Bueno, aquí les dejo otro capitulo que espero les guste y lo disfruten... Gracias por leer.

Disclaimer: Los personajes de Once Upon a Time no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Esta historia esta creada con fines de entretenimiento y cualquier parecido con la realidad es coincidencia.


Capítulo 10

—¿Qué es lo que sucedió contigo? — Preguntó Graham molesto tirando su saco en el sofá.

La fiesta termino temprano para el alcalde y su esposa. Después de que Regina estuviera casi una hora encerrada en el baño, Graham fue a buscarla para informarle que se iban. El alcalde informo que su esposa no se sentía bien y que tenían que retirarse.

Así que solo saco a Regina de la fiesta tomándola por el brazo y subieron al auto sin decir palabra alguna. Pero parecía que la ley del hielo había terminado.

—Lo siento, no sé lo que sucedió — Respondió Regina con la mirada perdida en el suelo.

Lo único que deseaba era que ese día terminara lo más pronto posible.

—¿Enserio crees que un "lo siento" va a arreglar todo? Quedaste como una loca allá afuera… Eres la esposa del alcalde, no puedes hacer lo que se te antoje en público. Solo me estás haciendo quedar mal Regina — Graham gritaba como loco, estaba rojo del coraje y Regina no podía evitar sentirse aterrada ante su esposo.

—Ya te dije que no sé lo que paso… Me disculpare públicamente si eso es lo que quieres.

—Oh no, no lo harás — Graham se acercó a Regina advirtiéndole con el dedo índice — De ahora en adelante no saldrás de esta casa sin mí. No permitiré que me vuelvas a dejar en ridículo.

—¿De qué estás hablando? — Preguntó ella con frunciendo el ceño — No me puedes tener aquí como si fuera un adorno en la casa… Soy un ser humano y tengo derecho de salir cuando me plazca.

—No. Eres mi esposa y vas a hacer lo que yo te diga — Él tomo a la morena por el brazo y se acercó a ella sin dejar un centímetro de distancia — Así que no te atrevas a desobedecerme.

—¿O qué? — Dijo Regina entre dientes — Tú no puedes decirme que hacer Graham, tal vez seas mi esposo pero no eres mi dueño — Regina empujo a Graham y se liberó de él — No sé qué está pasando contigo pero no voy a permitir que me trates de esta manera — La morena tomo su bolso de la mesa frente al sofá y se apresuró a salir de la casa.

Graham no la siguió, pero sabía que las cosas no terminarían ahí. Subió a su auto y condujo al único lugar en donde sabía que podía estar segura.

La casa de su padre estaba a unas cuadras de ahí, era tarde, pero sabía que su padre la recibiría con los brazos abiertos.

Regina estaciono su auto fuera del garaje y camino hasta la puerta principal, presiono el timbre un par de veces y después de unos segundos la puerta se abrió.

—¿Qué haces aquí tan tarde? — La saludo su hermano sorprendido.

—Sé que es tarde, lo siento… Pero, ¿Puedo quedarme aquí esta noche?

—Claro que si — Neal se movió para dejar pasar a su hermana y cerró la puerta tras ellos — ¿Estas bien? ¿Paso algo?

—Graham y yo tuvimos una pelea.

—¿Por qué? ¿Qué fue lo que paso? — Preguntó su hermano frunciendo el ceño.

—No importa… Se puso como loco y yo no podía quedarme ahí — Respondió ella con los ojos llenos de lágrimas.

—Tranquila hermanita, todo está bien. Aquí estarás a salvo — Neal abrazo a su hermana con fuerza y le acaricio el cabello con ternura.

Desde que eran pequeños, ambos eran muy unidos y Neal siempre cuidaba de ella y la cuidaba durante las noches en las que Regina tenía pesadillas. Nunca la dejaba sola y nunca lo haría.

Regina se apartó del abrazo de su hermano y seco las lágrimas de las mejillas.

—¿Dónde está papá?

—Se fue por la tarde a Boston. Zelena lo llamo y él se fue a pasar el fin de semana con ella y su prometido — Regina miro a su hermano sin comprender lo que estaba diciendo — Si, yo puse la misma cara que tú... Aparentemente, nuestra hermana se va a casar.

—Eso sí que es una sorpresa.

—Lo sé, nunca creí que hubiera alguien que pudiera aguantar a Zelena. Ese hombre se merece un altar.

Regina soltó una pequeña risa y su hermano le sonrió. Neal pasó su brazo por los hombros de su hermana y comenzaron a subir las escaleras.


Emma se sentó en la banca donde regularmente lo hacía y se quedó mirando a los árboles. Había dejado a Henry en la escuela minutos atrás y no quería llegar a la estación después de lo que había sucedido la noche anterior con Killian.

Después de quedarse en el baño por casi una hora hablando con Regina, – o más bien guardando silencio con Regina – había decidido irse sin darle una explicación lógica a Killian. Ella solo regreso a la mesa y tomo sus cosas, se disculpó y después camino lo más rápido que pudo lejos de aquel hombre confundido por la situación.

Las manos le temblaban, pero no era por frio. Emma sabía que tenía que enfrentar lo que estaba pasando, pero no sabía cómo hacerlo.

Su cabeza estaba revuelta, había dormido poco y no podía dejar de pensar en Regina. La noche anterior había sido extraña, pero había descubierto una cosa y era algo importante, sorprendente y confuso.

Tenía sentimientos por Regina, y no sentimientos de amistad o de compañerismo. Se sentía atraída por ella, le hacía sentir mariposas en el estómago cada que escuchaba su voz y en lo único que podía pensar era en estar con ella, en tenerla a su lado. Pero Regina estaba casada, no era tan fácil y ni siquiera sabía si Regina sentía lo mismo por ella. Tal vez aquella mujer ocupara cada especio de la cabeza de Emma, pero no sabía si ella ocupaba los pensamientos de Regina.

Emma cerró los ojos y respiro profundamente hasta que siento que sus pulmones no podían contener más aire.


Regina estaba sentada mirando por la ventana al jardín en donde había pasado su infancia. Sostenía una taza de café en las manos y sus pensamientos divagaban.

No quería regresar a casa, no con Graham ahí, ya no podía lidiar más con él ni soportar que la siguiera atacando. ¿Qué era lo que había pasado con aquel hombre del que se enamoró? Ese hombre dulce y atento que aparentemente ya no existía. No sabía que hacer respecto a Graham, pero sabía que las cosas no podían continuar así; no cuando ya no sentía lo mismo por él. Por más que quisiera negarlo, ya no lo amaba y no solo por su comportamiento últimamente, sino porque alguien más estaba entrando en su corazón y tenía nombre y apellido: Emma Swan.

¿Estás ahí? — La voz de Emma resonó en su cabeza y Regina se sorprendió tanto que casi derramo su café.

—Hola Emma, ¿Qué pasa? — Respondió ella.

¿Cómo estás? — En ese momento parecía la pregunta más estúpida del mundo. Pero Emma no sabía que decir, solo quería escuchar la voz de Regina.

—No tan bien.

¿Qué pasa? ¿Estás bien?

—Tuve una pelea con Graham y ahora estoy en casa de mi padre. Pase la noche aquí.

¿Estas bien? ¿Te hiso algo? — La voz de Emma estaba llena de preocupación.

—No, no me hizo nada, solo estaba furioso porque quede como una loca delante de toda esa gente.

Lo siento, creo que eso fue mi culpa.

—Claro que no, tú no sabías lo que iba a pasar, yo no debí de haberme entrometido en tu cita — Regina dejo la taza en la mesa que tenía a un lado y coloco un mechón de cabello detrás de su oreja — Por cierto, ¿Fue una buena cita?

Sí, preferiría no hablar de eso… Digamos que las cosas terminaron tan pronto como empezaron.

—¿Tan mala fue tu cita? — Preguntó la morena arqueando una ceja.

Me fui tan pronto como salí del baño, no tenía cabeza para una cita. Y mucho menos con alguien que no me atrae.

Regina no respondió a eso. No sabía cómo hacerlo, pero sintió como su pulso se aceleraba y su respiración se agitaba de un momento a otro. Sentía el nerviosismo de Emma por todo su cuerpo.

Regina, necesitamos hablar…

—¿Hablar? ¿Sobre qué?

Ambas lo sabemos… No olvides que podemos sentir lo que la otra siente.

—Yo no sé lo que siento Emma — Se apresuró a responder con la voz temblándole.

Es precisamente de eso de lo que tenemos que hablar.

El teléfono de Emma comenzó a sonar con insistencia y ella resoplo. Regina vio a la rubia tomar su teléfono e ignorar la llamada pero este comenzó a sonar nuevamente.

—Creo que debes atender la llamada, parece importante… Tú y yo podemos hablar después.

Regina…

—No te preocupes Emma, no iré a ningún lado. Puedes hablar conmigo a la hora que quieras.

Está bien, hablamos luego.

Regina parpadeo un par de veces y volvió a su taza de café. Ya lo había decidido, tenía que aclarar las cosas con Emma y resolver que iba a pasar con su vida.

Graham seguía oculto tras el pilar de la sala. Había escuchado cada palabra que Regina había dicho. Su esposa estaba hablando sola y aparentemente creía que alguien llamada Emma le respondía.

—Regina — La llamo él saliendo de su escondite.

Regina giro la cabeza y al ver a su esposo se levantó de la silla dejando la taza de café en la mesa.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Es hora de que regreses conmigo a casa. Ya fue suficiente de tus berrinches — Graham tomo a Regina por el brazo con fuerza.

—No voy a ir a ningún lado contigo — Respondió ella con un nudo en la garganta.

—¡Ya basta de esto Regina! No voy a seguir soportando más actitudes como esta… Vas a regresar conmigo, ¡Te lo ordeno!

—¡Suéltame! No voy a ir contigo a ningún lado — Regina trato de empujar a Graham pero no lo logro; las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

—Suelta a mi hermana Graham — Advirtió Neal bajando por la escalera.

—No te metas en esto, no es asunto tuyo — Respondió el alcalde mirándolo con furia

—Claro que es asunto mío — Neal se acercó a su hermana y aparto a Graham de su lado — Es mi hermana.

—Es mi esposa… Y debe venir conmigo a casa.

—Ella no va a ir a ningún lado a menos que quiera… Así que por favor, vete de nuestra casa — Neal se cruzó de brazos y se puso frente a Regina — A menos que quieras que yo te enseñe la salida de una manera no muy amable.

Graham apretó sus manos hasta formar puños y su rostro estaba rojo de furia, pero aun así se fue del lugar. Tenía un mejor plan que estar ahí.

—¿Estas bien? — Preguntó Neal poniendo sus manos en los brazos de Regina.

—Si… Gracias por defenderme — Respondió Regina.

—Oye, nadie va a lastimar a mi hermanita

Regina le sonrió y Neal la abrazo con fuerza. Se sentía tan bien estar en casa.


Graham estaba en su estudio, la casa se sentía vacía pero un buen vaso de Wiski solucionaría todo, además de la persona que estaba esperando.

El timbre sonó, y se apresuró a ir a la puerta para abrirla. Un hombre con traje, un maletín y parcialmente calvo apareció en su puerta.

—Señor alcalde, vine lo más rápido que pude.

—Y se lo agradezco, por favor pase.

Graham dejo entrar al hombre y camino tras él.

—Respecto a lo que le dije por teléfono, ¿Cree que podamos hacer algo rápido? — Graham le indico que se sentara en el sofá y él se sentó frente al hombre de traje.

—Claro que si alcalde… Con los donativos que ha estado consiguiendo, puedo hacer lo que usted me pida que haga.

—Eso me parece perfecto.


¿Que piensas que este tramando Graham? Dejen sus comentarios y opiniones, como siempre me encanta leerlos.