¡Hola!
Más pronto de lo que esperaban, les traigo este nuevo capi. Éste es una suerte de capi relleno o de transición para lo que vendrá. Quiero invitarlas a leer mi nuevo fic llamado Blind man, el cual será subido exclusivamente en esta página, por ahora ^^
Agradezco enormemente a las chicas que siempre me comentan y espero que este capítulo sea de vuestro agrado.
Aprovecho de aclarar que Shuichi no tiene esquizofrenia, así que no se hagan ideas que no son. Será el mismo el fic el que nos otorgue la respuesta de qué enfermedad tiene Shu.
Espero que hayan pasado una feliz navidad y les deseo un excelente año 2012.
¡Besos a todas y nos leemos! =3
Madness: Capítulo X
Tras despedirse de cierto rubio mal genio y petulante, la enfermera ingresó al hospital y caminó hasta el cuarto de médicos para arreglarse. Dejó su cartera en el casillero, se puso la bata blanca y cogió a Kumagoro, subiendo enseguida hacia la habitación de Shuichi. Una vez allí, miró por la ventanilla y lo localizó de pie en una orilla, aparentement, hablando con la pared. La mujer ingresó escondiendo al conejo en su espalda para darle una sorpresa a Shuichi, quien, al sentir la puerta, se volteó inmediatamente para ver quién era.
—¡Maiko!—exclamó felizmente, corriendo al encuentro con la mujer.
—Buenas tardes, Shu—le saludó sonriente.
—¿Mamá ya volvió de compras?—preguntó emocionado, esperando que la enfermera hubiese llevado a su peluche, mientras daba pequeños y reiterados saltitos.
—Sí—respondió escuetamente bajo la expectante mirada violeta—. ¡Aquí está! Estaba muy ansiosa por verte.
Maiko le mostró el conejo, el cual lucía un diminuto vestido floreado de color azul. Los ojos de Shuichi brillaron de emoción como si fuese un niño pequeño admirando el regalo de navidad que tanto había pedido. Así, cogió al conejo y le dio un fuerte abrazo mientras cerraba los ojos para no llorar. Aquellos días sin Mamá habían sido una eternidad y le hacía tan feliz el volver a verla, que sentía que su corazón saltaba de alegría.
—¡Mamá, te extrañé tanto!—exclamó una vez que se hubo separado del osito. Su mirada desbordaba alegría y eso provocó un sentimiento de satisfacción en la joven enfermera—. Tengo tantas cosas que contarte que me faltarán horas para hacerlo—rió suavemente ante su propio comentario—, y espero que no te enojes conmigo.
Shuichi hablaba animadamente con el conejo mientras se paseaba en círculos por la habitación bajo la tierna y embobada mirada de Maiko, quien desde hacía rato estaba de pie en el mismo lugar, sin tener la noción del tiempo. Si fuera por ella, podría estar toda una vida contemplando sus dulces y finas facciones, pero lo que más le gustaba era escuchar esa melodiosa voz que se asimilaba a la de los ángeles, y que parecía tocar el cielo cada vez que al menor le daba por entonar alguna canción.
Maiko tenía que admitir que la extraña belleza del muchacho le cautivaba como si se tratara de una valiosa joya y, no sólo eso, desde que había llegado al hospital hace dos años atrás, había sentido una necesidad imperiosa de protegerlo. ¡Y es que el pobre se veía tan indefenso! Si sólo bastaba mirarlo por unos segundos para darse cuenta que, con el paso del tiempo, el estado físico del menor iba deteriorándose poco a poco.
Inevitablemente, recordó aquel día en que llegó como enfermera al hospital.
En un principio, no sabía con qué clase de enfermos se toparía, pues antes había trabajado en un hospital común y, por ende, el tipo de pacientes era distinto. Pero afortunadamente, sus nuevos compañeros y compañeras fueron muy amables a la hora de enseñarle cómo atender a los esquizofrénicos, lo cual era, sin duda, un trabajo más complejo que aquel que solía realizar, pero de todos modos, le gustaba tratar con las mentes perturbadas de los pacientes.
Fue así que un día, tuvo que subir al piso en el que estaba la habitación de Shuichi, pues era uno de esos días en que había que llevar a los enfermos a darse un baño y cambiarles de ropa, debido a que varios pacientes, producto de la misma enfermedad que padecían, no mostraban interés alguno por su aseo personal. Por esto es que los enfermeros se turnaban semanalmente para asearlos. Aquel día era el turno de Shuichi y de los demás enfermos de aquella sección.
Cuando Maiko lo vio, por primera vez, pensó que era un chico normal y, naturalmente, no comprendió la razón por la cual se encontraba aislado. Shuichi no parecía ser alguien peligroso, es más, ni siquiera oponía resistencia para salir de la habitación. Era como si aquel muchacho fuese uno como cualquier otro, sin ninguna cualidad especial. ¡Hasta le pareció que era más cuerdo que los otros esquizofrénicos!
Suspiró resignada y, tras contemplar a Shuichi por largo rato, Maiko decidió salir de aquel lugar y dejar que el menor se entretuviera con su conejo. Después de todo, ella sólo era una enfermera más y no podía involucrase demasiado con los enfermos, a pesar de que ya estaba más que interesada en el pobre niño de ojos violetas.
Salió de la habitación en completo silencio, sonriendo satisfecha al ver lo animado que estaba Shuichi, incluso lo podía escuchar cantar y eso era un gran avance: rara vez había tenido la fortuna de escuchar su hermosa y melodiosa voz.
Lejos del hospital, Eiri llevaba a Tatsuha a un lujoso restorán, a uno de esos a los que solía ir cuando invitaba a cenar a alguna de sus conquistas. Y es que aquellos lugares que frecuentaba eran tan discretos y gozaban de una atmósfera tan pacífica, que le brindaban la sensación de estar en casa.
Apenas se adentraron en el lugar, un hombre salió a su encuentro y los dirigió hacia una mesa bastante alejada, donde pudieron acomodarse y así hablar en privado. Al rato, un mozo se les acercó y les entregó el menú, quedándose junto a ellos a la espera de los pedidos.
—¿Qué vas a pedir?—preguntó el menor leyendo la carta con detenimiento. Siendo sinceros, no había nada que le gustara o llamara su atención, y lo peor es que él no era de gustos finos y sofisticados como los de su hermano, ya que prefería mil veces comer una hamburguesa o una pizza a degustar platos internacionales de corte francés o italiano—. Yo quiero un katsudon—le dijo al mesero, quien enseguida anotó en su libreta.
—Tráeme un gyūdon de wagyu.
—¿Algo más?—preguntó el mozo tras anotar los dos pedidos.
—Sí—habló el menor—, quiero un jugo de piña y de postre, mousse de chocolate. —Eiri observó a su hermano con algo de fastidio, maldiciéndose por habérsele ocurrido la genial idea de invitarlo a comer.
—¿Algo más?
—Un whisky en las rocas. —El hombre terminó de tomar la orden y se retiró, dejando a los hermanos solos—. ¿Qué hablaste con tu novio?—preguntó una vez que ya no pudo contener la curiosidad.
—Nada en especial, sólo le dije que necesitaba preguntarle algo—dijo sin mucho ánimo—, pero me cortó la llamada porque estaba muy ocupado y tenía que ir a una sesión de fotos o algo así—suspiró para luego dirigirle una mirada disimulada a su hermano, quien, evidentemente, ya no le prestaba atención, sino que su interés estaba puesto en una curvilínea muchacha que acababa de llegar al restorán. Debía aceptar que la mujer estaba bien "buena" y que su hermano mayor tenía buen gusto; pues si no fuera porque él era un hombre comprometido también estaría babeando por ella. A diferencia del rubio, él le era fiel a su novio, aunque ahora que lo pensaba ni siquiera sabía si Eiri tenía una novia o algo similar.
Quedándose en silencio, sacó su celular y miró la pantalla como si esperara ver en ella una llamada de su Ryuichi, pero era obvio que eso no ocurriría: su novio le había dicho claramente que lo llamaría a la noche.
—¿Hay algo entre ese muchacho y tú?—preguntó de improviso, pillando desprevenido al mayor. ¡¿Qué clase de pregunta le estaba haciendo el mocoso? Le miró un tanto aterrado, pero tras contenerse, disimuló su sorpresa.
—Sólo una relación de médico y paciente—le dijo escueto.
—No sé porqué no te creo, Eiri—sentenció—. Pero bueno, si no me quieres contar no puedo obligarte, ¿o sí?
—Tatsuha, mi vida privada no te interesa, así que hazme el favor y no te metas—exigió con cara de pocos de amigos. Su mirada penetrante y enojada, causó un dejo de temor en el moreno.
—No te entiendo—susurró—. ¿Por qué eres amable con ese muchacho? ¿De verdad es porque está enfermo?—preguntó, sacando conclusiones. Aquellas palabras iban más dirigidas a sí mismo que a su hermano y, como el mayor, intuyó aquello, ni siquiera se molestó en contestar. Tatsuha debía estar loco si pensaba que él, el psiquiatra más prestigiado de Japón, le confesaría sus sentimientos por Shuichi.
El almuerzo y el día entero transcurrieron sin grandes novedades en la aburrida vida del médico. De hecho, apenas llegaron a casa, el mayor se encerró en la biblioteca del penthouse y de ahí no salió hasta la cena, pues estaba tan sumido entre sus libros de psiquiatría y apuntes de la universidad, que perdió la noción del tiempo.
Tatsuha, por su parte, se entretuvo viendo películas y comiendo cuanta cosa encontró en la despensa, mientras su mente pensaba en qué estaría haciendo su amado Ryuichi. Hacía semanas que no le veía y, a medida que pasaba el tiempo, más aumentaba la necesidad de verle, escuchar su voz y cobijarlo entre sus brazos. Amaba tanto al cantante que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por él y, lo mejor de todo, es que aquel sentimiento que le invadía las entrañas era correspondido. Su vida no podía ser más perfecta de lo que ya era.
Llegada la noche, cuando los hermanos se arreglaban para dormir, el celular del moreno comenzó a sonar estrepitosamente, tocando como melodía, una canción de la estrella juvenil Ryuichi Sakuma. Inmediatamente, con los primeros acordes, Tatsuha cogió el aparato y se encerró en su habitación, en donde recién se animó a contestar. Deseaba tener privacidad para hablar con su novio
—¡My Honey!—exclamó apenas contestó.
—Hola, Tat-chan. Disculpa por llamar tan tarde—dijo una voz infantil al otro lado de la línea telefónica.
—Descuida, estaba esperando tu llamada. Tenía muchas ganas de escucharte.
—Yo también, Tat-chan, pero he tenido mucho trabajo y recién, hace unos minutos, terminé—explicó—. Te extraño, no da.
—Yo igual. Te extraño mucho y quiero verte. ¿Existe alguna posibilidad de que nos veamos?
—¡Sí, no da! Para eso te llamaba, es que mañana tendré el día libre y quería invitarte a una cita—explicó el tal Ryuichi con tono animado, mientras los ojos grises de Tatsuha brillaban de emoción. Una cita con Ryuichi era lo que más había deseado esos últimos días.
—Claro, lo que tú quieras—respondió con desbordante felicidad—. ¿Te parece si nos juntamos en la estación de trenes?
—Está bien. ¿Nos juntamos a las 11 AM en la estación?—preguntó para confirmar.
—Sí, nos vemos allá. Estaré muy ansioso esperando a que sea mañana. De verdad, tengo muchísimas ganas de verte.
—Yo igual, Tat-chan. Nos vemos.
Ryuichi cortó la llamada apenas terminó de hablar, sin darle tiempo al moreno para responderle o tan siquiera decirle un "te amo". Debería sentirse molesto por aquello, pero estaba tan feliz por haber escuchado la voz de su amado que poco le importaba. Total, ya tendría tiempo de sobra para decirle mil y una veces que le amaba.
¡Ay, el amor! podía respirarse hasta en el aire que rodeaba al joven Uesugi, incluso se podía vislumbrar, a kilómetros de distancia, pequeños corazones que explotaban como fuegos artificiales. Tatsuha estaba tan feliz que nada ni nadie en el mundo podrían acabar con su inmensa felicidad.
Suspiró con cara de enamorado imaginándose la maravillosa cita que tendría con su amado, empezando desde ya a pensar en cientos de panoramas, aunque tal vez, sería mejor improvisar algo en el momento.
—Ah, My Honey—suspiró con los ojitos brillantes, mientras un hilo de baba escurría por la comisura de sus labios.
—¿Le preguntaste a tu noviecito sobre Shuichi, mocoso?—preguntó el rubio con voz molesta, pues sin querer, había escuchado la melosa conversación del moreno, y Eiri odiaba de sobremanera todo tipo de cursilerías. Eso no iba con él, es más, siempre apartaba a las mujeres que buscaban de él una que otra palabra "dulzona".
—No, lo olvidé—dijo a modo de disculpa, sin ser consciente de la mirada asesina que el rubio le dirigía: Tatsuha estaba demasiado ocupado en sus divagaciones románticas como para prestarle atención a su hermano mayor.
Eiri le iba a recriminar su mala memoria, pero al ver al muchacho tan ensimismado y con un brillo en los ojos que le provocó náuseas, decidió aguantarse las ganas y hacerlo más tarde o, quizás mañana, cuando el moreno le prestara más atención. Sintiéndose ignorado, el médico abandonó la habitación y se internó en la suya, deseando acomodarse entre el edredón y tener un sueño reparador. Se sentía psicológicamente agotado y esperaba que dormir toda la noche contribuyera a que su mente se despejara. Eso era algo que necesitaba con urgencia, pero con tantas preocupaciones, parecía imposible…
Los primeros rayos del sol se colaron por las elegantes cortinas de la habitación, iluminándola sutilmente, a la espera de que cierto médico se dignara a despertar. Sus ojos cerrados se removieron inquietos y su ceño se frunció en una mueca de fastidio. Rezongó bajito con voz adormilada y, sin intenciones de levantarse, se acomodó nuevamente para seguir durmiendo, hasta que unos canturreos y unos ruidos provenientes de SU cocina, terminaron por arrebatarle el sueño.
Tatsuha tarareaba una canción mientras bailoteaba por la cocina intentando preparar el desayuno, siendo rodeado por un aura que irradiaba una luminosidad y una alegría indescriptible que a Eiri le pareció escalofriante. Mirando a su hermano menor con cara de mal genio desde el umbral de la cocina, sintió ganas de vomitar. ¡Cómo odiaba a la gente enamorada! No es que él no se haya enamorado antes, de hecho, sí lo hizo una vez, pero el amor vuelve tontos a las personas y, si hay algo que Eiri detesta, es la estupidez. Daba igual el dar una explicación "razonable" para entender su odio, ni siquiera él era capaz de inventar una razón. Odiaba a los enamorados y punto.
—Déjate de cantar y sírveme el desayuno—exigió con molestia, sentándose en una silla cercana.
—Oye, no soy tu sirvienta—le reclamó, "tirándole" la taza con café—, para que te enteres, soy tu hermano menor.
—Me da igual, estas viviendo en MI casa—recalcó, vertiendo unas gotas de sucralosa en su café—, lo mínimo que puedes hacer, si quieres quedarte aquí, es cocinar o servirme el desayuno. Deberías agradecerme el que no te mande de regreso a casa. —Tatsuha sólo se limitó a hacer una mueca burlona como si imitara a su hermano, para luego volver a la sonrisa radiante que, desde hacía rato, se proyectaba en su rostro. Nada arruinaría su buen humor y agradecía enormemente el que la amargura del rubio no se pegara.
—Si no te molesta, traeré a Ryuichi para que lo conozcas. Así podrás hablar con él y preguntarle lo que quieras—le informó como diciéndole que él no le preguntaría a su novio por Shuichi.
—Mejor—exclamó tomando un sorbo de su café—, así podré preguntarle muchas cosas que quiero y necesito saber, en caso de que tu "novio" conozca a mi paciente.
Tatsuha se encogió de hombros, pues poco le importaban los planes de su hermano y su dichoso paciente de pelo rosa. Ahora su mente estaba plenamente ocupada por su amado Ryuichi y, por ende, sólo deseaba desayunar rápido para ir a su encuentro lo antes posible. Sería un día perfecto…
Como todos los domingos, Maiko llegó al hospital a primera hora, ya que le tocaba hacer turno por la mañana, aunque no le agradara mucho la idea. ¡Qué suerte tenía el rubio al poder descansar los fines de semana!, se quejaba mientras caminaba hasta la entrada al hospital. Lo envidiaba por eso, pero no podía hacer nada para remediarlo.
Bufó con fastidio y se internó en las instalaciones del lugar, yendo hasta la sala de enfermeras para dejar sus cosas y ponerse la bata.
—Buenos días—dijo, saludando a Mizuki, otra de las tantas enfermeras del hospital que solía vigilar a Shuichi.
—Buenos días, Maiko—saludó la mujer de cabello castaño y ojos marrones.
—¿Cómo ha estado Shuichi?—preguntó.
—No muy bien. Ayer, después de que te fuiste, fui a verle y lo noté algo desanimado. Me dijo que tenía sueño y que se sentía mareado—explicó rememorando su breve conversación con el menor—. Le recomendé que durmiera y eso ha estado haciendo.
—Deben ser los efectos de la pastilla—reflexionó la pelirroja.
—Pero es la primera vez que presenta esos síntomas.
—Eso es porque descubrí que no se tomaba los medicamentos—informó viendo el rostro horrorizado de la mujer—y, ayer, el Doctor Eiri le obligó a tomárselas. No sé cómo no me di cuenta antes de lo que hacía—exclamó suspirando preocupada.
—Ya veo… Entonces, seguirá sintiéndose mal, ¿no?
—Yo creo, al menos, hasta que se acostumbre al fármaco—reflexionó.
—Es cierto… Ojalá que esta vez el tratamiento sea efectivo, porque Shuichi lleva muchos años aquí y aún no han podido siquiera estabilizar los síntomas de la enfermedad.
—Descuida, yo confío en el Doctor Yuki. Aunque no me caiga muy bien, se ve que es un excelente profesional—dijo la pelirroja, contabilizando los avances que había tenido el menor en apenas una semana—. Además, Shuichi se ha portado muy bien con él y se le ve más animado.
—Sí, lo he notado. Desde que llegó el doctor, Shuichi anda con un ánimo distinto. —Mizuki contempló el paisaje que se podía ver a través de la ventana de la sala—. Bueno, ya tengo que irme, quiero ir a casa y dormir un poco.
—Claro.
—Shuichi aún está dormido, así que, más o menos, a las 10 hay que llevarlo a desayunar—instruyó. Maiko respondió con un mudo "sí"—. Ya, nos vemos a la tarde.
—¿Mizuki?—le llamó la pelirroja, deteniendo sus intenciones de salir—. ¿Tú ya trabajabas aquí cuando Shuichi llegó al hospital?
—Sí, ¿por qué? ¿Sucede algo?
—Es que…—titubeó—, el Doctor Yuki quiere contactarse con los familiares de Shuichi, quiere información sobre ellos y sobre su pasado fuera del hospital.
—Mmm… No sé mucho sobre ellos, creo que no te puedo ayudar—dijo intentando recordar aquel día en el que el muchacho de ojos violetas pisó el hospital por primera vez. Maiko le miró con decepción, por lo que la castaña se apresuró en agregar—. Recuerdo que el padre fue quien lo trajo. El caballero no quería especificar el porqué quería internar a su hijo y tuvo roces con el director de aquel entonces. De hecho, no se aceptó la internación de Shuichi, en un primer momento; pero después, el director terminó por aceptar la solicitud.
—¿Y eso por qué?—preguntó sorprendida.
—No lo sé. Sólo se nos dio la orden de aislarlo—recordó extrañada— y, desde entonces, ha estado en esa habitación.
—Ya veo. Pero no entiendo por qué el director rechazaría su hospitalización…
—Maiko, cuando Shuichi llegó era apenas un adolescente y su padre tenía un carácter muy autoritario. Según los rumores, la madre se había suicidado semanas antes y eso le afectó mucho, quizás lo traumó o algo parecido, pero si de algo puedo estar segura, es que cuando él llegó parecía un niño indefenso y no tenía señales de tener algún trastorno—explicó—. Sin embargo, el día en que se le hospitalizó hizo un escándalo de proporciones como los que suele hacer, y ello creó la convicción de que debía permanecer internado por un tiempo.
Maiko escuchó el relato con una expresión de completa consternación e, incluso, se podía divisar en su mirada un dejo de indignación y horror. La pelirroja se adentró en sí misma y comenzó a reflexionar en base a lo que había escuchado, y su mente estaba llegando a conclusiones quizás descabelladas, pero no por ello, imposibles. ¿Y si Shuichi jamás había estado enfermo? ¿Y si el padre lo encerró para deshacerse de él? ¿Y si sólo tenía un trauma perfectamente tratable con terapias psicológicas?
Su respiración se agitó por unos momentos y una corazonada golpeó su pecho. La enfermera estaba comenzando a pensar en lo peor y eso no le gustaba para nada. ¿Qué pasaría si se llegara a la conclusión de que Shuichi nunca tuvo una enfermedad mental?
—Su padre no ha venido a verle, ¿verdad?—preguntó con miedo.
—Que yo sepa, no regresó más, pero los gastos del hospital son cubiertos mensualmente. —Mizuki se quedó mirando a Maiko con la sensación de que algo no andaba bien, pero no le tomó mucha importancia. Tal vez era impresión suya.
—Ya veo. Gracias, Mizuki—dijo con una sonrisa forzada—. Después iré a mirar en los registros por si encuentro algo.
—Sí, tal vez ahí encuentres más información—dijo amablemente, para luego despedirse y salir de la sala, dejando a Maiko con muchas preguntas y dudas, y con la fuerte sensación de que algo no cuadraba. Había gato encerrado o eso creía la joven enfermera.
Necesitaba informarle al rubio lo que había averiguado, pero se abstuvo luego de meditarlo breves segundos. Mejor buscaba información en los registros y, de acuerdo a lo que encontrara, le hablaría al médico.
Poniéndose la bata con las manos temblorosas, su cabeza le siguió dando vueltas a su conversación con Mizuki, surgiendo con ello más y más preguntas. Cerró los ojos y respiró profundo en varias ocasiones para deshacerse del sentimiento de angustia que empezaba a invadirle, y así poder ser capaz de ayudar a Shu. Comenzaba a crecer en Maiko la convicción de que en el pasado del menor encontraría todas las respuestas que necesitaba, pero a la vez, un dejo de temor se apoderaba de ella… Tenía miedo de lo que pudiera descubrir…
Continuará…
Katsudon: Es un plato japonés consistente en un bol de arroz con una chuleta de cerdo rebozada. Su nombre deriva de las palabras "Tonkatsu" (chuleta de cerdo) y"Donburi" (bol de arroz)
Gyūdon: Es un plato japonés consistente en un bol de arroz cubierto por carne de vaca picada y cebolla remojadas en salsa dulce. Su nombre deriva de "Gyu" (vaca) y "Donburi".
Wagyu: Literalmente significa vaca japonesa y es originaria de la ciudad de Kobe. Su carne es muy cotizada a nivel mundial por su textura y sabor, la cual es producto de una dieta a base de cerveza y sake. Es la carne más cara del mundo.
Hudgens77: me alegra que te haya gustado, espero que los demás capítulos también sean de tu agrado. Gracias por comentar.
Mariuki-chan: jaja descuida, puedes comentar cuando puedas, así como yo actualizo cuando puedo xD jaja es por eso que mejor ni asomo mi cabeza a un psicólogo jaja pobre de ti u.u Si quieres puedo decirle a Eiri que sea tu médico personal, aunque él es psiquiatra jaja Respecto a tus preguntas:
¿Qué estudias? Derecho
¿Haras especial navideño de este fic? No, no me gusta navidad y no me gusta hacer fics temáticos, son muy clichés.
¿Casaste a Shuichi con K? En Ghost Love, Shuichi estaba casado con K.
¿De qué estás enferma? Tenía una glándula salival inflamada, por suerte, nada de gravedad =)
¿Me amas O.o? Mmm… a qué debo esa pregunta jaja sólo es una estima de autor a lector jaja además, tengo una esposa putativa y soy una mujer fiel xD Loca jaja Me alegra muchísimo que te gusten mis fics y, pues espero que te sigan gustando. Saluditos!
Mandy: No tienes que agradecerme, Mandy. Soy yo la agradecida de que ustedes lean y comenten mi fic. Jaja Sí, ya entendí mejor a qué te referías con lo de "clinic place" jaja Respecto a Maiko, tal vez no quedó muy claro, pero ella no es la única enfermera de Shu y tampoco está todo el día en el hospital al pendiente de él. Maiko sólo fue designada como asistente de Yuki, lo cual no significa que sea la enfermera exclusiva de Shu. Sí sé que la esquizofrenia no tiene cura, pero como hemos hablado, Shuichi no tiene lo que aparenta jaja. Usaré los nombres de las enfermedades que me diste para que Yuki las haga parte de su análisis, también consideré la posibilidad de que Shu padezca un transtorno facticio jaja y eso xD En verdad, te estaré eternamente agradecida por toda la ayuda que me has brindado y espero que las escenas queden bien. Cuidate mucho, abrazos y besos! Bye, bye!
Nolove97: Waaa… y cómo te ha ido con tus exámenes? Ojalá te esté yendo bien ^^ Yo aún tengo para rato, al menos 5 semanas u.u Qué bien *-* me alegra muchísimo que te esté gustando el fic. Yo estoy igual, ya casi ni leo fics, apenas leo como 3 o 4, pero los actualizan una vez a las mil xD Gracias por todo, chica. Espero que te guste el capítulo! Besos! Bye.
Ikaros-san: hola, espero que te haya gustado el nuevo capi. Gracias por comentar!
Andyy' de Lioncourt: Tan feliz? Jaja oye, sólo fueron un par de semanas, no meses xD jaja Sí, yo creo que todas queremos un médico como Yuki *¬* Tranquila, todo a su tiempo. Pasarán muchas cosas más antes de que tengamos un nuevo beso o un lemon jaja Tal vez con este capi, odies más a Maiko jaja Ryuichi no será malo, será como una suerte de víctima jaja Hago hartos esfuerzos para hacerme un espacio y poder escribir, pero no me preocupo tampoco jaja como le dije a Mariuki-chan, tenía una glandula salival inflamada, pero ya se me quitó ^^ Sí, suelo leer comentarios como los tuyos para subirme el ánimo e inspirarme jaja Espero que te guste este capi, saludines!
