Disclaimer: Naruto y sus personajes, desafortunadamente, no me pertenecen. Son de Masashi Kishimoto. Escribo esto sin fines de lucro. Basado en una novela de Vicki Lewis Thompson.

Velis nolis: por la fuerza (latín)

De ninguna manera eso podría terminar igual que hace más de diez años, cuando sus padres habían fallecido. Rezó para que esta vez fuera diferente… esta vez no quería ver morir a uno de sus seres queridos frente a sus ojos.


Velis Nolis

Capítulo X: Terapia intensiva

El camino al hospital le pareció más largo que de costumbre. Tal vez era el sonido de las máquinas que monitoreaban los signos vitales de Naruto o la sirena que ululaba incansablemente lo que distorsionaba su percepción del tiempo, pero aquellos minutos dentro de la ambulancia fueron los más largos de su vida… aunque, pensándolo mejor, sí había otro momento en su vida en el cual los minutos parecieron eternos pero no era momento de recordar el pasado, no cuando Naruto luchaba frente a él para mantenerse con vida.

Cuando llegaron al hospital, varios doctores estaban esperándolos en la entrada de emergencias. Con una rapidez y coordinación asombrosas, los paramédicos bajaron el cuerpo del rubio y lo llevaron hasta una de las salas, donde médicos y enfermeras lo rodearon inmediatamente. Con tantas batas y uniformes blancos frente a él, era imposible saber qué estaban haciéndole a Naruto, además, los gritos en lenguaje que sólo los médicos entendían no ayudaban a tranquilizarlo.

–Preparen el quirófano. Pidan la autorización a cualquier familiar para transfundirle paquetes globulares. –exclamó el médico encargado de urgencias.

–Doctor, el Glasgow es de 8, ¿procedo con la intubación?

–Necesitamos un respirador, no en un rato ni en un instante… ¡ahora!

–No puedo moverme, hay mucha gente aquí. –se dirigió hacia los demás. –Los que no estén haciendo otra cosa más que estorbar ¡fuera!

Muchas de las enfermeras salieron de la pequeña habitación, algunos doctores también abandonaron el cuarto. En la habitación sólo quedó Naruto, dos doctores y dos enfermeras, y en un rincón, Sasuke. Como bombero, el moreno había acompañado cientos de veces a varios pacientes al hospital, pero siempre se quedaba en la recepción dando los pormenores de los accidentes. Hasta ahora entendía la desesperación de los familiares y todo el trabajo que conllevaba atender una urgencia. Se quedó quieto, intentando pasar desapercibido mientras los doctores insertaban un tubo en la garganta del rubio y las enfermeras tomaban muestras de sangre que ponían en pequeños tubitos de cristal. Cuando el médico a cargo terminó de intubar, levantó la mirada y se dio cuenta de la presencia de Sasuke. Con voz queda, le hizo una seña a una de las enfermeras y señaló con los ojos al moreno. La mujer entendió el mensaje, se quitó los guantes y con una amable sonrisa incitó al moreno a que saliera del cuarto y esperara en la salita.

–No debería de estar ahí dentro… por favor, espere al doctor afuera. En unos minutos saldrá para decirle la situación de su… –la mujer se quedó pensando un segundo, tratando de recordar si alguno de los paramédicos había dicho algo sobre le familiar que acompañaba al paciente. –su… ¿hermano?

–Sólo soy el bombero que lo sacó del accidente. –"y su pareja" añadió en su mente, pero en esos momentos su humor no estaba para soportar las miradas de desprecio que se ganaría por su condición.

–¡Oh! Ya veo… ¡Anzu! –la mujer que estaba en recepción levantó la vista de los papeles que leía.

–¿Qué sucede?

La enfermera lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró hasta el mostrador de la recepción. –Este joven es el que trajo al paciente que acaba de ingresar. ¿Puedes tomarle los datos, por favor?

Anzu asintió y la enfermera desapareció de nuevo en la sala de urgencias. La recepcionista sacó un formato y comenzó con las preguntas.

–¿Nombre?

–¿El mío o el suyo? –preguntó Sasuke. Su mente en esos momentos estaba fuera de servicio.

–El del paciente. –aclaró.

–Naruto Uzumaki.

–¿Edad?

–Entre 23 y 24 años. –¿por qué no podía recordar la edad de su rubio?

–¿Ocupación?

–Abogado.

–¿Lugar y hora del accidente?

–…

–¿Señor?

El moreno se esforzó por recordar el lugar del choque, pero… todo aparecía en blanco dentro de sus recuerdos. Trató de esforzarse un poco más, pero sus recuerdos se negaban a salir.

–¿Es usted bombero de verdad?

–¡Por supuesto que lo soy! Pero….

–¿Parentesco con el paciente?

–Soy… –dudó un segundo. –Soy un amigo muy cercano.

Los ojos de la mujer lo miraron con sospecha. –¿Qué tan cercano?

–¡Sasuke! –la voz de Rock Lee lo distrajo de la interesante labor de intentar asesinar con la mirada a aquella inmiscuida mujer. –El jefe está muy molesto, quiere saber porqué no regresaste a la estación con nosotros. Yo también estoy sorprendido. No es tu estilo dejarnos todo el trabajo y largarte sin decir ni una palabra. –sonrió a Anzu y le entregó el informe con la dirección, hora de llegada y condiciones del accidente e inmediatamente se puso a transcribir la información en el expediente.

–Hey, Lee… dile al jefe que no voy a volver hoy. Y mañana tampoco.

–Pero, Sasuke… sabes cómo es él. Incluso podría despedirte por una razón como esa.

–Entonces dile que me estoy cobrando mi periodo vacacional. Si aún así insiste en despedirme, habrá otro lugar en el cual pueda conseguir trabajo.

–Bien. –suspiró resignado. –Pero ¿por qué te subiste a la ambulancia de esa manera? Digo, al menos podrías haberme avisado que te ibas. Incluso dejaste tus herramientas tiradas.

–Lee, la persona que estaba dentro del automóvil… es alguien a quien conozco.

El chico miró con asombro a su compañero. Ahora entendía el comportamiento de Sasuke.

–Te entiendo. Pero al menos podrías haber avisado, hombre.

–No pensé. –confesó el moreno. –Cuando lo vi bañado de sangre… no quería dejarlo solo ¿me entiendes?

Rock Lee asintió en silencio, viendo la cara de preocupación de Sasuke concluyó que de verdad era alguien muy importante para él.

–Aunque yo nunca he estado en una situación parecida, probablemente actuaría de la misma manera en que tú lo hiciste. –esperó un par de segundos antes de señalar con un movimiento de cabeza la puerta de cristal que decía "Prohibido el paso. Sólo personal autorizado" –¿Es tu hermano?

Sasuke negó con la cabeza y buscó un par de sillas que estuvieran aisladas de todas las personas que se encontraban en esa sala, esperando por sus familiares. Se dejó caer en una incómoda banca de plástico y su compañero lo imitó.

–No se lo digas a nadie. –no era necesaria una respuesta de parte del otro, porque bien sabía que Rock Lee era un hombre confiable. –Recientemente comencé a salir con alguien. Esa persona iba a pasar por mi esta noche a la estación de bomberos porque insistió en que no debía mojarme… yo le mandé un mensaje para decirle que saldría más tarde. Lo último que imaginé fue que tendría que rescatarlo a él.

–Eso es… bueno… no sé qué decir. ¿Cómo está?

Se pasó las manos por el húmedo cabello negro y recargó su cabeza en la pared que estaba tras ellos. –No muy bien. En la ambulancia… su corazón dejó de latir unos segundos.

Lee colocó una de sus manos sobre el hombro de Sasuke para expresarle apoyo. Las palabras no eran su fuerte y mucho menos en una situación como esa.

–Sasuke… cualquier cosa que necesites…

El moreno asintió. Agradecía el apoyo del cejotas, pero no podía expresarlo con palabras. El dar las gracias no era algo que se le diera muy bien debido a su orgullo y en esos momentos, si intentaba hablar, el nudo en su garganta se lo impediría.

–Le diré al jefe que no te sientes muy bien y yo te cubriré.

–No es necesario. –susurró. –Yo arreglaré eso después.

–De acuerdo. –se puso de pie. –Hoy me toca el turno de la noche. Si algo se ofrece, no dudes en marcarme.

El pelinegro volvió a asentir. Después de que Rock Lee se fuera, trató de olvidarse de lo grave que se encontraba Naruto e intentó pensar en cualquier otra cosa… puso atención a las personas que se encontraban en la misma sala que él, pero ninguna se veía realmente preocupada. La mayoría de ellos se quejaba por dolor, otros simplemente estaban esperando a alguien y otros más se refugiaban de la lluvia.

–¿Familiares de Naruto Uzumaki? –gritó una vocecita chillona.

Sasuke se puso de pie inmediatamente y atendió la llamada. –Yo firmaré los papeles.

–¿Es usted su hermano?

–Naruto no tiene familiares. –respondió, recordando lo que el rubio le había contado. –Su padre murió hace poco, su madre falleció cuando era pequeño y es hijo único. No tiene tíos ni abuelos.

–Pe-pero… –la enfermera tartamudeó. Era muy extraño que un paciente no tuviera tan siquiera un familiar. –Necesitamos que alguien firme el consentimiento para transfundirle derivados de sangre…

–Yo lo haré.

–Pero… –protestó. –Usted no tiene ningún parentesco.

–Tomaré la responsabilidad legal. –le arrancó de las manos los papeles y se apoyó sobre el mostrador para llenar aquellas solicitudes y poner su firma en ellas. –Cualquier cosa que se necesite firmar, yo lo haré.

Cuando los papeles volvieron a sus manos, leyó el nombre de él. -¿Sasuke Uchiha? Bien, entonces a usted también le entregaré esto. –tomó una bolsa grande de papel que se encontraba sobre el escritorio y se la ofreció. –Son las pertenencias del joven Uzumaki. –con una sonrisa triste, la enfermera volvió al cuarto de urgencias.

Con la bolsa entre sus manos, Sasuke regresó a sentarse al mismo lugar. Tomó una gran bocanada de aire y se obligó a abrir aquella bolsa. Lo primero que llamó su atención fue el celular ensangrentado que aún mostraba en la pantalla el mensaje recibido de Sasuke. Se quitó la húmeda chaqueta de bombero y trató de limpiar los restos de sangre del teléfono mientras se preguntaba a quién debería llamar. Era cierto que Naruto no tenía ningún familiar, pero al menos tenía amigos que se preocupaban por él. Recordó que el rubio hablaba mucho de Iruka-sensei y de Hinata, por lo que consideró avisarle al menos a ellos, quizá Hinata supiera a quién más llamar. Buscó en la lista de contactos y marcó primero a Hinata.

¡Naruto! Me alegro que marcaras. ¿A qué no adivinas? Te compré una camisa que se verá divina cuando salgas con…

–Hinata. –interrumpió el moreno. –Soy Sasuke.

¿Sasuke? ¿Sucede algo?

–Naruto… tuvo un accidente. –escuchó claramente el gemido de angustia del otro lado de la línea.

¿Dónde está? ¿Qué pasó?

–Chocó contra una casa. Estamos en el hospital. –contestó con un tono de voz neutro.

¿Y cómo está? Quiero decir… ¿está bien?

–Hinata… –tragó saliva. –Él no está muy bien.

¿En qué hospital está?

Sasuke se dio cuenta que ni siquiera sabía en qué hospital estaban.

–No sé en donde estamos. Investigaré el nombre y domicilio para mandarte un mensaje.

Gracias… alcanzó a contestar entre sollozos mal contenidos.

–¿Sabes a quién más… debería llamar? Estaba pensando en Iruka…

Sí... si quieres, yo…

–No es necesario, yo lo haré.

Buscó con la mirada algún indicio del nombre de aquél hospital. Al no encontrarlo, le preguntó a uno de las personas que esperaban su turno para ser atendidos. Le mandó el mensaje a Hinata con los datos y se armó de valor para realizar la llamada a Iruka.

En menos de dos timbrazos una voz que no reconocía contestó del otro lado de la línea.

¡Naruto! Me tuviste preocupado… investigué las matrículas que me diste, pero ambas son de autos alquilados. Será mejor que te pases por aquí antes de ir a casa, Kakashi quiere…

–¿Hablo con Iruka?

¿Quién eres tú? ¿Por qué tienes el teléfono de Naruto? –el tono de voz cambió a uno más serio. ¡Contéstame!

–Es probable que usted no me conozca. Mi nombre es Sasuke Uchiha.

¿Sasuke? ¿El novio de Naruto? –el tono volvió a la normalidad.

–Eh… al parecer ha escuchado hablar de mí.

Por supuesto. Naruto no deja de hablar de ti en ningún momento. Creo que tienes encandilado a ese niño. Pero eso no responde a mi pregunta ¿por qué tienes tú el celular de Naruto?

–Naruto tuvo un accidente. Estamos en el hospital de Konoha… ¿sabe llegar?

¿En el hospital de Konoha? Sí, claro, ahí trabajaba Kakashi. ¿Cómo está Naruto?

–Será mejor que se dé prisa. Naruto no está bien.


Miró el reloj. Ya era hora de que Sasuke llegara, su turno había terminado una hora atrás. Caminó como león enjaulado en aquella pequeña habitación. Kai se encontraba viendo atentamente un programa de caricaturas. Marcó el número de Sasuke, pero no obtuvo respuesta. Esperó cinco minutos y volvió a marcar, pero de nuevo nadie contestó. Intentó una vez más, pero esta vez la llamada fue inmediatamente desviada, señal de que Sasuke había apagado el celular. El dolor de cabeza la estaba matando y sólo empeoraba al acostarse. Buscó en su bolso un frasco con pastillas para el dolor y se tomó tres. La maldita migraña le estaba pasando una factura por el estrés de los últimos días. Llevaba años con los dolores de cabeza, pero estos se intensificaban especialmente cuando tenía una situación estresante, lo cual al vivir con alguien como Orochimaru, se traducía en dolores de cabeza muy frecuentes. Apagó todas las luces y se tiró sobre la cama, cubriéndose con las sábanas hasta la cabeza. El ruido de la televisión la molestaba.

–Kai, ¿puedes bajar el volumen? Mamá no se siente muy bien.

El niño obedeció, pero aún así los colores chillones traspasaban las sábanas y lastimaban sus ojos.

–Kai, apaga la televisión y acuéstate a dormir.

–Pero mamá… apenas son las ocho. –protestó en voz baja.

–La luz me molesta. Apaga la televisión.

–Pero…

–¡Maldita sea! ¡Apaga la puta televisión! –gritó, poniéndose de pie de un salto, se dirigió al aparato y lo desconectó con furia. Después, tomó con fuerza al niño del brazo y lo lanzó sobre la cama. –Te dije que te durmieras.

El pequeño, asustado, se hizo ovillo y sollozó en silencio.

–Y no llores.

No entendía el porqué del comportamiento raro de su mamá. Quizá de verdad le dolía mucho la cabeza. Cuando vivían en su mansión con Orochimaru, él solía encerrarse en su habitación cuando mamá se sentía mal. Se encerraba y no salía hasta el día siguiente. Pero ahora no había lugar a donde ir. Esa habitación era tan pequeña que aún encerrándose en el baño los sonidos de sus juguetes molestarían a su mamá. Se metió en el pulgar en la boca y mientras gruesas lágrimas cristalinas caían de sus ojos azabaches pidió con todas sus fuerzas que Sasuke llegara pronto.


Con un nuevo suspiro, abrió la bolsa de papel. Dentro estaban las llaves de su automóvil, la cartera, algunas monedas que llevaba en los bolsillos, su reloj, un colgante con un cristal azul verdoso, las llaves de su departamento, su ropa cortada por la mitad… todo cubierto con sangre. Miró su chaqueta, también manchada con gotas de sangre y húmeda por la lluvia. La playera que llevaba era muy delgada y apenas cubría del frío, pero en esos momentos ni siquiera sentía el helado aire que se colaba por la puerta abierta.

–¿Sasuke Uchiha? –llamó un doctor vestido con un traje quirúrgico azul y la bata encima.

Acudió al llamado inmediatamente.

–Necesitamos operar al joven Uzumaki para controlar la hemorragia. Ha perdido mucha sangre y en su estado no puedo garantizarle que todo saldrá bien. –el moreno cerró los ojos mientras asimilaba las noticias. –Obviamente el mejor y único tratamiento es la cirugía. Pero considerando todos los riesgos… es su decisión.

–¿Dónde firmo? –aunque el riesgo fuera grande, si ésa era la única esperanza para salvar a Naruto, por supuesto que firmaría lo que fuera o iría hasta el fin del mundo.

–¿Está consciente de que el paciente necesitará transfusiones de sangre? Necesitamos asegurarnos de que entiende y está de acuerdo con eso.

Sasuke asintió y añadió: –Ya firmé el consentimiento.

–Muy bien. El quirófano ya está preparado. En cuanto recibamos los resultados de unos exámenes que le pedimos, lo pasaremos. –dio media vuelta, pero recordó algo y volvió. –Tenemos a un excelente cirujano en el quirófano. Si hay alguien que puede salvar a su amigo, sin duda es él.

Antes de volver a su habitual rincón, tres personas entraron a paso veloz. Uno de los hombres se dirigió inmediatamente al mostrador con la recepcionista, el otro se puso una bata blanca y entró a la habitación donde estaban los pacientes y la única mujer se paró en medio de la habitación, inspeccionando con la mirada a todos los rostros de la sala de espera. En cuanto sus ojos perla se posaron en Sasuke, corrió hacia él.

–¡Sasuke! ¿Dónde está Naruto? –el grito de la mujer puso sobre alerta al moreno que estaba en el mostrador y se acercó.

–¿Tú eres Sasuke? –preguntó el hombre de cabellos chocolate y piel morena. –¿Qué pasó con Naruto?

Sasuke miró a las dos personas frente a él. –Van a operarlo. Tiene una hemorragia.

Hinata gimió desesperada y llevó una de sus blancas manos hacia su boca, tratando de acallar los sollozos. Iruka elevó su mirada hacia el techo, tratando de contener las lágrimas. Sasuke no sabía qué hacer ni que decir… estaba agotado tanto física como mentalmente y lo único que quería era quedarse dormido en un rincón para ser despertado con una hermosa sonrisa de Naruto cuando toda esa pesadilla terminara… o dormir para siempre si es que a Naruto le ocurría algo.

–No son las mejores circunstancias para conocernos, pero me presento. Soy Umino Iruka.

Con un movimiento de cabeza, el pelinegro contestó: –Sasuke Uchiha.

–A mí ya me conoces. Aunque la forma en que nos conocimos definitivamente no fue la mejor. –recordó el día en que Hinata entró al departamento de Naruto, interrumpiendo su sesión de besos y caricias. Sacudió la cabeza, no era tiempo para pensar en eso. –El que entró con la bata es Hatake Kakashi, conoció al papá de Naruto y también a Naruto desde que estaba en pañales. –sonrió. –Kakashi solía trabajar aquí, así que conoce a varios de los doctores y enfermeras. Estoy segura que en un minuto saldrá para explicarnos todo.

Tal y como Hinata predijo, Kakashi salió para informarle al grupo del estado del rubio.

–No les mentiré. Las cosas no van nada bien para Naruto. Perdió mucha sangre y su corazón está muy débil. Acaban de llevarlo a quirófano para controlar la hemorragia, pero una operación bajo esas condiciones es muy arriesgada. La mayoría de los doctores no le darían mucha esperanza.

Todos guardaron silencio, tratando de comprender el peso de las palabras de Kakashi.

–Él va a estar bien. –interrumpió el pesado silencio Iruka. –Es el chico más fuerte que conocemos.

–Iruka tiene razón. No hay motivo para ser pesimistas. Naruto es tan terco que incluso se negará a morir. –apoyó Hinata.

Kakashi sonrió y asintió, tratando de ignorar su razonamiento lógico que le decía que las posibilidades de supervivencia eran muy bajas. Miró los ojos negros de Sasuke. Por lo visto, el moreno había presenciado en la ambulancia el momento en que el corazón de rubio había dejado de latir. Con eso en mente, suponía que también era muy difícil para Sasuke el ser optimista.


Imaginaba a Sasuke, parado bajo la lluvia, con el húmedo cabello pegado a su níveo rostro y los labios azules por el frío. Si tan solo pudiera avisarle que no iría a recogerlo, entonces estaría más tranquilo.

No puede ser…

Esa voz sonaba tan parecida a la de su morena adoración… el dolor en su pecho disminuyó, pero la incomodidad de la camilla en su espalda no ayudaba a dejarlo descansar. Escuchaba gritos por todas partes mientras era transportado a algún lugar donde las voces fueron reemplazadas por pitidos de extrañas máquinas. Tenía frío. Alguien tomó su mano, reconfortándolo con un calorcillo conocido. Intentó decir algo, pero el dolor al respirar era demasiado y el cansancio lo venció.

Cuando volvió a tener algo de conciencia, de nuevo había muchas voces a su alrededor.

–… ¿procedo a la intubación?

–…¡fuera!

Se sintió muy incómodo cuando un tubo rasposo bajó por su garganta. Quería moverse y sacar eso de su cuello… y de paso ponerse algo de ropa. De seguro le habían puesto una de esas horribles batas de hospital que apenas cubrían nada. Al menos esperaba que le hubieran dejado su ropa interior. No hacía frío, pero era embarazoso saber que estaba desnudo frente a personas que no conocía. Y Sasuke… ¿cuántas veces tendría que pensar en él? Se alegraba de que los coches que lo persiguieron lo hubieran hecho antes de pasar por el moreno. Nunca se lo habría perdonado si el accidente hubiese ocurrido mientras Sasuke iba con él. Al menos sabía que su novio estaba seguro… o quizá no. Si esos eran hombres de Orochimaru, tal vez Sasuke fuera el siguiente. ¿Cuánto tiempo duraría adormecido?

–… lo pasaremos a quirófano. Dile al anestesiólogo…

¡No! no quería dormirse sin haberle advertido a alguien sobre Sasuke. Debía de tener cuidado con la serpiente rastrera.

¡Maldición! ¿Por qué mi cuerpo no responde?

Se sentía cansado, quería dormir… pero no podría hacerlo hasta que alguien le asegurara que el moreno estaría a salvo. Luchó contra el sopor que lo invadía y su campo visual se iluminó con las resplandecientes luces de los pasillos.


–¿Por qué no subimos al tercer piso? Allí están los quirófanos y hay una salita de espera mucho más cómoda. –sugirió Kakashi. –Será más fácil que nos informen cómo va la operación si nos quedamos cerca.

Hinata y Sasuke asintieron, Iruka tomó su mano.

–¿No sería mejor si entraras a la operación de Naruto? –preguntó Iruka.

–No. Sólo lo complicaría… mis emociones nublarían mi juicio. Pero conozco al cirujano que lo atenderá y confío plenamente en él.

En silencio, caminaron al elevador. Kakashi tenía razón, aquella sala de espera era definitivamente mucho más cómoda y tranquila. La habitación era circular, con un mostrador alto al fondo, donde una enfermera se encargaba del papeleo correspondiente. Detrás del mostrador había un pizarrón blanco con los nombres del personal que atendían cada turno. Del lado derecho se encontraba una puerta especial para la entrada de las camillas. Los doctores tenían que pasar forzosamente frente al mostrador, tanto para registrar su entrada como para tener acceso a los vestidores. El resto de la habitación estaba repleta de cómodas sillas azules acolchadas y algunas plantas artificiales decoraban las blancas paredes. En un rincón colgaba una pequeña televisión que mostraba un noticiero y, debajo de esta, una pequeña mesita con una cafetera vacía. En la sala sólo se encontraba una pareja con rostro preocupado y la enfermera de turno.

El moreno caminó nerviosamente por la salita. Estando a punto de sentarse, vio pasar frente a él una camilla con un chico rubio sobre ella. Iba rodeado de doctores, pero alcanzó a distinguir perfectamente los ojos azules.


Las luces eran tan resplandecientes que casi lo obligan a cerrar de nuevo sus ojos. Alcanzó a distinguir a la enfermera que sostenía el suero en alto mientras caminaba junto a la camilla. También se cruzó por su vista algunas ramas verdes… era un lugar extraño. Pero lo que más llamó su atención fue la oscura cabellera que estaba justo frente a sus ojos. Era imposible no reconocer a quién pertenecían aquellos sedosos cabellos.

Intentó llamarlo, pero el maldito tubo en su garganta se lo impedía. En su lugar, un leve jadeó abandonó sus labios. Sabía que ese pequeño sonido no sería suficiente para llamar la atención del pelinegro. Quería decirle que todo estaría bien. Intentó mover su mano con todas las fuerzas que le quedaban, pero apenas pudo separar unos centímetros su dedo índice de la cama. Incapaz de moverse, volvió sus ojos a los azabaches. Aunque el rostro de Sasuke no sonreía, sus ojos hablaron por él. Sabía que el pelinegro había visto su gesto y comprendido el mensaje. Intentó sonreír pero su cuerpo seguía sin responder. Mucho más tranquilo, se dejó envolver por la oscuridad.


–Él estará bien. –les dijo a los demás.

Iruka lo miró con desconfianza.

–¿Cómo puedes estar tan seguro?

–Acaba de decírmelo.

–Claro. –intervino la única mujer del pequeño grupo. –Los amantes se entienden sólo con miradas ¿no es verdad? Casi como si pudieran leerse la mente… alcanzaron ese nivel muy rápido. Quizá porque estaba predestinado.

–No lo creo, Hinata. –Sasuke no creía en cosas como el destino, pero últimamente se preguntaba cómo sería su vida si el rubio nunca lo hubiera "comprado" en aquella subasta. Tal vez debería empezar a cambiar su forma de pensar.

Aunque no era muy tarde, Sasuke se sentía completamente agotado. Intentó dormitar en una de las sillas, pero cada vez que veía alguna bata blanca caminar por los pasillos se ponía en alerta, esperándose lo peor. Kakashi era el encargado de preguntar cómo iba la operación y explicarles a los demás.

Cuatro horas después, un hombre de mediana edad, con el cabello un poco canoso, mirada cálida y un traje quirúrgico color verde salió a preguntar por los familiares de Naruto.

–¿Sasuke Uchiha?

El aludido salió de su sopor inmediatamente y, como impulsado por un resorte, se puso de pie.

–Usted es el responsable legal del joven Uzumaki ¿cierto?

–Sí. –observó de reojo la fría mirada de Iruka. Tal vez estaba furioso por firmar los papeles sin su consentimiento, pero después de todo era él la pareja que Naruto había elegido ¿o no? Por lo que a él concernía, estaba en todo su derecho de elegir lo que consideraba mejor para el usuratonkachi.

–La operación ha finalizado exitosamente. Logramos controlar a hemorragia a tiempo y el daño a órganos importantes fue mínimo, aunque tiene cuatro costillas fracturadas. Como entenderán, no podemos enyesarle todo el tórax, así que se quedará un par de días en reposo y le daremos medicamentos para el dolor. Sinceramente, tuvo mucha suerte de salir con vida… es un joven asombroso.

–¿Podemos verlo, doctor? –preguntó la Hyuuga

–Aún no. Lo mantendremos en la sala de recuperación en espera de que despierte de la anestesia y después lo trasladarán a cuidados intensivos para vigilar su presión sanguínea… aunque resistió la operación eso no quiere decir que esté fuera de peligro. Dependiendo de su evolución, quizá por la mañana lo podremos pasar a un cuarto y podrán verlo.

–¿Todavía está muy grave? –cuestionó Iruka.

–Bueno… el joven Uzumaki ya no está perdiendo sangre y ha comenzado a respirar por sí solo… está mucho mejor que antes de la operación, pero las siguientes horas serán críticas.

El cirujano se despidió de las cuatro personas y salió por un café… las guardias en urgencias usualmente eran muy pesadas.

Kakashi e Iruka salieron a comprar algo de comida y Hinata los acompañó por un té. Sasuke se rehusó a moverse de ahí, quería estar cerca por si surgía alguna novedad. El silencio en la habitación era totalmente abrumador. Por aburrimiento, miró la televisión. Al parecer pasaban la repetición de alguna telenovela.

¡Todo es tu culpa, Pancracio Fuentesguerra! ¡Por tu culpa perdí a mi bebé! ¡Por tu culpa!

En la soledad de la habitación, aquella frase se repetía como una cantaleta una y otra vez en su mente. "Por tu culpa".

"Sí… es mi culpa. Si yo no hubiera enviado el mensaje, Naruto no se habría distraído… Si Naruto nunca me hubiese conocido, no estaría al borde de la muerte…"

Su respiración se aceleró al comprender la verdad. Estaba solo. Naruto no podía escucharlo. No había nadie con quien conversar. No había nadie que lo aconsejara. Desesperado, encendió su celular y llamó a la única persona que podía brindarle una palabra de apoyo en momentos como esos.


Faltaban pocas horas para que el sol asomara sus primeros rayos. La sala de terapia intensiva era demasiado pequeña para tantos pacientes y la sala de espera era aún más pequeña para los familiares de esos pacientes. Las pocas sillas acomodadas en el pasillo eran insuficientes. Kakashi e Iruka habían optado por sentarse en el suelo, ofreciéndole caballerosamente una de las sillas a la única mujer. Sasuke permanecía de pie al lado de Kakashi. Las piernas le dolían terriblemente, pero sabía que aquel dolor no era nada comparado con lo que el pobre de Naruto debía de estar sufriendo.

Una cabellera negra se asomó al pasillo. Varias enfermeras dejaron sus labores para admirar al atractivo hombre que acababa de llegar. Incluso varios de los familiares enmudecieron al ver a tan atractivo espécimen de la raza humana. Incluso Hinata no pudo evitar suspirar… aquel hombre tenía todo para ser un perfecto Casanova. La mayoría de las personas presentes se sonrojaron, pero sólo una lo reconoció.

–Tardaste en llegar, Itachi. –saludó a su hermano mayor.

–Lo siento, hermanito. No había ningún vuelo programado en la noche y tuve que manejar hasta acá.

Sasuke asintió. Con un susurro de voz, se dirigió a Kakashi, Iruka y Hinata: –Él es mi hermano mayor, Uchiha Itachi. Itachi, ellos Hatake Kakashi, Umino Iruka y Hyuuga Hinata. Todos son amigos del dobe… de Naruto.

Movieron la cabeza en señal de entendimiento e Itachi estrechó las manos de los dos hombres y depositó un suave beso sobre la delicada mano de Hinata, hecho que la hizo enrojecer inmediatamente.

–Guarda tus tácticas de ligue para otro momento. –le advirtió Sasuke.

El mayor sólo se encogió casualmente de hombros y le dijo: –Es mi naturaleza de conquistador. ¿Ya has comido algo?

–No tengo hambre.

–Pero debes de comer. Vayamos a conseguir un café.

Era demasiado temprano para que cualquier cafetería estuviera abierta, por lo que se conformaron con un café amargo y medio frío de una máquina expendedora. Con el café en la mano, ambos Uchiha salieron a dar un paseo por el pequeño jardín que rodeaba al hospital. Itachi notó que Sasuke sólo llevaba puesta una delgada playera y tiritaba de frío. Con un movimiento ágil se quitó su pesado abrigo y lo puso sobre los hombros de su hermano.

–No lo necesito. –se quejó.

–Yo tampoco. –señaló el grueso suéter negro que llevaba debajo. –No es momento para jugar al orgulloso, Sasuke.

Aunque no lo reconocería, agradecía el gesto de Itachi. Aunque su chaqueta ya estaba seca, no quería ponérsela y ver las manchas de sangre, recordatorio de la tragedia ocurrida.

–¿Y bien? ¿Vas a decirme qué ocurre o tendré que adivinar el porqué me hiciste viajar casi seiscientos kilómetros en mitad de la noche?

Sasuke se recargó en un árbol, escondiéndose de la mirada inquisitoria de su hermano. –Fue mi culpa.

–¿A qué te refieres? –parpadeó sorprendido.

–Yo le mandé un mensaje. Él iba manejando y se distrajo. El pavimento mojado y los frenos… todo fue mi culpa. Si yo hubiera…

–El hubiera no existe, Sasuke. –interrumpió. –Llevas culpándote de cada cosa que sucede a tu alrededor desde que tenías diez años. Es suficiente. Déjame ayudarte con tu carga.

–Pero fue mi culpa. Si nunca lo hubiera conocido…

–Seguirías siendo el mismo amargado. –concluyó. Itachi también se recargó en el mismo árbol pero en el extremo opuesto, de tal manera que las espaldas de ambos Uchiha se tocarían si no estuvieran separadas por el tronco.

–No puedo evitar pensar en eso… él quería recogerme en la estación.

–Sasuke. –dijo con voz grave. –Siempre has pensado que cada cosa desafortunada ha sido tu culpa. Igual que el día en que murieron nuestros padres.

–Porque eso también fue mi culpa.

–¡Por Dios, Sasuke! Piénsalo un segundo ¿quieres? Sólo tenías trece años. No había forma en que pudieras salvar a papá y a mamá.

–No pude salvarlos a ellos… y tampoco a Naruto.

–Naruto no está muerto. Esta allá adentro, luchando por su vida. Y tú deberías de estar allí también, apoyándolo con pensamientos positivos y sin culparte por algo que sólo fue un accidente. ¿Cómo crees que Naruto se sentiría si escuchara lo que estás diciendo?

Sasuke sabía que su hermano tenía la razón, pero era difícil el aceptar que no hubo nada que él pudiera hacer para evitar la muerte de sus padres. Eso era lo que le causaba pesar. El saber que, de ser más grande, hubiese podido despertar a su madre o cargarla hasta la salida…

Compartieron un rato de silencio mientras escuchaban el canto de los grillos y de algunos pájaros que madrugaban.

–¿Te quedarás conmigo hasta que la pesadilla termine?

–Por supuesto, hermanito.


–¡Sasuke! –exclamó Hinata con una sonrisa en el rostro. –¡Qué bueno que volviste! Tardaste mucho en llegar. –disimuladamente miró por la ventana los rayos de sol que iluminaban el cielo, reconociendo que se había quedado demasiado tiempo dormido sin que el inepto de su hermano lo despertara. –Acaban de decirnos que trasladarán a Naruto a una habitación privada. ¿No es genial?

–Sí.

–Sasuke… sé que es demasiado pedir, pero ¿podrías quedarte con Naruto un par de horas? Iruka y yo iremos a darnos un baño y avisaremos al despacho sobre el accidente.

–Aunque no me lo pidieran, me quedaría aquí. –contestó cortantemente.

–Eh… gracias, supongo. Vamos, Iruka.

–Ese mocoso es tan arrogante. –susurró el moreno cuando estuvieron lejos de Sasuke. –No sé qué fue lo que le gustó a Naruto.

Kakashi sonrió. –Bueno, hay razones del corazón que la razón desconoce.

–Kakashi. –advirtió con voz fría. –No estoy para tus frasecitas filosóficas.

Aunque Hinata trataba de permanecer despierta, sus hermosos ojos color perla se cerraban en contra de su voluntad. No se dio cuenta que estaba dormida hasta que Sasuke movió el hombro en el cual tenía recargada su cabeza. Se levantó sobresaltada y sonrojada. Con lo celoso que era Naruto si se enteraba…

–¿Por qué no vas a dormir a tu casa, Hinata? –sugirió Itachi. –Nosotros nos quedaremos aquí.

–Pe-pero… ustedes tampoco han dormido nada.

–Yo estoy acostumbrado. –replicó Sasuke. –Ve, duermes un par de horas y cuando regreses, podrás visitar a Naruto en su habitación.

La idea sonaba muy tentadora, pero por otra parte, no quería dejar a su querido amigo solo…

–Si algo surge, prometo avisarte.

Hinata asintió, agradecida con Sasuke y frotó su enrojecida mejilla, esperando que el surco transversal dejado por el abrigo de Sasuke no tardara en desaparecer.


–Señor Orochimaru, nos hemos encargado del rubio. –informó Kabuto mientras entraba en la oficina de su jefe. –En cuanto Sasuke salga del hospital, lo seguiremos y fingiremos un asalto.

–¡No seas imbécil, Kabuto! Olvídate de hacerle daño a Sasuke. –exclamó exaltado el mayor.

–Pe-pero, señor, usted había ordenado…

–¡Sé lo que ordené, estúpido! Pero las cosas se complicaron… nunca pensé que Sasuke fuera tan marica para mandar llamar a su hermano.

–¿Disculpe?

–¿Eres idiota o qué? Con Itachi a su lado no podemos tocarlo sin salir heridos. Itachi mandaría a todo Akatsuki tras nosotros. Por el momento, olvídate de Sasuke.

–¿Y qué hacemos con la señora Sakura? –preguntó en voz baja, esperando una respuesta exaltada de parte de su jefe.

–¿Sakura? Ella no me interesa por el momento. Después me encargaré personalmente de arreglar ese desperfecto.

Estaba acostumbrado a observar los amarillentos ojos de su jefe repletos de odio. Pero extrañamente, aquella mirada logró erizarle la piel.


Otro café más y su organismo sufriría una intoxicación aguda por exceso de cafeína, pero no se daría el lujo de abandonar la habitación en la que ahora descansaba Naruto. La comida podía esperar.

Tenía más de veinticuatro horas en el maldito hospital y necesitaba urgentemente una cama caliente, algo de comida decente y un par de horas de sueño. Pero cuando miraba la ahora pálida piel de Naruto se recordaba que el atarantado rubio lo necesitaba a su lado y olvidaba sus necesidades mundanas.

–Deberías ir a descansar, Sasuke. –insistió Hinata.

–Estoy bien.

–¿No puedes obligarlo a irse? –le preguntó Kakashi al mayor de los Uchiha.

–Lo he intentado… –puso en blanco sus ojos. –Pero ni siquiera a mí me escucha. El único que lo puede convencer está sedado.

Todos le dieron la razón a Itachi. Se necesitaba de un terco para convencer a otro terco.

–Sasuke… por favor. –casi suplicó Itachi. –Necesitas comer… y darte un muy buen baño. Apestas a perro mojado.

El aludido ignoró a su hermano y siguió concentrándose en la importante tarea de vigilar que los latidos cardiacos de Naruto no se detuvieran.

–¡Sasuke! –generalmente Itachi solía ser una persona a la que nada sacaba de quicio. Pero las oscuras ojeras de Sasuke definitivamente lo alteraban demasiado.

–Me iré cuando despierte.

–Sasuke… –susurró Hinata. Todo era tan romántico que no podía esperar a escribirlo en su libro. –De acuerdo, entonces iré a comprarte algo de comer.

–Hinata, es contra las reglas del hospital ingresar alimentos. –advirtió Hatake.

–Bueno, si no hacemos algo por alimentar a este inútil esperpento, tendremos que visitar a dos personas en lugar de una. –explicó.

–Es mi última advertencia, hermanito. Naruto se encuentra estable por el momento. No creo que se moleste si te alejas un par de horas.

Un duelo de miradas azabache dio comienzo. Y nadie se atrevería a intervenir.

–¡Por favor! –exclamó al comprender la mirada de su hermano menor. –¿Te estás castigando por qué crees que fue tu culpa?

–¿A qué te refieres Itachi? –preguntó Iruka.

–El muy idiota cree que Naruto chocó porque el mensaje que le mandó lo distrajo. –reveló.

–¡¿Cómo pude olvidarlo? –el castaño contuvo las ganas de estrellar su cabeza contra cualquier muro de sólido concreto que estuviera cerca. –Yo… Sasuke, tú no tuviste la culpa. Naruto me envió un mensaje diciéndome que un auto sospechoso lo estaba siguiendo y me pidió investigar la matrícula.

–¿Qué? –fue inevitable que Sasuke se pusiera de pie al instante, sintiéndose ligeramente mejor al saber que no era su culpa.

–Naruto ha estado investigando sobre la muerte de su padre. El caso lo ha llevado a Orochimaru. –declaró Kakashi. –Hace pocos días fue a revisar su casa y encontró una memoria USB con datos importantes.

–Pero ¿qué tiene que ver todo esto con Sakura y Kai? Es decir… ¿Orochimaru fue el responsable de la muerte de Minato? –preguntó Sasuke.

–¿Quién me explica cómo demonios se involucraron con Orochimaru? –exigió el pelinegro de cabellos largos. –Sasuke, ¿qué demonios pasó?

–Un momento… ¿Orochimaru es el esposo de Sakura? –la mente de Iruka barajeaba todas las posibilidades. Estaba al tanto del problema de Sakura y sabía que Kai era hijo de Sasuke porque Naruto le había pedido ayuda con el caso. Lo que convenientemente el rubio había ocultado era el nombre del esposo de Sakura.

–Se casaron hace varios años. –dijo Itachi.

–Bueno, entonces no me sorprende que Orochimaru quiera acabar con Naruto. –expuso Iruka. –En primer lugar, es el abogado que lleva el caso de divorcio de Sakura; segundo, es el que está investigando el asesinato de Minato que muy probablemente cometió él, y tercero, robó esos datos de la organización. Definitivamente al tal Orochimaru no le conviene que Naruto esté vivo.

–Y no olvidemos que Orochimaru amenazó a Sakura con hacernos daño a mi o a Naruto por el asunto con mi hijo. –los ojos de Itachi se abrieron por la sorpresa. Él no estaba enterado de nada de eso. Sasuke adivinó el rumbo de su pensamientos y sarcásticamente añadió: –Felicidades Itachi, eres tío.

–¿Qué? –preguntó sorprendido.

–El hijo de Sakura es mío. ¡Maldita sea! ¡Me olvidé de Kai! –el azabache no lo podía creer. ¿Cómo había olvidado a su hijo? Si las suposiciones que habían hecho eran correctas y Orochimaru estaba detrás del accidente de Naruto, entonces era probable que el siguiente blanco fuera él… o Kai. –¡Mierda! Ni siquiera le hablé a Sakura. –sacó su teléfono portátil a toda prisa y lo encendió antes de llamar a Sakura. Después de varios intentos y de no recibir respuesta por parte de la mujer, se preocupó. –¡Soy un imbécil!

–Sasuke, no te preocupes. Si Orochimaru sabe lo que le conviene, no les tocará un solo pelo ni a ti ni a mi recién descubierto sobrino. –intentó tranquilizar a su hermano, pero las palabras fueron inútiles. Sasuke caminaba desesperadamente de un lado a otro mientras esperaba que Sakura respondiera el teléfono.

–Sakura no contesta… –por su mente pasaron mil escenarios diferentes y cada uno de ellos era más aterrador que el anterior. –¡Tsk! No quiero dejar solo a Naruto, pero Kai…

–Yo cuidaré de Naruto. –habló por primera vez Hinata. –Si despierta, le diré que fuiste a buscar a Kai y lo tranquilizaré.

Agradeció el apoyo de Hinata con un leve movimiento de cabeza y corrió hacia la puerta. Antes de abrirla, Itachi le arrojó las llaves del auto.

–Lo necesitarás más que yo. Pero no quiero ni un rayón en la pintura o me cobraré con tu cabeza. –con un gesto cariñoso, golpeó la frente de su hermano con dos dedos. –Anda a buscarlos. Pero te aseguro que ellos estarán bien.

–Es peligroso que vayas solo. –señaló Kakashi. –Puedo acompañarte.

–A Sasuke no le pasará nada, tenlo por seguro. –afirmó Itachi. –Pero sería prudente no dejarlo solo.

Iruka depositó un suave y casto beso en la mejilla de Hatake y le advirtió que tuviera cuidado. Sasuke y Kakashi salieron a paso veloz.

–¿Alguna idea de dónde comenzar a buscar? –preguntó al salir de la habitación.

–Primero al motel, después… –la frase quedó en el aire. Sinceramente, no tenía ni la más mínima idea de dónde podría estar Sakura.

–Creo que no entendí nada de lo que ha sucedido aquí. –expuso Hinata.

–Tengo que realizar un par de llamadas. –murmuró Itachi y salió de la habitación. Nunca estaba de más poner sobre alerta a Akatsuki. Tal vez podrían cobrarse de una buena vez por todas las deudas que tenían con el traidor de Orochimaru.


Ya era de noche y la fría oscuridad envolvía las calles. El delgado suéter de cuello alto con ositos bordados que llevaba puesto no era suficiente para ahuyentar el frío de su pequeño cuerpecito. Intentó esconderse en el estrecho espacio que había detrás del asiento del conductor, pero las luces de los coches que pasaban por ahí continuaban asustándolo. Estaba solo y su mamá llevaba horas en ese lugar lleno de luces brillantes. Estaba molesto con Sasuke porque no había llegado la noche anterior y quería ver a Naruto, tal vez lo llevara a comer hamburguesas nuevamente y si tenía suerte, le dejaría subir a los juegos junto a los otros niños. La vida con el rubio era mucho más divertida que con su mamá. Ni siquiera tenía un juguete en ese momento. Se asustó cuando escuchó un fuerte golpe en la puerta. Escondió su cabecita entre sus piernas y se tapó los oídos con sus manitas, intentado no escuchar los golpes de exterior, seguramente alguien se estaba peleando allá afuera y no quería ver ni escuchar.

De nuevo volvió a escuchar ese extraño ruido… se parecía mucho al ruido que el teléfono de su mamá hacía cuando recibía una llamada. Se arriesgó a meter una de sus manitas debajo del asiento del conductor y encontró la bolsa de cuero de su mamá. Sakura muchas veces le había dicho que no estaba bien revisar su bolsa, pero el pequeño Kai estaba desesperado. ¿Y si era Sasuke el que llamaba?

¿Por qué tenía tres años? Ni siquiera sabía leer. ¿Cómo podría llamarle a Sasuke o a Naruto para que lo sacaran del coche? Además, ¡tampoco se sabía sus números telefónicos! El teléfono timbró una vez más. Cerró fuertemente los ojos y pidió a cualquier divinidad que le diera buena puntería para poder oprimir el botón adecuado para contestar la llamada.


–¡Sakura! Por fin me contestas ¿dónde demonios estás? –Sasuke sabía que no era nada prudente manejar y hablar por celular al mismo tiempo, no porque no pudiera hacerlo sino porque no traía la licencia de conducir y si un agente de tránsito lo detenía, podía quitarle el automóvil y entonces Itachi lo degollaría lenta y dolorosamente por mandar al corralón tan precioso auto. Y es que no cualquier día tenía la oportunidad de conducir un último modelo de lujo cuyo valor monetario podría alimentar a todo un país.

–¿Por fin contestó? –preguntó Kakashi desde el asiento del copiloto.

–No escucho nada. ¿Sakura? –maniobró entre dos coches para estacionarse. –Sakura ¿me oyes?

¿Sa-sa-sasuke?

–¿Kai? ¿Dónde estás? ¿Estás bien?

S-sí… -contestó el niño entre sollozos. –Mamá… mamá no viene por mí.

–No te preocupes. Yo iré por ti. ¿Dónde estás?

No… no sé. Mamá me dejó en-encerrado en el coche… Kai no pudo decir más porque una oleada de llanto lo asaltó. Escuchaba la voz de Sasuke diciéndole que se tranquilizara, pero el darse cuenta que estaba solo, con frío y hambre dentro de un auto estacionado en sabrá Dios que lugar era demasiado para un niño de casi tres años.

–Kai, escúchame. No puedo entenderte si estás llorando. Trata de decirme que ves a tu alrededor. –Sasuke imploró porque hubiera algo que lo hiciera reconocer el lugar e ir por su hijo inmediatamente.

El pequeño requirió de todo su valor para salir del escondite y asomarse por la ventana para hacer lo que el pelinegro le ordenaba.

–Bien, Kai. Dime ¿qué ves?

Hay mu-muchas luces… de colo-colores y brillan…

Eso no ayudaba en nada. Había cientos de lugares que encendían luces brillantes por la noche.

–¿De qué color son las luces?

Rosas… y rojas… Hay muchos coches.

–Muy bien hecho. ¿Hay otra cosa que destaque?

Un dibujo grande.

–De acuerdo. ¿Cómo es el dibujo? –esperaba que la descripción lo pudiera orientar.

Pues… es un vaso grande. –a esas alturas el niño se sentía mucho más tranquilo de saber que Sasuke ya estaba buscándolo, por lo que sus sollozos pararon. –Es amarillo.

–Un vaso grande, amarillo. –miró a Kakashi. –¿Tienes alguna idea?

–No lo sé. –contestó. –Pregúntale si hay música y otras tiendas alrededor.

–¿Hay música?

Se escucha muy bajito… pero es de la música que a mi papá Orochimaru no le gusta escuchar.

–Genial. ¿Qué maldita música no le gusta a Orochimaru? –intentó ocultar su decepción al escuchar cómo Kai llamaba "papá" a la serpiente rastrera, pero ya tendría tiempo para aclarar ese pequeño detalle más adelante. –¿Ves alguna tienda?

Mmmm… el niño inspeccionó el paisaje con sus pequeños ojos negros. Sólo veía autos. Pero… ¡Sí! Creo que venden chocolates porque tiene corazones rosas.

–¿Corazones rosas? –repitió consternado, pero su acompañante lo escuchó.

–Pregúntale si el nombre de la tienda tiene una equis de color rojo. –Kakashi tenía una remota idea de en qué lugar podrían estar.

–Kai ¿alcanzas a ver el nombre de la tienda?

Pe-pero no sé leer.

–No importa. Sólo dime si ves una crucecita de color rojo.

Mmmm… ¿una crucecita? ¿Cómo el botoncito de mis videojuegos?

–Exactamente.

Mmm… ¡sí! ¿Es una tienda de videojuegos?

–No lo creo, Kai. –miró de reojo a Kakasi. –¿Te suena conocido el lugar?

–Tal vez… vuelve a decirle del dibujo. Investiga si el vaso amarillo tiene espuma blanca encima.

–¿Un bar?

–¡Hazlo!

–Una última pregunta. Vuelve a fijarte en el dibujo. Dime ¿hay espuma sobre el vaso?

¡Sí! Tal vez sea un tarro con jabón ¿no lo crees, papá?

La mente de Sasuke quedó en blanco y un calorcillo que no conocía invadió su pecho al ser llamado así por primera vez.

–¿Cómo me llamaste?

Bu-bue-eno… el pequeño Kai cerró fuertemente los ojos. Sin querer se le había escapado esa palabra de sus labios. –Es… tú… es que… quisiera que fueras mi papá. –esa no era la principal razón, pero era cierto. Había escuchado a su mamá hablando por teléfono y diciendo que Orochimaru no era su padre. Y bueno, había escuchado a su mamá decirle "mi amor" a Sasuke y en la telenovela que veía su mamá por las tardes, la mujer de ojos bonitos le decía de esa forma al papá de su bebé. Y además su propia mamá le había dicho en los últimos días que era una copia de Sasuke… tal vez se había equivocado al llamarle así al pelinegro. Sólo esperaba que no se enojara. –Perdón…

–Hablaremos sobre eso después, Kai. –tapó el celular para no confundir las conversaciones. –Hey, Kakashi, dijo que sí. ¿Sabes qué lugar es?

Hatake sonrió. Por supuesto que conocía ese lugar. Aunque, desde que vivía con Iruka no frecuentaba con regularidad ese tipo de sitios.


–¿Me trajiste a una sex-shop? –preguntó sorprendido el moreno.

–Mira hacia allá. –Kakashi señaló un pequeño edificio iluminado con cientos de luces y el "vaso amarillo con espuma" que ahora era un tarro de cerveza, anunciaba el nombre de aquel local. –Es el único bar que conozco con una sex-shop a un lado.

Sasuke agradeció que el médico conociera ese tipo de lugares ya que él nunca frecuentaba los bares. Definitivamente prefería tomar una cerveza fría en la comodidad de su departamento para evitarse el espectáculo y las peleas que surgían cuando había más alcohol que sangre en las venas de los clientes.

–Es hora de buscar a Kai. –señaló el pelinegro. –Busca un auto negro.

Hatake lo miró extrañado. –¿Qué? –murmuró Sasuke. –¿No vas a ayudarme?

–Sasuke… –suspiró. –De noche, todos los autos son negros.

Miró el estacionamiento pobremente iluminado y lleno de autos. A simple vista Kakashi tenía razón. Pero el pobre de Kai estaba atrapado en uno de esos coches. Si era necesario, buscaría en cada uno de ellos.

–No me importa. Busca en todos los autos un mini yo.

–¿Mini tú?

–Kai es prácticamente un clon mío.

Se separaron para buscar. Después de asomarse a través de las ventanillas de varios autos, cayó en la cuenta de algo que no habían calculado dentro de sus planes. Apartó rápidamente la vista del último auto que revisaba al ver que dentro sí había alguien… pero dudaba que el mini-Sasuke hubiese conseguido una mujer para follar. Definitivamente ese hombre no era Kai.

–¡Hey, Sasuke! –llamó la atención de moreno. –¿Has pensado qué vamos a hacer cuando lo encontremos?

A juzgar por la mirada del aludido podía decirse que no había pensado qué hacer.

–Sakura debe tener las llaves. Y sin las llaves no podemos sacar a tu hijo.

–Kai puede abrir la puerta desde adentro. –contestó simplemente y continuó con su búsqueda.

–¡Oh! –se sintió tan tonto en esos momentos… ¿cómo no había pensado en eso? regresó a su búsqueda y entonces lo encontró: una pequeña bolita de pelo negro escondida detrás del asiento del conductor. No podía ver su rostro, pero sabía que era él. Golpeó suavemente el cristal con sus nudillos, pero la bolita de pelo se tapó los oídos con sus manitas.

Volvió a golpear el cristal, repitiendo su nombre: –Hey, Kai.

El niño alzó su mirada un momento para tratar de reconocer a la persona que lo llamaba por su nombre. Pero aquellos ojos negros que lo miraban detrás del cristal nunca los había visto. Y su mamá muchas veces le repetía lo importante que era no hablar con extraños. Cerró sus ojos, esperando que el hombre de cabellos grises no lo pudiera ver.

Como sus esfuerzos no daban resultado, llamó a Sasuke. Inmediatamente el pelinegro repitió la misma acción que Kakashi, pero esta vez Kai sí reconoció la voz y el rostro de Sasuke. Se puso de pie de un salto y siguió las instrucciones del mayor para abrir la puerta. En cuanto quitó el seguro, la alarma comenzó a sonar. El pelinegro no le dio importancia y tomó al niño entre sus brazos.

Sasuke estaba calientito, así que se aferró al blanco cuello del pelinegro, tratando de entrar en calor. Sintió la fría piel del rostro de Kai en sus mejillas y la sensación de alivio por haberlo encontrado fue reemplazada por una de furia ¿qué demonios pensaba Sakura? Dejó al niño en brazos de Kakashi y se quitó el abrigo que Itachi le había prestado. Envolvió el cuerpecito de su hijo con esa prenda y lo volvió a cargar.

–¿Y Sakura? –preguntó el doctor. –¿Iremos a buscarla o…?

–Primero pondremos a salvo a Kai. Ella puede defenderse sola.


Era muy tarde para encontrar alguna tienda de comida rápida abierta, así que Kai se tuvo que conformar con un frío sándwich y un jugo comprado en una tienda de autoservicio. Cuando llegaron al hospital, el pequeño ya estaba dormido en el asiento trasero. Lo bajaron con cuidado y Kakashi mintió, haciendo pasar a Kai como un paciente para que lo dejaran ingresar. Caminaron en silencio hasta la habitación del rubio.

–¡Kakashi! Nos tenían muy preocupados. –fue el cálido recibimiento de Iruka.

–¿Todo bien, hermanito? –preguntó Itachi.

–No. –contestó Sasuke.

Hinata se puso de pie inmediatamente y buscó en el pequeño clóset una sábana para cubrir el viejo sofá de cuero. Tomó otra sábana para doblarla y que fuera usada como remedo de almohada. Sasuke agradeció el gesto y depositó el cuerpecito de Kai en la improvisada cama, cubriéndolo con el abrigo.

–Lo dejó encerrado en el auto. –explicó el azabache. –Tuvimos suerte de encontrarlo.

–¿Y dónde está ella? –quiso saber Hinata.

Itachi observó como el niño se acomodaba para continuar durmiendo. Atravesó la habitación y se arrodilló junto al sillón para ver más de cerca a su nuevo sobrino. Y no pudo reprimir una sonrisa. Era como estar viendo a Sasuke de pequeño. Si tenía alguna duda respecto a la paternidad de su hermano, ahora estaba resuelta. Retiró los mechones de cabello de su frente y acarició la sonrojada mejilla antes de ponerse de pie y volver a la conversación de los adultos.

–Supongo que en el bar. Se va a alterar al ver que Kai no está en el coche. –expuso Hatake.

–Tienes razón, Kakashi. –apoyó Iruka. –Deberían de avisarle.

–Iré por ella. –Sasuke sabía que esa noche también iba a ser muy larga. –Itachi… –odiaba pedirle favores a su hermano, pero sabía que él era el único en quien podía confiar para que cuidara de su hijo. Bueno, también confiaba en cierta personita de cabellos rubios que por el momento aún no despertaba.

–No tienes ni que pedirlo.

–Gracias. –susurró. –No tardo.

–No tardaremos. –dijo Kakashi, acoplándose a Sasuke. –Quien sabe, tal vez necesite un abogado. –explicó, encogiéndose de hombros.

–Pero tú no eres abogado. –se quejó el castaño.

–Algo he aprendido después de vivir contigo todo este tiempo. –Iruka no dijo nada más y ambos hombres volvieron a salir, ahora en busca de Sakura.


Con Sasuke al volante, no tardaron mucho tiempo en llegar de nuevo a aquel lugar. El pelinegro le regaló una de sus típicas miradas de odio a Kakashi. Aquel lugar era un bar y un table dance al mismo tiempo. ¿Cómo era posible que Sakura terminara en un local como ese? El mayor pareció leer la mente del azabache porque contestó:

–El ambiente es tan bueno que atrae tanto a hombres como mujeres. Hay descuentos en bebidas y los meseros son atractivos. Además, ponen música perfecta para bailar y conocer gente. No me veas con esos ojos. –protestó ante la mirada de reproche de Sasuke. –Yo también solía venir aquí de vez en cuando. Sobre todo, los días como hoy, que hay cerveza al 2x1. –señaló el resplandeciente anuncio que informaba del descuento.

Tomando una bocanada de frío aire, empujó la pesada puerta para entrar al bar. El desagradable humo del tabaco lo recibió inmediatamente. Tardó un poco en que sus ojos se acostumbraran a la escasa luz rojiza que iluminaba el lugar. Había muchas personas bailando, lo cual les impidió entrar con facilidad. Al fondo estaba la barra de bebidas, con cientos de botellas a escoger. El hombre que atendía no estaba muy atento a los clientes, su mirada se encontraba perdida en la figura de una mujer bailando sobre una plataforma con tubo. Sasuke supuso que serían las bailarinas del lugar, así que buscó con la mirada a Sakura.

–¿Cómo es ella? –preguntó Kakashi.

–La encontrarás cuando veas una cabellera rosa. –señaló el rasgo más distintivo de la mujer.

Se separaron para abarcar más terreno en menos tiempo. Sasuke creyó distinguir una mujer con cabello rosa, pero para llegar hasta ella tenía que atravesar toda la pista, misión casi imposible. Se adentró entre la multitud, empujando a las parejas que se le interponían en el camino. Fijó una vez más su vista en aquella mujer que ahora se encontraba sentada sobre una mesa, besando de manera lujuriosa a un sujeto alto y de apariencia musculosa. Quizá se había equivocado de mujer… pero cuando la chica abrió sus ojos color esmeralda, Sasuke supo que definitivamente sí era Sakura.

Siguió empujando a la multitud danzante. Se topó con una chica de cabellos negros y hermosos ojos azules que no lo dejó pasar.

–¿Buscas alguien con quien bailar, guapo?

–No quiero bailar.

–Eso dicen todos. –las manos de la mujer acariciaron su abdomen y continuaron bajando. –Pero después de un rato, aceptan.

–De verdad no quiero bailar. –apartó las manos de la mujer de su cuerpo. –Sólo vengo a buscar a alguien.

–Qué lástima que un bombón como tú se tenga que ir. Y yo que quería jugar a la basurita. –sonrió, mostrando el piercing que decoraba su lengua. Ante la mirada de desconcierto del azabache, añadió: –Yo me tiro y tú me recoges

La estruendosa risa de la mujer se perdió entre la música y Sasuke la empujó con más fuerza. No pudo evitar el sonrojo en sus mejillas. Vale, estaba acostumbrado a los piropos, pero no a los de doble sentido como ese y menos si no provenían de un dobe rubio cabeza hueca. Recordó que debía terminar rápido con eso para volver al lado de Naruto. Toda una tarde alejado de él y ya lo extrañaba. Ya parecía una niñita enamorada y eso no iba nada con él. Tal vez regresaría a la normalidad una vez que el rubio estuviera fuera del hospital.

Cuando salió de entre la multitud, miró desconcertado a su alrededor. Sakura ya no estaba. ¿Dónde rayos se había metido? Un hombre lo empujó para correr hacia la plataforma y gritarle a aquella mujer que bailaba. Sasuke también miró a la chica. De piernas largas y minifalda de cuero negra, aquella mujer tenía todo lo necesario para mantener embobados a cientos de hombres. Sus piernas desnudas rematadas con unos tacones negros le daban una figura que más de una mataría por ella. No pudo evitar subir su mirada por la figura. El abdomen era plano y su ombligo estaba decorado por un pequeño arete brillante. Vestía un top blanco también de cuero con cierre al frente. Se movía de manera sugerente alrededor del tubo y la mayoría de los hombres que habían caído bajo su embrujo la animaban a quitarse la ropa. Sasuke desvió su mirada cuando la mujer comenzó a bajar lentamente el cierre entre sus senos. Buscó entre la multitud cercana cualquier rastro de Sakura, pero parecía haberse esfumado. Los gritos y silbidos obscenos continuaban. Alguien golpeó levemente su hombro y giró velozmente, creyendo erróneamente que era la mujer del piropo molestándolo de nuevo.

–¿Kakashi? ¿Ya la…?

–Sasuke… dime algo ¿a la chica en cuestión le gusta bailar? –señaló la misma plataforma que Sasuke había visto antes. Y la vio.

Sakura estaba acostada sobre su abdomen, con medio cuerpo fuera de la plataforma y besando a un sujeto diferente al que Sasuke vio antes. Otros hombres la manoseaban y dejaban algunos billetes entre su cadera y la tela de su falda. Sasuke estaba furioso. El pobre Kai encerrado en el auto por horas y ella estaba ahí, divirtiéndose de lo lindo como una cualquiera.

Recorrió la poca distancia que lo separaba de ella a grandes zancadas, Kakashi lo seguía a pocos metros. Empujó a varios de los hombres que la rodeaban y de tiró de su brazo, para separarla del sujeto al que besaba. Molesto por la interrupción, el hombre la tomó del otro brazo, tratándola de alejar del Uchiha.

–Ella es mía, niñato. Piérdete. –gruñó, pero Sasuke ignoró el comentario y miró a Sakura.

–¿Qué rayos haces aquí? No me molesta que quieras ser una puta, lo que me molesta es que olvidaras a mi hijo en el auto.

Sus ojos verdes entrecerrados escanearon toda la figura de Sasuke. Desde sus cabellos desordenados, sus labios firmes, la musculatura de su pecho apenas cubierta por una delgada playera, sus pantalones grises del uniforme… definitivamente era un hombre que calentaría la sangre de cualquier mujer. Con un tirón, se zafó del agarre del otro sujeto y sus labios parecieron pronunciar un "piérdete". Con toda su atención en el espécimen masculino frente a ella, rodeó sus esbeltas caderas con sus brazos y se aferró a él.

–Suéltame. –siseó con furia, intentando desenredar los brazos de ella. Todas las miradas se posaron sobre ellos, hecho que incomodaba al pelinegro, pero Sakura parecía no notarlo.

Los labios de la mujer se acercaron peligrosamente a los suyos. Enredó sus manos en los suaves cabellos rosas y tiró sutilmente de su cabeza para impedir el contacto. La separó de su cuerpo bruscamente y notó que el top blanco de la chica había desaparecido. En su lugar, un sujetador de encaje color vino contenía aún cubiertos los senos de la chica. Kakashi se quitó la chamarra verde militar que llevaba para cubrir a Sakura, lo cual le ganó una serie de abucheos por parte de los hombres del lugar.

Tomó la mano de Sakura para evitar que escapara en su camino hacia la salida, pero fue frenado por uno de los hombres. Con una mirada de enojo, el sujeto le dio un puñetazo en la mandíbula después de decir:

–No te lleves nuestra diversión.

Furioso por la actitud de Sakura y por el golpe, soltó momentáneamente a la chica para poder responder a la agresión. Ya que no podía golpear a Sakura, desquitaría parte de su enojo en el rostro de aquel sujeto. Tal vez era delgado, pero años de entrenamiento y el trabajo bombero le habían heredado unos puños rápidos y fuertes. Tres golpes después, el sujeto yacía inconsciente en el suelo de aquel bar. Los demás hombres se retiraron con discreción.

Al pasar junto a la barra, el bartender susurró: –Te llevas a la mejor cliente que hemos tenido en años.

Y lo decía no solo por la cantidad de alcohol que Sakura había tomado, sino porque su actitud desinhibida atraía a los hombres como moscas. Uno entraba y minutos después estaba llamando por celular para avisarles a sus amigos, creando de esa manera un torrente de clientes. Además, más de alguno había recibido un trato especial por parte de la chica.

Cuando al fin lograron salir de aquella taberna caminaron rápidamente al automóvil. Mientras Sasuke buscaba entre sus bolsillos las llaves del auto, Sakura se pegó a su espalda, restregándose contra él. Sus manos acariciaron sobre la tela el abdomen bien marcado y fueron bajando peligrosamente a su entrepierna. Entumido por el frío, no alcanzó a reaccionar a tiempo para alejar las manos de ella que rodeaba fuertemente su miembro a través de su pantalón.

–No lo vuelvo a repetir. Suéltame. –gruñó.

–Sasuke… –susurró en su oreja. –Fóllame.

Abrió la puerta trasera y la empujó sin ninguna caballerosidad al interior del auto.

–Estás borracha. –cerró con un portazo y explicó a Kakashi. –Usualmente no es así. Supongo que es el alcohol.

El médico asintió y tomó su lugar de nuevo como copiloto. Durante el camino al motel, Sakura acariciaba sutilmente los cabellos grises de Kakashi.

–Sasu… ¿quién es este bombón? –preguntó.

–Olvídalo. –dio vuelta en una calle y agradeció estar cerca del motel.

–Estoy mareada. –murmuró Sakura.

Puso los ojos en blanco. En menos de una hora toda su paciencia había sido puesta a prueba. Afortunadamente la recepcionista conocía a la pareja y no dudó en darles un juego de llaves más. Kakashi ayudó a Sakura a caminar hasta la habitación. En cuanto la puerta estuvo abierta, la chica corrió hasta el baño a devolver el poco contenido alimenticio que tenía en el estómago.

Sasuke tocó la puerta del baño y dijo en voz alta:

–Sakura, Kai está conmigo. Cuando recuperes el sentido común, llámame. No pienso discutir contigo borracha. –tomó la mochila con su ropa y una chamarra, también guardó algo de ropa de Kai antes de salir de nuevo a la fría noche.

–Mi casa no queda lejos del hospital. Si quieres darte un baño, está disponible. –Sasuke agradeció el gesto amable del doctor y aceptó la oferta.


Los únicos que quedaban en la habitación del rubio, además del propio Naruto, eran Itachi y Kai. El mayor se encontraba dormitando en una silla a los pies de la cama y el pequeño continuaba profundamente dormido en el sofá. Itachi se despertó completamente al sentir la presencia de Sasuke en el cuarto.

–¿Cómo te fue con Sakura?

–Todo un desastre. –el sofá que ocupaba su hijo era amplio, así que se sentó en el extremo opuesto y puso las piernitas del niño sobre las suyas. –La encontramos en el bar, borracha y dando un espectáculo.

–Me alegro mucho de que no sea mi cuñada. –confesó. –¿Qué harás con Kai?

–Voy a pelear por su custodia. No creo que una madre alcohólica y un padre delincuente sean la mejor educación que puede tener. –bostezó audiblemente.

–¿Por qué no vas a dormir un rato? –sugirió. –Yo me quedo con tu chico.

–No, gracias –contestó inmediatamente. –No lo dejaré indefenso ante un Casanova como tú.

El mayor de los hermanos rió. –Exageras. Pero en serio, ve a descansar.

No había muchos lugares a donde ir. No volvería esa noche al motel que compartía con Sakura, no tenía suficiente dinero como para rentar otra habitación y de ninguna manera volvería a su departamento con Kai. Aún existía la posibilidad de que Orochimaru lo tuviera vigilado.

–Creo que me quedaré aquí.

Itachi suspiró. Esperaba que el rubio se recuperara rápido o el torpe de su hermano sería el siguiente en ser hospitalizado por agotamiento extremo.


Un día más en el hospital. Los molestos rayos del sol lastimaron sus ojos azabaches y se forzó a abrirlos. Todas sus articulaciones estaban entumidas por dormir en la incómoda silla de plástico. Estiró sus brazos y sus piernas para sentirse un poco mejor mientras miraba a su alrededor. La imagen frente a él lo conmovió. Sasuke dormía plácidamente en un extremo del sofá. Durante la noche, Kai había despertado y se acomodó sobre el pecho del mayor, usando el abrigo para cubrirlos a ambos. No pudo resistirlo y sacó su teléfono celular. Abrió la aplicación de cámara fotográfica. La tentación de chantajear a su hermano con algo así era enorme.

Cuando la enfermera de turno entró en la habitación, no le sorprendió encontrarla repleta de gente. Habitualmente, los pacientes se encontraban acompañados por uno o dos familiares, pero ese paciente rubio era especial. Miró con algo de recelo a la chica de largo cabello negro y ojos exóticos. También miró con interés disimulado al guapo hombre de largo cabello negro ébano. Y por supuesto, no pudo evitar lanzarle una miradita de reojo al otro chico de piel pálida y cabello negro azulado corto. El ver a aquellos chicos tan guapos le hacía pensar que en ocasiones su trabajo bien valía la pena. Anotó los signos vitales del paciente y aplicó los medicamentos que le correspondían. Sus piernas flaquearon al escuchar la profunda y sexy voz de Itachi.

–Lleva todo un día dormido. ¿Cuándo despertará?

–N-no tar-tardará en hacerlo. –tartamudeó. –Tal vez pa-para esta tarde esté despierto.

Se escabulló rápidamente a la estación de enfermeras. Apostaría cualquier cosa a que ninguna de sus compañeras había hablado con el atractivo hombre antes.

–Tal vez necesite un beso para despertar. –sugirió pícaramente Hinata.

–Quizá sólo tenga flojera. Es un dobe perezoso. –fue la respuesta del Uchiha.

Itachi rió discretamente. Se notaba a simple vista que el rubio tenía a Sasuke prendido de él.

–Iré a comer. ¿Necesitan algo?

Sasuke negó con la cabeza, olvidándose que Kai pediría algo de comer en cuanto despertara. Afortunadamente Hinata sí tomó en cuenta al pequeño.

–¿Podrías traer algo de comer para Kai? Tal vez unas galletas le vendrían bien.

La habitación quedó en silencio cuando Itachi salió. Con cuidado, movió a Kai para dejarlo de nuevo recostado sobre el sillón. Tomó una de las sillas que había en la habitación y la arrastró a un lado de la cama, quedando de espaldas a la puerta. Hinata hizo lo mismo del lado opuesto, acomodándose frente a Sasuke. Se sentía un poco culpable por abandonar a Naruto tanto tiempo el día anterior. Con cuidado de no mover ninguno de los catéteres, entrelazó sus dedos con los de Naruto. Hinata observó el gesto, pero no dijo nada para evitar incomodar al moreno.

–Es un chico genial ¿no, Sasuke?

–Supongo.

–Él ha estado a mi lado todo este tiempo… cuando mi hermana Hanabi murió, él estuvo ahí para ayudarme. Incluso compró a Kyuubi para mí. –sonrió al recordar el día en que Naruto llegó a su departamento con una caja. –Es un gran chico. Y muy alegre. Cuando Minato murió, pensé que se iba a deprimir. Pero en lugar de eso, sonrió y me dijo "La vida siempre continúa". Por supuesto que lloró la muerte de su padre, pero al contrario de lo que yo hice, él pudo sobreponerse y conservar su sonrisa.

Sasuke comprendió que Naruto era todo lo que él no podía ser. Después de la muerte de sus propios padres él no recuperó su sonrisa. Y mucho menos después de la traición de Sakura. Pero desde que conocía al rubio… muchas cosas habían cambiado. Tal vez era la alegría contagiosa e inagotable de Naruto. A su lado, sentía que la sonrisa podía volverse a formar. Pero al mismo tiempo tenía miedo. Miedo de acostumbrarse demasiado a él y no poder vivir sin su luz. Sacudió la cabeza ¿qué demonios pensaba? ¡Por favor! Ese no era su razonamiento común, pero algo de verdad había en él.

–Sé que es algo molesto, pero me gustaría mucho que pudieras ayudarme con el libro. Sólo quiero oír su historia y escribir algo lindo basado en ello. Por supuesto que sus nombres no aparecerán, si eso te preocupa.

–Está bien. El problema real es ¿cómo puedo ayudarte?

–No tienes que llenar un formulario ni nada como eso. –bromeó la chica. –Una plática es suficiente para darme una idea. ¿Qué puedes decirme de ti? ¿Qué tipo de música es tu favorita, qué comida te gusta? ¿Por qué escogiste ser bombero?

Tardó en contestar. El único que sabía el verdadero porqué de su profesión era Itachi. Y nadie más. Ni siquiera le había contado a Naruto la razón, pero por su mente sí había pasado la idea de confesarle a Naruto uno de sus secretos más celosamente guardados. Miró de reojo a Kai para asegurarse que aún continuaba dormido. Después fijó su mirada en el contraste que hacía la piel de sus manos y la de Naruto. Aunque era una idea bastante fantasiosa, tal vez Naruto despertaría al escuchar su voz.

–Vivíamos en Hokkaido. Mi padre dirigía la empresa familiar. Nuestro apellido era conocido y toda la gente nos respetaba. La mansión era enorme y solía jugar con Itachi en el jardín. La casa se quemó cuando yo tenía trece años. Ese día yo no estaba en la casa principal, sino en una pequeña cabaña que mi padre había construido en la parte más lejana del jardín para que Itachi y yo jugáramos. A veces nos quedábamos a dormir allí. A medianoche recordé que mi madre me había prohibido dormir en la cabaña sin Itachi, así que atravesé el jardín para volver a la mansión. –no pudo evitar que su mente recreara el largo camino recorrido a través del jardín, con el frío pasto picándole los desnudos pies. –Entonces, vi la mansión quemándose. No pensé en nada más que en entrar y buscar a mis padres.

"La puerta que daba al jardín aún no se encontraba invadida por el fuego. Entré sin pensarlo dos veces y corrí hasta la habitación principal. Y ahí estaban ellos, dormidos tan profundamente que no se percataron de que la temperatura comenzaba a subir. Para mí transcurrió un segundo, pero quizá fue más el tiempo que traté de despertarlos. Sacudí fuertemente a mi madre, pero ella no despertaba. La llamé desesperadamente, sacudí su brazo e incluso palmeé sus mejillas, pero ella no me respondía. También intenté despertar a mi padre, pero fue en vano. No sé como sucedió, pero la habitación se cubrió por las llamas. Por un momento pensé que yo también moriría allí. El humo comenzaba a marearme y me sentía cansado. Me dejé caer en la cama junto a mis padres, dispuesto a que el calor me consumiera junto con ellos. Antes de cerrar mis ojos, un bombero entró a rescatarme. Mis fuerzas volvieron y le supliqué que salvara a mis padres. Cuando salimos de la habitación, el hombre llamó a sus compañeros para avisarles que había dos personas más… pero el techo del cuarto colapsó, aplastando a mis padres que continuaban dentro. Todo se volvió naranja. Eso es lo último que recuerdo. Cuando volví a abrir los ojos, ya estaba en el hospital."

–Sasuke… –susurró Hinata, atónita por el pasado del moreno. –La verdad es que no sé qué decir… creo que eres muy valiente por seguir adelante después de vivir algo como eso. Yo nunca he sido tan valiente.

–Escogí ser bombero para salvar a personas en compensación por no salvar a mis padres. –concluyó Sasuke.

–Escogiste ser bombero para castigarte. Cada vez que entras a un incendio, te recriminas el no poder salvar a nuestros padres. –no escuchó el sonido de la puerta abrirse cuando su hermano regresó. –Dejaste de lado una vida de comodidades porque sigues culpándote.

Itachi tenía razón. Podría haber escogido ser el heredero rico y huérfano, vivir en una casa razonablemente amplia y dirigir lo que quedaba de la empresa Uchiha junto a su hermano. Pero el mayor tenía razón. Vivir con lujos sólo lo haría sentir más culpable. Cerró los ojos, apoyando su frente en el borde del colchón.

–Fue mi culpa. No los pude despertar.

–Ellos ya estaban muertos, Sasuke.

La caricia en sus cabellos lo obligó a levantar su mirada.

–Dobe…

–¡Naruto!

–Bienvenido de vuelta, cuñadito.

El rubio sonrió. Los ojos negros de Sasuke sonreían y tenía ganas de jalarlo de la camisa y acercarlo a sus labios para besarlo. El asfixiante abrazo de su amiga le recordó que tenía varias costillas rotas.

–Hinata… –murmuró con dolor. –Mis costillas…

–¡Lo siento! ¡Perdóname, lo olvidé! Pero es que estoy tan feliz… Nos tenías muertos de la preocupación.

–Lo siento. –fue su turno de disculparse. –Hola, Itachi. –saludó a su cuñado.

–Hola, guapo. –la otra mirada negra lo fulminó. –No puedes negar que tu chico es muy atractivo. –confesó el mayor.

–Pero es mío. –señaló el chupetón del cuello de Naruto que aún era reciente y sonrió con superioridad. –Consíguete tu propio rubio. –y para reafirmar sus palabras, se inclinó hacia el rubio y cumplió su deseo de besarlo.

Hinata e Itachi discretamente miraron a otro lado, dejando que la parejita se saludara apropiadamente.

–No me habías contado lo de tus padres. –replicó el rubio cuando volvió a respirar con normalidad.

–Esperaba una oportunidad. –explicó el moreno. –Nunca pensé en ocultártelo.

–Me alegro. –frunció el ceño cuando una punzada de dolor lo atravesó. –Eso me dice que confías en mí.

–Itachi. ¿Por qué dijiste que ellos ya estaban muertos? –Sasuke recordó la frase dicha por su hermano y no quiso quedarse con la duda. –La habitación no tenía humo cuando yo llegué. Es imposible que murieran por intoxicación.

Suspiró. Era hora de ser brutalmente honestos.

–Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí. –miró al rubio. –Naruto, te robaré a Sasuke un segundo.

El rubio asintió y los dos hermanos salieron a caminar por los alrededores.

–Nuestro padre tenía problemas económicos. –comenzó a explicar Itachi. –Y le pidió ayuda a Madara Uchiha, uno de nuestros parientes lejanos. Fugaku no sabía era que el dinero provenía de negocios ilícitos. De una u otra manera, quedé involucrado dentro de Akatsuki.

–¿Qué es Akatsuki?

–Es un grupo de diez personas que se trabaja en el bajo mundo. Algunos venden drogas, otros son asesinos, unos más se dedican a estafar a grandes empresarios. De cualquier manera, yo trabajaba bajo las órdenes de Madara. Cumplía ciertas tareas y de esa forma pagaba la deuda de nuestro padre. Un día, me asignaron como compañero a Orochimaru. Trabajamos juntos durante algunos años. Una noche, todos los Akatsuki entramos a robar un banco. En medio de la misión, me confesó que había llamado a la policía. Su objetivo era eliminar a todos los individuos del equipo y quedarse como el único jefe, obteniendo todo el poder de la organización. Me dio la posibilidad de huir con él, volverme su mano derecha y amante. Eso fue realmente repugnante. Pero yo no iba a traicionar a Akatsuki, así que me negué. Él me hizo esta cicatriz cuando le dije que no. –alzó un poco su camisa para que Sauske observara la cicatriz que atravesaba parte de su abdomen. –Me atacó con una navaja, intentando matarme para no poner sobre aviso a los demás. Afortunadamente, pude dar la señal de alarma. Me quedé dentro del banco hasta que la policía llegó, haciéndome pasar por una persona normal que había resultado herida. Le dije a la policía que Orochimaru era el culpable y tuvo que huir de país. Él juró vengarse por haberlo traicionado… y lo hizo. Aquel día, él ya los había asesinado cuando incendió la casa para destruir la evidencia. También te hubiera matado a ti de haber estado en la mansión. Me alegré mucho al saber que ese día dormiste en la cabaña, eso te salvó la vida. Y su venganza continuó cuando se casó con Sakura.

Sasuke se dejó caer en el pasto, aturdido mientras intentaba asimilar la nueva información.

–¿Por qué se casó con ella?

–Porque sabe que nada duele más que ver sufrir a tus seres queridos. –contestó sencillamente. –Me dolía ver que estabas sufriendo por lo que Sakura hizo.

Era increíble. Toda su vida arruinada por un solo hombre. Cerró las manos en puños y golpeó con rabia la tierra. Si tuviera un minuto a solas con ese sujeto, no dudaría en matarlo.

–¿Qué sucedió con Madara?

–Murió hace un par de años. Bien, ¿qué esperas?

El menor lo miró extrañado. –¿A qué te refieres?

–Hazlo. Dime que me odias, grítame, golpéame, lo que sea…

–Te uniste a Akatsuki para ayudar a papá ¿cierto? No fue la mejor opción, pero estoy seguro que lo hiciste porque no tenías otra forma de ayudar.

Itachi se quedó sorprendido ante las palabras de su hermano. Esperaba cualquier cosa, excepto que lo entendiera. Estaba preparado para ser golpeado y aborrecido por su querido hermano, sin embargo, ninguna palabra de odio salió de sus labios.

–¿Aún perteneces a Akatsuki?

–No. Los dejé después de la muerte de Madara. Sin él, era libre. Pero sigo en contacto con ellos. Por eso te dije que Orochimaru no se atreverá a hacerte daño. Akatsuki no perdona una traición, y han obtenido más poder del que te imaginas en estos últimos años. Si hay algo a lo que teme Orochimaru, sin dudas es a Akatsuki.

Sasuke clavó su mirada en la de su hermano. Suspiró. La pesada carga que llevaba sobre sus hombros comenzaba a esfumarse lentamente.


Se despertó al escuchar que alguien tocaba insistentemente la puerta. Se puso la almohada sobre la cabeza para evitar que el ruido la molestase, pero fue en vano. Enfadada, se envolvió en la sábana y abrió la condenada puerta.

–Señorita, tiene que desalojar la habitación esta tarde. Si quiere renovar… –la puerta se cerró en sus narices. Molesta, tomó aire para volver a tocar, pero no fue necesario. Sakura le entregó un fajo de billetes.

–Apártala durante dos semanas. Al rato paso por el cambio.

De vuelta en su habitación, miró a su alrededor.

–¿Kai?

El dolor punzante en su cabeza le recordó varias de las botellas que tomó la noche anterior. Caminó a tropezones hasta el baño. Se miró en el espejo y dudó en reconocer a la mujer que le devolvía su reflejo. Su cabello rosa aún permanecía rizado y recogido en lo alto de su cabeza, con varios mechones cayéndole a los costados del rostro; sus ojos color esmeralda resaltaban al estar delineador y sombra color negro, con un maquillaje casi gótico. El atrevido y casi transparente sostén no era una prenda que ella elegiría estando consciente. La falda de cuero tampoco era parte de su guardarropa normal.

Recuerdos de la noche anterior la asaltaron de repente. Recordaba estar enojada porque Sasuke no llegó a dormir. También recordaba el arreglarse como una mujer fatal en el baño. Arrastró a Kai al auto y buscó el bar más cercano. Dejó al niño encerrado y su bolsa bajo el asiento. Después de eso, los recuerdos se volvían borrosos. Las botellas, varios hombres a su alrededor… por primera vez en su vida se sentía sexy.

–No puede ser… –su trasero le dolía. Y entonces se acordó del rostro de los dos hombres con los cuales se había encerrado en el baño. Suponía que el efecto del alcohol le provocó tal desinhibición. Nunca, en su sano juicio, aceptaría acostarse con dos hombres al mismo tiempo, sin protección y de la manera en la que lo hizo. ¿Qué demonios estaba pensando? Y ellos no fueron los únicos. Un par de cervezas después, dos nuevos sujetos se la volvieron a follar en el mismo lugar y de la misma manera. Se dejó caer en el baño y sollozó. Se sentía tan sucia. ¿Qué pensaría Sasuke de ella? Y hablando del moreno… tampoco olvidaba el vergonzoso baile sobre la plataforma, las asquerosas manos de los hombres acariciando su cuerpo de manera obscena, las docenas de labios que probó… llorando, se puso de pie y llenó la tina con agua muy caliente.

Apretó con fuerza los dientes cuando el agua quemó su blanca piel, llena de marcas que los hombres le habían hecho. Lavó su cuerpo con fuerza, faltaba poco para hacer sangrar su piel, pero ni siquiera eso se llevaba la sensación de suciedad. Deseó morir en ese momento… pero su hijo la necesitaba. Y hablando de Kai ¿dónde estaría el niño?

"Kai está conmigo. Cuando recuperes el sentido común, llámame"

No quería ver a Sasuke. No después de insinuársele de esa manera.

"Fóllame."

Pero quería ver a Kai. Antes de llamarle a Sasuke, se lavó los dientes varias veces, intentando quitarse la asquerosa sensación de los labios de otros hombres. Se vistió con un pantalón formal negro y una blusa verde que resaltaba el color de sus ojos. Olvidó el maquillaje gótico y empolvó su nariz con un poco de maquillaje natural, utilizó el rímel para alargar sus pestañas, pintó sus mejillas de un pálido tono coral y sus labios fueron cubiertos por brillo rosado pálido.

Salió de la habitación y pidió un taxi para ir a buscar su automóvil. Al llegar al lugar, evitó mirar el bar que tantos malos recuerdos le dejó. Su auto era el único en el estacionamiento. Como no tenía las llaves, buscó un cerrajero para abrir el coche e inventó una excusa creíble acerca de su descuidada memoria. El cerrajero coqueteó con ella, pero Sakura no se sentía con ningún ánimo de seguirle el juego y mucho menos después de lo ocurrido. Agradeció al hombre y pagó. Encontró su bolsa intacta e inmediatamente buscó su teléfono para llamar a Sasuke.

–¿Sasuke? Soy yo, Sakura.

¿Qué quieres? –contestó fríamente. Tenía toda la razón al estar enojado.

–Quiero ver a Kai. Debo pedirle disculpas por lo de ayer. ¿Dónde están?

En el hospital de Konoha.

–¡¿Qué le pasó a Kai? ¿Está bien…?

Naruto tuvo un accidente.

Eso explicaba el porqué no había llegado a dormir. Y ella creyendo que los había abandonado por pasar la noche en la cama del rubio. Qué tonta era.

–Iré por Kai.

Primero tenemos que hablar.

–De acuerdo. Llegaré en diez minutos. ¿Por cuál habitación pregunto?

Te veré en la puerta principal.


Cuando llegó al hospital, Sasuke ya estaba esperándola en el lugar acordado. Se armó de valor para enfrentarse a él. Sabía que su comportamiento no tenía una explicación lógica y mucho menos podía entender ella misma lo que había sucedido.

–Buenas tardes, Sasuke. –saludó.

–Vaya, al parecer has recuperado el sentido común.

–Yo no sé… –se le dificultaba encontrar las palabras para decirle al moreno lo mucho que lamentaba su comportamiento, su cerebro se negaba a cooperar. Y el dolor de cabeza no cedía a los medicamentos.

–No me importa lo que hagas con tu vida. Si quieres ser una cualquiera, excelente. Pero nunca, escúchame bien, nunca te atrevas a hacer algo que ponga en peligro a mi hijo.

–Sa-sasuke… yo no soy una… una cual-cualquie-quiera. Yo no quería…

–Pero lo hiciste. Te vi besando a no sé cuantos tipos y desnudándote frente a ellos. Ese no es el ejemplo que Kai necesita.

–Sa-sasu-ke.

–Tus lágrimas no servirán de nada.

Sakura no entendía lo que le pasaba. Le costaba pronunciar lo que quería decir. Y esas miles de lucecitas que cruzaban su campo visual no ayudaban en nada. Las fuerzas la abandonaron.

–¿Sakura? –bien, sus palabras habían sido muy duras, pero no tanto como para que la mujer se desmayara. –¡Sakura! –gritó cuando el cuerpo de la chica comenzó a convulsionar. Rápidamente uno de los médicos que pasaban por ahí se hizo cargo de la situación. Sasuke suspiró… eso no podía estar pasando. Ahora Sakura también era una paciente.


El terrible interrogatorio duró horas. Sí, los dolores de cabeza eran frecuentes; sí, a veces se le dificultaba recordar palabras; sí, también olvidaba cosas; sí, era la primera vez que convulsionaba; no, no era una promiscua ¿qué tenía que ver su vida sexual en eso? Hasta ayer sólo se había acostado con Sasuke y Orochimaru. Y sí, a veces su comportamiento no era el adecuado y su apetito sexual estaba aumentado. Pero ¿qué tenía que ver todo eso con su estado de salud?

–Necesitamos una resonancia magnética de su cerebro.

–Hay… hay algo malo conmigo ¿verdad? –preguntó temerosa.

-No puedo decir nada hasta no ver los estudios.

En menos de dos horas volvía a estar frente al mismo doctor, pero las noticias que tenía cambiarían su vida para siempre.

–Mire aquí. –señaló una de las imágenes a blanco y negro que mostraba el estudio. –Estas masas en su cerebro son las causantes de todos sus síntomas. Y, lamentablemente, es cáncer.

Las lágrimas cayeron silenciosamente por sus mejillas mientras escuchaba la explicación del médico.

–Tiene todas las características de ser glioblastomas múltiples. Por su tamaño y el número de lesiones, es imposible operarlo por el momento. Podemos intentar radiaciones y quimioterapia para disminuir su volumen y tratar de operarlo, pero al ser dos lesiones, pueden quedar células tumorales… –nunca era fácil decir las malas noticias. –aún si el tratamiento funcionara, las posibilidades de supervivencia…

–¿Sabe algo, doctor? –interrumpió. –Tengo un hijo… y debo de asegurarme de dejar todo en orden antes de…. –fue incapaz siquiera de imaginar algo así. –¿Cuánto tiempo?

–No puedo asegurarle nada. Varios estudios dicen que en su estado y con tratamiento paliativo, la esperanza de vida es de 6 a 8 meses.

Y así comenzaba la cuenta regresiva hacia la muerte. Su muerte.

–Doctor… no quiero que se lo diga a nadie. Yo le diré las malas noticias a quien crea conveniente.

–Por supuesto. –y aunque no se lo hubiera pedido expresamente, jamás traicionaría la confianza de sus pacientes.


Kai coloreaba apoyado en la mesa para alimentos. Sólo Itachi sabía cómo había obtenido los crayones y el libro con ilustraciones, pero todos le agradecían el mantener a Kai tranquilo.

La rosada jirafa con manchas azules brilló frente a los ojos de Naruto.

–¿Es bonita, tío Naruto?

–¡Es linda! –otro pedazo de desabrida gelatina color verde entró a su boca, cortesía de Hinata. –¿Qué vas a colorear ahora?

El niño buscó en el libro una hoja en blanco para dibujar sus propias creaciones y se sumió en su mundo.

–¿Cuándo volverá Sakura? –le preguntó Naruto al pelinegro.

–En cuanto terminen de hacerle algunos exámenes. –supervisó de reojo el dibujo de su hijo y robó un par de uvas de la comida de Naruto.

–¡Sasuke! –un manotazo por parte de Hinata llamó su atención. –Naruto necesita comer para reponerse.

–No morirá por un par de uvas. –se defendió.

–¿Dónde está mi cuñado favorito? –preguntó el rubio.

–Lo mandé a descansar. –volvió a sentarse junto al rubio, observándolo comer algunos pequeños trozos de gelatina. –¿Duele?

–Sólo al respirar. –se terminó la gelatina y le ofreció el resto de las uvas a Sasuke. –Ya no quiero.

–Chicos, saldré a contestar una llamada. –comentó Hinata y abandonó el cuarto. Naruto gruñó. De seguro era el vago de Kiba. Acarició los cabellos del niño y miró a su padre. –Teme, cuando tu-sabes-quién… –por acuerdo tácito no se mencionaba el nombre de Orochimaru frente a Kai, no había necesidad de traumar al niño diciéndole que su supuesto padre era un criminal. –esté tras las rejas… le prometí a Ino llevar a los gemelos al zoológico. Quizá podamos llevar a Kai también.

–Lo haremos. –prometió. Kai estaba tan atento con su dibujo que no vio el beso que compartieron. Añadió una flor más y les mostró su creación.

–Él es papá Sasuke… –señaló un dibujo de bolitas y palitos con forma ligeramente humana y cabellos negros y cortos. –Él es tío Naruto y tío Itachi. –las largas rayas de color negro que simulaban ser cabello diferenciaban a Sasuke de su hermano. Y no había duda que el muñequito con cabellos rubios era Naruto. –Y este soy yo. –señaló en medio del dibujo, el monito más pequeño. –Y esa es la casa en la que vivimos.

–Falta tu mamá. –señaló el rubio, pero al notar la tristeza en sus ojos, añadió: –Supongo que por el momento, estás enojado con ella.

El niño movió la cabeza afirmativamente y le entregó el dibujo a su papá antes de concentrarse en colorear un dinosaurio naranja.

–Yo también he estado pensando en muchas cosas, dobe. –dijo el pelinegro mientras observaba detalladamente los trazos de su hijo. –Cuando te vi en esta cama, me di cuenta que eres demasiado dobe para cuidarte por ti mismo.

Naruto hizo un puchero y se cruzó de brazos. Bueno, sí era un torpe en cierto sentido, pero Sasuke no tenía porqué echárselo en cara.

–Bueno, algunas personas no nacemos con el don de los Uchiha. ¿Qué quieres que haga?

–Vamos a vivir juntos, Naruto.

Continuará…


¡Hola a todos!

Bien, antes que nada, les pido una disculpa por tardarme en la actualización, pero este semestre estuvo pesadísimo. Afortunadamente ya salí de vacaciones y me he dado un tiempecito para actualizar mis historias. Espero poder actualizar pronto antes de volver a clases…

Como ven, muchos secretos se han revelado. Sí, efectivamente la muerte de los padres de Itachi y Sasuke no fue accidental y el maldito de Orochimaru estuvo detrás de eso. ¡Y por fin salió mi lindo Itachi! Adoro ese personaje… tengo un cubre pantallas para babear… sí, el teclado de mi lap está lleno de baba. Como vieron, quedan pocas cosas por descubrir, así que yo calculo de 2 a 3 capítulos más para finalizar.

Una nota importante: sobre la enfermedad de Sakura hay muchas cosas que me gustaría dejar en claro. En primera, ya vimos que realmente no es una bitch, su comportamiento tiene explicación… aunque su personaje en el anime no me guste, intenté que no fuera tan mala después de todo, espero que no me odien por eso. Ya en cuanto a la enfermedad, los síntomas de un tumor cerebral sí incluyen todos los que se mencionan: dolor de cabeza, náuseas y vómitos, alteraciones en la personalidad, comportamientos o comentarios inadecuados, dificultad para recordar cosas, hipersexualidad, depresión, cambios de humor, etc… dependiendo del área afectada. Es muy raro encontrar todos los síntomas juntos en un paciente, pero este caso es pura ficción y me pareció buena idea combinarlos para explicar lo que sucede con ella. Además, esta enfermedad es extremadamente rara en menores de 40 o 50 años. El tratamiento que se puso sí es el adecuado y el pronóstico no es favorable, pero hay casos que pueden llegar a sobrevivir. El diagnóstico obviamente requiere de más estudios y de una biopsia para confirmar el tipo de tumor. No tomen lo que escribí como guía para diagnosticar a la persona que les cae mal sólo por ser bipolar ¿de acuerdo? Recuerden que, aunque me basé en datos reales, es un trabajo de ficción.

En fin…. Les agradezco infinitamente el apoyo que me han brindado y los reviews recibidos de: Soy YO-SARIEL, kaoryciel94, karu-suna, camiSXN, Lenay-chan, Susana Mode, narutteba, Saku-Aya y Yue-Tan.

Muchas gracias también a todos los lectores anónimos que se han suscrito a este fic.

Espero que el capitulo haya sido de su agrado y que no se aburrieran a la mitad de la historia… saben que intento compensar la larga espera con capítulos largos e interesantes (espero…).

No sé si podré actualizar antes de navidad y año nuevo, pero espero lograrlo. De cualquier manera, les deseo que pasen la mejor Navidad de sus vidas y que tengan un Año Nuevo excelente, lleno de proyectos, alegría, sonrisas, amor, yaoi y emociones nuevas. De todo corazón, les deseo lo mejor.

Cuídense mucho y les mando un abrazo.

Kerky

Número de palabras (sin notas de autor):15.043