Mátenme
Perdón por la tardanza... ¡Pero la musa andaba de fiesta y faltó!
Me bloqueé totalmente, y hasta ahora la inspiración llegó y ¡Ta-da!
Ya termina ;_;
Gracias por los reviews ^^ y el apoyo que me han brindado.
Historia hecha sin fines de lucro.
Los personajes no son míos, sino de Rumiko Takahashi.
Nat
Hate or Love
Capitulo 10
A ver, ¿Alguien me quiere explicar qué está pasando? ¿Inuyasha se me acaba de declarar o fue idea mía? Lo único que tengo claro es que tengo sus labios sobre los míos. ¡Me está besando! Pero siempre lo hace para callarme. Lo separé de mí, y lo miré a los ojos, buscando algún deje de duda por sus palabras… Pero no encontré nada ¿En serio me amaba? ¿Era en serio? ¿O me estaban jugando una broma de mal gusto?
– ¿Cómo puedes decir eso?–pronuncié con voz quebrada– ¿Es tanto tu afán por qué sea una más en tu lista?
–No, eso no es lo que…
– ¡Cállate! ¡No quiero escucharte!–grité, con las lágrimas impidiéndome verlo con claridad– ¡Eres un maldito mujeriego!
Me levanté de la camilla un tanto tambaleante, pero no le mostré que estaba mareada. No quería que sintiera lástima por mí. Nunca más me mostraría débil frente a él, jamás le mostraría que me tenía a sus pies como una idiota, que estaba malditamente enamorada de él. Lo olvidaría, ¡Cómo que me llamaba Kagome Higurashi! Jamás demostraría mis sentimientos frente a él, volvería a ser la fría Kagome con tal de olvidarlo.
Salí de la enfermería, y me encontré con la señora Kaede, que me tendió mi mochila. Esbocé una falsa sonrisa mientras la tomaba y me la ponía al hombro. Me despedí de ella y me dirigí a la salida del instituto, me habría quedado de no ser por el estúpido intento de Taisho por… conquistarme y llevarme a la cama. ¡Hasta me dolía pensarlo!
– ¡Espera, Kagome!
Mi corazón se estrujó al escuchar su voz.
– ¿Qué?–respondí de forma grosera.
– ¿Por qué me hablas así? Yo sólo pensé que…
– ¡Tú sólo pensaste que me engatusarías con ese te amo!–exploté– ¡Nunca juegues con los sentimientos de una persona! ¡Si no lo sientes, jamás digas te amo!
– ¡Pero yo lo siento!–insistió.
–Si, sientes el no poder llevarme a tu cama y utilizarme–contradije–Búscate una zorra, yo no hago trabajo sucio.
Seguí mi camino, sintiendo que algo dentro de mí se rompía (otra vez) en mil pedazos al haberle dicho aquello. Pero no me importaba, saldría aún más lastimada si le decía que yo también lo amaba… Para que luego de cumplir su cometido, me dejara y se fuera con otra. Sacudí mi cabeza, tenía que dejar de pensar en esas cosas. Caminé, caminé y caminé sin rumbo alguno, sumida en mis pensamientos y en mis traicionados sentimientos.
Escuché un grito, y luego sentí un golpe y me vi en el suelo junto a una enfadada Sango. ¿Qué acababa de pasar? Mi prima me fulminaba con la mirada, y me di cuenta de que muchas personas se habían apuñado a nuestro alrededor… Y había un auto a mi lado… Esperen, ¿Qué?
– ¿Dónde mierda tienes la cabeza, Kagome?–regañó Sango– ¡Casi te atropellan! ¿Qué hubieras hecho si yo no llego a tiempo?
–Perdona, no me fijé–murmuré.
– ¿Acaso no piensas decir algo coherente?–insistió– ¿Qué te pasa? ¡Contesta!
– ¡Ya déjame sola!–grité– ¡Sólo eso quiero: estar sola!
– ¡Deja de gritar!–exclamó.
Me levanté, bastante enfadada y con las lágrimas que había retenido todo el camino haciendo su propio camino por mis mejillas. No tenía que descargarme en Sango, pero tampoco tenía que regañarme de esa manera. Si tan sólo supiera todo lo que había ocurrido en la enfermería… Escuché sus pasos a mi lado, pero no me digné a verla.
– ¿Qué te sucedió, Kag?
–No es nada importante–murmuré–Tonterías mías, sólo eso.
–Jamás me habías gritado de esa manera–comentó–Sé que algo te sucede, pero no te obligaré a decirme.
–Te diré en casa–dije con resignación–Este no es un buen lugar para hablar de esos temas.
Asintió, mientras pasaba un brazo por mis hombros y me abrazaba. Sango me conocía a la perfección, y sabía que estaba dolida por algo, aunque ella no supiera por qué. Quizá yo lograría olvidarme de InuYasha así como me olvidé de Bankotsu ¿verdad? Sacudí mi cabeza por enésima vez en ese día… ¡Realmente hoy no era mi día de suerte!
Al llegar a casa, mis tíos no estaban, así que fuimos directo a mi habitación. Sango me dijo que mientras yo me quitaba el uniforme, ella me prepararía un té tranquilizante, para bajarme los nervios. Comencé a desvestirme lentamente, con pereza. Me bajé la falda del instituto, y una lágrima se deslizó por mi mejilla al descubrir un moretón en mi muslo, muy cerca de mis bragas. Me quité la camisa, y fue lo mismo: moretones y arañazos cerca de mi busto. No aguanté más, y me derrumbé frente al espejo a llorar. Escuché algo caerse y quebrarse, y luego a Sango a mi lado abrazándome.
–Bankotsu intentó violarme–sollocé–No lo logró porque Taisho llegó a tiempo.
–Ay, Dios–me abrazó más fuerte–Ese maldito solo trae desgracias.
–Y luego, en la enfermería… Taisho se me declaró.
Mi prima me miró arqueando una ceja.
–Lo hizo para engatusarme y-y que dejara que fuera u-una más e-en su lista–hipé.
– ¡Si serás tonta!–gritó Sango– ¡Lo decía en serio, babosa!
–N-no es v-verdad–insistí.
–Kagome, acabas de rechazar indirectamente al hombre de tu vida–reclamó– ¡Búscalo!
–No lo haré–dije, un poco más repuesta–Debe odiarme.
– ¡Eres terca como una mula!–dijo exasperada– ¡Le pidió permiso a Koga hace unas semanas para poder ser tu novio, tonta!
Mi corazón se olvidó de que latir era necesario para vivir, pero luego lo recordó y latió como nunca antes. ¿Él había hecho eso? ¿En serio? ¡Yo era una maldita estúpida! Me levanté de un salto, y me dirigí a la puerta.
–Oye, tonta–llamó Sango riéndose–Sé que a Inuyasha no le molestará si llegas así, pero ¿No prefieres vestirte?
Me sonrojé furiosamente al verme semi desnuda. Corrí al armario y saqué un jeans y la primera blusa que me encontré. Me vestí lo más rápido que pude, me calcé los zapatos y salí corriendo escaleras abajo. ¡Tenía que encontrarlo! No podía perderlo, no ahora. Corrí como alma que lleva el diablo por todas las calles, e incluso casi me atropellan (de nuevo). No lo encontré por ningún lado, y me dijeron que en su casa no estaba… ¿Y ahora?
Mierda, mierda y más mierda.
Estaba en un problema.
Otra vez las lágrimas recorrieron mis mejillas. Me senté en el borde del caño, sin ánimo para regresar a casa. ¿Qué le diría a Sango? "Cuando me dijiste todo y corrí, era demasiado tarde". ¡Excelente! ¡Era una completa idiota, desconfiada y…! ¡Y tonta! Un sollozo escapó de mis labios, y me fue inevitable el perder el habla debido al nudo en mi garganta.
–Tonta, tonta, tonta–repetí con voz quebrada–Soy una tonta.
– ¿Por qué lo dices?
Y el dueño de aquella voz… Era la razón de mis lágrimas.
– ¿Dónde estabas?–pregunté, cuando él se sentó a mi lado.
–Fui a la empresa de mi padre, a avisarle el por qué volví a casa temprano–explicó–Pensé que no querías verme.
Lo miré, con la culpabilidad plasmada en mi rostro. Tomé fuerzas de yo-no-sé-dónde y posé mis labios sobre los suyos. Ya era mi turno de robarle un beso ¿no? Lo sentí reír sobre mis labios, así que me separé y lo miré con el ceño fruncido. ¿Qué mierda era tan gracioso?
– ¿De qué te ríes?
–De las ironías de la vida, cariño.
No pude evitar sonrojarme al escucharlo llamarme así. Lo pronunció con tanta dulzura y tanto amor…
– ¿Qué ironías?
–Que te amo–repitió, me sonrojé más–Y que tú me odias.
–No he dicho que te odie–comenté, dolida.
– ¿Entonces?
Me acerqué a su oído y susurré un te amo, para luego darle un beso. Intenté separarme de él, pero me sujetó de la cintura y me atrajo más hacia él. Solté una risita en sus labios, hasta que nos separamos. Nos miramos unos segundos, y luego nos echamos a reír. Un zapateo nos calló la risa, y al voltear… ¡Era Koga, frunciéndonos el ceño!
–Ko-koga yo…
– ¿Qué haces aquí, sarnoso?
–Cuido a mi hermana y me aseguro de que cumplas con tu palabra–explicó con simplicidad.
Los miré sin entender.
–Tardaste un poco, perro–rió mi hermano–Pensé que Kagome cumpliría los setenta y tú no te le habrías declarado.
– ¡Koga! ¡Espérame!
– ¿Esa es Ayame?–pregunté.
–Eh… sí–aceptó– ¡Nos vemos en la noche, Kagome!
Y salió corriendo.
Ayame pasó a nuestro lado, nos saludó, y siguió correteando a mi hermano. ¿Acaso el mundo se ha vuelto loco? Solté una carcajada al ver la ironía de mis palabras, ¿El mundo? ¿Loco? Creo que la loca soy yo al enamorarme de mi enemigo.
Pero no soy la única loca.
Ya que él me ama a mí.
Fin
