Asistente personal
Si, hay un poco de todo... no se dejen llevar únicamente por el final, es sólo que no podía cortarlo antes y abajo está la explicación n.n
Sin más preámbulo, los personajes de CCS no me pertenecen, por supuesto.
Capítulo anterior:
"...Ahora sabía dónde estaba Meiling, sabía el por qué de su comportamiento, sabía acerca de todos los sentimientos que se agolpaban tras tan intensas pupilas… y sabía que si no se apuraba, simplemente podía perderla para siempre."
Capítulo 10: Inocentemente culpables.
Se oía la exasperante monotonía con la que las gotas de agua caídas del cielo chocaban contra el techo de chapa del lugar, a la vez que la tenue luz que alumbraba el lugar sufría el peligro de pronto cortarse, si es que la tempestad aumentaba.
Masajeó suavemente sus sienes por enésima vez en los últimos diez minutos. Dejó escapar de sus labios un largo suspiro cargado de confusión y se acomodó en el amplio y mullido sofá en el estaba sentado.
Su mano derecha voló hasta llegar a sus desordenados cabellos chocolate demostrando nerviosismo.
-Toma el té y relájate un poco, Syaoran –pidió el zafiro sentado frente a él y momentáneamente responsable de la casa de sus padres.
Colocó sus dedos alrededor de la taza caliente y le dio unos rápidos sorbos. A través de los ventanales aún se escurrían las gotas testigos de todo lo sucedido ese día.
-Me contaste que después de verla partir, fuiste por ella –comenzó tranquilamente-. Pero… ¿Cómo sabías dónde estaba?
-Lo primero que hice luego de oír a Wei fue llamarte…
Flash back
-Syaoran –oyó la tranquila e incipiente voz de su amigo saludándolo del otro lado del teléfono, contrastando con otros murmullos de voces que hasta le sonaron familiares…
-Dime ¿Qué hablaste hoy con Meiling? –sintió su propia voz más desesperada y nerviosa de lo que hubiese deseado, no quería un interrogatorio por eso.
-Ella estaba segura de que ya no le importabas y que buscabas a otra mujer, Kai me advirtió de eso, por lo que tratamos de hacerla cambiar de opinión y creo que algo logramos. Pero ¿Por qué preguntas?
-Tuvimos una discusión, luego te cuento… le pediré que se case conmigo.
-¿¡Qué dices, Syaoran¿Te has vuelto loco? –exclamó algo fuera de sí.
Cortó la llamada y cruzó decidido la puerta de salida, la lluvia volvía a arremeter en contra de su cuerpo y las calles desérticas parecían invitarlo a recorrerlas en un camino que él conocía de memoria… aunque cuyo final nunca fue tan incierto.
Fin del flash back
-Imaginarás que hasta ese punto, conozco la historia –lo interrumpió sarcástico y algo impaciente, necesitaba saber hasta qué punto la locura había corrompido a su amigo obligándolo a equivocarse.
-Bien, esa charla terminó de confirmarme su paradero –un aire de tristeza e incertidumbre cubría su aura sombría, cuando el reloj a penas marcaba las once-. Hace unos días, mi padre me dijo que Kouta había recibido vacaciones por ser una mala influencia, y en ese momento no lo entendí, pero mi padre siempre fue más perceptivo que yo y debió darse cuenta. Es verdad que Meiling lucía extraña… pero no voy a atribuirme el hecho de haberme dado cuenta, ni mucho menos haber entendido en ese momento que fue él quien me llamó para sobornarme hoy por la mañana.
-¿Y cómo supiste que fue él?
-Porque no buscaba dinero, me extorsionó con la cifra que yo quisiese… yo creo que él buscaba a Meiling. Fui hasta su casa y ahí estaba, llorando en los brazos de ese desgraciado –desvió la mirada hasta la de su amigo-. Para ese momento, él le había contado todo lo que sabía con detalles, y estoy seguro de que también la había corrompido con conjeturas propias. Fue una discusión muy fuerte… y me dolió en el alma comprobar que ella fue la más perjudicada. A pesar de que ambos expusimos a los gritos nuestros fundamentos y le pedí prácticamente de rodillas que se casara conmigo, lo resumió todo en un simple "Necesito pensar" y salió del lugar dejándonos consternados.
-Entonces debe estar con Kai… –masculló pensativo.
-¡¿CON KAI?! –chilló parándose de un solo salto-. Supuse que se había ido lejos, a un lugar para estar sola… ¡No con ese vil usurpador! –rugió fuera de sí incrustando su puño contra la pared más cercana.
-Él no está en tu contra, Syaoran. Y aunque no lo creas ni lo entiendas en este momento, está jugando más a tu favor de lo que crees.
-No digas tonterías¿Qué no ves que te está seduciendo a ti también? Primero vino a desplazar mi autoridad en la empresa, a quedarse con Sakura, a alejarme de mi prometida y ahora a mi mejor amigo…
-Sí Syaoran, puedes seguir pensando que el mundo fue creado sólo para que tu existencia fuera posible pero…
-Deja las malditas metáforas, Eriol –seguía hablando más desafiante y enfurecido de lo que deseaba.
-¡Y tú relájate de una buena vez!
-Sabes, sí voy a relajarme –bramó tomando su abrigo.
-Dicen que el agua fría también calma a las fieras, así que no pienso detenerte –bromeó dirigiéndole una elocuente mirada-. Pero si quieres recuperar a Meiling y entender tus sentimientos por Sakura, aclárale a tu mente y a tu orgullo que no juegan esta partida.
Salió del departamento para encontrarse nuevamente con esas despiadadas gotas de lluvia.
-Veo que ya somos compañeros de ruta –les susurró irónico emprendiendo camino hacia la empresa.
No sabía por qué iba hacia ahí muy claramente… pero quizás pudiera despejarse enfrascando su mente en otros asuntos. Después de todo, sus hermanas viajarían a Tokio con Eriol y Tomoyo para hacer las publicidades desde el hotel de allá y había que terminar con los detalles. Ellos eran los encargados de la parte "visual" de la campaña. Por otro lado, Sakura, Kai y él todo lo relacionado con lo técnico y que la visual no sufra inconvenientes. Se irían por sólo un día, o tal vez menos… pero de todas formas siendo el primer movimiento, debería ser muy bueno.
Las avenidas y sus calles angostas sólo demostraban triste soledad mientras se abrían a su paso, parecía ser el único ente tan esquizofrénico como para caminar en esas circunstancias y a esa hora.
Su mirada regresó al suelo y a su confusión, nunca su vida se había sufrido semejante golpe a la estructuración a la que la sometía. Nunca su mente se vio contrariada y mucho menos doblegada por nada en este mundo. Y no había pasado tiempo, si el tiempo regresara dos semanas atrás se encontraría, de hecho, con que todo reposaba en tanta calma como siempre.
Se sentó en el cordón de una vereda y comenzó a recordar la oficina a la que intentaba llegar y que se encontraba a escasas cinco cuadras. Estaba seguro de que nada había cambiado en ella, y que todo seguía como si en su vida también todo estuviera igual. Qué irónico.
Sus pensamientos siguieron ese hilo durante varios minutos, cuando repentinamente sintió como la lluvia dejaba de atacar inescrupulosamente sus cabellos completamente mojados.
No iba a abrir los ojos simplemente para comprobar que había dejado de llover, era hora de que eso pasara. Y sus párpados parecían negarse a ayudarlo a salir del estado absorto en el que estaba. Sin embargo, aún en sus tímpanos llegaba a resonar el eco de la lluvia al caer monótonamente sobre el cansado pavimento.
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Abrió los ojos con sorpresa.
-Vas a resfriarte, y eso no le gustaría nada a tu prometida.
Un paraguas rosado con algunos estampados protegían su cuerpo sostenidos por unas delicadas manos que llevaban puestos un par de guantes y una bolsa bien cerrada para eludir el efecto de la lluvia, subió la mirada y se encontró con el destello esmeralda tan propio en ella, algo más apago… si se puede agregar. Sus cabellos comenzaban a mojarse al no tener sobre ellos aquel artilugio y enmarcaban perfectamente el contorno de aquel precioso rostro.
- ¿Qué haces aquí? –preguntó desentendido.
El choque entre miradas volvió a producir una peligrosa reacción en cadena en el interior del muchacho, tratando de controlarlo a través de cualquier medio… después de todo, debía admitir que ya estaba algo acostumbrado.
-Estaba entrando a mi departamento –simplificó tranquilamente señalando el edificio a unos pasos de ellos-. ¿Y tú?
-Creo que ni yo lo sé –confesó algo turbado y evitando su mirada.
-Parece que quieres ir directo al hospital, de verdad vas a enfermarte si sigues así.
El joven se levantó lentamente y tomó con suavidad la mano de la muchacha, haciendo que el paraguas volviera a defenderla a ella de la cada vez más potente tempestad. Un trueno se hizo presente haciendo sobresaltar graciosamente a la castaña, luego se hizo visible otro as de luz blanca precediendo a un sonido aún más potente que el primero.
- ¿Q-quieres pasar? Esto podría complicarse y si te quedas… –invitó tímidamente mirando hacia otro lado.
Analizó la situación por unos segundos, y la consideró la mejor opción… y quizás hasta podría aclarar un poco el caos en su interior si lo hacía.
- C-claro –dijo entrando con ella al departamento y dirigiéndose al elevador.
o-o-o-o-o-o-o
Las puertas de aquel por demás reducido espacio se cerraron por completo y el suelo bajo sus pies comenzó a ascender lentamente. Desquiciantemente lenta.
La mirada de Syaoran la esquivaba tanto como ella a la de él. Seguía sin el valor ni la fortaleza para enfrentarlo (y podía sentir la prueba tangible de eso en el temblor de sus piernas o la ya tan conocida aceleración en su ritmo cardíaco), pero ni eso pudo contra la expresión turbada de su rostro bajo la lluvia, siendo azotado sin clemencia y en peligro de enfermar. No podía entrar a su departamento ignorando aquella escena y pudiendo vivir con aquel peso que su conciencia le recordaría por el resto de sus días.
Claro que ahora sufría en carne propia las consecuencias de sus buenas intenciones, ahora que sentía el aire escasear, ahora que debía acumular toda su fuerza vital para mantenerse erguida y apelar a lo que restaba de su fuerza de voluntad para no echarse a su brazos… una lágrima furtiva casi la traiciona tras un recuerdo muy poco grato de unas hora hacia atrás.
"Sakura... sé que van a matarme si los muchachos saben que te lo dije pero… Syaoran va a proponerle matrimonio a Meiling, y es justo que lo sepas"
Por más dulces que intentaron sonar las palabras de su amiga del otro lado del teléfono, nada sobre la inmensa faz de la Tierra tenía la fuerza necesaria para evitar que las lágrimas no se agolparan en su pupila para derramarse a lo largo de su mejilla y terminar en el amargo suelo que las recibía.
Ése era el fin de su sueño, el fin de uno que, siendo objetivos… nunca había comenzado.
No se había obligado a tomar ninguna decisión por el momento. Ella ya estaba bien armada con su plan de refugiarse tras la espalda de su amigo… y con eso sobreviviría por algún tiempo. Luego de la boda, su mente tendría la excusa perfecta para doblegar al traicionero e inescrupuloso corazón, que a estas alturas ni siquiera tenía el derecho de formar parte de su estructurado cuerpo… pero el cinismo de éste órgano parecía exceder los límites conocidos y aún estaba ahí. Latiendo como si nada de lo que hiciera pusiera en peligro su salud psicológica, como si él no fuera el causante de tantas lágrimas derramadas. Latía como autómata, casi ajeno de tanta culpabilidad.
El décimo piso anunciaba el final de la tortura, por lo que se apresuró a salir del elevador y abrir la puerta, entraron en completo sigilo. Tanto silencio comenzaba a incomodar.
El lugar parecía simplemente haber sido invadido por una suerte de alienígenas ignorantes de que los ingredientes de cocina no eran armas de destrucción letal, ya que podía ver desparramada harina por la mayor parte de la casa y hasta juraría que esas manchitas en las paredes solían formar parte de la yema de algún huevo.
-Estaba intentando hacer un pastel –se excusó-. Pero los ingredientes no dejaron los resultados esperados, por lo que fui a comprar más –declaró señalando la pequeña bolsita que llevaba en la mano.
-Ya veo… si quieres puedo ayudarte, soy muy buen cocinero –se ofreció.
-No hace falta… –comenzó.
-Apuesto a que no podrías seguirme el ritmo en la cocina –desafió divertido y muy seguro.
-Veo que la noche te sienta perfecta para perder las apuestas –se defendió sin ánimos de quedarse atrás-. Pero será mejor que te cambies de ropa, estás empapado. Tengo algo de mi hermano guardado, si quieres puedes usarlo.
Ambos cambiaron su vestuario con afán de evitar alguna suerte de pulmonía y se vieron nuevamente, tras unos segundos, en la cocina del pequeño departamento.
-Y… ¿Qué pastel tenías pensado hacer? –indagó minutos después.
-Este –señaló uno dibujado sobre el libro recientemente regalo por cierta azabachada, que se encontraba sobre la mesada de la cocina.
-Veo que a Kai le gusta el chocolate con merengue y crema –comentó filosamente.
La castaña se limitó a fruncir el ceño y mirarlo con elocuencia.
-No, pero sí a mi padre y a mi hermano… quienes vendrán mañana por la noche, por eso el pastel.
El ambarino chasqueó la lengua, disimulando su alegría al saber que no estaría haciendo la comida del enemigo.
Vio como sus fuertes manos se desplazaban del batidor a la harina, y de allí a la perfecta colocación de los huevos con una destreza que no hubiera imaginado. Parecía ser un experto en todo lo a que artes culinarias se tratase y se asombró ante el nuevo descubrimiento.
-Si quieres continúa tú –ofreció una vez hecha la mezcla-. Sólo tiene que batirlo con cuidado mientras pongo a fundir el chocolate –finalizó observando un pote con la crema ya batida sobre la mesada.
Tomó el recipiente y comenzó a batir de una forma muy… efusiva. Con una fuerza digna de cualquier premio, pero no idónea para hacer un pastel. Y fue una pequeña risita quien le advirtió de su error.
Lo fulminó con la mirada al entender que ella había pasado a ser el centro de burla del asunto.
-Así no es –comenzó divertido por sus expresiones-. Mira –le dijo tomando delicadamente la mano en la que sostenía el batidor con su derecha y con la otra respaldando a quien llevaba el recipiente.
Sentía su aliento chocar suavemente contra su desprotegido cuello, y de nuevo notaba como sus sentidos se nublaban ante su tacto y su racionalidad comenzaba a negarse a hacer acto de aparición. Claro que en ese momento poco importaba que sus neuronas proclamaran huelga por tiempo indeterminado o que el oxígeno comenzara a escasear en el aire, si tenía el pecho de Syaoran Li rozándole la espalda.
-Mucho mejor –dijo al ver como la castaña comprendía la técnica-. He aquí la prueba real de que cuando el maestro es el mejor hasta una mula puede salir cocinando el mejor de los pasteles¿No?
¿Era su impresión o la había llamado mula? Sí, a menos de que esa fuera una complicada metáfora, era una clara declaración de guerra… una que ella no estaba dispuesta a perder, por supuesto.
Voló la vista hacia la mesada, donde reposaban aún utensilios e ingredientes sin utilizar y un minucioso plan de contraataque ya había encontrado no sólo la mejor de las tácticas, sino también las más potente y eficaz de las armas.
o-o-o-o-o-o-o
Su mirada aún se perdía en la perfección de sus orbes esmeralda mientras su mente le recriminaba claramente el hacer eso. Y es que haber elegido ese modo para enseñarle a cocinar a ella había sido el mayor atentado contra la salud mental y psicológica que el mundo había presenciado… y prefería esos momentos en que se denigraban sutilmente con complejas y filosas interpretaciones, buscando un airoso ganador en un inocentón juego de palabras, antes que el delirio inminente de sentirla estremecerse bajo su tacto mientras él mismo gozaba de su cercanía.
Eso era demasiada tortura para que un simple y débil ser humano lo resistiera. Y más aun para que un simple, débil, confundido y enamorado ser humano sobreviva tras ello.
Nunca podría escapar de esas reacciones en presencia de aquella mujer, y eso era algo que comenzaba a asumir.
-¿Quieres más harina? –ofreció cordialmente produciendo un sobresalto bien disimulado en el joven.
Procesó las palabras de la muchacha al tiempo que la veía tomar un puñado de ese polvo blanco entre las manos y acercarse al recipiente que él mismo sostenía.
-Sí, creo que un poco más harina no vendría mal –vaciló tratando concentrarse y observando la mezcla.
-Vaya, tu rostro no dice lo mismo –rió inocentemente tras su comentario, y el muchacho entendió lo desfiguradas que debían estar sus expresiones para ese momento.
-Por supuesto que sí, mi rostro también afirma que no sería mala idea algo de harina –se defendió dibujando una sonrisa.
-¿Seguro? –preguntó con un timbre de voz bastante extraño.
-Seguro –afirmó.
Fue entonces cuando vio la mano de la castaña abrirse lentamente y una fugaz ráfaga de aire proveniente de un potente soplido de su parte cubrió completamente su rostro de aquel polvo blanco. Oh, si. Eso volvía a ser la guerra. Regresó de su sorpresa mientras la muchacha aún reía de su broma y observó la mezcla viscosa que contenía el recipiente que sostenía.
Sus labios se curvaron en una sonrisa macabra mientras en un solo y rápido movimiento logró que el rostro de una desprevenida castaña terminara completamente manchado.
Le causó mucha gracia ver su nuevo maquillaje y la mirada fulminante que le dirigía.
La muchacha llegó rápida y astutamente hacia la mesada y deslizó su mano hacia el pote de crema.
-Syao… -susurró inocentemente ocultando su nueva arma a sus espaldas.
Le dirigió una mirada desconfiada hasta que se vio nuevamente con una sustancia invadiendo su cara.
Ambos se dirigieron al pote de crema y segundos después se vieron corriendo a través de toda la casa en persecución de su enemigo. Volteó atrás con la cabeza y observó la silueta de la castaña a punto de darle alcance, y no tenía el valor de entrar a su alcoba para refugiarse, por lo que se quedó esperando el ataque de su oponente. La muchacha se lanzó hacia él, quien logró interceptarla muy bien sólo con su mano derecha, tomándola por la cintura y amenazando a su mejilla con la izquierda.
Y ahí empezaba otra vez esa molesta sensación de vértigo y alteración.
o-o-o-o-o-o-o
Levantó suavemente su cabeza hasta encontrar su mirada y se vio invadida por la inmensidad de aquel destello ambarino.
Otra vez la sangre fluyendo a una velocidad extraordinaria.
Otra vez sus sentidos siendo corrompidos sin siquiera poder poner resistencia.
Otra vez el oxígeno faltando en sus pulmones.
Otra vez Syaoran Li.
Notó la distracción del joven y se decidió por un intento desesperado para recuperar la cordura… o por lo menos lo que a estas alturas quedaba de ella. Deslizó su mano a la mejilla del muchacho y dejó en ella (nada sutilmente) toda la crema que tenía en su mano.
El joven pareció reaccionar y volvió a sujetarla de modo tal que no pudiera escapar y así disfrutar de su venganza. Claro que la joven, tras la risa que le produjo la expresión de su compañero al verse atacado indiscriminadamente, comenzó a forcejear para soltarse e ir por más provisiones.
-Oh, no. No te irás –le advirtió desafiante, lo que produjo mayor empeño en la esmeralda y sus forcejeos.
Con lo que no contaban era con que tras un pequeño empujón de la castaña, el ambarino perdiera el equilibrio y ella cayera debajo de él en el suelo de la sala de estar.
Sentía como el corazón luchaba desesperado con aparentes intenciones de salir disparado de su pecho y su respiración se agitaba conforme pasaban los segundos manteniendo tal cercanía. Podía ver sin problemas la perfección de aquellas facciones, de aquellos ojos, sus cabellos atolondrados cubriendo parte de su frente. Y por supuesto, la crema que ella había dejado en sus mejillas.
Se maldijo interiormente por el hecho tras descubrir lo tentador que eso podría resultar.
Y es que podía leer tantas cosas en la inmensidad de esas pupilas…
No supo cuándo ni cómo, pero una mano del castaño se deslizó hacia su rostro, dejando la marca blanca en ambas mejillas, y se descubrió así misma sin oponer resistencia alguna.
Vio como se acercaba lentamente y colocaba su frente sobre la suya, y notó ir ante sus ojos la última pizca de juicio que le quedaba.
Maldijo mentalmente su debilidad, y se rindió a cerrar lentamente los ojos.
Sus labios comenzaron a sentir el calor del roce de otros labios, y también a corresponder aquel tierno beso que él le estaba regalando… ya se arrepentiría después.
En cuando recordara las palabras de Tomoyo horas atrás…
¿Las palabras de Tomoyo?
¡Las palabras de Tomoyo!
Abrió los ojos y corrió con cuidado los labios para el que joven notara su reprobación ante estas actitudes.
-Meiling –logró musitar segundos después.
Sentía los perfectos labios de Syaoran recorriendo desde los suyos hasta el lóbulo de su oreja, con peligrosas escalas en su cuello que amenazaban contundentes a terminar en esquizofrenia.
-Ya no hay nada con ella –escuchó que articulaba mientras su aliento chocaba con su indefenso lóbulo.
Sintió su propio y peligroso suspiro tras esa acción y supo que la racionalidad ya no tendría lugar en esa noche… nada tendría lugar que no fuera el deleite de lo que aquel castaño quisiera darle.
Y sí, era un golpe importante para su orgullo.
Y sí, era algo que nunca en su vida pensó.
Pero sí, era algo tan necesario como respirar en ese momento.
Y no tenía ánimos suicidas esa noche.
Tomó con cuidado el contorno de su cara y volvió a mirarlo a los ojos, viendo sus pupilas nubladas por sentimientos que no podría definir… pero comandadas por lo que indudablemente sería deseo. Se apenó tras pensar que los suyos deberían de verse igual, pero no le dio importancia, mientras se ocupaba de desparecer con sus labios el rastro que ella misma había dejado minutos atrás con la crema... y luego él haciéndole lo mismo.
Sintió como volvía a capturar su boca de una manera enfermiza tras aquella extremecedora caricia y ambos luchaban por seguir profundizando el beso con apetito que nunca antes había sentido… y mucho menos del cual había sido presa.
o-o-o-o-o-o-o
Se alejó unos centímetros a causa del maldito oxígeno que resulta ser vital para la vida humana y logró ver los labios de la mujer hinchados y más rojos que nunca, sonrió ante el hecho de ser ÉL, el responsable de ello. De que, por aunque sea esos minutos de delirio a los que la había arrastrado en su afán de sentirla... era suya. Suya, y de nadie más.
Notó en la esmeralda de sus ojos algo que por lo menos reavivó una esperanza en su interior:
Ella lo deseaba.
Volvió a besarla con todo el hambre que ni siquiera conocía, jugando con sus labios, con su lengua, o con lo que sea que encontrara en su camino. Y se paró dificultosamente debido a negarse a romper ese beso, dio unos pasos hacia delante logrando hacerla chocar contra la pared y sus manos volaron a su cintura, para comenzar a subir y bajar por su espalda.
Saboreaba con cuidado cada rincón que recorría de la muchacha con la intención de grabarlo en su mente y poder recordarlo cada vez que ella no estuviera, como sabría que luego de semejante error pasaría. Porque con sus instintos y neuronas totalmente muertas, sólo atinó a decir que no estaba con Meiling, no que él la llevaría al altar a como de lugar. Aunque eso atentara contra su propia vida.
Y ella estaba con Kai, aunque eso sólo lo hacía disfrutarla más.
Pero se sentiría después una basura aprovechadora, ese no era el momento.
-¿La habitación? –preguntó contra sus labios entre besos y suspiros, no en espera de la ubicación (que ya conocía bien) sino en busca de la aceptación de la joven a aquella tan poco sutil propuesta.
Pero su única contestación fue las manos de la muchacha pegándolo más a ella y sus labios besándolo de una forma que no imaginaba en la castaña.
No podía creer lo apasionada que la pequeña e inocente Sakura podría llegar a ser.
¿Cuántas cosas más no conocería de ella?
-E-es esa… puerta –le dijo con las pocas palabras que lograron salir de sus labios.
Un calo frío trepó por todo su cuerpo al entender lo que vendría, sería suya. Suya, suya, suya.
Suya.
Sus piernas rodearon su cintura sin dejar de besarlo… y él no esperaría ni un segundo más para dirigirse hacia esa gloriosa habitación…
TOC TOC
Ambos se detuvieron unos segundos e intercambiaron una mirada cómplice que claramente invitaba a continuar, ignorando todo alrededor existente... por más molesto o importante que pudiera ser.
TOC TOC
Dos pequños golpecitos hicieron un segundo acto de presencia retumbando su sonido.
Lo miró con algo de frustración y se separaron rápidamente, volviendo a recobrar, poco a poco, su querida racionalidad.
La muchacha se dirigió a la puerta y él la siguió lentamente.
Pudo ver como la castaña abría la puerta y detrás de eso, la escena del elevador cerrando sus puertas y despidiendo a un hombre de traje blanco…y, un poco más adelante una persona que no se había percatado de su presencia.
-Sakura, veras… es difícil decirte esto pero… es que sinceramente yo confío en tu amistad y no quiero fiarme de palabras sin hechos contundentes y quizás… bueno quizás haya estado viendo algunos fantasmas en donde hay y de verdad me gustaría que las cosas entre nosotras quedaran bien y…
Vio como aquella hermosa mirada rubí recorría del piso hasta la desarreglada figura de la castaña, quien aún conservaba ciertas marcas… significativas.
-Oh, perdona si interrumpí algo –se comenzó a disculpar-. Es que de verdad lo consideré importante…
Estaba estático en el lugar, sin poder articular una palabra y sin lograr hacer que sus piernas obedeciera sus intentos por salir corriendo. Estaba en el medio de un triángulo con las dos personitas más inocentes y honestas que pudo haber encontrado.
Su mirada estaba clavada en la azabachada, quien unos segundos después notó su presencia en el lugar… y simplemente se quedó observándolo como si de un fantasma se tratase.
-A-ahora lo entiendo… -comenzó con pequeñas lágrimas resbalando por sus mejillas-. E-entonces tenían razón, yo era la ingenua.
Y así de imprevista como llegó, se echó a correr dando alcance al elevador y desapareciendo de su vista.
Ni una sola palabra flotaba en el confuso aire.
Ni una sola lágrima que afectara la retina.
Ni un solo corazón que pudiera verse destrozado.
Ningún cuerpo que no se mostrara estático, exactamente en el mismo lugar.
-Tú destino es con ella –dijo con un hilo de voz a duras penas audible-… S-si no vas tras ella la perderás, y lamentarás quedarte solo.
Estaba claro para él, era un punto y aparte en una relación que jamás existió.
Ella quería seguir con un camino que era ajeno al de él, y, por más que doliera tanto en el alma como el pecho, tenía que aceptarlo.
Porque ella estaba sufriendo tanto como él, ahora podía notarlo… y él no era quién para confundirla y hacerla sufrir de esa manera, para jugar con instintos que ella seguramente no conocía y hacerle creer que eran puros sentimientos similares a los que él sentía... no podía hacerle creer que era amor, cuando era simple deseo.
Porque, por más que sus documentos decretaran una mayoría de edad, ella aún era una niña…
No habló, no se despidió, no la miró a los ojos. No tenía el valor ni el coraje para intentar algo así y no tomarla nuevamente en sus brazos y secuestrarla y llevarla lejos a alguna parte del mundo lejos, muy lejos ahí.
o-o-o-o-o-o-o
Sus últimas palabras aun parecían flotar en el aire, y vio pasar frente a sí la muda figura de su jefe. Simplemente caminó con lentitud por delante de ella, observando con mucha atención el suelo, llegó al elevador, entró en él y marcó el número de piso… sin siquiera darse media vuelta y saludar, o enfrentar sus ojos… nada.
Porque seguramente entre todo esto, él ahora entendía lo mucho que amaba a Meiling, y hubiese apostado cualquier cosa a que extrañaba tanto sus besos que se animó a probar con los labios de una inexperta algo más hormonada en su presencia, que ni siquiera le habría llegado a los talones a su prometida.
Y así, decepcionado, dolido y enamorado de una mujer a la que estaba perdiendo… era como se fue.
Y ella sólo podía limitarse contener el centenar de lágrimas que se agolpaban en sus ojos…
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Dejó escapar un suspiro, y continuó observando el gran ventanal de su oficina adornado por una hermosa mañana otoñal. La tormenta de la noche anterior había desparecido todas las nubes y algunos rayitos de sol asomaban con ánimos de calentar el frío ambiente de en derredor.
-¡FUISTE TÚ! LO SÉ, NO LO NIEGUES MÁS DESGRACIADO USURPADOR.
Los gritos podían oírse del otro lado de la contundente puerta de roble, por lo que se avanzó a ella y la abrió casi desesperadamente.
Y ahí, del otro lado, aconteciéndose una escena de lo más inusual.
La silueta de Syaoran tomando por el cuello a la de Kai y acorralándolo contra la pared, gritando vaya Dios a saber cuántas cosas y con la ira y la rabia reflejadas en sus perfectos ojos ámbar.
-¡¿Qué haces Syaoran?! –gritó la castaña acercándose.
-NO TE METAS KINOMOTO –advirtió aún fuera de sí, logrando congelar en el lugar a la castaña-. NO HE PODIDO ENCONTRAR A MEILING POR LAS IDEAS QUE IMPLANTASTE EN SU CABEZA DESGRACIADO.
El rubio por su parte parecía no inmutarse, tranquilo y sereno como si no estuviera en peligro de ser estrangulado.
-TÚ ESTUVISTE AYER EN DONDE SAKURA QUERIDO TRAJE BLANCO, PARA TERMINAR DE SEPARARNOS… PERO NO LO VAS A LOGRAR, VOY A CASARME CON ELLA¿LO ENTENDISTE¿O DE VERDAD CREÍAS QUE NO ME HABÍA PERCATADO DE QUE TE GUSTABA MI PROMETIDA¡JA! VOY A LLEVARLA AL ALTAR Y SERÁ MÍA Y NO VOLVERÁS A INTROMETERTE EN MI VIDA¿TE QUEDÓ CLARO?
Anonadada, consternada, petrificada… Sakura no podía observar la escena de otra manera. Puñales se clavaban inescrupulosamente, salían y volvía a clavarse en su ya desgarrado corazón¿Qué demonios estaba sucediendo?
Vio como el castaño se tranquilizaba y comenzaba a aflojar el agarre.
-Te estás equivocando mucho Li, si me crees el enemigo –articuló seguro, enfrentándolo a los ojos-. Por lo que yo sé, tu verdadero oponente está cerca e invisible y ves su sombra en todos los demás.
-Mis enemigos, querido Kai, son Kouta y tú, quienes se esfuerzan demasiado en arruinar mi vida.
-De acuerdo, entonces me declaro orgullosamente como tu sagaz contrincante –comenzó de forma muy elocuente-. Pero lo cierto es que ni Kouta ni yo fuimos los culpables de que Meiling supiera todo, tuviera esas reacciones o que estuviera anoche en el departamento de Sakura.
La confusión volvía a dominarla¿Cómo sabía Kai eso¿Se estaba declarando el enemigo de Syaoran?. ¿Es que Li tenía razón en sus acusaciones?
Nuevas lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas sin siquiera darse cuenta de ello.
El castaño estaba regresando a su oficina como si nada hubiese pasado, mientras el rubio estaba por imitarlo.
-Kai… -murmuró con el poco aire con el que contaba.
-Lo sé, es confuso… pero después hablaremos¿De acuerdo? –le dibujó una de las sonrisas que ella tanto conocía y no pudo más que asentir y regresar a su lugar de trabajo.
A penas resistió las ganas de llamar a Tomoyo en busca de consuelo y tal vez algunas respuestas… pero sabía que para esos momentos, ella debería estar trabajando en Tokio con todo su ser para que todo saliera bien, detalle por detalle. Como era muy característico en ella.
-Señorita Kinomoto, solicitan verla por cuestiones de negocios –sonó una voz del otro lado del intercomunicador.
No tenía ánimos de recibir a nadie, pero mucho menos de enfrascarse a sacar conjeturas que seguramente serían erróneas y lastimarse, de hecho, con sus mismas conclusiones.
-Dile que suba –contestó pensativa.
Su mente aún divagaba en la pelea anterior¿A Kai le gustaba Meiling? Sí, eso era muy probable pero jamás, nunca en la vida él atentaría en contra de nadie para su propio favor, y ella jugaría la vida en eso… y mucho menos si una de sus amigas se ve involucrada¡Ni pensarlo! Había en el medio de eso un gran malentendido gran… pero… ¿Hasta qué punto? Si Syaoran le había reclamado a Meiling de una forma que jamás había ni imaginado, la llevaría al altar, sería suya… y él de ella. Y así debía ser, ella no jugaba esa partida, ella era ajena a esa situación y punto final. Por más que su corazón se contraiga o por más que las lágrimas amenacen con salir, así debían ser las cosas.
Meiling había sido lastimada y traicionada y no podía dejar de otorgarse la responsabilidad es eso¿Quién más sino? Eran ellos los únicos culpables de cada uno de sus errores, ellos y nadie más.
TOC-TOC
-Adelante –resumió dejando de ver al ventanal para girar nuevamente hacia la puerta.
Las bisagras nuevamente dando entrada a un nuevo dolor.
De vuelta el corazón que parecía negarse a latir y la sangre a circular, de nuevo ese vació en el medio del estómago y de nuevo la despiadada sucesión de imágenes plagadas de recuerdos.
-El señor Tarahiwi puede atenderlo, en la oficina contigua –susurró con el hilo de voz que logró pronunciar.
Sus cabellos platinados se movía a su lento compás mientras hacía caso omiso a sus peticiones y cerraba la puerta tras de si.
Sus ojos, tan fríos como el mismo hielo, apuntaban hacia ella sin reparos, enmarcados siempre por una socarrona sonrisa en el rostro. La tranquilidad parecía nunca querer abandonarlo, y se veía mucho más fuerte con ese impecable traje blanco.
Se paró frente a ella como muy seguro y la tomó de la cintura, atrayéndola hacia sí.
-No,mi querida flor de cerezo, esta vez no vine por cuestiones laborales –le susurró al oído como el último soplo que intentaba arrojarla hacia al abismo… logrando a perfección aquel objetivo.
-S-suéltame –logró articular tratando de liberarse de su agarre.
-Por supuesto que no, tú eres mi Sakura –acotó sujetándola aun más fuerte.
-No… no lo soy, por favor vete.
Si, se lo estaba pidiendo… no iba a fingir la fuerza para echarlo a patadas, porque simplemente no la tenía. Ni su mente para concentrarse, ni su corazón para resistirlo.
-No me iré.
-P-pero ¿Qué haces aquí? –atinó a preguntar tratando de encontrar algún por qué.
-Fuiste, eres y serás mía, mi querida flor de cerezo… y te quiero de esa forma de la que nunca te supiste entregar –le dijo acorralándola contra la pared y aprisionando a un costado sus manos con las de él.
-Y-yue…
-Tienes razón, es tuyo el derecho a saberlo. Voy a contarle a historia con lujo de detalles… a mi mujer. Kouta, Meiling, Hitomi y yo somos muy buenos amigos… hace un poco menos de dos semanas, ahí empezó todo… cuando Hitomi necesitaba encontrar un empleo, y fue Kouta quien le ofreció presentarse para el puesto de secretaria. Todo venía bien y ella había quedado en el cargo hasta que cierta castaña se decidió a interponerse, por supuesto que tu nombre no hizo mayor eco por lo que no supe quién eras. Ese mismo fin de semana el adorable prometido de la enamorada de Kouta viajó con esa secretaria a París, dejándola a ella triste y confundida y, claro, a su buen amigo Kouta como consolador. La oportunidad era perfecta para que él pudiera ganar terreno, claro que no contaba con que la hermana menor de los Li oyera su charla manipuladora y se lo comentara a Ieran. Al día siguiente le estaba llegando una carta comunicando sus vacaciones… era lógico, por eso no podían despedirlo y, tras la internación de Hien, no había tiempo de pensar una mejor solución. Hitomi escuchaba claramente los murmullos de los pasillos acerca del romance entre el vicepresidente y su asistente personal e iban directo a los oídos de Kouta, quien seguía obstinado en no comentarle nada a su enamorada. Pero fue hasta una semana después cuando supe de los mismos labios de Meiling que tenía una nueva amiga, la asistente personal de su prometido, la simpáticaKinomoto Sakura. Imaginarás que ese nombre hizo eco en mis oídos y esa noche la pasé con Meiling hablando y alimentando en ella cosas no muy afables de su prometido, ya que en nuestros camino y en el de la muy ilusa aparecía nuestro ex querido amigo Kai, planteándole cosas como "si de verdad lo amas, debes dejarlo ir"… y un montón de otras cursilerías que por poco la avientan a amarlo con más locura y dejarlo ir a los brazos de su amante... algo que a Kouta le costó impedir. Al día siguiente me decidí por volver a verte y fue cuando pude observarte después de tanto tiempo, que supe que tenías que volver a ser mía, Sakura. Mía y sólo mía. Pero qué sorpresa me llevé cuando, al irme del lugar me encontré con una muy interesante escena en el parque Pingüino. Y, bajo la ignorancia de Kouta, quería hacerle saber a Syaoran que alguien los había visto. Por supuesto que Meiling lo supo esa misma noche, cuando fue desconsolada a los brazos de mi amigo tras entender como sincero todo lo que nosotros le decíamos y escuchar mis reveladoras palabras. En cuanto llegó Li ella salió como alma que lleva al diablo y logré interceptarla antes de que llegara donde Kai… Pero de nuevo la influencia del rubio inepto haciendo que ella quisiese dejar bien las cosas contigo y tuve que acceder a acompañarla anoche a tu departamento, donde después de verte así… con esos labios tan hinchados, las ropas desornadas, las mejillas coloradas… supe que también debías entregarte a mi de esa misma manera.
-N-no entiendo como Meiling puede ser tu amiga...
- ¡Ja! no vas a decirme que de verdad piensas que era un ángel cuando estábamos comprometidos y que cambié mi actitud luego de terminar contigo...
Terminó tomando sus labios a la fuerza y sin previo aviso, a pesar de la resistencia que la castaña intentaba poner.
- ¡Aléjate de Sakura en este mismo momento!
La voz de Kai irrumpió en el lugar, abalanzándole sobre Yue y alejándolo de Sakura.
-Cuando hablaba con Meiling y me contaba esas cosas acerca de Syaoran y Sakura supe que no venían de sus propias concluciones, por lo que inmediatamente lo acusé a ese tal Kouta, del que ella también me hablaba. Pero en cuanto di con él paraaclarar un poco las cosas, supe que el amor hacia Meiling era sincero y que su mente también estaba siendo corrompida por otra un poco más sucia. ¿Cómo no logré pensar en vos en ese momento? Hoy, a altas horas de la madruga recibí a Meiling en mi departamento contándome todo lo sucedido y otra vez tuve que hablar con la verdad acerca de ruines manipulaciones… -dirigió su mirada hacia Sakura con algo de culpabilidad impreso en el rostro- Hoy por la mañana ella lo llamó de mi celular, luego de toda una noche ocultándole a un preocupado Li su paradero, por eso Syaoran pensaba que fui el culpable de todo y el que estuvo ayer por la noche en tu casa –se excusó-. Ahora será mejor que te vayas y no vuelvas a molestarla ¿Entendiste?
La joven veía confundida y atemorizada esa situación, ella sujetandose fuerte por la espalda del rubio y derramando algunas gotas saladas y Yue frente a ellos, a un lado de la puerta de roble.
-Por supuesto que me iré, pero Sakura… serás mía. Y eso dalo por seguro –amenazó fríamente.
La muchacha cerró con más fuerza sus manos sobre el saco de su amigo, viendo ambos como el otro joven desaparecía.
-¿N-no vas a ir a buscarlo? –indagó con un hilo de voz.
-Ahora es más importante verte bien y pensar en frío –contestó dándose media vuelta y abrazándola.
-N-no sé cómo voy a agradecerte t-todo lo que haces p-por mi…
-No tienes que hacerlo Sakura, no tienes… -susurró depositando su mentón sobre los cabellos castaños de la esmeralda y acariciándolos tiernamente.
Se abrió un importante silencio entre ellos. Silencio lleno de temores, de incertidumbre, de confusiones y de más silencio.
Un silencio plagado de amores no correspondidos.
Es el capítulo más largo, y tiene un por qué. Estoy poniendo todo de mi para conseguir el tiempo y continuar con esta historia, pero estas semanas me voy de vacaciones. Voy a seguir haciendo todo mi esfuerzo y entre el 23, 24 o a más tardar 25 estará la actualización, en cuanto logre escabullirme a algún ciber.
Aunque eso me cueste mucho estoy dando mi palabra n.n
Espero de corazón que les haya gustado y ahora es cuando las cosas empiezan a desenroscarse y entrar en recta final… algo que me lo complica más, jajaja.
Muchas gracias por apoyarme siempre con sus reviews, y más ahora que de verdad voy a necesitarlos n.n
Nos leemos lo antes posible…
Florencia.
