Derechos: Antes que nada, este grandioso fic no es mío, es solo una traducción autorizada de remuslives todos los derechos a ella y a JK Rowling la mente brillante detrás de todo el universo de Harry Potter.
CAPITULO X
EL VELORIO
Hermione suspiró mirando en el espejo; sus ojos estaban rojos e hinchados y su cabello fuertemente atado en un moño. No estaba preparada para esto, pero un vistazo a su reloj le dijo que era casi hora de partir.
Vacilante, se dirigió a la habitación de Sirius. La puerta estaba abierta, por lo que miró adentro, pero mantuvo su cuerpo un poco fuera. Sirius estaba sentado en la esquina de su cama, inclinado, atándose los zapatos. Él casualmente sacudió el cabello de su cara y la observó inmóvil ahí.
—Estaré listo en un minuto —confirmó, poniéndose de pie para abrocharse el saco del traje. —¿Esto esta bien? Lo tomé prestado de Ted.
—¿Ted?
—Tonks, el padre de Dora. Es nacido de muggles. Dijo que esto es lo que los muggles visten para este tipo de cosas.
—Sí, tiene razón. Vas directo a encajar —él tiró de sus mangas, incomodo en la vestimenta muggle. —Realmente aprecio esto, Sirius.
—Estoy contento de poder ayudar —él le tendió un brazo, pero ella ya se había volteado y no lo notó. Incómodamente, dejó caer su brazo y la siguió de la habitación.
Salieron de la casa y se dirigieron derecho a un espeso grupo de arbustos. Ocultos a los ojos de muggles, Hermione apretó el brazo de Sirius y los apareció en el callejón detrás de la casa de sus padres. Ella soltó su brazo y respiró profundo.
Juntos caminaron a la puerta trasera. Su madre estaba esperando allí, como la vez anterior, pero esta vez abrió la puerta y jaló a su hija en un fuerte abrazo.
—Oh, Minny. Te he extrañado —las lágrimas de su madre se deslizaron por sus mejillas. No había utilizado el apodo de la infancia desde que había pasado a segundo grado.
—Yo también te extrañé, mamá —murmuró en el hombro de la mujer.
—Sirius —saludó su padre, haciéndolos pasar al interior.
—Chuck.
—No esperábamos verte este fin de semana —Sirius gruñó y Hermione fue bruscamente soltada por su madre.
—Sí, bastante sorpresa —señaló la señora Granger con cierta frialdad.
—Mamá, ¿por favor? —rogó Hermione, secándose la cara.
—Simplemente estoy diciendo que un pequeño aviso habría sido agradable —ella se alisó la chaqueta y retocó su labial rojo. —No podemos esperar para dar cabida a todos tus caprichos.
—Mona, es su esposo —dijo Chuck con calma, tomándola por el brazo. —Creo que deberías tomar un poco de ese medicamento que el médico te prescribió.
—No es necesario —se quejó como se conducía a la cocina.
—Lo siento. Tal vez no debería haber venido —Sirius se cruzó de brazos y retrocedió hacia la pared.
—No, me alegro de que estés aquí —ella escuchó a sus padres discutir en la otra habitación. —Se pone así, deprimida. Y luego sólo ataca. Si no fueras tu, hubiera encontrado algo más.
—¿Cómo vamos a llegar allí?
—Papá conducirá. Está a sólo diez minutos de distancia.
—Bueno, eso no será para nada incomodo.
—Si prefieres no ir-
—Fue una broma, Hermione.
—Lo sé —no sonó segura.
—Muy bien, bichito, hora de irse —Chuck empujó a su esposa por la habitación y fuera de la puerta.
Ella se quedo detrás de ellos, con los pies congelados, situada, hasta que Sirius se aclaró la garganta. Tomó otro respiro profundo y se dirigió a la puerta, con su esposo pisándole los talones.
El traslado a la casa funeraria fue largo e incomodo. La señora Granger seguía quejándose, aunque más tranquilamente y les tocaron todos los altos de camino. Cuando finalmente pararon en el estrecho y pequeño estacionamiento, su madre comenzó a llorar de nuevo. Y Hermione se sintió culpable porque prefería a su madre de esa manera.
Su padre le pasó un brazo por sus hombros y ella escuchó a Sirius suspirar justo a su izquierda. Se preguntó si debería haber rechazado su oferta para acompañarla. Era egoísmo puro que lo estuviera poniendo a través de esto, haciéndolo vestir y actuar como un muggle, asistir a las ceremonias de entierro de una mujer que nunca había conocido, con una madre política que no se molestaba en ocultar su desagrado por su presencia. Pero pronto, su padre volatería toda su atención a su acongojada esposa y nadie estaría allí para ella, excepto Sirius.
Entraron en el sombrío edificio y fueron inmediatamente recibidos por varios miembros de la familia cuyos nombres Hermione apenas podía recordar. Hacía tanto tiempo que no había asistido a una gran función familiar que muchas de las caras en la habitación no las había visto desde antes de empezar Hogwarts. Algunos de ellos incluso preguntaron por su nombre o el de Sirius, pero la mayoría parecía ya conocerlos. Teniendo en cuenta algunas miradas, se preguntó lo que su madre le habría estado diciendo a la gente.
Sin embargo, como se acercaron al ataúd abierto, todos esos pensamientos mezquinos huyeron de su cerebro. Allí estaba su querida tía, descansando muy pacíficamente y quieta. Decenas de rostros diferentes, muy parecidos en muerte, revolotearon por su mente y ella cerró apretadamente sus ojos, con lágrimas cayendo silenciosamente por sus mejillas.
(Punto de vista personal de Sirius)
Sirius caminaba por detrás de Hermione, estrechando manos, intercambiando sonrisas tristes con extraños. No fue hasta que ella vio el cuerpo que empezó a temblar. Chuck tenía sus brazos alrededor de Mona, apoyándola cuando sus piernas parecían a punto de ceder.
Con ternura, Sirius envolvió a su pequeña esposa en sus brazos. Sus manos se acercaron al instante, para aferrarse a él, bajo el incómodo saco de su traje.
—Vamos, amor —susurró. Manteniendo sus brazos alrededor de ella, él la giró para que estuviera a su costado, con los dos brazos aun abrazándolo apretadamente, con su cara enterrada en su pecho. Él le asintió con la cabeza una vez a Chuck, antes de guiar a Hermione a un asiento cercano. Sus padres se quedaron en la parte de adelante, cerca de los hijos e hija que extrañaban a su madre.
Sirius estaba sorprendido de cuan joven era la mujer. Quería saber cómo había muerto, pero no quería preguntar. Y dudaba que ella estuviera en estado adecuado para responder. En lugar, simplemente sostuvo a su esposa y colocó el ocasional beso en su cabeza.
Aún aferrada a él, llorando en silencio pero ya no tan fuerte. También, ya no estaba temblando. Después de un tiempo, ella dejó escapar un suspiro entrecortado y se alejó de él. Se incorporó lentamente, tomando el pañuelo que Sirius había conjurado sutilmente, para limpiar su cara. Se sentaron en silencio durante un buen rato, dando y recibiendo abrazos esporádicos de los transitantes dolientes, él mantuvo su brazo detrás de su silla y ella se inclinó hacia él de vez en cuando por consuelo.
—¿Lista para partir? —Chuck apareció de repente a su lado.
—Sí —su voz estaba ronca y quebrada. —¿Dónde está mamá?
—Esperando en el coche —abrazó a su hija fuertemente y los guió al casi vacío estacionamiento afuera. —Entra corazón. Quiero hablar con Sirius.
Hermione vaciló insegura. —Anda. Sera rápido —le aseguró Sirius. Una vez que se acomodo, él cerró suavemente la puerta y se volteó hacia su padre. —¿Sí?
—Sólo quería agradecerte. No sabes lo mucho que de verdad aprecio que estés aquí por mi pequeña niña —él extendió su mano y Sirius la estrechó brevemente. Mirándose el uno al otro por un momento. Chuck aclaró su garganta. —Bueno entonces. Mejor no dejar a la damas esperando.
—Muy en lo correcto, esta usted —acordó Sirius, rodeando el coche y deslizándose al lado de Hermione. Ella mordió su labio y los miró ansiosamente. —Está bien —susurró él, acercándose.
Sirius se sintió un poco mal de disfrutar la forma en que ella estaba dependiendo de él, buscando consuelo de él, no debería estar contento de nada, mientras ella estuviera tan triste. Pero era imposible no sentir de esa manera.
El viaje de regreso a la casa de sus padres no fue tan malo. Su madre sollozaba suavemente en un pañuelo y nadie habló. Él suspiró de alivio cuando estiró sus piernas saliendo del estrecho coche. Todos eventualmente entraron a la casa y luego al salón.
—Entonces, Sirius —dijo Chuck, deteniéndose en el acto de sentarse. —¿Te quedarás esta noche también?"
—¿Disculpe?
—¡Oh!" Hermione brincó. —Olvide decirte. Dormiré aquí, por supuesto.
—Por supuesto —medio susurró él, con decepción hundiendo su corazón.
—Regresaras en la mañana, ¿no? ¿para el fu-funeral?
—Sí, por supuesto. ¿A qué hora me quieres aquí?
Ella miró a sus padres en el sofá, ninguno estaba prestando atención. —¿Nueve? ¿es eso muy temprano?
—Dalo por hecho —con un suspiro para darse valor, se inclinó y besó su mejilla. —Buenas noches.
