¡Hola! Ya solo quedan tres más (este y dos más) para alcanzar el ritmo de la historia. Después de eso, las actualizaciones serán conforme se publique en inglés. Gracias por apoyar esta traducción.
Obito podrá haber hecho muchas cosas malas en su vida, pero algo que jamás haría era romper una promesa. Principalmente, porque eso era lo que Kakashi había hecho al no proteger a Rin y sabía cuánto daño causaba. Así que, cuando le dijo a Deidara que iba a enseñarle algo increíble, es que iba a hacerlo.
Lo único que esperaba, no obstante, era que el rubio no hubiera perdido el interés aún, pues ya habían caminado un buen trecho, muy lejos de la casa, el bosque, la mina o cualquier punto de referencia conocido. Pero el Uchiha sabía a dónde les llevaría aquel camino; era su mundo interior, después de todo.
—¿Estás cansado? —dijo volteándose para mirar al otro hombre (aún no sabía si debía referirse a él como su pareja).
—¡No sería un ninja si perdiera el aliento después de caminar un poco, hm! —respondió con una sonrisa ladeada, un poco ofendido.
—Nah, no podría saberlo, últimamente has estado durmiendo un montón...
—Estoy bien ¿vale? —lo regañó el artista bromeando.
Los pensamientos del Uchiha comenzaron a divagar, perdiéndose tiempo atrás cuando ambos estaban vivos en el mundo humano. Caminarían exactamente así, a excepción de que él hablaría sin parar tras su acto de Tobi, cabreando a Deidara. Se preguntó si el silencio era bueno, si el artista se habría aburrido de él ya. Ninguno de los dos hombres era hablador por naturaleza, pero así no es como se comportaba una pareja de enamorados. Obito sabía lo que se suponía que debían hacer. Se supone que debían abrazarse, bromear, besarse, hablar de tonterías y olvidarse de las cosas tristes. ¿Era si quiera posible en aquel lugar? ¿Qué clase de amor tan trastornado era ese? Para empezar, no veía ningún balance en su relación. Uno de los dos siempre había estado por encima del otro, y la posición rotaba, y rotaba, y rotaba... Era un ciclo interminable de cambio. Deidara lo había mandoneado durante su tiempo en vida. Obito lo había maltratado psicológicamente tras su aparición en el Tsukuyomi y causado daño físico también, sólo para dominarlo durante el acto sexual. Desde fuera, sonaría como que él controlaba todo, pero al final, todo lo que hacía estaba altamente influenciado por Deidara. En resumen, jamás habían sido iguales.
Sus ojos se ensancharon un poco mientras ese detalle lo hacía bajar de las nubes, volver a poner los pies en la tierra. Quizá Deidara no estaba nada contento con lo que estaba pasando, quizá era él quien lo había arrastrado en el torbellino de sus incontrolables emociones. Había sido la primera vez que Obito se confesaba abiertamente (siempre se arrepintió de no habérselo dicho a Rin en su día), y estaba feliz por haber sido correspondido, pero no había tomado en cuenta los sentimientos del artista al tratar, paradójicamente, de amarlo.
En los primeros días de Akatsuki, cuando iba con Zetsu, se tomó su tiempo para observar a los demás miembros, así que había asistido a Deidara y Sasori a veces cuando eran compañeros. Ambos se detestaban claramente, o al menos, eso es lo que él pensó, pues se pasaban el día intentando cortarse la cabeza el uno al otro. Eso fue lo que le hizo a Tobi pensar que había algo más entre ellos de lo que parecía. Incluso si era furia, se sentía viva, mientras que el vínculo entre él y Deidara estaba muerto, en un mundo muerto, uno de ellos muerto y el otro a punto de morir.
Lo último que quería era hacer a Deidara sufrir. Y que el peso del amor que le había tirado encima lo aplastase y se volviera insoportable pronto. No. ¡De ninguna manera iba a permitir eso! Iba a terminar las cosas antes de que fuera demasiado tarde, antes de que el otro comenzase a odiarlo.
—Pareces muy concentrado en algo, um —afirmó el rubio tras haber estado observando a Obito por unos segundos.
—¿Crees que... —comenzó a decir el Uchiha, parando en mitad de la frase para sopesar cual sería la mejor forma de acabarla—. ...el amor también es efímero?
—¿A qué viene eso ahora? —dijo Deidara frunciendo el ceño.
—Sólo estoy... Tratando de comprender tu arte, eso es.
Fue duro decir aquellas palabras. Una mentira, una fea pero halagadora mentira. Por supuesto, estaba interesado en el tema, pero esa pregunta no iba sobre arte. El terrorista sonrió genuinamente, sin ni siquiera sospecharlo.
—El amor es más bien para idiotas, incluso teniendo que admitir que eso en estos momentos me convierte a mí en uno. Una explosión deja un sentimiento de grandeza en el corazón, pero la persona a la que amas muriendo, no, eso definitivamente no.
—Pero me hiciste pasar por eso.
—Pfft, ni siquiera sentías nada por mí por aquel entonces.
—Quién sabe; tal vez, lo hiciera inconscientemente.
Mientras tanto, el paisaje boscoso a su alrededor comenzó a ganar frondosidad. Los árboles eran distintos también: seguían siendo oscuros pero a la vez cristalinos, como si estuvieran hechos de obsidiana. Cuanto más avanzaban, más parecían adentrarse en el lío de ramas geométricas que a penas se distinguían de la oscuridad creada por las sombras de los árboles.
Al otro lado del bosque había un valle poco profundo, cuyo fin se perdía en el horizonte, lo cual indicaba lo inmenso que era. Había algunas rocas con una textura esponjosa en lugares al azar.
—Ummm... ¿Obito?
—¿Sí?
—¿Tienen algún significado los lugares en tu cabeza?
—Supongo, aunque, no consigo descifrar el significado de todos ellos. El hacerlo me pondría en perfecta sintonía con mi mundo interior. Lo cual equivale a la iluminación.
—Preguntaba porque realmente quiero saber lo que reprsenta este lugar, um.
Antes de que pudiera preguntar por qué, Obito se dio cuenta de la expresión de sorpresa en el rostro de Deidara: como si no supiera si admirarse o extrañarse al ver el valle. Lo primero que llamó su atención fue el tamaño del mismo. Se quedó mirando el horizonte neblinoso y después miró al suelo y se arrodilló. El otro se acercó a él en silencio, observando lo que hacía. Una mano provista de boca agarró una de las piedras negras, soltándola rápidamente a la vez que un "¡Agh!" de sorpresa dejaba sus labios.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Obito arrodillándose junto a él.
Como respuesta, el artista tomó el objeto ante él. La piedra había parecido completamente normal a lo lejos, pero mirando de cerca, los dos se dieron cuenta que había pequeñas caras cinceladas en ella, una cantidad sin fin de expresiones deformes de agonía y horror. Deidara revisó más rocas, y se dio cuenta que todas tenían el mismo patrón.
—¡M-me dijiste que me ibas a enseñar algo hermoso, pero esto da escalofríos, um!
—Lo siento, jamás me di cuenta de ese detalle... —el moreno se frotó la parte de atrás de su cabeza con una mano, en un intento de deshacer la tensión creada.
—¿No te das cuenta que este es tu propio subconsciente? ¿Exactamente cuánta conciencia de ti mismo tienes? ¡Yo, que nunca he estado aquí, me he dado cuenta de algo antes que tú, por dios!
A Obito le tomó por sorpresa la franqueza de su compañero, en respuesta le sonrió como queriendo decirle "No puedo evitarlo". A veces tenía que recordarse a sí mismo que Deidara no era una chica, y que por tanto no iba a ser angelical y comprensivo con él. Comenzaron el camino de vuelta, "Tobi" siguiendo a su "Senpai".
—Planeo crear un nuevo mundo.
—¿QUÉ?
Tras la breve explicación de detalles, Obito explicó cual era su propósito final, sin esperar la confusión por parte del rubio. Estaban en la casa otra vez; Deidara decidió que prefería quedarse ahí un tiempo antes de ir a más excursiones locas. Un pensamiento apareció en su mente cuando estaban en la sala principal, precisamente, algo que el otro había mencionado ya, algo sobre un plan. El ex enmascarado le explicó el concepto, y hasta ahí todo tenía sentido. Madara. Jutsus de ojos. Sharingan. Más jutsus de ojos. Drama Uchiha. Diez colas. Pero la razón detrás de todo eso era algo absurdo.
—¿A qué te refieres con "mundo nuevo"?
—Pues es precisamente eso —dijo Obito encogiéndose de hombros, como si fuera lo más normal del mundo—. No estoy complacido con la morbosidad y la arbitrariedad del Mundo Humano, así que voy a sustituirlo por algo mejor. Un lugar donde no haya dolor. Donde nadie tenga que morir como ella lo hizo.
Las pupilas de Deidara se contrajeron, mirando fijamente al otro, negándose a creer lo que escuchaba.
—Estás... ¡Estás completamente mal de la cabeza, um!
—¡No es imposible, no con el nivel en cuanto a técnicas que he alcanzado! ¡He estado trabajando en esto tanto tiempo, estoy tan cerca que podría agarrarlo si extendiera el brazo! —dijo Obito, agarrando a Deidara de los hombros con entusiasmo.
—¡Eso es, trata de extender el brazo y lo único que agarrarás será el aire, um! —dijo el rubio con amargura.
—¿¡Qué pasa contigo, Deidara!? ¿Te das cuenta que vas a estar vivo de nuevo? ¡Sólo queda un poco más! ¡El plan casi está completo!
—Estoy... muerto... —la expresión del artista cambió de repente.
—Con mi poder, podre resucitar a quien yo quiera —Obito sonrió reconfortantemente.
Parecía una persona completamente distinta. Deidara jamás había visto tanta esperanza y alegría en su cara. Como si, tras todo lo que había pasado, la única cosa positiva a la que se aferraba era esta utópica idea suya. Y después, otra conexión se estableció en su cabeza, tomando en cuenta otras cosas que le había contado.
—Tú... La razón por la que quieres hacer esto es...
—Espera, no te escandalices todavía, lo tengo ya todo atado, te puedo asegurar que va a fun-
Mientras decía eso, Obito había movido su mano, para acariciar su rostro. Pero Deidara la rechazó de un golpe con la suya.
—Estás tratando de resucitar a Rin, ¿me equivoco?
