Veme aquí, volviendo entre suspiros
que duelen cuando una lágrima recorre mi ser;
de más queda decirte el frío en mis labios,
y mi oscuridad acuchillándome tus recuerdos.
Ni sol que caliente mi pecho,
o luna que me brinde consuelo;
han podido traer una pizca de risas
pues se ha muerto Cupido,
mientras Venus enfermó de soledad.
Que crueldad, que tiranía, que cobardía;
congelaste cada beso necesitado de amor
y les abandonaste en un triste rincón,
llorosos y desesperados,
se ahogaron en amargura
y se suicidaron con rencor.
Todo aquello que existía en lo más profundo de mí
se consumía con tu fragancia y el alcohol.
Por que solo así te podía encontrar
aunque tu ya no existías
el fantasma de tu figura en mi cama
era lo más cerca que te podía tener.
Incluso mas allá de lo que pudo no ser,
mi mente jugaba a que regresabas,
llamándome con tu corazón esquebrajado
y tus manos rodeándome con ternura...
Pero lo peor era despertar,
regresando a la realidad
que tortuosa y burlona de mi desgracia
solo señalaba al mismo lugar.
Sola, gris y moribunda
la última rosa se deshacía en aquel lugar
donde mil veces te ofrecí mi amor,
mis caricias trajeron a ti ternura
y donde la última vez te pude abrazar...
El reloj se ha detenido
la misma hora a la de tu partida
y jamás volverá a correr
pues tú jamás volverás.
