La fiesta se acercaba y el colegio era un completo caos. Entre exámenes de final de trimestre y los preparativos de la gran fiesta Nathalie no daba a basto. Las chicas tanto de su casa como del resto ya tenían todo comprado, sus vestidos, sus zapatos, las joyas... pero ella aún no tenía ni las ganas. Estaba cansada y todo esto la desbordaba cosa que todos, en especial su hermano empezaban a notar. Su carácter era mas borde de lo normal y apenas tenía tiempo para cruzar un par de palabras con alguien que no fueran las personas que organizaban la fiesta. Nunca habría pensado que una fiesta llevara tantisimo trabajo e incluso con la gran ayuda que le estaba proporcionando Malfoy el tiempo se le echaba encima. ¿Acaso se estaba centrando demasiado en la fiesta? Puede que si pero como le habían dicho su novio y sus amigos todo esto la estaba ayudando a desconectar un poco del mundo.

Malfoy estaba mas calmado que nunca, siempre en sus trece claro. Apenas discutían cuando hablaban de ponerse de acuerdo y le ofrecía su ayuda casi todas las veces que se cruzaba con ella al cabo del día. Nathalie estaba bastante sorprendida y se centró mas en él y en lo que tenía por delante.

-¿Ya tienes el traje?- preguntó Malfoy dos días antes de la fiesta mientras daban los últimos retoques a los decorados.

- No, ni si quiera sé si voy a ir.

- ¿No vas a acompañar a la comadreja y a tu santo hermano a la fiesta?

La mirada que le dirigió la chica hizo que este callara y siguiera por un camino menos espinoso. Nathalie suspiró y con la mirada fija en el pergamino le contestó.

- No creo que pinte mucho en esa fiesta a parte no tengo ganas de tanto alboroto. Y de todas formas no tengo ni el vestido, ni la mascara ni nada y no voy a ir ahora deprisa y corriendo a por todo, no tengo tiempo. En otra ocasión será. No es la primera vez que me pierdo un acontecimiento en este colegio.

- ¿Que quieres decir?- preguntó el rubio.

- El torneo de los tres magos. Casi todo mi colegio asistió pero yo no pude... me encontraba indispuesta.

- ¿Estudiabas en Beauxbatons?

- Si, me crié en Francia y por lo tanto acudí allí. En parte lo echo de menos.

Hubo un silencio un poco incómodo en el que la mirada de ambos se quedó fija la una en la otra. Draco notaba como su mente podía perderse entre los diferentes tonos verdes de los ojos de la chica. Eran hipnotizantes, expresivos y realmente bonitos. Los ojos mas bonitos que había visto en su vida. ¿Porqué?¿Por qué cada vez que la miraba sentía todo ese cúmulo de sensaciones recorrerle el cuerpo? ¿Sería verdad que se estaba enamorando de ella? No, no, imposible.

El gran día había llegado y el viento frío entraba por las ventanas de la habitación que alguna graciosa de sus compañeras de cuarto había dejado abierta. ¿Es que aquellas chicas no sentían el frío? Que harta estaba. Ni si quiera se molestó en incorporarse, cogió su varita de encima de la mesilla y con un movimiento seco la ventana se cerró de golpe. Cerró los ojos con fuerza y se restregó ambos con cansancio. Tenía mucho sueño ya que apenas había dormido un par de horas seguidas, como siempre. Movió las piernas para abarcar toda la cama y sus pies chocaron con un bulto sobre su cama. Extrañada se incorporó y vislumbró una caja negra de gran tamaño atada con un lazo color verde esmeralda. La miró con curiosidad. Saliendo de las sábanas andó de rodillas hasta llegar a ella y vió una nota blanca que destacaba sobre la caja. La cogió pero solo había una palabra: Gracias.

Un escalofrío recorrió su espalda, aquella letra... ¿donde la había visto antes? No lo pensó y con cuidado, recordando el veneno que intentó matarla abrió el lazo y levantó la tapa. Sus ojos se iluminaron y una sonrisa tonta se grabó en sus labios.

El colegio era todo alegría, música y barullo. La gente iba y venía corriendo de un lado a otro. Las chicas se peinaban y vestían unas a otras y los chicos, muchos preparados, se sentaban a esperarlas en los sillones de las salas comunes o en los bancos del pasillo. Preciosos vestidos relucían con los andares de las alumnas pero nada era comparado al brillo del propio castillo y su decorado. Los pasillos seguían igual pero a medida que te acercabas al gran comedor y a la entrada del colegio el ambiente era palpable. La entrada decorada con miles de flores que se agarraban a las paredes como si su vida dependiera de ellas. Luces de colores flotaban en el camino desde la entrada a la sala de fiestas. El suelo era una larga alfombra roja que embellecía el lugar y junto con la construcción antigua del colegio daba un toque medieval y clásico. Pero lo mejor sin duda era el gran comedor que aquella noche se había convertido en un precioso lugar, un sitio salido de un sueño. Del techo caían miles de velas en forma de enormes lámparas que alumbraban levemente el lugar dándole un toque misterioso y romántico. Las paredes estaban casi cubiertas por completo con largas telas semitransparentes de color rosado. Las mesas habían desaparecido y solo dos de ellas muy pegadas a las paredes se alzaban llenas de bebidas y decoracion floral, con algun candelabro y mucha tela de encaje de colores similares. El suelo era todo liso en vez de aquella piedra que había de costumbre, de un color apagado que se mezclaba perfectamente con la iluminación. Frente a la puerta, donde debería estar la mesa de los profesores se colocaban los músicos que darían ambiente a toda la noche. Todo era mágico. Inlcuso los jardines estaban ardonados para la fiesta. El frío no había sido un impedimento pues un conjuro conseguía un ambiente cálido y agradable. Los alrededores del colegio estaban llenos de arcos florales acompañados de pequeños caminos que los recorrían e iluminaban con velas. Cualquier chica se hubiera sentido una princesa, cualquier chico un principe.

Ron ya estaba abajo, Nathalie le había dicho que si asistiría al baile, que al final se había animado y feliz se había puesto extremadamente guapo con un traje negro de camisa blanca y chaleco rojo acompañados de una capa, la cual llevaban casi todos los chicos. Su mascara era sencilla, a juego con el traje. Harry y Hermione ya habían entrado en el gran comedor junto con el resto de sus amigos y tras un rato esperando decidió esperar a Nathalie dentro. Draco, el cual había acudido solo a la fiesta ya estaba dentro, al lado de una de las mesas con un gran vaso de ponche al cual le había añadido alcohol a escondidas, como la mayoría de los alumnos. Muchas de las chicas que pasaban por su lado se giraban para observarle mientras soltaban risitas nerviosas que el rubio ignoraba pues su vista y su pensamiento estaba en otro sitio, en otra mujer. Estaba impresionante con un traje negro perfectamente amoldado a su cuerpo el cual se fusionaba con el chaleco, levemente rojizo y una capa larga que caía perfectamente por su ancha espalda. La mitad derecha de su rostro estaba cubierta por una máscara plateada que le daba un toque aún mas misterioso. Era todo un monumento para la vista.

La musica ya sonaba y la gente se empezaba a mover de un sitio a otro. Ron se impacientaba, Draco apretaba tanto su copa que sentía que se partiría bajo sus manos y entonces todo quedó en silencio para él. Nathalie acababa de entrar por la puerta haciendo que muchos de los chicos de la sala se dieran la vuelta, hipnotizados por la hermosa mujer misteriosa que acababa de entrar. Misteriosa para algunos, inconfundible para Draco y Ron. Llevaba un vestido largo hasta el suelo que se ajustada perfectamente a su estrecha cintura, marcaba su generoso pecho y caía ampliamente por sus caderas. Color azul suave con unas finas y preciosas formas con pedrería en la parte superior y listo con algúnrecogido en la parte inferior. Los zapatos, de tacón quedaban ocultos bajo la amplia falda. Unas finas tiras rodeaban sus hombros dandoles un aspecto aún mas delicado. Su pelo, su largo y precioso pelo ceniza caía suelto y con pequeños tirabuzones en las puntas a excepción de un par de mechones que se recogían suavemente alrededor de su cabeza. Labios rojizos y ojos penetrantes a los cuales les recubría una mascara que terminaba en la punta de la nariz, del mismo color que el vestido con detalles de encaje negro en los bordes. Una pluma negra salía de la únión de un precioso diamante en la parte izquierda de la máscara. Era lo mas bonito que habían visto sus ojos. El corazón del rubio latía con fuerza, tanta que tuvo que poner la mano en su pecho para tranquilizarse. Pero sus ojos se tornaron llenos de odio cuando una cabellera pelirroja se acercó a ella.

Nathalie se sentía guapa, para que negarlo, el vestido le quedaba como un guante, era como si estuviera echo a medida para ella. Entró en el gran salón notando como algunas miradas se centraban en ella y eso la hizo sonrojar, algo que con la máscara no se notaría. Su mirada buscó a Draco, no pudo evitarlo, fué la primera persona que quiso ver y le vió. La miraba, la mitad visible de su rostro tenía un toque de asombro y eso la hizo ponerse nerviosa. Estaba mas que apuesto, tan guapo como siempre, le quedaba tan bien el traje... Pero Ron apareció de la nada y se puso frente a ella.

- Nathalie... estás preciosa- dijo casi sin aliento y mirándola con esos bonitos ojos enamorados. Nathalie dejó de pensar en Draco y se fijó en su novio, "su novio" el que no había sido el primero en buscar. Se sintió mal pero cansada de sentirse así día tras día decidió que aquella noche dejaría todo a un lado para disfrutar.

Su hermano y Hermione se acercaron a ellos acompañados de Neville, Luna y la pequeña Ginny. El traje negro de chaleco azul de su hermano le quedaba como un guante, al igual que el negro entero de Neville el cual todo había que admitirlo estaba cada día mas guapo. Su amiga Hermione vestía un traje de mangas largas color verdoso con un recogido elegante y una máscara sujeta con un largo palo. Luna iba de color rojo chillón, un vestido ajustado que marcaba sus delicadas curvas y Ginny se había decantado por el morado el cual le quedaba espectacular. Estaban todos asombrosos esa noche.

- Vaya hermanita, estas guapísima- dijo un orgulloso Harry.

- Tu también estás muy guapo, y tu Ron, y Hermione...estás perfecta- la chica solo asintió con una sonrisa- y todos, estáis realmente impresionantes.

- ¿Vamos a beber algo?- preguntó Luna- He traído algo de alcohol.

- ¡Luna! Eso es faltas a las normas del colegio y de la fiesta- recriminó Hermione.

- Dios Hermione, diviertete por una vez- le espetó Ron y con una sonrisa cogió a su novia de la mano tirando de ella hasta la mesa de las bebidas.

La mirada de Draco y Nathalie volvió a cruzarse y ambos pudieron notar la necesidad en sus ojos.

La noche fué avanzando y la gente se divertía como nunca. Aquella fiesta estaba siendo todo un éxito y el hecho de llevar las máscaras les hacía sentirse mas deshinibidos. Nathalie llevaba encima varias copas, había estado jugando con Luna y Ginny a las preguntas, había bebido con Ron, había brindado con su hermano y el alcohol ya la estaba empezando a afectar. Todos habían estado bailando, divirtiendose, olvidándose de todo. Nathalie se había dejado llevar por la música notando la mirada de cierto rubio cada vez que ella misma le buscaba. Exhausta y algo borracha ella y Ron se separaron del grupo un rato volviendo a las mesas, mas apartados, donde Nathalie seguía bebiendo de su copa.

- Creo que ya has bebido bastante amor- dijo Ron quitándole el vaso de las manos. Nathalie se lo arrebató enfadada.

- No me quites el vaso, no soy una cría, como bien le has dicho a Hermione, diviertete por una vez.

- Pero Nathalie, no debes beber mas.

- Pero quiero beber- dijo mientras notaba como empezaba a mosquearse. Estaban solos, los demás se habían quedado entre la gente que bailaba hasta desaparecer y aun que era cierto que Nathalie había bebido un poco de más Ron era demasiado controlador y Nathalie estaba cansada de tanta pantomina y tanto control.

- Ya está bien, vamonos fuera, tiene que darte el aire. - Cogió a Nathalie del brazo y la saco casi a la fuerza del gran salón. Todo esto era visto por el rubio que estuvo pendiente de ella toda la noche y con la sangre hirviendo por el comportamiento del Gryffindor siguió a la pareja. Estaban fuera, cerca del primer arco del camino cuando Nathalie furiosa se soltó de su pareja.

- ¿Pero quien te crees que eres para tratarme así? No soy una niña, no me tienes que decir que tengo o no tengo que hacer y mucho menos cogerme de esa manera, nunca en tu vida ¿me has oido?- la rabia que Nathalie había guardado durante días estaba saliendo.

- ¿Que te pasa? Estás muy rara, no quieres estar conmigo, no quieres que me acerque, si me preocupo te molesta, si te quiero besar te apartas... ¿Es que ya no me quieres?- dijo Ron con el corazón en un puño.

A Nathalie todo le daba vueltas y en una de las veces que miró hacia otro lado le pareció ver como Malfoy los observaba de cerca. Se acordó del beso, se acordó de lo que sintió y decidió que no iba a callarse mas. Haciendo un esfuerzo por seguir hablando lo mas correctamente posible se puso frente a Ron y le soltó lo que tanto tiempo llevaba dentro.

- No Ron, no te quiero. Pensé que te quería pero a eso que siento no se le puede llamar amor. Lo siento, de verdad que lo siento, no quiero hacerte daño pero no puedo seguir contigo porque no te amo.-Nathalie notaba como las lagrimas salían de sus ojos para parar en los de la máscara. Ron se quedó callado, no supo que decir, su cara comenzó a convertirse en una mueca extraña.

- ¿Sabes qué? Mejor, prefiero estar solo. Así estás, sola, como has estado siempre, tu hermano es quien ha tenido la vida que tu no te has merecido. No sabes aprovechar lo que tenías delante de ti, ahora te quedarás sola.- y tras estas palabras salió corriendo mientras las lágrimas caían por su rostro llenas de desesperación y dolor.

Nathalie se había quedado quieta, no se esperaba aquellas palabras de su amigo, de Ron, y comenzó a llorar. Ella no lloraba, no lloraba.

- Vete- dijo mientras seguía bebiendo y el alcohol ya era mas que notable- no te necesito, ni a ti ni a nadie. Esto es una mierda, no tenía que haberos conocido a ninguno. Yo no pertenezco a este sitio.-

Draco no lo soportó mas, había visto todo desde una prudente distancia y cuando la vió llorar y esuchó las palabras del pelirrojo quiso lanzarle una maldición imperdonable. Se acercó a Nathalie la cual seguía hablando sola y bebiendo. Él también iba bastante perjudicado pero era un veterano y aguantaba el tipo. Cuando estuvo cerca de ella se quedó quieto hasta que esta lo vió al girarse y se quedó callada.

- ¿Y tu que quieres? ¿También vienes a insultarme? Iros todos a la mierda- dijo aún llena de rabia y una risita histeria se dibujó en sus labios.

- No he venido a insultarte, no quiero insultarte, deja de gritar.

- No quiero, quiero gritar, quiero beber hasta desmayarme y ni tu ni nadie me lo va a impedir. Todo esto es culpa tuya. Si no me hubieras besado nada de esto habría pasado.

Draco contuvo el aliento, Nathalie acababa de admitir de alguna manera que había dejado a Weasley por lo que había pasado con él. ¿Eso era una buena o una mala señal? Le dió igual, llevaba queriendo hacerlo desde hace mucho tiempo, desde la última vez y no pudo resistirse. Se lanzó a los labios de la chica que no se esperaba el beso y soltó un pequeño gemido de sorpresa al sentirlo. Las bocas de ambos se fundieron como si fueran una y ninguno se separó. Ella correspondió al beso notando como la desesperación se unía a las ganas desorbitadas de besarle. Le empujó, le separó de golpe, lloró de nuevo y salió corriendo cogiendo su vestido para no tropezar. Draco, quizás dejando sus prejuicios a un lado, la siguió pero ella era rápida y con el alcohol el se volvía mas torpe. La vió llegar hasta la sala común y entrar en ella por lo que haciendo un último esfuerzo se coló antes de que la puerta se cerrara y la cogió del brazo antes de que subiera hacia las habitaciones.

- Para por favor, deja de llorar.

- No, es culpa tuya y lo vuelves a hacer- dijo completamente borracha- Si no me hubieras besado no hubiera sentido todo eso que nunca había sentido y no me hubiera dado cuenta de que no amaba realmente a Ron. Ahora seguiría con él, no tendría problemas, todo sería normal.

- ¿Te hice sentir algo cuando nos besamos?- la pregunta no pudo evitar salir de los labios del rubio que sorprendido ante la confesión solo se centró en esas palabras.

- Claro, sentí que me fallaban las piernas, que me quedaba sin aire, que todo lo demás desaparecía. Me gustaba como olías, como sabías, tu boca encajaba con la mía- se apoyó en la pared para aguntar recta. Sabía que se arrepentiría de eso pero ahora no le importaba.

- No sabes lo que acabas de decirme- y con solo esas palabras Draco acortó la distancia que quedaba entre ellos y volvió a besarla pero esta vez mas intensamente que las anteriores. Dejó que el alcohol hablara por él ya que por si solo nunca lo haría y deboró los labios de Nathalie como si su vida dependiera de ello. Nathalie no se sorprendió, lo esperaba, lo deseaba, no había sentido eso con ningún chico en solo un simple beso, sabía que estaba mal, sabía que no debía hacerlo pero nada de eso le importó. Pasó los brazos alrededor del cuello de Draco y se pegó a él sintiendo su cuerpo perfecto pegarse al suyo. Draco la agarró de la cintura y la estrechó con fuerza mientras sus lenguas bailaban al compás de una música que ya quedaba muy lejana pero que era como si siguiera sonando en sus mentes. Paso a paso fueron acercándose hacia las escaleras y a duras penas Nathalie se separó de él para coger su mano y tirar de ella para guiarle a su propia habitación, la habitación en la que había caído aquella noche por error, la habitación solitaria de Draco Malfoy. Entró tirando aún del chico y cerró la puerta. Él reaccionó y tiró de ella para ponerla contra la puerta y volver a besarla. Pasó sus manos por la espalda de Nathalie, bajando poco a poco, agarrando con fuerza su trasero perfecto en sus manos y bajando un poco mas para con mínimo esfuerzo cogerla entre sus brazos. Ella pasó las piernas alrededor suya sin dejar de besarle con ansia.

La boca de Draco bajó hasta el cuello de Nathalie mientras con una mano iba desabotonando la espalda del vestido. La bajó y el enorme atuendo calló al suelo dejando a la chica en ropa interior. Draco se separó para obsevarla. Su cuerpo era perfecto, sus curvas marcadas incitaban a la propia locura. Se desabotonó su propio chaleco y camisa y se deshizo de estos con la capa quedando solo con los pantalones. Nathalie sonrió y Draco no pudo resistirse mas, aquella sonrisa lo tenía cautivado por completo. Volvió a besar a la chica acariciando su cuerpo desnudo y pegándolo al suyo. Sintió la calidez de su piel desnuda y tembló bajo su poder. La guió de espaldas hacia la cama y la sentó con delicadeza. Se puso de rodillas ante ella y colándose entre sus piernas la besó el cuello de nuevo, bajando por su pecho y deteníendose en este que desvistió con un solo movimiento de dedos dejándo al descubierto sus turgentes senos. Posó su boca en ellos, los besó, los mordisqueó, los saboreó mientras que Nathalie echaba la cabeza hacia atrás loca de placer. Siguió bajando hasta llegar a su ombligo y empujó con cuidado el cuerpo de la chica sobre la cama. Se levantó, quedando de pie. La observó, desnuda sobre su cama como si fuera un ángel caído del mas puro cielo. Tan perfecta. Se deshizo de sus pantalones y sus calzoncillos y Nathalie pudo observarle completamente desnudo, como un Dios, con esos abdominables naturales y esas anchas espaldas. Mas que bien dotado y trasero duro como una piedra. Mordió su labio inconscientemente cosa que Draco notó y le volvió loco. Se tumbó sobre ella volviendo a besarla y se deshizo de las bragas de ella, lo último que se interponía entre ellos. Sus cuerpos empezaban a fundirse del propio calor que sentían, de la pasión que emitía cada por de su piel. Nathalie notó la dureza sobre ella, pegada a su sexo y cerró los ojos mientras Draco volví a deborar sus labios. Separó sus piernas y en apenas un momento entró en ella con desesperación, con deseo, con ansias de ella. Nathalie le recibió gustosa y los dos se acoplaron el uno al otro como si todo aquello hubiera estado planeado desde siempre. El placer que recorría sus cuerpos era brutal y los gemidos que emitían ambas bocas la una sobre la otra creaba un ambiente erótico e íntimo. Se movían al ritmo de sus corazones, del latído de sus venas.

Así, toda la noche, como si no hubiera fin, como si no hubiera mañana, como si solo existieran los dos hasta que llegaron al climax. Extraño, dos personas al mismo tiempo, pero era el destino, cada vez todo era mas seguro. Se miraron el uno al otro y la ola de placer que inundó sus cuerpos fué tan brutal que ambos soltaron un sonoro gemido de placer que desgarró sus gargantas. Draco calló exhausto sobre Nathalie, sudoroso y se hizo a un lado. Ella se giró para mirarle y pasándo un brazo alrededor de su delicado cuerpo el rubio la acercó a él, dejándo que se apoyara en su pecho. Con un hechizo verbal conjuro una larga manta que cubrió sus cuerpos y el sueño y el cansancio acabó por invadirles.