La historia es mía, prohibido su plagio. Ariana Mendoza una vez mas beteo el capitulo, gracias:)

Nueve veces rechazada.

..

Chocando conmigo mismo.

Epov

Como si se tratara de una jodida escena de alguna película dramática de mierda, Jacob Black apareció por los pasillos de la escuela. No tenía que darme la vuelta para comprobar que en realidad se trataba de él. No, sabía que era él su asqueroso olor a perro impregnaba el lugar, y su jodida arrogancia se percibía a metros de distancia. Sin embargo, me giré. James y Emmett se acercaron a mí inmediatamente, y entonces tuve que prepararme mentalmente para una confrontación grupal.

Cerré los puños con fuerza, cabreado. Jacob Black nunca había hecho presencia en la escuela, a menos que, por supuesto, se tratara de un partido escolar. Pero esta vez no se trataba de eso, su presencia se debía a Isabella.

Lo observé caminar con aires de autosuficiencia hacia el casillero de Bella, y como este quedaba al otro lado del pasillo, tuve que caminar detrás de él para no perderlo de vista. James y Emmett me seguían de cerca. Me percaté de que Mike y Tyler ya se habían unido a la multitud de espectadores que se había formado.

Los imbéciles lo sabían, sabían que habría puños y sangre en los corredores si Jacob Black no sacaba su apestoso trasero de la preparatoria Forks.

Isabella, por su parte, estaba ocupada sacando y metiendo libros en su casillero. Estaba tan absorta en sus asuntos que ni siquiera se percato de la presencia del moreno. Ella llevaba su horrible franela de colores de nuevo esa semana. Esta vez escogí el color rojo, porque era el tono en el que veía las cosas en ese momento, y también era el color que quería ver en la jodida cara de Black después de darle cientos de golpes.

Como sea, volví mi mirada hacia ambos y observé cómo el moreno ponía delante de los ojos de la castaña un extraño objeto. La sorpresa se reflejó en la cara de Bella cuando levantó la vista y se dio cuenta de quién se trataba. Ella sonrió de oreja a oreja y entonces Black la estrechó entre sus brazos y luego la hizo girar en el aire. Fue ridículo de ver y, por una extraña razón, sentí celos.

La gente a nuestro alrededor había empezado a murmurar.

—¿Qué hace? —preguntó Emmett.

—¿Se conocen? —prosiguió Mike, bastante sorprendido.

—¿Por qué está ese pendejo aquí? —pregunté yo, con voz contenida.

—Él nunca viene aquí si no hay partido... —Los ojos de James se entrecerraron mientras especulaba—. Es muy extraño.

En realidad no lo era. Ya sabía cuán cercanos, extrañamente, eran Black e Isabella. Me molestaba mucho, me molestaba esa cercanía, porque yo quería poder tener algo así con ella, y Bella no me lo estaba permitiendo.

Jacob volvió a mostrarle el objeto que le había enseñado minutos antes, antes del giro y la otra mierda cursi, y ella, sonriéndole, lo aceptó. No objetó ni negó con la cabeza, no.

Quise acercarme y gritarle. Se suponía que también éramos amigos de mierda, y yo intentaba darle una puta flor y ella quería regresármela en la cara. Con Jacob no hizo lo mismo. A él sí le aceptó de buena manera la jodida mierda que le ofrecía y, con una ridícula y bonita sonrisa —que yo había querido para mí aquella tarde—, le agradeció.

Noté la mano de Emmett sobre mi brazo. No me había dado cuenta cuán fuerte había estado apretando mis puños hasta que sentí mis uñas clavarse en mis palmas.

Estaba cabreado como la puta mierda.

—¡Edward, no vayas a…!

Emmett no pudo terminar la frase cuando yo ya me encontraba caminando, bastante cabreado, hacia donde ellos se encontraban y cerré con brusquedad la puerta del casillero de Isabella. Ella se giró, asustada, y el moreno me miró a través del hombro de mi queridísima compañera.

Sonreí, irónico, no pudiendo ocultar mi enojo.

—Bonita sorpresa tenerte por aquí, Black. ¿Te puedo ayudar en algo?

—De hecho —comenzó él, bastante relajado—, Isabella me está ayudando, gracias.

—Me gustaría ayudar también, si no les molesta. De hecho, si estás buscando la salida, está justo por allá. —Señalé hasta la puerta que daba a los aparcamientos, justo por donde había entrado.

El moreno me sonrió, cínico.

—Gracias por ser de tanta ayuda, Edward, en serio, pero no la necesito. Si busco la salida, Bella me la mostrará.

—Quizá también te pueda mostrar cómo te pateo el culo —murmuré, apretando los dientes, tratando de controlar mis ganas de darle un puñetazo.

—¡Edward! —me regañó Isabella—. No tienes que ser tan grosero con Jake.

La miré, estupefacto.

¿QUÉ?

—¿Jake? ¡¿Jake?! ¿Desde cuándo le dices Jake?!

No pude ocultar mi enojo, sarcasmo y, por supuesto, mi desagrado hacia el patético sobrenombre. ¿Jake? ¿Acaso eran amigos de toda la vida?

—No lo sé. —Ella desvío su mirada, un poco apenada, al tiempo que mordía su labio y empezaba a jugar con su cabello—. Desde hoy, supongo.

La agarré del brazo y la jalé más hacia mí, para al menos tener un poco de privacidad con ella. Vi a Jacob fruncir el ceño mientras me la llevaba a una esquina.

—¿Te gusta? —susurré, acercándome para que solo ella pudiera escuchar.

—¿Por qué dices eso? —preguntó, confundida.

—Le dices Jake.

—¡Es mi amigo! —chilló.

—¿Y yo no lo soy?

—¿Quieres que te diga Ed? ¿O Eddy es mejor?

Vacilé por un momento. Ella tenía razón, sonaba como la mierda.

—No, supongo que no —confesé.

Ella sonrió.

—Eso pensé. Además, ¡tú me llamas por mi nombre todo el tiempo!, y somos amigos.

Le sonreí también. Era cierto.

—Quizá llamarnos por nuestros nombres es nuestro asunto —le dije, tratando de sonar amable, ahora.

Bella se mordió el labio, al tiempo que negaba con la cabeza.

—Llamarse por los nombres es asunto de todo el mundo, Edward. —Suspiró, para luego, con suma delicadeza, poner su mano sobre la mía. Era cálida y bonita—. Ahora, ¿te gustaría soltarme el brazo, por favor? Me lastimas.

Lo hice de inmediato.

—¿Y qué hace aquí, Jake?

Rodó los ojos. Yo enarqué una ceja, esperando la respuesta.

—Umm —Vaciló por un momento, al parecer buscando las palabras adecuadas—. Vino a darme un regalo, creo.

Fruncí el ceño.

—De modo que a él sí le aceptas las cosas…

—Es diferente. Él solo nos está agradeciendo por escoger a su tribu para nuestro proyecto. Supongo que el regalo es para los dos; podemos compartirlo.

—Deberíamos dárselo al maestro, él fue quien nos obligó a hacer esto. Además, quién dice que lo que sea que te haya dado no está maldito.

—No está maldito, Edward, deja de pensar lo peor sobre Jacob.

Ahora fui yo quien rodó los ojos. Como sea…

—¿Y qué es?

Ella bajó su vista hacia el objeto.

—Él dice que es un atrapasueños. Sirve para atrapar…

—Pesadillas, lo sé… Es basura.

Su entusiasmo de inmediato se apago.

—¿Has tenido uno antes?

No, nunca había tenido uno antes, pero era la jodida moda de ahora; todas las chicas tenían una estúpida cosa de esas y algunas hasta se tatuaban el ridículo objeto en la piel. Me pareció haberle visto uno de esos a Tanya alguna vez.

El timbre de inicio de clases sonó.

Me encogí de hombros otra vez y le tendí mi brazo. Ella lo miró, sin entender.

—¿Te acompaño a clase? —Cambié de tema rápidamente.

Sorprendida, ella miró hacia todos lados para comprobar que la gente no nos estaba viendo.

—¿Quieres acompañarme a clases?

—Solo si tú quieres…

Ella trató de ocultar una sonrisa, pero, evidentemente, no funcionó. Yo tampoco pude evitar sonreír con ella.

—Tengo que despedirme de Jake…

—Hazlo rápido.

Me recosté sobre uno de los casilleros mientras veía cómo Isabella se despedía de Black; el fruncía el ceño mientras ella, al parecer, intentaba explicarle algo. Black volteó a verme un par de veces por encima de su hombro, y yo no me privé de sonreírle, victorioso. Él asintió con la cabeza unos minutos después, luego Bella se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla, y al parecer el idiota aprovechó ese momento para decirle algo cursi al oído porque, cuando Isabella se giró, estaba tan roja como un tomate. Miré al moreno antes de que se marchara, entrecerrando mis ojos en modo de amenaza; y esta vez fue su turno de sonreír victorioso.

Traté de ignorarlo.

—¿Qué clase tienes ahora? —le pregunté a Isabella, tratando de moderar mi voz y ser amable.

—Biología.

—Bien —asentí, a la vez que, de modo caballeroso, tomaba su bolso y caminaba junto a ella hasta su salón de Biología.

Emmett me levantó los dos pulgares, y James me hizo la muy comúnmente conocida seña obscena. Mike me rodó los ojos y Tyler, bueno, él no era muy relevante en el grupo. Mentalmente me pregunté si quizás él estaba planeando algo más inteligente de lo que nosotros pensábamos sería capaz. Quizá lo estábamos subestimando.

Miré a Isabella.

—¿Has hablado con Tyler alguna vez?

Ella se mostró confundida.

—Me acompañó una vez a clase y me regaló una manzana el otro día.

Asentí.

—¿Y con James?

Encogió los hombros.

—Solo la vez de la nota...

—¿Y con Mike? ¿Son muy amigos? —Quise saber.

—Es amable —dijo dulcemente—. Creo que le agrado…

Cerré mis puños.

—¿Te agrada a ti?

Ella me sonrió.

—Es mi amigo, Edward, como tú.

—¿Te agrado yo?

Ella no respondió la pregunta, y no era como si yo no supiera la respuesta. Bella se detuvo cuando llegamos al salón, y entonces suspiró. ero no había sido ese el motivo de su suspiro lamentoso… Yo también observé a Tanya —con su falda corta— venir hacia mí con aire prepotente.

Miré rápidamente a Isabella.

—Está lloviendo hoy… ¿Me dejas llevarte a casa?

—Ummm. —Vaciló, nerviosa—. Me temo que en tu auto solo hay sitio para una chica. —Con su mentón señaló a Tanya, que ahora estaba más cerca y fruncía el ceño, bastante enojada… o celosa—. Te veo en el almuerzo.

—Por qué no mejor me siento contigo a la hora del almuerzo.

Hizo una mueca, mirando una vez más a Tanya.

—Solo si quieres.

Asentí, diciéndole adiós, y ella también se despidió. Cerró la puerta del aula segundos después.

Tanya me tomó del brazo justo antes de girar sobre mis talones para caminar hacia mi clase.

—¿Hablabas con Isabella? —demandó rápidamente, sonando demasiado a la defensiva. Evidentemente estaba en su modo más celoso.

—Era bastante obvio, ¿no?

Ella entornó los ojos, retándome

—¿Armarás una escena ahora por eso?

Tanya dejó escapar una exhalación.

—¿Y puedo saber por qué hablabas con ella?

Levanté mis hombros, restándole importancia.

—Es mi asunto.

Me di la vuelta para dirigirme a mi clase, pero solo pude dar dos pasos antes de que una vez más me agarrara por la camiseta.

—Edward, eres mi novio, no olvides eso.

Bufé y volteé para encararla.

—No haces más que recordármelo todo el tiempo, Tanya. Lo sé.

—¡Entonces compórtate como tal!

—¿No me estoy comportando como tu novio?

—No desde que acompañas a otras chicas a sus clases.

Fruncí el ceño.

—¿Cuáles otras chicas, Tanya? Es tu prima, ¿lo olvidaste ya?

Noté cómo apretaba su mandíbula, haciendo una pausa que, me pareció, era un débil intento por mantener la cordura.

—NO LO OLVIDES TÚ —me escupió las palabras con amargura. Me tambaleé hacia atrás.

Era cierto, maldición, era la prima de Tanya. Ligarme a Isabella y luego pretender dejarla así sin más, iba a estar muy complicado, sobre todo si ella terminaba desarrollando sentimientos hacia mí. No solo jugaría con su corazón, sino también con su familia.

Decidí simplemente dejarlo pasar. Suspiré derrotado, y volví a darme la vuelta para llegar a clase.

—¡No podemos tenernos secretos, Edward! —me reclamó Tanya, con voz contenida.

—No te oculto nada —le mentí, al tiempo que alzaba mi vista y la miraba directo a los ojos—. ¿Por qué piensas eso?

—¿Te suena Historia?

—Pensé que ya lo sabias.

El turno de bufar fue para ella.

—¡Claro que lo sabía! Solo estaba esperando que tú me lo dijeras. Nunca pasó.

Bajé la cabeza.

—Pensé que era lo mejor.

Estuvimos callados por unos segundos. Ella volvió a suspirar y se acercó a mí a paso lento, frunciendo el ceño, preocupada. Sentí su mano sobre mi mejilla, y observé cómo ladeaba su cabeza; todo su platinado y ondulado cabello se hizo a un lado. Miré a sus ojos azules, los vi arder, y me di cuenta de que si no sabía manejar bien mis cartas, Tanya resultaría siendo una piedra en mi zapato.

—No hemos tenido sexo en semanas. No quiero perderte, Edward. —Su tonó pretendía ser dulce, pero en vez de eso, sonó suplicante.

—Tengo clase ahora, Tanya.

En realidad, me daba mucha flojera tener una conversación como aquella en pleno pasillo del colegio, o en cualquier parte, para ser sincero.

—¿Ella te gusta? —murmuró, cuando al menos había alcanzado a tomar una distancia prudente.

—No —le aseguré, por encima del hombro.

Ella guardó silencio, y yo cerré mis manos en puños, esperando.

—¿Son amigos?

La pregunta me tomó por sorpresa y, sin querelo, me tensé. ¿Qué si éramos amigos? Probablemente en un principio, acercarme a ella y tratar de ser su amigo solo era algo que me daría ventaja para ganar la apuesta. Ahora, seguía queriendo coger con Isabella, obviamente, pero, por dentro, quizá de verdad sí me interesaba ser su amigo.

—No —mentí otra vez, solo para dejarla tranquila—. Es solo un proyecto, Tanya.

Entonces tuve una imagen mental de una Isabella muy triste al haber escuchado mi respuesta. Una extraña punzada en el estómago me hizo jadear .

—Sé lo que pretendes, Edward; a mí no puedes engañarme. —Amenazó, con su voz seductora y su mirada suspicaz. Tragué con dificultad y traté de mantener la calma lo más que pude, a pesar de que mi presión arterial había aumentado a un cien sobre cien.

—¿De qué hablas?

Tanya me sonrió.

—Oh, no es nada. Solo que tú bien sabes que me gusta cuidar lo que es mío. —Se levantó de puntillas y me dio un beso en la mejilla.

Un beso que quemó en mi piel.

—¿Me amas?

Eché mi cabeza hacia atrás, y mentalmente también rodé los ojos a pesar de seguir muy confundido.

—Sabes que sí —mentí una vez más, fastidiado.

—Bien. Demuéstralo entonces —sentenció, dándome esa mirada prepotente muy típica de ella.

—Si quieres tener sexo ahora, la respuesta es…

Ella me cortó, aún sonriendo.

—Ahora no, por supuesto. Después de clases, o durante el almuerzo.

—Tengo otros compromisos.

Tanya dejó escapar un bufido, a la vez que ladeaba su cabeza, indignada, y daba un paso hacia atrás.

—¿Cuándo se termina ese estúpido proyecto?

—Mañana —le aseguré. Había escuchado que el maestro ya estaba bastante recuperado.

—Luego tienes que dejar de hablarle —me amenazó, apuntándome con el dedo índice.

Le fruncí el ceño, molesto.

—¿Y qué pasa si no?

Ladeó una sonrisa cínica, y miró la hora en su reloj de muñeca.

—¡Vaya, mira la hora! Será mejor que vayamos a clase.

Ella pasó por mi lado, ignorándome.

—¿¡Qué pasa si no!? —volví a preguntar, alzando la voz.

La rubia me miró por encima del hombro, aún con aquella sonrisa.

—Entonces me conocerás realmente enojada… —contestó simplemente, pero sonando realmente siniestra a la vez.

La observé caminar, arrastrando los pies y moviendo sus caderas; sus cabellos dorados se agitaban grácilmente sobre su espalda. Miré sus largas piernas y noté cuán corta era en realidad su falda. Si en realidad la amara, sentiría celos por eso, creo. O sea, que otro chico observara su culo de igual forma como lo hacía yo ahora.

Nunca había sentido celos por eso.

Nunca la había amado realmente.

Observé la hora en mi reloj y me dirigí rápidamente a clases. El maestro de Literatura no notó ni siquiera que había llegado casi quince minutos después de lo debido.

A la hora del almuerzo encontré a Isabella hablando con Rosalie y Alice. Se le notaba incómoda. Ella asentía con la cabeza a cualquier cosa que Rosalie parecía estar diciéndole. Tomé asiento al lado de Emmett, que ahora se encontraba solo.

—¿Qué está haciendo tu novia con Isabella?

—Fueron a darle consejos de moda, o eso fue lo que dijo Alice. —Mi amigo se metió un pedazo de pollo en la boca, y ni siquiera esperó a tragarlo antes de preguntarme sobre lo único que a él parecía interesarle—: ¿Ya te metiste en sus pantalones?

Lo asesiné con la mirada.

—¿Tú qué crees? —No pude evitar ser sarcástico.

—Tienes hasta el invierno.

—Apenas estamos en septiembre, acaba de empezar el otoño.

—Lo sé. —Se encogió—. Solo te lo recuerdo por tu bien.

Asentí, preocupado, observando una vez más a Isabella, y viendo cómo, esta vez, era ella quien mantenía la conversación con Alice y Rosalie.

—¿Debería preocuparme? —Señalé hacia la mesa del fondo, y Emmett de inmediato supo a lo que en realidad me estaba refiriendo.

Suspiró antes de hablar.

—Isabella no le da ni la hora a Tyler, y al parecer desprecia a James. No lo sé, el tipo está a punto de asesinar a alguien por eso. ¿Has hecho tú al menos un movimiento?

—La besé —le solté, bajando la mirada hacia mi almuerzo, tratando de no ruborizarme.

¿Por qué me avergonzaba? Emm era mi amigo de toda la vida, y yo no era una estúpida nenita cursi.

Mi amigo me miró con una gran sonrisa y los ojos bien abiertos, y se acercó más a mí para preguntar:

—¿Cuándo pasó?

Su voz sonó ligeramente emocionada, y pude notar cómo trataba de chupar sus mejillas para no soltar una carcajada. Apreté mi quijada ante eso, tratando de controlar mi repentino enfado.

—Hace unos días. Me dijo que solo quería ser mi amiga.

—Eso suena como la mierda. —Emm se echó hacia atrás en la silla, dejando caer sus brazos hacia ambos lados, decepcionado.

—¡Lo es! No creo que sea del tipo de chicas que se acuestan con sus amigos…

—Quizá sea más de lo que tú creas. ¿No la hace eso interesante? Al menos te gusta, ¿no?

Levanté los hombros, y volví a observarla.

—No lo sé.

Emmett también volteó a verla.

—Quizá está siendo selectiva.

—Quizá es lesbiana.

—Se sonroja cada vez que te acercas —arguyó el rubio—, es obvio que le atraes, y que también le atrae Jacob Black. ¿Qué mierda con ese tipo?

—¡Imposible! —protesté, luchando contra la infinidad de imágenes que mi cerebro procesaba de Isabella con Black.

Emmett quiso saber cómo era que Isabella parecía conocer tan íntimamente al moreno, y se lo tuve que explicar de una manera corta: el proyecto de Historia.

Él no hizo muchas preguntas al respecto, y yo solo le dije lo necesario.

Di una rápida mirada por última vez a Isabella, que ahora parecía escuchar atentamente lo que Rosalie le estaba diciendo. Alice tenía el ceño fruncido y sus manos estaban sobre su mentón; no podía ver a la rubia, pero, a juzgar por la expresión de sus acompañantes, Rosalie no parecía estar siendo amable.

Pude ver la espalda de Isabella subir y bajar con rapidez debido a su respiración. Ella estaba… asustada. Mierda. De inmediato me notó observándola, y su rostro pareció decírmelo todo. Pue ver sus ojos brillar y su boca balbucear. Dejó caer su cabeza segundos después.

No supe por qué, pero en ese momento me odié a mí mismo y eso no parecía estar muy bien en ningún sentido.

—¿Le has dicho algo a Rosalie? —pregunté a mi amigo, sin dejar de ver a la castaña.

Distraídamente, Emmett negó.

—No.

Asentí.

Al menos me reconfortaba pensar que aquello no era por mi culpa.

Vi a Bella derramar una lágrima, y cómo con brusquedad la limpiaba con el reverso de su franela de colores.

Pensé en James y en su constante asecho, y en la reciente amenaza de Tanya. También pensé en Black, quien nunca lograría caerme bien, y me di cuenta de que todos ellos podrían lastimarla de la misma forma en que Rosalie parecía estar haciéndolo.

Y entonces comprendí que yo también podría llegar a lastimarla, por supuesto. Isabella era tan frágil que, egoístamente, solo quería ser yo quien le rompiera el corazón.


Gracias a los nuevitos y viejitos, a los que dejaron un comentario, se subscribieron o/y le dieron favoritos

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No tengo mucho que decir no mas que gracias por llegar hasta aca abajo... Las invito a dejarme un comentario.

Solo les quiero recordar tambien que mi twitter es (Arroba)Lanadelpan, por si les interesa. Y que fue la hermosa Ariana Mendoza quien tomo un monton de su preciado tiempo para leer este capitulo y betearlo. Gracias:)

Espero leerlas prontito:))

22/04/14