CAPITULO 10
No podía dormirse. Era Hermione Granger, debía aguantar la clase de historia de la magia. Su adormilamiento se debía a que la noche anterior había dormido tan solo un par de horas, las que pasó acompañada de Draco Malfoy.
Pero, cuando él la despertó diciéndole que sería mejor que vaya a su sala común, a su habitación y luego la acompañó hasta la misma, no pudo volver a conciliar el sueño.
El episodio ocurrido con McLaggen la torturó durante toda la noche, sentía dolor en ciertos puntos de su cuello, en sus labios y sus muñecas.
Frunció el seño al acordarse de eso. Acomodó mejor su bufanda alrededor de su cuello, para que no quedara ningún trozo de piel a la vista. Centró nuevamente su atención en su pequeño profesor y volvió a tomar apuntes. No sin antes propinarle un merecido codazo a Harry, quien dormía descaradamente con la cabeza echada hacia atrás, a su lado.
El moreno la miro en una mezcla de confusión y enfado. Pero luego le sonrió y dejó que su mirada verdosa vagara por el salón, observando a sus compañeros.
Ron, sentado en el pupitre de atrás, junto a Lavender, dormía aun mas despatarrado que él. A su lado, la rubia se miraba con atención las uñas, intentando encontrar algún defecto.
En el siguiente banco, se encontraba Neville, junto con Dean, ambos con las cabezas apoyadas en la mesa y sus bocas abiertas.
Más atrás, estaba Draco Malfoy, con Zabinni. El moreno dormía, sonriente, con su barbilla apoyada en una mano, cuyo codo reposaba en el pupitre. Por su parte, Malfoy, tenía la mirada fija en la espalda de su amiga, los brazos cruzados y la mandíbula tensa. Harry se preguntó que podría haber sucedido para que Malfoy se pusiera así.
Siguió observando la concurrencia de aquella aburrida clase. Parvati charlaba animadamente con Seamus. A su derecha, Pansy Parkinson, sentada junto a Theodore Nott, tomaba apuntes, pero no con tanto esmero como lo hacía Hermione, sino con una mezcla de aburrimiento y resignación. Su compañero se limitaba a observarla, calmada y detenidamente.
Si Harry Potter pudiera leer mentes, se hubiera enterado de muchísimas cosas. Cosas que ni en sus sueños más locos podría imaginar.
Se hubiera enterado de que Hermione Granger mantenía la mitad de su cerebro ocupado en vigilar que ninguna prenda, tanto la bufanda, como las mangas de su túnica, se salieran de lugar, porque quería ocultar las marcas que McLaggen había dejado al intentar besarla contra su voluntad.
Se hubiera enterado de que Ron, estaba soñando que volvía con Hermione, que la castaña le pedía perdón, que el la perdonaba y se besaban apasionadamente.
Hubiera descubierto que Lavender no era tan superficial, sino que estaba escuchando atentamente al profesor y además planeaba conquistar a Ron. Mientras que controlaba el estado de sus uñas, todo al mismo tiempo.
Hubiera sabido que Malfoy planeaba vengarse de McLaggen y conquistar a Hermione. Y que Blaise, bueno, que era un mujeriego hasta en sus sueños.
También se habría enterado de que Parvati y Seamus se gustaban, pero ninguno se animaba a confesarlo.
Hubiera descubierto que Pansy Parkinson era una mortifaga, obligada a convertirse en parte de las líneas oscuras a cambio de la vida de sus padres. Y también que Theodore Nott estaba enamorado de ella desde el primer año y que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de ayudarla y salvarla. Cualquier cosa.
Pero Harry Potter, no poseía la habilidad de leer la mente entre sus muchas cualidades, era un simple mortal, quizá no tan simple, pero, tendría que esforzarse más si quisiera desentrañar los secretos que se ocultaban en una común y corriente clase de historia de la magia.
El profesor dio por terminada la clase y todos los alumnos comenzaron a guardar sus pertenencias perezosamente. Harry parpadeó varias veces e imitó a sus compañeros. Cuando terminó miró a su amiga, quien lo estaba esperando, ya lista para irse, y le preguntó:
-¿Vamos a comer algo?
-Lo siento, Harry, es viernes, tengo que cumplir mi castigo con Malfoy.- contestó la castaña, apenada.
-¿Con Malfoy?- preguntó Harry, acercándose más a Hermione.
-Si, con Malfoy ¿Por qué lo preguntas?
-No lo sé, no dejó de mirarte en toda la clase, y parecía bastante enfadado, ten cuidado cuando estén a solas.- le dijo el ojiverde, tomándola suavemente por la muñeca, para que comenzara a caminar.
Un leve quejido hizo que se detuviera en seco y mirara a Hermione a los ojos.
La muchacha parecía estar suplicando que la tierra se abriese de inmediato y la tragase.
Harry bajó la vista hacia la pequeña muñeca que tenía entre sus manos y corrió la manga. Abrió los ojos con incredulidad y se quedó inmóvil.
Los segundos pasaban y Harry no reaccionaba, Hermione estaba cada vez más nerviosa. Sentía que su corazón estallaría en cualquier momento y le sorprendió que Harry no lo escuchara. Además de nerviosa, estaba completamente ruborizada, ya que tendría que explicarle a su amigo cómo se había hecho esas horribles marcas y la idea no la atraía en lo más mínimo.
-¿Qué…Cómo…Quién….Quién te hizo esto, Hermione?- fue apenas un susurro. Hermione sopesó la posibilidad de hacer como si no lo hubiera oído y marcharse, argumentando algún asunto pendiente, un libro, una tarea, lo que sea.
Pero era una Gryffindor y no iba a dejar que la cobardía gobernara sus acciones. No, señor. Honraría a su casa, diciéndole la verdad a Harry y afrontando las consecuencias.
-Pues…yo…ayer en la noche, salí a…dar un paseo…quiero decir, mi ronda de prefectos y pues…McLaggen… ¿lo recuerdas, verdad, Harry, mi acompañante en la fiesta de Slughorn, el año pasado? Bueno, lo que sucedió, es que…él había bebido más de la cuenta en la fiesta de Revenclaw e intentó…propasarse…pero no lo logró, Harry, tranquilo.- añadió rápidamente al ver la expresión de su amigo, que no quitaba la vista de su muñeca.
-Continúa.- murmuró el Harry.
-Bueno pues, en ese momento llegó Malfoy y lo golpeó.- no entró en detalles, omitiendo que luego había ido a una sala, a solas con el rubio y que se había dormido en sus brazos y que habían sido las únicas dos horas en toda la noche que había podido dormir ya que pasó el resto de la noche tiritando en su cama.
-Lo mataré.- susurró Harry, para luego tomarla de la mano, evitando tocar sus heridas y obligándola a caminar.
-¿Qué? No, Harry, espera ¿a quién quieres matar?- exclamó Hermione, mientras Harry la remolcaba a través de los pasillos.
-McLaggen.- esa fue toda respuesta que recibió por parte del moreno.
-¡No! Harry, por favor, te lo suplico, no me hagas esto, empeorarás las cosas, déjalo, ya pasó, no fue nada, lo juro, Malfoy llegó a tiempo.- suplicaba Hermione, trotando tras su amigo.
-A él también lo mataré.
-Harry James Potter.- Hermione utilizó toda su fuerza para detenerse y obligar a Harry a que hiciera lo mismo.
El ojiverde la miró a los ojos, su rostro expresaba la ira y la frustración que sentía en esos momentos.
-Yo sé cuidarme sola…- comenzó a decir Hermione, pero fue interrumpida por su amigo.
-Se nota.
-¡Silencio! Lo único que lograras haciéndole daño a McLaggen, será que yo me enoje contigo ¿eso es lo que quieres, Harry?
-No.
-Pues bien, ahora, ve al comedor, cena algo y luego ve a la sala común, yo iré después del castigo ¿me has oído?
-Sí.- Harry se veía muy gracioso así, enfurruñado.
-De acuerdo, nos vemos luego.- dicho esto, besó a Harry en la mejilla y se alejó rápidamente.
Dirigió sus pasos hacia el despacho de la profesora McGonagall. Allí, junto a la puerta del mismo, se encontraba Draco, apoyado descuidadamente contra la pared, con los brazos cruzados, Hermione se acercó, sonrió levemente y lo saludó:
-Hola, Malfoy.
-Granger ¿Cómo te encuentras?- preguntó el rubio, mirándola a los ojos.
-Bien ¿y tú?
-También.
La puerta del despacho se abrió y apareció la profesora, quien los miró por unos instantes, aparentemente confundida, Hermione hubiera jurado que se había olvidado de que estaban castigados y que debía asignarles una tarea.
-Vayan a ordenar libros en la biblioteca, lógicamente, paso una semana desde la última vez que lo hicieron, de modo que los libros se han vuelto a desordenar, ya saben las reglas y también saben que me enteraré si no las cumplen. Buenas noches.- dicho esto se alejó caminando, haciendo que sus zapatos resonaran por todo el pasillo.
Hermione se puso en marcha, seguida de cerca por Malfoy.
Al llegar a la biblioteca, el rubio se adelantó y abrió la puerta, para dejarla pasar.
Hermione entró y se dirigió a la primera estantería que encontró, no tenía ganas de ordenar esos libros. Además, supuestamente estaba castigada por el resto del año, le parecía injusto, pero ¿es que acaso iba a pasar todos los viernes de su ultimo año ordenando libros?
Malfoy se situó a su lado y la imitó. Comenzando a guardar distraídamente los libros.
-Le di su merecido a McLaggen.- murmuró el rubio, de repente.
-¿A qué te refieres?- preguntó Hermione, mirándolo.
-Ya lo verás.- la sonrisa que apareció en el rostro del Slytherin no le pareció una buena señal.
-Malfoy…
-Granger, no puedes negar que ese…bastardo…se lo merecía.- la interrumpió Draco.
-No, no lo niego. Pero creo que no deberías rebajarte a su nivel, ni tampoco romper ninguna regla, y no sé por qué, pero tengo la impresión de que rompiste varias.
Malfoy soltó una carcajada.
-Estas en lo cierto, Granger, como de costumbre.
Hermione se limitó a sonreír y a encogerse de hombros, Malfoy era incorregible.
Draco la observó y dejó que la oleada de deseo lo invadiera. Estaba hermosa, a pesar de tener su bello cuello cubierto por una bufanda, su rostro era exquisito. Sus ojos ¡Merlín! Sus ojos, eran su perdición, esos pozos marrones, rodeados por largas pestañas, felinos. Su nariz, pequeña y respingada, le encantaba. Su boca, sus labios rojos, llenos, suaves, húmedos, nada lo atraía tanto como aquellos labios.
No pudo soportarlo más. Extendió una mano y con ella rodeó lentamente la cintura de Hermione. La chica lo miró, para luego asentir, concediéndole el permiso. Draco la atrajo hacia sí, colocando su otra mano en la nuca de la joven, abrazándola protectoramente.
Acarició su espalda, al mismo tiempo que Hermione colocaba sus manos detrás de su cuello y le acariciaba el cabello. Nunca nadie lo había acariciado de esa forma, se estremeció.
Sin soltar el agarre de aquella pequeña cintura, acarició la mejilla derecha de Hermione, mirándola a los ojos. La castaña pestañeó lentamente y luego, suspiró.
Draco no estaba preparado para eso, le resulto difícil contenerse cuando el aliento a fresas de Hermione lo golpeó, sin contar con la sensualidad que destilaba la joven al hacerlo.
Volvió a colocar su mano en la nuca de Hermione, aquel cabello, ondulado y sedoso, se coló entre sus dedos. Lentamente, acercó su rostro al de ella, besó ambas mejillas, la frente, los parpados, la nariz. Luego, inspiró y, pidiendo nuevamente permiso con la mirada, la besó.
Sintió como miles de descargas eléctricas recorrían su cuerpo a medida que saboreaba aquellos labios dulces. La atrajo aun más hacia sí, estrechándola, aspirando aquel aroma a miel que la rodeaba.
Hermione acariciaba con tesura el cabello dorado de su nuca, provocándole aun más estremecimientos.
Draco deslizó su mano por el cuello de la muchacha, con cuidado, le quitó la bufanda. Dirigió sus labios hacia aquel lugar, y la besó suavemente, allí donde aquel imbécil la había lastimado. Luego, tomó ambas manos de la Gryffindor y besó sus muñecas, también lastimadas.
Volvió a mirarla a los ojos, colocando sus manos a cada lado de aquel bello rostro, la besó nuevamente. Sintiendo aquella extraña sensación en el estomago que no había sentido jamás.
Hermione, por su parte, apenas podía pensar. El rubio la besaba con maestría, pero, al mismo tiempo, con dulzura infinita, haciendo que cualquier indicio de racionalidad en su cerebro que se atreviera a gritarle que debería cumplir su castigo en lugar de besarlo desapareciera. Acarició aquel maravilloso y suave cabello, sintió esos fríos labios recorrer los suyos, mientras que la lengua del Slytherin inspeccionaba dentro de su boca, acariciando su lengua, produciéndole una sensación agradable y cálida.
Dejó que el rubio pasara su mano por sus largos cabellos, una y otra vez, que le acariciara la espalda, suavemente, que la tomara posesivamente de la cintura y la obligara a apoyarse contra una estantería, para luego colocar uno de sus fuertes brazos, a su lado e inclinarse a besarla, una y otra vez. Beso, tras beso, caricia, tras caricia.
Colocó sus manos en el pecho de Malfoy, sintiendo, además de sus enormes pectorales, su corazón latiendo desenfrenadamente. Eso le agradó.
Draco dejó de besarla y la rodeó con ambos brazos, estrechándola. Hermione lo abrazó también, cruzando sus brazos detrás del cuello del rubio.
Permanecieron así durante algunos minutos, disfrutando el momento. Ambos inhalando las fragancias que el otro despedía, deleitándose y saboreando.
Lentamente, la parte racional de Hermione comenzó a aflorar, lo que provocó que se alejara lentamente del rubio, a pesar de las protestas de este.
-Sera mejor que ordenemos todo, rápido, solo queda una hora, Malfoy.- murmuró, sonrojada.
-Tus deseos son órdenes.
-Harry ¿has visto a Hermione?- preguntó Ron, sentándose junto a Harry en el sillón.
-Está cumpliendo su castigo con Malfoy ¿Por qué?- contestó el moreno, sin levantar la vista del palo de su escoba, el cual lustraba con esmero.
-He decidido hacer las paces con ella, ya sabes, volver a ser amigos.
-Me parece una muy buena idea, Ron, volverá en una hora.
-De acuerdo, la esperaré ¿juegas ajedrez mágico?
Harry olvido por completo el palo de su adorada escoba, sonrió maliciosamente al pelirrojo y dijo:
-Prepárate para perder, Weasley.
-Que miedo.
Ginny, al ver lo que se avecinaba, suspiró y se dirigió al cuarto de niñas, así evitaría contemplar una hora de ajedrez mágico e insultos.
Lavender, sin embargo, se acercó a los chicos y susurro:
-El que gane jugará contra mí.
-Esto se pone cada vez mejor.- respondió el pelirrojo, sonriendo.
-Hemos llegado, hasta mañana, Granger.- dijo Draco, cuando vislumbró el retrato de la dama gorda.
-Hasta mañana, Malfoy.- Hermione se dispuso a entrar, pero no se sorprendió al sentir una mano sobre su cintura, sabía que no la dejaría despedirse así.
Draco la giró y besó sus labios con delicadeza, para luego soltarla y alejarse caminando hacia su sala común.
Hermione suspiró y entró.
-¡No puede ser, Lavender! Dijiste que no eras buena jugando ajedrez mágico.- exclamaba Ron.
-No lo soy, Ron, lo que sucede es que tu eres demasiado malo.- contestaba la rubia sonriendo.- fue muy simple ganarte siete veces seguidas.
En ese momento Hermione terminó de bajar las escaleras. Al verla, Ron se puso de pie y, disculpándose con Lavender, se dirigió hacia donde se encontraba la castaña.
-Hermione ¿podemos hablar?- le preguntó.
-Claro, Ron.- contesto esta.
Ambos se dirigieron a un rincón de la sala común, el más alejado de todos y se sentaron en un sofá de dos cuerpos.
-Hermione, yo…quería disculparme por todo lo que te hice. Reaccione muy mal con lo de Dean y te grité y te maltraté y tú no te lo merecías. Ni tampoco merecías que me comporte como un idiota esta última semana. Desconfié de ti a pesar de saber que tú eras incapaz de hacer una cosa así, fui muy estúpido al perder a una mujer como tú por un arrebato de celos. Por todo eso quería pedirte perdón y ofrecerte mi amistad nuevamente. A pesar de que lo que a mí me gustaría seria que vuelvas a ser mi novia, pero sé perfectamente que tú no quieres eso, de modo que no te presionare, pero si no aceptas volver a ser mi mejor amiga, moriré.
-Me alegra que lo hayas comprendido, Ron. Te perdono y acepto tu amistad.- contestó Hermione con una sonrisa.
Ron se puso de pie y la obligó a hacer lo mismo. Para luego abrazarla fuertemente.
Hermione dejó que el pelirrojo la rodeara con sus brazos, sintiendo esa calidez que solo el poseía. Y se sintió feliz, las cosas comenzaban a estar bien, nuevamente.
Pansy escuchaba con atención como la blonda estúpida de Greengrass, relataba las órdenes que debían cumplir.
Theo tenía su mano apoyada sobre la rodilla de la pelinegra, dándole apoyo.
-En dos meses el armario evanescente debe estar en condiciones, la noche del baile del día de San Valentín es la fecha pactada. Nosotros nos encargaremos de cualquier alumno que no sea de Slytherin que encontremos, exceptuando a Potter, Weasley y Granger.- decía, con la barbilla alzada, como quien predica los mandamientos de su dios.
-Bien, si no tienes más estupideces que decir, me largo, Greengrass.- dicho esto, Pansy se levantó, seguida de cerca por Theodore, y salió de aquel salón.
-¿Qué vas a hacer, Pansy?- pregunto el moreno, tomándola de la mano.
-Hablar con Malfoy ¿Lo has visto?- dijo la morena.
-¿Para qué diablos quieres a Malfoy?- exclamó Nott.
-No es necesaria tu escena de celos ahora, Nott. Necesito encontrarlo para hablar con él sobre lo ocurrido, se que está detrás de Granger y no le gustara nada que sea devorada por un hombre lobo.
-¿Malfoy está detrás de Granger?- pregunto, Theodore, incrédulo.
-Que poco observador eres, Nott.- murmuró Pansy, girando los ojos.
En ese momento, Malfoy apareció por el pasillo, con las manos en los bolsillos, silbando una alegre melodía.
-¡Malfoy!- exclamó Pansy.- ¡Ven aquí, inmediatamente!
El aludido abrió desmesuradamente los ojos al ver a Pansy terriblemente exasperada y gritándole en un corredor a esas horas de la noche.
Se encogió de hombros y se dirigió hacia donde se encontraba, cualquiera que sea lo que exasperaba a su amiga, no haría mella en su ánimo. No luego de lo ocurrido en la biblioteca con Hermione, su Hermione.
-¿Qué sucede?- preguntó al llegar a su lado. En ese instante, Nott dio media vuelta y se alejó por el lado contrario del pasillo.
-Tengo algo que decirte.- susurró Pansy, acercándose más a él.
-Dime.
-Lógicamente, me di cuenta que estas obsesionado con Granger, y por el ánimo que tienes, supongo que conseguiste que cayera en tus redes, pero eso no es lo que importa, ahora debo preguntarte ¿es serio lo que sientes por ella, o es solo encaprichamiento? Porque si solo la estas utilizando, lo que tengo para decirte no te va a interesar.- dijo la morena.
-Dime qué sucede.- contestó Draco, evitando responder a la pregunta que le hizo su amiga, ni el mismo sabia esa respuesta.
-En el baile por el día de San Valentín, Granger será devorada por Fenrir Grayback.
Draco no supo si el tiempo que pasó mirando los azules ojos de su amiga fueron minutos, segundos, horas. Pero lo que si supo es que su mundo se detuvo en el mismo instante en que los labios de Pansy pronunciaron aquellas palabras.
-Los mortífagos atacaran Hogwarts y tenemos expresas órdenes de no meternos con ella ya que Grayback la quiere para sí. Debes mantenerla dentro de su sala común o en algún lugar seguro durante el baile.
Draco aun no podía articular palabra.
-Bien, eso era todo, te veo en la sala común, Malfoy. Adiós.- dicho esto Pansy besó su mejilla, como hacia siempre, y se alejó corriendo de allí.
No podía estar sucediéndole esto. Ella no podía ser devorada por un hombre lobo, eso era horrible, terrible, abominable, inconcebible. De solo imaginar la suave piel de la Gryffindor siendo desgarrada por las garras y dientes de Grayback se le ponía la carne de gallina.
Debía idear un plan lo antes posible, si era necesario, la dejaría inconsciente y encerrada bajo siete llaves ¿Y por qué no candados?
De una cosa estaba seguro, necesitaba volver a verla y asegurarse de que se encontrara bien. Y para eso tendría que esperar al día siguiente. Se avecinaba una noche muy larga.
Sé que el capitulo anterior fue desastroso, dejen reviews y díganme cómo voy evolucionando, si quieren que vaya más lento, más despacio o qué.
Muchas gracias, JM
