Capítulo 10 : INVESTIGANDO Y ARRIESGANDO…

Lola lo observó de reojo. Le parecía tan juicioso y amable con todo el mundo. Esperaba que fuera bien recompensado por el nuevo Rey. Éste último acababa de llegar y comenzaba a supervisar todo. El señor Cyan iba de un lado a otro mostrándolo todo y anotando cada detalle. Era un excelente administrador. Sólo, cuando dejaba de moverse, parecía suspirar y ponerse triste…

Había escuchado de las doncellas que su esposa e hijo habían muerto en el último ataque al castillo. Aquél monstruo cruel e inhumano había envenado a todo el mundo. El pobre hombre se había salvado porque nunca se daba un respiro ni para beber un sorbo de agua. Decidió que le invitaría a tomar algo de té para hablar de los niños, claro, cuando lo viera desocupado…

Ya dos soldados la habían invitado a salir, pero ella, imponiendo cierto respeto desde su anteojos de lectura, había declinado las invitaciones cortésmente, aludiendo a su exceso de trabajo. La verdad, sólo le daba miedo empezar de nuevo. Enamorarse de otro soldado, cuya vida débil y efímera pudiese ser segada como trigo en sazón… Quería alguien más fuerte. Que la hiciese sentir protegida, un sobreviviente que no se marchara y la dejara de nuevo destrozada y vacía.

Cuanto bien le habían hecho las cartas del desconocido. Por las noches, antes de dormir, estando en su cuarto, jugaba a imaginarse como sería él. Ahora que conocía al Señor Cyan, a veces en forma inconsciente, pensaba que él hablaba de forma parecida al tono de las misivas; pero claro, un Señor como él, no tendría tiempo en su apretada agenda para escribir cartas a una jovencita idiota de corazón romántico.

Se acercó.

-Señor Cyan…

El hombre de coleta y bigotes se volvió despacio, ella pudo ver que sus mejillas algo huesudas estaban sonrosadas. Carraspeó con embarazo.

-¿Puedo hacer algo por Ud. Señorita?

-Bueno… me gustaría que conversáramos sobre los niños que trajo a mi salón, ¿sería inoportuno si le pido que tome el té conmigo en la tarde?

El samurái abrió mucho los ojos.

-P…pu- pues claro, señorita Lola, me haré el tiempo de ir a conversar con Ud. Agregó haciendo una reverencia antes de marchar a sus asuntos, ya que volvía a ser requerido por el Rey Gregoriv.

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Ya se encontraban en su destino. Las torres metálicas que aún quedaban remanentes del otrora imponente Castillo de Véctor, brillaban furiosamente al sol. La mayoría del metal se había fundido para cosas más útiles y necesarias, como herramientas de labranza. Un nuevo palacio de gobierno, más pequeño y de ladrillos y piedra, estaba aún en proceso de Construcción.

-¡Nuevo Véctor! Dijo la guerrera abarcando el paisaje con su brazo.

Locke rió por lo bajo, había estado aquí varias veces espiándola, pero prefería que le cortaran un dedo de su mano hábil que comentárselo.

-¡Vaya, han hecho grandes avances! Una miríada de casitas de aldeanos circundaban el centro del poblado. Se veía gran actividad de comerciantes, carros arrastrados por chocobos con verduras, odres de agua y leche, ganado…

-Espero que ahora entiendas en qué he estado ocupada, le guiñó. Los espers habían quemado la mayoría de las casas y mucha gente había escapado a las montañas. Tuvimos que convencerlos de que ya no había peligro y que el Imperio había sido derrocado.

-¡Señorita Celes, ha vuelto! Dos niños se abrazaron a las piernas de la muchacha, mientras ella les revolvía el cabello con ternura.

Locke paladeó la imagen. ¿Cómo se vería ella con sus hijos? Luego sacudió la cabeza. Sólo son ensoñaciones tuyas, no te entusiasmes, se dijo.

Marcharon hacia el edificio principal que aún estaba en pie.

-Fue providencial que no se demoliera aún esta parte, así se habrían destruido todas las pistas.

- Bueno, en realidad yo di la orden de no innovar, se rumorea que en las habitaciones de Kefka y Gesthal podrían haber pasadizos secretos y trampas, no quería que algún aldeano saliera lastimado, agregó ella con preocupación.

-Para eso estamos nosotros, ¿no?

-No te quejes, regañón… ¿acaso no nos debemos a la causa?

-Cierto, cierto… pero ahora ya no somos rebeldes, ¿no? Si no hay nada de qué rebelarnos…

La chica lo miró sorprendida. Había algo de verdad en las palabras del hombre que amaba. Una parte de ella quería seguir luchando eternamente… pero otra… otra le reclamaba paz, esparcimiento, establecerse… una vida a al que temía, por desconocerla totalmente.

Entraron en el cuarto de Kefka. Libreros. "El arte de la guerra" "Lucha de Clases" Mucha literatura política se dedicaba a juntar polvo en amplias estanterías de caoba, dejando sólo un espacio minúsculo para un catre modesto.

-¡Este hombre habría sido un genio de no volverse loco! Comentó el cazatesoros muy a su pesar.

El pensamiento que sólo había leído una mala docena de libros y algunos folletines subidos de tono en su vida, lo hizo enrojecer. ¿Qué podía hacer? Había vivido al aire libre, entre árboles, arroyos, cuevas y subterráneos misteriosos toda su existencia, yendo y viniendo como un ave migratoria.

-Yo tampoco he leído tanto, musitó Celes, hojeando algunos volúmenes, el poco tiempo libre que me daba el entrenamiento… ¡Ah! Soltó el libro ricamente encuadernado que había en su mano, como si la hubiera mordido.

Locke lo examinó sin tocarlo:

"HISTORIA DE LA TORTURA EN FANTASíA" Muchas ilustraciones mórbidas y sanguinolentas explicaban diversos métodos para hacer más larga y dolorosa la agonía de sus semejantes.

-¡Veneno! Exclamó, mientras con un brazo sostenía la cintura de Celes, con el otro trasteaba al fondo de su bolso y sacaba un frasco de ANTÍDOTO. Quitó e corcho con la boca, y luego lo posó en los labios de la desmayada guerrera.

-Lo siento, dijo ésta - no pensé… ¡Sigamos!

Siguieron examinando todo, con más cuidado esta vez. En un escondrijo brillaba algo que parecía una piedra preciosa. Locke intentó desencajarla con su cuchillo.

-¡No! Alcanzó a exhalar la bruja de hielo.

Una trampilla se abrió bajo sus pies, mientras en el fondo brillaba un líquido incandescente.

-¡Idiota! Le dijo Celes, al verlo colgando sobre el abismo, con el brazo cogido en un delgado cepo corredizo.

-Esta vez es culpa mía, rio el cazatesoros, el instinto fue más fuerte…

-Dame tu cuchilllo. Esta cuerda… no es una cuerda común. ¡Está hechizada! Se maravilló. Se va hundiendo en la carne milímetro a milímetro hasta que te corta la mano para que caigas en la lava. Con un gesto de impaciencia, congeló el lazo y luego lo quebró con un golpe seco.

-Gracias… no me hubiera gustado andar por la vida con un gancho… Aunque me daría cierta actitud, dijo el chico poniéndose en pose, ¿Parecería un cazatesoros experimentado?

-Tal vez un tonto descuidado, rió la ex General, que metió la mano donde no debía.

Locke enrojeció. Las últimas palabras habían cruzado su cerebro como una flecha. Se acercó y acarició las rubias guedejas de su acompañante.

-¿Y dónde se supone que no debo meter mis manos?

La chica sintió el calor invadir su fría efigie como una ráfaga de fuego. Carraspeó.

-¡Concéntrate! ¡Recuerda a lo que vinimos!

Detrás de un librero encontraron un pasadizo tapiado con gruesas rocas.

-¡Elemental!

-¿Quieres decir que era algo obvio?

-¡No! Que con poderes de Espers elementales, él no tenía problemas para quitar esta mole de rocas con facilidad dijo frustrada la guerrera. Nosotros tendremos que hacerlo a mano… A no ser…

Celes cerró los ojos y elevó una plegaria a GOLEM. A pesar de que los ESPERS ya no habitaban este mundo, aún podían de vez en cuando solicitar los remanentes de su poder, más si era para vengar el daño hecho a ellos y a los seres humanos. Parte de la pared de rocas cedió, impulsada por manos invisibles. Luego, Ella y su compañero se dedicaron con ahínco a quitar el resto de las piedras.

Un oscuro corredor se extendía por debajo de las dependencias del castillo. Cogieron sendas antorchas y, vivo el ojo, fueron recorriendo sus lóbregas entrañas.

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Se dio valor. La timidez debía ser derrotada. No en vano había comprado esa revista de mala nota para ver y comprender el desparpajo de las jovencitas modernas, que osaban a veces mostrar más que el tobillo. Con mano temblorosa, golpeó.

La señorita Lola abrió la puerta. Le había cambiado el vestido y arreglado su cabello con más arte.

-Gracias por venir - le saludó con una sonrisa. Dentro le esperaba, en el modesto recibidor de la maestra, una mesa redonda, con un jarrón, y el servicio dispuesto para tomar el té. El protagonista de la estancia, era, a todas luces, un enorme librero lleno hasta los topes, emparejado con un cómodo sillón y una mesilla coronado con una lámpara.

-Hace un rato fui al bosque… y… bueno… pensé que le gustarían, dijo poniendo unas flores en la mano de la chica.

-¡Son hermosas! Lola las acomodó, llenado con agua el jarrón y decorando la mesa con ellas –Siéntese por favor.

Una vez hubieron comenzado el té, lo bocadillos y algunos pasteles que había comprado de su propio sueldo, ella decidió que era hora de hablar.

-Y bien, Sr. Cyan, ahora no tendrá más remedio que contarme de dónde ha sacado estos chicos. Se acomodó los lentes sobre la nariz y continuó:

La muchacha, está bastante mimada. De Arte y dibujo está sobre desarrollada, pero cuando le hablan de cualquier otra materia se enfurruña y protesta. Hay que hacerle ver que alguien educado deber saber de todo.

El chico…. Vaya con el chico… ¡No sabe casi nada! Dice que odia los libros, se columpia en las estanterías gruñendo y aullando y cuando le pregunté si había tenido algún maestro, se le iluminó la cara y me mostró cuánto había aprendido de Artes Marciales. "Sabin enseñarme" dijo muy contento. La expresión de su rostro "exigía" una explicación.

Cyan estaba como un tomate. Tosió, carraspeó, bajó la vista… era una situación ridícula y embarazosa, pero no podía huir de esos ojos curiosos que parecían querer indagar hasta por debajo de su piel. Finalmente decidió sincerarse. Le contó con pelos y señales cómo había conocido a los niños, y las grandes aventuras que corrieron juntos. Tenía una audiencia interesa y cautiva. Al concluir, la joven tenía los ojos brillantes. Había llorado y reído en medio del emocionante relato.

-Es Ud. un gran narrador cuando entra en confianza- señaló Lola detrás de sus gafas de lectura – Me pregunto también su será bueno para escribir cartas…

-¿Yo, Señorita? Bueno… no lo sé, como ve, soy un hombre de armas, dijo poniéndose de pie y admirando la estantería, aunque debo decirle que tengo un gran aprecio por la Literatura.

Ella se levantó también, dando por terminada la entrevista y acompañándolo hacia la puerta.

-No me malinterprete… Es sólo que, siento una gran debilidad por las misivas escritas, aseveró mirándolo intensamente, y antes solía recibirlas casi a diario.

-Bueno… Tal vez yo no sea un buen escritor de cartas, pero si lo desea, podríamos dar un paseo en mis ratos libres para conversar, de los niños, claro está, se apresuró en aclarar Cyan.

-Le agradezco doblemente, sonrió ella con un leve sonrojo, ya que conozco lo escasos que son sus ratos libres.

-Ya ve, un Castillo no se lleva sólo, bueno, ha sido un gusto Señorita, debo ir a supervisar el Cambio de Guardia en el Puente.

Lola lo contempló hasta que su sombra desapareció en un recodo del pasillo. No era precisamente un jovencito apuesto. Pero era un sobreviviente, un guerrero valiente, curtido, firme como una roca y extremadamente educado. ¡No está mal! Se confesó a sí misma con un pequeño suspiro.

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Unos cuantos metros más allá Gau y Relm jugaban a pillarse en el jardín, con chicos del Castillo. Después de un comienzo tímido, habían terminado por hacer buenas migas, los niños admiraban la agilidad del Chico salvaje, y las chicas la habilidad de Relm, que les había regalado dibujos de flores, hadas y princesas, maravillándose cuando les relató que conocía a la Princesa de verdad y que esta prefería ir por ahí vestida de ninja.

De pronto tuvo presentimiento. Un sonido ligero, como el roce de una tela la hizo levantar la vista y mirar con curiosidad hacia los árboles.

-¿Pasa algo? Le preguntó una niñita muy pequeña que estaba a su lado.

Relm desestimó su preocupación con un ligero movimiento de la mano.

-Nada, cosas mías. Cogió la manita del a niña y volvieron a corretear buscando un escondite.

Entre las sombras del boque reinante…

Su respiración se había acelerado hace unos momentos, y ahora volvía a su cauce.

¡Eres un idiota! Se dijo. Ella casi lo habías visto. Era obvio que había heredado sus instintos. A ratos podía ser muy cargante, pero estaba claro que sus sentidos estaban afinados como un violín. A pesar de estarse recriminando, en primer lugar por haberla seguido hasta acá, y en segundo lugar, por haber estado a punto de ser descubierto, no podía evitar sentir un ramalazo de orgullo.

Ella era lo mejor que había sucedido en su vida, y con todo, nunca podría decírselo. Estaba destinado a vagar por los caminos, a la soledad, a tener por toda compañía femenina la luz de la luna, amiga insomne y misericordiosa que lo veía todo pero no decía nada.

Por eso es que había preferido estar lejos. Para evitarle todos los problemas anexos que solía causar a sus seres queridos… Y para no extrañarla. Mientras menso te involucres, mejor, era la regla de oro. Pero la había roto, y ya no había vuelta atrás. Pensó marcharse lejos, más el lazo invisible e irrompible que los unía había sido más fuerte…

Incluso su compañero la presentía desde kilómetros, por eso había tenido que engañarlo y dejarlo amarrado en una cueva. Sabía que su irrefrenable alegría lo habría traicionado…

Se alejó, confundiéndose entre la fresca penumbra del arbolado. Cazaría un conejo para llevárselo a modo de desagravio, se dijo, mientras, sin darse cuenta silbaba entre dientes la pegajosa tonadilla del Pub de Véctor.

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De nuevo se encontraba colgando. ¿Sería su destino ser una piñata? Se preguntó mientras recuperaba la conciencia. No podía recordar bien, si él o Celes, uno de los dos, había pisado una loseta amarilla… El piso había cedido, y de milagro habían logrado enganchar una cuerda en un saliente, pero de todas formas no habían podido evitar golpearse contra las paredes. Ahora estaban suspendidos sobre una piscina de piedra atiborrada de monstruos alacranes, que producían un atemorizante y continuo ruido de siseo y de rasquido con sus colas rebosantes de corrosivo veneno verdoso. Blancas calaveras asomaban de vez en cuando en medio del hervidero de criaturas.

-¿Celes? ¿María?... ¿preciosa? ¿nena?

Celes reaccionó por fin. Se había enrollado en el otro extremo y ahora se mecían como péndulos de reloj sobre el abismo.

-¿y ahora? Preguntó innecesariamente el joven de la bandana.

-Creo que sólo hay una forma, caviló ella. Luego conjuró FLOAT.

Ahora podían soltarse de la cuerda que les cercenaba el brazo. Tomados de la mano, avanzaban a saltos sobre el pasillo, mientras observaban la furiosa frustración de los monstruos.

-¡Veneno, siempre veneno!, se quejó Locke. Maldito Kefka, ¿no podía estar obsesionado con las flores?

-El veneno es el arma de los cobardes, reflexionó Celes. No tienes que enfrentar al enemigo ni apostar nada. Sólo esperar a verlo retorcerse y listo…

-Tampoco te ensucias las manos… Esta última palabra lo hizo mirar automáticamente la suya, fuertemente unida a la de la rubia guerrera. Para variar, entre tanta piedra, rocas y derrumbes estaban sucios y con las ropas raídas, pero para él ella brillaba en medio de ese calabozo. ¿Es que acaso ese era su destino? ¿Seguir pasando peligros eternamente? Tal vez la idea de establecerse en Véctor como consorte de la gobernanta no era tan mal idea, o al menos ella dejaría de apostar la vida en cada aventura. Si algo llegara a pasarle... sabía que ya no podría superarlo. En su juventud había amado mucho a Rachelle. Pero Celes era ahora lo que le daba fuerzas, sentido y sabor a su vida.

Cuando llegaron al final del lóbrego pasillo, encontraron un sencillo y monacal cuartucho de piedra.

-¡Esto es casi una celda! ¿Por qué se encerraría aquí? Dijo Locke con un escalofrío.

-Para reforzar su odio, supongo, mientras menos tienes más envidias y cultivas tu odio hacia los demás… replicó Celes, buscando un cabo de vela y encendiéndolo.

Retrocedió con horror… las pétreas paredes estaban totalmente cubiertas de frases y nombres, todo escrito con bella caligrafía pero… con sangre. El nombre de Terra aparecía varias veces, casi nunca sólo, siempre acompañado de crueles e irreproducibles epítetos. No faltaban el rey Stephan, Gesthal, incluso Edgar, los Reyes de Doma…

-¡Los odiaba a todos! Supongo que especialmente a los Reyes y Príncipes porque él nunca pudo ocupar su sitio, caviló Locke…

-¿A qué te refieres? Preguntó la hechicera apenas recuperó el aliento.

-¡Ah! Olvidé que Edgar no nos los dijo a todos, señaló enrojeciendo. Kefka era el hijo bastardo de Gesthal.

-¡Qué horror! ¿Y en verdad convirtió en eso a su propio hijo? ¿En un monstruo, un sicario, una herramienta de asesinar? Celes temblaba.

Habían llegado al final del su viaje. En una modesta mesa de roca descansaba el diario de Kefka, acompañado de pluma y tintero, sin siquiera presentir que su escritor no volvería nunca más.

Con grandes dificultades, volvieron a la salida del pasadizo. Fue un agrado con todo volver a la torre del Castillo, donde se podía al menos respirar y ser tocados por los rayos del sol. El documento parecía antiguo. Algunas páginas amarillas parecían a punto de deshacerse.

Algunos extractos de lo que leyeron:

"…Asesinar a la maldita Sofía fue una especie de liberación. Nunca me sentí tan bien, sus estertores eran como fanfarria de triunfo en mis oídos…

… Vigregor fue enviado en mi reemplazo para dialogar con Stephan, para evitar sospechas. De todas formas le mandé un obsequio que no olvidarán con facilidad esos estúpidos pomposos. Un vino añejado de Véctor de mi cosecha personal… Ojalá lo comparta con los dos cabezas de chorlito de sus hijos. Tendríamos carta blanca para apoderarnos de su precioso Castillo, es una miniatura comparado con Véctor, pero es un punto estratégico invaluable y está bien protegido…

…¿Así que Cid se niega a infusionarme más Espers? Lo mataría pero alguien debe hacerse cargo del Laboratorio. Esta noche voy a poner un somnífero en su copa y bajaré a tomar lo que es mío por derecho…

…Ver morir a 200 soldados valió la pena, lo único malo de esta monumental barbacoa fue el hecho de no ser el autor, aún no puedo canalizar tanta poder de FUEGO como esa maldita bruja, pero ya casi…

… Los planos del Casillo Doma fueron de gran utilidad, me vi obligado a recompensarlo en consecuencia, de todas formas, le di los más débiles…

…Creí que doblegarla me produciría más placer, pero bajo el cinto de esclavitud, no puede llorar ni suplicar ni gritar como la puerca que es… Siento más alegría haciéndola cometer los más atroces crímenes y destrucción que ella deplora, así si algún día llega a liberarse, no le quedará más remedio que el suicidio… ¿quién, siendo como es, podría vivir después de recordar que arrasó aldeas y mato inocentes? Meras hormigas para mí…

…Tengo que agradecerle el haber quitado mi máscara. Al fin puedo ser quien soy y tomar el lugar que me merezco en el Mundo. ¿Qué es Véctor? Una bagatela… haré temblar este mundo hasta sus cimientos, todos van a temer y respetar mi nombre, nadie se atreverá a volver a burlarse de Kefka…"

Los ojos de Celes estaban anegados, ya no quería leer más. Locke la abrazó.

Debemos llevar este condenado documento a Fígaro. Pero no creo que sea bueno que Terra lo lea…

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A muchos kilómetros de ahí…

¿Dónde está su madre? El Rey puso su mano sobre la infantil cabecita con cariño.

-Mamá no se sentía bien, por eso no bajó a cenar, aclararon los pequeñuelos.

-Yo iré a verla, coman tranquilos niños de seguro ya se siente mejor… aclaró Edgar con una sonrisa y una tranquilidad que estaba lejos de sentir.

Golpeó la puerta.

-¿Terra?

Nada.

Golpeó tres veces más y luego abrió la puerta.

El cuarto estaba en penumbras, la tarde ya agonizaba por la ventana abierta, cuyas gráciles cortinas ondeaban con la brisa. Un cuerpo sedente se adivinaba más que se veía en el lecho adoselado. Oyó sus sollozos.

¿Qué te sucede, My Lady? Preguntó desde el costado del lecho sin atreverse a acercarse más.

-¡Ya no lo soporto! Se adivinó más que se escuchó de entre los almohadones.

Edgar se sentó a su lado. Tomó una de sus manos y comenzó a hablarle casi en susurros, frotándola confortablemente.

-He sido un tonto muchas veces, demasiadas me imagino, comenzó. Tengo tantas cosas que decirte y me las he callado sistemáticamente. Tenía miedo de que me rechazaras, de que me juzgaras, de hacerte daño… Lenta y acompasadamente le relató la conversación que había tenido con Piruet.

Terra se incorporó con interés.

-Muchas de esas cosas las recordé entre sueños, y quería creer que eran sueños. Una parte de mí sabía la verdad… ¿Merezco vivir?

-No preguntes eso, Terra. Nunca preguntes si debes vivir. Pregúntate ¿Por quién debo vivir? Tienes preocupados a tus pequeños, te necesitan… Tienes tu "nieto", agregó sin evitar una risa, … y yo… ¡Yo te necesito! Desde la primera vez que te vi…

¡Te enojaste tanto cuando te di la espalda! Mi padre sabía de mis andanzas. Sabía que era un conquistador incorregible, pero también sabía que era así porque un pedazo de mi alma estaba vacío y esperaba… me dijo una vez: "Algún día vendrá alguien especial, alguien a quien tendrás miedo de tocar porque pensarás que algo tan hermoso y perfecto no puede ser de este mundo, alguien con un espíritu tan fuerte que sólo podrás creer que es un ángel que ha bajado del Cielo para protegerte… Alguien a quien sólo podrás amar con todo el corazón y no a medias. Cuando te vi, pequeña, tan frágil, tan asustad, tan desorientada, pero con esa tremenda fuerza en tu interior… me di cuenta de que había llegado ese día. Y tuve miedo. Tanto miedo de hacerte daño o que te deshicieras como un fantasma de niebla y no pudiera verte nunca más.

Eres tan fuerte. Y todos necesitamos tu fuerza. Y prometo que nunca, nunca en todo el Mundo de Fantasía, ni en todos los años… voy a lastimarte.

Ella había dejado de llorar. Las lágrimas colgaban de sus pestañas como diminutos diamantes perlados por la luz de las estrellas. Estaba muda y asombrada, ¡pero tenía que aclararlo!

-¿No lo entiendes?

Soy yo la que se ha hecho tan vulnerable a ti, que temía hacerte daño… Ya lo he hecho tantas veces… Estas manos debieran cortarse porque están rojas en la sangre de inocentes.

-No eras tú, Terra. Y lo sabes. Deja de escudarte en el daño que pudiste haber hecho. Y comienza a pensar en lo que harás mañana. Luchaste por los niños, luchaste por la libertad de nuestro mundo. También debes luchar por ti.

-No merezco ser feliz… me avergüenzo de sentirme tan feliz…

-Ahora eres dueña de ti misma, No eres esclava de Imperio. Elige tu propio camino paso a paso… Sólo te pido, humildemente que me dejes acompañarte en él.

-Edgar…

-¿Sí Terra?

-Sólo abrázame. Esta noche, la oscuridad y el pasado me pesan como una lápida…

Él se tendió a su lado, abrazándola podía sentir el latido de su corazón, y con eso le bastaba para sentir un gozo indecible. El cabello de ella estaba húmedo y exhalaba el calor y el perfume de su piel doliente.

-Mañana será otro día, Ma Belle, y volveremos a ver brillar el Sol… expresó él, por último y se quedaron en contemplativo silencio y comunión, esperando los primeros rayos juguetones y las novedades que les traería el nuevo día.