La espera por fin ha terminado y llegó el capítulo 10. Para mí, es un motivo para celebrar ¡Nunca pensé que llegaría al capítulo 10 de un fanfic alguna vez! Espero que esta historia pueda continuar y que llege al capítulo 15, 20, o lo que sea necesario para terminarla. También quiero decir que mañana empiezan definitivamente mis vacaciones de invierno, lo que me permitiría tener mucho más tiempo libre para continuar mis proyectos.
Rescate Desde Ciudad Férrica
"Señor Batuo ¿Cree usted que esto va funcionar?" Le preguntó Ángela al maestro monje.
"Eso esperamos jovencita, ya que no podemos entregarles los suministros. Apenas encontramos cosas en la ciudad y si lo hacemos, no alcanzará para llegar a la siguiente si es que continuamos. Pero… ¿Estás segura de que quieres acompañarnos? Las cosas podrían tornarse peligrosas."
Bauto, Medicham, Ángela y su Lucario se encontraban a la cabeza de un grupo que llevaba un gran cajón de madera transportado sobre un carro, los cuales habían sido encontrados en un almacén abandonado. Junto a ellos, los seguía una escolta civil armada además de algunos policías.
"Si… Estoy segura… Sé que puede ser peligroso, y la verdad, tampoco quería venir… Pero Kenny, Tommy y Anita me suplicaron que comprobara si podía encontrar a sus padres entre los rehenes y Lucario se ofreció a protegerme mientras durara todo esto."
"No se preocupe, señor, me aseguraré de que la señorita Ángela no recibe daño alguno, esa es la misión la cual me encomendaron." Aseguró el Lucario.
"Interesante… Así que has podido dominar suficientemente tu habilidad en el aura como para poder utilizar telepatía."
"Mi antiguo amo tardó décadas en enseñarme a usarla, lamentablemente, el no era un Guardián de Aura, por lo que tuvo que enseñarme con cualquier información que pudiese recopilar a lo largo de los años."
"Tu amo debió de haber sido un hombre paciente. Los conocimientos de los Guardianes de Aura están casi desaparecidos de la faz de la tierra."
"Hablando de eso… He escuchado por el campamento rumores acerca de usted, señor Batuo, de que usted es un Guardián de Aura como los que se cuentan en las historias de antaño. Uno de esos hombres capaces de dominar el aura en todo su potencial."
"¡¿En serio?" Preguntó Ángela "¿Cómo uno de esos hombres de las historias que me contaba mi padre?"
Batup se pasó la mano por el rostro.
"Ese Arthur… Debió de haber estado soltando la lengua… Y tampoco que me haya dedicado mucho esfuerzo a esconder mis habilidades… A ver… Efectivamente soy un Guardián de Aura, de cierta forma, ya que de donde vengo se les conoce con otro nombre: los Monjes Guardianes. Aunque eso fue en otra época, ahora soy simplemente un maestro de artes marciales que ha dado clases por décadas y he decidido que Arthur sea el aprendiz el cual heredará todos mis conocimientos para que continúe con el legado de los Monjes."
"Es… Irónico sin dudas… Tantas décadas viajando con mi amo sin poder encontrar a un Guardián de Aura y cuando finalmente lo dejo de lado para proteger a su hija, por fin me encuentro con uno."
"Ya casi es hora" Dijo Bauto.
La expedición con el carro había llegado a las puertas del edificio de los Cuarteles Generales de la Corporación Devon con sus visibles dos torres y el edificio de recepción que unía a ambos. A la entrada lo esperaban alrededor de quince pandilleros de los Sevipers, entre ellos, Garret, el motociclista que les había traído el mensaje de su jefe Barry.
"¡Ah! ¡Bravo! Veo que decidieron ser razonables y traerle el tributo debido a nuestro jefe, y no solo eso ¡Sino que han llegado incluso más temprano de lo acordado! Espero que los pokemón salvajes no les hayan traído muchos problemas en el camino." Dijo Garret mientras se acercaba Batuo.
"¿Y ahora qué?" Susurró Ángela.
"Ganar tiempo para que mi aprendiz, su amigo Andrés y el resto de los policías hagan su parte del plan. Si por algún motivo algo sucediera, intervendré y ustedes se retirarán a una distancia segura, no quiero que nadie muere aquí innecesariamente."
Lucario miró con un tono de preocupación al anciano y al Medicham.
"¿Cómo? ¡Ellos son demasiados! ¿Qué puede hacer usted contra tantos?" Preguntó consternada Ángela.
"Jovencita, a lo mejor a primera vista parezco un simple anciano, pero nunca es bueno subestimar a un Monje Guardián."
Garret terminó de acercarse al grupo que transportaba el cajón.
"¡Vaya, es un cajón muy grande! Me parece bien que hayan tomado la alternativa correcta." Decía de forma alegre mientras la examinaba por fuera. "Ahora comprobemos si está todo en orden."
En ese momento, le hizo señas a un pandillero calvo y de apariencia fornida, este se acercó trayendo una barreta para abrir el cajón.
"Antes de abrirlo" Intervino Batuo. "Me interesaría saber algunas cosas, me ha llamado mucho la atención el cómo ustedes han podido tomar el control de la ciudad ¿Fue demasiado difícil?"
"¡Qué va!" Contestó Garret "No fue tan difícil, bastó con aprovechar el momento en que los pokemón se volvieron locos y todo lo demás fue muy fácil."
"¿Preparados?" Preguntó la oficial Verónica Jenny a los presentes, los cuales asintieron.
Además de Verónica, el grupo de rescate lo componían Andrés, Arthur y tres policías más. Dos de ellos eran los mismos que los habían acompañado cuando habían explorado el centro pokemón abandonado en el Bosque Petalia. Todos llevaban subfusiles automáticos MP5, granadas e iban vestidos con armaduras y cascos de las Fuerzas Especiales de Ciudad Férrica que habían rescatado del cuartel de la ciudad. Además de ellos, los respaldaban Bruce y Boss fuera de los Pokéglovs. Habían tomado una calle que rodeaba al edificio e intentaban entrar por una puerta de emergencia que daba a la parte de atrás del edificio de recepción.
"3… 2… 1… ¡Ahora!"
Un policía derribó la puerta y todos entraron en fila con los pokemón al final. Al fondo del cuarto al que accedieron, se encontraba un estupefacto pandillero que no alcanzó a reaccionar lo suficientemente rápido antes de que lo golpearan y redujeran.
"¡Habla! ¡¿Dónde está tu jefe y los rehenes?" Le gritó Verónica mientras lo golpeaba de nuevo con la culata de su arma.
"¡Nunca!" Dijo acompañado de un hilillo de sangre en la boca.
Verónica lo golpeó otra vez.
"¡Dímelo ahora mismo! ¿O prefieres que ellos dos te convenzan de hablar?" Dijo mientras tomaba al pandillero de su chaqueta de cuero y le mostraba a un Houndoom que resoplaba fuego por los orificios nasales y a un Blaziken que hacía sonar sus poderosos nudillos.
"¡No, no por favor no! ¡No me hagan daño! ¡Barry se encuentra en el despacho del presidente en el último piso de la segunda torre!" Contestó atemorizado.
"Gracias… Bruce, hazme el favor." Le pidió Verónica al Blaziken.
Este asintió y con un solo movimiento veloz tomó la cabeza del pandillero y la estampilló contra la pared, dejándolo inconsciente al instante además de dejar visibles grietas en el muro.
"Max nos dio información de cuando visitó este edificio hace tiempo. Habrá que ir a las escaleras de emergencia ya que de seguro que los ascensores no funcionan." Informó Arthur.
"Entonces pongámonos en marcha ¿no? No hay tiempo que perder" Exclamó Andrés mientras ponía apunto su arma.
"Las escaleras de la torre dos deben de estar aquí." Señaló uno de los policías.
"¡En movimiento entonces!" Exclamó Verónica
Todos emprendieron la marcha con la oficial a la cabeza.
La vergüenza e indignación que sentía Brendan no tenían precedentes. Ahora estaba sentado y con las manos atadas, sin su pokéglov y lo peor: le habían quitado el gorro de su madre. Junto a él se encontraba los demás integrantes del grupo en el cual había salido, entre ellos, Alex y Katrina se encontraban sentados uno al lado del otro. En una pared fuera del alcance de ellos, se encontraban sus armas y pokéglovs. Ellos se encontraban en un extremo del gran despacho del presidente, en el centro, se encontraba el escritorio ocupado por un tipo corpulento y de nombre Barry, el líder de la banda que los había capturado. Junto a los prisioneros, habían cuatro hombres armados que los mantenían constantemente amenazados. Habían comprobado al capturarlos de que los pokemón de ellos podrían salir fácilmente de los pokéglovs y atacarlos, por lo que tenerlos constantemente bajo amenaza era una labor necesaria.
"Alex" Dijo la guardabosques en voz baja.
"¿Si?"
"Creo que tengo un plan para poder escapar pero necesito que me ayudes."
"¿Qué piensas hacer?"
"¿Notas como nos han atado?" Tras decir este movió un poco las manos atadas.
"Ya veo, las ataduras han quedado algo sueltas, por lo menor puedo deslizar las manos un poco por debajo de ellas."
"Bien, escúchame atentamente ¿Vez el cajón a un lado tuyo?"
Álex giró la cabeza, efectivamente, al lado suyo se encontraba una cajonera ricamente ornamentada.
"Si, la veo."
"¿Puedes intentar alcanzarla? Quizá adentro haya algo que sirva para poder cortarlas."
"¡Silencio los dos!" Gritó uno de los guardias.
"¡Jefe! ¿Por qué simplemente no los matamos y asaltamos a esa caravana? Sería mucho más fácil."
"No sería muy conveniente, ya vistes lo armados que estaban nuestros prisioneros, sin olvidar los pokemón que tenían. Sería algo peligroso y un gasto de recursos incensario. Mejor que ellos mismos traigan sus cosas. Ya falta poco para que llegue el tributo y no tendrás que seguir cuidando de ellos. Aunque, si siguen incordiando a mis hombres, podría tomarme algunas libertados con ustedes de manera anticipada ¿Me entendieron?" Dijo Barry desde el escritorio con una mirada seria a los prisioneros.
Muchos de los rehenes, entre ellos Álex, Katrina y Brendan tragaron saliva al oír la amenaza y asintieron.
"Bien… Eso es lo que quería oír."
Cuando el guardia que observaba apartó la mirada, Álex deslizó lentamente la mano y alcanzó a tomar uno de los cajones y lentamente, intentó tirarlo sin hacer mucho ruido. Afortunadamente, nadie se dio cuenta. Intentó echar un vistazo adentro y su rostro esbozó una sonrisa: dentro del cajón vio lo que parecía ser la funda y empuñadura de un cuchillo de apariencia antigua, alguna antigüedad que había comprado el presidente antes de que el edificio quedara vacío.
El grupo de rescate comenzó a subir las escaleras de emergencia, una tarea agotadora considerando la enorme cantidad de pisos de la torre. Intentaban subir lo más rápido posible ya que no sabían cuanto tiempo tendrían Batuo y los demás para mantener ocupados a los guardias de la entrada. El plan era llegar donde Barry, tomarlo prisionero y negociar la liberación de los rehenes. De todos los presentes, los únicos que parecían sobrellevar la larga y agotadora subida eran los pokemón y Arthur que no parecía demasiado cansado.
"¿Cómo lo haces Arthur?" Preguntó Andrés entre jadeos.
"Si supieras las cosas que he tenido que hacer en mi entrenamiento, estoy seguro que agradecerías tener que subir sólo escaleras."
"¿Pero qué?" Exclamó Verónica. "¡Alto todos!"
Todos pararon de súbito y vieron el por qué: el tramo de la escalera a continuación estaba completamente obstruido por una barricada de objetos que iban desde mesas, sillones, escritorios, etc. El tramo obstruido abarcaba por lo menos un piso completo y tardarían demasiado en retirar todo. Tiempo que no tenían disponible ya que cada segundo perdido daba la posibilidad de que todos abajo en la entrada corrieran peligro. La única forma de seguir era ingresar a ese piso por la puerta a un lado de ellos.
"¿Qué hacemos ahora?" Preguntó Arthur.
"Han puesto una barricada para obligar a los que suben cruzar este piso, estoy segura que al otro lado debe de haber otro tramo de escaleras que nos permitan seguir ascendiendo."
"O sea ¿Este es algún tipo de piso de control?" Preguntó Andrés.
"Exacto, y de seguro que detrás de esa puerta que nos lleva a un piso que debe de estar lleno de pandilleros vigilando. Como no pueden mantener controlado todo el edificio, debieron de haber dejado pisos como este." Aclaró Verónica.
"Entonces… Tendremos que enfrentarnos a ellos ¿verdad?" Preguntó Arthur.
"Eso es seguro." Sentenció la oficial Jenny.
Arthur tragó saliva, nunca había esperado tener que matar a pokemóns para proteger su vida, pero ahora ¿tener que matar a una persona? Eso era un asunto completamente distinto.
"¿Qué pasa Arthur? ¿Acaso estás dudando? Recuerda que esos pandilleros son criminales, lo eran incluso antes de los limitadores. Ellos no han tenido problema es asesinar gente inocente para beneficiarse ellos mismos y ahora han secuestrado a los nuestros y nos quieren obligar a entregar todo lo que tenemos. Piénsalo, son ellos o nosotros. Trata de no verlos como personas, sino que como criminales que se las han buscado y que ahora recibirán su castigo por sus crímenes ¿Has entendido también Andrés? ¿O quieren retirarse los dos ahora?"
A Andrés tampoco le gustaba la idea de matar a alguien. Todas las veces que en secreto tomaba prestado el arsenal de su padre e invitaba a Arthur a disparar era para hacerlo contra blancos, latas, lo que sea. Nunca habían herido a alguien o a un pokemón. También pensó que si su padre era oficial del ejército, el debía de estar preparado para matar si es que aspiraba a tomar una carrera militar ¿Qué diría de él si no pudiese tener coraje para hacerlo, especialmente ahora que la vida de muchos supervivientes de Ciudad Petalia pendía de un hilo?
Los dos se miraron y asintieron.
"Continuaremos" Aseguró Andrés
"¡Bien! ¡Preparen todo! ¡Comprueben armas y estén listos para ingresar!" Informó la oficial
El equipo comprobó sus armas, cargadores y municiones, comprobaron que los cascos y lentes de seguridad estuviesen bien ajustados y vieron que sus granadas estaban en orden. Gracias al pequeño arsenal de la casa de Andrés y lo recolectado tanto en los cuarteles de policía de Ciudad Rinchiend y Ciudad Férrica, habían adquirido una cantidad de armamento y equipo considerable. Finalmente, pusieron sus MP5 en modo ráfaga de tres disparos para ahorrar disparos.
"Bruce, Boss, sé que no soy su entrenadora pero les pido que siguán mis órdenes ya que nosotros tenemos más experiencia en este tipo de casos ¿entienden?"
Los dos pokemón asintieron.
"Bien, cuando ataquemos, lo haremos rápido y fuerte, no sabemos cuánto tiempo tendremos para llegar arriba o si abajo nos oirán. Espero que el señor Batuo sea capaz de manejar la situación tan bien como dice, no sé si un anciano es capaz de hacer algo contra tantos hombres."
"Descuide señorita, reconozco que hasta ahora no he tenido oportunidad de ver a mi sifu utilizando todas sus capacidades, pero creo que no es recomendable subestimar a un Guardián de Aura en lo que pueda hacer."
"Contamos que tengas razón Arthur ¡Ahora sí! ¡Todos a sus puestos!" Ordenó verónica.
"¡Ya hemos esperado demasiado! ¡Apártese viejo!" Dijo Garret fastidiado mientras empujaba a Batuo. "¡Abre la caja ahora mismo!"
El pandillero con la barreta forzó la tapa y esta salió despedida, Garret echó un vistazo al interior.
"¿¡Pero qué diablos? ¡Aquí no hay más que basura!"
Adentro da la caja no había más que chatarra: trozos de metal, piedras, lo que sea para agregarle peso. Garret desenfundó una pistola y apuntó a Bauto en la cabeza..
"Tienes mucho que explicar viejo..."
Con un rápido movimiento, Batuo tomó el brazo de Garret y lo torció haciéndole caer su arma y con el brazo libre, desenfundó una espada jian y se la clavó en el estómago. El rostro del pandillero se contorsionó. Batuo retiró la espada y el cuerpo de Garret cayó al suelo mientras se contorsionaba de dolor y perecía lentamente mientras se desangraba. Con otro movimiento, Batuo lo remató ahorrándole largos minutos de agonía.
"Maldito…" Gritó el pandillero con la barreta.
Este intentó golpearlo pero rápidamente Medicham se abalanzó y tras generar una cuchilla de energía en el dorso de su mano, le cercenó el cuello. Este soltó la barreta y cayó al suelo mientras se llevaba las manos a la garganta.
"¡Retrocedan todos!" gritó Batuo.
"¡Mátenlos!" gritó un pandillero a sus compañeros cerca de la entrada y los trece que quedaban abrieron fuego con sus armas a Batuo y a los que lo acompañaban.
Lucario tomó a Ángela y corrió a cubrirse tras la esquina de un edificio cercano junto a los demás escoltas que se ponían a cubierto. Antes que las balas pudiesen llegarles, dos misteriosos domos de energía cubrieron a Batuo y a Medicham, siendo la del monje de un color verde claro y el del pokemón de color magenta. Las balas llovían sobre los dos, pero están rebotaban y caían al suelo sin hacerles daño alguno al impactar con las barreras de energía.
Cuando las balas se les acabaron y comenzaron a recargar, la barrera protectora de Batuo desapareció y desenfundó una segunda espada, tras lo cual comenzó a correr hacia el grupo de pandilleros a una velocidad imposible para un anciano de su edad, siendo una velocidad que igualaba o superaba al de un atleta profesional. Medicham igual hizo desparecer su barrera y corrió junto a su amo. Mientras lo hacía, Medicham juntó las manos y generó una esfera de energía magenta, luego, las impulsó hacia adelante y esta voló hacia un pandillero. Al contacto con el torso de este, la esfera detonó, haciendo estallar el cuerpo del pandillero, repartiendo sangre y vísceras por todos lados que mancharon a muchos de sus compañeros.
Los pandilleros retrocedieron horrorizados por la escena macabra que acababan de ver y antes de que pudiesen empezar a disparar de nuevo, Batuo saltó y realizó un corte diagonal en el pecho de un pandillero que cayó al suelo con un alarido de dolor y seguidamente clavaba la segunda en el pecho de un segundo. Medicham se abalanzó sobre otro y lo golpeó con Megapuño, su brazo se hundió en el torso hasta que lo traspasó completamente y su puño cubierto de sangre salió al descubierto por el otro extremo. Un pandillero intentó dispararle, pero Medicham arrancó su mano y realizó una patada ascendente que golpeó con tan fuerza su barbilla que cayó al suelo acompañado con el crujido de su cuello que acababa de romperse.
"¡No se queden ahí parados mientras ellos dos pelean! ¡Fuego!" Gritó un hombre de la caravana y los escoltas de la caja abrieron fuego sobre los desprevenidos pandilleros que cayeron heridos sin saber a qué blanco contestar.
Pronto, todos ellos cayeron y Lucario, el cual protegía con su cuerpo a Ángela, la cual respiraba agitada, intentando aguantar las ganas de gritar de pánico, miraba estupefacto la masacre provocada por el monje, su compañero y finiquitada por los demás. Ángela nunca esperaba que las cosas se tornaran así y el hecho de que hubiesen comenzado a disparar la había asustado como nunca antes en su vida. Tenía suerte de no haber visto la masacre completa o sino quien sabe como hubiese reaccionado."
"Ese… ¿Ese es el poder del aura?" Exclamó en voz baja Lucario, en un tono que mezclaba a la vez miedo y admiración.
Una puerta se abrió ligeramente y tres pandilleros observaron curiosos. A través de ella, rodó un pequeño objeto.
"¿Qué es eso?" Preguntó uno.
Su compañero se acercó.
"¡Mierda! ¡Es una granada!"
Antes que pudiesen correr, la granada explotó y sus cuerpos salieron disparados hacia atrás pulverizados por una nube de metralla, los cuales cayeron finalmente varios metros atrás sobre las paredes de unos cubículos que se derrumbaron con sus pesos. La puerta se abrió por completo y entró el grupo de rescatistas y los dos pokemón.
"¡Tomen posiciones! ¡Protéjanse con los cubículos!" Ordenó Verónica.
Habían entrado a una gran sala llena de cubículos de oficinas llenos de pasillos perfectos para maniobrar y cubrirse. Alrededor de seis pandilleros aparecieron al otro lado de la sala y abrieron fuego.
Verónica se deslizó en el muro y disparó una ráfaga con su subametralladora y un pandillero cayó herido. Uno de los policías tomó una granada, le quitó el seguro y la arrojó.
"¡Granada cegadora!"
La granada cayó entre los pandilleros y estalló con un gran destello blanco que los dejó cegados.
"¡Avancen y traten de rodearlos! ¡Bruce! ¡Boss! ¡Ataquen por los flancos y ustedes dos síganme!" Grito Verónica hacia Arthur y Andrés.
Los dos asintieron y se separaron de los otros tres policías que igual se movieron para empezar a avanzaron por otra dirección. Tras avanzar unos metros, un grupo de pandilleros apareció ante los tres policías y uno recibió un disparo. Los otros dos lo tomaron y se escondieron detrás de un cubículo.
"¿Estás bien?"
"¡Sí, estoy bien! ¡El disparo me dio directo en el chaleco antibalas! ¡Gracias a Arceus que encontramos varios en el cuartel de la ciudad!"
El policía que había recibido el disparo se irguió de nuevo y pulsó el gatillo dos veces. Seis disparos viajaron y una ráfaga impactó a un pandillero que cayó y se refugió detrás de un cubículo gimiendo de dolor.
"¡Oye Arthur!" Preguntó Andrés mientras se levantaba y disparaba una ráfaga hacia los pandilleros que se encontraban a unos metros de ellos.
"¡¿Qué quieres Andrés? ¡Este no es un buen momento para charlar!" Contestó Arthur mientras se erguía y disparaba una ráfaga que logró impactar a un pandillero.
"¿Sabes en cuantos rescates hemos participado? Creo que he perdido la cuenta." Preguntó Andrés en un tono sarcástico.
"Creo que este es el tercero ¡Primero contra bichos asesinos, luego contra primates peligrosos y ahora contra pandilleros armados!"
"¿Sabes Arthur? Para la próxima vez que haya que rescatar a alguien, neguémonos ¿sí? Creo que ya hemos hecho suficiente. Además ¿Que podría venir después? ¿Luchar contra el mismo Ho-Oh?"
Andrés se irguió y disparo una ráfaga pero retrocedió rápidamente al sentir un par de balas zumbándole cerca.
"¿Ho-Oh? ¿Quién es ese?" Preguntó Arthur.
"Un pokemón legendario de la región de Johto, tu sabes, de donde vengo. Pero quizás, por donde estamos, un pokemón de esta región sea más probable ¿Rayquaza tal vez?"
"¡Cállense los dos, que estamos en un tiroteo y no en una reunión social!" Ordenó Verónica, que disparó una ráfaga y logró impactar a otro de los pandilleros.
De pronto, Bruce y Boss, que habían rodeado el cubículo, se arrojaron sobre los dos pandilleros que quedaban. Uno fue golpeado en el rostro por Bruce para luego ser reducido, y con un movimiento preciso, terminó con el cuello roto. Boss logró arrojar al suelo a su víctima, la cual le arrancó la garganta de un solo mordisco.
No muy lejos de ellos, los otros tres policías habían conseguido limpiar también su zona de objetivos hostiles.
"¡Muy bien todos, sigan avanzando! ¡Debemos llegar al despacho del presidente lo antes posible!" Ordenó Verónica mientras el grupo volvía a juntarse y avanzaba al tramo de escaleras al otro lado piso que les permitía continuar subiendo.
Barry se irguió preocupado sobre el escritorio.
"¡¿Qué son esos ruidos? ¡¿Qué está sucediendo?"
Uno de los guardias entró al despacho.
"¡Son intrusos jefe! ¡Vienen hacia aquí!"
"¡Malditos! ¡No permitan que vengan aquí! ¡Salgan rápido y deténganlos!" Ordenó.
El guardia y los otros cuatro presentes salieron del despacho. Aprovechando ese instante, Katrina, que había cortado sus ataduras gracias al cuchillo que encontró Álex, corrió rápidamente hacia Barry empuñándolo. Este se dio vuelta y observó con una cara de asombro mientras ella se aproximaba rápidamente.
Las puertas del despacho se abrieron de par en par y entraron los cinco rescatista más los dos pokemón.
"¡Tiren sus armas ahora mismo! ¡Si no lo hacen, le volaré los sesos a ella!"
Los rescatistas se detuvieron asombrados. El hombre frente a ellos, seguramente Barry, sostenía como escudo humano a Katrina mientras la apuntaba con una pistola en la cabeza. A un lado de ellos, se encontraba un cuchillo de apariencia antigua tirado en el suelo.
"¡Arrójenlas! ¡Arrójenlas ahora mismo! ¡No pongan a prueba mi paciencia!" Repitió mientras pulsaba ligeramente el gatillo y Katrina tiritaba de miedo.
"Todos, suelten las armas." Ordenó Verónica.
"¡¿Pero qué? ¡No podemos hacer eso!" Protestó Andrés.
"¡He dicho que suelten las armas! No podemos permitir que nadie salga herido, no hay nada más que podamos hacer ahora mismo."
A regañadientes, los cinco dejaron las armas en el suelo y levantaron las manos.
"¡Ahora! ¡Los pokemón! ¡Retrocedan y aléjense!" Ordenó de nuevo Barry.
Arthur y Andrés asintieron a sus pokemón y estos retrocedieron, saliendo del despacho y quedándose un poco más atrás del umbral de la puerta.
"Bien… Eso está mejor…"
"¡Ahora suéltala Barry! ¡Déjala en paz! ¡Ya nos tienes desarmados!" Rogó Verónica.
"¡¿Acaso se creen con derecho a decirme qué hacer? ¡Primero se atreven a ingresar sin permiso a mi ciudad y saquear sus recursos! ¡Mi ciudad! ¡Pude haberlos atacado simplemente por su trasgresión pero preferí ser amable y dejarles entregar sus cosas por las buenas! ¡Pero no! ¡Se atreven a llegar aquí, matan a mis hombres en el camino e intentar tomarme como prisionero! ¿¡Creen que simplemente pueden librarse de esta como si nada? ¡Ustedes verán quien soy yo! ¡Verán ustedes el por qué yo, Barry, líder de los Sevipers, soy el amo supremo de Ciudad Férrica! ¡Y como castigo por intentar atacarme por la espalda, condena a esta mujer a muerte!"
"¡No!" Gritó Verónica.
Katrina cerró los ojos y se oyó un estampido. Pasaron unos instantes, pero no sintió dolor, absolutamente nada. Tras sentir como el agarre de Barry se aligeraba, abrió los ojos. Cuando sintió que él la soltaba, avanzó hacia adelante y se dio vuelta. Ahí mismo, vio como Barry terminaba de caer muerto: una bala le había atravesado la sien limpiamente. Katrina se pasó instintivamente la mano por el pelo y sintió el contacto tibio de unas gotas de sangre. Luego, giró la cabeza y vio el sitio de donde había venido el disparo. Ahí, en frente suyo, se encontraba Álex, empuñando su fusil del cual brotaba una bocanada de humo desde la boca del cañón del arma mientras su cuerpo temblaba profundamente. Álex dejó caer el arma y cayó de rodillas.
"He… He matado a alguien..." Exclamó en un tono tembloroso. Nunca había pensado que tendría que matar a alguien en su vida. Él era el guardia de un parque dentro de una ciudad, no un guardabosques, un policía, un soldado o algo por el estilo. La idea de haber matado a alguien, era simplemente, impensable.
Finalmente, los rehenes lograron llegar sanos y salvos, en donde ellos y sus rescatistas fueron recibidos con vítores.
"¡Hijo! ¡Por Arceus, estaba tan preocupado!" Decía el Profesor Birch mientras abrazaba a su hijo.
"Tranquilo papá, estoy bien, en serio."
A la vez, se le acercó Jennifer acompañada de Happiny, en sus manos, llevaba el gorro de Brendan.
"El señor Batuo me pidió que te entregara esto. Dijo que lo encontró en el pandillero que había venido a negociar con nosotros."
Tras desprenderse del abrazo de su padre, Brendan recibió su gorro y se lo colocó. Por fin, una vez más se sentía completo y lo mejor era que estaba intacto. A la vez, estaba aliviado de haber podido recuperar su pokéglov junto a sus pokemón.
"Gracias por traérmelo Jennifer. Tu sabes que para mí este gorro es muy importante."
Jennifer se quedó parada y miró con una sonrisa llorosa.
"Vamos ¿qué sucede?" Preguntó el chico.
De manera inesperada, Jennifer se arrojó sobre él y lo abrazó.
"Me tenías preocupada todo este tiempo… Desde que te capturaron, temía que te hubiese pasado algo…"
Brendan no pudo evitar sorprenderse y sintió ligeramente como subió su temperatura. Pero tras recuperarse, este la abrazó de vuelta.
"Tranquila, estoy bien. Deberías agradecer a los policías, a Arthur, a Andrés, a la oficial Verónica o al señor Batuo. Gracias a ellos, pude regresar a salvo."
Jennifer se desprendió del abrazo.
"Discúlpame, eso debió de haber sido inesperado… Perdóname si te hice sentir incómodo…"
"No, tranquila, está bien. También estoy feliz de volver a verte." Le contestó con una sonrisa.
Jennifer sonrió de vuelta y asintió, se dio la vuelta y partió de regreso con los demás.
"¿Qué se supone que debo pensar de eso, Brendan?" Le preguntó su padre con una sonrisa.
"¡¿Qué? ¡¿No me digas que lo viste todo?" Contestó de vuelta asustado.
"¿Qué si lo vi todo? ¡Estaba aquí al lado!"
"¡Lo que viste no fue nada! ¡En serio! ¡No fue absolutamente nada!"
"Mi hijo está definitivamente creciendo" Pensó el profesor.
"Estoy orgullosos de ustedes" Comenzó hablar el alcalde a todos los que colaboraron en el rescate que estaban formados en línea frente a él y al jefe de la policía con excepción de Ángela y Lucario, los cuales estaban ausentes "Todos ustedes tuvieron una actuación destacada y si pudiese, como he dicho en otras ocasiones, les entregaría una medalla a todos ustedes. Pero lo único que puedo darles, es mi sincero agradecimiento."
"Felicito especialmente la actuación de Álex" Informó el jefe de la policía, el cual era el único presente que había sido parte de los rehenes "Si no fuera por su rápida acción, probablemente habríamos tenido una baja fatal. Sepa que todos estamos orgullosos de usted"
Álex asintió simplemente con una sonrisa.
"Gracias señor alcalde, y también usted jefe."
"Todos pueden retirarse, pero solicito que el señor Batuo y Andrés se queden un momento, necesitamos hablar algo con ustedes dos.
Todos los demás, incluidos Arthur se fueron.
"Andrés ¿Tu decías que habías encontrado algo importante? ¿Verdad?" Preguntó el alcalde.
"Este… Sí… Mientras liberábamos a los rehenes, me dediqué a examinar el escritorio del presidente y encontré estos documentos. Siento que nos podrían dar información valiosa: hablan acerca de un lugar a donde posiblemente evacuaron el presidente de la Corporación Devon y sus miembros más importantes." Explicó mientras le entregaba una carpeta con archivos.
El alcalde la recibió y junto con el jefe de la policía comenzaron a leer las hojas.
"Esto es… ¡Increíble! ¡Habla sobre un lugar a donde viajarían los líderes y figuras más importantes de la región en caso de una catástrofe de grandes proporciones!" Exclamo el jefe de la policía.
"Y ese lugar es… ¡Ciudad LaRousse! Dice que el lugar, al ser un lugar creado como una ciudad autosustentable, capaz de alojar a miles de habitantes, de posición estratégica y sumado el desarrollo de un prototipo de campo de fuerza capaz de resistir cualquier tipo de ataque o embate de la naturaleza, lo hace perfecto como para recibir tanto a personal civil como a personal político, militar o empresarial… ¡Es perfecto! ¡Si pudiésemos llevar la caravana a Ciudad LaRousse estaríamos todos a salvo! ¡Andrés! ¡Es fenomenal que hayas encontrado estos documentos! ¡Realmente te estoy agradecido!"
"He… Gracias… Fue un gusto poder haber sido de ayuda." Contestó feliz por las noticias.
"Eso era todo lo que queríamos de ti, puedes retirarte, los dos deseamos hablar sobre un tema privado con el señor Batuo. Ya comunicaremos al resto de la caravana sobre tu hallazgo" Sentenció el alcalde
"Entendido" Contestó mientras se retiraba.
"Ahora bien" Comenzó el jefe de la policía "Múltiples testigos han informado sobre la actuación suya y la de su Medicham. La cual fue sobresaliente sin duda, pero dejó a muchos… Espantados… Eso que usó fue… Aura… ¿Verdad?"
"Eso que los dos ocupamos era aura, no lo negamos, de la misma forma que podemos ocupar el aura para fines como la telepatía, como lo que ustedes dos vieron en el Bosque Petalia, pero también se puede usar para fines tanto ofensivos como defensivos con alta efectividad y letalidad."
"Y por qué no ocupó aura en un combate sino que hasta ahora" Preguntó de nuevo el jefe de la policía.
"Porque el aura es un poder a la vez peligroso si se abusa de él. A mi edad, me es más difícil utilizarlo con efectividad y prefiero tener que usarlo cuando me es absolutamente necesario. El abuso del aura puede traer series consecuencias, desde el agotamiento extremo, hasta incluso la propia muerte."
"Ya veo…" Contestó el alcalde "Pero aún así, quiero que me conteste algo ¿Quién es usted realmente? Cuando llegó usted hace treinta años atrás, se instaló como un profesor de artes marciales, pero no teníamos ni idea que usted pudiese dominar el aura como los Guardianes de antaño."
"Como estará en mi registro de inmigración, provengo de la gran nación al oeste de Shanxi. Fue ahí donde nací y fui instruido en el uso del aura, lo que mi gente denomina como chi. En vez de ser un Guardián de Aura como ustedes llaman a la gente que nace con un chi extremadamente fuerte, soy lo que llaman en Shanxi un Monje Guardián, que es una persona entrenada en un camino tanto físico como espiritual que busca fortalecer su energía vital, denominado El Camino del Chi o Aura, como ustedes prefieran, para luego utilizarla como un medio para ayudar a los demás. A diferencia de los Guardianes de Aura, los aprendices de monje entrenan desde temprana edad para fortalecer su energía interna hasta alcanzar un nivel igual o superior al que usan sus Guardianes."
"¡Espero un momento! ¡¿Está diciendo que los monjes de los cuales habla son capaces de entrenar a una persona común y corriente para que puedan utilizar el poder del aura al mismo nivel que los Guardianes?" Exclamó el jefe de la policía.
"Efectivamente, a través de un entrenamiento riguroso, los aprendices de monje lentamente fortalecen su chi hasta un punto en que aprenden a controlarlo y a manipularlo. No es una tarea fácil y se requieren muchos años, paciencia y una fuerza de voluntad inquebrantable. Yo mismo y mi Medicham no sabíamos cómo controlar nuestro chi cuando empezamos, pero como acaban de ver, ya saben la respuesta.
Seguramente se preguntarán el porqué emigré a Hoenn. Solo puedo decir que entré en conflicto con mis camaradas del Monasterio, la institución que enseña el Camino del Chi, y por eso me vi obligado a irme de Shanxi. Después de llegar a Hoenn e instalarme en Ciudad Petalia, decidí dejar mi carrera como Monje Guardián y convertirme en un simple maestro de artes marciales. Por otros motivos, decidí hace un par de años que era hora de entregarle a otra persona mis conocimientos en el Camino del Chi y por eso decidió entrenar a mi aprendiz Arthur para que se convierta en un Monje Guardián."
"Ya veo… Entonces, Arthur no es capaz de utilizar el aura ¿verdad?" Preguntó el alcalde.
"Todavía no, pero cuando llegue su debido momento, el será capaz de hacerlo."
"Yo… Creo que con saber eso basta por ahora. Sin importar quien sea en verdad, agradezco que lo tengamos a usted y a su aprendiz con nosotros. Sin ustedes, quien sabe como habrían sido diferentes las cosas."
"Me es un placer ayudar en lo posible, ya que ese es el auténtico objetivo del Monje Guardián. Si me disculpan, deseo retirarme."
"Por supuesto, gracias por su tiempo y paciencia" Finalizó el alcalde.
Ángela sostenía a Kenny y a Anita que lloraban abrazados a ella mientras intentaba consolarlos. No muy lejos, un Pidgey y un Poliwag miraban sin saber qué hacer, contagiados en parte de la tristeza de los dos niños. Kenny se encontraba no muy lejos, sentado en posición fetal e intentaba contener sus ganas de llorar. El Charmander que lo acompañaba se encontraba en la misma situación que los otros dos pokemón.
Lamentablemente, no habían logrado encontrar ningún rastro que indicara el paradero de sus padres, y la noticia entristeció de sobremanera a todos, incluida a Ángela. Los tres podían considerarse huérfanos y Ángela se preguntaba si sus padres en Sinnoh estarían bien.
"Lo lamento Ángela… Buscamos por todas partes, pero los únicos rehenes que encontramos fueron los que capturaron de la caravana…" Dijo Arthur que se acercó a ellos.
"Arthur… Estos niños han perdido su hogar, a sus padres, a sus familias… Como quisiera poder ayudarlos… Ni siquiera pude hacer algo para ayudar en el rescate… Solo me acobardé y casi me puse a gritar como una tonta…"
"Ángela… No pidas hacer más de lo que puedas hacer. El hecho de que acompañaras a mi sifu para ver si podías encontrarlos a sus padres fue, de por sí, un acto muy valiente…"
Caroline se acercó y tomó en brazos a Kenny.
"Ya… Ya… Tranquilo… Todo estará bien…" Decía.
"¿Señora Caroline?" Preguntó Ángela.
"No es necesario que tengas que cuidarlos tu sola, Ángela. Yo soy madre e intentaré a ayudarles en todo lo posible a superar esto, especialmente si son amigos de mi querido Max."
Anita se irguió y Ángela se puso de rodillas mientras le secaba un poco las lágrimas con su mano.
"No te preocupes… Sé lo que debe sentirse… Pero no te preocupes… Mientras esté Caroline, Arthur, los demás y yo, nada les sucederá ¿entienden?"
Anita se sorbió los mocos y asintió. Ángela se irguió y quedó en frente de Arthur, por su mirada, ella deseaba deseaba llorar.
"Arthur… Yo…. No puedo evitar pensar en papá y en mamá allá en Sinnoh ¿Estarán bien? ¿Les habrá suceder algo? Hay… No que hacer…" Contestó entre sollozos.
Arthur posó una de sus manos sobre el uno de los hombros de Ángela.
"Ángela… Estamos todos juntos en esto… Yo tampoco sé donde están mis padres… Hace más de un año que no los veo… La última vez que los vi en persona fue cuando salí por última vez de Ciudad Petalia cuando empecé mi viaje como entrenador…. Pero no te preocupes, aquí en la caravana estarás a salvo, y quizás algún día puedas encontrarlos."
Ángela se acercó más a Arthur y lo abrazó. A Arthur nunca le había sido agradable la compañía de Ángela debido a que ella lo perseguía y acosaba durante la Conferencia Colosalia, y normalmente no lo habría permitido. Pero ahora, el hecho de verla tan triste y deprimida, a diferencia de lo alegre y jovial que solía ser la mayor parte del tiempo, era inevitable para él querer confortarla un poco.
"Arthur… Si supieras lo alegre que me hace sentir poder verte de nuevo… Sé que mientras estés aquí no nos va a pasar nada… Lo sé…"
Ángela se soltó del abrazo y Arthur se dio media vuelta para irse. Pero antes de seguir, se detuvo una vez más.
"Tommy… Entiendo que quieres aparentar ser fuerte… Pero hasta un hombre adulto debe saber cuando llorar… Yo igual he llorado por mis padres desaparecidos…" Aconsejó Arthur y prosiguió su camino.
Tommy finalmente se quebró por dentro y dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Súbditamente se arrastró hacia adelante y abrazó al Charmander mientras sollozaba. Este suspiró y extendió sus brazos lo que puedo alrededor de él.
Arthur caminó algunos pasos y se fijó en Lucario vigilando cerca.
"No se preocupe señor Arthur, me aseguraré que a Ángela y esos tres niños estén a salvo."
Álex se acercó a la zona del campamento que le correspondía para irse a dormir. Ya había anochecido y todo el mundo se preparaba para hacerlo.
"Álex…"
Él se volteó y vio de dónde provino la voz. Katrina se encontraba recostaba sobre un árbol a algunos pasos de distancia.
"Katrina…"
"Yo… Gracias… En verdad… Si no hubieses disparado en ese momento… Yo estaría muerta… Realmente te debo una…"
"Después de que te cortara mis ataduras y las tuyas, me sorprendí cuando me quistaste el cuchillo e intentaste arrojarte sobre él… Cuando te apresó y los demás arrojaron las armas… Me quedé paralizado… Pero cuando vi que planeaba disparar de todas formas… Pensé que no debía quedarme ahí parado sin hacer nada… Así que corrí donde estaban las armas, tomé el fusil… E hice lo que tenía que hacer…"
"Aunque no te gustara…"
Álex guardó silencio por algunos segundos.
"Nunca pensé que tendría que matar a alguien…"
Ambos callaron.
"Gracias…"
"Me alegro de que estés bien, eso es lo único que importa. No me habría perdonado nunca el no haber intervenido."
Ambos se miraron a los ojos por un largo rato.
Buenas noches Katrina, que duermas bien." Dijo mientras se iba.
"Buenas noches." Dijo mientras lo veía irse y sonría levemente.
Espero que les haya gustado, además, quiero informarles de que posiblemente lo que ha dicho Batuo sobre el aura puede llegar a contradecirse con lo que dijo Arthur hace unos capítulos atrás. Esto se debe principalmente porque cuando escribí ese capítulo, mi concepto de aura y sobre el tipo de monjes que eran no estaba del todo desarollado. Pero ahora, lo que se diga a partir de este capítulo se considera la versión más actual y ya no se modificará de nuevo, ya que he terminado de desarollar el concepto de los monjes y El Camino del Aura por completo.
