Dean no comprendía lo que estaba haciendo. Sabía que estaba dentro de su propio cuerpo, pero por más que lo intentaba, no conseguía dominar ninguno de sus movimientos y lo que era peor todavía, no podía evitar que aquel demonio hiciera daño a Castiel. Usó todas sus fuerzas, que por culpa de la fuerza del demonio no eran muchas, para tomar el control; pero no había forma, se sentía encerrado, encadenado y su única posibilidad parecía ver a través de unos ojos que ahora no reconocía como suyos y unas manos que pese a sus muchos esfuerzos, producían un calor extrahumano.

Miró a Castiel, le dolía tanto lo que le estaba haciendo a su amigo. Castiel llevaba mucho tiempo ayudándole a enfrentarse a los demonios, en aquella guerra entre el bien y el mal en la que tan sólo se había sentido siempre.

Durante un segundo, mientras trataba de recuperar las fuerzas, se preguntó si Sam le había dicho la verdad, si en realidad se trataba de su hermano o por el contrario era algún tipo de demonio, o alguien que trataba de hacerle daño.

No iba a negar que Sam le había caído bien y en cierto modo le recordaba a su padre y a él mismo. Tal vez era su forma de hablar o la forma en la que se movía, tal vez fuera lo testarudo que parecía ser; pero había algo muy familiar en Sam.

"Basta" Creyó decir en voz alta, pero un momento más tarde se dio cuenta que no lo había hecho, que su voz no había salido de su cuerpo, que posiblemente tan sólo el demonio había escuchado eso. "Deja en paz a Castiel. Dices que nos quieres a nosotros, aunque todavía no se porque quieres a Sam. Así deja en paz a Castiel; él no tiene nada que ver con esto."

"Que pena que no puedas oírlo." El demonio acercó su boca al oído de Castiel y comenzó a reír. "El bueno de Dean está intentando convencerme de que te deje vivir, que tu no tienes nada que ver con esto. ¿Tu también crees eso Cass?"

La mano del demonio apretó con más fuerza todavía el pecho de Castiel, produciendo un calor tan grande, que le estaba lastimando. No dijo nada, sabía lo que el demonio quería escuchar, al fin y al cabo, después de tantos meses juntos, Castiel apenas era capaz de esconder nada a Dean; aunque no le dijera nada, el cazador podía leer sus miradas y seguramente el demonio estaba haciendo ahora lo mismo.

"¿Se te ha comido la lengua el gato Cass? Dime, ¿Crees que no tienes nada que ver con esto? Porque yo creo que si Dean está en el hospital y si le ha ocurrido todo esto es por tu culpa, porque no supiste cuidar de él como debías. ¿Estoy en lo cierto?"

Castiel miró al demonio, aunque sabía que dentro también estaba Dean. podría quitárselo de encima usando tan sólo un pequeño esfuerzo, pero entonces seguramente lastimaría a Dean. Entonces no lo vio, no fue más que un segundo, un pequeño brillo en los ojos de Dean, un brillo que pertenecía al cazador y no al demonio que lo estaba dominando. El ángel sonrió, tal vez después de todo había una posibilidad.

"Tienes razón, fue mi culpa, no cuidé de Dean y ahora está aquí. ¿Pero sabes cual es la mayor diferencia entre él y tu?" El demonio lo miró. Castiel tuvo que respirar profundamente antes de volver a hablar, pues el dolor en el pecho era cada vez mayor y poco a poco se estaba haciendo insoportable. "En cuanto me deshaga de ti, volverás al infierno a lamerte las heridas, mientras que Dean nunca se da por vencido."

El brillo en los ojos de Dean todavía estaba allí y la forma en la que el demonio le miraba. Castiel lo supo en ese preciso momento, aquella mirada, incluso la sonrisa en los labios de la persona que le estaba atacando, formaban parte de la personalidad de Dean; durante un breve momento, Castiel cayó en la cuenta de que no era el demonio el que dominaba en ese momento.

"¿De que estás hablando?" El demonio se separó un poco de Castiel, aunque el ángel estaba seguro que era cosa de Dean, porque le había dejado el espacio suficiente para poder deshacerse de él y poder lanzarlo al suelo.

"Conozco a Dean mejor que tu." Castiel fue hasta el demonio y lo levantó, agarrándolo el cuello de la camiseta. "Tu no eres nada, tan sólo demonio más, uno de tantos que hemos matado en este tiempo."

Desde el interior de su cuerpo, Dean gritó, el dolor era terrible, la forma en la que el demonio lo estaba encarcelando, parecía que lo comprimía, como si en realidad dispusiera de cuerpo al que lastimar. Se imaginaba a si mismo doblado en el suelo, descompuesto por el dolor que le estaba produciendo el demonio, sin poder hacer nada para volver a tomar el control sobre si mismo. Notaba unas cadenas aprisionaba su cuello, su corazón, todo él. Ya no podía aguantar más y lo peor de todo era que estaba a punto de poner en un serio peligro a Castiel.

"En eso, Cass, estás muy equivocado."

Castiel se dio cuenta demasiado tarde de que el que hablaba ahora, ya no era su amigo, si no el demonio. El ángel no vio venir el golpe, por lo que no pudo evitar que el demonio lo lanzara al suelo y de un salto se pusiera en pie. Caminó lentamente hacía Castiel, sonriendo; todo estaba volviendo a su sitio y mientras Sam estuviera fuera, dolido por las palabras que creía que le había dicho su hermano, el demonio tendría tiempo para hacer lo que quisiera con Castiel.

- o -

Sam llegó a la recepción del hospital, sin poder creer que Dean le hubiera echado de la habitación con aquellos humos. Comprendía perfectamente, que para su hermano, ahora él no era más que un extraño que le contaba historias sin sentido; pero su hermano nunca había sido así, ni en los peores momentos, ni cuando habían discutido por su marcha a Stanford. Dean nunca le había tratado así.

"Eh, Rebeca ¿estás bien?"

Sam se dio la vuelta al escuchar aquella voz. Vio a la enfermera de su hermano, estaba pálida y se movía lentamente, como si estuviera mareada. Al cazador le sorprendió el terrible cambio en la chica. Un compañero se acercó a ella e hizo que detuviera su camino.

"¿Rebeca?"

"No lo se. No se ni como he llegado hoy al hospital, ni estos últimos días. No lo entiendo." La enfermera se frotó la frente, estaba todo tan confuso en su mente. Los días pasados se habían convertido una nube densa en la que no podía ver nada. "¿Qué es lo que ha pasado?"

Sam se acercó a ella, reconocía muy bien ese comportamiento, pero esperaba estar equivocado, por el bien de su hermano. La chica lo miró, de alguna manera, como si lo hubiera visto en algún sueño, lo reconoció, pero no estaba en absoluto segura donde lo había visto.

"¿Nos conocemos?"

"Llevas unos días siendo la enfermera de mi hermano." La miró a los ojos, estaba perdida, sin duda, y al acercarse disimuladamente a su cabello, pudo notar el olor tan característico de los demonios, sulfuro. "¿De verdad no te acuerdas?"

"¿Tu hermano?" Protestó, le dolía terriblemente la cabeza. "Lo siento, me siento fatal y no me acuerdo de nada, es como si hubiera estado bebiendo durante estos últimos días ya hora despertara con un resaca horrible."

La chica todavía estaba diciendo algo cuando Sam echó a correr pasillo adelante, de vuelta otra vez a la habitación de su hermano. ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había demonios en el hospital que iban tras su hermano y ni siquiera se había dado cuenta que habían estado jugando con él.

"Soy tu debilidad y tu eres la mía. Hasta el demonio más estúpido lo sabría después de tanto."

¿Cuántas veces habían tenido aquella conversación? ¿Cuántas veces habían tenido que poner en peligro la vida del otro por acabar con un demonio? ¿Cuántas veces habían dejado marchar al demonio, fantasma, o lo que fuera por el bien de su hermano?

"Dean tiene que estar bien, Dean tiene que estarlo." Pensaba Sam mientras corría por el pasillo.

No fue más que un minuto apenas, lo que le costó llegar a la habitación, pero él lo sentía como si hubieran sido horas. Tal vez Dean estuviera muerto por su despiste, eso si que no se lo perdonaría nunca. Se detuvo delante la puerta, cerrada como la había dejado él. Sacó el arma que siempre tenía guardada, al mismo tiempo que intentó escuchar lo que ocurría dentro de la habitación.

Un ruido desde dentro le sobresaltó, parecía el sonido de un cuerpo chocando contra la pared.

"¿Y ahora que vas a hacer Castiel? ¿Vas a atreverte a hacerme un exorcismo? En cuanto me marché de su cuerpo, Dean volverá a estar débil y si fuerzas su cuerpo, podrías matarlo."

Sam apretó con fuerza el arma que sostenía entre las manos y abrió con decisión la puerta.

"¡Sammy! Me alegra ver que tu también has venido." Dijo el demonio, apartando durante un momento la mirada de Castiel y fijándose en el menor de los hermanos. "Pensaba que estabas tan deprimido que te habrías marchado al hotel. Veo que estaba equivocado, eres más testarudo de lo que yo creía"

El demonio levantó la mano, había escuchado muchas cosas sobre Sam Winchester, pero ahora que lo veía, ahora que lo tenía cerca, no parecía nada del otro mundo y mucho menos parecía capaz de acabar con tantos demonios. El demonio se mantuvo seguro de si mismo y vio que Sam daba un paso atrás. Sonrió satisfecho, mientras escuchaba a Dean en el interior del cuerpo gritando para intentar evitar lo que iba hacer.

"Pobrecito Dean, incluso ahora que no te conoce está intentando protegerte. Pero no le va a servir de nada."

Lanzó con más energía todavía la mano contra Sam, podría con él, en menos de lo que hubiera esperado, Sam estaría a su merced, podría acabar de una vez por todas con Castiel y el cuerpo de Dean sería para él. Había que mantener a los dos hermanos con vida, aunque nadie decía que no pudiera jugar con ellos y divertirse todo lo que quisiera.

"Déjales en paz."

"Lo siento Dean, pero es una pena que no sepas porque quiero que tu hermano sufra. Porque por mucho que te cueste aceptarlo, Sam es tu hermano y si, ha sido cosa mía que no te acuerdes de él." Dean escuchó reír al demonio, tanto desde dentro del cuerpo como desde fuera. "Mi jefe te quiere con vida, a ti a tu hermano, pero teníais que dejar de ser un problema de una vez por todas. No ha sido tan difícil después de todo."

Desde el interior de su cuerpo, Dean vio a Sam dar un paso atrás, sin quitarle la vista de encima. Si lo conociera, diría que Sam no quería usar sus poderes con el demonio que Dean tenía dentro, por no lastimarle a él. Dean respiró profundamente, si a lo que estaba haciendo en el interior de su cuerpo y se esforzó por concentrar las pocas fuerzas con las contaba para enfrentarse al demonio.

"Vamos Sam ¿eso es lo mejor que tienes?"

Sam dio un paso atrás otra vez. No podía atacar a Dean, no en su estado, no cuando en el mismo momento en que el demonio dejara su cuerpo, podía morir. No podía ponerle las cosas peor de lo que estaban. Pero si dejaba que el demonio siguiera haciendo aquello, seguramente podría con él.

Castiel avanzó unos pasos hacia el demonio, aunque todavía estaba aturdido por el dolor. El demonio se dio la vuelta, movió con rapidez el cuerpo de Dean, levantó la otra mano y lanzó al ángel contra la pared.

"¿Y esto es lo mejor con lo que cuenta tu dios? Un ángel que no es enemigo para mi y un cazador, que no se atreve a lastimar a su hermano, por mucho que sea más que un cuerpo sin sentido, ocupado por un demonio como yo. Entonces veo que el Apocalipsis va a terminar antes de lo que me imaginaba."

No lo vio venir, no se dio cuenta cuando Sam se lanzó a por él, pero el menor de los hermanos no podía soportar que un demonio hablara así de Castiel y mucho menos de su propio hermano. Lo cogió del cuello y lo llevó hasta la pared. Una vez que el demonio quedó aturdido, se separó de él y levantó la mano, dejó clavado al demonio contra la pared, con una fuerza que Sam no había sentido nunca.

Supuso que no había fuerza mayor que las ganas de proteger a su hermano y librar de aquel demonio. Concentró toda su fuerza en no lastimarle demasiado, pero si en mantenerlo allí y agotarlo poco a poco.

"Sam, por favor no lo hagas." El cazador se quedó sorprendido al escuchar la voz de su hermano, sonando tan ahogada y atormentada. Incluso aquellos ojos que lo miraban desesperados no correspondían con los de su hermano.

"Sam, no le creas." Dijo Castiel una vez que el demonio le había dejado libre.

El cazador le miró, sin dejar de hacer presión en el cuerpo de su hermano, mientras evitaba que el demonio hiciera nada.

"Sam, sabes que soy yo, mírame a los ojos, lo sabes muy bien, reconoces mis ojos ¿verdad que si?"

"Dean no te reconoce." Castiel se acercó a él, comprendía que a Sam le costara tanto aceptar aquello, pero viéndolo desde fuera, no como hermano, sino como amigo, Castiel estaba completamente seguro que aquellos ojos que miraban, no eran los de Dean. "¿Alguna vez tu hermano ha rogado por su vida?"

El cazador miró a su amigo. Castiel tenía razón. Dean nunca le hablaría así. Se volvió a concentrar en el demonio, tenía que sacar de una vez aquella criatura de su hermano, pero tenía que evitar hacerle daño. cerró un momento los ojos y un segundo más tarde escuchó gritar a Dean.

"¡Sam!"