CAPÍTULO X

¿Qué pensarías si la mujer que creías tu madre te confiesa que no lo es? ¿Cómo reaccionarías? ¿Podrías rechazarla y buscar refugio en el lazo sanguíneo de la verdadera? ¿Serías capaz de seguir un camino desconocido por alguien que siempre fue ajeno a tu vida? Yo no podría, a mí simplemente me llenaba la felicidad de recuperarla del mundo de los muertos. Nadie es perfecto, aunque así me lo pareció, incluso ella cometía errores ¿Por qué no perdonarla? El rencor no me serviría de nada a estas alturas y eso ya lo había aprendido, quería disfrutar del tiempo a su lado, atesoraría este maravilloso regalo.

- ¡Ah! P-perdone mi imprudencia. Morinaga se separó de ella bastante apenado. - Es sólo que siempre deseé conocerla… Sentí que dejó una idea al aire, como si su habla se detuviera de golpe, sin oportunidad de que sus pensamientos llegaran a su boca para convertirse en palabras. Luego volteó a verme. - ¿Senpai qué sucede aquí? ¿Cómo es qué…? Sus ideas no podían organizarse adecuadamente. - ¿Podrías explicarme? Finalizó con una sonrisa emotiva y parte burlona; quizá se reía de su incompetencia.

- Yo tampoco termino de entenderlo, apenas se poco más de lo que ves.

Entonces nuestras miradas se centraron en ella, esperando por una respuesta, algo que terminara por sacarme de todas las dudas pero evadió el tema y dio inicio a las preguntas.

- ¿Souichi quién es esta persona? Podía verla necesitada de esa respuesta pero no entendía su urgencia.

- Es Morinaga Tetsuhiro, mi… mi…

Sin darme cuenta me perdí en sus cristalizados ojos esmeraldas, era como si me lo gritara, sabía que mi respuesta lo dañaría; había pasado centenares de veces. ¿Pero que esperaba? ¿Qué lo presentara como algo más que mi amigo? Sabía tan perfectamente como él que esa palabra no podía definir nuestra relación, iba mucho más allá de lo físico y posiblemente abarcaba un espacio espiritual. Mi voz cayó mientras intentaba encontrar la palabra correcta. Mis labios entorpecieron y aunque se mostró compasivo y decidió tomar las riendas, al final terminé confesándolo.

Río nerviosamente. - Sólo somos amig…

- Es una persona muy especial en mi vida.

De mis labios se deslizó la confesión como si no pudiera evitarlo, como si se tratara de lo más normal. No había una conexión con mi cerebro y el corazón dominó mi boca. Por más que me resistiera seguía escupiendo infinidad de tonterías, no encontraba real sentido a mi abrupta sinceridad; era como si no pudiera controlar mi cuerpo, como si nada de lo que dijera pudiera afectarme. Pero fui recompensado con una de sus sonrisas. Vi a Morinaga con la sonrisa más radiante y amorosa que haya visto jamás, el latir de mi corazón se hizo fuerte y constante, podía escucharlo retumbar en mis oídos. Su quijada temblaba de la emoción incontenible y sus ojos se derretían embelesados al verme; como si fuera su salvador o un invaluable tesoro.

- Creo que lo amo por muy idiota y molesto que sea. Es bastante confuso pero sé que mis sentimientos por él son muy fuertes…

- ¿¡Qué rayos estoy diciendo!? ¡Esto está mal! ¡Cállate Souichi!

- Aunque siempre huye por tonterías, aunque tenemos nuestras diferencias, no puedo permitir que se vaya. Algo dentro de mí me dice que debo de impedirlo.

- Sen…pai… Morinaga tartamudeaba.

- ¿Es lo que piensas? Preguntó mamá y luego sentí. - ¿Se lo has dicho a papá? Negué. - ¿Por qué? ¿Por qué tienes miedo de mostrar lo que sientes?

- ¿Por qué? Empecé a cuestionarme. - Porque no sé lo que sucederá después. Admití olvidando mi habitual respuesta.

- ¿No es antinatural?