Me habían secuestrado. no no, no tenía pc. tampoco.
Micabezaestabaseca.
estoy escribiendo otra vez, tengo depresión post loquesea, gracias por reviews e inbox. son lo más.
Ya sé que soy lo peor por tardar dos siglos, pero mi cabeza juega conmigo.
shata
10. thoughts
Solo habían pasado dos fríos y largos días, carentes de alguna mísera pizca de algo…Bueno que la incentivara a levantarse de esa cama. Estaba harta del calor y fatiga que sentía impregnada en todo el cuerpo, harta de las atenciones de Ginny que hasta cierto punto se habían vuelto molestas e intolerables, quería estar sola, en paz con ella misma. Claro estaba que su cerebro no paraba de recibir ideas y flash backs haciéndola retumbar.
Su padre estaba furioso, decepcionado, quizá triste, pensaba todos los días. La última mirada que le había dirigido estaba cargadísima de desprecio. Y le hacía sentir peor el recordar el día anterior por la noche, en la que desesperada, había corrido hasta su casa, para rogarle a su padre que le dirigiese la palabra de nuevo, pero éste solo había lanzado el plato de su cena al piso y había dado dos fuertes puñetazos sobre la mesa, y mientras su madre trataba de frenar aquellos enfurecidos ademanes, el vociferaba horribles frases e insultos…
Olvídate de mí y de mi dinero
Porque por mí
No ves un solo centavo
Ni tu carro
Ni tus estudios
Ni MÍ casa.
El apartamento ahora estaba solo, Ginny había salido a algún lugar que había mencionado pero que su mente no quería recordar por que realmente, no le importaba.
Ahora estaba sentada en la mesa del comedor, viendo su plato de almuerzo, aunque el reloj marcaba las cinco de la tarde, su estómago se sentía incapaz de digerir. Se quedó un rato sin moverse, más que los dedos golpeando la mesa varias veces, haciendo un tic toc tic, tic toc tic, tic toc tic… De pronto, miró el sofá y se encontró con sus libros de estudio. Sintió un nudo en la garganta y un vuelco en el estómago.
Solo le quedaban tres meses pagados en la Academia. Y su padre le había dicho que no pagaría nada más. Qué iba a hacer. Estudiar ahí era todo un privilegio, tenía altos costos, o al menos lo suficientemente altos como para dejar de asistir luego de los tres meses. No podía pagarlo. Ni siquiera trabajaba. Y estaba segura que su madre no la dejaría sola, pero el sueldo solo de su madre no era lo suficiente, además aun tenía aunque fuese poco, pero tenía autoestima y dignidad, y dejar que su madre pagara por sus idioteces, estaba de más solo mencionarlo…
¡Ahora se sentía una estúpida! Odiaba ponerse a analizar. El orden de los factores, no altera el producto, Fuese como fuese, siempre terminaba sintiéndose una maldita e infeliz fracasada; Lo peor era no poder olvidar todo lo que le había gritado a su padre, si era verdad que el jamás la escuchaba, siempre imponía. Imponer era su palabra preferida. Pero ahora entendía. Entendía que sus razones se resumían en el amor que le tenía, a ella y a su madre, y el temor que tenía de que ambas sufrieran.
-'Puedo hacerme cargo de mí misma con mis problemas' pero qué terrible idiota- murmuró apoyando los codos sobre la mesa y llevándose las manos a los ojos. Su voz sonaba un poco ronca, porque era la primera vez que decía más de tres palabras en todo el día- Algo tendré que hacer, ¡Pero no sé qué!- exclamó para sí, echándose a llorar. Quería que su mamá apareciera mágicamente junto a ella, y que le acariciara la cabeza. O bien, su papá. También Sirius. O probablemente Harry. Pero mejor su padre diciéndole que la perdonaba, junto con Sirius. Y Harry, o simplemente Harry. O TODOS JUNTOS, después de todo…El orden de los factores no altera el producto.
¿Estaría realmente sola? Es que de hecho si lo estaba. Porque cualquiera podía decir: ¡Hombre! ¡Esta chica tiene amigos! , tiene a su mamá que jamás la dejaría sola, a su mejor amigo, que daría todo por ayudarla, tiene ese grande y enorme cerebro que le abre las puertas de par en par…Entonces ella podría mandar soberanamente a cagar a todos esos imbéciles que entraran en el grupo ese de"cualquiera".Porque las cosas no eran así, su realidad era esta: ¡Uno no abusa la generosidad de sus amigos!, si claro, por supuesto que tengo a mi madre, a mi madre que está loca y perdidamente enamorada de mi padre, y lo ama muchísimo, y jamás lo dejaría solo para correr e ir a consentir a su, sola, triste, infeliz y errada hija, que por cierto acaba de tener un devastador aborto, si, un aborto, iba a ser madre, iba a tener a un hijo, iba. ¡ah y por cierto! No podemos dejar de mencionar que el padre de eso que IBA a ser, es el padrino de mi mejor amigo, si, mi mejor amigo y ex novio. Claro, y con tooooda esa lista negra (morada, gris, azul, violeta…) iba a correr a suplicarle y a llorarle que por favor sacase unos cuántos galeonsitos de la obscena cuenta bancaria de los Potter, a pesar que se había acostado con lo más cercano y parecido a un padre que éste chico tenía, así podría terminar de estudiar y podría subsistir (y eso, suponiendo que mi existencia podría ser importante y con algún poco de valor para él).
La realidad era que no tenía la cara para pedir ayuda. O para llorar frente a alguien. Era patética. Pero algo tenía que hacer. Es decir…no se podía quedar ahí en la mesa analizando y llorando por el resto de su vida. Y ya que ahora se mencionaba realidades a sí misma, realmente agradecía tener una mesa dentro de un apartamento cálido en donde llorar. Agradecía que ese lugar estuviera completamente pagado, hasta el último centavo.
Se atrevió a quitarse las manos del rostro húmedo, se restregó los ojos, sonó su nariz y se aclaró la garganta.
-Tengo tres meses para conseguir el dinero que pagará mis estudios-se dijo, descubriendo un leve tono enérgico y renovado en su voz.- Podría conseguir un trabajo de medio tiempo y otro de tiempo completo en los fines de semana…-se planteó- Además no tengo que pagar el apartamento porque las cuotas ya están saldadas y es solo mío y de Ginny.- Respiró hondo y trató de calmar esa ansiedad. Eran demasiadas y rápidas ideas, pero oportunas tenía que aceptar, para digerirlas en cuestión de minutos.
Era como una pequeña fuente de tranquilidad y alegría, o bien, un alivio a ese sentimiento de asfixia, pensar que podía de alguna u otra forma, depender simple y sencillamente de ella. Sin sus padres. Era como probarse que podía seguir siendo la misma chica exitosa. Era como una continuación a las aventuras que había dejado olvidadas en Hogwarts, solo que esta vez, no había un Harry o un Ron. O un Ron, un Dumbledore y un Hagrid. O un Harry, un Hagrid, un Ron y un Dumbledore. O todos ellos juntos y revueltos, ya quedó bastante claro que el orden de los factores no altera el producto.
Más allá y más allá en esta historia, cuando los días y hasta semanas habían transcurrido ya desde que Hermione Granger había decidido frenar esa cadena de malas rachas y días de autocompasión, algo por fin había terminado de sellar su optimismo. Esa mañana, por cierto, domingo, fresco y agradable, Hermione Granger había abierto el profeta matutino, y sus ojos se habían desviado entre las páginas con anuncios coloridos, y entre ellos, dichosa fuese, que encontró uno donde solicitaban a una persona joven que tuviera los conocimientos básicos en pociones.
-¡Lee lee!-exclamó la chica castaña, sonriéndole a Ginny mientras le extendía el pedazo de papel sobre la mesa.
Su amiga se palmeó las manos para sacudirse las migas del pan tostado, y así poder tomar el papel que la otra mostraba ansiosamente.
-A ver- murmuró ésta, tomándolo; acto seguido releyó el papel como tres veces, y cuando había terminado de leerlo por última vez, sus labios estaban torcidos formando una sonrisa, y sus ojos estaban vivos y chispeantes.
-¿Y bien?
-¡Como anillo al dedo, amiga!- contestó la pelirroja- ¿Pero y si los horarios interfieren con tus clases? No es que te quiera apagar la ilusión, simplemente hago suposiciones, bien dicen que uno nunca sabe lo que le espera…
Hermione bufó haciendo un gesto de molestia.
-Anda, al menos déjame preguntar ¿no?
-Si si sí, ve. Además yo también quiero ponerme a trabajar, Fred y George me han dicho que si quería podía ir un tiempo a su tienda de bromas, así podría ahorrar y ayudarte-comenzó diciendo con alegría, enseguida la cara de Hermione se tornó severa- ¡No me malentiendas! Lo de ayudarte es solo una idea, también quiero ahorrar para mí. Hay varias cosas que necesito, además podría también ayudarle a mamá, que se yo…
-Bueno, si lo dices así, me parece perfecto.
De repente la charla se tornó más ligera, a veces solo se escuchaba el tintineo de los cubiertos, y los sorbos que le daban al jugo. Unos minutos más tarde, Ginny miró a Hermione de soslayo, como si quisiera preguntar algo pero no se atreviese.
-Oye…-murmuró vacilante. Hermione levantó la vista de El Profeta y la miró. - ¿Has hablado con tu madre?
Hermione frunció un poco los labios, pero contestó con una voz bastante triste.
-Si. Nos hemos visto varias veces después de la Academia, y la última vez me ofreció dinero sabes…Pero no lo acepté-dijo con rotundidad- Sé que viene de mi padre, y no lo quiero. Le agradecí y la abracé, pero le expliqué mis razones, y pareció entenderme…Luego me dijo que estaría mandándonos comida, a pesar que le dije que tu madre viene siempre y nos deja la nevera llena-sonrió, y Ginny también- me pregunto como estaba…y bueno, eso.
Ginny asintió lentamente, y suspiró.
-¿Puedo preguntarte algo más?
Hermione asintió- Puedes.
La hermana de Ron se aclaró la garganta, y se pasó las manos por el cabello rojizo distraídamente, como dándose tiempo para tomar valor y disparar la pregunta.
-Y… ¿Qué me dices de Sirius?
Sintió una leve punzada en el pecho. Tenían semanas de no hablar de él. Ella lo pensaba, lo pensaba bastante, pero estaba acostumbrándose a vivir con lo que él se había convertido en su vida entonces.
-No lo he visto desde aquello…-comentó mirándola un poco implorante. Y Ginny comprendió a qué suceso se refería- A veces cuando me reúno con Harry en las horas libres de la academia, trata de hablarme de él, no sé no sé… yo siempre le cambio de tema, porque no quiero que me mande recados de su parte, es estúpido ¿no crees?- dijo un poco molesta, sin embargo no era un pregunta para ser respondida- si el quisiera saber como estoy realmente, el mismo se hubiera acercado por aquí… Nunca va madurar- se dijo, completamente resignada.
-Pero tú aun lo quieres- la interrumpió su amiga.
-y eso no resuelve nada, Ginebra-sentenció, se levantó y tomó los platos sucios.
No se habló de Sirius el resto del mes. Y ahora el tiempo corría más veloz que nunca para Hermione. Ya solo tenía dos meses. Aunque ya no le preocupaba tanto, había comenzado a trabajar cinco horas por la tarde y a veces hasta en la noche en una tienda nueva escondida entre dos edificios muggles como a cuatro cuadras de la academia. Era bastante pequeña, pero parecía haberse hecho muy famosa entre los magos de Inglaterra. Había días en que los encargos por lechuza de pociones eran exagerados. Había magos que se llevaban cajas repletas de botecitos de todos colores. Celestia, era el nombre de la dueña del local. Era una anciana escocesa de setenta y dos años, con una vista pésima pero un olfato mejor que el de un can. Era muy amable, muy sonriente y habladora. Aunque a veces a Hermione le nacían misteriosas ganas de tomar un pedazo de la cinta adhesiva que usaba para cubrir algunos tarros y pegárselo en la boca; otros días, la tienda estaba bastante sola, y Hermione aprovechaba ese tiempo para ponerse a repasar sus apuntes.
Un día, bastante curioso cabe mencionar, en el que las clases habían sido suspendidas porque alguien había dejado el cuarto frío abierto, y todos los experimentos y trabajos de los alumnos estaban regados y apunto de descomponerse y era necesaria una regeneración de buena parte del lugar, Hermione había llegado mucho más temprano a su trabajo, con el propósito claro está, de poder hacer más horas y así Celestia iba pagarle dinero extra. De pronto, la puerta del lugar se abrió, haciendo sonar la campanita que colgaba por la puerta en función de timbre. Y una imagen la sorprendió.
-Bu…Buenos días- saludó atontada, se paró de la sillita que estaba tras del mostrador- ¿en qué le puedo ayudar…Profesor?
-Señorita Granger- dijo esa voz profunda y misteriosa a la que sus oídos ya estaban acostumbrados pero sin embargo sus sentidos aun no estaban listos para recibirla de golpe – nos encontramos después de tantos años... Y sigue siendo la misma—
-Usted también sigue siendo el mismo-interrumpió la chica, y Severus Snape abrió los ojos un poco con sorpresa- me refiero… a ese encanto peculiar y generoso.
El hombre soltó una risotada feroz. Y a Hermione le dio vuelco el estómago. Ahora estaba en shock, no podía creer que lo había visto reírse de una manera lejos de ser burlona. O al menos no se reía de ella.
-Vaya vaya… Granger.
Hermione lo vio adoptar la misma cara de siempre otra vez. Sin embargo sus ojos negros y vivaces no perdieron ese brillo de entusiasmo que habían adquirido hacía un momento. Acto seguido, el hombre se limitó a tomar dos tarros de una sustancia que la mismísima Celestia acababa de colocar sobre el mostrador, los guardó y salió rápidamente de ahí.
-Increíble. Ni siquiera ha pagado- murmuró sin apartar la vista de la puerta- ¿Ha visto eso?... ¿Sabe quién es ese hombre que entró?
La suave voz de la anciana resonó en sus oídos haciéndola girarse.
-Por supuesto que sé quién es ese hombre jovencita- contestó. Su mirada reflejaba seguridad y perspicacia por un instante. Luego desapareció tras la puerta trasera.
