EPÍLOGO PRIMERA HISTORIA
EL IMPERIO PATAKI
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Las luces añadían un toque elegante a la pequeña sala en la que se encontraba esperando. Dio una mirada rápida alrededor. Habían colocado hermosas plantas sin flores, recostadas en una esquina, dentro de macetas exóticas decoradas con pequeños trozos de vitrales. Los ventanales dejaban apreciar una vista panorámica de la ciudad, dejando ver el movimiento de los autos pero sin ruido alguno. El escritorio de la recepción, demasiado amplio para la secretaria, una pequeña mujer de anteojos y peinado alto, parecía estar hecho de fina caoba.
Acomodó los botones de la gabardina y pasó nuevamente el pañuelo entre sus dedos, tratando de secar sus palmas una vez más. Cuando se ponía nervioso, sus manos parecían nubes condensando lluvia, recordaba que en secundaria bien se había ganado el apodo de "manitas sudadas". Abrió el maletín que tenía en su regazo y revisó por quinta vez el contenido. Todo estaba en su lugar, el cuaderno en el que haría las notas, los lapiceros, la grabadora, las tarjetas de presentación, dos chocolates para calmar la ansiedad en caso las cosas se pusieran difíciles. Respiró hondo. No tenía por qué asustarse. Bien, era la primera vez que entrevistaría a una persona importante, pero eso no quería decir que no podía dominar la situación, ¿verdad?. Tranquilo Jhonatan – se dijo asimismo en un susurro – este será tu momento ¿entendiste?, ni se te ocurra huir despavorido, nada de desórdenes intestinales ni náuseas.
Levantó la mirada y se encontró con los ojos de la secretaria, quien lo observaba alzando el entrecejo, lanzándole una mirada de "este tipo está loco porque estaba hablando consigo mismo".
Jhonatan desvió la mirada y trató de pensar en otras cosas que lo distrajeran de la mirada inquisidora de la mujer. Afortunadamente escuchó un bip que provenía del teléfono de la recepción. La chica de 24 o 25 años, levantó el auricular y después de dar un par de "correctos" le indicó con las manos, mediante señas, que podía pasar a la oficina de su jefe.
Jhonatan se reincorporó, tomando el maletín con la mano derecha, y avanzó torpemente hasta atravesar la puerta en la que figuraba escrito un nombre en letras doradas.
Cuando ingresó, sintió una ráfaga de viento frío golpearlo en el rostro, lo cual provocó que girara la cabeza ante la primera sensación térmica. Al mirar al frente, pudo divisar el cuerpo macizo de un hombre en sus cincuentas, cabello gris grueso con mucha brillantina, quien hablaba por celular. Mientras gritaba algo acerca de unos contenedores, el hombre le dirigió una mirada seria, inspeccionándolo de pie a cabeza y después de unos segundos, le hizo un gesto con el brazo invitándolo a tomar asiento frente a él. Mientras esperaba a que terminara la conversación, Jhonatan pudo observar las paredes de la oficina principal. Estaban finamente decoradas. En las paredes colgaban muchas fotografías familiares. A su lado izquierdo había una vitrina llena de trofeos antiguos, y una cabeza de venado reposaba quieta y sin vida al lado de los trofeos. Pobre animal, no querría imaginarse cómo había finalizado su infeliz existencia.
En la esquina de la habitación había un minijuego de golf, con una bolsa llena de palos, seguramente para el entretenimiento del hombre en días difíciles. El aroma dentro de la habitación era una mezcla de lavanda y perfume de hombre.
- Así que… - Jhonatan salió de sus pensamientos y miró al frente – tú eres el del periódico, el que quería entrevistarme.
- Err, en realidad no…
- ¿Qué?, ¿No querías entrevistarme?
- No me refiero a eso señor…en realidad, mi compañero fue quien se comunicó con usted, William, William Shephard es la persona que lo llamó y le pidió esta entrevista. Lamentablemente tuvo un accidente hace dos días y mientras se encuentre hospitalizado, yo he tenido que tomar la posta
- Ya veo – contestó el hombre – ¿Y está grave?
- ¿Yo?
- No, el muchacho, ese que es tu compañero…¿Fue un accidente grave?
- Oh no señor, se fracturó la pierna cuando cubría un reportaje, afortunadamente ahora está mejor después de su operación…solo necesita terapia…
- Claro, claro – contestó el hombre ojeando unos papeles encima de su escritorio – Y…¿Cuál es tu nombre muchacho?
- Mi…mi nombre es Jhonatan señor, Jhonatan Allen… - Jhonatan abrió el maletín rápidamente y sacó el cuaderno de notas, un lapicero, la grabadora y todo saltó de entre sus manos cayendo al suelo.
Jhonatan se lanzó al piso y comenzó a recoger rápidamente todas las cosas colocándolas sobre la silla. El hombre miró desde su escritorio y dio un gruñido burlón.
- Parece que tenemos un novato aquí, ¿Eh, Jhosepth?
- E…es Jhonatan señor – dijo levantándose y trasladando los objetos desde la silla al escritorio del hombre. De inmediato volvió a sentarse.
- Si Jhonatan – el hombre hizo una pausa sacando de su cajón una extraña caja de madera vieja – Entiendo que estés nervioso, todos lo están cuando tienen su primera charla conmigo.
- Lo entiendo señor…
- Claro que lo entiendes, todos lo entienden muchacho. Mírate, estás hablando con el rey de los celulares inteligentes en todo el país, tengo un imperio en mis manos, el hombre más importante después del presidente de los estados unidos, eres muy afortunado de estar frente a mí.
- Claro señor…
- Quiero que te sientas cómodo en esta oficina. ¿Cigarrillos? – El hombre corpulento abrió la caja de madera que tenía entre sus manos y le ofreció uno de los cigarros que estaban acomodados cuidadosamente.
- Yo…en realidad no fumo señor…
- ¿Me vas a despreciar este acto de amistad que estoy teniendo contigo chico?
- No es mi intención…es que…
- Es que nada, vamos Jhonatan, toma uno, no te hará daño, es una de las mejores cosechas…¿o no eres un hombre?, vamos, contéstame, ¿eres un hombre o no?
- Sí señor…
- ¿Qué dijiste Jhosepth?, No te pude escuchar
- Si señor…
- ¿Qué es eso?, ¿Acaso la voz de una señorita?
- ¡SÍ, SOY UN HOMBRE SEÑOR PATAKI!
- Jajajaja – rió complacido el rey de los celulares a nivel nacional – pues entonces toma uno.
- De acuerdo – Jhonatan tomó uno de los puros y lo aspiró. El olor le produjo nauseas. Si tomara uno, no le caería mal, solo sería uno, y tendría que sacrificarse por esa entrevista.
- Aquí hay fuego muchacho – Bob Pataki encendió un encendedor de bolsillo y lo acercó al puro que Jhonatan había colocado entre sus labios. Aspiró la primera bocanada y le dio un ataque de tos.
- Tranquilo, es la pureza lo que hace que te sientas abrumado.
- Claro…cof, cof,..señor, cof, cof – respondió el joven tratando de recuperar el aliento – Señor, le enciendo su cigarrillo? – preguntó Jhonatan tratando de ser amable con su entrevistado.
- ¿Estás loco? – respondió con un gruñido el hombre dueño de la futura trasnacional – He dejado de fumar esa porquería desde hace cinco años. Cualquiera sería un estúpido si se atreviera a fumarlos, son tremendamente malos para mis pulmones, quedarían destrozados.
Jhonatan quedó confundido ante el repentino cambio de opinión del hombre y sostuvo el puro entre sus manos mirando el cigarrillo y luego al señor Pataki.
- Y bien – continuó Pataki - ¿cuál será tu primera pregunta Jhosepth?
- Err… - Jhonatan no se molestó en corregir su nombre nuevamente, no importaba que le dijeran Jhosepth por una hora más, tenía que centrarse en obtener toda la información importante - ¿Cómo fueron sus inicios Señor Pataki?
- Sabía que me preguntarías eso, muchacho…Eh, ¿pero tienes encendida la grabadora?
- Oh, si, claro – Jhonatan maldijo por dentro su torpeza y encendió nerviosamente la grabadora colocándola delante de Pataki.
- Asegúrate de grabar todo lo que te diga – insistió el hombre Pataki – Bueno, ¿Qué te puedo decir Jhosepth, hoy puedes ver que lideramos la economía en el país, y que exportamos nuestros celulares al exterior con una ventaja astronómica sobre nuestra competencia, pero no siempre fui el hombre exitoso que ves ahora, mis inicios, fueron más que modestos.
- ¿A qué se refiere con modestos señor Pataki?
- Comencé teniendo un sueño muchacho. Ser dueño de mi propia empresa. Verás, yo era muy joven cuando comencé a trabajar. A los diez años repartía periódicos, a los once, repartía leche, a los doce, comencé a comercializar tarjetas de los dodgers, poco a poco me fui dando cuenta que haciendo las cosas con lógica, podía duplicar el dinero que cualquiera pudiera obtener haciendo las mismas actividades que yo.
- ¿Y cómo entró al negocio de los localizadores?
- Espera un momento, no te me adelantes que aún no he terminado con mi niñez. – Pataki hizo una pausa como tratando de recordar algo – Ah sí, como seguía diciendo, comencé a vender todo lo que pudiera, a precios mayores de los que compraba, ¿sabes?, hay que saber dónde comprar las cosas, si sabes a lo que me refiero..
- No, en realidad no…
- Pues no te lo voy a explicar muchacho, usa tu imaginación – reprendió el dueño del emporio – En fin, mis padres eran personas trabajadoras que me enseñaron el valor del dinero, por eso crecí siendo un hombre ambicioso y lleno de metas en la vida…hasta que conocí a Miriam…
- ¿Miriam, señor Pataki?, ¿Ella es su esposa?
- Por supuesto, ¿qué no has investigado antes de venir aquí?.
- Claro, solo quería confirmar.
- Fue un amor de jóvenes, ya sabes chico, Miriam era como una muñeca fina de porcelana, delicada, bonita, y un poco tonta. Y yo era un hombre que sabía lo que quería.
- Entonces…
- ¿Entonces qué? Nos enamoramos, toda esa cosa de las aves, las mariposas y trulilí, trulilá, ¿Nunca has estado embobado por una mujer chico?
- En realidad si señor Pataki, estoy casado, y mi esposa está esperando un bebé.
- Tuyo supongo…
- Oh si, si, por supuesto…
- Claro, que bueno Jhosepth, bien por ti – Bob observó una fotografía que permanecía en su escritorio, dentro de un marco de fotos dorado – entonces después de unas cuantas salidas, y toda la historia romántica que hay detrás y no pienso detallar, mi preciosa hija Olga apareció en el vientre de mi mujer.
- Su primera hija, Olga. Ella es la que ganó muchos concursos a nivel nacional, una dotada pianista, la que ha participado en varias ONG's, la que ayudó a salvar a las ballenas cuando quedaron varadas en las playas de Can Cun.
- Claro que sí, todo el mundo conoce a Olga. Es nuestro preciado tesoro. Evidentemente salió a su padre.
Jhonatan volteó a ver la fotografía en la que Bob Pataki había centrado su atención y vió las finas facciones del rostro de la mayor de los Pataki. La piel sonrosada, cabello fino, rubio intenso, muy bien peinado. Labios gruesos y pintados de un tono carmesí claro, que invitaban a…bueno, no debería estar pensando en esas cosas, él era un hombre casado. Pero en realidad la chica era muy bella y tenía una mirada angelical. Jhonatan pudo observar que la chica tenía posada una de sus manos sobre el hombro de su padre, un Bob Pataki más joven en aquel entonces, cabello castaño con algunas hebras grises. Su rostro contrastaba tremendamente con la del padre, por lo que no le encontró ningún parecido al dueño de "PE", Pataki electronics.
- Tuve algunos problemas con los gastos adicionales, pero como un buen hombre de negocios, supe jugar con los acreedores. Hice mucho esfuerzo, trabaje muy duro, pase varios fines de semana encerrado en aquella tienda, esforzándome por hacerla crecer y darle a mis clientes lo que buscaban.
- ¿Se refiera a la tienda de localizadores?
- Así es Jhosepth, eres un chico inteligente. Nuestro pequeño negocio tenía que sacarlo a flote, por mi familia, que comenzó a crecer. Primero comencé por ser distribuidor, luego fui por la franquicia de una marca, y ahora, ya nos ves chico, fabricamos nuestros propios aparatos.
- Ya veo…
- Mira esto – Bob Pataki se levantó de su asiento de cuero y caminó hasta la vitrina donde se encontraban los trofeos. Sacó una llave, quitó el seguro y sacó una caja de color rosado. Se acercó a Jhonatan y la dejó en el escritorio frente a él.
Jhonatan sin entender que era lo que el hombre había traído para él, abrió la caja.
- ¿qué ves ahí Jhosepth?
- Un empaque de celular, un celular, y un folleto de…"¿La historia de Helga Pataki, la niña que salvó a su amigo"?
- Así es chico – Bob Pataki sonrió complacido – No solo eso, es el paquete Helga. No sé si lo habrás oído en algún momento.
- Errr…cuando era niño…mi hermano mayor habló sobre ello, pero no lo recuerdo muy claramente…
- Este paquete significó mi primer millón de celulares vendidos.
- ¡¿Un..millón?! – Jhonatan se acercó a la caja y tomó el folleto entre sus manos observando la figura al frente. Una niña, que parecía un niño, excepto por el vestido y las coletas, aparecía mirando a la cámara con el ceño fruncido y los ojos muy abiertos, como si la hubieran tomado desprevenida. Alrededor de ella parecía que habían colocado con algún software un montaje de hojas y palmeras alrededor – Entonces, este fue el golpe de suerte que…
- ¿Golpe de suerte?...Eso no fue suerte, ¡ese fue el resultado del trabajo duro! – respondió Pataki señalando amenazadoramente al joven pelinegro – ¡en los negocios no hay golpes de suerte señor Allen!
- Disculpo mi imprudencia señor Pataki – Jhonatan respiró hondo, no podía perder el hilo de la entrevista, era su primera oportunidad para demostrar que podía ser un buen periodista – Entonces, su hija, su segunda hija fue la que ayudó a que su imperio creciera…
- Err..claro, claro…la niña tuvo que ver en algo, si lo quieres llamar de ese modo…- respondió Bob Pataki restándole importancia – solo aproveche…aprovechamos el momento…esa historia en la que fueron a la selva, y la chica ayudó a rescatar a los padres del chico huérfano…esa historia que salió por todo el país…
- ¿Su hija ayudó a rescatar a los padres de un chico huérfano?, recuerdo haber leido un artículo antiguo en el que decía que ella había arriesgado su vida por esa familia, eso…realmente, es impresionante Señor Pataki…
- Todo lo que hacemos los Pataki es impresionante mi querido Jhosepth – afirmó triunfante Bob Pataki, tomando asiento nuevamente en su silla de cuero fino.
Jhonatan abrió un poco el folleto y pudo ver una fotografía de un niño, con una cabeza demasiado grande y de forma demasiado extraña, con la mirada perdida hacia un lado. Parecía que lo habían fotografiado sin que se diera cuenta. De pronto, el folleto fue arranchado literalmente de las manos de Jhonatan, así como la caja.
- Eh, te di permiso para que miraras, no para que manosees las hojas. Esto vale oro muchacho – Bob colocó cuidadosamente el folleto dentro de la caja, y la cerró con mucha delicadeza, devolviéndola dentro de la vitrina.
- Bueno – continuó el novato – Entonces supongo que el dinero que ganó, lo invirtió en hacer crecer la empresa.
- ¿Qué comes que adivinas?, Claro que sí, me expandí, inauguré otras tiendas, luego me asesore con especialistas tecnológicos, salió lo del "design thinking" y así se formó todo lo que ves aquí Jhosepth.
- Muy interesante – murmuró el periodista anotando unas cuantas cosas en su libreta – Y…¿ya ha pensado como se manejará su empresa a futuro?...
- Oh, claro Jhosepth…¿Crees que no lo he pensado?..."PE" tiene un plan estratégico visionario que cubre los próximos años… No puedo dejar que nadie destruya lo que he construido durante toda mi maldita vida…
- Pero es una empresa familiar, seguro tiene el apoyo de su familia y….
- ¿De mi familia?. JAJAJAJAJA – Bob Pataki rió en un estruendo – mi familia no sabría cómo manejar este negocio ni así los Rockefeller les dieran un par de clases.
- Pero entiendo que su esposa…, leí que cuando usted está indispuesto, ella asume el cargo hasta que usted se recupera…
- ¿Y eso qué? – respondió Pataki frunciendo el entrecejo – Miriam, sí, aprendió algo respecto a dirigir, pero no sabe lo suficiente como para asumir el cargo…es distraída…
- Pero ella logró subir las ventas la última vez que…
- ¿Usted conoce a mi mujer más que yo?
- No, de ninguna manera señor…
- Entonces cierra la boca y escucha lo que te digo chico, esa mujer no tiene lo que se requiere…
- Bien…pero, y sus hijas…
- Esa es otra historia Jhosepth – Bob miró una fotografía que colgaba en la pared, donde había una pareja de recién casados saludando a la cámara – Olga, tiene mucho talento y tenía el potencial que necesitaba para este negocio…pero…
- ¿Pero?
- Siempre hay un pero mi amigo – continuó Bob – La chica quedó encantada con eso de ayudar a la gente, después de graduarse de Harvard, recorrió el mundo, ayudando a los más necesitados, construyéndoles casas, regalándoles ropa y preparándoles comida…lo que hacen las hermanitas de los conventos. Pero, en el camino tropezó con una piedra…
- ¿Tuvo un accidente?
- No literalmente Jhosepth, verás, conoció a este chico, Areda, Ardilla, Arcilla ..o como se llame…
- Oh, el esposo de su hija se llama…- Jhonatan leyó en la última parte de su libreta – Se llama Aryam, es…hindú…¿verdad?
- Si, eso…Aryam, nombre extraño, tipo extraño. Olga se dejó influenciar con la espiritualidad y cosas raras y ahora no quiere saber nada del negocio, dice que es un desperdicio de nuestra energía. ¿Desperdicio?, ¡Desperdicio es el tiempo que ha perdido por esas ideas locas y su esposo hippie bueno para nada!
- Pero, su segunda hija…
- Ese es otro dolor de cabeza Jhosept, ahora resulta que la chica quiere formar su propio imperio.
- Su nombre es Helga, la del paquete del celular ¿verdad?
- Claro, ¿o acaso tengo más hijas? Aquí tiene todo lo que puede desear, dinero, fama, poder, puede hacer y deshacer lo que quiera, después de todo, tiene carácter, y eso es lo que importa. Me demostró que pudo manejar a más de 100 personas un fin de semana cuando yo debía hacer un viaje urgente a Japón. Pero de un momento a otro renunció, diciendo que quiere hacer las cosas ella misma. A mis hijas les he inculcado que para conseguir sus objetivos deben trabajar duro e incansablemente, pero esto es ridículo amigo mío, ¿hacer las cosas ella sola cuando ya tiene un reino creado por su padre? Por todos los cielos.
Esa niña ha sido salvaje desde que nació, así que me rendí con ella, no puedo hacer mucho al respecto ante esa incapacidad suya de ver con claridad lo que le conviene.
- Es una pena que no tenga a quién dejar a cargo, es decir, no alguien que conozca bien…
- ¿y quién ha dicho que no lo tengo?
- Pero usted…
- Oh no, no, no, error frecuente en ustedes los periodistas, tienden a asumir todo. Por supuesto que tengo a alguien.
- ¿Se podría saber quién es, señor Pataki?
- Pues mi muchacho, Robert…
- ¿Robert?
- Eh si, Robert, el pequeño Robert, el único que no solo tiene mi nombre, sino todos mis genes, los genes Pataki en su totalidad. El será mi heredero, tomará bajo su cargo todo "PE", incluyendo el manejo de las sucursales en el exterior.
- ¿Pero acaso Robert no es…..Robert no tiene…?
- Nueve años bien llevados, pero pronto crecerá, el muchacho aprende rápido, y será igual o mejor que yo, lo presiento Jhosept, lo presiento. Parece que he sido una buena influencia para él, aún más que sus padres, el chico es inteligente y sabe qué le conviene. ¿Sabe que en su última venta de limonadas vendió el doble de lo que cualquier niño de su edad lograría?, Usó el doble de agua, aprovechó que era el día más caluroso del verano y que a las personas ya no les importaba el sabor y bam!, ganancia duplicada. ¿Lo ves Jhosept?, el chico aprovechó el momento.
- ¿Eso no es aprovecharse de la desgracia ajena, señor Pataki?
- No lo llamaría así, es solo aprovechar las oportunidades que te da la vida. El más fuerte siempre es el que sobrevive mi amigo, no lo digo yo, lo dice Einstein y su teoría de la evolución.
- En realidad fue Darwin señor Pataki.
- ¿Y eso qué? Igual ninguno de los dos está vivo como para demandarme.
Jhonatan suspiró. Ahora entendía por qué William parecía relajado cuando le indicó por teléfono que él tendría que asumir la responsabilidad de la entrevista. Al parecer, ya conocía el carácter del entrevistado.
- Bien Señor Pataki, tengo un último punto al que quiero llegar…
- ¿Último?, ¿No tienes más preguntas que hacerme?
- Oh, sí, pero siendo usted un hombre tan ocupado, me tomé el tiempo de escoger las preguntas más importantes para evitarle perder su tiempo en…
-De ninguna manera Jhosepth, el otro chico me prometió una noticia de portada en su periódico. Esto es marketing, ustedes hacen que aparezca en primera plana, y yo, les doy gratis la información que necesiten, es una relación ganar-ganar.
- Entonces…respecto a – Jhosepth hizo una pausa revisando que la grabadora continuara en marcha – sus ingresos, ha habido rumores que los que ha declarado ante el fisco no son en su totalidad los que…
- Pero mira la hora que es…- Bob Pataki apretó el botón del intercomunicador – Christine, ¿A qué hora tengo la cita con Herr Kahler?
Se escuchó desde el intercomunicador un chasquido de lengua y posteriormente el sonido de hojas moviéndose.
- Es dentro de una hora más señor Pataki.
- Llama a George, que me espere abajo en el auto.
- Señor, todavía tiene tiempo para…
- ¿Tienes algo que decir, Christine?
- Si, lo que le estaba recomendando era que…
- ¿Y desde cuándo he pedido tus recomendaciones, niña?
- Oh – El silencio invadió el lugar desde donde provenía el sonido previamente – George estará en unos minutos esperándolo abajo señor Pataki.
- Bien.
Jhonatan insistió nuevamente.
- Señor Pataki, retomando la entrevista, en el New Journal, salió un artículo hace un mes en el que…
- Es una lástima, pero tendremos que cortar la entrevista aquí mismo, Jhosepth – respondió el dueño de Pataki Electronics, levantándose de un salto de la silla y estirándose exageradamente. Jhonatan vió que su oportunidad estaba a punto de alejarse, que le sonreía melancólicamente y se despedía, desde la ventanilla de un tren a la nada.
- Señor Pataki, solo una última pregunta…
- No, no, no, Jhosepth. Soy un hombre de negocios y los hombres de negocios como yo solo tienen pequeñas citas, pequeñas reuniones, ¿entiendes?, cinco minutos, quince a lo más. A los extranjeros les puedo dar más tiempo, siempre y cuando signifique que puedan aportar un crecimiento a mis acciones en la bolsa.
- Pero, señor Pataki, si tan solo me diera un minuto de…
Pataki levantó del brazo a Jhonatan y el joven forzosamente tuvo que ponerse de pie. Tomó las cosas, incluyendo la grabadora y se la entregó en las manos, haciendo que el chico tambaleara, tratando de hacer equilibrio para que ninguno de los objetos cayera al piso. Pataki cogió el maletín y ejerció presión sobre la espalda del periodista, obligándolo a avanzar hacia la puerta.
- Calma muchacho, ya tendremos tiempo para otra entrevista, seguro encontrarás otra cita con, no lo sé, los Beatles, o algún otro cantante…
- Señor, n..no soy reportero de espectáculos, y en realidad los Beatles están…
Bob dio un último empujón al joven, tras abrir la puerta, a lo que Jhonatan no pudo reaccionar. Pataki exclamó una última frase "GRACIAS POR VENIR JHOSEPTH", lanzó el maletín al lado del periodista y cerró la puerta tras de sí. Jhonatan suspiró. No podía ser que hubiera desperdiciado su primera oportunidad para destacar en la oficina, lugar en el que todos lo veían como algo menos que un insecto recién llegado, como una mosca en la sopa, o más precisamente, como una mosca en el café expresso. Su celular comenzó a sonar, y del susto que le pegó, dejó caer todo alrededor de él. Mierda. Esperaba que la grabadora hubiera salido ilesa. Sacó el celular del bolsillo de la Gabardina y respondió.
- ¿Si?.
- ALLEN, ¡POR TODOS LOS CIELOS BENDITOS! ¡DIME QUE CONSEGUISTE SACAR LA INFORMACIÓN QUE QUERÍAMOS!
- Errr…si, logré la entrevista con Robert Pataki, señor Lauper – En realidad Jhonatan no estaba mintiendo, técnicamente solo le daba una respuesta global a las preguntas específicas de su jefe – Lo, lo, lo..te…tengo gra..gra..grabado todo señor Lauper – maldita tartamudez que aparecía cuando mentía.
- Me estás excitando tanto Allen…
- ¿Perdón?- Jhonatan sintió un escalofrío recorrer su espalda al escuchar la voz gangosa del viejo Cyndi, que era así como le decían en la oficina por el apellido que tenía. Al principio no captaba el chiste, hasta que un tipo adicto a los 80's se lo pudo explicar.
- Excitado, emocionado, efervescente…voy a regalarte un diccionario en tu cumpleaños Allen, esto será un salto a la fama para ti…
- Cla…claro se…señor – Jhonatan solo se pudo imaginar saltando al vacío, lanzándose a un abismo sin fondo.
- William me decía que era imposible sacarle la información a ese viejo zorro, pero tú, novato, recién llegado, lo conseguiste. Recuérdame darte un abrazo cuando llegues a la oficina, eso y una copa de mi mejor vino.
- Se..señor…te..tengo que de..dejarlo…te..te..tengo una lla..llamada de…de…Barbara…
- ¿Quién?, ¿Acaso es tu amante?
- ¡Oh..no…no…se…señor…es…mi…mi…espo….espo….esposa!
- Ja, ja, ja, ja…solo bromeo Allen, solo bromeo. Como tú quieras Allen, pero apresúrate, quiero esa grabación lo antes posible.
- Si..si…señor a…adiós.
Jhonatan respondió la siguiente llamada.
- Barbie, cariño, ¿Cómo estás?
- TE DIJE QUE QUERÍA MORAS ROJAS, NO MORAS AZULES…
- ¿Eh?, Barbara, cálmate por favor, no es bueno en tu estado, por otro lado querida, recuerdo que dijiste que las azules eran las que más te gustaban…
- SI, PERO DEBISTE HABER IMAGINADO QUE ME CANSARÍA DE LAS AZULES Y QUERRÍA PROBAR LAS ROJAS…SIEMPRE LO MISMO, ESTOY CANSADA Y ABURRIDA DE TENER QUE EXPLICARTE LAS COSAS COMO SI FUERAS…..¡UNA ESPECIE DE NIÑO CON LIMITACIONES MENTALES…!
- Barbie, cariño…
- NO SOY TU CARIÑO…Y TÚ YA NO ERES MI CACHORRITO…
- Barbie, abejita…no me digas que ya no soy tu cachorrito…
El teléfono dejo de emitir la voz desde el otro lado, y una risita hizo que Jhonatan levantara la vista para encontrarse con la expresión burlona de la secretaria, quien seguía detrás del escritorio de recepción. Al parecer había escuchado toda la conversación. Jhonatan solo movió la cabeza negativamente, y se agachó a recoger todas las cosas y meterlas en el maletín.
Cuando terminó de meter todos los papeles, la grabadora, y el resto de objetos, escuchó una voz femenina que le hizo levantar la mirada.
- ¿Mal día eh? – Una mujer alta, de pestañas largas y cabello largo estaba inclinada hacia él y le ofrecía una especie de identificación. Miró la tarjeta y se dio cuenta que era su identificación de periodista.
- Más que eso…- atinó a decir el recién casado tomando la tarjeta y metiéndola dentro de su maletín.
La mujer se reincorporó y avanzó hasta la puerta de letras doradas.
- Señorita Pataki, su padre en este momento está ocupado…me dijo que nadie podía interrumpirlo.
- ¡Duh!, ¿Y desde cuándo eso me importa, Agatha Christie?
Jhonatan, aún de rodillas, volteó a ver a la mujer, quien de improviso le lanzó un paquete. El joven periodista tomó nerviosamente el objeto, y quedó mirando a la recién llegada.
- Cuando tengas un mal día, cómete uno de esos. Son infalibles cuando quieres mandar todo al demonio. Y si no funcionan…entonces, claro, solo puedes mandar todo al demonio.
La mujer abrió la puerta de un tirón y cerró la puerta tras de sí.
Jhonatan quedó petrificado al ver desaparecer la figura tras la puerta y observó el objeto que tenía entre sus manos. Un helado, de fresa, marca Ollie Jollie. No los había comido desde que tenía quince años. El frío que comenzaba a bajar la temperatura de sus manos se comenzó a mezclar con el calor que comenzó a sentir en su pecho, y que fue creciendo hasta dominar su estómago, sus brazos y sus piernas, ese mismo calor hizo que comenzaran a nacer mariposas dentro de su vientre y una suave y taciturna melodía comenzara a sonar en su cabeza, haciéndole aspirar una inexistente fragancia de fresas y brisa de otoño. El joven tomó su maletín, se puso de pie de un salto y comenzó a silbar alegremente despidiéndose de la secretaria con una sonrisa, a lo que ella le ofreció una expresión de asco. Todo había salido mal, su esposa nuevamente lo haría dormir en el sofá, su jefe pudiera ser que lo regresara al área de correcciones ortográficas, y quizá no podría pagar toda la cuenta del hospital si no obtenía el ascenso. Pero qué importaba, todo se podía ir al mismo demonio.
