Hola chicos, ¿Cómo están? Me alegra que les haya estado gustando el fanfic y, créanme, fue toda una sorpresa para mí el que se hayan tomado la molestia de preguntarme cuándo actualizo y pedir por el siguiente capítulo. Sin embargo, sólo tengo un anuncio que dar: VOY A ABANDONAR ESTE FANFIC.
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No, la verdad no xD Me odiaría a mí misma si lo dejara inconcluso. No me vayan a matar, admitan que la situación se prestaba para esta broma y a mí me encanta ser troll [Y lo saben, ¿Cuántas veces me han dicho que la situación se prestaba para un beso Korrasami y no se da?] hahahahahaha lo siento, en verdad tenía que hacerlo.
Pero sí tengo un anunció que darles, uno que les va a gustar sin lugar a dudas [Y en compensación por la broma]: El siguiente capítulo, va a ser el de Asami.
Sep, como lo leen, en el que viene van a ver su punto de vista y demás cosas. Espero les guste, tanto este como el que viene.
Sin más, responderé reviews:
Zakuro Hatsune: Oh, vamos… No fue tan heartbroken… ¿O si? Ya me dirás que te pareció este.
ZH: hahaha me pasa lo mismo, gracias por leer.
Guest: Pues se tardó un poquito… Lo siento, cuidate y ojalá te guste este capitulo.
Liz: Pues… sí puedo xD disculpa la tardanza, pero aquí ya está el siguiente.
Luzy: Gracias, bienvenida a mi historia xD espero te guste más y más… De verdad lo espero, gracias por leer.
Oscura: Gracias por leer, aquí está el siguiente, espero y te guste
AdriSato: Sí, sí sera. Perdón por loa broma, aquí está el cap.
GODOY: Pues… Yo también lo espero, no he escrito el beso en mis notas aún xD pero se acerca, de eso estoy segura. Gracias por leer
Liz: De Nuevo xD gracias por dar doble review… Y ya actualize, descuida. Perdon por la broma
Esme: Muchas gracias, ya actualize
Esme: Otra vez xD ya lo hice, gracias por el dobre review… Disculpa la broma.
Los personajes no me pertenecen, la historia sí.
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Al día siguiente, los chicos se encontraban listos para partir, esperando únicamente el momento en que les indicaran que podían subir al jet.
Estaban, como es obvio, en el aeropuerto, despidiéndose de los fans que los habían ido a ver por última vez, agradeciendo sus atenciones y su fidelidad para con la banda. Sin embargo, ellos no fueron los únicos que asistieron a dejar a los rockeros. La familia Moulian-Sato también estaban ahí; los jóvenes se habían convertido en grandes amigos para los franceses y, a su vez, los franceses lo eran para los miembros de la banda, en especial para una morena de ojos azules que fungía el papel de la vocalista.
Para Korra, verlos en el aeropuerto era una llave que abría la puerta de los sentimientos encontrados. Por un lado, estaba realmente feliz por el hecho de abandonar el país, por alejarse de la paranoia y los malos ratos que pasó aquí, pero por el otro lado, sentía nostalgia ya que pasarían días antes de volver a ver a Asami y, por supuesto, muchos días más para ver a la familia completa. Extrañaría a aquellos tres seres humanos que tan rápido se habían metido en su corazón.
Pasó el tiempo y, con él, el anuncio de que la nave que los llevaría de vuelta a Ciudad República estaba lista para volar. Un último abrazo, un último beso, una última despedida y los seis chicos salieron para abordar el jet. Algo que la rockera de ojos zafiro nunca podrá negar, fue la sensación de alivio que la llenó en el momento en que puso un pie dentro de aquel pájaro de metal.
Durante todo el vuelo, la falta de horas de sueño de las últimas noches la golpeó, llegando a hacerla dormir las horas que duró el vuelo, de hecho, no se hubiera dado cuenta de que habían llegado ya de no ser porque Katara la despertó, avisándole que se ajustara el cinturón ya que estaban a punto de aterrizar.
En cuanto bajó del jet privado que los transportaba y sintió el urbanizado aire de Ciudad República estuvo a punto de arrojarse al suelo y besarlo. Por fin había acabado ese mes de mierda; adiós pesadillas, adiós paranoia y hasta nunca París.
Con más ánimo que nada, atravesó antes que todos las puertas que daban acceso al interior del aeropuerto, por lo que fue la primera en ser cegada por los numerosos flashes de los periodistas apuntando a su cara.
De no ser porque se le ocurrió colocarse los lentes de Sol especiales que el Sr. Roku siempre los obliga a llevar a la mano, Korra hubiera tenido un serio problema visual. A través del barullo, logró escuchar cómo el hombre les indicaba que no respondieran preguntas aún, por lo que, con ayuda de Kylle, atravesaron a la bola de fotógrafos y entrevistadores hasta llegar a una gran camioneta roja que los esperaba afuera con su equipaje. Korra se permitió tomar un buen respiro, al fin estaba en casa.
Después de discutirlo por... Tres segundos máximo, todos llegaron al acuerdo de que la primera en ir a casa sería Korra, pero no la llevarían directamente a su departamento, sino que irían a la casa de Aang, ubicada en una pequeña pero vasta isla que había pertenecido a su familia durante generaciones.
Decir que la vocalista disfrutó de la vista que tenía desde su asiento de la ciudad, que para ella significaba libertad, sería poco. La sensación que aquellas concurridas y activas calles le regalaban era algo inefable, ni la misma morena sabía describir la magnitud de su propia alegría.
Bajó de la camioneta y de inmediato entró en el ferri que la llevaría a su destino, el cual tuvo que tomar sola ya que los demás también querían llegar a sus respectivas casas.
Lanzó un suspiro al viento, ¡Cómo extrañaba Ciudad República! La mezcla perfecta entre la madre naturaleza y las creaciones del hombre. Poco había en ese lugar que no pudiera impresionarte, la vista era hermosa a donde quiera que ibas, el aire era fresco, los niños jugaban seguros en las calles, la gente era muy variada en todos los aspectos, dándole una riqueza cultural a aquel sitio impresionante... No como en Francia, donde sólo habían... Bueno... Franceses.
Los centros recreativos eran numerosos, así como las áreas verdes, las cuales se cuidaban con esmero. Todo en conjunto hacían de Cuidad República un idóneo lugar para vivir. Claro, en todos lados habían excepciones, gente sin moral y/o escrúpulos que iban por la vida buscando problemas, sin embargo, la policía era realmente eficiente, por lo que aquella clase de escoria no estaba muy segura.
En cuanto puso un pie en aquella adorable isla, la cual fue su hogar y patio de juegos al mismo tiempo, no pudo evitar la risa de felicidad que se escapó de sus labios. Recorrió corriendo todo el camino hacia la casa de Aang, saludando de paso a los demás habitantes de la isla, quienes la saludaban de vuelta. Pronto, se dejó ver una hermosa casa de tres plantas, cuyas escaleras de entrada iban directo al primer piso sin tocar la planta baja, la cual era un discreto garage con espacio para un par de autos. La casa tenía balcón en los dos pisos y la fachada era simple, pero aquello iba de la mano perfectamente con su ubicación, además, una pequeña chimenea se dejaba ver sobre el techo de teja azul oscuro.
La imagen a lo lejos de aquel lugar la hizo detenerse unos segundos antes de que, con fuerza renovada, comenzara a acercarse a toda la velocidad que sus piernas le permitían. Esquivó rocas, saltó pequeños arbustos, subió las escaleras y en cuanto abrió la puerta...
— ¡Sorpresaaaaaa! — Fue el grito que recibió a Korra.
Ahí estaban todos. Aang, su increíble primo quien cuidó de ella junto con las demás personas reunidas ahí. A su lado estaba Tenzin, el hermano mayor de Aang, cuya cabeza calva igualaba la de todos los hombres de aquella isla, salvo por algunos cuantos que no tenían tatuajes, y su barba en forma de flecha que siempre le pareció curiosa.
Junto con Tenzin venía su familia, su adorable y joven esposa Pema, la cual era una increíble mujer, extraordinaria cocinera, excelente esposa y madre dedicada; a menudo podían oír decir a Tenzin que haberla conocido fue el golpe de suerte más grande que tuvo jamás y, si contamos que el hombre se encontró tirado el billete ganador de la lotería, bueno, es mucho decir.
En medio de ellos se encontraban los tres adorables, graciosos y alegres hijos de la pareja. Jinora, la mayor, era una pre-adolescente de no más de trece años; a su corta edad, era una niña prodigio, sumamente inteligente y tan sabía que, a veces, su mismo padre acudía a ella por consejo. La mediana, Ikki, era una niña noble y muy atenta, pero sumamente curiosa, a tal grado que no dejará de hacerte preguntas hasta no estar 100% satisfecha o haberte sacado todo lo que sabías. Por último, pero no menos importante, teníamos al pequeño Meelo, cuya hiperactividad y energía eran interminables, sin embargo, tenía un don para el dibujo y la pintura que muchos artistas envidiarían. A aquellos tres pequeños pronto se les uniría un cuarto, ya que Pema tenía un gracioso bulto en su vientre que indicaba ya meses de embarazo, aunque Korra no sabía con exactitud cuántos.
¿Y cómo olvidar al viejecillo más adorable y divertido en toda la isla? El abuelo Gyatso se encontraba a un lado de ellos, con sus cansados ojos sobre ella y una sonrisa bonachona que le daba paz a cualquiera; el hombre era sumamente querido por Aang, Tenzin y Korra especialmente. Cuando era más joven, la morena y el abuelo Gyatso solían sentarse por horas escuchando radio-novelas de misterio y de terror, a veces le jugaban bromas a Tenzin con la ayuda de Aang o simplemente se relajaban un rato en compañía de Iroh con algo de música, un buen té y una partida de pai-sho de calidad, pero que la pequeña Korra jamás llegó a entender.
En cuanto la morena atravesó la puerta, los niños presentes se abalanzaron a abrazarla con mucho cariño y, poco después, los adultos se unieron a ese gesto.
El reencuentro se dio con mucha alegría, amor y un par de lágrimas de felicidad de parte de la vocalista, quien estaba sumamente agradecida por este gesto y por volver a estar en tan especial lugar. Pronto la fiesta familiar comenzó, comiendo una sopa típica del polo sur, que era donde había nacido Korra y contando anécdotas divertidas que la oji azul se había perdido por estar en París.
Ikki, la hija mediana de Tenzin, no paraba de hacerle preguntas sobre todo lo que vivió en Francia... Literalmente, to-do. Que si los autos eran de una u otra forma, que si era en serio que no se bañaban regularmente, que si las ranas gritaban cuando las cocinaban... Bueno, muchas preguntas que Korra apenas y alcanzaba a contestar en monosílabos. Por otro lado, Jinora era de cuestionar sobre cosas más cultas, como qué tan impresionante era el Museo de Louvre, si pudo observar la Venus de Milo, la clásica Gioconda u otras obras de arte que la rockera en la vida supo cuáles eran. Sí, efectivamente había ido, la había llevado la misma Asami Sato, pero, siendo sinceros, estaba más ocupada en que Madame no entrara por ninguna puerta o chocara con ella en alguna esquina como para prestarle atención a una tipa semi desnuda sin brazos. Fue en esa misma visita donde la francesa se dio cuenta de su inicial paranoia. Por supuesto que lo último no lo incluyó en el relato.
En cuando el nombre de su amiga actriz fue mencionado por la oji azul, los tres, incluido Meelo, se mostraron extrañamente interesados y sorprendidos, comenzando a preguntar por ello. Una ligera molestia embargó a Korra, ¿Acaso ella era la única que no conocía a Asami desde antes de aquel viaje?
— ¡Tienes que presentarnosla, Korra!— Le había pedido Jinora inusualmente emocionada.— Asami Sato es una de las mujeres más influyentes del mundo, ¿Sabías que además de ser actriz estudió varias ingenierías?, ¡Las aprobó todas con honores! Es una mujer realmente inteligente.
— Y es muy hermosa...— Añadió risueña Ikki.
— Muy hermosa.— Le confirmó Meelo, aunque claro, con otro punto de vista.
Aunque lo último lo sabía y muy bien, lo primero realmente la sorprendió. Asami tenía realmente muchas facetas, no sólo era un genio en su profesión, sino que también tenía un cerebro realmente prodigioso. Tantas cosas por saber de la francesa, pero Korra no iba a investigar nada por internet; tenía la ventaja de conocerla en persona y se valdría de ello para lograr su cometido.
— ¿Sí nos la vas a presentar? No puedes ser tan egoísta como para no hacerlo, ¿O sí puedes? ¿Eres egoísta? ¿Qué tan egoísta eres?
— No soy egoísta, Ikki. — Respondió para acallar las demasiadas preguntas de la pequeña.— Prometo que, en cuanto venga a Ciudad República, se las presentaré.
— ¡¿Va a venir a Ciudad República?! — Exclamaron los tres al mismo tiempo. Ay, para qué habló.
Justo cuando estaba segura de que iba recibir otra oleada de preguntas, la puerta de madera fue golpeada levemente. Aang se levantó del asiento en el que estaba con una sonrisa traviesa y caminó hacia la entrada. Con aquella misma expresión aún en su cara, tomó el picaporte y miró a todos.
— Ahora sí... ¡Que la fiesta comience! — Y en cuanto terminó de hablar, abrió la puerta, dejando entrar a los chicos de la banda junto con sus respectivas familias y otros invitados más.
— ¡Korra! Bienvenida de vuelta.— La saludó una mujer mayor pero sólo un par de años más que Tenzin, con cabello grisáceo claro y unos hermosos ojos azules.
— Gracias, Kya.— Le respondió a la prima de Katara, quien era una gran amiga de Tenzin y de la familia. — Siempre es genial volver.
— Hola, Korra.— La saludó su amiga morena, quien se había cambiado a unos jeans ajustados oscuros y una hermosa blusa azul que dejaba al descubierto sus hombros.
— Hey, Katara... Eh...— Se rascó la nuca al tiempo que susurraba.— ¿No viene Sokka con...?
— No te preocupes.— Respondió, sabiendo de antemano de qué hablaba.— No vino ninguno de los dos, no estaban en casa cuando llegué.— La vocalista asintió y dejó a su amiga ir a saludar con efusividad a su novio.
— Con que volviste, niña.— Aquella voz pertenecía a una mujer de mediana edad, con los mismos años que Tenzin. Ella tenía el cabello ligeramente gris y unos duros pero no gélidos ojos verdes.
Lin, la novia de Kya y jefe de policía había llegado.
— Escuché que no te fue precisamente de maravilla allá en París.
—Hola, Lin. La verdad, estoy feliz de haber vuelto.
— Yo también me alegro de que hayas vuelto.— Se escuchó decir en tono burlón tras Lin.— No es tan divertido sólo molestar a Pies Ligeros I.
— Toph, ya tengo 27 años... — Dijo Aang aun sosteniendo a Katara de la cintura mientras esta rodeaba su cuello con sus brazos.— ¿Podrías parar ya con el apodo?
— Creía estar hablando con Pies Ligeros II.— Le respondió la joven, ignorando por completo la petición del oji gris.
Toph BeiFong era una ex compañera de clases de Aang, pero se conocían desde pequeños. El color de su cabello era negro oscuro pero bastante bien peinado, mientras que sus ojos eran de un color verde pálido ya que aquella mujer era ciega de nacimiento. Eso no le quitaba de ninguna manera lo bonita que era, ni mucho menos la hacía menos ruda y dura que el resto, de hecho, era una persona bastante fuerte, que no se dejaba amedrentar por nadie ni buscaba que la ayudaran en nada. Era increíblemente admirable.
— Iré a la cocina por comida.— Habló nuevamente Toph antes de alejarse de ahí ayudada únicamente por su bastón especial.
De repente, unos fuertes brazos rodeándola en un abrazo se dejaron sentir. La vocalista sabía perfectamente de quien eran.
— ¡Kooorraaaa! ¡Cuánto tiempo sin verte!
— Sólo fueron unas horas, Bo.— Respondió entre risas.
— Lo sé.— Dijo riendo también.
— ¿Y Mako?
— Viene atrás.— Y como si lo hubieran invocado, Mako entró por la puerta seguido de Zuko y su familia.
Y así, poco a poco la casa comenzó a llenarse de familiares y amigos de siempre. Todos se la estaban pasado bastante bien, riendo, cantado... Bolin hablando animadamente con Opal BeiFong, la hermana del novio de Kuvira, Baatar Jr. ... Sí, la familia BeiFong era realmente grande.
Para los chicos de la banda, aquella fue la mejor fiesta de bienvenida jamás tenida.
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Habían pasado las horas y, con ellas, la fiesta de bienvenida. La morena se encontraba buscando en su pequeña mochila las llaves que abrían la puerta que tenía justo frente de ella. Sus maletas debían estar adentro ya que fue el mismo Bolin quien se encargo de meterlas con la copia de la llave que Korra le había dado. No pasó mucho para que por fin encontrara lo que estaba buscando y pudiera entrar a su departamento.
En cuanto puso un pie en el lugar, el sonido de patas yendo a toda velocidad hacia donde ella estaba le hizo cerrar la puerta antes de que un enorme bulto de pelo blanco le saltara encima, estrellándola contra la madera.
— ¡Basta, Naga! — Exclamó la vocalista entre risas mientras sentía aquella mojada lengua acariciar su cara.
Cuando por fin aquel blanco animal se detuvo, fue el turno de Korra de abrazarla con cariño.
— También te extrañé mucho, chica.— Afirmó acariciándole el hocico a Naga.
La rockera se levantó del suelo y, soltando un suspiro pesado, se dejó caer en su largo y azul sofá, sintiéndose segura por estar de vuelta en Ciudad República. Armada con esa misma seguridad, Korra comenzó a rememorar todos y cada uno de los momentos vividos en París. Puede ser que la mayoría hayan sido realmente tortuosos para su persona, pero de algo sí estaba segura: Había valido la pena por el simple hecho de haber conocido a los Moulian-Sato.
Los días pasaron y se llevaron consigo, toda la pesadez y el desasosiego que sufrió en París y todo gracias a los días que había estado pasando en la casa de Aang junto con Tenzin y el abuelo Gyatso meditando. En la época en que había llegado a Ciudad República no era muy fan de meditar, se quedaba dormida y no creía que le servía para nada, pero pronto comenzó a aceptar que aquella práctica podría ayudarla; tal vez no estaba lista para abrir esa puerta que daba directamente hacia la raíz de sus miedos y combatirlos frente a frente, pero sí le brindaba la paz necesaria para seguir con su vida. Lo hubiera hecho en Francia... Si tan sólo le hubieran dado el tiempo de hacerlo.
Ese día en particular decidió terminar antes su, de por sí, poco tiempo para meditar, ¿La razón? Aquella tarde su amiga y actriz francesa, Asami Sato, llegaba a Cuidad República. Esa fue la única razón de haberse negado a la invitación a comer por parte de Pema, se despidió de cada uno de los miembros de aquella familia suya y salió montada en Appa, la camioneta blanca de Aang, rumbo al ferri.
Tenía todo preparado, iba a ir a su departamento, se iba a dar una ducha y se iba a vestir con aquel disfraz de chofer que había rentado y, mientras la esperaba en el aeropuerto iba a sostener un blanco cartel con Madame Sato escrito en letra cursiva, la cual Jinora le hizo el favor de hacer.
Ya en el aeropuerto, Korra se encontraba esperando por un tiempo que le pareció realmente eterno, quería verla ya y los nervios que tenía no ayudaban en nada. Sintió cómo su corazón dio un vuelco cuando aquella monótona voz proveniente de las bocinas anunció que el vuelo procedente de París con destino a Ciudad República había arribado. De inmediato se levantó del asiento en donde estuvo esperando y, uno por uno, observó cómo los pasajeros de aquel avión atravesaban la puerta de entrada al edificio hasta que, al fin, la vio ingresar.
En cuanto pisa el aeropuerto, su presencia se distingue de entre otros. Su negra y ondulada cabellera bailaba con libertad en el aire para luego reposar sobre los hombros de su dueña, unos lentes oscuros cubrían esos verdes ojos, pero aún podían intimidarte con esa mirada tan segura y sexy, sus labios rojos lucían perfectos estando aun levemente hinchados, mostrando que había dormido en el trayecto. Se veía realmente hermosa, tanto que, en su embelesamiento, Korra se preguntó genuinamente si siempre había lucido así la francesa y cómo rayos fue que no lo notó.
La morena no estaba del todo segura debido a los ya mencionados lentes, pero le pareció ver que Asami la estaba buscando, a ella por sobre el tumulto de personas. Con eso en la mente y una gran sonrisa en el rostro, levantó el cartel lo más alto que sus brazos le permitieron. Fue entonces cuando la actriz francesa dirigió su mirada al exacto lugar en donde la morena estaba. La sonrisa que iluminó el blanco rostro en el momento en que azul y verde colisionaron fue inigualable, tanto que ambas chicas se olvidaron de que Asami debía pasar a recoger las maletas en tanto la peli negra hacía su camino hacia la morena... O al menos lo intentó.
Ni siquiera había terminado de dar el paso en dirección a la oji azul cuando cientos de paparazzis, fotógrafos y fans impidieron que pudiera continuar y, a su vez, le tapaba la vista a la rockera de su amiga francesa.
Ya estaba comenzando a maldecir a todos los presentes cuando su celular vibró en su bolsillo, anunciando un mensaje.
Te veo afuera - Asami.
Era lo único que rezaba aquel texto. Korra comenzó a esquivar a cuanta persona pudo y obligó a sus piernas a ir lo más rápido que eran capaces, sin embargo, no se quiso quedar más tiempo en el aeropuerto, sino que abrió la puerta de Appa e ingresó al vehículo, cuyo asiento trasero era utilizado para cargar un enorme ramo de panda lilies.
Korra estaba un tanto decepcionada, sinceramente se esperaba un escenario completamente diferente, algo como... ¡No sé! Un encuentro emotivo lleno de abrazos y besos en las mejillas que dejarían la cara morena llena de labial rojo o algo así, y ahora lo más que se esperaba era estar siguiendo una gran camioneta blindada que contenía a Asami y a sus guardaespaldas a un lugar seguro y secreto o en su defecto, si llegara a perder el automóvil, citarla al día siguiente para verse. Pero de nueva cuenta sus refunfuños fueron silenciados por la sorpresa al ver como los paparazzis salían por montones para poder reportar la llegada de la joya de París, que era como la nombraban. Sí, allá se iban sus esperanzas de verla hoy...
O eso pensaba hasta que pudo verla entre aquella rueda de personas, su primer instinto fue asomarse a la ventana para poder, aunque sea, verla de lejos. Fue entonces cuando nuevamente Asami se fijó en ella y, para su mayor sorpresa, aquella hermosa mujer le murmuró algo al enorme hombre que la acompañaba (Aunque no tanto como Kyllesaurus, debo decir) y de pronto aquel sujeto comenzó a guiarla a una camioneta blanca, pero no cualquier camioneta blanca, hacia Appa.
— ¡Oh, santos patos! ¡Viene para acá! — Exclamó completamente nerviosa. — ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?!
— Abrir la puerta sería un buen comienzo.— Aquella melodiosa voz se escuchó por sobre la multitud.
Ahí estaba, aquella mujer que había deseado ver desde hace días.
— 'Sami...— Logró susurrar antes de abrir la puerta casi en automático.
Después de despedirse adecuadamente de tanto admiradores como gente tratando de obtener una exclusiva, entró al auto de la morena con aquella elegancia tan característica de ella.
— ¿Serías tan amable de arrancar?
— Por supuesto.— Dijo con una sonrisa mientras encendía el auto.
— Si pudieras...
— ¿Perder a los paparazzis? — Le completó la frase.— Dalo por hecho.
Y, sin más que decir o agregar, la morena pisó el acelerador y, poco a poco, comenzó a atravesar la ciudad sin ningún problema. No fue su velocidad la que la hizo perder uno por uno a los vehículos de la prensa, sino su perfecto conocimiento de las calles y los atajos que contienen, después de todo, no fue una diablilla adolescente por nada.
En cuestión de un par de horas, por fin llegaron a su destino: el departamento de Korra. A la morena no se le ocurrió otro lugar seguro a donde llevarla que no fuera su mismo piso, por lo que fue a donde se dirigió.
No tardó mucho en estacionar a Appa justo a lado de su vehículo habitual, el cual estaba muy bien cuidado y protegido bajo una lona; en cuanto el motor dejó de ronronear, las dos féminas bajaron de la camioneta.
— ¿Y bien? — Fue lo primero que dijo Asami, abriendo levemente los brazos.
— Oh, es mi departamento.— Respondió Korra, creyendo que preguntaba sobre el lugar.— No sabía dónde más traerte que fuera seguro...— Añadió, rascándose la nuca. La risa de Asami la obligó a levantar la mirada.
— Eso lo supuse, tontita.— Le dijo.— Lo único que no sé es por qué no has venido a recibirme como es debido.
Una sonrisa de lado se volvió a dibujar en su rostro antes de arrojarse a los brazos de la francesa. No se había dado cuenta de cuanto había extrañado un abrazo de Asami.
— Te extrañé mucho, 'Sami.
— Y yo a ti, Korra... Aunque sólo fueron unos días.— Ambas rieron.
Tal vez no llenó su morena cara con labial rojo, pero estar en aquellos suaves y cálidos brazos de la actriz era un encuentro suficientemente bueno para ella.
Unas rápidas y pesadas pisadas interrumpieron el tan esperado abrazo y Asami pronto supo a quién pertenecían. Casi sin poder evitarlo, una enorme masa peluda corrió con mucha fuerza y de un salto tiró a su amada morena y comenzó, justo como la vez pasada, a lamer de arriba a abajo la cara de su amiga humana.
— ¡Basta ya! — Le ordenó entre risas.
Tuvo que forzajear bastante, pero al final logró quitarse a Naga de encima y sostenerle fuerte del collar por seguridad de la francesa... Y es que Naga era un amor de mascota, muy protectora, inteligente y leal para con Korra y niños pequeños, pero para cualquier extraño era un monstruo blanco con garras y colmillos, a pesar de ser tan buena compañera, era muy desconfiada con la gente que acababa de conocer, demasiado diría Korra; a los chicos de la banda les costó meses que ella los aceptara.
— Qué hermoso perro tienes, Korra.— La voz de Asami le recordó al animal de su presencia.
La morena se preparó para cualquier cosa, sujetando con ambas manos a Naga y apunto de decirle a la actriz que corriera y se encerrara en la primera habitación que encontrara. Sin embargo, todo pasó tan rápido que la mente de la oji azul no pudo procesarlo por unos segundos.
Sí, Naga había conseguido zafarse del agarre de su compañera humana y había corrido hacia la extraña, pero contrario a todo lo pensado y para sorpresa de la rockera, Naga se mostró sumisa frente a la francesa hasta el punto de dejarse acariciar por ella, quien la complacía animada.
Decir que estaba anonadada era lo más correcto, Naga nunca había sido muy cariñosa con alguien que no fuera un niño o la misma Korra.
— "Y ahí va otra víctima del efecto Asami" — Pensó la rockera con una sonrisa.
— ¿Cuál es su nombre? — Preguntó Asami.
— Naga.— Respondió.
— Oh, ¿Es en honor a Naga la de Los casos perrunos? — Quiso saber la oji verde.
— Uhmm...— Korra se rascó la nuca.— No exactamente.
— ¿Entonces por qué...?
— Es básicamente por esto.— Con paso rápido, llegó hasta la manta blanca que cubría su transporte y la levantó.
Pronto, una moto Yamaha Diversion XJ6 F blanca en muy buenas condiciones se dejó ver. La morena le hizo una ademán con la mano a Asami para que se acercara y, cuando esta lo hizo, señaló animada las placas de la moto para luego poner sus manos en su cintura.
— NA6A— Leyó la peli negra en voz alta.
— Con esta moto — Comenzó a decir con orgullo.— arrollé a la mamá de Naga.
—... ¿Qué? — El tono de voz que Asami usó le hizo ver lo que dijo.
— Bueno, no la arrollé, pero casi...— Farfulló.— Estaban enseñándome a conducir una moto y me emocioné un poco. Comencé a andar en ella, estando muy distraída viendo el paisaje que no noté que una perrita se atravesaba en mi camino...
»Para cuando me di cuenta, ya estaba a nada de atropellarla, por suerte logré frenar en seco sin causar ningún accidente además de casi salir volando.
»Cuando bajé de la moto para comprobar si estaba bien, me di cuenta de que se veía muy enferma y cansada. En aquel entonces, la moto tenía una gran caja de plástico atrás para hacer entregas de pizza, que era el antiguo trabajo de Aang, así que la subí ahí y fui a toda velocidad al veterinario más cercano.
»Cuando llegué me di cuenta de que la perrita ya no era la única pasajera, había dado a luz a Naga y a sus hermanitos. Le pedí al veterinario que los revisara, por si acaso estaban enfermos o algo, pero no. Tiempo después ellos fueron adoptados por los vecinos mientras que yo me quedé con la madre de Naga y con ella, a la que nombré como la moto donde nació...
— Sé que es raro, es como si me hubieran puesto de nombre Hospital General del Polo Sur, pero lo creí conveniente debido a...
— Lo entiendo.— La interrumpió la actriz.— Es un gran nombre, ¿Qué le pasó a la madre de Naga?
— Crashie murió hace un par de años.— Le informó con melancolía.
— Lo siento mucho.
— Fue algo realmente triste, era una chica muy especial.
— Apuesto que lo era.— Le dijo con una sonrisa cálida.— ¿Crashie era tan grande como Naga?
— No, para nada.— Respondió entre risas.— De hecho, todos los cachorritos se volvieron enormes a comparación de ella. Creo que se parecen a su padre.
La morena permaneció en silencio mientras observaba a Asami acariciar a Naga mientras le decía lo linda que era, en tanto que la mejor amiga de Korra se dejaba consentir con mucho gusto. Si se miraba desde los azules ojos de la vocalista, era una muy hermosa escena. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo poco cortés que había sido, ¿Qué clase de anfitriona mantiene a sus invitados en el garage?
— Hey, 'Sami — La llamó.— , ¿No quieres pasar a tomar algo? De todas formas, vas a permanecer un tiempo aquí antes de que los paparazzi dejen de buscarte y pueda llevarte a casa... ¿O es un departamento?...
— Me encantaría.— Respondió Asami.— Quisiera descansar un poco antes de preparar todo antes de las grabaciones.
— ¿Preparar? — Inquirió extrañada.— ¿Vas a tener alguna clase de guión o algo similar?
— No realmente.— Le dijo.— Yo y mis hijos vamos a quedarnos en Ciudad República por aproximadamente dos años o dos años y medio, es por eso que quiero preparar el piso que compré para que se sienta más hogareño.
— ¿Necesitas ayuda? Porque me ofrezco de voluntaria.— Saltó de inmediato con el ofrecimiento.
La familia Moulian-Sato la habían tratado afablemente en su zozobra, si ésta era una oportunidad para pagarles, Korra no la pensaba desaprovechar.
— Sería maravilloso, gracias. — Respondió la francesa con una gran sonrisa.
Ambas comenzaron a subir una pequeña escalera de madera clara que conducía a una puerta que daba directamente hacia el apartamento. Korra se encargó de darle un pequeño tour por aquel piso que había adquirido con el segundo jugoso cheque que le habían dado (El primero lo había gastado en mejorar las casas en la isla y en cosas para Aang y el abuelo Gyatso); le mostró la sala de Juegos, la cocina, los baños, el gym y demás cuartos antes de llegar al centro del piso: Una enorme sala en color azul, piso de madera blanca, una mesa pequeña de vidrio y una alfombra caqui abajo de lo descrito, todo esto a lado de un gran ventanal que daba directamente hacia la isla donde vivía su familia.
— ... Y ésta es la sala. Ahí guardo mi música y algunas películas, que luego veo en la pantalla plasma de por allá.— Añadió señalando un gran mueble platino con compartimientos para lo dicho.
— ¿Sabes? — Preguntó Asami para llamar la atención de la morena.— Así era exactamente como me imaginaba tu departamento.
— ¿De verdad? — Ladeó la cabeza cual perrito confundido.
— Bueno, no literalmente — Aclaró.— , quiero decir, la combinación de colores, el ambiente que tiene... Todo esto grita tu nombre.— Añadió señalando con un amplio ademán el lugar.
— Oh, bueno... Gracias.— Korra se rascó la nuca con una sonrisa bobalicona en su rostro.— ¿Quieres una bebida o algún snack?
— Solo agua, si eres tan amable.— Respondió Asami.
— En seguida. Aguarda ahí.
— Estaré aquí cuando vuelvas.— Dijo Asami.
Korra sonrió inusualmente alegre y, sin decir otra palabra, comenzó a correr rumbo a la cocina.
Tomando uno de los mejores y más lindos vasos que su vajilla tenia para ofrecer, se apresuró a llenarlo con agua fresca y, una vez hecho eso, lo rodeó con una servilleta, para no darle una presentación tan simple y, además, porque así era como Asami entregaba los vasos con agua. Para regresar a la sala, disminuyó su velocidad para que ninguna gota de agua se separara de las demás y mojara la parte externa del vaso, empero, llegó justo a tiempo para observar cómo la actriz le daba la espalda para observar la cantidad de discos que la morena tenía; ¿Qué podía decir? Amaba la música.
— No puedo creer que teniendo tanta música no conocías a Emilie Autumn.— Bromeó la peli negra sintiendo la presencia de Korra sin despegar la vista de los discos.
— Créeme, yo tampoco.— Respondió. — De hecho, tal parece que yo era la única que no la conocía.— Expuso.— Estuve hablando con Jinora y resulta que es bastante famosa en...
Su explicación se vio abruptamente interrumpida al sentir ambas manos blancas de la francesa tomarle con delicadeza su rostro y, como si eso fuera poco, la mirada que le dirigían esos hermosos jades era lo suficientemente intensa como para que un escalofríos cruzara su cuerpo de la punta de sus pies a la coronilla de la cabeza.
— 'Sa-¿'Sami? — Tartamudeó Korra con un gran sonrojo en el rostro.
Sintió como la actriz le acariciaba la mejilla con su pulgar, trazando círculos; aquel pequeño gesto le erizó los pequeños vellos de la nuca y le hizo sentir una especie de cosquilleo en su estómago que le extrañó bastante, aunque nunca retiró el azul de su mirar del verde de la de Asami.
— Te vez mucho mejor ahora.— Señaló con voz meliflua.
— Sí, bueno... Salir de París ayudó, y más el volver con mi familia.
— Por supuesto que sí.— Concordó, mostrándole sus aperlados dientes antes de tomar el vaso que Korra le ofrecía.
— Sentémonos en el sillón — Le dijo la morena, señalando el mueble con un ademán antes de que ambas tomaran asiento.
Pasaron unos momentos en silencio antes de que Asami los cortara.
— ¿Cómo has estado, Korra? Me imagino que te han dado vacaciones después de regresar.
— Sí, así es.— Confirmó la oji azul.— De hecho me han dado una semana más que a ti.— Le dijo.
— Eso es algo bueno, después de lo que pasó...— Korra hizo una mueca de desagrado.— Bueno, las merecías.
— Gracias... — Otro silencio antes de que la francesa prosiguiera.
— ¿Has visto a Yue? — Para la rockera, aquella pregunta fue demasiado directa.
— Yo... Eh...— Se movió incómoda en su lugar.— No-no en realidad... Yo...— La mirada de Asami la estaba poniendo nerviosa.— No sé en sí que decirle ni mucho menos tengo en valor de ir a buscarla.— Confesó.
— ¿Aún sientes algo por ella? — No necesitó pensarlo por mucho tiempo para responder.
— Creo que sí.— Y lo dijo de esa forma por una sencilla razón: Lo pensó.— ¿Cuánto tiempo tienes para decorar? — Preguntó de repente para cambiar el tema.
— Tengo una semana a partir de mañana antes de que lleguen.— Dijo, refiriéndose a sus hijos.— Después tengo una semana libre antes de comenzar el video y, luego de ese mes, comenzarán las grabaciones de la película.
— Suenas ocupada. — Dijo con tono asombrado.
— Bastante, es por eso que agradeceré infinitamente tu ayuda.— Le dijo.
— Si quieres, mañana podríamos ir a comprar las cosas necesarias y empezar ese mismo día.— Sugirió Korra.— Estaré más que encantada de ayudar.
— Sería estupendo, Korra, gracias.
Pasó el tiempo y ambas lo aprovecharon muy bien, poniéndose al corriente de todo lo que había pasado en sus vidas esos seis días que estuvieron separadas que, en contra de lo creído, había sido mucho. Después de varias horas, por fin ambas se sintieron lo suficientemente seguras como para que Korra llevara a Asami a su casa, departamento o lo que sea que haya comprado.
Asami no sabía exactamente en dónde quedaba su casa, pero tenía la dirección y una foto de la casa y el barrio, que fue todo lo que Korra necesitó para ubicarse a la perfección y así poder encargarse de llevarla a su propiedad en menos tiempo de lo estimado.
Una vez hubieron llegado, Korra acompañó a Asami hasta la puerta de la gran, aunque modesta, casa, le hizo entrega de las panda lilies y, después de asegurarse de que no necesitaba algo más y con dos jugosos besos en ambas mejillas, Korra partió de vuelta a su departamento.
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Al día siguiente, Korra se levantó temprano para ir a recoger a Asami a las 8:00 en punto, justo como decía el mensaje que la actriz le mandó por la noche. Esta vez volvió a pedir prestado a Appa, ya que en Naga no iba a poder llevar muchas cosas. Estacionó la camioneta frente a la puerta de Asami una vez había llegado y bajó a tocar el timbre.
— Bonjour, Korra. — La saludó la francesa en cuanto abrió la puerta.
— Buenos días, 'Sami.— Respondió después de que la actriz plantara los acostumbrados besos en los lugares correspondientes.
— Adelante, pasa.— Indicó haciéndose a un lado para que la morena entrara, cosa que hizo.— Dime, ¿Ya has desayunado?
— Eh... — No lo había hecho, se había levantado con tiempo justo para vestirse e irse, no para desayunar.— No...
— Perfecto — Exclamó.— , así podrías acompañarme en la mesa.— Añadió mientras caminaba hacia el interior.
— ¡Me has salvado de morir de hambre! — Bromeó Korra con gratitud.
Después de desayunar, Asami comenzó a mostrarle a Korra la casa, mientras le iba indicando las ideas que tenía con respecto a cada habitación. La casa, tanto externa como internamente, era bastante diferente a la que tenían en París, sin embargo, mientras se imaginaba los cambios como la francesa los iba diciendo, pronto se iba a notar un cambio significativo, no porque vaya a hacer una réplica de la mini mansión, sino porque va a tener la esencia de la familia.
— ¿Qué te parece? — Preguntó Asami después de un rato.— ¿Te gustan mis ideas?
— Son geniales.— Afirmó con seguridad.— ¿Quieres ir ya por las cosas o necesitas hacer una lista de lo que comprarás antes?
— Eso no es necesario.— Le dijo.— Vamos de una vez.
Las dos salieron de la nueva casa de los Moulian-Sato rumbo a la tienda especializada a la que Korra quería llevar a Asami. Aang y la morena se pasaban horas en ese lugar tratando de encontrar diversas cosas para cuidar el jardín o mejoras que vendrían bien en la casa, así como una que otra herramienta. Prácticamente lo tenían todo, pero era una variedad tan grande que no podían decidirse tan fácilmente.
Y eso fue justo lo que le sucedió a la peli negra, quien, a pesar de querer cosas específicas, se vio en el común dilema entre uno y varios modelos; Korra sonrió, ni Asami Sato se había librado de aquello y, al igual que su primo y ella hace años, se había quedado horas escogiendo los materiales ideales para su cometido. Para cuando terminaron, llevaban tantas cosas que varios empleados tuvieron que ayudarlas a subirlas en Appa.
— ¡Esa tienda es estupenda! — Exclamó Asami con una sonrisa de oreja a oreja.— ¿Viste qué variedad de cosas había ahí? ¡Definitivamente debo volver algún día!
— Es una de las mejores tiendas que tenemos en Ciudad República.— Afirmó Korra.
— Ciertamente es una ciudad hermosa.— Le dijo.
— Y tiene unos deliciosos helados.— Añadió con tono de guía turístico.— Ven, tienes que probar uno.— Y, tomándola de la muñeca, comenzó a jalarla hacia un gran parque que se encontraba cruzando la calle.
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—... Y ese fue el lago en donde me caí.— Le mostró Korra entusiasmada.— Y ese fue el maldito bote que se puso encima.— Añadió con resentimiento en la voz, los ojos semi-cerrados y un leve puchero.
Habían pasado a comprar los helados de los que la rockera tanto le habló de camino al local y ahora se encontraban dando un paseo por el inmenso Parque de Ciudad República. Korra hacía un maravilloso trabajo como guía, pues le mostraba las partes más bellas del lugar mientras ambas disfrutaban de un helado, Korra uno de vainilla y el de chocolate para Asami.
— ¡Hay un sinfín de cosas por hacer aquí! — Exclamó arrojando ambos brazos al aire.— Podríamos patinar, volar cometas, andar en bicicleta, comer porquerías...
— Korra...— La interrumpió Asami.
— Bueno, no son como tal porquerías —Quiso aclarar— , yo lo decía en el puro sentido de que es comida chatarra, como frituras, dulces, palomitas...
— Korra...
— Está bien, comeremos fruta y cosas saludables para...
— ¡No, Korra! — Aquello hizo que la mencionada guardara silencio.— Creo que nos siguen.— Susurró, al tiempo que entrelazaba su brazo con el moreno.
La vocalista miró confundida a través del hombro del que Asami la estaba tomando y, lejos de alarmarse, lo que vio la hizo sonreír. En efecto, las estaban siguiendo, pero no era algo de que alarmarse; tras ellas se encontraba un grupo de chicas, quienes cuchicheaban cosas y soltaban pequeñas risitas que detuvieron abruptamente al notar la mirada zafiro de la peli castaña sobre ellas.
— Vamos a saludarlas.
Anunció Korra comenzando a caminar hacia el montón, el cual comenzó a emocionarse y a murmurar entre ellas mientras reían. Ya iba a mitad de camino cuando se dio cuenta de un sencillo pero importante hecho: Asami no la seguía.
— 'Sami, ¿No vienes? — Quiso saber Korra haciendo una mueva graciosa.
— Yo...— Pero no pudo seguir hablando porque Korra había regresado sin importarle mucho lo que fuera a decir y la tomó de la muñeca antes de continuar su camino.
Si creyeron por un momento que Korra Wryght era pésima coqueteando, debieron haber estado presentes en el momento en que empezó a convivir con sus indiscutibles fans. Aquella chica morena no era la vocalista de siempre, fue como si el alma de un donjuán se hubiera apropiado de su cuerpo, sacándole a las chicas más de un suspiro y varios sonrojos enormes como bonus. Añadido a eso, firmó varias cosas que las jóvenes le ponían en frente: Libretas, playeras, celulares, partes del cuerpo visibles y no tan visibles, etc.
— Bueno, señoritas, debo irme.— Les dijo, sacando varias protestas.— Fue un gusto verlas, hasta luego.— Y, despidiéndose de cada una al igual que Asami, ambas continuaron su camino.
— Vaya...— Dijo de pronto la francesa.
— ¿Qué cosa? — Preguntó Korra.
— Nunca hubiera imaginado que aquella Korra que se sonrojaba por todo fuera tan coqueta.— Le respondió juguetona, como si hubiera presenciado una epifanía.
— ¿Qué? ¿Eso? — Señaló con su pulgar sobre el hombro y soltó una risa divertida.— Eso no fue nada.— Dijo.— Sólo lo hago con mis fans, es muy divertido ver sus reacciones fangirls.
Para probar su punto, Korra giró de pronto sobre sus talones y a la lejanía le guiñó al grupo, que aún seguía reunido comentando sobre lo que acababan de vivir, mientras fingía que les disparaba con los dedos. Todas y cada una soltó un suspiro antes de gritar emocionadas, llamando la atención de todos y soltando la risa de Korra, la cual salió por completo cuando se giró de nuevo.
— ¿Lo ves? — Habló cuando hubo terminado de reír.— Divertido.
— Bastante, muy divertido.— Concordó con Korra.— Aunque a mí me gusta hacer las cosas más simples.
No supo si lo había hecho como demostración o fue uno de aquellos movimientos elegantes y naturales que tenía la francesa y que tanto le causaban admiración, pero con un simple movimiento de su cabello había logrado que varios sujetos (En opinión de Korra, desagradables) quedaran embelesados. Ella misma lo hubiera estado de no ser porque estaba lo suficientemente irritada como para evitarlo, aunque tampoco supo si fue por la facilidad en que había logrado eso o por los idiotas que la miraban precisamente como eso, como idiotas. De todas formas, no se iba a quedar el tiempo suficiente como para averiguarlo.
— Hey, 'Sami, será mejor que nos fuéramos ya.— Comenzó a decir.— Para iniciar con el decorado y-y esas cosas.
— Tienes razón, será mejor que comencemos lo más pronto posible.— Y fue así como Korra logró convencer a Asami de dejar aquel parque.
Aunque no se fue sin antes dirigirles una mirada asesina a aquellos sujetos.
En cuanto llegaron a la casa de Asami, comenzaron a ponerse manos a la obra. Aprovechando la escasez de muebles, decidieron que sería mejor empezar a pintar las paredes, empezando por la habitación de Azumi. Prepararon todo para comenzar, pusieron plástico en el suelo, cambiándose las ropas a unas más viejas y desgastadas, mientras Korra usaba una camiseta sin mangas negra, unos shorts holgados y un paliacate amarrado en su frente, Asami traía puesto un pantalón de franela rojo, una playera blanca varias tallas más grande y se había atado el cabello en una cola. Incluso para pintar una casa lucía hermosa.
— ¿De dónde sacaste una playera tan grande? — Le preguntó Korra en cuanto salió de cambiarse.
— ¿Ésta? — Asami estiró la prenda de los bordes.— Me la dio David cuando aún éramos novios.
La rockera soltó un gruñido molesto casi imperceptible hasta para ella misma. Mejor ni hubiera preguntado.
— ¿Te gustaría un poco de música? — Le preguntó la peli negra antes de comenzar.
— Sería estupendo.— Le dijo la rockera.
Los zafiros que tenía por ojos siguieron la figura de Asami mientras la francesa tomaba su reproductor de música y la conectaba a unas bocinas transportables que había en el cuarto.
— Me tomé la libertad de hacer una lista de música con las canciones de las bandas que coincidimos.— Informó Asami.— Espero y te guste.
En cuanto su blanco dedo pulsó el aleatorio, la música comenzó a sonar.
Jojo was a man who thought he was a loner
But he knew it wouldn't last.
Jojo left his home in Tucson, Arizona
For some California grass
Korra la reconoció de inmediato, Get back de The Beatles, por lo que de inmediato comenzó a cantar junto con Paul.
— Get back, get back... Get back to where you once belonged... Get back, get back... Get back to where you once belonged...
Sí, le había gustado la lista de reproducción.
Es por eso que se encontraba totalmente metida en la música mientras pintaba con su brocha el cuarto de color rosa para Azumi. Sabía que a la pequeña francesita le iba a encantar y es por eso que lo hacía con esmero. Estaba tratando de quitar un pequeño pelo de brocha que se había quedado pegado en la pared cuando sintió sus dedos ser cubiertos de pintura por un rodillo.
— ¡Oye! — Fue el primer reclamo que escapó de sus morenos labios.
— Oh, disculpa, Korra. Fue un accidente.— Pero la pequeña y casi imperceptible sonrisa de Asami le decía lo contrario.
— Claro que no fue accidente.— Evidenció Korra con una ceja levantada.
— Hey, no es mi culpa que pusieras los dedos en el lugar donde pensaba pintar. Ahora deja de quejarte y vuelve al trabajo.
Korra, con un puchero pequeño en los labios, volvió a su labor con la insulsa pared blanca, pero no porque fuera a dejar las cosas así. No, señor, Korra iba a vengarse de una forma u otra.
No tuvo mucho tiempo para pensarlo, así como tampoco lo iba a pensar mucho, ya que en el momento en que Asami sumergía el rodillo que había estado ocupando, Korra aprovechó para "casualmente" hacer lo mismo que la francesa con su brocha, pero, en el proceso, pasó la parte que chorreaba pintura por todo el dorso de la suave y tersa mano de la peli negra.
— ¡Eso sí fue a propósito! — Puntualizó Asami intercalando su verde mirada entre Korra y su ahora rosa mano.
— Hey, no es mi culpa que pusieras la mano justo en ese lugar.— Respondió la rockera entre risas.— Ahora deja de quejarte y vuelve al... ¡Oye! — El mojado rodillo de Asami interrumpió lo que decía Korra posándose en la nariz de la mencionada.
— Eso fue mi venganza.— Esgrimó la actriz sonriendo sadónica.
— ¡No te puedes vengar de una venganza! — La señaló con su dedo.
— Claro que puedo y lo hice. — Contraatacó.
— Ahora verás.
Tenía una mueca tan diabólica en su rostro crapuloso cuando mojó de nuevo la brocha en el bote de pintura rosa pastel que Asami supo que, ésta vez, la morena iba en serio. Tan en serio como aquellos pasos lentos pero seguros que se acercaban más y más a la oji verde se lo hacían saber, pero Asami tampoco iba a ceder.
— No te tengo miedo, Wryght.— Espetó con el rodillo sujeto fuertemente.
— Pues deberías, Sato.
Ni siquiera hubo terminado de decir eso cuando ya la persecución había dado inicio.
La guerra de pintura había dado comienzo, ninguna de las dos dejándose vencer en ningún momento, manchando la piel de la otra con cuanta pintura fuera posible y no sólo piel, ropa, zapatos e incluso cabello terminaron embarrados de aquel color sin siquiera un poco de compasión.
Ni siquiera hubo compasión cuando, por culpa del palo que Asami usaba para pintar los bordes más altos de la pared, el cual yacía en el piso, la ya mencionada francesa terminó en el piso y con el rodillo a varios centímetros alejado de ella.
— 'Sami, ¿Estás bien? — Preguntó Korra al ver a su amiga tirada en el suelo.
— Sí... — Fue la respuesta que necesitó, mientras miraba atenta cómo Asami giraba para quedar tumbada boca-arriba.— Sí, estoy...— Pero se quedó callada al ver que Korra posicionaba ambas piernas a sus costados y se sentaba en su abdomen con la brocha sujeta de forma amenazante.— Estoy desarmada.— Alegó.— No hay honor en alguien que ataca a un enemigo desarmado.— Korra sonrió.
— No pensaba hacerlo.— Pudo ver la confusión en la mirada de la actriz cuando dejó caer la brocha al piso.— Aunque aún no termino con mi venganza.
Ni siquiera le dio tiempo a Asami de poner una mueca de confusión porque, de inmediato, los dedos de Korra comenzaron a picotear las costillas y el resto de los costados de la peli negra de ojos verdes, a quien podía sentir retorciéndose bajo ella mientras comenzaba a reír.
— ¡Detente, Korra! — Le dijo entre risas, pero la vocalista no iba a parar ahí.
— ¿Debería hacerlo? — Se detuvo un rato que utilizó para fingir que lo meditaba.— Uhmm... No.— Dijo al fin, reanudando su tarea.
Y así se mantuvo un rato, torturando a una francesa quien reía a carcajadas, se retorcía bajo ella y suplicaba piedad. Y eso le encantaba, su propia risa la delataba; tener a la gran Asami Sato, la joya de París tan vulnerable como la tenía ahora le hacía sentir a Korra más osada y divertida de lo común, como si pudiera manejar cualquier cosa... Lástima que le duró poco el gusto.
Lo único que sintió fue las suaves manos pálidas de la actriz francesa en sus muñecas y, al segundo siguiente, era ella quien terminó en el suelo y con Asami Sato sobre ella. La cara que debió haber puesto sería muy graciosa, pues casi de inmediato la peli negra comenzó a reírse de la forma en que le gustaba a Korra, quien, contagiada, también comenzó a reír alegre.
No fue sino hasta que el silencio se impuso sobre ellas que se dieron cuenta de un pequeñísimo e insignificante detalle: Ambas no estaban a más de un par de centímetros de la otra.
Digo, no es algo tan fuera de lo común si tenemos en cuenta que Asami tenía sujetas las dos manos de Korra encima de su cabeza.
Un sonrojo se dibujó en las mejillas de las dos justo en el segundo en que notaron su cercanía, pero no por eso hicieron el intento de moverse de donde estaban. Al contrario, permanecieron ahí, perdiéndose en los ojos de la otra... O, al menos, eso le pasaba a Korra, cuyo corazón comenzó a latir tan fuerte que podía escucharlo bombear sangre en sus oídos y, por unos segundos, hasta creyó que Asami lo escuchaba también.
De pronto, y para alivio y pesar de Korra, una canción comenzó a sonar, pero obviamente no era cualquier canción, era...
— Only you de Hurts.— Dijeron ambas al mismo tiempo.
— ¿Qué te parece si nos levantamos ya? — Vale, estaba consciente de que no fue la mejor forma, pero no encontraba una manera más cómoda de pedirlo.
— Sí, mejor.— Respondió rápidamente la francesa, ayudando a Korra a levantase.
Empero, cuando ya ambas estaban paradas en sus dos pies cuando un ambiente de incomodidad decidió que aquella habitación era un cómodo lugar para instalarse, fue cuando la oji zafiro se arrepintió un poco de su anterior acción, pero eso no la amedrentó ni un poco para no tratar de regresar a lo de antes.
— Esa es tu canción favorita de Hurts, ¿No es así? — Aun a pesar de la pregunta, eso era más una afirmación.
— Sí, ¿Cómo lo supiste?
— Me lo dijiste en París.— Respondió.— ¿Qué? ¿Te sorprende? — Inquirió al ver la cara de Asami.
— Es que no puedo creer que lo recordaras.— Explicó.— Fue más un comentario al aire.— Hizo un ademán con su mano para restarle importancia.
— Oh, vamos, 'Sami... — Sin que la peli negra de piel blanca como la leche se lo esperara, Korra la tomó de la mano y la jaló hacia sí.— Prácticamente recuerdo todo lo que me dijiste sobre ti misma.— No mentía, nunca lo hacía.— ¿Y si bailas conmigo? Because ooonlyyy you caan set me free...— Cantó para animarla al tiempo que comenzaba a bailar, sacándole una tímida sonrisa.— So hooold me clooose juust liiike the fiirst tiiiiiime
—And shoooow meee hooow it used to bee.— Asami decidió seguirle el juego y comenzó a cantar con Korra, mientras bailaba al ritmo de la música.— Because ooonlyyy yooou caaan set me free... Only you caaan set me free...
