Capítulo 10: Un plan puesto en acción

Una vez estuvo seguro de la utilidad de sus pergaminos, decidió buscar a un Jiang Shi que no estuviera en la lista de objetivos del templo. No era una labor difícil: sólo había que buscar a muertos que fueran buenos candidatos a regresar a la "vida". Almas que no puedan encontrar la paz… Almas con asuntos pendientes, cuerpos que no hayan recibido sepultura adecuada, personas que no tuvieran quién les rezara. La lista podía seguir y seguir, pero con esos datos, ya había encasillado a alguien en las cercanías de Shanghái. Un criminal llamado Wang Yao, condenado a morir públicamente y su cuerpo a ser exhibido por tres días antes de abandonarlo sin sepultura. Si eso no era material para Jiang Shi, que lo colgaran del campanario.

Sin embargo, cuando llegó al lugar, las personas del pueblo ya habían dispuesto del cuerpo. Kiku maldijo la lentitud del transporte, mientras buscaba por las cercanías algún rastro del muerto viviente. Sin embargo, no fue hasta que hubo una primera víctima que supo en dónde encontrarlo. Un pequeño cementerio abandonado, erigido en la cima de una colina. Claro, cómo no. Después de todo, ¿qué mejor escondite para un cadáver que un lugar lleno de muertos?


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¡Eeep! Ya estamos en esos momentos vistos parcialmente durante el flashback de Yao en Un papel amarillo. O, en otras palabras, donde se viene la parte buena (en mi opinión al menos xD).

¡Hasta el próximo domingo!