Hola a todas, bueno pues como cada semana aqui les dejo el siguiente capitulo de la adaptacion de esta historia. Espero que Sechomaru resiva su merecido por ser tan poco caballeroso, ese hombre me desespera pero en fin.
Bueno espero su reviews y espero que les guste.
Capítulo Nueve
-¿No se supone que deberíais estar de luna de miel?
-Se supone -contestó Rin con la perrita de Mioga en el regazo-. No sabía dónde ir.
Mioga le acarició la mano en un movimiento rápido.
-Ya sabes que aquí puedes venir cuando quieras.
Rin se lo agradecía inmensamente. Mioga era parte de su familia y lo más cercano que tenía a su abuelo. En aquellos momentos, necesitaba su consuelo.
-¿Quieres contarme que ha ocurrido? -preguntó Mioga encendiendo la pipa.
Rin se encogió de hombros, pero terminó confesando.
-Es Seshomaru.
-Continúa.
-Para mí, este matrimonio es muy serio.
-¿Y crees que para él no?
-Creo que para él la unión es seria, pero el matrimonio... -suspiró Rin-. Estoy enamorada de él, Mioga.
-Lo sé.
-Pero él no se enamorará de mí jamás.
-En eso te equivocas.
-No, no me equivoco. Me lo ha dejado muy claro.
Aggie bostezó y se estiró y su pata delantera fue a parar a la mano de Rin, que no pudo evitar sonreír ante aquel gesto de solidaridad.
-Lo que le ocurre a Seshomaru es que se está ena morando de ti y no quiere hacerlo. Por eso lucha -le aseguró Mioga.
Rin recordó la noche anterior, en la que Seshomaru se había mostrado tan maravilloso. La había acariciado con veneración. Durante aquellas maravillosas horas, había sido su marido.
Aunque la ceremonia y la celebración no habían sido precisamente ideales, su regalo de la noche de bodas había sido increíble.
«Un regalo perfecto para una pareja imperfecta», pensó Rin con tristeza.
-Si eso es cierto, si se está enamorando de mí a su pesar, ¿quién crees que ganará? ¿El príncipe de Llandaron, controlado y serio o su amor?
La pregunta pareció tomar a Mioga por sorpresa.
-No te lo podría decir. Los dos son buenos oponentes.
Aquella situación le recordaba a Rin a sus padres, dos personas que siempre estaban discutiendo. Ninguna ganaba.
-Quiero que mi hijo crezca en una familia llena de amor, no como...
-¿La tuya? Rin asintió.
-Mis padres apenas se hablaban. Ni siquiera eran amigos, Mioga.
-No lo pienses más, cariño. Llandaron es un lugar especial. Aquí hay magia.
-A mí no me vendría mal un poco de magia. -La magia se apodera de ti cuando más la necesitas.
-¿Entonces, por qué no ha acudido en tu ayuda? -le preguntó Rin sin pensar.
-¿En mi ayuda?
Rin vio la sorpresa en sus ojos, pero continuó porque Mioga era su familia y quería que fuera feliz.
-A mí me parece que esa magia de la que hablas lleva persiguiéndote ya bastante tiempo, pero tú la rehuyes.
Mioga frunció el ceño.
-No me da miedo esa mirada, Mioga. Tu hermano la tenía igual y siempre que yo hacía algo que no le gustaba me miraba así, así que intenta otra cosa.
-Me parece a mí que has comido demasiados caramelos de esos que les gustan a Kagome y a Sango -contestó el anciano con frustración-. Te han taladrado el cerebro.
-Esto no tiene nada que ver con los caramelos sino con el amor.
-¿Con el amor?
-Tú estás enamorado de Kaede.
Mioga abrió la boca y se le cayó la pipa al suelo.
-Y Kaede está enamorada de ti.
-Tonterías...
-Sí, está enamorada de ti.
-Silencio -dijo Mioga impaciente.
-Tienes que hacer algo antes de que sea demasiado tarde -insistió Rin.
-Sé perfectamente lo que tengo que hacer. No hace falta que vengas tú a decírmelo...
Rin lo miró tan desafiante que lo hizo callar.
-Arrepentirse de algo que no se ha hecho es espantoso, Mioga.
-La sobrina dándole al tío abuelo un consejo. Esto es... esto es...
-Esto es la familia, Mioga y la familia es siempre una bendición.
El anciano se quedó mirándola fijamente y Rin se preguntó si la iba a echar de su casa, pero entonces ocurrió algo increíble. Tal vez, fuera un poco de aquella famosa magia de Llandaron.
-Tienes razón -sonrió Mioga.
Aquello hizo que Rin se emocionara y le dio fuerzas para seguir adelante, para intentar entender al hombre al que amaba y para luchar por su hijo.
Por fin la había encontrado.
Seshomaru había ido a la casa de la playa, al taller de barcos y, por último, a casa de Mioga buscándola.
Al final, desesperado, se había ido a la ciudad a tomar una cerveza y allí la había encontrado.
Estaba en la acera de Gershins Taffy, con un guardaespaldas al lado y cincuenta niños alrededor.
El primer impulso de Seshomaru había sido acercarse a ella, pero no lo hizo. Rin estaba hablando y riendo con los niños, preguntándoles cuáles eran sus animales favoritos y qué les gustaría que hicieran. ¿Volar? ¿Bailar? ¿Eructar?
Al oír aquello, Seshomaru estalló en una carcajada tan fuerte que temió que todos se fueran a girar hacia él, así que dio un paso atrás y se escondió.
Era obvio que los niños la adoraban, que querían estar cerca de ella. Rin tenía una relación especial con ellos. Seshomaru nunca había visto a nadie tan dispuesto a jugar sin ningún tipo de vergüenza.
Desde luego, Rin iba ser una madre maravillosa.
Seshomaru se preguntó preocupado qué tipo de padre iba a ser él.
En aquel momento, Rin lo vio y Seshomaru se dio cuenta de que parecía incómoda. Se debía de estar preguntando qué hacía él allí, si había ido de buenas o de malas. Seshomaru se dio cuenta de que su presencia la había puesto nerviosa.
No podía culparla por ello después de cómo le había hablado aquella mañana. Lo cierto era que a Seshomaru no le hubiera extrañado que no le dirigiera la palabra, pero Rin no era así.
Tras haber dado las gracias a los niños con una sonrisa radiante, fue hacia él. Su guardaes paldas la siguió, pero mantuvo una distancia respetuosa.
-Buenas tardes, Alteza.
Seshomaru le tomó la mano y se la besó.
-Lo mismo digo, Alteza.
Rin apartó la mano.
-Parece que te estabas divirtiendo -comentó Seshomaru.
-Esos niños son divertidos y pacientes y me estaban ayudando con mi libro.
-¿Te está costando centrarte?
-Sí.
Seshomaru miró a su alrededor por si alguien los estuviera escuchando.
-A mí también.
Ante aquella confesión, Rin lo miró a los ojos.
-¿Y qué sugieres que hagamos al respecto? ¿Quieres que no nos veamos?
Seshomaru se dio cuenta de que estaba enfadada y se sintió avergonzado.
-No sería muy práctico, ¿verdad?
-Verdad.
A su alrededor, los habitantes de Llandaron se estaban empezando a parar y a mirar. Normalmente, cuando iba a la ciudad, pasaban de largo y saludaban con la mano, pero como se acababan de casar el día anterior no estaban siendo tan generosos.
-¿Damos un paseo? -propuso Seshomaru ofreciéndole su mano.
-Muy bien -contestó Rin dándose cuenta de la situación.
Con el guardaespaldas siguiéndolos, Seshomaru la llevó por varias calles hasta que llegaron a una que estaba bastante vacía. Una vez allí, le indicó un banco blanco en el que se sentaron.
-¿Qué te parece si intentamos no volver a pensar ni a razonar? -propuso Seshomaru.
-¿Lo dices en serio? -dijo Rin sorpren dida.
-Sí.
-¿Y qué me dices de los falsos juicios?
Ante su franqueza, Seshomaru se tensó, pero admitió que debía ser igual de sincero.
-Me abstendré de emitir juicios -prometió. -¿Durante cuánto tiempo? Seshomaru sonrió.
-Todo el que pueda.
Rin también sonrió.
-Así que nada de pensar ni de razonar, sólo vamos a... -Experimentar.
–Y a disfrutar. -Sí.
-Muy bien.
Seshomaru la tomó de la mano y sonrió cuando Rin no la retiró. -¿Vienes conmigo?
-¿Adónde?
-Es una sorpresa.
Rin no se lo podía creer.
En la pantalla había algo muy chiquitito, del tamaño de un cacahuete, nadando en mitad de la oscuridad. Al principio, no lo vio, pero a medida que el médico fue moviendo la sonda por su tripa apareció ante sus ojos.
-¿Es mi hijo? -consiguió preguntar con un nudo en la garganta.
-Sí, Alteza, es muy pequeño todavía, pero es su hijo -contestó el médico real.
Rin sintió que se le saltaban las lágrimas. Una vida estaba creciendo en sus entrañas. Una vida que habían creado Seshomaru y ella. ¡Cuánto lo quería!
-El heredero al trono de Llandaron -concluyó el médico solemnemente.
Rin sonrió nerviosa. Sí, su hijo era el heredero. Iba a ser príncipe.
Rin pensó cuánto le había cambiado la vida en pocas semanas mientras Seshomaru se acercaba a ella con los ojos fijos en la pantalla. Hacía cinco meses estaba sola, sin familia, pocos amigos y la inspiración muerta.
Ahora, tenía un marido, una familia, un tío, un país, el corazón lleno de historias y, sobre todo, un hijo.
Seshomaru arrugó el ceño y señaló la pantalla.
-¿Qué es eso, doctor?
-El corazón del bebé, Alteza.
Seshomaru le apretó la mano a Rin sin darse cuenta.
-Late muy rápido...
-Es perfectamente normal, Alteza -lo tranquilizó el médico.
-Es precioso -dijo Rin.
-Sí, Alteza, lo es.
«Alteza». ¿Se acostumbraría algún día a que la llamaran así? Parecía demasiado título para Rin Kasami de San Diego, acostumbrada a navegar en el barco de su abuelo siempre manchada de helado.
-Los dejo a solas -anunció el médico poniéndose en pie.
Cuando se hubo ido, Rin se giró y miró a su príncipe. Qué guapo estaba con aquel traje negro, el pelo algo revuelto, la piel bronceada y aquellos ojos del color del ambar.
Y era todo suyo.
-¿Te ha gustado la sorpresa? -le preguntó Seshomaru acariciándole la mejilla.
-Mucho, gracias.
-Considéralo una disculpa.
-¿Por qué?
Rin lo sabía perfectamente, pero necesitaba oírselo decir.
-Por mi horrible comportamiento de esta mañana -sonrió Seshomaru.
-Ah, sí -sonrió también Rin.
-¿Aceptas mis disculpas?
-Mmm -contestó ella-. Creo que debería castigarte de alguna manera, ¿no?
Seshomaru se inclinó sobre ella y le dio un beso que la dejó sin aliento.
-¿Así por ejemplo?
-Vas por buen camino, sí -rió Rin.
-¿Quieres más?
-Por supuesto que sí.
-¿Besos o caricias? -dijo Seshomaru deslizando su mano dentro de la blusa de Rin hasta encontrar su sujetador.
-Las caricias me gustan -contestó Rin tragando saliva.
Aquel era el momento más erótico y romántico de su vida. Aquello era una locura. Jamás hubiera imaginado que estar tumbada en una mesa de observación, completamente vestida, besando a su marido mientras el médico podía entrar en cualquier momento le fuera a parecer romántico.
Pero se lo parecía.
-¿Tú crees que al doctor le importaría que nos quedáramos aquí un rato? -propuso Rin en un susurro.
Seshomaru sonrió.
-Aunque la propuesta de hacerte el amor aquí mismo es tentadora, tengo otros planes para nosotros -contestó acariciándole un pezón.
-Creí que...
-Esto ha sido sólo el principio, Rin -sonrió-. ¿Nos vamos? Tenemos que volver a casa para cambiarnos porque te voy a llevar a cenar y al cine.
-¿Una cita?
-Exactamente.
-Cena, cine y ¿después que?
-Hacemos las paces.
-¿Las paces u otras cosas?
-Me vuelves...
-¿Loco?
-No, feliz.
Seshomaru no podía creer lo que acababa de decir, pero para los oídos de Rin fue música celestial y, decidida a que a Seshomaru no le diera tiempo de echarse atrás, lo agarró de la mano y tiró de él.
-Vamos, Alteza, vamos a casa.
Continuara…..
Hasta que sechomaru hizo algo por ella, esperemos que le dure esa actitud mucho tiempo, no quiero que la pobre Rin siga sufriendo por las indesiciones de su esposo.
