tan competitivo, todos van a ir a beneficiarse a si mismos y a ti es posible que te vean demasiado ingenuo e inocente e intenten aprovecharse de eso. ¿Qué te dijo Jelly exactamente?
—Dijo que no quería hacerme daño en la Arena. Y yo le dije que yo a ella tampoco.
—Y con eso se ha conseguido que no la molestes. Sabes, tengo dos hermanas. Ellas harían lo que sea por salirse con la suya. Y lo peor, es que la mayoría de las veces mi madre está de su parte. Mis hermanas lucen tiernas e inocentes, lo saben y lo usan a su favor. Tú no lo sabes pero Jelly podría estar haciendo lo mismo contigo.
—Vaya... ¿En serio? ¿Las chicas hacen eso?
—¿No tienes hermanas?
—No. Soy hijo único.
—¿Tampoco tienes amigas?
—Conozco a muchas chicas en la academia y en la escuela y nos llevamos bien pero no soy muy cercano a ellas.
—Por eso no entiendes bien a la gente —dice apoyándose contra la pared—. Eres muy joven. No has tenido tiempo de entender muy bien la naturaleza humana. Y bueno ya... es tarde para eso. No tenemos mucho tiempo. Pero confía en mí. En la Arena sólo nos tendremos el uno al otro. Hay que guardarse de los demás tanto como podamos. Y sobre todo, piensa siempre que alguien puede dar una imagen falsa, amigable o inocente, cuando por dentro son todo lo contrario.
—¿Entonces crees que Jelly en verdad quiere lastimarme?
En ese momento, ella pasa cerca de nosotros conversando con su aliada. Spencer las sigue con la mirada.
—No lo sé Myle... pero preventivamente debemos pensar que sí. La aliada de Jelly, es de Wintertown. ¿Y sabes qué? Ella se presentó voluntaria y aún nadie sabe por qué.
—Vaya...
Da miedo. La aliada de Jelly es como una profesional, es muy alta y fuerte. Lo que dice Spencer comienza a cobrar sentido. De repente no veo a la gente de mi alrededor como gente, sino como amenazas. Estoy rodeado de ellas.
—Pero no pongas esa cara. Sólo tienes que permanecer en alerta constante. Mira, te enseñaré algo.
—¿Qué es?
—Es el saludo secreto. Sólo lo sabemos tres personas en el mundo, mi amigo Robert, mi amigo George y yo. Y ahora, Myle te lo voy a enseñar.
Juntar nudillos, juntar palmas, juntar nudillos de nuevo y al final entrelazar pulgares.
Lo practicamos unas cuantas veces hasta que me sale bien.
—Nunca había tenido un saludo secreto con nadie —digo—. Es divertido.
—Claro. Es mi forma de demostrarte mi confianza y pedirte que actúes en beneficio nuestro siempre. Y recuerda, no se lo muestres a nadie. Sino no sería secreto. ¿Vamos a comer ya?
—De acuerdo.
Salimos de ahí para ir al comedor mientras voy pensando en lo que me ha dicho. Mamá siempre controló mucho mis amistades. Nunca le había dado demasiada importancia hasta ahora. Tal vez ella trataba de protegerme de ese tipo de personas que Spencer menciona, y por eso hay cosas que yo no he sabido. Y ahora no sé distinguir los que fingen de los que no. Los que son buenos conmigo sin más o tienen otras razones.
Es todo tan complicado...
Melody McFray, 15 años
Wintertown
Veo a Jelly caminar hacia la estación donde estoy, aunque parece que no me ha visto. Está distraída, mirando al suelo. ¿Habrá pasado algo?
Aún recuerdo como ayer prácticamente me incluyó en su alianza con Romulus, después de saludarlo en el círculo. Jelly tiene encanto para la gente, y yo siendo de la forma que soy ya me ha conquistado. Pero también es vulnerable. Eso es lo que me preocupa...
—¡Jelly! —la llamo. Ella levanta la mirada e inmediatamente, una sonrisa se dibuja en su cara.
—¡Melody!
Ella corre hacia mí y yo dejo la katana a un lado para prestarle mi atención.
—¿Qué tal el día, Jelly? ¿Qué has hecho?
—Oh, deja que te cuen-
—¡HORA DE COMER!
Al oír el vozarrón de Leda, uno de los espadachines de la estación donde estoy, Jelly da un grito y se refugia en mis brazos. Casi por instinto, yo la rodeo con los míos y la aprieto fuerte contra mí, tal y como hago cuando Tiana está asustada.
—Tranquila —digo, algo divertida por su reacción—, el señor Leda se ve intimidante, pero es un buen tipo. No va a hacerte nada.
—¿Qué pasa, Melody? ¿He asustado a la niña? —dice desde donde está, tras lo cual comienza a reír a carcajadas y a frotarse la nuca con una de sus manos—. Lo siento. No era mi intención.
Leda es muy alto, dicen que yo lo soy pero lo de él se sale de lo normal, y con su desarrollada musculatura parece un armario humano.
—¡No estoy asustada! —protesta Jelly.
Se está esforzando tanto... es algo que sinceramente admiro en ella.
—Es normal. Cualquiera en tu lugar lo habría estado. ¿No? Fue algo muy repentino, yo también me sobresalté —miento.
Ella abre mucho los ojos, como si se hubiera dado cuenta de algo muy evidente.
—¡Cierto! La gente se asusta cuando le gritan a la cara así sin más. Eso es.
—Y ahora, vayamos a comer. ¿Dónde está Romulus?
Echamos un vistazo alrededor, fijándonos en todas las estaciones pero no lo vemos. Jelly sacude la cabeza.
—Otra vez se perdió. Éste chico no tiene remedio, quizá ya se adelantó al comedor.
Otra vez, ella me hace reír con sus comentarios ligeramente indignados.
Estoy satisfecha con mi alianza, pero a la vez no. Estoy satisfecha porque no podía haber encontrado a dos chicos mejores a ellos dos y con los que me lleve tan bien. Y no lo estoy por la misma razón, porque sé que no va a durar y tengo miedo por ellos y por mí misma. Jelly es encantadora, siempre alegre, Romulus es muy atento y sensible a las necesidades de nosotras dos. Siento que cada uno de los tres nos preocupamos por el resto y la verdad, cada vez que pienso en el futuro tengo miedo.
No quiero hacerles daño. Quiero mantenerlos a salvo de todo peligro y sé que no puedo. Pero sobre todo, lo que de verdad me preocupa, lo que de verdad me afecta es que yo les llegue a hacer algún mal. Parece como si mi mente se hubiera puesto a trabajar a la velocidad de la luz para crear cientos de escenarios nefastos donde a ellos les pasa algo y no puedo protegerlos, o donde yo me veo obligada a lastimarlos sin derecho a cualquier otra opción.
Así soy yo, y el no poder evitarlo me pone nerviosa. No se puede evitar ser como se es. Podemos dar otra impresión de cara a los otros. Yo puedo dar otra impresión de cara a ellos. Que estoy bien, tranquila, positiva. Que todo va bien. Hasta ahora lo he hecho, pero... ¿Sirve de algo cuando por dentro estoy mal, nerviosa o preocupada?
¿Cambia eso algo?
Cuando pasamos al comedor, vemos que Romulus ya está ahí, ha encontrado una mesa y ha preparado bandejas y cubiertos para que vayamos a llenarlos.
—Iba a ir a buscarlas en éste preciso momento —dice.
—Oh, Romulus... no debiste —contesto—. Pero muchas gracias.
—Normalmente soy yo el chef, no puedo acostumbrarme a no serlo. Gajes del oficio.
—También extraño trabajar en el café —dice Jelly con tristeza—. ¡Ya se! Yo seré su camarera hoy. ¿Qué van a tomar?
—No es necesario, ya puedo ir yo —digo.
—Melody —responde muy seria—. Siéntate ahí. ¿Qué quieres tomar?
Le hago caso, divertida ante su actitud.
—Lo que sea. Como de todo —contesto.
—Yo también tomaré uno de esos "lo que sea" —dice Romulus.
Jelly recoge las tres bandejas vacías llenas de cubiertos.
—Enseguida lo tendrán —dice.
—¿Estás segura de que vas a poder cargar con las tres bandejas tú sola? —pregunto preocupada—. ¿Necesitas ayuda?
Ella suspira.
—He llegado a cargar hasta cinco, llenas hasta arriba. Por supuesto que puedo —tras dejar eso claro, sonríe de nuevo—. Vuelvo enseguida.
La sigo con la mirada, sonriendo.
—Esto... Melody —dice Romulus titubeando un poco—. He encontrado unos apuntes muy interesantes en la biblioteca, son sobre plantas extrañas. Plantas... que no había visto nunca antes. ¿Te gustaría venir a leerlos conmigo después de la comida?
—Claro —digo—. Será interesante. ¿Cómo es que no las habías visto nunca? Pensé que tú sabías mucho sobre plantas.
—Yo también estoy sorprendido. De todas las especies listadas, no conocía mas que un par. Y eso no es todo, sus formas... no me eran familiares. Es como si alguien hubiera hecho un libro didáctico sobre plantas imaginarias. Sin embargo, las fotos son de verdad, se ven muy reales.
—¿Serán plantas acuáticas? Las clases de natación obligatorias no están ahí por nada. Mi mentor piensa que la Arena podría ser un gran lago no muy profundo.
—No lo sé... por eso quiero que les eches tú un vistazo. Tú eres buena formulando teorías. Recuerda que tú resolviste la mayoría de los problemas lógicos ayer.
—Yo... tampoco sé. Tengo un presentimiento extraño. Como si algo se nos estuviera escapando, como si eso estuviera ahí, delante de nuestras narices, pero lo estamos pasando por alto. Un sitio con agua y plantas desconocidas... ¿Qué harán? ¿Mandarnos a otro planeta?
Romulus ríe.
—O quizá son plantas extintas. Una Arena del pasado —dice.
Es una buena teoría realmente.
—Sea como sea, va a ser distinto. Y puede que sea más peligroso. Puedo discutir de éstas cosas contigo. Pero no me siento bien diciéndolas delante de Jelly. No quiero preocuparla... —es lo que siempre hago con Tiana realmente. Dejarla al margen.
Y con Johanna Mason al mando, eso sólo puede significar problemas para todos nosotros. No lo vamos a tener fácil.
—Jelly me preocupa. Me preocupa mucho. Es como si me sintiera responsable por ella. ¿Puedo contar contigo para ayudarme a protegerla? Si le pasara algo no me lo perdonaría.
—Claro —digo—. Ustedes dos son mis aliados. Por supuesto que los protegeré.
—Lo que en realidad te estoy pidiendo... es que si en algún momento te ves en una situación de tener que socorrer a uno de los dos, la atiendas a ella primero. Yo podré arreglármelas. ¿Podrás hacer eso?
—Romulus...
Algo sobre esa petición me deja mal sabor de boca y mientras estoy desconcertada, mi máscara se cae y él lo nota.
—¿Qué ocurre? —dice frunciendo el ceño.
Enseguida, yo me pongo de nuevo en guardia.
Y sonrío.
—Nada. Nada... sí. Descuida. Haré lo que esté en mi mano por ayudarla. Tienes mi palabra.
Jelly vuelve con las bandejas llenas de comida para nosotros y comenzamos a comer, mi mente de nuevo lanzándome miles de alertas y mensajes, y por unos segundos ya no sé si he hecho lo correcto acercándome a alguien más. Voy a sufrir. Si algún peligro les alcanza, sé que me voy a romper en pedazos. A mi cabeza vuelve la crisis de llanto que tuvo Annie en la mañana. Todo el mundo sabe que ella acabó así por ver a su compañero de distrito ser decapitado. Yo misma lo vi en directo y nunca lo olvidé. Ni lo haré.
Acabar muerto o acabar loco. Esas son las dos opciones.
Y en silencio me pregunto, cual de las dos es la menos mala.
Eris Shadows, 17 años
Carnation Crest
Estoy de pie, con la espalda muy recta y los brazos paralelos al cuerpo. Frente a mí, Mair hace chasquear su látigo en el suelo dos veces. A unos metros más allá, April nos observa.
—¿Preparada? —dice. Yo asiento.
—Cuando quieras. Pero hazlo antes de que me arrepienta.
Pero creo en Mair, y sé que tendrá cuidado.
Ella chasquea el látigo una vez más y con un rápido movimiento del brazo hace que la punta del mismo se enrosque alrededor de mi cuello. Lo ha hecho despacio, así que no siento más que una ligera molestia. Luego ella da un tirón del mismo y me vengo hacia adelante, mareada por la repentina falta de aire. Cuando se apresura a desenrollar el látigo, toso un poco.
—¿Todo bien? —dice.
Espero a que mi ataque de tos termine antes de responder.
—Sí... es más poderoso de lo que imaginaba.
April también parece impresionada.
—Ese cacharro es cosa fina —dice—. Y eso que te estabas conteniendo. No parece tan interesante de lejos. Y a máxima velocidad podría doler mucho. No llegaría a matar pero incapacita a tu oponente.
—¡Pelear va contra las normas! —nos interrumpe un instructor—. Creo que tendré que reportar ésto a Katniss.
—¡Ha sido todo con mi consentimiento! —aclaro.
—Sigue siendo un infringimiento de las normas.
—Sólo estamos practicando, relájate, hombre. Está todo controlado —dice April, apoyando la mano en el hombro del tipo.
Él se la sacude de encima escandalizado y luego se va.
—Por el lado bueno, si Katniss viene podríamos hablar con ella un rato. Aunque nos venga a regañar —digo—. Siempre se ve como si necesitara alguien que la abrace, a veces me dan ganas de hacerlo yo misma. Por la espalda, de sorpresa.
A April se le escapa un bufido de risa.
—Estás colgada.
—Chicas, tenemos que tomarnos las cosas más en serio. Si vamos a ir a adueñarnos de la Cornucopia en el primer día, hay que esforzarse al máximo —dice Mair casi susurrando—. El tiempo se nos agota.
—Nos lo estamos tomando en serio —le respondo—. Pero uno se lo puede tomar en serio y a la vez divertirse. No son cosas incompatibles. ¿Dónde podríamos ir ahora?
En ese preciso momento, alguien se aclara la garganta y las tres nos giramos ante el origen del sonido.
—¿Zael? ¿Qué pasa? —pregunta April a su compañero de área.
—¿Podría hablar con la líder de la alianza, por favor?
Las tres intercambiamos miradas confusas. Ninguna de nosotras es considerada la líder. Comenzamos Mair y yo y después April se nos unió. Y todas las decisiones que hemos tomado hasta ahora han sido de forma democrática. Sin que la voz de una tenga más peso sobre la otra, y en lo que hemos estado en desacuerdo lo hemos debatido sin problemas.
—No tenemos líder. Puedes hablarnos a las tres —responde April—. ¿Qué quieres?
Él respira hondo, tomándose unos segundos antes de hablar.
—Vengo a proponerles un trato. Tengo una información que podría salvarles la vida, y a cambio de esa información me gustaría... pedirles ingresar a su alianza.
De nuevo, intercambiamos miradas aún más perdidas que antes.
—¿Información de qué tipo? —pregunta Mair.
—¿Y cómo estás tan seguro de que nos va a salvar la vida? —agrega April.
—Escuché una conversación por casualidad. Les daré todos los detalles si me aceptan. Creo que es un trato justo. Yo... yo necesito protección, y ustedes necesitan esa información para que no las pillen de sorpresa. Además necesitarán toda la ayuda que les sea posible tras saber ésto. Soy bueno lanzando pues saber jugar a los dardos me ha servido de mucho, mi padre es dueño de la mayoría de los casinos del Capitolio, cuento con su patrocinio, y una buena amiga mía también me ha confirmado su apoyo. Prometo hacer todo lo que me digan también. Absolutamente todo.
El chico me ha sorprendido, y en verdad, me gusta mucho ser sorprendida. Siempre me lo he encontrado yendo de una estación a otra, solo y cabizbajo. Y ahora, parece que está haciendo un esfuerzo enorme. Se ha dado cuenta que no va a vivir mucho si no crea un plan, si no va en contra de su propia naturaleza, introvertida y reservada. La forma en que titubea al hablar lo delata, también la forma en que se retuerce disimuladamente los dedos de las manos, y el hecho de que le cueste a pesar de los esfuerzos mantener el contacto visual.
—¿Te importa si hablamos ésto en privado? —pregunto.
—En absoluto —responde él.
Salimos de la estación donde estábamos y nos vamos a uno de los rincones apartados. Asegurándome de que no haya nadie cerca. Roselia ha estado coincidiendo mucho con nosotras y Mair no se fía. Cuando se supo descubierta se dejó ver mucho menos.
—Bueno... ¿Qué deberíamos hacer en cuanto a Zael? —digo.
—En verdad, yo ayer casi lo invito —dice Mair—. Lo vi tan solo haciendo hogueras... pero suena tan adulto a pesar de ser tan pequeñito. ¿Qué edad tiene?
—Catorce años —contesta April—. Y sí, es un jodido empresario en el cuerpo de un niño. Creo que aún no lo he visto sonreír ni una vez. No es normal. Jamás me hubiese imaginado que tenía ese as en la manga.
—Tiene la misma edad que Crius... —murmuro— creo que es muy amable por su parte el avisarnos de eso. Tengo mucha curiosidad por saber lo que quiere decir, sonaba como algo que era de verdad importante.
—Y lo de que vamos a necesitar toda la fuerza que podamos reunir. Eso me ha dejado pensando. Somos una alianza fuerte, es normal que alguien quiera quitarse la competencia de enmedio —dice Mair.
April sólo mira al suelo, con la mano en su barbilla.
—¿Deberíamos aceptarlo y ver lo que tiene que decir? Voto que sí —digo—. Me ha agradado su afán de superación.
—Hmm... ciertamente es bueno que nos haya querido avisar. Y aunque al principio me pareció injusta la condición que puso... en el fondo es normal. Es normal querer sacar algo de beneficio de un poco de información privilegiada. ¿No estamos todos los demás agarrándonos desesperadamente a cualquier cosa que nos mantenga a flote para no hundirnos? —dice Mair.
—Es un buen punto. Además, no es como si nos estuviera extorsionando o algo así. Es más bien como una simbiosis.
Mair enarca una ceja.
—¿Simbiosis?
—¿Nunca viste esos documentales sobre el Distrito 4? ¿Esos donde hablan de la anémona de mar que vive en la caracola del cangrejo ermitaño? Ella obtiene movilidad y comida, y el cangrejo obtiene protección. En éste caso, él obtiene nuestra protección y nosotras nos beneficiamos de lo que él sabe, a parte de contar con su ayuda.
—Suena razonable. De acuerdo, yo también voto que sí. ¿Qué dices tú, April?
—No lo sé —contesta—. Es todo tan repentino... me pensé mucho el ingresar en una alianza o no, y luego con quién lo haría. Y Zael no entraba en mi ecuación.
—Agrégale a eso que alguien nos tiene en la mira. Y que según Zael podría no ser suficiente con nosotras tres para salir airosas.
—¿Y es él el más indicado?
—Él es quien nos ha avisado. Además... ¿Qué otra cosa podemos hacer?
April lo piensa un poco más antes de pronunciarse.
—Voto que sí. Consideren ésto como un voto de confianza a ustedes dos. Zael tendrá que demostrarse a sí mismo ante mis ojos llegado el momento.
—Estaremos bien —le digo—. Sólo tenemos que confiar en nosotras mismas y nuestras aptitudes.
Después de eso, volvemos junto a Zael.
—De acuerdo Zael. Estás dentro. Dinos lo que sabes sobre ese peligro del que hablas —dice April.
Él sonríe tímidamente.
—Bien. Pero antes me gustaría pedirles que sean tan disimuladas como les sea posible... y me digan si Roselia Snow está cerca.
—Roselia... —murmura Mair— ¡Lo sabía! ¿No se lo dije?
Trato de localizar a Roselia, que está donde las simulaciones, con los cascos puestos.
—No lo está... ¿Desde cuándo ha estado Roselia espiándonos? —pregunto.
—Desde ayer. Y en el baño de sangre, la alianza de Capitol Hill irá a por ustedes.
Pliam Enkerman, 17 años
Peace Road
El segundero del reloj que hay en la pared se encuentra con el minutero en el número doce. Acaban de dar las siete en punto.
—¿Deberíamos esperar un poco más? —digo de brazos cruzados—. No parece... que vaya a venir nadie más.
Cain deja escapar un murmullo, asintiendo con desgana.
Con lo que me costó convencer al instructor de la estación de tiro al blanco para que nos dejara un par de maniquíes disponibles durante nuestras audiciones... ahora resulta que sólo se presenta una persona.
Zael vino a nosotros hace un rato, haciéndonos saber que había encontrado otra alianza y estaba bien en ella. Atala Narum también ha declinado la invitación formal de Panzer, lo mismo hicieron Eris y Ethan Snider.
—¿Significa eso que ya estoy en la alianza? —dice Andri.
—Me gustaría verte lanzar igualmente antes —contesta Cain—. Buscamos a alguien con destreza.
—Está bien. Lo entiendo perfectamente. Déjenme mostrarles lo que he aprendido durante éstos dos días.
Andri pasa a la estación de tiro al blanco, se coloca una bandolera con espacio para varios cuchillos en ella y se coloca frente a uno de los maniquís, con dianas señalando sus puntos vitales. Antes de comenzar, mira hacia atrás sonriendo.
—¿Cuántos debo lanzar? —dice.
—Diez, si no te importa —contesta Cain a lo que Andri muestra el pulgar hacia arriba y vuelve a concentrarse en las dianas.
Como le dije a Cain, creo en segundas oportunidades, y no dudo de la capacidad de Andri. A lo que no dejo de darle vueltas, es a que no se tome las cosas en serio. Podía haber estado bien con cualquiera de los otros. Me hubiese llevado muy bien con Eris o Atala, estoy segura de ello, Ethan se ve un chico maduro y si Izzy hubiera entrado en la alianza al final, habría acabado acostumbrándome a estar con alguien a quien he visto miles de veces por televisión. Zael también es maduro para su edad, su timidez no era un contra con tanto peso.
De todos los candidatos en los que pensamos... Andri es con el que menos contenta estoy por tenerlo en la alianza, pero confío en Cain, él dijo que hay esperanza con Andri. Que está acostumbrado a tratar con gente así.
Además, Andri parece idolatrar a Cain. Lo ve como a una especie de héroe y quizá eso signifique que para impresionarlo, se porte mejor.
—No lo reclutaremos si ambos no estamos de acuerdo —me susurra mi aliado.
—Lo necesitamos —digo—. No hay otra opción.
Él hace bien. De los diez tiros, casi todos están bien encaminados. Dos se han clavado en la frente del muñeco, cuatro en su pecho, dos en el costado, uno en el muslo y el último cayó al suelo.
—No está mal. ¿No? —dice Andri.
Cain levanta las cejas y asiente.
—Está bastante bien. Tienes buena puntería, Andri. ¿Qué opinas, Plia? —dice mirándome.
—Lo has hecho bien, Andri. Eres bueno.
—¡Sí! —exclama Andri.
Me recuerda a un estudiante que acaba de pasar las pruebas para entrar al equipo de fútbol de la escuela. Busco de nuevo la mirada de Cain, y él debe detectar la alarma en mis ojos. Asintiendo levemente, avanza hacia Andri.
—Pero Andri. Quiero dejar una cosa bien clara. Donde vamos es un sitio muy peligroso. Debemos estar cien por cien seguros que vas a centrarte y a hacerlo lo mejor posible siempre. Necesitamos un aliado en el que podamos confiar plenamente y se tome las cosas enserio.
—Te prometo que voy a darlo todo al cien por cien —dice con un hilo de voz, poniendo una mano en el hombro de Cain—. Eres un fuera de serie. Cuando te vi presentándote en lugar de tu hermano se me pusieron los pelos de punta... debe ser... un vínculo bonito. Yo nunca tuve hermanos, así que no sé qué se siente, pero si los hubiera tenido no se si habría tenido el valor para hacer lo que tú hiciste. En verdad... me da un poco de envidia. Pero en el buen sentido. ¿Eh?
—Vaya. No sabía que pensabas eso. No sé qué decir... pero sí te puedo decir que es un vínculo muy fuerte. Y que si lo hice fue porque para mí la familia va primero, y porque sé que en el caso contrario él habría estado ahí para mí.
El momento es conmovedor, pero entonces me veo en la necesidad de dejarle algo claro.
—Y otra cosa, Andri —digo poniéndome frente a él, a pesar de que yo no destaco por mi altura, él es incluso un poco más bajito que yo—. Ya se ha hecho notoria tu actitud con las chicas, sé lo que le hiciste a Atala y quiero decirte que ni lo apruebo ni pienso tolerar ese tipo de comportamiento. Que ni se te pase por la cabeza el sobrepasarte conmigo si quieres estar con nosotros, estás avisado.
Para mi sorpresa, él mira al suelo, riendo secamente.
—No tienes por qué temer por eso. Ya he... aprendido la lección.
—¿Por qué lo hiciste? —pregunta Cain.
—A decir verdad, no lo sé. Desde el primer momento nos llevamos bien. Nunca conocí a nadie como ella. Supongo que me dejé llevar. A las chicas que conozco no les importa ese tipo de cosas. Atala no es así, ni tampoco me dijo que era su primer beso. Pero ese error me ha costado perderla... y como dice Faris, me está bien empleado. Si pudiera volver hacia atrás cambiaría eso.
—Pero los "pudiera" no existen —digo, sintiendo algo de pena por él. ¿Habré sido demasiado dura?
Andri sacude la cabeza.
—Supongo que tendré que vivir con eso.
—Así se habla —dice Cain—, ahora eres nuestro aliado. Lamentarse no sirve de nada. Lo mejor es pasar página y aprender de los errores.
—Tienes razón. Gracias a ambos. Gracias por ésta oportunidad.
—No hay de qué. Nos alegra tenerte con nosotros. Ahora vayamos a entrenar un poco más antes de que acabe el día. Cada minuto es crucial. Andri, estaremos en contacto. Plia, a ti te veo arriba más tarde.
Tras despedirnos, yo me voy a la biblioteca un rato a buscar alguna lectura interesante. Cain es un buen líder pero sólo ve el lado bueno de la gente, y no me refiero a Andri. Él es un libro abierto.
Lo que vi aquel día me marcó. Mi padre siempre fue un hombre de una gran fortaleza mental. Incluso en plena rebelión del Sinsajo, se mantuvo impávido ante cada revés de los acontecimientos. Ese día... él estaba pálido y apagado.
"Qué te pasa, papá" pregunté.
Él siempre me inculcó el ser fuerte, el mantener la calma y llevarlo todo por dentro. Verlo así... no fue fácil.
"Me acaban de dar una mala noticia. Panem ha perdido a un soldado excepcional hoy. Y yo he perdido a un buen amigo. Issia Delfos."
Lo conocía. Él y mi padre colaboraban en ocasiones. La última vez que lo vi antes de ese momento fue dos semanas atrás. Había estado por casa y por la forma en que hablaba, parecía algo muy serio. Dando por supuesto que era algo relacionado con el conflicto, me puse a escucharlos a escondidas desde el pasillo. Pero lo que él había venido a hablar con mi padre no era un asunto público como pensaba, sino algo privado. Issia quería cambiar su testamento. Quería que mi padre lo asesorase para ver si era posible desheredar a su primogénito y nombrar a su hijo menor heredero.
En ese momento dejé de escuchar, ya que el asunto no era de mi incumbencia. Pero en cuanto mi padre me contó lo de su muerte, volvió a mi cabeza. ¿Por qué? Tan cerca del día que murió... ¿Acaso sabía que iba a pasarle algo y por alguna razón no quería dejar nada a Abel?
Mis sospechas se acentuaron cuando por cuestiones de trabajo conocí a Abel Delfos y los rumores sobre chivatazos al Cetrero.
Es un asunto muy serio. Y en mi deber por ser lo más justa posible, me he estado debatiendo entre contárselo a Cain o no hacerlo.
"Sé que en el caso contrario, Abel habría estado ahí por mí."
Es un momento confuso cuando todas las señales de alerta te gritan que algo huele mal, pero no quieres herir a alguien. Tengo que controlar mucho mis palabras.
Lo que se dice no se puede desdecir, pero uno siempre poseerá el control de lo que no dice.
Akiva Bunner, 17 años
Capitol Hill
Soy el primero en llegar al ascensor cuando Katniss anuncia el final del entrenamiento. Busco con la mirada a los demás, a Eryx no consigo localizarlo, Roenna está distraída conversando con el señor Young, es casi lo único que ha hecho hoy, confío en que esté aprovechando el tiempo ahí. Ya le he sugerido que pruebe otras cosas pero ella me asegura, sin dar detalles, que está todo bajo control. Hoy la presionaré más, alegando el pacto de transparencia que ya le he mencionado a Eryx hoy.
Cuando hago contacto visual con Roselia, que está en la popular estación de resolución de situaciones, ella me hace un gesto para hacerme saber que aún no está lista, a lo que yo asiento y paso al ascensor justo al mismo tiempo que Malenie de Lakeside lo hace.
—¿Piso dos? —pregunto.
Ella asiente nerviosa.
Si el sabotaje de las entrevistas sale bien, no tendremos que enfrentarnos. La chica tan delgadita y vulnerable me inspira ternura, he oído que su padre murió en una emboscada dirigida a Katniss y su madre está en prisión, los chismes vuelan en éste lugar, parece ser lo único en lo que Ruttiger es bueno.
—Buenas noches —digo cortesmente cuando el ascensor llega a mi planta. Aún no somos rivales, nada me impide el seguir tratando a las chicas como merecen.
El salón está desierto, y un rápido escrutinio al resto de las habitaciones me lleva a confirmar que ni Ruttiger ni Hermes están aquí. Posiblemente hayan salido a por tabaco, ya que ambos estaban quejándose ésta mañana de que se les había olvidado comprar.
Lo prefiero así. Después de dos días el hermano de Ibrahim no nos ha dado ningún motivo para confiar en él.
Los siguientes en llegar son Eryx y Roenna, y por último, unos minutos después llega Roselia.
—Debemos ser rápidos, es una suerte que Ruttiger no esté aquí y hay que aprovechar antes de que intente contarle algo a ese parásito de su hermano.
Movemos la mesa de café a una esquina y tomamos prestadas cuatro sillas. Si tienen los oídos puestos en nosotros, no se lo voy a poner fácil.
—Bien —comienzo a decir, mirándolos a todos por turnos—, me gustaría que a partir de ahora seamos un verdadero equipo, porque lo que he planeado para el comienzo de los Juegos del hambre requiere coordinación absoluta. Así que les pido transparencia, y confianza en el resto. Creo que estarán de acuerdo conmigo en que esto es esencial. Sé que Eryx lo está. ¿Y ustedes dos?
—Sí —dice Roenna—. Suena razonable. Transparencia absoluta para todos.
Al decirlo, mira a Roselia por un instante. Quizá sospecha de que me ha confiado algo de lo que no puedo hablar, y me hace sentir culpable el no divulgarlo. Pero como la misma Roselia dijo, su caso es especial. Mucha gente ahí arriba tiene la mirilla puesta en ella, y cree que si se sabe que ha impartido clases de tiro con arco, entonces no pondrán un arco en la Cornucopia, sólo para ponerla en desventaja.
Roselia busca mi mirada, suplicante. Voy a seguir el plan inicial, aunque me sienta en deuda con Roenna. Una vez en la arena se aclarará todo, sólo hay que esperar unos días más. A veces tomar decisiones no es fácil, pero es una de las funciones de un buen líder.
—Transparencia absoluta —repito, no sin algo de culpabilidad—. El plan del que hablo es acaparar la Cornucopia. Evitar que los demás tributos se lleven tanta comida y armas como sea posible. Controlar la fuente de provisiones nos dará una gran ventaja.
—Me gusta —dice Roenna—. Pero en los Juegos, normalmente es la alianza primaria la que controla el foco principal de provisiones y ellos son seis o más y nosotros somos sólo cuatro. ¿No hará el objetivo algo más duro?
—Buen punto —agrega Eryx.
—No tiene por qué. Los chicos de los distritos también están más endurecidos ante la adversidad. Los profesionales son la élite, y en ésta edición nosotros somos la élite. Con cuatro de nosotros nos basta.
—Tres -Dice Roenna—. Aún no he visto a Roselia tocar un arma. Comprendo que lo máximo que aporta ella son patrocinios y estoy de acuerdo al respecto, pero estamos hablando de nosotros tres defendiendo un lugar contra veinte personas.
—Técnicamente no serían veinte, no todos los tributos van a planear ir contra nosotros, algunos huirán, otros buscarán una mochila y se irán. Tendrán que organizarse bien si quieren tener alguna oportunidad —explico.
—¿Qué arma usas tú, Roenna? —la suave voz de Roselia hace que todos nos volvamos a mirarla— dices que no me has visto practicando con un arma. Pero yo tampoco te he visto a ti hacerlo. ¿Hay algún arma en la que tengas experiencia?
Roenna no contesta inmediatamente, sus labios se vuelven muy finos. Tras eso, respira hondo.
—Sé algunos trucos de defensa personal —dice acariciándose el pelo de forma coqueta—. No voy a necesitar armas para ello así que eso me da ventaja inmediata, pues cuando bajemos del pedestal ninguno de nosotros tendrá armas aún.
—Pero... con lucha cuerpo a cuerpo difícilmente vas a matar a alguien. Especialmente si te superan en peso.
—Eso ya lo sé —contesta Roenna, impacientándose—. Pero puedo dejarlos K.O y eso los deja fuera de combate del mismo modo.
—Es una buena idea —digo, tratando de suavizar la tensión—, tal vez puedas ayudar a inmovilizar a algún tributo peligroso, tenemos que elaborar una lista de objetivos. De hecho ya tengo a algunos en mente.
—Cain por ejemplo —sugiere Eryx—, él es el más fuerte y preparado, también el trío de chicas. Izzy también está muy en forma, la vi hoy escalando, al parecer batió el récord, pero sospecho que si le hacemos algo a la estrella de Panem todo el país se nos va a echar encima.
Hablé con Cain y su aliada ayer, él es un tipo honorable y le prometí que haría todo lo posible por ayudarlo en su plan de parar los Juegos. Pero también le dije que si todo resulta en vano, seremos rivales. Y no tendré más remedio que enfrentarme a él llegado el momento. Sé que él piensa lo mismo y por eso tengo la conciencia tranquila. Será una buena lucha.
—Pienso igual en cuanto a Izzy, eso no nos haría muy populares —además Karou es fan de ella, no me lo perdonaría—. En cuanto a Cain, yo me enfrentaré a él.
—¿Necesitas una mano? —se ofrece Eryx—. Ese tipo se ve fuerte.
—No. Será un uno contra uno.
Es lo justo, él tiene la práctica de un cadete del Ejército, pero yo tengo la teoría de un estudiante para vigilante y éstos días he estado practicando mucho.
—Como quieras, pero quizá necesites alguien que te cuide las espadas, ya sabes, él tiene aliados también.
—Yo solo puedo, sólo echen un vistazo para que ninguno de sus aliados se meta de por medio, Roenna, tú podrías hacer eso.
Ella asiente. Tengo que trabajar en hacer que ella y Roselia se lleven mejor.
—Y Eryx -prosigo—, tú te encargarás de una de las otras tres chicas, mañana las observamos mejor antes de decidir cuál es la más peligrosa. Roselia trabajará contigo mientras Roenna supervisa ambas luchas, dando prioridad al objetivo principal.
—A la orden, me parece un buen plan, ahora estoy mucho más tranquilo, creo que podremos llevarlo a cabo sin problema.
—Me alegra que piensen así, y ya saben que pueden contarme lo que sea con total confianza. ¿Alguien quiere decir algo más?
Roselia levanta un brazo a medio camino, pero lo baja enseguida.
—¿Si? —digo mirándola.
—Oh, era sólo una tontería. Probablemente no tiene importancia. Voy a tomar una ducha, antes de que Ruttiger vuelva y nos encuentre aquí conspirando.
Sonrío ante su comentario.
—Tienes razón. Bueno pues, vamos a prepararnos para la cena —digo.
Y cuando me levanto del asiento me siento optimista, más optimista que nunca.
Roselia Snow, 15 años
Capitol Hill
Último día de entrenamiento.
Las cosas están bien y han empezado a tomar forma, no todo está saliendo tal y como lo planeé, pero era de esperar. Hay muchas variables que se escapan a mi control.
Para comenzar, la alianza de las tres chicas a las que se le ha unido Zael de Great Mall se han dado cuenta de que coincidíamos mucho y han comenzado a lanzarme miradas hostiles. Igual ya no tenía nada más que sacarles. Akiva está satisfecho con mi trabajo, aunque no tanto con la idea de que reclutaran a uno más. Al final, decidió cambiar a Roenna y ponerla en nuestro equipo y aún se está debatiendo entre si retar a Cain a duelo o que vayamos todos en contra de los cuatro.
También me está costando más de lo esperado el traerlo a mi lado. Pensé que con despertar su lado protector e inspirarle ternura sería suficiente, pero está empeñado en seguir siendo el perfecto príncipe encantador a lomos de un caballo blanco, salvador de princesas. Tenía pensado en sacar a debatir el hecho de que Roenna está pasando mucho tiempo aprendiendo sobre venenos, pero no puedo hacerlo frente a ella. Eso haría evidente a sus ojos que estoy tratando de destruir su credibilidad.
Uno tiene que ser sutil cuando se mueve en la cuerda floja.
Es por eso que estuve trabajando con Jelly. Porque seamos realistas, si todos se vuelven en contra mía poco podré hacer para mantenerme con vida. Y con eso no me refiero a mis enemigos en la Arena, ni siquiera a mis enemigos dentro de mi misma alianza. También tengo enemigos ahí arriba. Lovell para empezar, mi propio mentor, las Vigilantes Jefe. Si ellas se proponen quitarme de enmedio tan sólo tienen que apretar un botón, y yo no podré hacer nada.
Tuve la misma idea que Cain y su aliada, fue eso lo que me hizo saber que iba en el camino correcto, que no era una idea descabellada si alguien más había pensado lo mismo que yo. Hay mucha gente contraria a los Juegos, incluso gente involucrada en el proceso que no está cien por cien segura de la idea. Pondría la mano en el fuego por que Peeta es uno de ellos. Por la forma de ser de él, es completamente imposible que los apoye. Y Jelly lo adora.
La he visto sonrojarse cada vez que lo ve, la he visto tomar los panecillos que nos hace a diario, partirlos, aspirar muy fuerte su aroma y cerrar los ojos mientras los saborea, y sonreír. ¿Podría Peeta resistirse a una niña tan dulce y con un ligero parecido a Primrose Everdeen pedirle que por favor paren los Juegos?
Tal vez si yo lo pida nadie me haga caso. Pero Jelly es otra historia. En su dulzura está su poder de convicción. La idea es mantenerme viva a toda costa y esa es la forma más inmediata que tengo de lograrlo. Además, cancelar los Juegos le restará credibilidad al gobierno.
De momento, me dirijo a mi siguiente objetivo. Akiva está ahí entrenando con su espada como el buen paladín que es. Cuando me ve, le hace una seña al entrenador con el que se está enfrentando y se dirige a mí.
—Hola Roselia. ¿Ocurre alguna cosa?
—Sólo me estaba preguntando si hay algo en particular en lo que me recomiendas entrenar. Ya sabes, porque tú eres el experto aquí.
—Podrías ir a la biblioteca, sé que tienes buena memoria. Ruttiger ha dicho que el vicepresidente le contó que tus notas son excelentes.
—¿Ruttiger dijo eso? —pregunto, sintiendo un arrebato de ira que enrojece mis mejillas.
Por supuesto. Ellos lo saben todo de mí y les gusta demostrarlo. Se me hace muy difícil tener privacidad. Por eso mis secretos son doblemente valiosos.
—Sí, lo dijo ayer durante el desayuno. Antes de que tú te levantases.
—Oh, sí... no estaban mal, pero tampoco eran nada del otro mundo. Ruttiger es demasiado amable. ¿Hay algo en particular que podría ser interesante y útil?
—Cualquier cosa sobre supervivencia estará bien.
—Gracias Akiva... siento interrumpir tu entrenamiento así. ¿Puedo preguntarte algo más? Es sobre Roenna.
Él frunce el ceño.
—¿Algún problema con ella?
—Es solo... que yo siempre pensé que variar era bueno. Pero ella pasa mucho tiempo con el señor Young y estoy algo preocupada. ¿No deberíamos aconsejarle que haga algo más variado?
El señor Young es un conocido en casa. Mi abuelo le pedía consejo a menudo, y le pagaba con plantas raras que él mismo cultivaba en su jardín. Quizá Akiva no haya caído en la cuenta de que ella podría acabar con nosotros en cuanto le demos el primer bocado a algo, pero aquí estoy yo para grabar esa idea en su cabeza.
—Oh, no te preocupes por eso. Roenna y yo ya hemos hablado y cuenta con mi aprobación. Me interesa que seamos una alianza ofensiva, y su idea de envenenar las armas es buena. Pero para eso tiene que aprender mucho.
—Suena muy razonable —digo—. El veneno es en verdad más poderoso de lo que parece. ¿Recuerdas aquella chica del Distrito 2 que envenenó a todos los profesionales? Fue un año después de la victoria de Johanna Mason. Fue uno de los giros inesperados más comentados. Estoy segura de que Roenna también dará que hablar.
—S-sí... —dice, aunque ésta vez no suena tan confiado— ahora voy a seguir entrenando. Si necesitas algo más ya sabes donde encontrarme.
—De acuerdo, y gracias por tu tiempo Akiva.
Él sonríe una última vez antes de volver a su entrenamiento. Él es cosa fácil. Será Eryx el más difícil de trabajar, él es mucho más crítico y suspicaz con el entorno, aunque quizá tenga suerte y Akiva se encargue de eso por mí.
En la biblioteca sólo hay dos personas, el chico de Carnation Crest, Hadrian e Izzy. Escojo un libro interesante que me beneficie a mí sobre todo, llamado "La psicología del control mental" de Almeida Chauvin y me siento frente al chico, dejando un asiento vacío entre el mío y el de Izzy.
Unos minutos después, oigo el sonido de un papel siendo rasgado y al levantar la vista, veo al tal Hadrian guardándose una página del libro que está leyendo en el bolsillo. Ladeo la cabeza para ver de qué libro se trata y ver qué es eso que considera tan importante como para llevárselo, pero él me descubre, y cubre la portada con sus manos antes de que pueda llegar a leer el título. El chico me mira desconfiado y yo bajo la vista a mi libro.
Lo que quiera que sea no me importa. Mi plan con Akiva va viento en popa y es motivo suficiente para estar orgullosa de mi progreso. Mi querido abuelo estaría orgulloso.
—Qué buena actriz eres... —murmuro.
—¡Gracias! —oigo decir a Izzy a mi derecha.
Ambas nos sonreímos antes de volver la atención a nuestros respectivos libros.
Y lo mejor de todo es que ni siquiera me estaba refiriendo a ella.
Francine Cavalia, 17 años
Emerald End
Cuando entro al salón después de darme una ducha, todos están reunidos alrededor de la mesa, excepto Cleopatra que está viendo la televisión.
—Francine —dice Soul, mirando el reporte sobre el entrenamiento—. Veo que éstos tres días te ha ido bien ahí abajo. Ven, siéntate. Hay algo que deben ver.
No da detalles porque Emerson está ahí y él ha decidido ser su propio asesor. Él mismo recibe sus propios sobres y no deja que nadie los vea, ni siquiera Soul. Por eso no quiero que ella de demasiada información sobre mis progresos delante de él. Con saber que me está yendo bien tiene suficiente.
—¿Qué es? —pregunto.
—Es información sobre la prueba de mañana.
—Oh, las famosas sesiones privadas.
Esas pruebas en las que los tributos muestran lo mejor que saben hacer al equipo de vigilantes al completo y ellos valoran tu actuación con una puntuación del uno al doce. Yo ya tengo decidido lo que voy a mostrarles. Primero destrozaré unos cuantos maniquíes con la alabarda, y después les enseñaré mis habilidades de natación. Va a ser algo importante en la Arena así que tendrán más peso, sino las clases que han dado no serían obligatorias.
Con esas dos cosas planeo sacar una nota alta, no la de un profesional, pero tal vez un 6 o un 7.
—No habrá sesiones privadas éste año. Habrá otro tipo de prueba.
—¿En serio? ¿Por qué lo han cambiado? Las sesiones privadas son tradición —dice Emerson.
Al oír eso siento como si me hubieran roto todos los esquemas. ¿Qué tipo de prueba nos van a hacer? ¿Qué van a hacer con nosotros?
—Pero la dirección éste año es diferente. Las Vigilantes Jefe lo han querido así. La prueba será valorada por un programa de inteligencia artificial —explica Soul— ¿Qué les parece?
—¿Significa eso que vamos a tener que mostrar nuestros conocimientos a una especie de máquina o algo así? —pregunto.
Bueno, al menos no es tan malo. Quiero decir... voy a enseñar lo que sé a un objeto inanimado y no a un grupo de personas que me miran fijamente desde las alturas. Eso sólo mejora las cosas.
—Un programa de inteligencia artificial os evaluará, pero será una prueba virtual, no real. Serán puestos en situaciones críticas en una Arena virtual y tendrán que usar los conocimientos adquiridos para salir de ellas y avanzar.
—Interesante —murmura Emerson.
—¿Será algo así como un videojuego? —pregunto—. Es una forma curiosa de evaluarnos.
No es que sea una experta en videojuegos, de hecho hace mucho que no juego a ninguno, pero solía hacerlo esporádicamente cuando estaba aburrida, o con mis amigas. Algunos ayudan a descargar tensiones.
—Será algo más real que un videojuego, pero no será peligroso.
—Nada más faltaría que lo fuera —responde Emerson.
Tengo curiosidad por esa prueba virtual, nunca he hecho nada así. Virtual, pero a la vez real... y lo más importante de todo, saber que no será peligroso es lo más motivador.
—Mañana me pasaré por tu habitación para hablar y planear los detalles de última hora para la prueba —dice Soul—. Tengo varias cosas en mente. Me retiro por hoy.
—¿No cenarás? —pregunto.
—Cenaré en mi habitación. No te vayas a dormir tarde, Francine, es malo para el cuerpo y la mente. Nos vemos por la mañana. Adios, Emerson Cullay.
Me despido de ella notando que no le ha deseado buena suerte a Emerson. Ella prácticamente no se dirige a él a no ser que sea necesario, su orgullo aún está herido, pero no parece que eso le importe a él.
Emerson se levanta y estira los brazos, luego se dirige a la puerta del balcón y la abre.
—¿Me acompañas? —me dice.
Sacudo la cabeza.
La verdad es que prefiero quedarme aquí y ver el último episodio de "Escándalo" con Cleopatra. Bryce por fin se va a decidir de un momento a otro, han sido meses de ese predecible pero adictivo triángulo amoroso...
—Oh, vamos... sólo un ratito.
Maldiciéndome a mí misma, lo sigo. Quizá debería trabajar en eso. Seguro que él está pensando que lo que me ha hecho cambiar de opinión es su deslumbrante sonrisa o algo así.
Una vez fuera descubro que no se está tan mal. La brisa es agradable y la decoración del balcón invita a quedarse.
—Te vi con dos chicos en el comedor. ¿Son tus aliados? —pregunta.
—Sí. ¿Por?
—Simple curiosidad. Sólo me preguntaba si estás satisfecha con esa alianza.
—¿Qué tienen de malo? —pregunto.
Quiero saber lo que tiene que decir el "experto". Ni siquiera estamos en la Arena. ¿Cómo voy a saber si estoy satisfecha o no?
—Oh. Supongo que nada, se ven buenos chicos y todo eso. ¿Pero no crees que no te van a ser muy útiles? Él no ha tocado un arma en éstos tres días, y ella a penas tampoco. Me causa curiosidad que no hayas decidido aspirar a algo mejor.
—¿Cómo sabes tú todo eso? ¿Has estado espiándolos?
—He estado observando a los demás. Van a ser mis rivales, después de todo. Yo también tengo una aliada. ¿Sabes de quién es hija? De la ex entrenadora en jefe. Estoy muy satisfecho con mi alianza.
—Bien por ti —digo aún sin saber cual es el punto de decirme todo ésto. A parte de presumir.
—Creo... que deberías mirar otras opciones.
—Gracias por el consejo, olvidé que sabes más de los Juegos del Hambre que alguien que ha sido Vigilante por doce años —digo, ansiosa por poner fin a la convseración. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer—. Lo apuntaré en mi lista de cosas que me importan mucho.
Emerson se queda callado unos segundos, parpadeando teatralmente, como para que me quede claro lo súper perplejo que está.
—Detecto una pizca de sarcasmo ahí. Qué cosas. De todos modos... como veo que no se te dan las indirectas, te estaba dando la oportunidad de dejarte a esos dos y unirte a mí y a Atala.
¿Aliada de Emerson? No creo que pudiera aguantar a alguien como él por mucho tiempo. Al principio no estaba muy segura de la idea de aliarme. Malenie prácticamente me arrastró con ella y lo mismo le hizo a Hadrian. Pero poco a poco me he ido acostumbrando a la idea de estar con ellos. Hasta tenemos un nombre. "Eclipse".
—Gracias por la invitación, pero me quedo donde estoy.
—Aún puedes pensarlo. Quedan un par de días —dice—. Porque en verdad, los Juegos no van de cooperación en equipo. Los Juegos van de ganar para seguir viviendo, y una alianza poderosa es lo que más te conviene... y lo sabes. Pregúntale a Soul, verás cómo me da la razón.
—Vale —contesto, aunque no pienso hacerlo y con cada palabra que suelta se me quitan más las ganas.
—Bien. Quedémonos aquí hablando mientras sirven la cena.
—Creo que me vuelvo adentro. Tengo algo de frío —miento.
Él asiente y yo vuelvo al salón, antes de que me líe para que le cuente algo que no deba o hacer más cosas. "Escándalo" ya está casi terminando. Cuando me siento junto a Cleopatra, ella me ofrece palomitas.
—¿Aún nada? —digo, ella suspira.
—Aún nada. Ésto me está poniendo nerviosa. Y hablando de nervios. ¿Estás nerviosa por la prueba de mañana?
—Pensé que lo estaría más, pero en verdad estoy más tranquila de lo que esperé.
Incluso siento curiosidad. Ganas de ver hasta donde voy a llegar, de ver de lo que soy capaz.
Quiero ver en la pantalla el resultado de mi esfuerzo medido en cifras, porque eso es lo que cuenta.
Es lo único que les interesa a los que van a invertir su dinero en ésto.
Ethan Snider, 18 años
Star Valley
Lo veo todo en tercera persona omnisciente, tal y como siempre sucede.
El chico abre la puerta de casa con las manos temblorosas. Todo está en silencio y a oscuras. Él piensa que sus padres quizá se hayan olvidado qué día es, y estarán por ahí en alguna de sus fiestas. Pero también cree que es lo mejor al fin y al cabo.
Entra al baño. La luz automática se enciende en cuanto lo hace. Luego cierra la puerta, se quita la ropa y se mete en la ducha.
Furia, en sus ojos hay furia. Agarra la esponja y presiona o mejor dicho golpea repetidamente los dispensadores de gel. Los chorros de diversos colores y aromas se acumulan en la esponja, derramándose hasta el suelo de la ducha donde el agua se los va llevando hasta el desagüe en forma de riachuelos y volutas de colores.
Luego se frota todo el cuerpo. Se frota con energía, hasta que su piel está roja e irritada. El ligero malestar que siente le proporciona algo de alivio emocional, aunque no mucho.
Sale de la ducha cuando los secadores terminan de hacer su trabajo, pero aún se siente sucio. Aún es capaz de sentir el repulsivo cosquilleo de aquellas manos recorriendo su piel.
La soledad tampoco ayuda.
El chico de nuevo piensa en su cumpleaños, uno de los más importantes pues es el último de la infancia. El principio de la pubertad. Y se pregunta si no se estará engañando a sí mismo cuando se trata de autoconvencer de que no le importa. Aunque sólo estuviese en el mundo porque en algún momento del pasado se pusieron de moda los niños a la carta. Con rasgos a gusto de los padres.
Menuda basura de cumpleaños. El onceavo aniversario de una estúpida moda que desembocó en su misma existencia. Una existencia que él rechaza. Cada vez más.
Sale del cuarto de baño tras vestirse y se dirige al salón a poner algo de música. Quizá eso lo haría olvidar.
Pasa a la estancia y enciende la luz...
—¡SORPRESA, RIDLEY! ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
Él abre mucho los ojos tomado por sorpresa. Sus padres están ahí, también sus tíos y algunos de sus primos, a parte de algunos amigos de sus padres.
—Mi pequeño... —dice su madre abrazándolo— mi Ridley se hace mayor.
Acto seguido su primita de cuatro años coloca en sus manos un paquete azul turquesa envuelto en un lazo blanco.
—Ésto va por todos nosotros. ¡Adelante, Ridley! ¡Ábrelo!
El chico observa sus rostros sonrientes y expectantes. Quizá era el momento de hablar, de terminar con la pesadilla de una vez...
Al abrir los ojos, dejo de tener once años, y dejo de llamarme con ese sucio nombre. Soy Ethan de nuevo, y tengo siete años más. Sorprendentemente, estoy en calma. He tenido ese sueño en otras ocasiones, pero siempre me despertaba angustiado. El sueño no está completo, pero en parte me alegro por no haber revivido el resto del mismo.
Ahora que lo pienso, es la primera vez desde que ejecutaron a mi madre.
El atrapasueños... lo colgué en mi cama cuando fui a dormir, es bueno saber que una vez más ha funcionado. Parece mentira que hayan pasado ya dos años desde que se fue...
—Y cinco desde aquel día.
La familiar voz hace que se me agríe el estómago. Cuando me giro, lo veo ahí apoyado en una de las sillas. Mi abuelo. Va vestido como siempre. Marrón y corbata Escarlata. Igual que aquel día.
—Cinco años y por fin recibes tu karma. ¿No es fascinante la de vueltas que da la vida?
No es real. No es real. Me lo repito una y otra vez, aunque siento que no funciona. La sangre me hierve en las venas como hace tiempo que no lo hacía.
—Eres tú quien recibió su karma —escupo.
—¿De veras, querido Ridley?
—¡Me llamo ETHAN!
Mi mano se cierra en un puño, y antes de que pueda si quiera pensarlo, la fuerza del golpe impulsa la silla hacia delante hasta que choca con la pared. Mi abuelo ya no está.
Me tomo unos segundos para calmarme, mientras siento mi mano derecha palpitar de dolor. El viejo hematoma volverá a salir, me temo.
De repente siento una sensación claustrofóbica y asfixiante. Necesito salir de aquí. Comienzo a jadear como si me faltara el aire, abro la puerta y salgo al pasillo. Una luz precedente de la habitación de Izzy me llama la atención. No habría pensado que estaría despierta a éstas horas, después de todo la prueba comenzará en la mañana.
—¿Izzy? —digo tocando la puerta entreabierta con el nudillo dolorido.
No obtengo respuesta, así que abro la puerta del todo y encuentro la habitación vacía. Ella no está aquí, pero yo sé dónde encontrarla. En el mismo sitio de ayer. La terraza del último piso. Hasta las estrellas tienen insomnio en éste tipo de casos. Quizá si converso con ella pueda disipar un poco mis demonios. Es mi aliada al fin y al cabo.
Los pasillos del edificio están desiertos a ésta hora. ¿Cuántos tributos estarán despiertos? Incapaces de dormir por la prueba de hoy que determinará sus posibilidades.
Cuando salgo del ascensor veo la puerta de la azotea entreabierta, por la cual entra la tenue luz del alba que está empezando a despuntar. Yo la llamo "la hora azul", sucede dos veces al día cuando está despejado. El cielo se tiñe de un azul intenso muy característico y bello, un color que te llena de calma.
Tal y como pensé, veo a Izzy en la azotea. Está sentada sobre el muro de espaldas a mi, mirando el horizonte.
—Buenos días —la saludo.
Ella se voltea y sonríe.
—¡Ethan! —dice a la vez que trata de incorporarse.
Pero mientras lo hace tropieza, deja escapar un grito y cae hacia atrás, al vacío.
Durante una fracción de segundo, siento una angustia inmensa que me insta a asomarme sobre el muro, pero enseguida, algo más hace que me calme.
—¡WOOHOO! —la escucho decir.
Y unos instantes después, Izzy se alza sobre el muro con el cabello alborotado. Casi parece que está volando. Se posa suavemente en el mismo como un pajarillo, me mira y su sonrisa se va.
—¿No te asustaste? —pregunta algo confundida.
—Confieso que un poco. Fue una buena actuación.
—Diablos... tendré que esforzarme más la próxima vez. ¿Quieres probar? Es divertido.
Yo me pongo a su lado y miro hacia abajo. Parece como si no hubiera nada.
—No gracias. Es algo que va más contigo, tú eres la chica de acción. ¿No?
Izzy flexiona las piernas y se sienta sobre el muro, me va a dar una palmada en el hombro, pero se congela enmedio del movimiento y disimula la maniobra poniendo el puño ante sus labios y aclarándose la garganta. Siento culpabilidad al recordar lo que pasó dos días atrás.
—Mejor dicho lo era. No he hecho ninguna película de acción desde que empezó todo. Lo extraño en realidad, pero hay que adaptarse a la demanda del mercado... tenía la esperanza de que la todo volviera a la normalidad con el tiempo. Sigo rodeada de un montón de gente con talento por supuesto, pero es como comerse una hamburguesa sin ketchup. ¿Sabes?
—Una hamburguesa sin ketchup... —repito. La comparación me hace sonreír. Izzy tiene una visión muy práctica del mundo— se rumoreaba que ibas a interpretar a Katniss en la película sobre los amantes trágicos. Supongo que después de lo del vasallaje el proyecto habrá quedado apartado.
—Así es. El director era un fan incondicional de Katniss, desde el gobierno le obligaron a cambiar ciertas cosas, no estaba contento. Quería ser lo más fiel posible a la realidad.
—¿Qué cosas iban a cambiar?
—Ellos dos ya estaban enamorados desde el principio, por ejemplo... —Izzy se queda un momento pensativa, contando con los dedos— Peeta se presenta voluntario para protegerla, se dan el primer beso al final de la entrevista de él porque ella se abalanza hacia él llorando tras su confesión...
—No suena como algo que ella haría —digo.
—Todos opinamos lo mismo. Dijeron que había que ponerle más sentimientos y emoción, fue una situación rara. Pero el director prefirió aceptar a regañadientes las condiciones antes de que le anularan el proyecto. Iba a aprender a manejar el arco y todo. Ni siquiera llegué a empezar las clases. Me habría venido muy bien aquí...
—Una pena. Pero no te preocupes por eso, eres una de las más preparadas de acuerdo con la prensa.
—Supongo que tienes razón... Por cierto. ¿Crees que estará listo el desayuno?
—Podemos ir a ver, pero toca Distrito 13. No esperes un festín.
Ella pone los ojos en blanco y cuando se baja del muro de un salto, la oigo proferir un quejido amortiguado a la vez que se dobla sobre sí misma.
—¿Qué pasa? —pregunto.
—No es nada. Sólo el hombro, a veces me da tirones... gajes del oficio. Pero ya estoy bien. Vayamos.
Izzy comienza a liderar el paso, y yo miro por última vez al cielo. La hora azul ya casi se ha pasado, el naranja ahora predomina en el este, marcando el lugar por donde el sol va a salir. Daría lo que fuera por tener mi cámara e inmortalizarlo. En su lugar, cierro los ojos y cuando los abro, Izzy está a mi lado mirando el horizonte.
—Te gusta el azul. ¿Verdad? —pregunta, casi susurrando.
—Me ayuda a calmarme —contesto.
Pasamos el siguiente minuto sin decir nada, sólo observando el declive de la hora azul, el comienzo del amanecer. Yo sumido en mis pensamientos y ella en los suyos, sean los que sean.
Finalmente ella se voltea, y suspira, rozando mi brazo sin querer antes de dirigirse al interior del edificio. Y para mi sorpresa, ésta vez no desencadena en mí ninguna reacción.
Romulus Silverknife, 18 años
Candyfloss Square
¿Cuánto habré dormido ésta noche? No creo que más de un par de horas intermitentemente. Si ya estoy así y no quedan más de dos días, no quiero ni pensar qué pasará cuando sea la víspera del día de ir a la Arena.
Trato de dar un trago a mi infusión, obligándome a mí mismo a no escupirlo. He comido poco, porque es como si tuviera el estómago lleno de nudos. Nudos y más nudos.
—¡Romulus! Qué bueno que ya estés despierto. Me gusta que mis tributos sean madrugadores —dice Effie al pasar.
A pesar de ser tan temprano, parece como si hubiera pasado horas arreglandose. Tras ella está Jelly, con el cabello suelto y despeinado, bostezando.
—Odio madrugar —murmura sentándose a mi lado.
—Órdenes expresas de las vigilantes jefe. Todos los tributos se despertarán a la misma hora que los habitantes del Distrito 13. Ahora dame el brazo, voy a imprimirte el horario de hoy.
Jelly se deja imprimir en el brazo con el aparato que transporta Effie. Después es mi turno. Apoya el aparato en mi brazo y presiona el botón. Siento calor en la zona y un pequeño cosquilleo. Cuando lo retira, veo lo siguiente:
06:00 AM - 06:30 AM: Desayuno.
06:30 AM - 07:00 AM: Traslado a la sala de espera.
07:00 AM - 15:00 PM: Pruebas de evaluación de tributos.
Turno aproximado de Romulus Silverknife: 11:20 AM
17:00 PM - 17:30 PM: Emisión de resultados.
—No se preocupen, la tinta se degrada sola al final del día. Ahora deben desayunar.
Mientras imprimíamos nuestro horario, un sirviente depositó dos bandejas blancas cubiertas con una tapadera con nuestros nombres en ellas. Al destapar la mía, veo dos barritas de cereal, un yogur sin azúcar y una manzana. El de Jelly es aún peor, tan sólo una barrita, otra manzana y dos cubos blancos de algo que parece ser requesón.
—Con esto no tendremos ni para empezar —dice Jelly decepcionada.
—Deberían. El menú ha sido diseñado especialmente para ustedes por un experto nutricionista del Distrito 13.
—Pues yo soy una experta en mi propia comida y digo que con esto no tengo ni para empezar, para cuando llegue mi turno estaré muerta de hambre —replica apoyando los brazos en la mesa.
—¡Los codos, Jelly! ¡Los codos! —chilla Effie—. Cuida tus modales, lo entendería de los chicos de los distritos, pero no de una señorita capitolina como tú. Si les da hambre siempre pueden comer de los aperitivos que les servirán en la sala de espera a medio día.
Jelly retira los brazos sonrojada y comienza a comer, murmurando "lo siento". Cuando Effie se descuida, pongo una de las barritas en su plato. No tengo muchas ganas de comer de todos modos.
—Gracias, Romulus —susurra.
—De nada —le contesto— para eso están los aliados.
Aún no estamos en los Juegos, pero ya me siento responsable de ella. Mi deber comenzó en el momento en que aceptamos trabajar juntos.
Terminamos el desayuno en un tiempo récord y nos sentamos a ver la televisión mientras Effie se va a despertar a Puddin. Al rato vuelven, Effie va regañándola por no haberse levantado a tiempo y Puddin arrastrando los pies, en camisón y sin maquillar ni peinar.
Se puso de muy mal humor cuando se enteró de que iban a sustituir las sesiones privadas. Era algo que ella conocía muy bien y nos dio instrucciones muy claras al respecto. Instrucciones que luego cayeron en saco roto, cuando nos comunicaron lo del programa de inteligencia artificial.
—Voy a matar a esas dos —dice dejándose caer en una silla y apoyando la cabeza en la mesa.
—Puddin —dice Effie sacudiendo su hombro—. Te sentirás mejor después de una buena dosis de cafeína. Los chicos te necesitan.
—No hay nada que pueda enseñarles.
Effie chasquea los labios.
—No es el momento de ponerse dramática. Tú serás lo único que tengan ahí afuera y tu deber es ayudarlos.
Y sin esperar a su respuesta, busca un cepillo en su bolso y unos cuantos productos de maquillaje y comienza a peinarla mientras murmura.
—Con un mentor autodestructivo que no se preocupa por sus tributos ya tuve suficiente. No permitiré que dejes a los chicos tirados, las dificultades están para superarlas. Y sabes que me tienes aquí para cualquier cosa. Somos un equipo. ¿No?
Cuando Effie termina con Puddin ella ya está mucho más presentable. Nuestra escolta le pasa un espejo de mano y ella sonríe emocionada al verse.
—Gracias... —murmura— gracias por todo Effie. Y a ustedes, perdón por haberme puesto así.
—No tiene importancia, Puddin —digo.
—Así es. Y como dice Effie, somos un equipo, el mejor equipo de todos —agrega Jelly.
Puddin comienza a reír, primero flojito, pero después va subiendo en intensidad hasta acabar convertida en una risa malévola y escandalosa. Luego coge la sombra de ojos negra que hay sobre la mesa, hunde dos dedos en ella a pesar de las protestas de Effie y se pinta marcas de guerra en las mejillas.
—¡Eso es! Lo importante es la calidad, y aquí hay calidad de sobra. Voy a traer a Dom-Dom no le va a gustar que lo despierte tan pronto, pero tenemos cosas que discutir.
—¡Iré contigo! —canturrea Jelly.
Al quedarme a solas con Effie, lo primero que hago es mirarla admirado.
—Fue muy motivador eso que le dijiste a Puddin. No lo esperaba.
—Oh, Romulus. Es mi trabajo, además es natural que quiera hacerlo extra bien con ustedes. ¿Para qué están los vecinos?
Effie me obsequia con una radiante sonrisa y yo me pregunto qué está pasando dentro de su cabeza. Ella estuvo muchos meses encarcelada sólo por ser la escolta de la chica en llamas. Todos pensábamos que la habían ejecutado hasta que un día volvió y siguió con su vida como si nada. Pero ese gran trauma que debió haber pasado no le supuso un problema a la hora de volver a involucrarse en los Juegos. Uno diría que después de la experiencia preferiría mantenerse alejada...
—¿Puedo preguntarte una cosa? —digo.
—Por supuesto, cielo.
—¿Por qué decidiste presentarte como escolta después de lo de Katniss?
Effie sigue sonriendo, aunque algo más forzadamente.
—Porque, Romulus... soy una escolta. Eso es lo que soy. Y sin los Juegos del hambre entonces... no soy nada.
—Estarás bien —le digo, viendo que ahora es ella la que necesita un cable—. Seguro que tienes otros muchos talentos que te ayuden a cambiar de especialización.
Ella no responde a eso, y por un momento, creo que se siente mal, culpable. Lo que vivió debió haberla cambiado, lo sé por experiencia, éste tipo de cosas hacen que nunca vuelvas a ser el mismo.
Lo mismo le pasará al que consiga salir de aquí con vida. Me pregunto si seré yo, y cuánto podré aguantar sin perder la cabeza. Porque voy a tener unos cuantos funerales a los que asistir si eso sucede, y yo ya me he encargado de que sea duro al acercarme a ellas y hacerlas no sólo mis aliadas sino también mis amigas.
¡Hola amigos!
Éste capítulo se demoró más de lo esperado, pero para compensar, hice más palabras. Había escenas que se me ocurrieron hace mucho y ha sido genial por fin darles forma. En concreto sobre Zael, en cuanto recibí su ficha se me ocurrió la idea de que él "negociara" su entrada a una alianza, aún no sabía cual sería, pero finalmente todo se andó. La idea de Izzy saltando al vacío también la tenía pensada desde hace mucho y aunque en un principio era algo distinta creo que me gusta más cómo quedó en su versión final.
Todos los temas de alianzas están ya bien atados, y han quedado de la siguiente manera:
Alianza de Capitol Hill: Akiva, Roselia, Roenna, Eryx
Alianza "Eclipse": Malenie, Hadrian, Francine
Myle y Spencer
Melody, Jelly y Romulus
April, Zael, Eris, Mair
Izzy y Ethan
Emerson y Atala
Lamyel
Cain, Pliam y Andri
La encuesta también ha sido revelada, resultando en un empate en el primer puesto entre Eris e Izzy. ¡Felicidades a las dos! Pueden ver los resultados haciendo click en el link de la encuesta en mi perfil.
El blog ha sido actualizado con dos entradas nuevas, unos maravillosos dibujos hechos por Lauz, y la información sobre los mentores de los chicos, por si sienten curiosidad por verlos.
La pregunta de siempre: POV favorito.
2. Alianza favorita.
3. Si fueran tributos ¿En qué tipo de Arena les gustaría estar?
El siguiente capítulo será el de la prueba y también tengo muchas ideas para el mismo.
¡Hasta el siguiente y gracias por seguir el fic!
