Advertencia(¡!): Relaciones sexuales explícitas entre dos hermanos (incesto).


/Tokyo, Japón. Lunes 14 de Enero del 2008/
Escuela Primaria

Eustass Kid estaba preocupado y molesto.

Preocupado porque su mejor amigo no había llegado el día de hoy a la escuela y molesto porque no entendía porque se sentía así de preocupado. Además, Law ni le avisó si quiera, es más, ni se habían reunido a jugar como siempre, aunque claro, esto juegos tal vez ya iban a ser diferentes. Pero no le había visto y eso le jodía. Y para colmo, en el fin de semana terminó masturbándose al recordar "su regalo" de cumpleaños.

Era extraño, porque desde el viernes no había dejado de pensar en el ojigris y cada que lo hacía, sentía que su corazón daba un brinco enorme, ¿qué le pasaba? Nunca antes había pensado tanto en Law y cuando lo hacía, era por puro desliz, no había sentido ese raro y desconocido sentimiento en su pecho. Deseaba saber que le estaba pasando, pero a la vez no quería.

Empero no era un alguien que le gustara huir de las cosas, Kid pese a su corta edad, era decidido y por eso mismo quería ver hoy a su amigo, para averiguar de una vez eso que estaba frustrándolo y lo tenía preocupado. De lo único que estaba seguro es que ese sentimiento ya lo tenía, solo que no se había percatado de ello hasta hace unos días y seguía siendo algo completamente nuevo y desconocido para el pelirrojo.

Había llegado el receso y con eso, al no tener con quien distraerse "jugando", terminó por mandarle un mensaje al ojigris.

«Law, ¿por qué mierda no has venido a la escuela?... ¿Estás bien?
Y no, no estoy preocupado por ti, pero estoy aburrido.

-Kid.»

Y cuando mandó el mensaje, el pelirrojo se dio cuenta de algo nuevo: había llamado a su amigo por su nombre.

Nunca antes lo había hecho, sin contar las dos veces que intimaron. ¿Qué rayos está pasándome? Pensó Kid y por alguna razón, su corazón le dolió.

Eso no era una buena señal, algo malo iba a salir de todo esto y su inconsciente lo sentía.


Zona Residencial

El niño se la había pasado desde el día de ayer encerrado en su habitación, abrazando a su oso de peluche, Bepo. Lo había traído bien escondido entre sus maletas para dormir con este, aunque no lo había sacado hasta el domingo porque se sentía terriblemente mal desde que vio besarse a Zoro con ese estúpido pecoso. Tenía una sensación extraña en su corazón, se sentía extrañamente triste y no entendía por qué. ¿Qué motivo tenía?

Tampoco el hambre llegó a su cuerpo, solo el sueño y sin embargo, cada que dormía, soñaba con el peliverde. Soñaba que lo abrazaba y que incluso lo besaba. ¿Por qué soñaba todo eso? Quería saberlo, fuera lo que fuera, quería saberlo bien; odiaba estar de ignorante en alguna cosa.

Sí, solo sabía que sentía cierta atracción y curiosidad por ese bruto adolescente, tampoco era la gran cosa para sentirse así. Nunca antes había experimentado un sentimiento así, ni siquiera cuando su amigo le llamaba por su nombre, cuando tenían sexo, lo dejaba tan confundido y le alborotaba todo su ser, teniendo en cuenta era bastante cálido y tranquilo estar al lado de Kid. Pero con Zoro la cosa era peor, era algo de lo que no podía huir y no sabía cómo enfrentar.

Su celular sonó una vez, indicando la llegada de un mensaje, distrayéndolo de sus confusos pensamientos.

Una sonrisa amplia y el mismo sentimiento cálido le inundaron el ser cuando leyó el mensaje que su amigo le mandó. Otra vez dijo mi nombre, pensó Law, sintiéndose ligeramente feliz.

—Enano, sino sales de tu maldito cuarto, voy a tirar la puerta —amenazó Zoro con seriedad.

Y entonces, el sentimiento que sintió por el mensaje de su amigo, se vio completamente eclipsado cuando sus demás sentimientos se alborotaron como un huracán al oír la voz del peliverde.

—Contaré hasta cinco, Law —añadió Zoro.

El mencionado niño se sonrojó al oír su nombre en la voz ronca y masculina del mayor, mientras que su corazón se desbocó estrepitosamente.

No, en definitiva esto que sentía cuando el peliverde le decía por su nombre, o incluso cualquier apodo, no tenía comparación con nada. Con nada, ni siquiera con Kid.

No tuvo tiempo de reaccionar y la puerta se abrió de golpe, aventando la chapa de la misma al suelo.

—Te lo advertí, enano —dijo Zoro, entrando a la habitación, fijando sus orbes oscuros en el menor.

Sintió como la misma corriente eléctrica le recorrió el cuerpo cuando vio que Law estaba solo en bóxer, abrazado al oso de peluche que le había regalado. Este niño…, pensó ahora sin saber qué hacer.

—Ro-Roronoa-ya… —fue lo único que Law pudo decir, pues la vergüenza le atacó cuando notó que estaba semi desnudo ante la intensa mirada del mayor. Y en lugar de pensar cosas pervertidas como usualmente hacía cuando su maestro le veía así, el pudor que pensó no tenía, lo atacó, dándose cuenta que todavía era un niño. Que todavía tenía inocencia.

— ¿Por qué maldita sea no salías de tu habitación? ¿Quieres matarte de hambre o qué? —fue Zoro quien recobró la compostura rápidamente, preguntando al fin.

—… —Law seguía sin saber que decir.

— ¿Por qué no respondes? Si tanto detestas estar en esta casa, basta con decirlo y con gusto te llevo a tu casa —resopló Zoro bastante molesto—. No es necesario que hagas todo este drama, pero en fin, eres un niño.

El ojigris reaccionó.

— ¡No soy ningún maldito niño! —exclamó más a la defensiva de lo que hubiese querido y eso se debía a que se acababa de dar cuenta, con su pudor inocente, que en efecto, todavía era un niño. Pero no lo aceptaría, no delante del peliverde.

— ¿Ah, no? Solo un niñato se pone a hacer estás estupideces en lugar de decir qué carajo le pasa —Zoro estaba más furioso de lo normal, porque también estaba a la defensiva y no entendía el motivo.

— ¡Cállate, eso no significa que sea un niño! ¡No soy un niño! —Law no encontraba una manera coherente de contradecir al mayor, pues su mente estaba aturdida mientras que su corazón golpeteaba su corazón desesperado y frustrado.

—Solo estás jugando a ser grande, cuando en realidad todavía eres un mocoso caprichoso —finalizó Zoro con el tono más grueso y grave—. Yo no estoy para tus niñerías, así que será mejor que me digas que rayos te está pasando antes de que mueras de hambre.

—Mira quién lo dice —Law sonrió de manera altiva—. Seré un niño, pero no soy yo quien llama a su mamita en sueños, como un bebé —había atacado vilmente.

Lo logró, a Zoro se le descompuso la expresión, no obstante, lejos de que el ojigris se sintiera satisfecho por haberle contradicho, se sintió mucho peor.

— ¡Vete al diablo, Law! —su voz estaba completamente fría y más que furiosa. No toleraba que le sacaran el tema de su madre así como así, sobre todo porque ese mocoso no sabía nada—. Muy bien, quieres ser tratado como adulto, aguántalo, pedazo de idiota —le miró secamente para salir como una fiera de esa habitación.

Zoro cerró de un portazo, descomponiendo más la puerta de la habitación del ojigris. Estaba que hervía de ira, por lo tanto se dirigió al gimnasio para distraer su mente.

Mientras que Law se quedó sentado en su habitación y de pronto sintió como unas traicioneras lágrimas salieron de sus ojos, llorando cual niño. Nunca en su corta vida había sentido tal dolor. Era la primera vez que alguien le trataba así, que le trataba como si no fuera un niño, sino como una persona vil. No pensó que precisamente Zoro llegaría a hacerlo y el semejante dolor que eso le causaría.

Todo indicaba que fue por su comentario anterior, ¿tan delicado era ese tema? Bueno, eso era lo que menos le importaba en estos momentos.

Se abrazó a su oso de peluche, respirando ese bendito perfume que tenía impregnado desde el día que lo compró, limpiándose con violencia los ojos para quitarse esas lágrimas que le jodían. Su orgullo era más grande que su edad, por lo tanto, no se dejaría y si lo trataban como un "adulto", como había dicho Zoro, lo aguantaría, le demostraría que no era un niño.

Y con eso en mente, volvió a quedarse dormido, sin si quiera haber comido algo, olvidándose de responder el mensaje que su amigo le había mandado.

Por cuarta vez, volvió a soñar con Zoro.


La culpa carcomía a Ace en todo su ser, necesitaba hablar con alguien y la única opción era su mejor amigo. Le había estado esperando en el gimnasio, hasta que al fin apareció. Sin embargo, cuando vio su expresión, hasta se olvidó de su propia preocupación.

— ¿Qué tienes, Zoro? —preguntó con el ceño fruncido, acercándose al peliverde.

—Tsk, nada, es solo que ese maldito niño me irrita —contestó con brusquedad, yendo por sus pesas para comenzar a entrenar.

— ¿Por qué? Es bastante tranquilo —insistió Ace, sin dejar de estudiar con la mirada a su amigo.

—Pues es un hipócrita entonces y no me agrada la gente así, aunque sean niños —zanjó Zoro, empezando a levantar un par de pesas más pesadas de lo normal con sus brazos.

—Pero, ¿qué te hizo, joder?

—Ace, no es necesario hablar a detalle de eso. Simplemente me jode que llegue a creerse tanto solo por ser hijo de ese famoso Doflamingo.

El pecoso suspiró. Al menos se había enterado de algo. Se quedó mirando como el peliverde entrenaba y cuando al fin este pareció más tranquilo, volvió a hablar:

—Luffy y yo nos besamos.

A Zoro se le cayeron las pesas que sostenía con ambos brazos tras su espalda y lo miró atónito.

— ¿Qué estás diciendo?

Ace volvió a suspirar.

—Ayer se metió a mi habitación —comenzó a explicar— a pedirme disculpas por haberme golpeado y las acepté, pero después… —suspiró nuevamente— Luffy me dijo que no quería que besara a nadie más que no fuera él y me besó. Y le correspondí.

—Al fin —respondió Zoro—. Al menos con eso te queda claro que te corresponde.

— ¡No lo digas como si fuera lo más normal del mundo, imbécil! —Ace empuñó ambas manos— ¡Eso es lo que más me aterra! ¡Qué Luffy me corresponda!

Ahora el peliverde suspiró.

—No hay necesidad que te atormentes tanto, ¿sabes? —la mirada indescriptible que recibió del pecoso le hizo añadir: —Está bien, ambos son hermanos y no es normal este tipo de cosas, pero ten en cuenta que no son los primeros, ni los únicos, ni los últimos en ser hermanos y terminar enamorándose —Zoro le miró con seriedad.

—No está bien… No está bien esto, me siento como un maldito degenerado —Ace se sujetó la frente con la diestra.

—Oye, no seas tan duro contigo mismo, ¿quieres? —Zoro se acercó al pecoso para palmearle el hombro.

—Es fácil hablar para ti, no estás viviendo lo mismo que yo —masculló Ace.

—No, pero a ambos el amor nos está jodiendo —replicó Zoro—. Y te digo, si Luffy te corresponde… Enfréntalo, sea malo o no, deberías de darle más importancia a tus sentimientos, porque al final, lo quieres bien, ¿no? —el pecoso asintió— Lo amas y no solo se trata de calentura. Aprovecha que te corresponde, Ace, porque tú no sabes lo malditamente jodido que es que alguien no te corresponda y sí, lo digo por experiencia —su tono se volvió amargo y su expresión sombría.

—… —Ace miró a su amigo después de esas palabras, quizá tenía razón, porque aunque pensara que lo mejor era que su hermanito lo odiara, de solo imaginarse algo así, no lo soportaba— Es difícil…

—Tienes la moral muy alta o más bien, piensas que algo te castigará por ser pecado.

—Bueno, no todos somos precisamente como tú, Zoro.

—Eso lo sé, yo no creo en nada que no sea yo mismo —acertó—. Solo estoy tratando de decirte que hay cosas más importantes que seguir las reglas de la sociedad.

—Igualmente es difícil y no dejará de serlo.

—Admiro, admiro lo positivo que eres —dijo Zoro con un sarcasmo insultante para el pelinegro—. Claro que es difícil, idiota, pero al menos tú no estás cometiendo "adulterio".

Ace le miró atento.

—Zoro, fuiste tú quien no puso un alto con eso.

—Es obvio que lo sé, sé mis errores y los afronto.

—Pero hay uno que no dejas.

—Sanji no es un error.

—Él no, pero tus sentimientos por ese tipo sí —insistió Ace.

—… —Zoro no dijo nada y negó.

—Lo has considerado, ¿verdad? —Ace le miró frente a frente.

— ¿Crees que no me gustaría deshacer mis sentimientos? Estoy cansado, Ace, pero incluso aunque lo desee, sigo amando a Sanji y no puedo dejarlo, sencillamente estoy a su merced…

—No lo digas de ese modo, él no es tu dueño, no le des tanto control sobre ti —Ace suspiró nuevamente—. Al menos, tienes la ventaja de que no has llorado ni le has llamado.

—Todavía me queda orgullo —repuso Zoro aparentemente ofendido.

El pecoso comenzó a reír.

—Basta de esta charla tan nostálgica y problemática, entrenemos juntos.

—Heh, pensé que nunca lo dirías —Zoro sonrió—. Vamos, quiero jugar con fuego —añadió con ironía.

Sin embargo, no pensó que de verdad jugaría con fuego.


/Martes 15 de Enero del 2008/

Nuevamente Law no había salido de su habitación, pero si había comido, gracias a la amabilidad de Makino y Rayleigh que le llevaban su comida y sabían hacer que la aceptara.

Su amigo pelirrojo había vuelto a mandarle uno que otro mensaje, los cuales no respondió porque simplemente no tenía ganas de nada, seguía sintiéndose terriblemente mal con la discusión que tuvo con Zoro. Lo peor de todo —sobre todo para su orgullo—, es que tenía las tontas ganas de ir a disculpase, aunque obviamente, no lo haría aun sabiendo que debía hacerlo.

Quería salir un rato al patio, ya estaba harto de ese encierro, además, tenía que demostrar que no era un niño, ¿no? Pero cuando salió de su habitación, se topó con el peliverde, quien estaba sin camisa, vistiendo unos bermudas y tenía dos espadas atadas en su cintura con un haramaki verde.

—Hey, entrena conmigo —dijo Zoro con firmeza, para sorpresa del ojigris—. Sabes usar el Ittoryu, ¿no? —inquirió enarcando una ceja.

—Sí… —respondió Law viéndolo, pero no directamente a los ojos.

—Bien, llevó mucho esperando entrenar con otro "espadachín", así que trae tu espada y ven al gimnasio —Zoro hablaba de manera fría y seca, sin mencionar aquel apodo con el que llamaba al menor, ni si quiera decía su nombre.

—No quiero entrenar hoy —Law controló el temblor de su voz, mientras que su corazón golpeteaba con fuerza.

— ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo a qué te gane? —preguntó Zoro de manera burlona y con una sonrisa arrogante.

Eso fue suficiente para provocar al menor.

—Como si pudieras —Law bufó y regresó a su habitación sin tardarse nada, ahora portando a su Kikoku.

Y sin decir nada, ambos caminaron en un ambiente incómodo hasta llegar al gimnasio.

—Bien, empecemos —Zoro agarró una espada más, que formaba parte de su colección; sujetó esa con la boca y las dos restantes las sujetó con cada mano.

—S-santoryu —masculló Law al conocer la técnica del mayor y desenfundó a Kikoku.

Y el combate "amistoso" empezó y fue completamente diferente a lo que el menor pensó.

Zoro no se contenía en sus ataques en lo más mínimo, teniendo en cuenta las diferencias de fuerzas por la edad, porque quisiera Law o no, el peliverde era más fuerte.

— ¿Qué pasa? ¿No eres capaz de golpearme? —desafió Law, moviéndose lo más ágil que podía, pues aunque la fuerza de los ataques del mayor fuesen fuertes y seguros, se dio cuenta que lo hacía con la intensión de no herirlo.

Hirameki —siseó Zoro y atacó con las dos espadas horizontalmente, puesto que las palabras anteriores del menor aumentaron el ligero enfado que tenía desde ayer y como bien le había dicho, lo trataría como un adulto.

Law jadeó por la fuerza que hizo al interponer su gran espada y evitar que el otro lo golpeara. No se iba a dejar en lo más mínimo, no, no. Y su furia creció. Se escabulló y olvidándose que no debía de mostrar que poseía ciertas habilidades diferentes, atacó.

Countershock —dijo y pegó un dedo pulgar en el pecho del peliverde.

Quizá ese ataque empeoró las cosas.

A Zoro le llegó una descarga eléctrica, pero no tan potente porque el niño usó solo una mano, sino, probablemente lo hubiese dejado inconsciente y guiado por la furia, golpeó en un rápido movimiento el costado del menor.

Justo a tiempo, Law logró poner ahí su espada evitando ser cortado y cuando vio la mirada feroz, como si de un animal salvaje se tratase de Zoro, cierto pánico creció en él. Era la primera vez que sintió miedo, pero eso se debía a que quien lo miraba así era precisamente el peliverde. Recibió más golpes de espadas, que por poco esquivaba, sintiendo la vil amenaza que emanaban.

—E-espera… —intentó decir, pero un golpe metálico de las espadas entre ambos, apagó su voz, el cual fue con bastante fuerza que lo aventó a la pared.

—No estoy acostumbrado a detener mis entrenamientos porque alguien más lo diga —respondió Zoro con una sonrisa que nunca la había visto antes—. Y como vas muy en serio, yo también.

— ¿Miedo a que tú seas más niño que yo, qué seas débil? —provocó Law con burla— Recuerda lo que nos diferencia… —estaba a punto de traerle el recuerdo de cuando le escuchó en sueños.

Y un corte en su mejilla le paró en seco las palabras y se quedó sin poder moverse.

Ahora el peliverde lo veía con una ira intensa, pues al parecer no eran necesarias las palabras para que entendiera lo que el menor iba a decir. Law sintió la sangre salir de su piel y nuevamente cierto miedo se apoderó de su ser, además del dolor en su corazón.

—Alto… Roronoa-ya… —intentó decir cuando en la mirada del otro un deseo salvaje apareció, una mirada de asesino.

Gazami Dori —escuchó decir a Zoro.

— ¡Espera, ya no quiero pelear contigo! —exclamó Law al ver la formación del ataque, que eran como unas pinzas de cangrejo.

— ¡Detente, Zoro! —Rayleigh y Ace aparecieron mientras decían eso.

El mayor se interpuso para detener ese ataque y evitar que el niño saliera lastimado, mientras que Ace sujetó al peliverde.

— ¡¿Qué acaso quieres matarlo?! —gritó Ace, con el tono de voz firme y alterado por el asombro de semejante escena— ¡Maldición, Zoro!

En ese momento, los tres adultos clavaron su mirada en las lágrimas ajenas, para desagrado de Law. Mismas abundaban de sus ojos, exponiéndolo vergonzosamente, porque nunca había llorado delante de nadie y porque había tenido tanto temor de que precisamente la persona que amaba le hiciera daño.

Y entonces, justo ahí, Law se dio cuenta de que estaba irremediable e irrevocablemente enamorado de Zoro.

¿Cómo lo supo si nunca antes había experimentado un sentimiento así? ¿Si ni siquiera sabía lo que era estar enamorado? Pero sus emociones estaban desatadas y el ojigris simplemente lo supo de la misma manera en que un recién nacido sabe cómo respirar.

Indignado por lo que acababa de descubrir, se incorporó y salió corriendo con Kikoku en sus brazos, intentando dejar de llorar por el terrible dolor en su corazón. Pero, todavía era un niño y se estaba dando cuenta de la peor forma.

Sin embargo, también Zoro experimentó un sentimiento terriblemente angustiante y culpable al ver como el niño se iba de ahí, experimentando una fuerte necesidad de salir corriendo tras Law, pero no lo hizo.

Su orgullo estaba ganando terreno.

— ¡Eres un completo imbécil, Zoro! —regañó Ace, soltándolo con brusquedad— ¿Qué cojones pretendías? ¡Es solo un niño!

—Él mismo me dijo que no es un niño y si no puede soportar lo que es ser un adulto…

— ¡Eso no tiene nada que ver! No eres nadie para estar dándole lecciones a la gente cuando tú no estás precisamente intacto de errores.

—Tsk, él también se lo buscó —replicó Zoro.

—Pero no es razón para que intentarás matarlo —Ace le miró de mala manera.

—No iba a hacerle daño, solamente quería darle a entender que yo no estoy para sus juegos infantiles —explicó Zoro sintiéndose terriblemente mal.

—Vaya manera la tuya, eres un bruto —Ace negó con la cabeza y suspiró—. Más te vale disculparte —al recibir la mirada molesta del ajeno, añadió: —No me vengas a joder con qué tu orgullo y que el niño tuvo la culpa, porque ahora con esto tú también tuviste culpa y sabes bien que también debes disculparte.

Zoro suspiró. Al menos ya tenía un buen pretexto para poder ir tras el menor y así no se detenía a buscar la verdadera razón por la que se sentía así.

No obstante, sabía que tarde o temprano la conocería.


El pequeño ojigris dejó derramar lágrimas frustradas al quedarse dormido luego de que se curó la mejilla cortada, abrazando a Bepo con fuerza.

Dos golpes leves en la puerta le despertaron, aunque no iba a abrir.

—Law-kun, soy el abuelo de Zoro, ¿puedo pasar? —preguntó Rayleigh con la voz calmada.

Eso no era algo que esperara y dudó unos momentos, más por alguna razón, terminó por abrir la puerta.

—Está bien, Rayleigh-ya —contestó Law con voz pastosa.

El mayor le miró e ingresó mientras cerraba la puerta hasta que se sentó en el borde de la cama.

—Lamento el comportamiento de mi nieto —se disculpó Rayleigh con la mirada sincera en el menor.

—No importa, estoy bien —respondió Law secamente—. No soy tan débil, no soy un…

—Niño, sí, eres un niño aunque no te guste —completó Rayleigh amablemente y sonrió—. Qué seas niño no significa que tengas que ser débil, pero fuerte es quien no niega lo que es y se acepta tal y como esta —habló con sabiduría—. Además, crecerás.

—Yo no soy un niño —masculló Law en voz baja.

El mayor rio suavemente.

—No apresures tu madurez, que poco a poco te llegará sin necesidad de exagerar.

Law simplemente le miró sin responder, ya no tenía ánimos para defender su "punto de vista".

—Espero que tu amistad con mi nieto continué —dijo otra vez Rayleigh y luego suspiró, viendo al menor—. Sé que es alguien que puede ser bastante terco y brusco, pero no es malo —añadió—. No es como que quiera ser así, pero todavía le afecta la muerte de su madre.

El niño palideció. Así que era eso… Y él, todavía… ¡Todavía le había molestado utilizando aquel detalle de su mamá! Ahora entendía por qué el peliverde reaccionó así.

—Ojalá perdones a mi tonto nieto —rio Rayleigh y palmeó el hombro del menor.

Aquel gesto le transmitió tanto cariño fraternal a Law que no pudo decir nada, jamás se había sentido…así. Bueno, además tampoco había conocido a su abuelo.

—Debo retirarme ahora, Law-kun, cuídate —dicho eso, Rayleigh se despidió y salió por donde entró.

Ahora, el niño ojigris ya no se sentía tan dolido por sí mismo, sino porque tenía una completa culpa. Merecía lo que le había pasado, pero ahora, ¿qué debería hacer?


/Miércoles 16 de Enero del 2008/
Preparatoria, clase 3-K

Sanji jamás pensó que el peliverde dejaría de prestarle atención.

Toda la semana pasada lo estuvo ignorando, pero no porque quisiera, sino porque aquel domingo en que pidió su compañía había bajado tanto la guardia con él, que el ferviente amor que tenía bien guardado y controlado, estaba cerca de salir. De salir y de convertirlo completamente loco, que incluso sería capaz hasta de fugarse con Zoro.

Pero no podía darse esos lujos, no podía. No era posible, sabía su posición. Sabía que era un cobarde por eso, pero no podía hacer nada, ciertamente le aterraba.

Desde el día de ayer Zoro no le había vuelto a ver ni cuando estaba con Nami y eso además de molestarle, le hacía sentir inseguro por completo. Más no iba a permitir que el peliverde lo ignorara así como así, aunque sabía que se lo merecía, así que iba a tomar cartas en el asunto.


Zona Residencial

Solo se iba disculpar, ¿por qué le daba tantas vueltas al asunto? Si, era orgulloso, pero lejos de sentir renuencia, se sentía jodidamente nervioso. Aun así, no era alguien que huyera de las cosas. Por lo tanto, ahí estaba Zoro, rompiéndose la cabeza frente a la puerta de la habitación del pequeño ojigris. Nada más llegó de la escuela y se había ido a parar hasta ahí, pero todavía no tocaba, pese a que ya llevaba casi una hora ahí enfrente.

Justo cuando se decidió, la puerta se abrió antes de que tocara.

—…Roronoa-ya… —masculló Law sorprendido de ver al mayor frente a su habitación, en el momento en que también iba a salir para ir a disculparse o al menos lo intentaría.

—Law… —susurró, un poco sobresaltado por lo que acababa de pasar.

El aludido niño se estremeció al oír su nombre en los labios del ajeno, puesto esta vez sonaron de manera diferente. Aunque eso no quitaba su nerviosismo.

—P-pasa —habló Law sin verle y abriendo más la puerta.

El peliverde no dijo nada más e ingresó a la habitación, escuchando como la puerta se cerró a sus espaldas. Se sentó en el borde de la cama y miró como el menor se acercaba con cierto temor. ¿Ahora Law le tenía miedo? Bueno, se lo había buscado.

Se miraron durante un gran rato, sin que ninguno de los dos se atreviera a decir algo.

—Lo…Lo siento, Law… —fue Zoro el primero en romper el silencio, clavando su mirada en el pequeño ojigris.

—… —Law no pudo decir nada y solo le miró mientras sentía un nudo en el estómago. ¿Por qué se disculpaba si después de todo el verdadero culpable era él?

—Lamento haberte herido y asustado así, yo realmente no quería… dañarte —dijo Zoro con la voz más clara, sintiendo como su pulso estaba completamente descontrolado.

El menor ya no pudo más y cual niño, se lanzó a abrazar al peliverde con fuerza, enrollando sus brazos en el cuello ajeno, aprovechando que estaban casi de la misma altura porque el otro estaba sentado. Zoro se quedó tan sorprendido por esa reacción que no se movió y tenía los ojos abiertos como platos.

—No te disculpes… —masculló Law controlando las estúpidas ganas de llorar que le entraron de repente— Tú… tú no tienes la culpa, yo no debí de burlarme así de… de… Lo siento —cerró los ojos con fuerza para controlar sus ojos cristalizados.

El corazón de Zoro estaba completamente desbocado y con solo escuchar esas palabras, correspondió al abrazo con fuerza.

—Eres un niño, un estúpido niño que se cree grande —susurró con una sonrisa de oreja a oreja.

—Cállate, Roronoa-ya… —masculló Law con la voz ahogada, con ese nudo en la garganta, pero ahora más tranquilo por el resultado de las cosas.

—Hey, no es para tanto, no llores, ¿o eres un bebé? —inquirió Zoro divertido, para alegrar simplemente al chiquillo.

Pero Law simplemente estaba aferrado al abrazo y no respondió.

—Ya, está bien, enano, ya pasó —susurró Zoro con cierta brusquedad, alborotando los cabellos ajenos, todavía abrazando al menor, sintiéndose extrañamente completo.

Pasaron los minutos y el ojigris no se separaba del peliverde.

— ¿Law? —preguntó Zoro, extrañado y entonces escuchó un leve ronquido— Vaya… —sonrió de manera torcida al darse cuenta que el niño se quedó dormido en su regazo— Eso le pasa por no descansar bien ni comer.

Sin decir nada más, cargó al ojigris en brazos sin ninguna dificultad para acostarlo en su cama y taparlo con las cobijas. En ese momento, miró a Bepo, el oso que le regaló y se sitió complacido. Lo agarró y se atrevió a respirar su aroma, dándose cuenta que tenía su propio olor en ese peluche, pero también estaba impregnado el dulce e inocente perfume de Law. Huele bien, pensó y suspiró.

Negó rápidamente cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo y dejó a Bepo al lado del menor dormido. Pero no se fue, se quedó idiotizado mirando las angelicales facciones morenas del niño, que incluso se acostó para tener mejor vista hasta que se quedó dormido a su lado.


Ace estaba quedándose dormido en su habitación, luego que sin querer había pasado por el cuarto de Law, por lo que terminó escuchando accidentalmente lo que el menor decía así como su amigo Zoro. Se alegraba que las cosas con ellos estuvieran bien, sin embargo, había algo que lo inquietaba y a la vez lo aliviaba, sentía que estaba pasando por alto algo y su intuición lo sabía, más no comprendía qué.

En ese momento, tocaron a la puerta, pero no era necesario preguntar quién era.

—Pasa —avisó.

Tan pronto se cerró la puerta, Luffy se abalanzó a su hermano en la cama.

— ¡Ace! ¿Cómo están Torao y Zoro? —preguntó con tono algo exigente, viéndole demasiado cerca de su cara.

—Yo no sé, no los he visto, ¿por qué no le preguntas tú? —repuso Ace, alejándose un poco de su hermanito para mantener la distancia.

—Eso hice, fui a ver a Zoro a su habitación, pero no estaba y luego fui a ver a Torao y ahí estaban los dos dormidos —explicó Luffy con una sonrisa.

Ace le miró con la boca semi abierta.

— ¿Cómo que Zoro y Law estaban dormidos?

—Sí, los dos juntos en la cama de Torao, shishishi, se ve que se quieren mucho —respondió Luffy con alegría—. Por eso yo también quiero dormir todo los días contigo, Ace.

El aludido estaba con una expresión de inmensa sorpresa, tanto por lo que dijo su hermanito refiriéndose a su amigo, como lo que dijo de lo que quería.

—No es posible que duermas conmigo diario —ya luego hablaré con Zoro, añadió Ace en su fuero interno después de sus palabras pronunciadas.

— ¿Por qué no? Yo quiero dormir contigo, porque te quiero —insistió Luffy, pegándose más al cuerpo de su hermano—. Y también quiero besarte…

Ace desvió la mirada con fuerza para mantener el control, recordaba lo que su amigo le había dicho cuando hablaron, pero es que se sentía tan jodidamente sucio por querer algo como lo que quería con su propio hermano. ¡Su propia sangre! Puede que fueran hijos de diferentes padres, pero compartían la misma madre y no, no estaba bien, por más que Zoro le hubiese dicho que dejará de darle tantas importancias a las reglas de la sociedad… ¡Era su consciencia la que le decía que no debía hacer esto! Aún si amaba a su hermanito como loco y daría su vida por él, no podía hacer algo como esto, incluso aunque el mismo Luffy quisiera.

—No está bien hacer algo así —Ace miró a su hermanito.

— ¿Por qué no? Si yo te quiero y mucho, ¿por qué no puedo demostrarte cuanto te quiero? —inquirió Luffy confundido.

— ¡Por qué somos hermanos, maldición! —exclamó Ace, un tanto furioso.

Sin embargo, el menor no se intimidó y le retó con la mirada.

— ¿Y qué? ¡Eso a mí no me importa, Ace! ¡Yo te quiero y quiero estar contigo! —le respondió Luffy.

—Cállate, Luffy, no sabes ni lo que dices —gruñó Ace—. Solo estás confundido conmigo, yo solo soy tu hermano mayor, solo eso.

—Pero hace dos días parecías muy feliz besándome —replicó Luffy con el ceño fruncido.

—… —Ace no pudo decir nada.

—Por favor, Ace, yo quiero estar contigo… —Luffy le miró de manera intensa, atrapando al pecoso en esa mirada tan carismática.

¡No debo hacerlo, maldición, maldición, no debo! Pensó el mayor de los D, pero su cuerpo estaba lejos de obedecerlo. Llevaba mucho tiempo con ese sentimiento que ya no podía contenerse más, incluso aunque se dijera asimismo que era un completo asco, un depravado, un enfermo, un maldito…

—Te quiero, Ace, te quiero mucho —masculló Luffy.

Eso fue lo que deshizo el autocontrol del pecoso y sin más, se abalanzó para besar a su hermanito con necesidad, con amor, con ternura, pero también con deseo. Este le correspondía de manera torpe, pero acoplándose rápidamente al ritmo ajeno.

Se besaron como si jamás lo hubiesen hecho; Luffy enredó sus dedos en los largos cabellos sedosos de su hermano mayor y lo atrajo hacía su persona para encimárselo, abriendo sus piernas, para rodearle su cadera. Sí, quería mucho a Ace, lo amaba y quería estar solo con él, con nadie más.

—Luffy… —susurró Ace al sentir el cambio de las cosas.

—Sigue, Ace, yo te quiero a ti…

El pecoso le miró con duda, pero entonces el menor sonrió y se acercó para morderle el cuello suavemente. ¿Cómo supo la debilidad del ajeno? No es como si supiera mucho referente al sexo, simplemente se dejaba guiar por su instinto y hormonas.

Ace desapareció la camiseta de su hermanito, empezando a chuparle los pezones con suavidad, mordiéndoselos firmemente, masajeando el miembro del menor con la diestra, sintiendo como este mismo le sujetaba de los cabellos, suspirando y gimiendo ligeramente.

Escuchar esos sonidos saliendo de su hermano menor solo lo excitó más. Soy un maldito depravado, se dijo mentalmente Ace, pero en esos momentos ya no podía detenerse. Continuó chupando y mordiendo el otro pezón, bajándole poco a poco el bóxer ajeno. Deslizó su lengua por el pecho de Luffy hasta llegar a su abdomen, donde mordió ligeramente la piel haciendo un caminillo con sus dientes hasta el ombligo, donde mordió el contorno de este, estirando un poco la piel y arrancando un suspiró al menor, quien todavía le sujetaba de los cabellos con suavidad. Bajó por completo el bóxer impropio, liberando la creciente erección del menor, y al tenerla frente a frente, se metió la punta del miembro en su boca.

—Aah… Ace… —gimió Luffy, estando sonrojado y mirando a su hermano.

El mencionado solo sonrió internamente y se metió por completo el miembro ajeno a la boca, haciendo un vaivén lento, pero apretado, motivado por los gemidos del menor. Chupó ese delicioso pedazo de carne un rato, más se detuvo antes de que el otro llegara al orgasmo, porque quería venirse con Luffy.

—Ngh… —escuchó que su hermanito jadeó cuando introdujo su lengua en esa sonrosada entrada que tenía, con cuidado y produciendo más saliva para provocar el menor dolor o incomodidad posible. Jugueteó moviendo su lengua rápidamente, metiéndola y sacándola con un ritmo más rápido conforme los gemidos de Luffy crecían— Ace… Aaah… —volvió a gemir cuando su hermano le introdujo el primer dedo, causándole una extraña sensación incómoda y deliciosa.

Cuando Ace sintió que la entrada de su hermanito ya le permitía introducir un dedo más, así lo hizo, teniendo todo el cuidado posible para que no le doliera. Al no tener queja alguna, más que solo los gemidos, empezó a mover ambos dedos, en círculos, los abría y los cerraba como tijeras. Dos minutos después, mientras repartía besos por los muslos y miembro ajenos, introdujo un tercer dedo. Luffy gimió quedito, pero sin dolor, estaba dejándose llevar por el placer que le provocaba aquello y el sentir la ternura con que su hermano le besaba y lubricaba, por lo que pronto empezó a mover sus caderas al ritmo en que los dedos ajenos se movían en su interior con fuerza y precisión.

—Voy a entrar, Luffy —avisó Ace, sacando los dedos de la cavidad ajena para bajarse su bóxer, liberando su propia erección.

—H-hazlo…, Ace, te quiero —suspiró Luffy mientras atraía a su hermano para abrazarlo y sintió como el miembro ajeno se introducía con lentitud en su interior, arrancándole gemidos de dolor, haciendo que su espalda se arqueara y se aferrara más al pecoso.

Ace empezó a besar nuevamente el cuello de su hermano, sin moverse todavía, para que el cuerpo ajeno se acostumbrara, porque sí bien el menor era de "goma" por las Akuma no Mi que le dieron antes de manera obligatoria, seguía siendo la primera vez del pelinegro.

Sujetó el rostro del menor entre ambas manos y le besó de manera apasionada, empezando las embestidas suaves, pero profundas con las piernas ajenas enrolladas en su torso.

—Ngh…aahh… —gimió Luffy entre el beso de manera ahogada, sintiendo como el dolor pasaba a segundo lugar, siendo sustituido por el placer. Un placer que le incendiaba la sangre y lo enloquecía como nunca antes, más que aquellas drogas que una vez sintió.

Aquellos gemidos que dejaban salir todo el placer que su hermano sentía, causó que Ace aumentara el ritmo de las embestidas, así como la fuerza que ponía en estás, ahora sujetando de las caderas impropias. Le alzó una pierna para flexionarla e inclinarla, penetrándole con más profundidad, mientras mordisqueaba los pezones rosados del contrario, teniendo como sinfonía los gemidos de este. Luego prosiguió a empezar a masturbar a Luffy con el mismo ritmo en que le penetraba.

— ¡Aah…! —gimió cuando el pecoso tocó ese punto especial en su interior, volviendo a arquear su espalda con fuerza y sujetándose con tanta fuerza de la espalda de su hermano, que terminó rasguñándolo— ¡Ace…!

El mencionado chico también estaba por terminar, lo decía aquellos fuertes estremecimientos en su espalda, como el bombeo más rápido en su palpitante miembro. Dio una embestida más, golpeando nuevamente en el punto P de su hermano menor, sintiendo como en ese momento las paredes anales ajenas le asfixiaron su virilidad con tanta fuerza que jadeó y gruñó, llegando al orgasmo al mismo tiempo que Luffy.

— ¡Aah…Ace, te quiero! —gimió abrazándose al pecoso.

—Argh… también te quiero… Luffy… —respondió Ace en un ronco gemido, soltando su esencia en el interior del nombrado.

Mientras los dos recuperaban sus respiraciones, el pecoso salió del interior de su hermanito y se acostó a su lado para abrazarlo con fuerza, mirándole sus mejillas sonrojadas.

— ¿Estás bien, Ace? Estás todo rojo —preguntó Luffy pegando su frente con la del mayor.

—Sí, además tú también estás colorado —contestó Ace mirándolo atento.

Jamás pensó que hacer aquello se sentiría tan bien y quizá la culpa le atacara luego, pero por el momento, no quiso arruinar el momento con algo como eso. Sin volver a decir nada más, ambos hermanos se abrazaron con fuerza, quedándose profundamente dormidos.


/Jueves 17 de Enero del 2008/

El primero en despertar fue el pequeño Law y tan pronto su visión se posó en el cuerpo dormido del peliverde, su respiración y corazón se aceleraron con violencia. ¿Esto era posible? ¿De verdad el chico se había quedado a dormir con él?

Como para comprobar que era cierto, alargó el brazo y posó su mano en la mejilla ajena. Sí, en efecto Zoro estaba a su lado y dormía como piedra.

Le gustaba lo que veía, le gustaba ver como dormía, se veía tan guapo y serio que sentía incluso su corazón se paralizaría ante todos los sentimientos y emociones que le atacaban.

Aprovechándose del pequeño momento de intimidad entre los dos, Law acercó su rostro con cierta vacilación y en apenas un roce, besó los labios del peliverde, para luego separarse rápidamente. Si antes su corazón había latido desbocado, ahora estaba peor e incluso le zumbaban los oídos y sentía el calor inundar su rostro, ¿qué era esa inocencia? Ahora mismo se había sentido completamente como un niño. Como el niño que era.

Momentos más tarde, Zoro abrió los ojos, encontrándose con los ojos grises e intensos del niño que seguía acostado frente a él.

—Hola, Roronoa-ya —saludó Law con el gesto serio, pero la mirada inocente.

¿Desde cuándo ese niño era tan… adorable? Maldición, incluso estaba ligeramente ruborizado, dándole más ese toque infantil propio de su edad, ¿por qué eso hacía sentir tan acelerado el pulso del peliverde?

—Zoro, dime Zoro, no por mi apellido —dijo con seriedad, pero intentando mantener un tono neutro.

—Zoro-ya —sonrió Law de manera burlona.

— ¿No irás a la escuela? —preguntó, sin tener ganas de levantarse, pese a que estar acostado al lado de un menor no era precisamente lo correcto.

—No, tampoco mañana, quiero estar aquí —contestó Law abrazando a su oso con fuerza.

—Ya es tarde, me sorprende que Ace no haya venido a despertarme —suspiró Zoro sin apartar la mirada del niño.

—Nadie ha venido a buscarnos —agregó Law ocultando su sonrisa de júbilo.

—En fin —es mejor eso a que me encuentren dormido aquí, pensó estirándose de brazos y se incorporó—. Oí, enano, con lo de ayer… Me di cuenta de que no peleas nada mal con tu espada —se pasó una mano por el cabello—, me agradas como oponente, aunque…

—Sí, me gustaría volver a entrenar contigo —completó Law divertido, incorporándose de la cama también.

El peliverde fijó su mirada en la gasa que tenía el menor, pegada a la mejilla, recordando el corte que le hizo.

—No volveré a herirte —dijo Zoro, sin pensar, acariciándole la mejilla al ojigris.

La cara de Law era un completo tomate y desvió la mirada.

—No soy tan delicado.

—Anda, igual no lo haré, pero tampoco seré suave —aclaró Zoro apartando su mano lo más natural que podía.

Pero entonces, su celular comenzó a sonar y lo sacó del bolsillo para ver la llamada entrante. Era de Sanji y si era de él, significaba que quería verlo.

— ¿Zoro-ya? —habló Law al ver que el otro se quedaba sin hacer nada, viendo el celular sonar.

El muchacho suspiró y apagó el celular, tirándolo en la cama.

—Vamos a comer algo y luego entrenamos, enano, anda —respondió Zoro con una sonrisa de oreja a oreja.

Era la primera vez que ignoraba una llamada de Sanji y no se sintió tan mal ni culpable como creyó.

Law le sujetó de la mano y asintió, viéndole con esos hermosos ojos grises iluminados.


¡Yeeey, capítulo doble! xD

Esto porque el cumpleaños de Zoro es mañana, así que dije, ¿por qué no? ASdlsdjalsa, aprovechando también el internet de mi universidad, ya que sigo sin internet en mi casa u.u Y, para que no esperen de más.

Bueno, espero que les haya gustado esta actualización xD. No olviden que los adoro mucho, mis sweeties :3, ¡besos! Nos estaremos viendo pronto.

¡Feliz cumpleaños a Zoro!